Revista Viajero Nro. 127 - Abril de 2018






Recuerdo

Recordar como era
que el estómago
obedeciera al corazón.
En un instante enloqueciera
respondiendo a una mirada
a un momento que se aproximaba
anunciando a un beso
próximo a suceder.

Marina Aguirre
anira90@hotmail.com





Sin excusas

Cuando el espíritu no acusa dolor,
un mundo de poco no alcanza.
Cuando me encañonó,
acorralándome entre paredes
de ensordinada angustia,
respiro o muero.
Cuando se cierne el murmullo
a un instante
y bajo el entrevelo
me veo en la obligación
de dejar las luciérnagas surgir.
Es necesario de vez en cuando
empeñar las sombras,
beber gaseosa fresca
tomando de lleno un ramo
 de Azucenas libres.

Y es que ya no soy
una bandada de cuervos que rondan
ni soy
una estrella que de fugaz
pierde su brillo.
Ahora intento ser
una danza de avivado fuego
para pies descalzos,
la sangre espesa que desatormenta,
el eclipse armonioso que atraviesa el pecho.

No es facil eludirlos,-tantos otoños-
es facil sumergirse
sin mayores contratiempos,
en la negra madeja por sobre mi nariz.
Sin embargo
estoy convencido de que si las tribulaciones
encontraran un cauce distinto en mi mente
sería más feliz.
Sería menos tango
Sin excusas.

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar





Revolución en la cocina

Elena trabajaba todo el día en una oficina, cuando regresaba a su casa se hacía cargo de su familia: el marido sin trabajo y cuatro hijos a los cuales no les gustaba la escuela y hacían sus deberes solo cuando ella llegaba. Por supuesto todas las tareas de la casa, administración, comida, limpieza, etc., corrían por su cuenta, nadie la ayudaba.

     Todas las noches cuando llegaba la hora de lavar los platos, Elena estaba fundida, entonces cerraba la cocina así como estaba y se iba a dormir. A la mañana siguiente se levantaba muy temprano para ordenar y limpiar todo. Y así pasaba sus días, trabajando sin parar para los demás y en vez de descansar se levantaba más temprano para terminar con lo que no había hecho la noche anterior.

     Una noche todo cambió. Cuando la casa estuvo en silencio en la cocina las cosas no eran normales, la luz se encendió sola, las canillas se abrieron, los platos, las ollas, los cubiertos y los vasos comenzaron a moverse. ¡Esto no puede seguir! -dijo la cuchara. ¡Me siento muy sucia! -protestó la olla. ¡Y nosotros nos resbalamos con tanta grasa!-gritaron los vasos.

     De repente...la pileta se llenó, el detergente se volcó, la espuma llegaba hasta el piso y comenzó a correr hacia las habitaciones. La vajilla bailaba al compás del agua que caía sin parar hasta que... ¡Basta!-gritó el cucharon.  ¡Sí, debemos marchar!-dijo la cuchara- ¡a la carga! Y todos salieron haciendo mucho ruido y patinando con la espuma.

     Los chicos, asustados, estaban parados en sus camas viendo el desastre. Se abrió la puerta bruscamente y ellos entraron: Tienen que ayudar a su mamá- gritaron. ¡Trabaja mucho y no puede hacer todo! Los chicos quedaron mudos, no podían ni moverse, de pronto todo desapareció y la habitación volvió a la normalidad.

     Al día siguiente cuando Elena volvió de trabajar, la casa estaba limpia, los deberes hechos. Los chicos jugando tranquilamente y el papá arreglando un caño en la cocina mientras cuidaba la olla donde una rica comida estaba en proceso.

     Elena no podía comprender, no podía creer en lo que veía, les dio una beso a todos y se fue a descansar hasta que cenaron en familia y muy contentos.

     Desde ese día, después de cenar, los chicos y el padre se turnaban para dejar la cocina limpia y en orden mientras Elena se bañaba y hasta podía leer un poco antes de dormir.


Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar






El banco de la esquina

Esa imagen de banco que me observa
imponiendo presencia y desafío
con su puerta girando, que preserva
el control en la entrada del gentío

Con sus paredes grises no conserva
de la casa anterior el señorío
ni los árboles altos ni la hierva
del patio con calandria y sombrío

Ventanas que llegaban hasta el cielo,
amaba yo esa casa, y no es consuelo,
regodearme en mi mente que imagina,

las veredas gastadas de ladrilos
la entrada de los carros, los pasillos,
y cerco en derredor de ligustrina.

Rafael Estevez






Asesinos silenciosos

Escondidos en sus trajes oscuros y camisas blancas, en sus sotanas con hilos de oro, con su kipá y tallit bordados en fina tela, con sus túnicas oscuras, escudados en sus ministerios van muchos profanadores de Fe. Seres que humanamente no hubiesen podido tener el poder más mínimo, ya que su capacidad no les da para eso, pero, con el poder que les da un ministerio, comienzan a dar comida a su ego y empiezan a destrozar el jardín que no es del jardinero, sino de Dios.
Es por eso que año tras año, miles de personas se alejan de Dios, Jehová, Ala o como quieran llamarlo. Es la ambición de poder y el mal uso del mismo, la razón. Son los que pueden juzgar a los demás, pero jamás se juzgaran a sí mismos, son lo que cuando un fiel se equivoca, es víctima de sermones implacables, acusaciones apresuradas y dilapidación del alma. Son aquellos que cuando ellos se equivocan, nos manifiestan: ASI LO QUIZO DIOS!!!, acompañado de la retórica repetida : SE EQUIVOCO EL HOMBRE, NO EL MINISTERIO. Los fieles, que ya tienen bastante con el engaño  que ven a diario, vejámenes, abuso sexual, depravaciones diversas, van alejándose lentamente, hasta dejar de asistir a sus lugares de culto, ya no se tragan ningún sapo.
Ante tal situación, me pregunto: ¿Dónde están las leyes que protejan a un creyente, de las falsas doctrinas, de los falsos profetas de este tiempo?. ¿En qué juzgado se archivaran todos los casos de gente creyente engañada y dañada?¿Pueden los asesinos de la fe seguir pululando con libertad absoluta? ¿Habrá algún juicio? Sí, seguro que lo habrá, pero no aquí, será el día del juicio final, será en el día donde todas las caretas se dejarán de lado y los rostros de los asesinos quedaránen al descubierto. Que nos sorprenderemos,seguro que sí, pero en el mientras tanto, no hay ley que condene a los hipócritas, ni justicia que ampare a los desamparados, a los que quisieron creer pero les hacharon el alma, a los que brindaron su ofrenda y recibieron a cambio una bofetada de una realidad corrupta.
Por lo aquí escrito, ruego se abstengan de prestar oídos a doctrinas de sumisión. Sumisión y respeto a Dios, Jehová, Ala, al supremo hacedor de todas las cosas. Los Hombres son y seguirán siendo seres humanos, con errores y faltas igual que todos, por lo cual no hay que rendirle pleitesía. Un Servidor de Dios, está para servir, no para ser servido, está para atender a las almas, no para que Él sea el atendido y mucho menos ensalzado. Un servidor de Dios, trabaja en silencio, casi inadvertido, lleva la palabra que abala con sus obras, de otra forma es mejor que se calle la boca y de un paso al costado. Basta de asesinos silenciosos, que matan al alma quedando impunes, basta de doctrinas que apañan el crimen silencioso, basta de mentir al creyente. Si aman al Hacedor como se les escucha desde los altares y podios, amen primero al prójimo, luchen junto al necesitado, entréguense por entero, para servir a lo más preciado que tiene el Supremo, sus Hijos. Entonces cuando el creyente vea y sienta que hay verdad en sus hechos y palabras, volverán al redil, para ser tratadas con amor y comprensión como iguales que somos todos  delante de Dios.  

Carlos Rojas
carlos1952rojas@yahoo.com.ar






Volando debajo
del campo
lleno de espías,
los Ángeles miran
de reojo el placer
de los otros.
Somos tantos 
que ocupamos 
todo el grano de arena.
La mínima roca
se mueve 
y cambia el destino.
Nada está escrito
Ya no hay papeles

Leandro Szilvay 
leaszilvay@hotmail.com






En el lago

A Yasunari Kawabata, ciento cuarenta y dos páginas le alcanzaron para aceptar que un escritor  convive con la incerteza absoluta.

… mis novelas podrían terminar en cualquier lugar; 
en realidad, no tienen un final …

Yasunari Kawabata nació en Osaka en 1899. Huérfano en la primera infancia, ávido lector, ha sido un solitario, un huésped de sí mismo. 
Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1968, por la delicadeza de su obra, llena de imágenes sugerentes. La soledad, la muerte, la búsqueda de belleza y el interés por lo femenino, fueron sus temas centrales. Abordó complejidades y sutilezas a través de una conciencia atrapada, para sorprendernos en lo más íntimo, en la emoción.
Entre sus obras se destacan “Lo bello y lo triste”, “País de nieve”, “Mil grullas”, “El maestro de Go”, “En el lago”, “Historias en la palma de la mano”, “La bailarina de Izu”, “El sonido de la montaña”, “La pandilla de Asakusa”, “Kioto”.
Tenía 72 años,  cuando enfermo y deprimido, se suicida el 16 de abril de 1972, a orillas del mar. 
Ciento cuarenta y dos páginas alcanzan para admirar “En el lago”, un mosaico de voces y escenarios, una historia de obsesiones.
En esta nouvelle, moderna y experimental, Kawabata lucha con el lenguaje para recortar el vacío.  Cuenta la vida de Gimpei Momoi, un ex profesor de lengua, un hombre en busca de la perfección. 
El relato arroja destellos de un protagonista miserable, atento a la fealdad de sus pies y a las muchachas que intenta conquistar. Sinuoso paralelismo.
El lago, desordena y arma nuevas constelaciones. Es el sitio donde la memoria se multiplica, en una ambientación difusa y saltos temporales.
La prosa de Kawabata, sumamente atractiva, expone historias del Japón de posguerra y el giro radical en la vida de sus hombres.

… me gusta escribir según una corriente de asociaciones,
 que emergen una después de otra mientras trabajo …

A Yasunari Kawabata, ciento cuarenta y dos páginas le alcanzaron para aceptar que su lengua se nutre de las propias llagas. Limpio de culpas, hizo su trabajo.
“En el lago”, se lee con inquietud pero sin opacar lo que transcurre de principio a fin.
Ciento cuarenta y dos páginas,  alcanzan.  

Liliana Souza
ls.lilianasouza@gmail.com

Revista Viajero Nro. 126 - Marzo de 2018




Encontrarás

Encontrarás
en el latido de la breve historia,
mil sonetos sin nombre;
un riguroso horizonte que marca el pasado,
y tanto silencio, que invaden las palabras
mientras yo…
me desvelo en tus sueños

Vivian Cast
viviancastben@hotmail.com








El baúl

    Claudia y Pedro vivían en la gran ciudad, la cual casi no tenía casas, estaba llena de edificios de muchos pisos con departamentos cada vez más chicos. Claudia era docente, Pedro arquitecto y diseñaba gran parte de los edificios que se construían. Ellos vivían en la ciudad por la cercanía de sus trabajos y para resguardarse de la inseguridad que crecía día a día.

     Todas las mañanas desayunaban mirando una pared, era la única vista que tenían: la ventana de la cocina daba a esa pared, no había plantas ni nada solo esa pared gris.

     Un día, Pedro se levantó primero y abrió el diario y allí estaba, un gran aviso que decía: Se vende. Se vendía una mansión en el medio del campo a muy buen precio. 
-Claudia, Claudia, vení a ver esto- Gritó. Claudia apurada -Qué pasa?- La encontré, dijo Pedro. Nuestra ilusión se está por cumplir! Y le mostró la foto. -No era nuestra ilusión?. -Sí, pero nos conviene?, preguntó Claudia. -Sí, yo la puedo arreglar! Así por fin saldremos de esta cueva- contestó Pedro.

     Hacía tiempo que querían mudarse al campo, la soledad los frenaba, y sobre todo la inseguridad, pero las ansias de libertad pudieron más. Fueron a la inmobiliaria y cerraron el trato.

     Al día siguiente tomaron posesión, llegaron al lugar, quisieron usar la llave pero la puerta prácticamente se abrió sola, entraron con mucha sorpresa y tropezaron con algo. Estaba oscuro, Claudia siempre prevenida encendió su linterna. Un baúl, bastante grande, obstaculizaba el paso. Lo quisieron correr y no pudieron, entonces, lo rodearon y siguieron viendo la mansión mientras Pedro pensaba y anotaba las reformas que iba a hacer.

     Comenzaron los trabajos, y en unos meses todo estuvo listo. La mansión estaba cerca de la estación, por allí pasaba el tren que, todas las mañanas los llevaba a sus trabajos en la gran ciudad.

     El baúl, a pesar de todo el movimiento que hubo, seguía en su lugar. Para entrar había que rodearlo.

     Una tarde, cuando se aseguraron de que no había nadie llegaron ellos: los ladrones, eran dos. Sigilosamente abrieron la puerta y cuando quisieron entrar, tropezaron con el baúl y volaron por el aire. Se levantaron echando maldiciones, sacaron sus bolsas y quisieron entrar en las habitaciones, tocaban las puertas y salían despedidos, no podían abrir ninguna, objeto que querían robar, saltaban por el aire y caían al piso cada vez con más fuerza. Maldecían y maldecían, pero, no podían guardarse nada.

     De pronto... el baúl se abrió, y... saltó un cartel: AQUÍ NO SE ROBA. HAY QUE TRABAJAR. Los ladrones, muertos de miedo, quisieron seguir, vieron plata, cuando abrieron la bolsa para guardarla, saltaron papeles por todos lados con la misma frase: AQUÍ NO SE ROBA. HAY QUE TRABAJAR. Entonces, se asustaron tanto que de un salto estaban afuera, y corrieron hasta desaparecer.

     Cuando Claudia y Pedro volvieron todo estaba en perfecto orden.

     Al día siguiente la empresa donde trabajaba Pedro tomó dos nuevos empleados para la construcción.

     Y...el baúl siempre estaba allí, en la entrada, todo el que quería pasar tenía que rodearlo.

Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar







Tus manos

Son las que van y vienen
que arreglan las cosas
y a su conjuro
la casa se viste de fiesta.
Son las que me despiertan
presurosas con el desayuno,
y hacen más cálidas
las mañanas cuando el sol
se desangra en infinitud
de luces y pájaros.
Tus manos tienen el suave encanto
de lo perdurable;
el olor del aceite
la humedad de la casa,
la limpieza incesante
de jabones y escobas;
el goce tibio
de rojas amapolas.

Carlos Alberto Dávila







Con el corazón en divino silencio

Media hora y el papel sigue en blanco...
¿Ausencia de inspiración?
¡No! ¡No puede ser!
Pienso y nada...
¿Nada de nada?
N A D A

Creo que a veces queremos decir con palabras
lo que sólo se puede SENTIR CON EL CORAZÓN
EN DIVINO SILENCIO.

Erika Luz de Dios
erkabd2008@hotmail.com








El exilio

Nací en un barrio donde el aroma a jazmines inundaba el pasaje, era apenas una cuadra, pero era el lugar donde viví los maravillosos años de mi niñez, adolescencia y parte de juventud. Apenas una cuadra, donde las abuelas salían con sus sillones de mimbre por las tardes, los pibes jugábamos sin preocupaciones, sin dispersión de celulares, las mamás se conocían todas, ya que habían formado el barrio desde temprana edad, los papás regresaban por las tardes de su trabajo, el vecino era el pariente cercano que corría en ayuda ante cualquier situación, el teléfono casi una utopía y el televisor un sueño muy caro.
Los picados en la calle o el papi futbol en el Club Social era algo recurrente, ese era el lugar de encuentro o la esquina del almacén de “Los gallegos” Cixto y Ramiro. Allí la barra nos juntábamos en interminables charlas, que se cortaban cuando mamá nos llamaba a comer.
Nuestros padres, nos inculcaban el respeto por los mayores y guay si algún vecino se venía  a quejar, el correctivo surgía antes que el pedido de explicación.
Los sábados, infaltable ir a ver a ARSENAL, club del barrio en ese entonces en primera “C”, EL VIADUCTO,  era la octava  maravilla del mundo y la pizzería LOS TRES ASES seguramente la novena. Cuantos sueños de pibes, cuantos abrazos de amigos, cuantos besos de Mamá y Papá, todo eso era mi barrio.

A los 19 años, me llegó la noticia que no quería escuchar, Mamá y Papá eran propietarios, después de haber alquilado por más de 27 años, me llegaba el Exilio, sin decir palabra, guardé mis lágrimas para mí, era el sueño de Mamá y Papá, no podía decirles que no quería irme de mi barrio, no podía opacar su felicidad y me fui mascando angustia y dolor.
Hoy llevo en el exilio 46 años, o sea más de exiliado que de habitante del barrio que me vio nacer, a pesar de que el barrio adoptivo, me trajo el amor, la casa, los hijos, los nietos y un sin fin de horas felices, yo sigo viviendo en mis recuerdos en el “Pasaje Tafi”, porque hay algo que el hombre no puede cambiar, no puede sacarse la piel tirarla y ponerse otra. El barrio es esa piel, ese aroma incomparable, ese abrazo después del gol, esa cargada entre hinchas de Racing e Independiente, que no se tomaba a mal ni tampoco influía en nuestra amistad, porque era algo del folclore no una reacción de inadaptados, el barrio era estar cerca del amigo cuando perdía un ser querido, era la mano tendida y el corazón abierto, los sueños de lo que ansiábamos ser.
Hace poco volví, o mejor dicho me fui a encontrar conmigo mismo, pero ya no estaba me había perdido entre tantas cosas de todos estos años, como cada vecino, como cada amigo, los cuales no volví a ver, como el club social, hoy un chalet, entonces me di cuenta, que el tiempo verdugo inexorable, va matando uno a uno a los seres queridos, pero jamás podrá matar el recuerdo y por más que quiera intentarlo, no  podrá exterminar mi piel.

Carlos Rojas
carlos1952rojas@yahoo.com.ar








El gozante

Nace en la casa ferroviaria de la estación de Cerrillos,  en Salta,  en 1918. 
Es periodista en los diarios “El intransigente” y “Salta”.  Pero sólo un vocablo lo abarca y lo define: Manuel J. Castilla,  es poeta.
Asienta su obra en una región geográfica.  El norte lo deslumbra.  Es la tierra que eligió para fundar la poesía y celebrar al hombre en su tierra natal y la naturaleza que lo contiene.
De la mezcla de lo urbano y lo rural,  surge una visión interesante y compleja donde se destaca lo culto y lo popular,  convertida en canciones de raíz autóctona. Con su entrañable compañero, el Cuchi Leguizamón, contribuye a la renovación del folclore argentino, integrando el Movimiento del Nuevo Cancionero, una suerte de partitura destinada a perdurar.
Es fundador del movimiento La Carpa que une a grandes poetas del noroeste del país durante la década del cuarenta.
Obtiene el Premio Regional de Poesía del Norte,  en 1957;  el Premio del Fondo Nacional de las Artes, en 1964; el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, en 1974;  y el Premio Nacional de Poesía,  en 1975.
Su bibliografía es extensa, pero cabe mencionar: “Agua de lluvia”, “Copajira”, “De solo estar”, “El cielo lejos”, “Posesión de los pájaros”, “El verde vuelve”,  “Cantos del gozante”, “Triste de la lluvia”.
El lenguaje lo caracteriza, apoyado en el giro amplio del verso, en el uso reiterado y sonoro del gerundio, y en la sutil utilización del habla regional. 
Trabaja armando un territorio que le pertenece, su lugar.  El lector arriba allí, a una tierra ignota y esa llegada es única, y es la primera.
Busca excusas y recoge palabras del suelo como cristales quebrados de una derrota.
La suya,  es poesía del arraigo.  

… ni siquiera los miro.  Me ven todos.
Dejo mis ojos en la mano y pido ...

Manuel J. Castilla construye su patria, y como poeta, lo hace con palabras intentando lo imposible.

… un día brillante queda lejos y solo …

Liliana Souza
ls.lilianasouza@gmail.com

Revista Viajero Nro. 125 - Febrero de 2018



Ojos por siempre

No habrá lugar en el mundo
para la eternidad de tus ojos
Sé que de ellos nace humanidad
y el alma de los árboles...
no habrá lugar
porque la extensión de tu mirada
volverá
y si me dicen que no es cierto
enterraré sus palabras en mis deseos
para dar nulidad a sus credos...
no habrá lugar en el mundo
para la eternidad de tus ojos
sin ellos
Estaría perdida dentro del misterio(...)

Maria M. Stanganello
meri.marta@hotmail.com







La biblioteca


Anochecía, el día había pasado como todos los días, con la actividad diaria de esa casa, donde todos iban y venían sin parar. La familia que allí vivía estaba compuesta por Alicia y Joaquin, los padres, y tres hijos adolescentes: María, Ernesto y Pablo. Los padres sostenían el hogar, trabajaban todo el día y solo se encontraban por la noche. Los chicos estudiaban por la mañana y luego cuando salían de la escuela volvían y pasaban toda la tarde con sus juegos electrónicos: tablet, celular, computadora. No existía otra cosa, los amigos eran virtuales. De deportes y actividades artísticas ni hablar y el estudio siempre en último lugar. 
    La casa era amplia, con varias habitaciones, y en una de ellas donde nadie entraba, estaba la biblioteca, sola y por supuesto con mucha tierra, allí no se limpiaba.

     Esa noche, como siempre cada uno estaba en sus cosas, nadie se sentaba a cenar, la comida esperaba. Alicia y Joaquín discutían, los chicos con su electrónica.

     En la biblioteca todo estaba quieto y a oscuras, de pronto...un ruido, el diccionario cayó al suelo. “¡Vamos chicos! estoy cansado del estante, vengan conmigo!” Y uno a uno fueron cayendo los libros, La Cenicienta, Pulgarcito, La Historia de Grecia, todos caían y empezaron a caminar por la habitación. “¿Qué hacemos?”, preguntó el diccionario. “¡Nos tienen que escuchar!” contestó la Enciclopedia. “¡Hagamos mucho ruido!” dijo el libro de Geografía. Comenzaron a saltar, el desorden era cada vez más grande, pero...en la sala nadie escuchaba nada, el televisor al más alto volumen, las computadoras, los celulares, todos andaban a la vez, ni los padres ni los chicos se daban cuenta de lo que estaba pasando. 
     Los libros estaban desesperados , muchos años sin que nadie los leyera, hasta que sucedió lo inesperado...se cortó la luz.  Se hizo el silencio por un momento pero los chicos empezaron a gritar: “¡¿Y... ahora qué hacemos?!. Se les había acabado el mundo, sin electricidad no había nada. Alicia comenzó a encender las velas y las repartió. “Vayan a la cama” dijo, “No hay más nada que hacer”.

     Los chicos se levantaron y comenzaron a caminar hacia sus habitaciones, cuando pasaron por la biblioteca, la puerta estaba abierta.

“Qué raro” dijo María. “¿Quién la abrió?”. “No sé”, contestó Ernesto. “¿Y...si entramos?” dijo Pablo. “Sí, probemos, mal no nos va a hacer” contestó María. Entraron y que sorpresa: todos los libros estaban tirados. “¿Qué pasó?” gritaron todos. Entonces comenzaron a mirar: allí estaban, libros que no sabían que existían, cuentos, libros de texto, novelas; de todo había y ellos no conocían ninguno. El diccionario miraba atento, pero no se movía para que no se dieran cuenta. “¿Y si los ordenamos?” dijo María. “¡Sí, vamos a ordenar!” contestaron sus hermanos. 
     Buscaron franelas, limpiaron todos los libros y los ordenaron por temas en la biblioteca. “¿Y.. si leemos?” dijo Ernesto. “Claro, con la luz de nuestras velas podemos hacerlo” contestó Pablo. Cada uno tomó un libro, se sentaron en el viejo sofá, y comenzaron a leer. En eso pasaron Alicia y Joaquín, no podían creer lo que veían, ¡sus hijos leyendo juntos! Entraron, tomaron un libro cada uno y se sentaron en el otro sofá. 
     El diccionario estaba muy contento y observaba la hermosa escena familiar, porque no solo leían sino que cada uno estaba fasscinado y contaba lo que por primera vez aprendía a través de un libro.

      Y lo bueno fue que cada noche la escena se repetía, todos iban a la biblioteca y charlaban sobre lo que leían: SE COMUNICABAN.

El diccionario vigilaba y anotaba en secreto los libros que habían sido leídos.         

Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar







Sobre la justicia

Los filósofos antiguos que suponen la cúspide del pensamiento universal, eran particularmente Aristóteles y Platón.
En el Diálogo de La Republica de este último encontramos a un personaje: Trasímaco,  excelente retórico y orador que estaba interesado por la enseñanza de la ética y la política. En una intervención suya en la Asamblea Ateniense, aconseja armonía entre los partidos, y evitar que sea el ansia de poder lo que legitime sus luchas partidistas.
Su realismo le llevaba a afirmar que la justicia era el interés del más fuerte y que las leyes son dictadas por los que ejercen el poder para beneficiarse de ellas. Así pues, la justicia beneficia al gobierno establecido, esto es, al más fuerte y los Estados justifican sus abusos mediante las leyes. El realismo de Trasímaco le lleva a considerar cómo es la justicia, no como debería ser, por que para él el núcleo de la cuestión en la vida social es el dominio del fuerte sobre el débil. Platón pone en sus labios en “La República” estas frases: “La injusticia beneficia a su autor y la justicia perjudica”. Trasímaco practicaba el realismo político. El filósofo político Leo Strauss opinaba que puede pensarse en términos de realismo político… pero es mucho más peligroso actuar en política provisto de esos criterios.
Si la población llegara a compartir las opiniones de Trasímaco, por ejemplo, sobre la justicia, el orden social sería inviable. Delinear una comunidad política orientada por la idea de justicia dice el Profesor de Filosofía Política Stefano Petrucciani, implica ante todo, el enfrentamiento con quienes, como el sofista Trasímaco, niegan la validez misma de la idea de justicia. En el referido diálogo platónico aquel fustiga a Sócrates refutándole que: “. . .ignoras que la justicia y lo justo es en realidad bien ajeno, conveniencia para el poderoso y gobernante y daño propio del obediente y sometido;.. ...” Estaba convencido Trasímáco que en verdad lo que resulta útil al poder constituido es lo que se considera justo. Y puesto que el poder tiene la fuerza:”. . . .lo justo es lo mismo en todas partes: lo que conviene al más fuerte”.-

Jorge Omar Alonso
jorgeomar_alonso@yahoo.com.ar







Vieja plaza de barrio

Con tu pasto amarillento, las hamacas medio rotas, con el tobogán vacío de sonrisas infantiles, hoy volví a recorrer la vieja plaza, del barrio de mi infancia. Aquella que nos vio correr, saltar, que vivió los picaditos que se armaban, contra el equipo de los mellizos, esa donde el guardián nos sacaba de raje cuando pisábamos los canteros o recorríamos las veredas de sus cuatro esquinas en bici. Ya no están los amigos, recorro despacio tus bancos, donde quedaban tallados los nombres de un amor.
¿Dónde fue mi niñez? A dónde fueron a parar tus canteros llenos de flores, las mamás llevando en sus cochecitos a sus bebés, que luego seguirían nuestros pasos como nosotros lo hicimos de los que eran mayores, cómo el tiempo destruye todo, el óxido de las cadenas de tus juegos, son el mudo testigo de los años, que va matando ilusiones y sueños de otrora.
Qué habrá sido de la vida de Rodolfo, Pepino, Yuli, Randall, Alberto, Pájaro, Cachi, compañeros de andanzas y de plaza. 
Con tu pasto amarillento, las hamacas medio rotas, con el tobogán vacío de sonrisas infantiles hoy volví a la vieja plaza del barrio de mi infancia y tristemente me voy dando cuenta que solo tu apariencia te reconoce como tal, atrás quedaron los años que degradan, pero hay algo que jamás se puede oxidar, son los recuerdos y la alegría que uno siente al volver a vivirlos.

Carlos Rojas
carlos1952rojas@yahoo.com.ar







¡BAUTIZAME, TÚ JESÚS!

Dedicado al ESPÍRITU SANTO, que me llena de la PRESENCIA DE DIOS

Hoy con INMENSA ALEGRÍA                                   "Yo bautizo con agua, pero el que viene puede mucho más:
abro las puertas de mi CORAZÓN,                           él los bautizará con el Espíritu Santo y el fuego." Lucas 3, 16
¡BAUTIZAME, TÚ JESÚS!

Hoy quiero sentir el VIENTO
que sacude todo mi SER,
¡BAUTIZAME, TÚ JESÚS!

Hoy mi ALMA
busca tu PRESENCIA incesantemente,
¡BAUTIZAME, TÚ JESÚS!

Hoy en profunda PAZ
mi conciencia se sumerge en tu CONCIENCIA,
¡BAUTIZAME, TÚ JESÚS!

Hoy quiero sentir TU LUZ RADIANTE
iluminando toda mi EXISTENCIA,
¡BAUTIZAME, TÚ JESÚS!

Hoy mi VIDA se PURIFICA
con el FUEGO DE LA ÚNICA VERDAD,
¡BAUTIZAME, TÚ JESÚS!

Hoy quiero que el SANTO ESPÍRITU
habite en mí por SIEMPRE,
¡BAUTIZAME, TÚ JESÚS!

¡En el nombre del PADRE,
del HIJO y del ESPÍRITU SANTO!
¡BAUTIZAME, TÚ JESÚS!

Erika Luz de Dios
erkabd2008@hotmail.com







Usted

Se me adentra usted,
quizás no lo sabe aun,
dañándome la ausencia a cuenta gotas,
transido de distancia.

Me aprendí una risa, una mueca
para todos los días
y si ese sabor fuese un soplo de su piel,
no lo se,
ya no soy más que el resultado de palabras reunidas
quicios de puertas.

La quiero libre, bella, irreductible,
como al eterno desnudo
de la piedra,
y los angostos atajos que propinan misterios.

A usted
que con su imagen
derrumba la tarde
en cada ventana.

Y quizás no lo sepa aun,
no deseo más sus abrazos detenidos
¿por dónde se ha marchado?

No sabe que sus ojos lo concluyen todo.

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar







Solía pensarte

Solía pensarte 
pero 
ahora  es todo tan distinto…
De imaginarme tu perfume,
de viajar.
Sí, de viajar en tu auto con la imaginación 
de estar juntos en nuestros sueños, 
bien o 
mal…
pero juntos, superando los terremotos y los
sismos… y las vivencias terrenales… más que nada.
Las experiencias que nos llevaban al vacío, 
sí, sí,sí
sí Señor.
Es que Dios aprieta pero no ahorca, es por eso que vivo en 
agonía 

Ximena Lupis
ximenalupis@outlook.com

Revista Viajero Nro. 124 - Enero de 2018




Virginia
"… quería escribir sobre todo, sobre la vida que tenemos 
y las vidas que hubiéramos podido tener. Quería escribir 
sobre todas las formas posibles de morir ...”

Una mañana fría y luminosa, la del 28 de marzo, el de 1941,  ella decide rendir tributo a la vida. ¿O a la muerte?
Tiene cincuenta y nueve años. Es liviana, tenue, como a la espera de que una brisa la alcance y la borre. Es liviana, pero carga piedras en los bolsillos de su abrigo.

Virginia Woolf nació en Londres, Inglaterra, el 25 de enero de 1882.
Fue novelista, ensayista, editora, y escritora de cuentos, considerada una de las más distintivas figuras del modernismo literario del siglo XX.
En 1917 fundó con Leonard Woolf, su esposo, la editorial The Hogarth Press y fue miembro activo del grupo de Bloomsbury.
Sus obras más famosas son: “Fin de viaje”, 1915; “Noche y día” , 1919; “El cuarto de Jacob”, 1922; “La señora Dalloway”, 1925; “Al faro”, 1927; “Orlando”, 1928; “Las olas”, 1931; “Los años”, 1937; “Entre actos”, 1941.
Por su extenso ensayo “Una habitación propia”, 1929, del que trascendió la famosa sentencia “una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción”, fue redescubierta durante la década de 1970.  Este texto fue citado por el movimiento feminista, ya que expone las dificultades de género para consagrarse a la escritura en una época dominada por hombres,   refleja su propia lucha por reivindicar el papel de la mujer en la literatura. 
La imagen, la obra, la manera poética de mutar lo efímero por una concepción espiritual y artística, es su mejor herencia. La escritura. Uno infiere que le sirvió a la hora de construir un particular modo de entender la literatura como práctica, como experiencia sensible y como forma de pensamiento.
A veces, las palabras curan el paso del tiempo. Las palabras de Virginia, son un medio de acceso por excelencia a su mundo, y a aquello que parece velado. 

“ … el sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. 
Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías …"
de “las olas”

Una mañana fría y luminosa, la del 28 de marzo, el de 1941, Virginia Woolf camina hasta el río Ouse, cerca de su casa, en Sussex.
Son las once y media. Su bastón, y una angustia con lengua de espinas, la sostienen.
Tiene cincuenta y nueve años. Es liviana, tenue, pero carga piedras en los bolsillos de su abrigo. Decide rendir tributo a la vida. ¿O la muerte? No lo sabe. ¿O sí?
Tiembla su voz con un temblor de agua. Lo que queda, es luz y límpido resplandor.

Liliana Souza
ls.lilianasouza@gmail.com







Palabras, espejan el alma



Es imposible identificarme poeta ..
Si hay tantos grandes!!!
Solo son mis palabras...
trasladadas al papel,
las que dejan leerme el alma.
El que sólo es mío,
y es casualidad que a otros..
les haga sentir en el suyo.
Serán mis experiencias..
tan parecidas a las de ellos,
las que me dan ese momento..
tan hermoso en sus ojos.
Será quizás la poca timidez..
para seguir guardando los versos..
en un cajón que se llenará de polvo,
lo que hace que lleguen estas líneas...
a lugares que jamás hubiera imaginado.
Es por mis sentimientos,
que espero nunca sean malos...
que puedo decir que es hermoso,
lo que escriben mis manos.
Quizás mis pensamientos sean...
esclavos de este hábito,
que no me falte el impulso !!!!
de tener que escribirlos !!!!
Porque es en este lugar solitario,
donde la tinta le da forma...
a mi mundo abstracto.

Marina Aguirre
anira90@hotmail.com







El hombre de teatro

Sale a escena el hombre de teatro.
Sale al lóbrego sitio
que lo acuna como un vientre.
Lleva en su cuerpo todas las luces,
y un remolino de aplausos
le quema en los oídos.
Ondula luego el silencio,
penetrante,
sigiloso.
El tiempo se detiene sólo un instante,
queda suspendido en el aire.
Mas los astros no detienen su curso.
Pierde su mirada en un punto oscuro
y comienza a dibujar sentimientos en el aire,
con sus manos,
con su cuerpo,
con su voz,
y cada trazo es una herida
en el pecho de cada uno de los que miran inmóviles.
En esa atmósfera aplastante,
aterradora,
sólo los ojos devoran al hombre de teatro
que danza y danza
al compás de una luna inexistente.

Adriana Sylvia Narvaja
adrinarvaja@gmail.com







El síndrome de escritor


Viajó a Madrid con varios poemas en el bolsillo, vagó por callejas, durmió en altillos, limpió en bares y hoteles, conoció a personajes exóticos, los ayudó, empezó a llamarse Escritor, tomó copas, escribió en plazas, umbrales, terrazas, lunas, persuadió a mujeres fuertes que en realidad eran débiles, les dedicó poemas, les vació el monedero, les prometió apariciones en cuentos, escribió cuentos, luego novelas, intentó una obra de teatro, pero consideró que el teatro era el mundo y él era un personaje exótico, se dejó ayudar, esquivó el amor crónico, se tapó los ojos y los oídos y la nariz cuando se acercaban los hijos del prójimo, huyó por los países, se emborrachó varias veces más, pregonó, arengó, publicó. Murió. Nos dejó su obra. De baja calidad.

Gastón







La chica de ojos café

No cuentes tus secretos al mundo
Ellos los usarán para corromper a tu alma
Corre de las calumnias que llegan a tu puerta, ellos quieren tu pellejo, tu corazón se quedará contigo. No pensaré en ti, mi pecho ya no arde al pensar en ti, ignoraré todo pensamiento relacionado, no recordaré tu sonrisa con aquella distancia de tus dientes vanguardistas, los finos labios, la suave piel, tus ojos color café, tu cabellera castaña, el paisaje reflejada en los centros de tus ojos al sonreír, tus rabietas, mi estado al verte pasar, la epifanía a lo inusual, la victoria contra el alba, las medidas hechas a mano de tus extremidades, desearía sentir el calor de tu cuerpo otra vez, desearía amarte como la primera vez. Me despido, no llores por mí, yo ya he llorado mucho por los dos.

Juan Ignacio Taborda
Juanignaciotaborda18@hotmail.com







Tardecitas Entrerrianas

Que lindas son las callecitas entrerrianas.
Subo y bajo las cuchillas.  
Voy andando sin parar,
contemplando tus paisajes.
Voy llegando a Villaguay
debajo de una arbolada yo te veo Benteveo
como si hablaras a gritos, vas repitiendo conmigo
bichofeo, bichofeo.

Pajaritos de los montes
yo te brindo este homenaje, alegría del hornero
que anda de rama en rama
mientras lleva a su nidal
barro y paja, paja y barro.
En mi guitarra te nombro tardecitas entrerrianas
la Calandria me hace dúo
con su trino enamorado.
Tardecitas entrerrianas te canta el
yovi, yovi, pajarito entrerriano
llevame a tu nidal
endulzame con tu canto, que ahí
Me quiero quedar.

Baby

Revista Viajero Nro. 123 - Diciembre de 2017



La casa de la esquina

Unos pinos que verdes cobijaron
como es común en las mansiónes viejas
junto a los sauces que también talaron
cayeron entre el polvo con las rejas.

Cuando sus altas puertas arrancaron
algunos ruidos imitaban quejas
y en el fondo del lote se abrazaron
como antiguas amigas con las tejas.

Y a esa pila de escombro y argamaza
que a la tarde de ayer fuera la casa
hay gorriones que envían su demanda.

Se reclaman los nidos, y se acusa,
y comienza el pasado, donde cruza,
Doce de Octubre, con Andrés Baranda.

Rafael Estevez







El edificio abandonado

Era una ciudad muy concurrida, con mucho movimiento, gente que iba y venía, apurados, a veces por ir a trabajar o llevar los chicos a otra ciudad a la escuela porque allí no había, y otras veces apurados porque sí, apurados para llegar a ningún lado.
El tránsito era intenso, autos, micros, motos, todos a gran velocidad transitaban las calles sin mirar, sin ver para ningún lado. Y... ahí estaba él, mudo testigo de otra época, un edificio abandonado, al que nadie veía aunque pasaban todos los días frente a él.
La indiferencia hacía que no se preocuparan por saber qué había allí dentro, por qué estaba ese edificio antiguo dentro de la moderna ciudad, en realidad no les importaba, seguían pasando y pasando sin perder un minuto.
Pero... el día llegó. Una mañana como tantas pero algo especial, muy luminosa y agradable, un grupo de chicos arribó a la ciudad.  Realizaban una visita para estudiar lo que en aquella ciudad sucedía a diario. Bajaron del micro que los transportaba y comenzaron a caminar junto a la persona que los acompañaba, eran cinco. Nada les llamó la atención, todo era monótono. De pronto, pasaron por el lugar donde nadie se detenía, pero a ellos algo los detuvo, una energía que no los dejaba avanzar. El guía siguió de largo, los llamó, pero ellos no podían caminar, algo los atraía hacia adentro, algo que no podían descubrir los llamaba desde el edificio abandonado.
Juan, que era el más valiente, les dijo-Entremos a ver qué hay! -Sí! contestó Alejandro, algo está pasando. -Vamos! dijeron todos. La puerta se abrió y parecía que los llamaba. Entraron con decisión, extrañamente no tenían miedo, empezaron a recorrer y se dieron cuenta por lo que veían: bancos, pizarrones, escritorios, que era una escuela abandonada hacía muchos años.
Siguieron recorriendo y apareció una puerta, la abrieron y encontraron una habitación llena de fotos y recuerdos muy antiguos, fotos de chicos de otra época y allí tirada había una caja. Juan la abrió y encontró una carta, en ella decía: No me abandonen.
Comenzaron a pensar y Fernando, que era el más chiquito, dijo: -Esto era una escuela! Y...Nosotros tenemos que ponerla en funcionamiento en homenaje a todos estos chicos. -Sí! gritaron todos. Hablemos con el intendente, nos tiene que escuchar!!
Cuando terminaron de recorrer, salieron, y..cuál fue la gran sorpresa! La ciudad se había detenido, todos estaban esperando que ellos salieran, querían saber qué había en ese edificio que tanto habían ignorado, hasta el intendente estaba. Empezaron a preguntar y
Juan tomó la palabra: -Este edificio fue una escuela, adentro están todos los muebles y útiles abandonados y lo más importante: las fotos de todos los chicos que asistieron en distintas épocas.
Reconstruyamos la escuela!! dijo un abuelo, yo soy uno de esos niños. Sí, sí!! Gritaron todos y... el intendente asintió -Manos a la obra! Gracias chicos, ustedes lo hicieron posible: tener nuestra propia escuela otra vez!! Todos entraron y comenzaron a limpiar y
arreglar todo lo necesario para que la escuela comenzara a funcionar.
En un mes se abrieron las puertas, salieron los maestros y todos los chicos de la ciudad asistieron a su primer día de clases, en aquel que hasta hacía poco era un edificio abandonado y gracias a esos chicos que visitaron la ciudad se puso en funcionamiento, y saben quién tocaba la antigua campana: el abuelo ex alumno.
Y así se acabaron los viajes apurados porque ahora tenían su propia escuela y no viajaban más a otras ciudades.

Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar







sigue cayendo agua finas hileras de gotas formando líneas paralelas se ven bellas con el verde de fondo del jacarandá los ginko bilobas el ficus y la madreselva enredada entre ellos se escucha más fuerte sobre el piso de ladrillos que sobre el pasto trajo un frescor de esos que hacen respirar una bocanada más lenta y profunda sola con el ansia de no salir de casa en todo el día me puse a escribir así se fue demorando la mañana gris verano febrero aceitunas negras tahine en galletas de arroz y un café con leche en polvo descremada y azúcar de caña para engañar el estómago como hubiese dicho mi abuela porque no era comida miré un par de videos jessica lange cantando gods and monsters un cover de la canción de lana del rey que le pasó al rostro de esa mujer la recordaba bella en aquel film con una belleza enigmática un poco de lectura en el facebook y de la pila de libros sobre la mesa sentí hambre me dio pereza ya era hora de visitar a mi madre en “las palmeras” tomé la bolsa de los mandados ahora que no te dan más bolsas de plástico en los supermercados hay que llevar la propia la que más te guste resistente de colores ahora llevo cada vez que hago mandados la bolsa que me regaló nikla la dueña del supermercado si bien su material no es del todo resistente ni sus colores llamativos hay que reconocer que no es cualquier bolsa esta tirada reducida de ejemplares debajo del logo de quilmes tiene representados en simples dibujos el arco de entrada al parque cervecero la estación el tren diésel la catedral la cervecería la cancha el pejerrey club la ribera y la leyenda 1666.fundación de la ciudad de quilmes. homenaje a mi ciudad. 350 años. y en el anverso orgullosos de haber nacido acá y otra vez quilmes en grandes caracteres azules centrado en todo el fondo blanco podría pasar inadvertida a cualquier quilmeño una bolsa más pero no lo fue para una mirada curiosa inquieta desolada de tanta soledad perdón señora puedo hacerle una pregunta me vió cuando entraba a la residencia “las palmera” estaba a mis espaldas en sillas de ruedas largos brazos largas manos dedos finos piel blanca la cabellera prolijamente recogida donde consiguió esa bolsa es una historiadora dice la enfermera que escuché antes que verla no conocía a nadie todo era nuevo siguió una breve presentación que nací en la maternidad del hospital de quilmes que tomaba leche recién ordeñada de un tambo a dos cuadras de la casa que construyó mi padre que ella nació en su casa natal en alvear y bransen que conoce a los dueños de la residencia y a sus herederos hoy los encargados de antes que nacieran y así me demoré unos instantes no sin antes decirle a zulema usted tiene que conocer a mi mamá encantada mañana iré a verla ella está en el segundo piso adiós muy hermosa su bolsa si tanto le gusta intentaré conseguirle una ésta no se la doy porque es un regalo adiós hasta mañana la cuestión es que me empeñé en conseguir la tan elogiada bolsa no sé si por ternura por respeto a esos 89 años por esos ojos tan grises tan tristes tan solos y le pregunté a nikla si tendría alguna por supuesto fue un no la respuesta tenía pocas y las repartió entre sus clientes más selectos me sentí alagada es muy buena comerciante de las que le gusta su trabajo como hacían los viejos dueños de almacén de hecho así empezó y así la conocí cuando atendía el almacén heredado de sus padres en la esquina a pocos pasos de donde está hoy el supermercado ya no tengo pero voy a ver que puedo hacer tal vez alguna medio gastada consiga lo que sea estará bien y harás muy feliz a alguien ya te contaré sentí perfume a jabón pasos antes de llegar a la residencia la puerta de rejas de la lavandería es una de las entradas a “las palmeras” y allí estaba zulema sentada en su sillas de ruedas haciendo un círculo en el piso mientras llamaba a la asistente para que abra la puerta porque está tan triste zulema y le dí un cálido beso es que hoy estoy así recién salgo de mi pieza ni comí la cabeza me va a doscientos por hora bueno mire lo que le traje y saco la bolsa de mandados quilmes que pongo sobre sus piernas esto le va a gustar casi salta de alegría que dios te bendiga miles de bendiciones sos un ángel hoy le contaba a nikla el abrazo que me dió zulema cuando abrió el paquetito donde estaba la bolsa con la publicidad de los 350 años de quilmes que ella consiguió se la dí y olvidó por un rato todas sus tristezas no sabía como agradecerme yo tampoco volví caminando despacito hasta casa el agua no cayó esa vez

La autora quiere darle al cuento una composición sonoro-visual diferente, por esto no se sigue con las reglas ortográficas

Graciela Ciampini
gracielaciampini@yahoo.com.ar







Solía llamarte pero cada vez que me acuerdo de vos me tiembla el pulso, es que pasó mucha agua bajo el puente, pero así y todo, siempre te voy a reconocer entre la multitud. 
Siempre vas a resaltar, vamos a resaltar en medio del tumulto
Solía llamarte, 
sí solía llamarte con el pensamientoy con la intuición.
Solía invocarte, abriendo mi ventana
en la calidez del día,
en el clima templado de la mañana, al recibir el alba
en las partículas que emana el ambiente
en el reflejo del solcito que acaricia mi semblante.
Solía llamarte
solía llamarte “Mi varón”, mi talón de Aquiles, mi amuleto y mi Nirvana,
todo en forma de alucinación.
Mi mantra, la razón de existir, solía llamarte
Por esa puertitapor donde solo puede pasar Alicia en el país de las maravillas 
Mi zanahoria! Mi zanahoria! Mi zanahoria!
QUE LE CORTEN LA CABEZA!!!
Solía sonreir por por pocas razones, pero suficientes.
Suelo llegar al inicio de las cosas, al principio de la existencia, a la razón primera, a la buena intención, al destape de la verdad, sin que nadie pierda y salga lastimado.

Ximena Lupis
ximenalupis@outlook.com







Trasatlántico

Con vestidura de alas y aguas cristalinas,                                                         A la memoria del Titanic
desheredado de bastón y galera.                                                                                                Año 1912

Soneto de hielo a media noche,
donde apagar la voz de aquellos seres
silenciados para siempre.

Halo místico de almas enmudecidas,
de frías aguas,
que se cerraron …
          como sábanas de seda.

Naufragio.
                 Te tintaron historias,
a partir de la historia, 
para consagrarte leyenda .

Vivian Cast
viviancastben@hotmail.com

Revista Viajero Nro. 122 - Noviembre de 2017



Las Dos Princesas

Había una vez una princesa guerrera muy valiente que se llamaba Nadine vivía en un hermoso castillo en medio del bosque de las mariposas con árboles muy altos y viejos, un gran lago cristalino y caminos para todos lados.
Cruzando el bosque de las mariposas estaba el Reino de las Rosas y allí reinaba la princesa Mia. Una princesa muy dulce y distinguida. Astuta, hermosa y refinada.
La princesa Mia y la valiente princesa Nadine eran amigas.
Cuando el reino de la princesa Mia fue atacado por el reino de los Osos la valiente princesa guerrera Nadine acudió en su ayuda.
Montada en su corcel blanco la princesa Nadine peleó durante todo el día y al empezar a oscurecer terminó de vencer a los Osos. Los pocos guerreros osos que quedaron salieron huyendo y nunca más volvieron.
En agradecimiento por haberlos librado de los osos la princesa Mia le envió diez mil rosas de las mejores para embellecer el castillo del Bosque de las Mariposas.
En el reino de las Rosas y en el Bosque de las Mariposas reinó la paz gracias a la valiente princesa Nadine y la astuta princesa Mia

Daniel Giacone
giaconedaniel0@gmail.com






Final

Y fue entonces cuando nos dimos cuenta
que no quedábamos muchos
y encima tan pequeños
frente a la devastación,
frente al precipicio,
(y hay quien decía que ese precipicio no existía)
frente al hambre y a la inundación
frente a una pared
contra la que nos estrellamos,
en donde árboles y animales, ríos y arroyos
se nos escapaban de las manos
y se alejaban cada vez más rápido de nosotros
y los edificios seguían subiendo
(ellos nunca se detuvieron,
nunca dejaron de “construir”,
a pesar de todo lo que habían destruido)
no sé para quién,
no sé para qué,
y el humo no nos dejaba ver
lo que había sido siempre
tan importante para nosotros.

Aún así, yo vine a decirte que te amo
en medio del ruido, la mugre, el agua que sube
llena de basura,
vine a decirte que lo siento,
que yo también puse mi parte para que esto pasara
(¡quién no!)
y ahora no sé
qué hacer ni dónde ir.
Pensaba en traer una flor,
y te juro que no encontré
en cuadras y cuadras y cuadras
que caminé entre la gente
que buscaba algo como yo
y no encontró nada. 
Sé que podemos lograrlo,
aunque no sé cómo todavía.
Sé que podemos volver a empezar,
aunque la gente deambula buscando comida
(dicen que en otros lados ya no hay agua,
pero el gobierno lo desmiente)
buscan lo que pueden
y se preguntan cómo fue,
en qué cabeza cabe pensar
que todo lo que valía la pena
podía ser cambiado por lo que no lo vale.
Si hasta al mismo Dios
lo empezaron a vender en cómodas cuotas
(eso fue antes de decir que no existía,
o tal vez se había acabado el stock
y sus pilas y accesorios se vendían por separado)
y cuando le quitaron a Dios a la gente
y después dijeron que el Hombre
(así, con mayúscula, como lo marca la Historia)
tampoco existía, sólo la estructura, sólo el Partido
(que sabía mejor que nadie
lo que le convenía a la gente,
el Hombre no, ya había razonado demasiado,
déjennos a nosotros, les diremos qué hacer…)
sólo el Gobierno,
sólo el Mercado,
sólo los índices,
sólo el PBI,
sólo el riesgo país,
sólo los valores de la Bolsa
mientras los otros valores ya no existían
porque la gente ya no creía en ellos,
y si no hay mercado para algo, no hay mercado,
ellos mismos le dijeron a la gente
que los valores no importaban,
porque ahora hay que hacer plata
(y podés hacerla tranquilo, ahora que pensamos por ustedes,
ahora que les vamos a decir qué hacer y cómo hacerlo,
ahora que el Hombre ya no tiene la obligación de pensar
y hacerse cargo,
ni es el sujeto que cambia la Historia),
ahora es hora de dedicarse a mirar
nuevos dioses en nuevos altares con carteles de precio
a través de las vidrieras,
y también trabajamos con tarjeta
-nunca salga sin ella-
ahora hay que acumular cueste lo que cueste
y por sobre quién sea
(total, Dios ya no te mira)
ellos, los de siempre, se quedaron con los valores
dejando de lado los valores
y se llenaron de valores y de barriles
pero eso jamás llenó su tonto corazón
ni el nuestro
el necio corazón del Hombre que se volvió sólo Hombre
u hombrecito frente a tanto,
su necio corazón
que se olvidó que era parte de un mismo Dios,
mirá bien qué vas a elegir
(como dice la Biblia,
tengo  un ejemplar que encontré
cerca de un tacho de basura).
Te lo llevo, amor, para que lo leamos juntos,
veré en tus ojos la luz de mi camino,
mientras leemos este libro y otros que encontré,
y te diré que te sigo amando,
tanto, tanto, como en el comienzo de los tiempos,
a pesar del final
(yo no quiero pensar en el final,
por eso te busco…)
voy caminando para verte,
entre viento y papeles que vuelan,
ruido y gente y humo que no me dejan encontrarte,
voy pensando en verte y decirte y pedirte
que empieces de nuevo conmigo. 

Adriana Narvaja
adrinarvaja@gmail.com






Decisiones

Desolación, miedo e incertidumbre,
te llevaron a tu escepticismo 
y añorar lo metafísico.
Soy la llave, soy la mentira,
depende de tí elegir.
Amplias realidades acechan
¿elegirás la correcta?
No depende de las influencias,
estas tú solo.
Con tu decisión puedes 
Cambiar la historia,
lograr volver al principio del fin.
Esclarecer esas dudas que te
han marcado en el camino

Robledo, Marcos A.
robledomarcos3@gmail.com






Una y otra vez

Jamás esclavas 
resuenan en otra oreja 
cuando truenan las memorias.
Hablo de la virtud e inocencia, recuerdas?
Muy joven para tal fascinación
llévame a la aurora con tu visión 
de nueva flor,
al placer triunfal del amor primero.
Volteretas fantásticas de eternidad
y sus sones alados en coro, fuiste mi epigrama.
Resuena ese beso entrañablemente débil,
ven aquí (como ahora te imagino) y salgamos a 
pasear.
Conduzco tus corceles,
parte de mis deseos.
Déjame ostentar la noche 
vestida de encajes y verdes gramas,
Con tus hojas de viña 
Y el perfume de tu pecho
que son magnolias de un pasado
doradas flechas de eros.
Ten por seguro fiel amada
no le contaré a nadie,
que dejamos morir al amor
una y otra vez.

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar







La princesa que no podía sonreír

  El rey Fernando y la reina Cecilia estaban muy preocupados y nadie sabía por qué. Esta história que hoy vamos a escuchar sucedió hace muchos años en un país llamado Laguna Azul y ¿por qué ese nombre? Porque todas las casas estaban construidas alrededor de una inmensa laguna cuyas aguas eran increiblemente azules.
     El castillo estaba ubicado un poco más lejos al pie de una montaña muy alta, en él vivían los reyes y su hijita la princesa Alejandrina, ella tenía diez años, era una niña muy particular, no salía nunca, jamás se la veía jugar en el jardín del palacio o pasear con sus padres.
     Todo era muy extraño, los reyes, como dijimos al principio, mostraban una gran preocupación, pero, no decían nada.
     ¿Qué le pasaba a la princesa? No podía sonreir, sus padres hacían todo lo posible para que esto sucediera, le traían payasos, magos, cómicos, nadie lo lograba. ¿Por qué sucedía esto? Cuando la princesa nació era una bebé hermosa, se reía permanentemente con cuanta persona se acercara a saludarla. Un día, apareció una señora muy elegante que quiso conocer a la niña, los reyes la dejaron pasar con mucha desconfianza. Cuando se acercó a la cuna, la miró fijamente y la niña no volvió a sonreir, luego se dio media vuelta y salió rápidamente sin dar explicaciones de lo que había hecho.
     Todos la siguieron, corrieron sin parar, pero ella desapareció como por arte de magia. ¿Qué pasó?, ¿quién era aquella misteriosa dama?, ¿qué maldad ocultaba? Nunca nadie lo supo, el caso es que la princesa no volvió a sonreir.
     Pasó el tiempo y como ya dijimos Alejandrina cumplió diez años sin poder sonreir hasta que una tarde pasó algo muy extraño, algo que nadie pudo explicar jamás. El cielo estaba nublado, hacía frío, de pronto comenzó a sonar una hermosa melodía, una melodía que nadie había escuchado. Todos quedaron embelesados, comenzaron a sentir una paz y una tranquilidad que nunca habían sentido, salió el sol, las nubes se fueron y el ambiente se tornó cálido pero agradable. La melodía se escuchaba cada vez más cerca el instrumento que la ejecutaba era un violín. De pronto se comenzó a divisar un jinete montado en un hermoso caballo blanco que se acercaba más y más, él era el intérprete de aquella maravillosa melodía.
      Cuando llegó a las puertas del castillo siguió tocando cada vez más fuerte, éstas se abrieron y salieron los reyes para ver qué pasaba, Alejandrina, escondida, escuchaba. _¿Quién eres? le preguntaron. El jinete sin dejar de tocar contestó: _Soy Alexis, el príncipe de Espejo Dorado, y él es..._Yo soy Zeus, dijo el caballo, y comenzó a bailar al compás de la melodía. Casi se desmayan todos con esta sorpresa, ¡el caballo hablaba! De pronto todos se callaron y comenzaron a escuchar una risa cristalina, una risa contagiosa y sin que nadie se lo imaginara apareció la princesa Alejandrina que se seguía riendo sin parar, se reía por primera vez en sus diez años de vida. Los padres agradecidos bailaban de alegría y fue así como Alexis y Zeus, gracias a su música, rompieron el hechizo que con su mirada logró sobre Alejendrina la dama misteriosa.
     Ahora después de este final feliz, el lector se preguntará cómo llegaron Alexis y Zeus a Laguna Azul y sobre todo por qué Zeus hablaba. Pues bien, cuando Alexis salió a recorrer el mundo con su fiel caballo se prometió a si mismo tratar de solucionar los problemas que encontrara, y lo haría a través de la música. Y de tanto andar por esos largos caminos comenzó a hablar solo, pues no tenía con quién hacerlo, y fue así como Zeus al escuchar y escuchar empezó a hablar y por supuesto a dar consejos que, a Alexis le sirvieron para poder realizar la tarea que había elegido: hacer el bien a todo aquel que lo necesitara.

Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar







la poesía del futuro será escrita por robots.
la poesía del futuro tendrá programas
logarítmicos para armar poemas de todo tipo.
el poeta seleccionará el argot, dos o tres palabras
que quiera resaltar, alguna forma poética
-tradicional o libre- adecuada y listo, será la poesía del futuro.

los certámenes poéticos tendrán un jurado de programadores
y analistas de sistemas, dictaminarán 
cual fue el más bello logaritmo, y claro, el azar hará lo suyo
porque de todos modos el azar siempre hizo lo suyo.

lentamente la humanidad abandonará todo rastro de afectividad,
emociones, ardores, sensaciones se irán difuminando
y cuando los niños del futuro pregunten a sus padres
que es el amor ellos dirán
"no nene, 
esas son cosas de máquinas".

Lautaro Colautti
leftraru.defrente@gmail.com







Dulcemente amor

Quiero escribir mil cosas
y en tu mirada me pierdo:
cálida, tierna y con aspecto seguro.
Devuélveme a esta tierra,
no quiero estar en el cielo.

Saltando etapas
un día me dijiste te quiero;
es tan dulce tu amor
que no quisiera perderlo.

Quiero quererte en silencio,
pero en silencio amarte no puedo.
El amor en mi pecho
está sufriendo un encierro,
libéralo y tendrás el premio
de mis besos.

Quiero escribirte mil cosas
pero tu foto no me deja.
Me mira incansablemente,
diciéndome que de este amor
está presa.

Transitemos el camino
y que nos deje huellas,
disfrutemos de este amor
que es tan lindo como las estrellas.

Héctor Carpio
hectordca61@hotmail.com.ar