Revista Viajero Nro. 13 - Octubre 2006




Respiro tus huellas



Respiro un domingo
las huellas del aroma
que dejaste en el aire de mi vida.

Presiento la sombra de tu ternura
que olvidaste consiente
para que la soledad no se burlara de mí.
Sombra de ternura que
escondida detrás de cada rayo de sol
entra sonriendo por mi ventana.

No puedo pensar mi vida sin oír tu corazón
sin treparme por tus labios para besar tus latidos
si aún cuando tus pasos se alejan, mis vacíos se llenan de ti.
Me dejas caricias guardadas en el viento
para que suavemente se deslicen por mi pelo.

Cuando te vas, estás conmigo sin saberlo
porque es tan inexplicable el amor que siembras
que quedan tus miradas bailando con la luna
cuidando mis sueños hasta que nace el sol.

No te extraño cuando te extraño
porque sé que volverás cuando el calendario deshoje.
Te encargas de quedarte entre mis horas sin ti
a través de felicidad que impregnas cuando estás
y yo te espero, aunque estés, en tu ausencia
para besar la alegría de estar enamorados.

Liliana Araya













Alfeñique de madera



La música te inunda,
Te llena de color,
Ahora tiene sentido,
El viento pide perdón.
No hables tan cerca,
Aquí no puedo crecer,
Déjame ver el medio
En el que te moves.
Nunca vi una sensación,
Nada esta tan cerca,
Lejos esta allí, en tu mano.

Acariciando las escamas
Vas ahogando mi amor,
Duelen tus espinas
Aunque sean de algodón
Yo soy aire, me traspasas.
Alfeñique de madera,
Impostor del festejo,
Infeliz de día,
Dado vuelta más tarde,
Te veo en el espejo retrovisor.
Mira mis manos,
Sudan la ansiedad,
De un tiempo que frenó,
Del cielo que quebró,
De un infierno que cerró,
En la tierra del cerdo con bastón.




Leandro Omar Szilvay













A mi madre


No soy poeta madrecita,
pero hoy quise escribirte
estas líneas que me
nacieron del alma.
En este momento quiero
aromarte con mi canto;
me haces falta en esta vida,
te extraño tanto mamá.
Solo se que has dejado
sumida en mi propio llanto
y mi vida esta vacía
por faltarme tu cariño.
Yo sé que en algún camino
he de encontrarte mamá,
con tu sonrisa de siempre
y tu carita angelical.
Yo nunca he de olvidarte;
serás mi ángel guardián.
Caminaremos muy juntas
y tomadas de la mano,
recordaremos muy juntas,
mi infancia y tus sueños felices.
Volveremos a ver nuestra querida casita,
tus jazmines, tus malvones,
y la vieja enredadera,
junto al viejo tacuaral;
y aquellos sauces llorones
de nuestros tiempos sin igual.
Volveremos a aquellos tiempos
de dicha y felicidad.

Baby

 
Ejemplo

A mis abuelos,
por sus bodas de oro

Como nubes de caricia
brindan su amor eterno
elevándolo al cielo con alegría

Tan admirable es su ejemplo
y tierno su compañerismo
que los colibríes cantan sus nombres

Dulces abrazos compartidos
que me convidan y regalan
Son dos corazones unidos con luz
que brilla y no se apagará jamás

Los miro y brotan lágrimas
y el deseo más profundo
de algún día soñado
poder imitarlos

Jonatan











Por debajo de la lluvia


Andaba. Simplemente dirigía mis pasos confundidos hacia algo cercano. Avanzaban en la noche prematura, entre las nieblas del patio que atardecía en la mañana.
Algo mojada por saltar charcos, sentí que por un instante infinito (de una casa a la otra), la lluvia me derribaría. Pero no. Llegué a tiempo, justo un ratito antes de que el vendaval soltara toda la furia escondida en la grisura del día.
Escuché un susurro antes de abrir  la puerta.  Entré a la casa y no oí más nada, excepto un saludo de bienvenida ante mi ocasional llegada.
Secretamente unos parientes encerraban un silencio.
Hay algo que todavía espera ser revelado por la perspicacia de mis ojos huecos. Guardado en una jaula inevitable, sin poder mostrar sus incoloras alas, inútiles en la tarde acerada; el pájaro de silencio miraba el infinito, desbordando ansías de dibujar signos derramados al borde de la acerbidad vacilante que destila su deleitoso canto mudo.
Por debajo de la lluvia, se mezclaban el día  amanecido y la tarde que poco a poco se acentuaba, ambas eran una y simulaban ser noche.  Mientras, mi curiosidad incorruptible era otro artificio más en la distancia, cómplice involuntario del exterior simulacro. Incertidumbre despiadada  de vagas singladuras omitidas.
  
Roxana Contreras













Poema 1


Te amo, desde cuándo, no lo sé.
Sólo sé que este amor me ha despertado,
que a mi vida llegó sin esperarlo,
y que a mi corazón llamó sin yo buscarlo.
   
Te amo, desde cuándo, no lo sé.
Desde que yo en tus ojos me he mirado,
desde que me estremezco a tu lado,
desde que quiero estar donde tú estás.
   
Me amas, lo comprendo, lo he sentido.
   
Cuando oigo tu voz estremecida,
cuando siento sin ver que tú me miras,
cuando presiento que en tus sueños vivo.
   
Qué hermoso este amor que es alegría,
que crece con nosotros y que sólo muriendo
morirá con nosotros... algún día.

Romina Contreras













Por lo que me es permitido alcanzar


Agradezco a Dios por ti,
porque te conozco, porque te amo.
Porque solo me limito a acariciar tu tiempo
hasta que puedas verme como yo a ti
y te animes a comprenderlo.

Agradezco a Dios por ti,
por tu mirada oportuna,
por tus perfectos caprichos,
por tu pequeña figura
para mí inabarcable.
Por aquel signo lejano de ternura
que invariablemente emana de ti.

Agradezco a Dios por ti,
porque le perteneces;
porque fue él quien dio brillo
a tu cabello recogido.
Quien me regala tu hablar
dulce y sencillo,
quien sedujo de vanidad
tu alma de niña enamorada.

Agradezco a Dios por ti,
por la tibieza de tus palabras tempranas,
por tus enojos pasajeros
pero que me divierten tanto;
por tu nombre, hurgando más allá
de lo que me es permitido alcanzar.

Y aún tu recuerdo
se diluye entre mis manos
... te busco te extraño ...
pero tú no respondes,
a pesar de mis esfuerzos,
a pesar de mis claros llamados.

Gustavo Fuentes













Juegos macabros como percepción del mundo;
laberintos de espejos malignos
multiplican imágenes, confusas y difusas.

Alguien DESCONOCE y DESENTIENDE ­
Cómo es posible semejante imposibilidad ( ! ).

Dos más dos es...
dos más dos es nada.
y el sol irreconocible;
La luna no importa;
El pasto dice crecer
con gestos que se elevan misteriosos.

Pero sabe él
(al fin una silla, algo sólido) que nada existe
más allá de sus espejos.

Sebastián Humberto













Bambú Japones


No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad,
no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad,
este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces
que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años.


Sin embargo, en la vida cotidiana,
muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.


De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones
estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que "en tanto no bajemos los brazos" ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo, dentro nuestro…
Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente
creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito
cuando éste al fin se materialice.


Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...
quizá sólo estés echando raíces...


Anónimo

Revista Viajero Nro. 12 - Agosto 2006



¿Qué es el tiempo para el amor?


Se aclaran las noches y duermen mis miedos
te voy conteniendo como un tesoro entre mis dedos
se encienden miradas que queman al viento
y los suspiros corren lentamente detrás de un mañana cada día mas despierto

Te tocan mis labios sin sentir más que tu alma
se derriten mis ternuras mas fuertes ante tu voz
Te siento tan mío, sin tener mas razones que tus manos en mi mejilla
te llevo tan escondido en mi pies como va mi alma en tu sonrisa.

Me maravillo del amor, inexplicablemente dador de felicidad…
de su camino sinuoso que solo los valientes pueden caminar
Todo parece iluminado cuando pienso en tu humilde manera de amar
comprendo las noches de soledad y las heridas que ardían
como si todo fuese sabiduría de un mensaje que Dios escribe en mi andar.

La divinidad que me instruye y me acompaña me ha permitido a tu lado
y me ha proporcionado la extraordinaria tarea de hacerte feliz sin tramarlo
no tengo estrategias mi dulce cielo, solo te ofrezco vida y corazón
solo doy gracias sin cansancio por conocer cara a cara al amor.

Que bello rostro tiene!  no tiene explicación..
son mil gaviotas volando en un cielo anaranjado de pasión
multitudes de luceros iluminando los labios brillantes de dulzura
es sueño… es verdad… es paz… es alegría… es aprender a dar

¿El tiempo?¿que es el tiempo mas que un simple factor?
si los latidos marcan los días, las carcajadas las horas y al final…
solo son agujas de nuestro reloj tus dedos, cuando pasean en mi nariz
y el deseo de un eterno día a día, que viene suave desde cielo,
se nos da para cuidar, respetar y fructificar hoy en nuestras almas
mañana en nuevas vidas creadas, y siempre en el tiempo eterno.

Liliana Araya














El invitado


La noche era fría y tenebrosa, perfecta para la ocasión. Los invitados comenza­rían a llegar pronto.
La sala se hallaba arreglada para la gran fiesta. Pequeños fantasmas de papel y típicas calabacitas colgaban de las lámparas, se repartían por todas las paredes de la casa y flotaban en las manijas de las puertas y ventanas.
Todo indicaba que la reunión sería perfecta. La anfitriona había planificado hasta el más mínimo detalle; nunca nada se escapaba de sus pensamientos ni de su domi­nio. Ahora, esperaba ansiosa el sonido que le indicaría la llegada de los invitados y sobre todo, de aquel tan especial.
Habían transcurrido meses desde la última vez que se habían visto y ya no podía esperar más tiempo. Necesitaba sentirlo cerca nuevamente, palparlo, asegurarse de que no era un espejismo ni otro de sus sueños. Sí, allí estaba ella, planificando, con su mente dándole vueltas al asunto. Siempre sería igual. Estaba repensando otra vez lo que ya había pensado en anteriores ocasiones, no quería que las cosas salie­ran mal y por ello, intentaba prevenir cualquier posible error, cualquier paso en falso que pudiera dar. Tenía calculado hasta lo que él diría y lo que ella misma le respondería.
¡Pero qué furia sentía cuando las cosas salían al revés! Él nunca respondía lo que ella planeaba yeso le causaba demasiada ira. A él también le irritaba su manía de pensar y pensar, de ordenar todo, de no dejar nada para el destino, de querer tener el control del universo, era imposible y ella lo sabía ¿Por qué, entonces, no dejaba los sucesos al azar? Ninguno de los dos lo tenía claro.

La hora pasaba y nadie llegaba ¿Cómo vendrían vestidos? ¿De qué se disfrazarían? ¿Qué se pondría su amado? Esperaba que el atuendo de su pareja concordara con el suyo, al menos que tuviera alguna relación puesto que ella ya se había encarga­do de avisarle cuál sería su disfraz y de proponerle uno acorde. ¡Ojalá él se hubie­ra vestido de pirata accediendo a lo solicitado!
El tiempo continuó su paso, arrastrando consigo a la noche. Los invitados ya esta­ban disfrutando de la maravillosa fiesta. Comían, bebían, bailaban, reían. Todos, menos la anfitriona. Los había citado a las once porque sabía que vendrían a las doce, pero él no estaba. Su amado no había llegado todavía y ya eran las tres de la mañana.
Subió a su habitación sumamente enfadada y se recostó en la cama. La perfecta velada había sido arruinada, una vez más, por él. "¡Maldita costumbre suya!", pensó. Se quedó dormida.
De pronto, un sonido conocido la despertó. El enmascarado subía la escalera. Sus pasos retumbaban en la noche: toc, toc, toe, toco La puerta de la habitación se abrió y la ilusión y el entusiasmo invadieron su alma. Al instante sintió un dolor intenso en su pecho. Algo punzante le lastimaba el corazón. Antes de cerrar sus ojos, alcan­zó a ver al enmascarado cerrando nuevamente la puerta y lo reconoció... sabía que llegaría tarde y también sabía que se pondría otro disfraz.

Natalia Soledad Rotelo













Hacia el olvido


Locas jadean proyecciones
en mi mente fantasma supremo

Querer agarrarlo
todo
Querer decirlo
todo

Pecesitos resbaladizos eluden mi red

II

Y sin más
Los años y los siglos
se suceden como estaciones,
sigilosos, arcanos.
Cubriendo de polvo oscuro
existencias calientes, de sangre que corrió
y quizás estalló, quizás ardió y fosforeció ...
para llegar a ser
Sólo una piedra más
en el pozo impostergable.

Sebastián Humberto













La Sigla


Se siente un ruido, se ve la luz, y cada día hay en el colegio un pato menos embalsamado.
Saben que está allí, saben que las persigue, saben que las vigila, saben...
Desde que la vieron, se les hizo y se les grabó una imagen no muy confiable; pero sabían que algo quería, y comenzaron a tomar nota, sobre cosas raras y espantosas que les surgía, solo a ellas. Comenzaron una investigación que les llevó a develar:
LA SIGLA, una sigla que conocían solo ellas y ella; sospechaban de aulas y salo­nes, y las fotos comenzaron a traumarlas. Pero siempre es mejor comenzar por el principio.
Así fue como ocurrió: un día de estudio, un día como todos, se convirtió en el día en que se develaría el secreto del colegio. El miedo y misterio las empezó a rode­ar desde que escucharon, solo ellas, el ruido. Un ruido en la capilla del colegio, eran voces, que les decía: "hoy es el día, llega el día, llega, llega... " pero de pronto acabó y no se oyó nada más.
Luego otro día, se vio la luz, radiante, sobresaliente, blanca, brillante, pero... rara, sí muy rara, y fue otro nuevo dato para estas jóvenes.
Pero para completar la sigla, falta un último dato: los patos, los patos que ya des­cansaban hace tiempo en la repisa del gimnasio, embalsamados; pero tan reales como esa niña de aquel salón, de aquel día, inolvidable.
La sigla se formó a partir de las iniciales de estos acontecimientos, Ruidos, Luz, y Patos, y fue R.L.P.
Luego, disfrutando del tiempo libre de clase, los recreos, encontraron un machete, en un papel desteñido, pisoteado; en el lado trasero de esta hoja, se encontraba escrita la misteriosa sigla. Les llamó la atención que alguien más esté involucrado en esto, y para poder avanzar con la investigación, buscaron una palabra de algún objeto o cosa, que contenga estas tres letras.
Ese mismo día, en la clase de gimnasia, aprovecharon para observar todo minuciosamente. De repente, dirigen la mirada a la pileta y descubren que aquel viejo tram­polín, donde en una infancia más lejana, disfrutaban los veranos sin miedos ni mis­terios, éste, contenía las tres letras, ese viejo pedazo de madera, las señalaba, para adelante, fijo, como una flecha, hacia una pared del colegio, que se conectaba directamente con ese salón, en el que la vieron; pero lo más importante es que tenía un par de ventanas, de las cuales una de ellas estaba abierta, y desde allí, desde esa mínima ventana, se vio otro dato, una mano de adulto, tirando libremente plumas, plumas de patos, y así mientras estas caían sobre el agua de la pileta, las alumnas se acercaban de a poco a la verdad de este colegio.
Las alumnas participaban en actividades extra del colegio, un día en la clase de tea­tro, mientras ensayaban una obra infantil, se oyeron tres golpes en la puerta, al abrir no había nadie, o por lo menos eso creyeron. Se repitieron varias veces más, luego una niña más chiquita interrumpió la clase para ir al baño, y volvió llorando de espanto, lo único que pudo contar fue que le golpearon la puerta, y sintió voces, un dato que no podía escapar.
Otro día, llegó el dato de la sombra, del hombre. En el recreo de la clase de coro, las pequeñas adolescentes, se pusieron a jugar, un juego de siempre, de todos, la escondida. Mientras una de ellas se escondía en el segundo piso del colegio, las demás veían que cerca de ella había un hombre, posado, apoyado sobre el balcón, mirando hacia el horizonte, sin cara ni forma, solo una sombra, una silueta, de un hombre. Los gritos de las demás acabaron con el juego, y volviendo a clase, vieron esta misma figura, detrás de la puerta de un aula, la sombra, y lo demás era luz, una luz anaranjada, brillando solo sobre las pupilas de estas alumnas que ya no aguan­taban más de espanto, y rápido volvieron a clase.
Luego la niña, o sea lo que sea, pero era algo o alguien, que las miraba fijo, como aquella sombra, pero esta era blanca, transparente, casi se podría decir que era un ángel, pero tampoco, porque también era transparente al mismo tiempo, y lo que impactó, fue lo que tenía en sus manos, lo que devela gran parte del secreto; tenía una cámara de video, y miraba fijo a las alumnas, pero sin querer mirarlas, así que la segunda vez que la vieron, miró al costado derecho, y no volvió a voltear la cabe­za.
Les llamó la atención que no era normal, carecía de buen estado, y se notaba un poco desnutrida y pálida, era algo que no se había visto ni imaginado, ninguna de ellas.
Un día, la señora que limpia el colegio, que ya lleva varios años allí y lo conoce muy bien, les contó, que hace más o menos 100 años, funcionada en un saloncito del colegio una librería, y en el salón de al lado un kiosquito, en él ahora hay un televisor y una video, ambos objetos apoyados sobre una mesita, vieja, rara, si rara como todo lo que veían. La señora no sabía para que era ese salón con aquellos objetos, porque nunca nadie entraba allí, solo la pequeña ventana enrejada dejaba ver esto; y en ese momento recordando todas las pistas de una vez, se les apareció un flash, y luego otro, y otro. Ya les había parecido ver estos flash, y nunca lo ano­taron, pero esta vez fue distinto, fueron como terremotos en sus mentes que dura­ron apenas un instante, reflejados en una luz blanca, como la de aquel día, en que descubrieron la segunda pista, en ese momento develaron casi todo el secreto "la niña todos los días de clases, las filmaba y les sacaba fotos, luego veía todo esto en el televisor de aquel saloncito, e intentaba decirles cada día su mensaje, ella lo enviaba por las pistas y los flash de todos los días", pero que quería decir, eso se supo más tarde, un día de lluvia intensa.
Ese día indescriptible, el día que sufrieron realmente de miedo, pero que supieron que hacían el bien por alguien, al escuchar la verdad. Luego de tantos días de mis­terio y sospechas, la niña decidió decir el secreto, frente a ellas, lentamente, comen­zó a contar lo que le pasaba, y que era lo que había necesitado. Dijo: "un día de lluvia como este, mi padre inauguró la escuela, y con ella, la pileta de verano. Yo esta­ba feliz, así que decidí llevar a todos mis patitos a la pileta conmigo y disfrutar, pero la lluvia comenzó a tomar fuerza, yo no le di importancia, pero ahora se que si, que lo tendría que haber hecho; porque fue impresionante y horrible ver como ese apagón de LUZ brillante se acercaba a mí, y sentía un RUIDO, acompañado de las voces de Dios que me decían; "hoy es el día, llega el día, llega, llega ... " y ver volando las plumas de los PATOS por toda la pileta, desesperados, mientras mi papá me veía por aquella ventanita, y yo veía la sombra de Dios, sin cara ni forma, solo una figura, una silueta de un hombre.
Mientras me elevaba supe que este colegio tenía una maldición, y pude decir mis últimas palabras, me fui con una condición, que fue: "cuando se cumplan 100 años de mi desaparición hacia los cielos, quiero que alguien más sepa mi historia, el des­tino conducirá a las personas que tengan que saberlo (esas personas son ustedes), y dejaré como primer pista lo que vi al morirme, la LUZ del rayo, sentí el RUIDO acompañado de las voces de Dios, y vi las plumas de mis PATOS, en ese momen­to comenzó a existir LA SIGLA.

Luciana Ourracariet


















Quiero


Quiero volar hasta bajo tierra; y ascender a las estrellas;
para así, juntos, por siempre soñar arco iris.
Quiero decirte que te amo, sin preguntas, sin excusas.

Solo te amo porque las mariposas vuelan alegres;
te amo porque fluyen las aguas, porque vuela el viento;
porque nadan los peces y ríen las flores.

Quiero llenarme de tu alma y llenarte de la mía;
desplomarme en tus labios y tus oídos;
abrazarme a tu espalda y arrancarte mil caricias.

Quiero que mi amor te mueva y te haga soñar;
que sea tu amor un mar donde anclar primaveras,
donde floten tus tristezas y fantasías.
Quiero que me quieras sin permiso y sin razón.

Mi todo es tuyo y mis ilusiones también,
sin miedos, sin nada más que amor.

Sin miedos, sin nada más que amor,
te quiero porque te quiero.

Jonatan













Tu regalo


Cómo podré olvidarte
si me diste todo al encontrarte,
si descubrí esos regalos empaquetados
que estaban sin dueño hasta que llegaste.
Cómo podré olvidarte.

Colocaste la primera mirada hacia el mar,
un caballo de Troya contra la amargura,
el olor a primavera de los niños
y un barco a punto de encallar.

Derramaste la sinceridad del hombre cuando nace,
la tinta indeleble de buenos momentos,
el color rojizo de mejillas sonrientes
y un par de algas que se hamacan sin parar.

Abriste la llave de gas de esta habitación,
el altillo de algunos sentimientos,
los regalos que se compra uno mismo
y la canilla que desbordó este río.

Cómo podré olvidarte
si me abriste para darte.
Los envoltorios se encuentran rotos
y mis regalos ya son tuyos.
Cómo querer olvidarte.

Ariel Gattelli
Inspirado en Cecilia  Calzada














Hechizo

Cuando no sabemos que decir,
porque la inmensidad del mundo nos aplasta.
Cuando no sabemos que oler,
pues la variedades de fragancias tienen un solo nombre.
Cuando no sabemos que tocar,
ya que todo lo tangible se resume a tu rostro.
Cuando sucede esto que es como dos planetas unidos,
entonces te miro, solo te miro.

Cuando te miro las tormentas pasan;
y abundas los botes rescatando corazones.
Cuando te miro sos lo único que miro;
y miro porque no tengo ojos.
Cuando te miro una rosa se desarma de envidia,
porque no sabemos que decir pero los ojos sí.

Tan valiente es jugar por mañana,
que hasta el pasado sufre desconcierto.
Tan suave la mañana que soñamos,
que hasta las nubes cantan admiración.

Cuando mi castillo se levanta:
estas vos y te miro.

Danilo













No te veo


No te veo,
apenas tu sombra quebrándose
en la esquina de la habitación.

Me encantaba
ver cómo tus labios tocaban
el borde de la taza.

Tu alegría era un hechizo.

Me permitías reflejarme
en tu frente.

Me encantaba verte pasar
desprevenida
como si un animal.

Y cuando soplabas las burbujas.

Y cuando te quedabas dormida con la boca abierta
y yo trataba de mirar por ella
para saber qué estabas soñando.

Ni bien te despertabas
ponías la equis en el calendario
que yo no lograba despejar
hasta que no empezara un nuevo día.

Eran tus cabellos que de tan largos
barrían del suelo los ojos de mariposa.

Eras más bella cuando te equivocabas
porque te equivocabas también de rostro.

Eras cuando cosechabas el enigma azul.

Y cuando te emborrachabas
y terminabas tomando del pico
y en mis brazos.

Y cuando te maquillabas
y yo te decía que no te hacía falta
y que me hacías falta.

Y cuando cantabas
y las ventanas se abrían solas
para que se quejaran luego los vecinos.


Me fascinaba que me amenazaras.
con volverte invisible.

Ahora no te veo,
apenas tu sombra quebrándose
en la esquina de la habitación.

Gastón
Mediados del 2004 




Revista Viajero Nro. 11 - Junio 2006






Alicia país de maravillas

Alicia
país de  maravillas
nubes bordadas
al croché.
Mil fotos antiguas,
un cielo en la mirada,
y la piel papel maché.

Alicia
miniaturas naíf,
el Sol bajo la puerta.
y en el balcón
un jardín.
Alicia
una niña
de pelo gris
bajando el telón.

Alicia
pajarones y bólidos
en tu alma de pebeta.
Un tango y un grito de gol
anunciando la partida
hacia tu mundo de vainillas
y zapatos de charol.

Un país de maravillas
Alicia
nos dejó.

Néstor Carlos Córdova
Dedicado a Alicia De Bodt de Cerviche
Mayo de 2005 













El Viaje

Miraba a través de la ventanilla lateral del auto que trepaba por el paisaje mara­villoso de la cordillera pero solo veía reflejada su cara en el vidrio y conversaba melancólico consigo mismo y escuchaba, como a lo lejos, la conversación del resto de sus compañeros de viaje. María lo miraba de reojo como preguntando: - Qué estás pensando, mi amor. Estaba perdidamente enamorada, sentía un amor, que nunca había sentido, por nadie, ni siquiera por su esposo que con llenarla de rega­los materiales, ya se daba por satisfecho. Marcelo, en cambio le daba amor. Intuía sus necesidades, tenía la palabra y la caricia justa para hacerla feliz y a su vez él, era tan transparente, que ella adivinaba los deseos que demandaba Marcelo, a los cuales respondía con todo su amor.
Aprovechando que el marido de María estaba de viaje, habían programado juntos el viaje a la ciudad, y para disimular ante la sociedad pueblerina, invitaron a unos primos de ella, pensando que pasarían un fin de semana inolvidable. Habían pre­visto que al llegar a la ciudad tomarían dos habitaciones, una para las mujeres y otra para los hombres, siempre también, para guardar las apariencias ante sus pri­mos. Comenzaron con preparativos para salir a cenar y luego bailar, hasta altas horas de la noche. Allí cantaron, saltaron y se divirtieron hasta quedar exhaustos. Cuando podían, se separaban del grupo para besarse, con mucho disimulo, para no ser descubiertos. Mientras estaban en la fiesta, planearon que al llegar de regreso al hotel, hallarían la forma de encontrarse en el pasillo y así poder estar solos toda la noche. Sigilosamente se levantaron en sus respectivas habitaciones, ya en el pasillo, oyeron ruidos de pasos, entonces rápidamente se metieron en la primera puerta que encontraron. Al trasponer la puerta, el lugar estaba tan oscuro que no veían nada a su alrededor, tanteando concluyeron que estaban en el cuarto de los elementos de limpieza. No les quedaba otra cosa que hacer, que esperar que todo se acallara y pudieran salir a buscar el refugio pensado. Era tan pequeño el cuarto que no podían hacer otra cosa que estar muy juntos, y entonces comenzaron a abra­zarse y besarse, lo hicieron con tanto entusiasmo, que en un momento dado descol­garon una repisa en donde estaban colocados los desodorantes, la cera para pisos y demás envases con otros contenidos, que al caer, hicieron tal estruendo que se des­pertó todo el hotel, incluidos los primos, todos salieron a los pasillos preguntando que pasaba, y que había provocado semejante estruendo. Entonces abrieron la pri­mer puerta que encontraron, que justamente era la del cuarto en donde estaban escondidos María y Marcelo que salieron a medio vestir, ensayando toda clase de argumentos para justificar su presencia en el lugar. Querían justificar lo injustifica­ble. Marcelo mudo, asentía y se reía, ponía cara de inocente y solo lograba poner­se mas colorado de vergüenza, María, más decidida, lo tomó de un brazo y lo sacó rápidamente de la escena diciendo: - Bueno che, creíamos que era la cocina, por­que estábamos buscando algo fresco para tomar.
Mientras duró la estadía en el hotel, fueron la comidilla de todos los pasajeros, que comentaban el episodio cada vez que los veían.
En el viaje de vuelta nadie acertaba con la conversación, parecía que no podían salir de sus pensamientos y tenían miedo de hablar y se sentía que el tema ronda­ba en el aire. Marcelo quería que se lo tragara la tierra. No quería dejarla sola en la encrucijada no podía hacerse el desentendido y mirar para otro lado. Entonces María hablo claro y muy firmemente con todos sus primos y les dijo que estaba muy enamorada de Marcelo y les pedía que guardaran el secreto, que el tema era una cuestión suya, con su marido y que solamente ella lo podía solucionar, La son­risa volvió a los rostros de los preocupados primos que prometieron guardar celo­samente lo acontecido, que desde ese momento pasó a convertirse en una anécdo­ta para todos, menos para Marcelo, que como en el viaje de ida, volvía a mirarse reflejado en el vidrio de la ventanilla lateral, preguntándose, porqué el episodio vivido en aquel hotel, había desnudado su corazón. Porque María, a quien sentía tan suya, no lo era en la realidad. Sabía que tenía que compartir su amor, aunque supiera - estaba seguro de ello - que solo lo amaba a él. De cualquier manera sen­tía la angustia de saber que estaba compartiendo a María aunque fuera solamente en una mirada.

Mario Cano













Guerra

la guerra quieta
los soldados se mueven
los soldados quietos
la guerra se mueve
¿y si alguno dispara?

Piano en un pasillo

la sala iluminada
silencio doblado en una de sus puntas enloquezco
plano
pasillo
transición hacia otro presente

Sus ojos

sus ojos ambiguos
sus ojos contraídos
sus ojos bicolores
sus ojos antiguos
sus ojos rasgados
sus ojos inquietos
el jarrón de las caderas
se angosta en la cintura
vientre marrón
rostro plano bello

sus ojos contraídos
otra vez
sus ojos

Expresión

la garganta
la puerta
el grito
la manija

después serpientes
espejo

Gastón
Poemas de Yugoslavia












... Último momento, en la placita de Palermo viejo (que por desgracia sigue amo­dernándose). Envuelto en aire a plaza urbana me propuse intentar escribir unas palabras desde el alma. El marco: Un paseaperros tomando Fanta, promotoras repartiendo chicles, un stone malabarista que se ilusiona por los aires. Hacia la esquina de Nicaragua un grupo de gente filma algo que no sé porqué intuyo comer­cial publicitario. Más acá, bajo los árboles, unos oficinistas se clavan un porrito. Sobre un banco a mi derecha una acalorada parejita de estudiantes se entrelaza raramente en un no muy bien disimulado pseudo-coito ilusionado. Hace un rato vino un pibe a ofrecerme unos collares y terminó él comprándome dos libros (¡ !). Cosa rara, así que rolando sigo, empujado por la sincronía. Posta que no sé qué está pasando pero algo está pasando. Siento que estamos ampliando poderes. La Tierra está aumentando su energía y nos afecta, para bien o para mal depende el caso. Aquello que sea lo que va creando el ensueño de la vida revisa sin equivocarse todas las pisadas, por eso hay que tratar de no errarle, de elegir todo el tiempo nues­tro camino verdadero, porque solo en él nos veremos beneficiados por ésa súbita subida de energía. Eso es así y no me lo discute nadie: La vibración de cada uno modifica el potencial a materializar la situación en la que estemos, y podemos com­probarlo fácilmente, en cualquier reunión, en una tiesta. Hay un montón de situa­ciones en las que todo va notoriamente modificándose en conjunto a nuestros cam­bios mentales, emocionales, sensoriales, perceptuales, espirituales y/o sentimenta­les. La realidad toda camina de la mano. A veces se puede llegar a percibir clarita la conexión, conexión que por supuesto la razón intenta camuflar tras la cortina de temores, pensamientos, rebusques y especulaciones nacidos en la confusión del ego interno. Pero bueno, no era mi intención ponerme tan en serio. Yo sólo quería escribir unas palabras desde el alma. Así que allá me voy. Atardece. Salto adentro…Si actuás desde el alma, el alma emana magia por tus poros. Y las irracionales partí­culas se esparcen por el aire (también irracional). Y el entorno, digamos, como que se te acomoda. Conectás con esa parte de la vida que danza. Tan simple que es muy loco, no? Para actuar desde el alma te hace falta fundamentalmente una cosita, que hasta suena casi idéntica, calma. Solo así los poros, boquiabiertos, comienzan a emanar aquella rara sustancia...

Diego Rojas, de Temporal








Para vos...y algo de mí

Cuan sabia es la ignorancia,
Más aun cuando busco ser feliz.
Solo necesito la esencia,
El olor, ese perfume,
Que tan etéreo como sublime,
Llena todo a la perfección.
No necesito detalles de ningún tipo
Y vos...
Necesitas saber tan poco de lo mío,
Que por eso te dejo ver solamente lo que es tuyo,
Lo que hice para vos.
Lo demás no existe en tu mundo,
Y claro que es mejor así.
Yo quiero verte sonreír,
Verte bailar junto a mí.
Jamas te mostraría el oleaje que rompe dentro de mi pecho.
Las tormentas, las tempestades que me acechan son mías,
las quiero para mí,
alguien, algún día, podrá navegar allí
pero vos...
sos una playa hermosa desierta,
virgen, sin problemas ni alturas,
sos planicie, sos descanso, sos plenitud
y así quiero conservarte.
Llena de virtudes, sin problemas,
una divinidad fugaz
que planea al ras
de mi cuerpo
si, así...

Leandro O. Silvay













Memorias de un golem

Me desperté, estaba parado (o más bien erguido) sobre mis grandes piernas entumecidas. Lo primero que hice fue mirarme las manos, tenían un tamaño considerablemente grande, y luego a mi amo, que se frotaba sus guantes enérgicamente con una expresión de triunfo. Cualquier humano lo hubiera descripto como un científico loco. Yo no lo podría definir.
En mi cabeza brilló una frase escrita en rúnico: “Matar a la traidora “. Supe que debía obedecer. No tenía otra opción. en ese momento, escuché a mi amo decir:
— Sí, al fin esa serpiente traidora va a sufrir mi venganza —. Al tiempo que decía esto se retorcía los poblados bigotes con una increíble rapidez. 
Mientras me dirigía hacia la salida del laboratorio, divisé unas extrañas criaturas. A la primera logré distinguirla con facilidad: era un elfo, una criatura noble y bella, digna de respeto entre humanos y demás. La segunda criatura, al principio creí que era un duende robusto, por su extraño comportamiento, pero luego descubrí que se trataba de un enano. El comportamiento de ambos individuos me sorprendió: El elfo parecía demasiado despreocupado (algo realmente atípico de un elfo), pues estaba tranquilamente acostado balanceándose en una hamaca, leyendo un libro. Por su parte el enano, se veía demasiado, demasiado, amable (algo imposible viniendo de un enano). Era obvio que éste, al igual que el elfo, eran experimentos fallidos de mi amo.
En ese momento me di cuenta de que, incluso yo, me comportaba de un modo muy extraño: estaba pensando demasiado, y los golem no pueden pensar aunque se los ordenara su amo. Éramos capaces de entregar respuestas que requieren meditación, pero no podíamos pensar por nuestra cuenta. En ese momento mi cuerpo albergó una pena: ¡Yo también era un experimento fallido! pero luego descubrí que esto no era una maldición, sino más bien una... no pude terminar de pensar, pues la puerta de salida se me venía encima. Me encontraba tan ensimismado en mis pensamientos que no me había concentrado en mi misión.
No me detuve, pues los golem no sentimos dolor, a menos que así nos lo ordenara nuestro amo. Entonces, al chocar contra la puerta, (para mi gran sorpresa) tuve  la sensación de que me aplastaban el vientre con un mazo de tormentas (...), así advertí que yo podía sentir dolor físico, y eso lo consideraba una grave maldición.
Mientras salía del cuarto a rastras a causa de mi fuerte dolor, alcancé a  oír la voz de mi amo refunfuñando, que se quejaba de los daños irreparables que le había causado  a su laboratorio.
A pesar de los gritos de mi creador, salí rápidamente (rápidamente para un golem, pero no para un humano) de la casa.
En ese momento, me di cuenta de que los humanos, (que según me decían mis instintos, estaban ciegos y sordos ante la presencia de la magia) se sorprenderían mucho al verme, y podrían destruirme o aprisionarme hasta que les confesara lo que yo era en realidad. A pesar de mis dudas, debía de obedecer a mi creador, por lo que saqué la cabeza por la puerta. Para mi gran sorpresa, era de noche. Entonces, comprendí la artimaña de mi amo: me había fabricado de noche, para que ningún otro humano me viera cuando fuera a cumplir mi misión.
Mientras caminaba hacia la calle donde se encontraba la casa de la traidora que debía eliminar, comencé a decirme a  mí mismo: “Si yo puedo pensar, también puedo oponerme a las decisiones de mi amo” Pero a la vez, otra parte de mí decía: “No, yo fui creado para obedecer las órdenes implantadas por mi creador” De ese modo comencé a generar una conversación conmigo mismo:
— No, tal vez mis pares tuvieron que sufrir esa maldición, ¡pero yo puedo resistirme!  — decía yo, o, mejor dicho, “pensaba”.
— ¡Yo, al igual que todos los golem, fui creado para obedecer las órdenes de mi creador! — decía Yo, pero el Yo que alguna vez había sido, aquél del que sacaba toda la información, que el otro yo utilizaba para hacer sus análisis.
— Pero... si yo puedo pensar, imaginar, sentir, también puedo oponerme a las órdenes de mi am... ¡a ese loco que pretende ser mi dueño! — pensé yo, encolerizado al límite.
— Ese... “loco”, como le digo, es mi creador, y estoy en deuda eterna con él  — pensé Yo, el Yo que me había informado las características de los elfos, enanos y demás.
Eso que dije me hizo dudar mucho, pero luego se me ocurrió una manera de convencerme.
— Si, tengo razón, tengo una deuda con él, y la deuda la pagaré comportándome como humano, siendo su ayudante, su aprendiz.
A partir de ese momento, mi Yo obediente, mi Yo malvado, desapareció para siempre; Sólo quedé yo, el yo listo, el yo pensador.
Luego de mi conversación conmigo mismo, volví al laboratorio de mi... creador. Él me reprendió al principio por mi rebeldía, pero luego se rindió,
Traté de disuadirlo de crear seres, él decía que se debía tener mucha experiencia para hacerlas bien, y acordó conmigo no hacerlas. Pero yo, en el fondo, sabía que él lo volvería a intentar, aunque juró, por los dioses vikingos, que no intentaría de nuevo matar a alguien.
Mis esperanzas se cumplieron cuando, luego de unos meses, el doctor conjuró una nueva criatura, una criatura muy pequeña, y realmente muy traviesa: ... Un Duende.

Nahuel Melis
10 años

 










Intensidades

Si una mirada fuera potencia,
la tuya sería un rayo.
Si acaso se tratara de un aroma,
me llevaría hasta ti como un esclavo.

Pero no pienso en ti como grilletes,
creo en ti como en un sueño hermoso.
Quiero llegar hasta allí para perderme.
Quiero estar en ti como un embrión.

Y  tal vez no pueda ser sin ti,
y entonces vuelven los grilletes,
con un metal que no hace sangrar de dolor
a menos que sea la agonía de estar sin ti.

Aroma poderoso que me atrae como a un perro.
Energía ominosa, me arrastra, me quiebra,
transformándome en lo peor de mí,
alzándome hasta lo majestuoso.

Arcilla en tus manos
Arcilla en tus piernas.
Es el deseo
Eres tú.

María Claudia Machelett








 

Cuesta levantarse a la mañana

Me había acostado relativamente tarde, eran las siete menos diez de la mañana la sabana estaba arrancada del colchón y había dormido sin almohada porque se le estaba saliendo el relleno y me daba asco, mi papá me despertó para ir al colegio.
Otro día desperdiciado.
Yo estaba durmiendo en la cama de mi hermana, porque se había ido a vivir con su novio, estudiaban ambos medicina y  vivían por Belgrano,
Dormía ahí, porque en mi cama dormía mal, ahí descansaba un poco mejor, pero mi columna seguía con su escoliosis.
Siempre me fijaba  que las sabanas estuviesen limpias, no quería mancharme de su sexo.
Lo primero que hice al levantarme fue lavarme los dientes para sacarme el gusto horrible del sueño.
Me saque mi piyama, un buzo gris, con las magas rotas de mi hermana cuando era chica, tendría unos dieciocho años ese buzo, estaba comido por las polillas y por mi perro.
Mis ojeras seguían ahí, los granos también.
Mi cepillo de dientes estaba destrozado, ni intenté peinarme, era inútil e imposible.
Tenia los dientes muy amarillos y chuecos.
La encía me sangraba bastante, las muelas de juicio me dolían, de cierta forma me gustaba.
El espejo estaba con manchas de oxido, nunca pude entender como se mancha de oxido un espejo, pensé que solo pasaba con el metal, el lavabo estaba ensangrentado no entendía porque, y la manija del agua caliente no funcionaba, hacia un ruido espantoso, agudo chirriante.
Mee con la puerta abierta, por fin había tabla para cagar; me mee el calzón.
Me vestí con el mismo jean de la ultima semana, la remera de ayer estaba hecha un bollo así que agarre otra, me di cuenta que no había en mi placard, así que tuve que ir a la habitación de mi mama, y revolver en el suelo con la luz apagada haber si encontraba alguna remera mía que no me hayan dado todavía para que ponga en mi estante.
Tenia que bañarme, no me quedaba desodorante.
Fui a revisar mails, cosa que hago religiosamente todas las mañanas, no se para que.
Pero siempre tengo la esperanza de que me llegue un mail de Europa o estados unidos ofreciéndome trabajo y pueda salir de este agujero.
Solo propaganda.
Mi papa me grito para que vaya a desayunar.
-Ariel... ¿Podés venir a desayunar de una vez?, ya son las siete y cuarto.
Era imposible que llegase temprano, no me importó demasiado, solo quería “cinco minutos más”.
Mucha luz, las paredes ya no estaban tan blancas, el papel era arrancado por mi perro, pero ahora el dormía en el sillón, me acerque a acariciarlo, lo quiero mucho.
Había una torta dura que ya iba a cumplir una semana, tenia un glasé amarillento, no entendía de que se trataba esa torta; no parecía muy buena, aunque sea por le hecho de haber estado ahí estática casi una semana.
Me hice un mate cocido, el agua de la pava estaba helada y no quedaba azúcar, lo tome igual.
La torta fue difícil de pasar, parecía rancia o algo así.
Salude a mi papá y me desplome en la silla.
Me apuro para que me vaya, iba a llegar tarde, ya eran las siete y media, entraba en media hora y vivió a veinticinco kilómetros, tenia que estar llegando en quince minutos.
Me acorde que no había armado la mochila, mi papa ya me estaba puteando.
Metí las primeras hojas que encontré en el cajón y mi birome negra.
Me fui.
Estaba llegando tarde.
Lo único que tenia en mi cabeza era terminar el tercer número de mi revista, pretendía sacar un compilado de bandas con ella pero nunca salió, ni el compilado ni la revista.
Otro proyecto abandonado, otro sueño roto.
Espere quince minutos el colectivo, un viaje de media hora, y luego caminar quince cuadras mas.
En el colectivo luego de un largo rato encontré un asiento en el cual desplomarme para ir a un lugar al que no me interesa ir, relacionarme gente con la que no me interesa estar, y obedecer estupideces a estúpidos.
El hollín me mataba, tenía los pulmones más dañados que un fumador, tenia proto cáncer por culpa de los colectivos; pero bueno, es la desventaja de vivir en una ciudad, no me imagino como debe ser vivir en Nueva York.
Una vez en el colectivo, eructé, eructé con gusto a naranja aunque había comido torta.
Me genero una acidez terrible esa torta de mierda.
Una vez que llegué, era tarde, decidí entrar igual.
El profesor me miro mal, tenia media falta, no me importó, era el primer día de clases.
Seguí durmiendo hasta el bloque siguiente. No me interesaba saludar a mis compañeritos, no los extrañaba.
Esperaba que Columbine o Carmen de Patagones pasara algún día en mi colegio, pero no, nunca paso, me egrese con todos alegres, vivitos y coleando.
Yo era el tonto por no ser superficial. Por no estar pensando todo el día en ir a bailar el viernes, en que ropita comprar con la plata de mis papas y en consumir sintéticos o su natural hierba, patéticos ellos.
Prefería cualquier cosa a estar en ese lugar, prefería tener que trabajar doce horas de lo que sea.
Necesitaba terminar...
Quería que me saquen de este agujero.
Solo quería dormir cinco minutos más.

Arii Gnosis













El sonido del otoño

Frío es el cielo en otoño,
o mi cielo,
no puedo distinguir si las hojas
son mías o del pasado,
de los árboles o del sol.

Todo pasa rápido cuando duermo,
y no pasa tranquilo,
acá el viento se parece a un volcán,
todo por dentro parece desbordar
en una lluvia de cenizas.

Ya no queda sol,
dentro de mi alma todavía
quedan algunos minutos de luz,
que se acabarán y que en definitiva
se volverán a encender.

Una canción que rodea la tarde
habla de la vida y yo le respondo,
ella me pregunta y yo que casi desolado
no logro conformarme,
le digo: si amas a la vida,
déjala ser,
y puedes soportar mucho,
pero volveremos a recibir.

Nunca me olvido cuando camino
del sonido del otoño,
mas tampoco puedo dejar de lado
el sonido de mis sueños
cuando camino por la vida,
el sonido de mi mente confundida,
que ahora me hace temblar,
y con frío les digo
que nos volveremos a encontrar,
no todo puede ser tan normal.
Libertad














Sin Razón

Solo podía preguntarme “¿De donde salió?”,
no había en el aire nada distinto a ayer.
Solo sus ojos, que eran cielo, que eran mar…
donde se ahogaba mi pasado y mi futuro,
donde el presente existía para ser adorado, para ser vivido
Solo se oía a lo lejos la voz dormida de mi alma
¡Ternura!… (gritaba desesperada)... ¡aún existes!
Mis adentros no cabían en mí, porque yo ya no era la misma…
pero tal vez seguía siendo yo, solo que el reloj mandó a dormir a mi soledad.

Se perdía en mis ojos… y yo no encontraba la razón.
Parecía de mentira… y solo fue realidad en dos lunas,
que no brillaban con luz propia… sencillamente era su luz…
¿Dónde estaba hace años, hace meses, hace semanas...?
¿Donde está hoy? ¿Porque no estoy a su lado?...
… A veces pienso que pensar no hace bien al alma,
y que vivir el hoy es soñar sabiendo que se ha de despertar…

¿De donde saliste esa noche… mezclado entre tantos ojos?
¿Cómo es que eres?, ¿Cómo eres? ¿Eres, ó solo te soñé?...
¿Qué fue lo que dejaste en mis ojos que aun te veo frente a mí?
No entiendo que me llama, pero escucho tu voz.
Tal vez es mi silencio, o mi deseo de ser tu duda.
No se quien eres, y te llevo conmigo, sin permiso
en los bolsillos de mis manos, de mis dedos…
Y te espero, sin saber que espero…
si tus palabras… o tu válido silencio.
Me trepo a mi impaciencia, para aplastar sus ansiedades,
y caigo, a ojos cerrados, con el cielo de tus ojos sobre mi soledad

Liliana Araya