Revista Viajero Nro. 57 - Julio de 2011




Buscando

Si la encontrara de repente en algún lado
no sabría que decirle,
me quedaría con los ojos desorbitados,
me pondría exaltado, excitado, deslumbrado,
todo a la vez.
No sentiría nada y a la vez sentiría todo.
Solamente me quedaría en silencio
esperando que la cuchillada de su voz
atraviese mi vacío,
arrebatándome del caos de mis sentidos ciegos y entorpecidos.
Jugando ¿por qué no? A rescatar al ausente
ese paso que nunca se encuentra,
muriendo para siempre
perdido
donde siempre
nunca
quiso.

Nicolás German









Viento

Hojas secas se amontonan
en la calle solitaria
las mueve un viento suave
que las hace corretear.
Las veo como figuras
abanicos desplegados,
pájaros caídos,
mariposas de alas grandes.
Quién puede interpretar
los movimientos del viento
que va de acá para allá.
Dónde se esconde
cuando no está.
De dónde sale
cuando regresa.
¿Y ahora
dónde estará?

Olga Besada









En la Mesa

Juan estaba sentado delante de Carolina. No sabía cómo decirle que la amaba. Entonces se metió dos dedos en la garganta y vomitó todas las mariposas sobre la mesa.

Desembarco

El día de la gran batalla él desembarcó anónimo entre sus cientos de compañeros.  Avanzó a toda velocidad y en un momento el camino se dividió en dos.  No supo qué hacer. Falleció, sin medalla, allí, lejos, en las trompas de Falopio. 

Otra Almohada

Llegó del trabajo a las seis. Se dirigió a la cocina y puso a calentar agua para unos mates. Revisó su casilla de correos y no tenía ningún mail nuevo. Quiso fumar pero ya había dejado de fumar, no quiso volver a empezar. No puso música porque de golpe, ahora, todas las canciones hablaban de lo mismo. 
Se acostó en la cama. Intentaba dormir. Abrazó la almohada. La apretó contra su pecho y dijo: yo también. 

Juan Sebastián Gil
tercerasalida@hotmail.com









La cuidadora

Recuerdo aquel verano del 88 yo tenía unos 9 años, mi prima unos 10, creo, no estoy segura, sé que era mayor que yo, pero ha pasado tanto tiempo que no recuerdo si eran unos meses o unos años mayor. Mi abuela nos tenía poca paciencia, creo que lo único que ella quería era tener una vejez tranquila en vez  de andar cuidando a dos chiquillas terribles, la verdad es que nosotras amábamos a nuestra abuela, pero su casa nos brindaba infinidad de posibilidades de travesuras. Pasábamos los días con ella, ya que nuestros padres trabajaban todo el día y no teníamos quién nos cuidara, a veces nos íbamos por semanas enteras a la casa de la abuela en los meses de verano, sin escuela teníamos todo el tiempo libre para nosotras.
Las tardes eran calurosas, y las siestas largas que nuestra abuela nos obliga a tomar, pues a ella le encantaba recostarse luego del almuerzo a escuchar su programa preferido de la radio y como desde su habitación no podía cuidarnos, nos encerraba en la habitación para que durmamos nosotras también.
La casa de mi abuela era grande, con techos altísimos  y grandes ventanas de madera, en el parque del fondo tenía varias plantas frutales, con mi prima jugábamos a la mancha entre las plantas para horror de mi abuela, ya que siempre nos estaba gritando que nos íbamos a lastimar con alguna rama baja de los árboles de naranjos o de ciruelos.
Como buenas chicas salvajes que éramos, nos encantaba jugar con barro, correr, jugar a la pelota con los chicos del barrio y por sobre todas las cosas, nos gustaba treparnos a los árboles.
Había un árbol, uno sólo el que teníamos explícitamente prohibido subir, por la gran altura, y era el que más ansiábamos escalar en las siestas cuando nos escapábamos por la ventana de la habitación, la higuera. Tenía más años que la casa, estaba desde antes de que construyeran, los higos que daban eran los más deliciosos del barrio, más que los de cualquier verdulería de la zona, porque tenían el sabor de la aventura, los más ricos siempre estaban en lo más alto. Con mi prima apostábamos para ver quien subía más alto y alcanzaba los frutos más ricos. 
Cuando mi abuela terminaba de escuchar su programa, de dormir la siesta en realidad porque siempre luego de los 10 minutos de escuchar como prendía la radio y de sentir el rechinar de los resortes de la vieja cama de hierro, se escuchaba inevitablemente sus ronquidos, llave para que nosotras nos escapemos sin peligro a ser escuchadas; cuando mi abuela despertaba y veía los higos en la cocina su cara se transformaba y nos gritaba que la higuera era peligrosa, nosotras nos reíamos, lo hacíamos siempre, el treparla y bajar los higos era un juego más para las intrépidas primas que a todo se enfrentaban, a los resoplidos de nuestra abuela no hacíamos más que poner caras de contritas y jurar que no lo volveríamos a hacer, pensando en el día siguiente volver a treparla, no le hacíamos mucho caso a ella, hoy me doy cuenta de lo importante que es hacerle caso a los mayores, pero en ese momento nos creíamos inmortales.
Una tarde, como tantas otras, escuchamos a la vieja cama de resortes de mi abuela, la radio encendida y la respiración lenta y acompasada de mi abuela durmiente. Salimos como todas las tardes a esa hora, por la ventana y nos dirigimos a la higuera. La otra tarde habíamos visto desde la base unos higos maduros casi en la cima del viejo árbol, y nos prometimos con mi prima a bajarlos, éstos estaban mucho más altos de lo que solíamos subir, pero en ese momento no nos importó mucho. 
Comenzamos a trepar, y trepamos y trepamos y a medida que lo hacíamos nuestra bolsa de  motín se llenaba más y más, sin haber llegado a lo alto más alto todavía, estábamos en una rama, y cuando vi hacía abajo, vi todo lo que habíamos subido, y hoy puedo admitir que tuve miedo de la altura, pero en ese momento sólo dije que mi bolsa estaba muy llena de higos como para seguir subiendo, y le dije a mi prima que yo bajaba, a lo cual ella, pinchándome me contestó “cobarde!”, pero  esa vez no me importó lo que dijera, yo bajaría igual, y así lo hice, ella se quedó sentada en la rama viendo hacía arriba, viendo como seguir subiendo.
Yo no ví lo que pasó, o no lo recuerdo, sólo recuerdo ver una mancha que pasó veloz cayendo en caída libre a un costado mío, tampoco recuerdo haber despertado a mi abuela, ni lo que pasó luego.

Lo único que recuerdo es que pasó mucho tiempo para que volviera a la casa de mi abuela, y cuando volví, la higuera no estaba más; había sido serruchado su tronco al ras del suelo, y mi abuela parecía cien años más anciana, no sonreía como antes lo hacía y ya no escuchaba más radio en las tardes calurosas del verano.

Lola Ghiglione









Viviré en ti

El día en que parta
estaré en cada cosa que ames
en un nuevo amanecer
en tus manos cariñosas
en la carta humedecida de recuerdos
en los ojos de mis hijos
o en tu propio cuerpo.
Déjame llevarme
el vestigio de tu sonrisa
para compartirla
dónde quiera que esté

Elizabeth Francken
en “Los años ámbar”









Caprichosamente apareciste
cuando nada hacía preveer
un cambio en mi.
Me costó darme cuenta que anduvieras
tan cerca y yo estuviese tan lejos.
No observé tu hermosa mirada,
ni por enterado que alguna vez,
a mí estuviese dirigida.
Tu voz enronquecida que no escuchaba,
pues en mis oídos tenía otra voz,
que aunque lejana,
todavía hacía sentir un pasado con gloria.
No quiero entusiasmarme contigo,
porque necesito llenar un espacio
y tu reúnes las condiciones que yo deseo poseer.
Pero temo enfrentar otra ves al pasado
y no soportar equivocarme nuevamente.

Luis 528










Revista Viajero N° 56 - Junio 2011

 


No merezco ser escuchada, Rey Supremo,
oro inquieta y con poca fe,
no percibo tu presencia Gloriosa,
pero tengo la certeza, que me oyes.

El vibrar del dolor, debilita mi intelecto,
se ahuecan mis sienes y pierdo mi comunicación, 
como en un abismo de la nada, hay tormento.
Con la plegaria rota, encuentro de vuelta tu presencia.

La angustia invade en plenitud mi corazón.
El Señor conoce, mi laberinto terrenal
y me descubre un espacio, grande de misericordia
llenando ese vacío con amor, no merecido.

Con su cariñosa mano en mi frente tras las lágrimas
vuelve milagrosamente, la esperanza del perdón.
El Divino poder cautiva a mi carcomida carne,
y esta comunión, engendra, en mí, “nueva vida”.

El Señor escuchó mis pésimas plegarias con amor,
y la sangre de su Hijo que nutre su Palabra,
limpió mi desesperación, su luz me dio la paz,
y subyugó mi alma por la gracia de Cristo, 
mi Salvador.

Rosa Dolabjian















hay silencios clavados en el centro de este poema |

el que los labios aprietan y es como una daga

el que dibuja aquello que no puede decirse

y el silencio atroz de aquel que es todo silencio 

nada | vacío | un tajo en la memoria

Miguel Angel Morelli
de “Despojos”















Ella


Ella se despertó sobresaltada
serían como las seis y media 
de la mañana,
y abrió sus ojos y no pudo ver
y no quiso ver, el día que se levantaba.
Se sentó, como siempre, 
a los pies de la cama.
Miró al sol entrar por su ventana
tomó la almohada, gastada
la más chiquita, aquella que 
ya acostumbrada tapa su cara, 
volvió a recostarse, sin nada, 
a intentar conciliar el sueño
hasta las ocho de la mañana
como muchas mañanas
como todas las mañanas.
Pero esta vez no quiso
o no pudo cerrar los ojos
hinchados de lágrimas,
producto de un sueño
no demasiado alentador.
Ella abrió sus ojos y eligió
no luchar más contra el reloj.
Y entonces refregó su cara
miró por la ventana y sintió
sin más ganas de luchar
que el sueño había terminado.
Ella abrió la ventana
susurró bajito, muy bajito
“Sal corazón, ve a volar esta mañana
hasta que llegue la noche 
y vuelvas a cobijarte en mi almohada”
“Sal corazón, despabílate esta mañana 
que yo te necesito aquí conmigo
cuando vuelva a recostar mi cabeza 
sobre la almohada”.
“Sal corazón, toma aire, vuela alto
siente el viento en tus alas
que yo te necesito aquí conmigo 
el resto de las mañanas”.
Encendió un cigarrillo,
tal vez dos y decidió
no mirarse en el espejo
esa mañana.
Ella, se quedó inmóvil
esperando que pase la tormenta
para volver
a recostarse en su cama
y así imaginar la luna
que no alcanza a ver
por su ventana.

María Eugenia Nebbia















La cuidadora


Hace mucho tiempo, no sabemos bien cuanto, en un paraje remoto había una pequeña aldea donde todos se conocían, todos en algún momento del día se cruzaban en la plaza del pueblo, o porque iban a buscar hortalizas para la comida o buscaban agua potable de la fuente del centro de la plaza, o si eran hombres seguro se cruzaban en la única taberna; antro, oscuro y mal oliente, sin ventilación en donde los hombres, una vez terminadas las faenas diarias, sea en el cultivo de lo que sería su alimento o en el cuidado del ganado, se reunían a tomar cerveza de tonel y a fumar asquerosos cigarros armados.
En las afueras de la aldea había un bosque, un bosque al que nadie entraba, algunos hablaban de duendes, otros de brujas o simplemente de animales salvajes nunca antes vistos.
En el comienzo del bosque, lejos del camino a la ciudad había una choza, desde el camino era imposible de ver, tenías que caminar entre tupidos arbustos y rodear enormes pinos, ancestrales árboles que han estado ahí desde antes del hombre, para poder verla. Era una choza chica, solo entraba una sola persona con lo mínimo: una mesa, un camastro, y un fogón para caldearla y que se cocine la comida con una chimenea que humeaba durante todo el día y toda la noche, a la choza no la podías ver por lo tupido del bosque, pero el olor a comida era inconfundible, si tenías buen olfato, podías encontrar el camino sin ningún problema.
Sin embargo la persona que vivía en esa cabaña en el medio del bosque no era bien vista en el pueblo, las pocas veces que iba no hablaba con nadie salvo lo justo y necesario, no necesitaba del agua de la fuente, ya que cerca de su casa tenía un arroyo y de ahí sacaba toda la que necesitaba. Las mujeres no la querían porque no se prendía en el cotorreo propio de mujeres aburridas, hijos no tenía, sus ropas eran viejas y ajadas y muchas veces se olvidaba de lavarlas, estaba tan acostumbrada a la soledad del bosque, a sus ruidos, a la vida simple de la naturaleza que poco le importaba lo que dijeran los demás.
En los días de tormenta cuando todo el mundo corría a sus casas para guarecerse de la lluvia, esconderse de la naturaleza, el miedo a la ira de dios era mayor a cualquier otra cosa, mientras durara la tormenta no se trabajaba, las mujeres no charlaban, no se juntaban al lado de la fuente y se ponían al día con los chismes diarios. Los hombres no eran muy distintos, la taberna seguía siendo el lugar más concurrido, pero el ambiente era opresivo, los ánimos estaban bajos, todos se ponen taciturnos y de mal humor, toman su cerveza en silencio o mascullando maldiciones por la lluvia, la cosecha que se pierde, los animales que se mueren y todo lo que podía ser culpable, la naturaleza, o sea todo.
Mas la habitante de la choza del bosque no era así, los días de lluvia, cuando la tormenta arreciaba con más fuerza, cuando el viento clamaba con todas sus fuerzas era ahí, cuando salía a recorrer el bosque, con mucho más ahínco que los demás días. Tal vez por hacer eso, que para los aldeanos era lo contrario de lo que hacían ellos, era otro motivo para no quererla, para hablar mal de ella, inventar historias, algunas hasta llegaron a tildarla de hechicera.
Lo que hacía ella en esas recorridas, lo que buscaba en esas caminatas nadie lo sabía, sólo ella y el bosque, que en su sabio silencio a nadie contaba.
Cuando una tormenta arreciaba, cuando la lluvia caía sin compasión, cuando el viento clamaba era cuando más fácil, los animales del bosque se perdían de sus casas, perdían el camino de regreso a sus madrigueras o caían de sus nidos, derribados por el viento. Ahí estaba ella, la vieja, la que no hablaba con nadie, la que a veces se olvidaba de sus ropas y de su apariencia. Le preocupaban más las criaturas del bosque, así es como ayudaba a los animales a encontrar refugio, sus madrigueras, si veía pájaros heridos, sin poder volar, o pichones que aún no tenían sus alas para protegerse de la vida misma, la fuerza de la naturaleza se los llevaba. En la choza les daba calor, abrigo, comida, curaba las heridas de todos los animales heridos que encontraba en su camino. Ella los cuidaba como el bosque cuidaba de ella, dándole refugio y comida, ella se sentía en el deber de corresponder cuidando a las criaturas que vivían en él, hasta que se le hizo su forma de vivir, aprendió a vivir en una completa armonía con el bosque, lo sentía vivo, sentía como latía, le hablaba, podía escucharlo, y con las criaturas que en él habitaban.
Siempre sufría cuando los animales partían y dejaban de hacerle compañía en la pequeña choza, a veces el silencio dentro era demasiado tangible, pero sabía perfectamente que ella no era dueña de ninguna vida, ni siquiera de la suya propia, todo pertenecía a la naturaleza, ella era solo un eslabón más de una enorme cadena., invisible cadena.
Pero como todo humano a veces esperaba que algún animal se quedara a hacerle compañía, sentía que la vejez se cernía sobre ella con una lúgubre soledad. Los animales curaban y partían, era una ley natural que volvieran al bosque junto a los otros animales, junto a sus pares.
Los años pasaron lentamente, los veranos se sumaron a inviernos, algunos más fríos, otros no tanto, con épocas de tormentas fuertes y otras que no lo eran tanto. Su recorrido por el bosque continuaba sin modificaciones, se fue alejando totalmente de la gente de la aldea, ya no necesitaba nada de ellos, todo lo que podía necesitar, el bosque se lo brindaba y en abundancia. Los animales que curaba de trampas de los aldeanos y los pájaros que crecieron al calor de su fuego fueron demasiados para recordarlos a todos, pero a todos les tenía cariño, eran como su familia que nunca tuvo, eran los amigos que nunca tuvo; eran amor, que nunca ningún humano le brindó.
Hubo un invierno mucho más duro que los anteriores, en donde la vejez ya estaba instalada desde hacía varios años, ya no salía a recorrer el bosque en los días de tormenta como antes, sus huesos se lo impedían, pero en la medida de lo posible, seguía curando animales, y seguía dando cobijo a todo aquel que lo necesitara.
Hasta que llegó el día que no pudo salir más, era una noche oscura, el viento soplaba con inclemencia y la lluvia caía con toda la fuerza, parecía que el cielo se había partido en dos y se estaba drenando con toda la fuerza. Ella presentía que no iba a volver a ver el sol, sentía el frío de la muerte en sus viejos y cansados huesos. Meditó mucho en esa noche pensando en su elección: cambiar a los humanos por los animales, cambiar la vida de la aldea por la dura y solitaria vida en el bosque. Y no se arrepintió de su elección, no pesaron las noches de soledad, pesó en su última hora haber podido ayudar a tantas criaturas, pesaron todos los animales que crecieron y se curaron, todos los animales que tuvieron su oportunidad de supervivencia cuando pensaban que no.
Un golpe en la puerta, una rama pensó, el viento y la tormenta, otro golpe más, insistente, los dolores no la dejaron pararse del camastro, no podía ver si era una rama o la lluvia, por el ritmo continuo no lo parecía, no tuvo temor, sabía que era su hora, nada más podía pasarle iba a volver a la tierra, a la naturaleza, así lo veía en sus últimas horas, no tenía temor a la muerte, y a la soledad ya se había acostumbrado. El golpe en la puerta continuaba insistente, hasta que una ráfaga de viento la abrió y desde el camastro pudo ver que no era una rama, ni el viento, eran todos y cada uno de los animales que alguna vez había curado. Hasta pájaros que vio nacer de huevos caídos de sus nidos en medio de tormentas.
Su último pensamiento fue que la soledad que tanto la abrumaba en algunas noches era sólo una tonta ilusión, nunca estuvo sola en el bosque.
La naturaleza nunca deja sola a sus criaturas.

Lola Ghiglione















Duele


Duele.
Duele en estos ojos
que no saben si te buscan
o si huyen de ti.
Duele en estas sonrisas vacías
que amaron las tuyas y rieron.
Duele en el regazo de lo vano.
Duele por siempre
tu recuerdo en mis manos.

Elizabeth Francken
en “Los años ámbar”















Radiante relojeas tu entorno
como águila oteando sus presas,
contornea tu figura tu andar sigiloso cual felino,
tu cabello frondoso juega en tu espalda
moviéndose al ritmo
que imponen en tus caderas
tus majestuosas y admiradas piernas.
Ojos color del tiempo,
labios carnosos con tenue sonrisa
que incita que sí, 
pero no me lo pronuncian.
Observo tu figura envidiable,
y quisiera poder ceñirme en tu cintura para siempre
e ingresar en tus pensamientos y no salir jamás.

Luis 528

Revista Viajero N° 55 - Mayo 2011

 



Volverte a ver


Volver a vivir tu amor una vez,
volver a sentir tu carne en mi piel,
y todos tus besos y todo tu cuerpo
que aplaca mi sangre y aquieta mi ser.
Volver, cuanto yo quisiera volver,
mirarme en tus ojos, buscar el placer
aquel que tus manos de tantas profanas
caricias sagradas me hacían arder.

Volver a vernos nuevamente
será tal vez una locura
el tiempo que pasó dejó sus huellas
que entonces no nos daba la aventura.
Volver a vernos tan distintos
será mejor que no lo hagamos
en el recuerdo del pasado
se vive a solas aun esos años.

Volver a mirarnos de nuevo otra vez
me asusta el momento, me eriza la piel
no tenemos nada de aquello que entonces
felices nos daban tu ser y mi ser.
Volver para qué, si es herir tal vez
a este frío intenso al que me adapté
Ya ves, los momentos se los lleva el tiempo
y solo nos deja dormido con él.

Marí Bacot















a julieta y agustina

¿es la arena un pretexto del desierto?
¿son las huellas un invento del camino?
si todo es conjetura | lo será también mi fuga | 
y sin embargo | es de tanto cruzar el desierto esta fatiga | 
de fuego | la sed que me devora la garganta

Miguel Angel Morelli
de “Despojos”















Lo cotidiano


En la impronta del empeño, confío en el Señor
estoy proyectada, claramente en el infinito,
desconfío, de mi propia inteligencia finita.
Renazco, en la frecuencia de celestial latitud.

Habilita Dios, todos mis proyectos y caminos,
en los felices, en las angustias y en los silencios,
tengo la certeza, que el Ojo del universo
allanará mis sendas, a espacios transparentes.-

Quiero despojarme de todo y escuchar lo Divino
la voz de la verdad, atizando anhelos;
Y recibir el privilegio de la sublime belleza,
en la calma, de una conducta de Fe; inquebrantable.

Del error viene la arrogancia, del alma vacía.-
Al estar en el torbellino de lo cotidiano, ruego y
busco, la firmeza de la virtud, de alas intangibles,
y la Fe en Dios, sin una gota de duda ¡Felicidad!.-

Rosa Dolabjian















Aplausos


Construir sobre cenizas es inclinarse en el suelo
y tomar entre los dedos
el pasado
la vida
el dolor.
Es dejar caer la nostalgia en el vacío
y volcarla hacia la esperanza de lo nuevo
para levantarse
en medio de la desolación.
Y gritar que estamos vivos
que necesitamos y nos necesitan
que amamos aún entre las cenizas
y que hay un Dios que aplaude
la fuerza que resurge en nuestro ser.

Elizabeth Francken
en “Los años ámbar”















El baile


María estaba sentada en su escritorio, con una pila de papeles delante suyo, listos para que los revise y los archive.
Era lunes, primera hora de la mañana, era lunes pero podría haber sido martes, miércoles cualquier día de la semana, la pila no variaba, su trabajo tampoco.
 Tenía el mismo trabajo desde hace más de quince años, sabía muy bien lo que tenía que hacer y lo que esperaban de ella, y ella no iba a dar ni una pizca de más de lo que esperaban.
Poco le importaba las tareas de la oficina, tenía en su cabeza otra cosa, mucho más importante: la noche del sábado, qué usaría, qué se pondría….eso era mucho más vital que una pila de papeles para archivar.
María no era una de las bellezas de la oficina, eso nunca podría decirse de ella, no era infartante ni te dejaba sin aliento si se cruzaba en tu camino. Tampoco se podría decir que estaba en la primavera de su vida, María tenía esa edad indefinida en que te dicen señora por más que no estés casada, y que aún no eras tan vieja como para ser abuela, si es que tenías hijos que te hicieran abuela, María no tenía hijos, ni sobrinos, No estaba casada y nadie, ninguno de sus compañeros supo o le conoció novio alguno en ninguna reunión o fiesta laboral, el estado sentimental de María era un enigma para toda la oficina. 
Era miércoles por la tarde, estaba en plena reunión donde estaban explicando los lineamientos generales del trimestre corporativo, mas ella tenía otra cosa en la cabeza; el vestido que iba a usar el Sábado, era simplemente fabuloso, con un escote profundo y su espalda al descubierto estaba convencida de que tendría un éxito rotundo en la noche del sábado, todos los hombres caerían rendidos ante sus encantos, todos debidamente mostrados por el vestido que realzaba cada uno de ellos de manera impactante. De la reunión poco y nada retuvo, luego de tantos años ahí dentro ya se sabía de memoria todos los lineamientos posibles para aumentar la productividad y aumentar las ganancias. Poco retuvo de la reunión pero ya tenía en claro qué zapatos combinarían divinos con el color del vestido y la cartera que hacía juego con ellos, los había visto en el escaparate de una tienda de diseño, estaban un poco fuera de su presupuesto, pero la noche del sábado lo ameritaba, ¿total, qué le hacía comer arroz durante un mes?, lo había hecho tantas veces que una vez más no le iba a implicar tanto.
Ya el viernes no le salía ni trabajar, siempre le pasaba los nervios de la cercanía del sábado no le permitían hacer su trabajo correctamente, lo único que le quedaba era tratar de pasarlo disimuladamente y rogar que su jefe no la llamara por nada en particular.
Ya tenía cita para el peluquero, el manicurista, y la depiladora para el sábado a la mañana, la tarde la tenía reservada para una siesta reparadora y así no estar con ojeras de cansancio a la noche.
Y Llegó el sábado, tan largo y ansiosamente esperado, vestida, perfumada, peinada se dirige a la milonga del barrio, el vestido le queda pintado; si bien hace rato que ya pasaron sus quince años, ella se siente una quinceañera tontamente emocionada, pensando en que bailará y reirá toda la noche y que la rodearán caballeros de toda la ciudad, caballeros de traje y bombim, fumando exóticos habanos. A ella no le gusta el olor a humo, pero sabe que fumar habanos es de otro estatus, uno al que a ella no le molestaría entrar.
Y aguantó todo lo que pudo, movió el pie al ritmo de la música toda la noche, sólo se atrevió a tomar agua sin gas para que el alcohol no le hiciera perder compostura. Toda la noche estuvo sentada obediente en su silla esperando que algún señor, de esos con habanos y sombrero, la sacara a bailar una pieza. Pero no hubo caso, su vestido tan largamente pensado, su peinado, nada logró esa noche.
Abatida en las primeras horas de la madrugada, con la tristeza que empaña su vista, toma el taxi que la devolverá a su casa, un departamento de dos ambientes chicos y oscuros, en barrancas, donde la única vista que tiene es una gran pared manchada de humedad del edificio de enfrente.
Ya en su casa mientras se prepara un café con leche, como todos los domingos a la mañana, se saca su vestido y lo cuelga primoroso en la percha que le designó a tal modelo, se cepilla con parsimonia cien veces su larga cabellera y se quita con pequeños algodones el maquillaje restante. Cuando el café está listo, ella también, prende la televisión para mirar el canal del noticiero y de a sorbos va bebiéndolo, no presta mucha atención a las noticias que se van sucediendo una tras otra a través de la pantalla, ya tiene en mente otra cosa mucho más importante que todas, la noche del sábado próximo. 

Lola Ghiglione















De quién sabe qué (Tango)


Tu noción inconsciente
de mis sentimientos
genera delirios
en mi parecer.
Se invierten los colores
cuando las luces se tornan sombras
y frente a mí, tu presencia se impone
por el solo hecho de ser…
… tu destino.
Los pensamientos que ocultan
desgarrados sentimientos
sólo son la muestra
de la unión en la individualidad…
Con un vacío lleno de soledad
ya he decidido por mí,
pero si me voy es para encontrar
la esencia propia que perdí,
busco la memoria de los recuerdos
de todo aquello que fue
y que por haberse ido
ya jamás volverá.

Roxana Contreras















Esperanza


Me costó encontrarte, estabas en otra frecuencia,
en otro habitat, en algún lugar lejano.
Hallarte no fue fácil, 
desearte no fue difícil
y no pensar en ti es imposible,
te doy gracias por estar tan presente en mi.

Te corresponde decir, si anhelas 
que alguna de mis sonrisas
de las muchas que he guardado para vos,
te ofrendara.

Necesito saber si de tu agrado sería
que alguna mirada de las tantas que por ti y para ti deseo, 
desearías ver.
Si al mirar mis manos llenas de caricias 
necesitas apropiarte de algunas,
házmelo saber,
pues todas absolutamente tuyas son.

Tengo mucho amor todavía que vos afloraste,
cuando pensaba que ya todo había sido así.
Gris hasta el final.

Luis 528

Revista Viajero N° 53 - Marzo 2011





Hordas Siniestras

 
Una marcha infernal,
atroz. El caos se desplaza...
A través de una guerra
planificada discurre. La ciudad
permanece indiferente, inerte,
vacía. Vaciada por oscuras
manos de su vital energía,
sin razón aparente...
Apariencia. Un lenguaje
desconfigurado. La violencia
controlada en las calles
donde las miradas se desvanecen,
y las personas se desdibujan
en un maremagnum terrible,
al paso de las hordas siniestras.
 
Claudia Mercatante
www.claudiamercatante















a Liliana Guaragno
 
y me pregunto qué va a ser de mí | con esta lluvia
 
con tanta agua corriendo calle abajo | y esos despojos
 
que van a la deriva | si hoy el mundo es una boca de tormenta
 
 
hay que llegar | me digo | a la otra orilla
 
mientras trato de recordar cómo era que rezaba
 
aquel hombre que no salía de su casa sin paraguas
 
Miguel Ángel Morelli
en “Despojos”
 
 















 

Anhelo de mujer

 
Que pretendo de ti Buenos Aires
si un día te abandoné cuando adolecía.
Tiempo en que forjé mi nido.
Le brindé mi amor y anhelos de mujer.
Después del largo camino comprendí,
que te había olvidado.
¡Barrio cuanto te debo!
En una de tus esquinas, mientras
miraba la luna, recibí el primer beso,
comprendiendo que siempre sería romántica.
Ese beso fue robado que con miedo respondí
y en puntitas de pie me di cuenta
que la vida está hecha para dos
y así tenerla cumplida.
Hoy sola, mi nostalgia de blanco se viste
recordando aquella luna.
Un sonido que es dolor, rompe la magia
Cuando una bocina me avisa que la luz
del moderno semáforo está encendida,
freno mis pasos actualizando mi mente
viendo, que mi tierna calle de recuerdos,
hoy es una gran avenida.
Te quiero igual Buenos Aires,
mi caminar llega a tu pintoresco puerto donde,
sus pesadas aguas regalan mil espejos.
Sentada en su muelle observo,
barcos oxidados, portadores como yo,
de miles de sueños, que algunos se cumplieron.
Allí, empiezo a volar, escribiendo mis versos.
 
Nilda Deluca















 

Estructuras

 
Imagino líneas verticales extendiéndose
sobre papeles vacíos e inocuos.
Elaboro mentes curvas, respirando
el sabor del blanco opaco.
 
La creación comienza su engranaje
alguien mueve una palanca
obligándome a volcar el corazón
para transformar edades y materia.
 
Presume ideas, una tras otra
y mientras las examino
se van haciendo carne
en cada trazo advertido.
 
Descubro, en el silencio de la tarde
un sentimiento de paz
que palpo y vierto
apretujando un lápiz
adormilado entre mis dedos.
 
Elizabet Paula Francken.















 

De últimas

 
Destruido,
ajado, roto.
Destrozado;
así viniste a confesar
lo que mil veces te advertí.
Destrozado,
sucio,
inútil el hablar.
Sin alguna explicación
me voy a matar, dijiste.
Nada mejor.
Adiós...
 
Carlos Amilcar López
 














De tiempos y de vientos, parte III

 
Porque el viento me ha dicho
que todo me lo devolvería transformado.
Porque el viento me lo ha dicho
y yo le he creído.
Porque hoy los vientos ya se han convertido
en brisas, en soplos de vida, en coplas de alegría.
Cuida bien lo que siembras, porque solo eso
recogerás.
La vida al igual que el universo se rigen por
la misma ley.
No importa cual sea tu credo, incluso si no
crees en nada,
todo es causa y es efecto y a eso nadie escapa.
Porque el viento me ha dicho
que todo me lo devolvería transformado.
Porque el viento me lo ha dicho
y yo le he creído.
Y aun así, aunque no crea que los vientos dicen,
aunque por momentos no haya creído,
nada de lo que escribo,
la vida al igual que el universo se rigen por
la misma ley.
Todo es causa y es efecto.
Todos somos causa y efecto
de los sentimientos que entregamos.
Y a eso nadie escapa.
Todo nos llega transformado,
porque yo lo he creído
porque siempre he construido
hoy por fin se fueron los huracanes
y las brisas acarician mi alma
y los soplos me dan vida
y las coplas alegría.
Hoy siente la felicidad el alma mía,
hoy disfruto la dulzura de tu compañía,
en los vientos
en las brisas
en los soplos de vida
de tus sonrisas
en el tiempo más perfecto
de mi afecto.
 
María Eugenia Nebbia
maru_nebbia@hotmail.com
 
















Te extraño

 
Hoy pasé de una pesadilla
a la realidad,
extraño esas voces
dentro de mi cabeza,
no paran de hablarme.
Esas voces que me hacían diferente
al escucharlas.
Solo miro a mi alrededor
y solo veo gente
sin rostros caminando
por la peatonal de Varela
perdiéndose entre
mis recuerdos tu imagen.
Pero sigue intacto
aun ese sentimiento que alguna
vez sentí por vos por ti"
 
Juan Carlos Godoy
juanboliche@hotmail.es















 

¡Jamás dejes de leer!

 
Juan y Pablo eran grandes amigos, Juan era un gran devorador de libros, un hombre intelectual. Pablo era un hombre sencillo pero muy audaz, que disfrutaba mucho de las conversaciones que sostenía con su amigo el intelectual, ya que aprendía mucho de él. Un día mientras leía uno de los diarios nacionales, Juan le preguntó: “Sabés quién era René Descartes” “Uno que fue ministro de agricultura” contestó Pablo, sonriendo, porque sabía que esa no era la respuesta, “Vos si sos baboso realmente, eso te pasa porque solo las páginas de deportes te gusta leer y no ves ni noticias” le contestó Juan.
-¿Para qué voy a leer noticias si solo de muertos habla, solo de cosas feas y tristes, mejor me distraigo un poco leyendo cosas alegres no te parece? Le preguntó Pablo, en un tono burlesco, tratando de incomodar a su amigo el intelectual.“Te voy a explicar, René Descartes era un filósofo francés del siglo XVII, que dijo que cuando uno lee libros, es como tener una conversación con hombres bien educados del pasado, en la que el autor expresa solo sus pensamientos mas nobles. Sin embargo mi querido amigo Pablo, te diré que no vale la pena conversar con todos los escritores; y no todos los pensamientos de los escritores son realmente nobles” agregó Juan.
“¿Tú me estás diciendo entonces que no lea a todos los columnistas, porque algunos no tienen pensamientos nobles?, ¿y que, debo escoger prácticamente lo que deba leer?” Preguntó Pablo. “Tienes que tener cuidado con lo que leas, eso nos lo dijo Descartes, yo no puedo decirte a quienes leas y a quienes no, eso a medida que tu vayas navegando por la lectura te darás cuenta, de quien trata de engañarte y de quien trata de llenar tu cabeza de telas de araña. Pero solo en la lectura mi estimado amigo, tienes que leer, conviértete en un asiduo lector, y así, se te abrirá un mundo maravilloso” agregó Juan
Cuando de repente llegó Karla, una buena amiga de Juan y Pablo, salía con ellos a tomar tragos y les tenía mucha confianza, aunque la enamoraban, ella los apreciaba mucho porque no eran vulgares ni le faltaban el respeto, se sentía bien con aquellos soñadores. “¿De qué hablan mis amores?” Preguntó Karla. Ella les decía mis amores o mis novios. “Estamos hablando de la importancia de la lectura, y de cuanto importa lo que leamos” le contestó Juan y le preguntó; “Tú que ya eres una mujer vivida, con experiencia, ¿crees que cuando leemos puede influir de tal manera que afecte nuestra conducta?”. “Yo tenía un hogar y una bonita familia, pero no me encontraba satisfecha con aquello, anhelaba la aventura, la excitación y la emoción que tan atractivamente se describen en las novelas, creía que algo andaba mal en mi matrimonio” contestó Karla.
“Pero tanto así, no lo puedo creer ¿quiere decir que por las novelas perdiste tu hogar?” Le preguntó Pablo, muy curioso. “La realidad es que aquellos libros despertaron en mi fuertes deseos sexuales y curiosidad, el éxtasis y la euforia que sentía la heroína en los encuentros apasionados con el héroe o el galán, hicieron que yo deseara experimentar lo mismo, eso me llevo a ponerle los cachos a mi ex marido, ahora eso me sirve de lección, y escojo bien la literatura para no cometer otro tipo de errores” agregó Karla.
“Eso es lo que trato de decirle a este bobo, lo que le va a pasar a este es que se va a enamorar de un jugador, porque solo deportes ve, jajá”, riéndose le dijo Juan. “Jaja que chistosito te has vuelto, tú como solo de intelectual trabajas, que solo lees a un Márquez, un tal Paulo que es de Brasil creo, quieres avergonzarlo a uno solo porque uno no lee” dijo Pablo un poco molesto.
“No le hagas caso, Pablito mi amor, Juancito tiene razón, solo fíjate lo que te acabo de contar, hay que tener cuidado con nuestra lectura, busca un libro que sea educativo, y poco a poco te gustará leer, y se convertirá en un hábito” le dijo Karla.
“Karla tiene razón, Pablo encarrílate en el mundo de las letras, inunda tu cabeza de buena lectura y así podrás beneficiarte, pero ojo, ten cuidado con los columnistas o los libros que tú elijas, que sean para tu bien, para que te formes como un hombre de bien para nuestra sociedad; y enseñarle a tus hijos, para que quede grabado en su mente como tinta indeleble el maravilloso hábito de la lectura, y ¡jamás dejes de leer! Porque hay millares de libros a tu alcance, tienes que saber escoger, recuerda el leer un libro es como pasar varias horas conversando con su autor” concluyó diciendo Juan.
“Está bien haré lo que ustedes me piden, trataré de buscar literatura constructiva, y dejaré de leer solo deportes, tienen razón, muchas veces no basta con solo leer noticias, hay que buscar libros, yo por eso los quiero como mis mejores amigos, jaja y ya no me digas baboso, ya verás cuando lea mucho y te deje asombrado de todo lo que aprenderé, ¡tú serás el baboso!” Concluyó Pablo. Los tres amigos muy sonrientes se levantaron y se despidieron porque tenían que dirigirse a sus casas, además era de noche y no soportaban el frente frío.
Camino a su casa Pablo reflexionaba y se decía en voz baja, “tienen razón ese par de babosos, les haré caso, desde mañana comenzaré a leer, y a mis hijos les diré que lean antes de acostarse, pero ¡jamás dejaré de leer!”.
 
José Francisco Mejía Ramirez
josefranciscoramirez1978@hotmail.com
Miembre de la Sociedad Literaria de Honduras
Articulista Nacional e Internacional

Revista Viajero N° 52 - Febrero 2011




Espera desespera esperando


Lucido tras el golpe de despertar,
en fantasía esotérica medito. 
Trasladado al manantial de dudas existenciales
del universo cubista que me asombra.

En órbita cuántica sin ficción tras la máscara,
aturdido en un ruido blanco,
alternando la sapiencia con la no cordura
en un tamiz de sinsabores elocuentes.

De la magnificencia ampliada del loco
soñando en su almohada de hielo
entregado al canto del terrestre.
Sucumbido en ansiedad melancólica.

Semilla que no germina, 
en su estado durmiente me espera
el que vela mas, yo mismo lavo
en aguas de colores,
mis vestidos de cordura, finas telas portan ellos.

Un precipitado en mi mismo
heterogeneidad pasiva.
Ella en su pétalo despliega mil alas
libando mis labios, me tienta la siento.

Lujuriosa danza del orate con su dama,
fundido en sus entrañas.
Me detengo en mi tormenta y solo veo,
¿Que sino?

Mago en Prosa
Matías R. Cárdenas
Mendoza-Argentina














Mi querido tucán


Una hermosa mañana paseaba con un grupo por una provincia Argentina. Necesitaba distraerme. Mis aspiraciones habían decaído. En una de las excursiones me alejé del contingente porque no me interesaban las explicaciones de la guía. No recuerdo cómo fue… pero de repente, entré a un bosque. Caminé acompañada por maravillosas y perfectas melodías de batracios, insectos, aves y gruñidos lejanos. Observé a mi alrededor gigantescos árboles y arbustos. Aspiré sus afrodisíacas fragancias. ¡Estaba sorprendida! Mis pensamientos se aliviaban de todo dolor al sentir semejante embeleso. ¡De pronto!… un tronco caído me sonrió, invitándome a que me acercara. Atónita lo hice y una alfombra de suaves hojas multicolor me acompañó a sentarme en su regazo. Esas vacaciones fueron un escape. Me sentía sin ánimo ni fuerza hacia mi persona. No entendía a ciertos ámbitos de la sociedad. Quizás creí que la necedad no llegaría a dañarme. Quería volver hacia donde las sombras habían llevado a mi espíritu enamorado. 
Con mucha sorpresa, escuché un sonido en la altísima copa de un árbol. Levanté mi rostro y en una rama gigante descubrí una hamaca. Inmediatamente me paré con asombro porque mágicamente aparecieron escalones hacia ella. En mi delirio, palpé mi cuerpo, me vi, con un vestido de volados y puntillas. Mis manos acariciaron mi cabello que tejían dos trenzas culminadas con moños color luna. Me transportaron a mis primeros pasos en la vida. Enrojeció mi rostro recobrando el rubor de aquella niña… ¡Mi niña! … ¡Mi candidez! La encontré precisamente cuando más la necesitaba. Subí la escalera. Me aferré con ánimo a las cuerdas y alcancé la hamaca que me aguardaba. Me senté y mientras me balanceaba me quedé dormida. Desperté con un picotazo parecido a un cosquilleo. Un hermoso tucán solitario comenzó a hablarme: - "Niña este lugar no es para ti! ¡Regresa a tu época!!Tu mente y tu alma preservarán el amor perdido! ¡Siempre estará contigo! Él no se llevó nada. Te dejó todo lo que brindó a tu corazón que es un arcón de recuerdos. No olvidarás a ese hombre que latió junto a ti por años. ¿Me escuchas niña? ¡no retrocedas! ¡Olvida los necios, disfruta el presente!, tienes familia, amigos ¡piensa en ellos! ¡cambia tu nostalgia, pon en función tus sentidos, observa la belleza que está a tu alrededor, escucha el canto de los animales, aspira los maravillosos aromas, come los exquisitos frutos y acaricia mi suave plumaje! ¡ Despierta niña, sal del bosque, únete al mundo sin olvidar a la pequeña que llevas dentro! ¡Sé feliz! ¡Mírame! Estoy solo. Busco amor para armar mi nido y sé que pronto lo encontraré". El bello tucán sostuvo mi espíritu con sus alas abiertas… Y volví… Nadie notó mi ausencia. ¿Habré soñado?… ¡No sé! Después de un largo tiempo escribo con ternura mi cuento…¡¡¡La niña es mía!!! ¡¡¡Abrí mis sentidos!!! ¡¡¡El amor lo siembro!!!

Nilda Deluca














Comenzar


La ansiedad no me deja dormir como de costumbre. Me levanto para embalar la loza y revisar si todo está en orden. Faltan unas horas para dejar la casa. Esta casa tan grande, tan callada, donde el silencio reemplazó risas, cantos, voces y lamentos. Todo se escondió en sus paredes que cada vez me oprimen más. Ya no tengo lágrimas para derramar. Me mudo. Quiero comenzar de nuevo aunque sé que el renovar muebles y paredes no impide que los recuerdos me acompañen. Por otra parte llevo fotografías que dan cuenta silenciosa de mi vida y abandonarlas sería como morir un poco…

Olga Besada














Llanto lírico


Aquel que más a traición, te lastimá sin razón, suele creerse inocente, y por eso nuncá se arrepiente. 
y aquel pobré batemusa, que bandeó de versos a muchas minusas, suele perderse arrumba'o, en el pago del ser despreciado. 
ya se hizo la luz, que cubriome de llanto y la cruz, cuya esencia sufriente, de la crueldad inherente, en toda humanidad existente, se hizo en mi vida presente. 
mas yo sigo adelante, sin rumbo mas siempre adelante, porque el tiempo pasó, en que la resignación me cubrió.

Martín Rabezzana
(escribiendo: you tube, aparece un sitio que dice: broadcast yourself
 en el espacio se escribe mi nombre y apellido: Martín Rabezzana, 
y se accede a mis videos)














Gracias por la vida 


Gracias por la vida que me has dado
más allá de las heridas que has causado
No te juzgo, no hay rencores 
sé de tu alma los dolores.

Gracias por la vida que me has dado
más allá de los temores 
que se habían instalado.
Sé de tu vida sin amores
Sé de tu alma atormentada.
No te juzgo, no hay rencores.

Gracias por la vida que me has dado
más allá de haberla rechazado.
Sé de tus miserias y rencores
más algo bueno habrás tenido
pues gracias a eso yo he nacido.

Gracias por la vida que me has dado
no te juzgo no hay rencores.
Cierro de esta etapa los dolores
y te escribo con honores.
Pero algo has de saber
ni en un año, ni en millones
enterraré por ti los amores.

Ya no sigo tras tus huellas 
soy tu sangre en este mundo
tu herencia más tangible.
Me declaro libre de rencores.
Te declaro libre de reproches.

Gracias por la vida que me has dado
no te juzgo no hay rencores.

María Eugenia Nebbia














Clamor


Llueve sobre la humanidad.
Llueve sobre la piel áspera de los guerreros
y sobre la piel tersa de las Ilíadas.
Llueve sobre campos desnudos
amasijados con sudor 
dolor 
ignorancia.
Llueve sobre pozos profundos
alrededor de los cuáles
caerán dormidos los idiomas.
Llueve sobre escalinatas
entre muros curtidos
por grietas indiferentes al pasado.
Llueve en la penumbra de cuartos fríos
sobre rostros de niños desahuciados
sobre humos que opacan el cielo
entre el puño cerrado de mis hermanos.

Llueve sobre la humanidad.
Mas yo te digo 
que no es lluvia temprana
la que empapa las ciudades.
Son las lágrimas de un Dios Padre
que van creando un mar de paz
en las entrañas de la tierra.

Elizabet Paula Francken 














La Partida


Envueltas por la fría bruma,
abandonadas, desaparecen 
aquellas tierras. Ensueños,
recuerdos que atrás quedan
como un camino de espuma;
mientras con afán busca
un navío su último destino.
El viento desolador golpea
su rostro, sus húmedos ojos
en la lejanía perdidos;
se agitan, se estremecen,
en una tristeza muda
enloquecen, prisioneros
del dolor de un desterrado;
en cuya atormentada alma
se desata con furor,
una implacable batalla
que le arrebatará la vida.  

Claudia Mercatante














¡Cerré mis ojos y mi corazón te encontró!


Mientras caminaba cerca de la ¨zona cero¨, lugar en donde se encontraban las esplendidas Torres Gemelas, pasé por donde se quiere erigir la polémica construcción de la mezquita, y me acordé del fanático pastor que esta en contra de la construcción. Seguí mi camino y me senté frente a la catedral  de San Patricio, llevaba conmigo mi laptop, y observaba a las parejas que se encontraban en el lugar, se tomaban de la mano y se juraban amor eterno, me pareció muy romántico el que las parejas fueran a ubicarse cerca de la iglesia, me imagino que muchos lo hacían porque pensaban unirse en matrimonio en aquella fascinante iglesia.
Enternecido por ver aquellas escenas de amor, mi corazón se entristeció, rodaron algunas lágrimas por mis mejillas, y me dije “Y yo estoy solo, sin un amor”, de pronto escuché una voz que me dijo:
“Estas solo porque quieres”.
Sorprendido miré a mí alrededor y ¡estaba solo! “Será que me estoy volviendo loco” Me dije.
Continúe observando a las parejas y la nostalgia me invadió, “Mi novia es mi computadora y las bellas lectoras que tanto me quieren” pensé
- “Ya te dije que sos un burro, estás solo porque quieres”, me dijo aquella extraña voz.
“Bueno será el cansancio que ya estoy escuchando voces o será que necesito ir a buscar a un psicólogo” pensé.
- “Soy yo tu corazón el que te habla ¡necio!, que solo escribiendo pasas y no te das la oportunidad de buscar un amor, ya me tienes cansado ¡yo quiero un amor! Y solo en ti piensas”. Añadió aquella voz misteriosa.
 Me levanté de un salto, me pellizqué para ver si no era un sueño, me di dos palmadas en la cara y lógicamente no era un sueño, era mi corazón el que me hablaba y trataba de mostrarme que había sido un egoísta con él por no prestarle atención.
 - “Buscaremos un amor” me dijo. “¿En dónde?” le pregunté 
- “Yo te diré cual es la mujer que nos conviene” me dijo mi corazón. “Bueno” me dije “le haré caso a ver qué pasa”.
Me dijo que entraremos a un bar de mucho prestigio en la “Gran Manzana” visitado por muchas parejas y muchas mujeres solas que buscan a un amor, la idea no era mala, lo que me sorprendió fue que mi ojo o mi mente, estaban observando a chicas muy bien dotadas y esculturales ¡hermosas físicamente!. “Deja de pensar en eso” me dijo mi corazón, “concéntrate en lo mas importante, ¿Para qué queremos una mujer hermosa físicamente si no tendrá belleza interior?” ¡Me dijo exaltado!
Palabras que calaron hondo en mi, y me dije “este tiene razón y yo que pensaba que los corazones eran unos babosos ja, ja!”
 
Me indicó que me sentara en medio de un grupo de 10 mujeres de diferentes nacionalidades ya que, en Nueva York, hay una cultura muy diversa, me pareció algo tonto, porque me dijo que cerrara mis ojos y escuchara la conversación de las damas y el me diría cual era la mujer que abordaríamos luego. La plática se centraba en lo que la mayoría de las mujeres hablan, de los hombres, el tema de conversación era: ¿Cuál era el hombre ideal para una mujer? Una rubia preciosa mencionó que para ella era el hombre millonario y punto.
Una japonesa dijo que para ella era también muy importante el dinero y que fuera muy apasionado, las demás se concentraron básicamente en temas superficiales, coincidieron en el hombre atlético y millonario, sin embargo estaba una hermosa española, una mujer bella físicamente, ella dijo que venía de una ciudad de España, sus palabras fueron las siguientes: “Para mi lo mas importante es un hombre que me ame, no importa si no es millonario, pero si me ama con todo su corazón seré feliz y nos amaremos, así que para mi lo mas importante no es el dinero, es el hombre que ame y respete a una mujer como tiene que ser”  y concluyó.
En ese instante me dijo mi corazón que abriera los ojos y me dijo - “¡Ve donde la española!, esa es la mujer que nos conviene, dile que la amarás por siempre y que tú has comprendido que todas las mujeres son bellas, pero las mas hermosas y maravillosas son aquellas que su belleza interior es mas grande que su belleza física”.
 Me acerqué y delante de todas las mujeres presentes, me arrodillé frente a la española y le dije “mi corazón me dice que tu eres la mujer que lo hará feliz, porque cerré mis ojos mientras conversaban y mi corazón te ha encontrado”. Las mujeres presentes comenzaron al unísono a aplaudir y también en coro gritaban ¡Beso! ¡Beso!
Yo me sonrojé, pero ella me dijo ponte de pie que te daré un beso, nos despedimos del lugar. Nos casamos en la iglesia de San Patricio, en donde nos juramos amor eterno y desde entonces tenemos un hogar maravilloso y somos muy felices. Comprendí que hay que obedecer a nuestro corazón y que lo más importante es la belleza interior y no la física, hoy mi corazón también es feliz.

José Francisco Mejía Ramírez
Miembro de la Sociedad Literaria de Honduras
Articulista Nacional e Internacional














Yo crecí en las calles y ahí empezó un país completamente nuevo


Yo crecí en la calle y ahí empezó un país completamente nuevo. 
Me partí indefinidamente en dos, problema de por vida.
En un país sin tierra los reyes gobiernan sin permiso.
Me familiaricé con la Biblia con todo mi entendimiento.
Yo, país sin reyes. Solo un bufón. 
Tuve que encontrar lo que se llama el otro.
La rosa creció para llegar a la ciudad.
Todo se enrojeció como a las últimas horas de la noche.
Y los reyes llamaron por sus nombres a sus personas de confianza.
Las hojas cayeron del árbol sin cuidado.
Nacen perspectivas desde la ventana y cada una es correcta.
Hay que encontrar un buen lugar una buena calle y un árbol 
donde guarecerse. 

Rita Dahl
Finlandia