Revista Viajero Nro. 137 - Febrero de 2019




El banco

Desde el primer día que empecé a trabajar en el Banco Provincia me dijeron que no habían conocido a nadie como yo. Salvo a Francisco Guindado y, aunque la decisión fue unánime, nunca pregunté por qué. Yo soy muy poco curioso, es más, a veces me creen por insensible, pero asumí que lo dijeron en forma sarcástica al ver mi diminuta estatura. Yo no me ofendo a pesar de que muchos me llamen petiso sin cogote, porque desde el jardín de infantes aprendí a ignorarlos, incluso cuando se reían de mí, tratándome como a una tortuga deformada.
Me asignaron en el archivo, un lugar lúgubre, inaccesible. Y sí, llegar allí era como haber realizado un viaje hasta el fin del mundo, porque las escaleras de mármol se hacían interminables y yo estaba convencido de que esa era la razón por la que nadie quería venir acá arriba. Mis compañeros, al principio me trataron en forma burlona y hasta despectiva, pero con el pasar de los meses me trataron con respeto como si estuviera custodiado por un voluminoso guardaespaldas. Ese comportamiento llegó a ser reverencial y tal vez por eso nadie se atrevía a pasar el umbral de la puerta del archivo. 
Me traían los expedientes para guardar, para realizar alguna corrección en particular o para archivar, pero nunca golpeaban la puerta de madera, solo los dejaban en el piso, muñidos de una nota como a bebés abandonados a su suerte. No creo que mi presencia les causara miedo, porque mi apariencia era más bien risueña, aunque Francisco, mi compañero, era alto como el mayordomo de los locos Adams, y tenía los dientes blancos como las teclas de un piano, y su piel traslúcida lo hacía parecer muy enfermo. Sin embargo, detrás de ese aspecto fantasmal y dentro de ese guardapolvo azul había una persona servicial, maravillosa y muy trabajadora. Es más, muchas veces le pregunté si dormía en el archivo porque siempre estaba cuando llegaba y me saludaba con una sonrisa cuando me retiraba, pasadas las seis de la tarde.
Fue fácil hacerse su amigo, porque la mayoría de los empleados lo evitaba, a pesar de su buena predisposición, de su prestancia señorial al hablar y de su cordialidad pasmosa, siempre lo evitaban. Al viejo nunca le importó que lo discriminaran por lo alto que era o porque rengueaba de su pierna derecha, sin embargo, prefería esconderse para no verlos. Ese grandulón se movía lento como un caracol desalineado, pero para el trabajo era una luz, que encontraba los legajos perdidos aun en los recovecos más inexplorados. 
Desde que lo conocí se comportó tímido, sumiso y muy introvertido. Él nunca quería llevarse los laureles del trabajo cumplido y me dejaba todo el crédito a mí. Nos hicimos amigos porque era un tipo sencillo, porque me ayudó, enseñándome dónde estaban todos los secretos del archivo, porque nunca se burló de mi altura, incluso cuando le pedía que me alcance los papeles apilados en el último estante, y porque apenas pasaba el portón de entrada, cada mañana, salía de la oscuridad para darme un abrazo de bienvenida como si yo fuera su único amigo. Y sí, nosotros éramos muy compinches. 
Pero esa tarde, un toc toc se hizo presente en la puerta junto con una voz desconocida, a la que no le pude responder porque estaba hablando por teléfono. La piba entró hasta el mostrador en forma sigilosa como si se escondiera de un francotirador y me sorprendió, porque nadie se atrevía a entrar al archivo. 
Se quedó apoyada en el escritorio, temblorosa, esperando a que terminara con la comunicación. Después que colgué la invité a pasar, pero se negó con una escusa que al principio me hizo gracia. El teléfono sonó nuevamente y lo corté porque necesitaba una explicación racional sobre sus palabras. Pedí al cielo que ese aparato endemoniado se quedara mudo, aunque sea por unos segundos. Sus últimas palabras quedaron flotando en la lentitud del archivo como una duda. La miré sin reacción, al principio, y cuando se alejó de las pilas de papeles como espantada, como si hubiera vista a un fantasma, mi voz reaccionó. Salió por la puerta sin detenerse y aunque llegué a suplicarle, a rogarle, a los gritos que no se fuera, nunca volvió.
Nadie quería pasar la puerta del archivo, claro que las escusas eran variadas y todas distintas. Hace mucho frío y parece una morgue, la luminosidad de esa tumba me deprime, hay un fuerte olor a pis mezclado con desinfectante de lavanda, y la lista seguía, pero cuando vino ese martes la piba nueva y me dio esa excusa, tan original, tan descabellada, me descolocó: «Perdón que entré al archivo, solo quiero ganar una apuesta, pero si llego a ver al fantasma seguro que me voy a mear encima»
Mire muchacha, en todo este tiempo que trabajo en el archivo del banco, ni Francisco Guindado ni yo, vimos a ningún fantasma ni a nada que se le parezca. le dije con total seguridad y franqueza, mientras fruncía mi cara en señal de enojo.

Yo soy nueva en el banco, pero me contaron que Francisco Guindado entró por esta puerta al archivo hace veinticinco años y nunca lo encontraron ni vivo ni muerto. Dicen que nunca salió de aquí…y cuando parecía seguir la frase, sus palabras se congelaron, cortándose de pronto con un filoso silencio. La piba abrió los ojos tan grandes como el dos de oros, tan grandes como su boca, y, sin tomar aire se dio vuelta, y al sentir la humedad entre sus piernas, empezó a correr…

Reversión del cuento Martes 13 publicado en el libro: Historia para no dormir

Oscar Enrique Falcão
ing_oefalcao@yahoo.com.ar








Y reirás por siempre

Tu sonrisa me atrapa
día tras día.
Mi eterna agonía alegra mi vida.
Tu calma me duele,
tus dientes ya no muerden,
ríes y ríes como caudales
de agua,
caes de arriba y llenas mi alma.
Tu dulce voz y tus gritos
son mi vida.
Tu enojo, tus lágrimas
me duelen,
pero te adoro.
Y tu valor y grandeza
serán para siempre mi gran fortaleza

Patricia Batiluschi








Un error con consecuencias

Aquella tarde estábamos descansando bajo los árboles. 
Hacía calor.
Eramos cuatro amigas inseparables desde que nos habíamos encontrado en el internado y a partir de ese momento nos transformamos en nuestra propia familia. No es que no quisiéramos a las nuestras, pero ninguna de nosotras tenía hermanos y seguramente por eso nos unimos tanto; Rosalinda, Ema. Griselda y yo.
Como eran las vacaciones de verano nos habían permitido pasar allí los 2 meses. Para nosotras era la felicidad más grande, nos sentíamos libres y dueñas de nuestras vidas.

Habíamos terminado de almorzar y estábamos un poco aburridas y somnolientas. El calor nos había pegado fuerte y no teníamos voluntad de cambiarnos de ropa para ir al pueblo. Tal vez más tarde….
Había pasado una hora cuando Ema se incorporó de golpe y nos dijo:
-Qué hacemos acá aburridas como 4 ancianas? Nos ponemos lindas y vamos a la terminal de micros a ver quién se va y quién llega. Yo puedo manejar la camioneta pues tengo la licencia de conducir-
Era una buena propuesta para salir de nuestro letargo veraniego.
En un ratito estuvimos listas y nos subimos a la camioneta. Ema tenía licencia pero no conducía bien. Todos los baches y cascotes sueltos del camino fueron nuestros conocidos.
 Y así a los saltos llegamos a la terminal. Nos sentamos en uno de los bancos a charlar, acompañadas por dos perros solitarios que se tiraron a nuestros pies, y esperamos…No eran muchos los micros que paraban en el pueblo de San Cosentino;  la espera podía ser entonces bastante larga.
Al rato para un micro de la línea Sol Federal.
Se bajó un muchacho de buen aspecto y buenos modales con una mochila y un bolso de mano. Nos saludó amablemente y se sentó en el otro banco a esperar. A cada rato miraba su reloj.
Nos llamó la atención tanta espera y empezamos a hacer suposiciones en voz bien baja para que no pensara que éramos unas metidas: que espera a los padres;  Ema decía que a la novia, otra al hermano, yo al chofer …
Finalmente se dirigió a nosotras preguntándonos si conocíamos a Federico, su hermano, que tendría que estar en la terminal esperándolo.
Ninguna conocía a ese tal Federico, pero pudimos entablar una entretenida conversación entre  los cinco. Y así, de casualidad, nos comentó que había estado estudiando en Madrid y ya finalizados los estudios volvía a su pueblo natal de San Cayetano donde lo esperaba su hermano que era su única familia.
¡Nos miramos las cuatro! Se había equivocado, ¡debía bajarse en la parada siguiente…
Lo subimos a la camioneta con el poco equipaje que traía y con Ema al volante y él más asustado que nosotras por su forma de conducir, llegamos a San Cayetano. 
El hermano estaba aún allí, lleno de preocupación. Hubo abrazos, alguna lágrima de reencuentro, también algún reproche por la equivocación y mucho agradecimiento hacia nosotras.
Quedamos en reunirnos al día siguiente en la casa de Rosalinda para charlar no sólo de la experiencia pasada sino también para conocernos mejor, ya que éramos de pueblos vecinos.
Llegaron puntuales, con las hamburguesas, el carbón, la ensalada y las gaseosas.
Ellos hicieron el asado y nosotras, nulas en la cocina, preparamos una torta poco presentable pero hecha con gran entusiasmo.
Nos llamaban sus “Ángeles guardianes”, un título muy ostentoso, porque lo único que hicimos fue ayudarlos un poquito. Nos divertíamos muchísimo pues eran muy agradables, todos teníamos anécdotas para contar. Así nos fuimos reuniendo varias veces y también nos fuimos conociendo. La guitarreada era infaltable, no había reunión en la que no cantásemos a viva voz, entonáramos o no; eso no importaba.
Y  para completar esas cosas raras que tiene la vida, yo me casé con Federico y Ema con su hermano y ya no fuimos una familia de cuatro sino de seis grandes amigos.
Fue la equivocación más linda de nuestras vidas.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com









Alas abiertas

Con las alas abiertas al amor,
voy dibujando corazones en el camino
a cada uno le pongo un nombre,
abuelos, madres, padres, hijos, hermanos,
nietos, amigos.
Dibujando corazones en el camino de la vida,
de la noche estrellada, del sol ardiente,
en los ríos, en los árboles, en las flores silvestres
Tú el hombre, yo la mujer,
unidos en un solo corazón.

Marta María Nastaly
nastalymartamaria@hotmail.com








Tu divinidad original

Si en las oscuras NOCHES DEL ALMA
yo me pierdo,
¡oh PADRE AMADO!
rescátame de los terribles fantasmas de la maldad.
Si ves que lloro
y corro sin respuesta,
muéstrame TÚ, LA VERDAD.
Si salpica mi alma tristeza
y tirada al piso se desangra,
¡ven a mi auxilio pronto,
que TÚ ERES EL ÚNICO
que me puedes sacar de esta gravedad!
Y si callada,
sola
y pérdida
me encontrase
BÚSCAME,
ENCUÉNTRAME,
HÁBLAME,
SACÚDEME CON TU SANTO ESPÍRITU
para que ÉL RECREE todo en mí
y vuelva a restaurarse en mi SER
TU DIVINIDAD ORIGINAL.

Erika Luz de Dios
erkabd2008@hotmail.com








La razón de existir.

Muchas manos en el plato hacen garabatos .
Muchos cocineros en la cocina entorpecen la comida.
Adivina la palabra !
C_ _ t_
P_ i _ _
Los programas de certámenes en tv son geniales. Los programas de adivina la palabra son fabulosos.
Cuando era chico siempre quise ser un presentador de tv. Patético sueño!
Repentinamente me doy cuenta de que no soy feliz.
¿Será porque no he realizado mi sueño?
Lo que para uno es patético para otros es vital, esencial, la razón de existir.
Siempre pensando en lo que piensan los demás... eso sí es realmente patético. 
Me hubiera gustado hacer deportes extremos y todavía no lo hice.
Me hubiera gustado viajar por todo el mundo y no lo hice.
Con el tiempo una persona se acostumbra a abandonar cosas.
Con el tiempo se pierde la esperanza, el anhelo, el impulso.
Irónicamente cuando  uno alcanza un sueño ya deja de tener el mismo impacto que cuando se soñaba. Irónicamente pasa a no tener sentido. 
Nunca voy a tener lo que quiero! Porque si lo tuviera? Ya no lo querría. 
Prefiero vivir con el anhelo y con la duda de saber si algún día lo lograré...
Los sueños son  simplemente sueños. 
Nada más que eso...

Brian Lavedova

Revista Viajero Nro. 136 - Enero de 2019



Así está el mundo

Los que piden igualdad
solo miran con sus ojos absolutos.
Los que piden ser escuchados
callan opiniones ajenas,
Los que luchan por los derechos humanos
eligen algun "ismo" para hacerlo
y polarizan el reclamo.
Los que piden justicia no son justos.
Los que piden respeto no respetan.
Los que piden más educación...
no tienen coherencia
entre lo que dicen y lo que hacen.

Marina Aguirre
anira90@hotmail.com







Cuál secreto, mirada contra mirada
invisible hilo que se trenza sobre las narices.

Te haces corazón ,
imagen alada, justo aquí
- no lo sabías por cierto-
Y es el tiempo el que atraviesa,
inerte, sin astros del destino,
de posarte sobre mis labios.

Espeso boscaje propones
de risas sonoras hechizantes con tu amor de lo abierto a lo cerrado

tu bello fulgor jazmín
descubre desnuda una alianza
de dos que se aman

aquellas redes tejen enigmas,
energía cósmica,
que plantas en la tierra
 y en los precipicios,
en un simple mover de tus perfumados cabellos.

Y en silencio
-estoy seguro que no lo sabías-
Puedo espiar tu piel manantial,
pues cultiva vitalismo desbordante
con andar de otro planeta.

Intemporal, unívoco, irracional amor
sobre las pestañas transportas,
naturaleza
Angélica por sobre la medianía
y así tan fresca siembras sol ,
siembras sol en mi pecho,
sol y mil secretos  que me encanta buscar sobre tu boca que insiste,
como un frondoso tilo en primavera
aromarme el alma.

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar







La Plaza sin nombre 

NO PISAR EL PASTO, decía el cartel de la plaza del barrio, ésta estaba ubicada en el centro del mismo y tenía una particularidad: era redonda. En su interior había varios caminos y muchos juegos. La rodeaban hermosas flores que parecían las guardianas. Don Alejandro era el cuidador, todas las mañanas barría los caminos, regaba el pasto y cuidaba las plantas. El les hablaba y parecía que ellas le contestaban. La plaza estaba impecable, solo faltaban los chicos que iban llegando todos los días para andar en bicicleta o jugar en los juegos. A la pelota no, el pasto no se pisaba.
 A la plaza le faltaba algo muy importante: ¿Qué era? Un nombre. A nadie en el barrio se le ocurría uno.
Una tarde de abril, llegó un grupo de chicos muy revoltosos y maleducados, no eran del barrio, nadie los conocía. Entraron gritando y corriendo por los caminos, eran diez. De repente Manuel, el más revoltoso, se topó con el cartel: "NO PISAR EL PASTO" ¿No pisar el pasto? -dijo- ¿Pero a quién se le ocurre?. Por favor Manuel, no empieces -dijo Daniel- que siempre nos echan de las plazas por tu culpa. ¡Qué nos van a echar! ¿Quién? -contestó Manuel-. ¡El cuidador! -replicó Daniel-. ¡Pero si es un viejo!, ¡vamos chicos, saquen la pelota! -gritó Manuel-.
No sacaron una pelota, sacaron diez, y así cada uno pateaba la suya y comenzaron a destruir todo. Pisotearon el pasto y lo arrancaron a patadas. En un segundo no quedó nada, las flores, el pasto, los juegos. Don Alejandro, cansado de correrlos, se puso a llorar desconsoladamente, entonces... la tierra empezó a temblar, las flores se levantaron, comenzaron a marchar como soldados y paso a paso fueron acorralando a los chicos que estaban aterrorizados. El pasto también se levantó y marchó con paso pesado tras las flores formando un círculo. Los chicos quedaron adentro. La rosa roja tomó la palabra: ¿Qué hacen? ¿Por qué destruyen? preguntó. Nadie contestó. ¿Por qué no contestan? ¿Tienen miedo?. Manuel tímidamente levantó la cabeza y dijo: Estamos arrepentidos. ¿Cómo? -preguntó la rosa-. Estamos arrepentidos -dijeron los chicos-. ¡Más fuerte! -dijo la rosa-. ¡ESTAMOS ARREPENTIDOS! -nuevamente dijeron los chicos-. Ahora sí se escuchó; bueno, entonces van a ir al cuartito de Don Alejandro, buscan herramientas y arreglan todo lo que rompieron, ¿ME ESCUCHARON? -Dijo la rosa- Sí, -dijeron los chicos- y corrieron a hacer lo que la rosa les pedía.
Trabajaron y trabajaron. En una hora todo estaba impecable como antes. Entonces tomó la palabra Don Alejandro. La plaza es de todos -dijo- hay que cuidarla y no destruirla, para la pelota están las canchas; ¿prometen no hacer más en ningún lado lo que hicieron hoy acá? Sí, Don Alejandro, perdónenos, -contestaron los chicos-. Está bien, están perdonados -dijo Alejandro. La flores se retiraron a sus lugares y el pasto volvió a cubrir los canteros.
Los chicos que iban todos los días vieron el hecho desde enfrente, llegaron corriendo: ¡Don Alejandro, Don Alejandro!, ¡tenemos el nombre para la plaza! -dijeron-. ¿Cuál? -preguntó Don Alejandro-. "LAS GUARDIANAS", en homenaje a las flores que defendieron su lugar. ¡Muy bien! -dijo Don Alejandro-, la llamaremos plaza LAS GUARDIANAS.
Todos aplaudieron e invitaron a los diez chicos desconocidos a ser parte del equipo de fútbol que, por supuesto, jugaba en el club de la otra cuadra.

Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar







Amor Irónico…

He llegado a la conclusión de que el amor es un poco irónico, recuerdo cuando decía amarte hoy y siempre, pero me di cuenta que aunque llené mi amor por ti, no supiste llenar tu amor por mí, y quizá ese fue el motivo de que mi corazón empezara a desfallecer. Nunca me importó tu forma de amar o de tratar, te seguía amando igual, mi alma sentía una intranquilidad que no sabía de donde venía, ni entendía porque se hallaba en una incertidumbre desasosiega que perturbaba lo más profundo de mi ser. A pesar de eso, mi corazón seguía eligiendo amarte siempre, por encima de cualquier dificultad, imaginé que llegaríamos lejos, y que juntos superaríamos todas las adversidades que se nos iban presentando,y que también, pese a nuestras diferentes culturas, ese amor no terminaría jamás, puesto que siempre luché para que lo que estábamos construyendo no tuviera un final, sin embargo, estaba equivocado y no fue nuestro caso, un ocaso llegó de repente y no vino por mí, sino por ti, y que de no ser así, nunca hubiese despertado de aquella incertidumbre donde me encontraba, la vida me mostró que lo que sentía era una amor a ciegas y lleno de inseguridades a pesar de que confiaba en ti. Fue doloroso dejarte, pero la melancolía que sentí, era un amanecer de euforia, porque ha sido la mejor decisión que tomé. ¡Vaya experiencia! Aprendí bastantes cosas, y me siento orgulloso de eso, una de ellas y la más importante, a ser cada vez más fuerte que nunca. La ironía, es que no consigo hallar aquel tiempo donde te amé, ni el tampoco cuando me amaste, es como si la felicidad que siento ahora, haya borrado hasta el más mínimo detalle de tu ser, o simplemente se esfumara por que la esperanza que tenía mi alma de estar en completa paz llegó y voló.

Steve Arbu
12 de Enero de 2019
stevena0812@gmail.com







Al que construyó la casa

Con soles de verano y la espalda quemada
transpirando en los días agobiantes de Enero
te imagino entre estacas y la antigua plomada
protegiendo tu frente con un viejo sombrero.
Habrás hecho con mate tu parada obligada
como máximo premio de tu vivir austero
y si en un descuido te lastimó la azada
cubriste tus heridas con un trapo grosero.
Y seguiste adelante como un día cualquiera
que no todo muere, y de alguna manera
se escucha entre la mezcla de cales y argamasas
que dicen las paredes del trabajo de un hombre
porque habita en ladrillos tu esperanza y tu nombre.
Y tus manos artistas constructoras de casas.

Rafael Estevez







Todo el cielo 

Homero Manzi es un autor consagrado en la literatura argentina.  Se destacó en el ámbito del tango, aportando textos memorables, clásicos del género.

San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo,
Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre flotando en el adiós.


Y sí, todo el cielo para un poeta nacido en Santiago del Estero el 1 de noviembre de 1907 y fallecido en Buenos Aires el 3 de mayo de 1951.
Fue también docente,  crítico,  libretista y director cinematográfico.                                                                                                         
Surge de la más profunda raíz nacional. Se inicia escribiendo para las murgas del barrio de Boedo.
En 1935 participó de la fundación de FORJA, corolario de una comprometida militancia política.
Le dio un gran impulso a la milonga, y colaboró con Andrés Chazarreta abordando el folklore.
Otra actividad que lo apasionó fue el cine. Escribió el guión de “Pampa bárbara”, y junto a Ulyses Petit de Murat, adaptó “La guerra gaucha” basada en la obra de Leopoldo Lugones.
Fue presidente de SADAIC hasta su muerte.
Su poesía devela lo oculto para darle vida. Es muy honda, filosófica, captura atención.  Ella está aún en lo que no se dice, es una memoria del pasado que avanza hacia el futuro. La nostalgia por las pérdidas y la desconfianza por lo nuevo.  Su poesía es un cuerpo verbal absolutamente contemporáneo y sin tiempo a la vez, que invoca lo pleno y lo efímero.

Se podría aseverar que la poesía salió de él, de su voz, e hizo de la calle su espacio de pertenencia, y allí,  se superó a sí misma.

Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó,
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.

A Homero Manzi apenas 43 años le bastaron para amar a la tierra, a los hombres y convertirse en el gran poeta del cancionero popular.
Su impronta, como los cuerpos, se abrevia, se atenúa, pero no se borra.


Liliana Souza
ls.lilianasouza@gmail.com









Aquella Navidad del ‘78 

Aquella Navidad de 1978 fue especial, y por un motivo. Tenía los regalos para su hijo de diez años y quería pasar con él aquel mediodía del 25. Organizó una salida hacia el parque Pereyra. Lo fue a buscar a la casa de su ex esposa, de quien se había divorciado hacía unos pocos meses, y en el auto junto con la abuela, tomando el Centenario se dirigieron al parque. Eligieron un lugar con mesas de madera que había en el lugar y se dispuso a cocinar audazmente un pollo a las brasas, que milagrosamente no se quemó, ya que nunca había cocinado en toda su vida y menos al aire libre. Fue un día propicio para disfrutar de su hijo. El juez en la sentencia de divorcio, había estipulado las visitas correspondientes. El pequeño abrió los paquetes con sus regalos. Luego almorzaron, jugaron a la pelota, rieron, disfrutaron y sacó fotos de aquellos momentos, como recuerdos de aquel mediodía de la Navidad tan especial. El día era caluroso y soleado, ideal. Los árboles del parque ofrecían la frescura de sus sombras. Pero inevitablemente la tarde poco a poco terminaba. Sintió que la jornada había transcurrido muy rápido. La felicidad siempre es efímera, pensó, y pronto debería despedirse de su hijo hasta la próxima visita. Regresaron a la ciudad ya cayendo la tarde. Se despidió de su hijo y con un poco de melancolía, regresó a la casona de la calle once donde vivía con su madre. Llegó así la noche de Navidad y los encontró a los dos solos en la cocina de la gran casa silenciosa, compartiendo unos sándwiches de miga para la ocasión. En la galería se iluminaba intermitentemente el arbolito con luces de colores, como una señal que le anunciaba la Navidad. No fue una noche bullanguera, tumultuosa; la gran familia con el paso de los tiempos había disminuido. Tal vez no era necesario que haya sido así. Aun creía escuchar las risas de su hijo en el parque, y eso era todo lo que quería recordar. Así fue aquella Navidad de hace treinta y ocho años. Una Navidad especial.

Jorge Omar Alonso
La Plata

Revista Viajero Nro. 135 - Diciembre 2018



La tía Lucía

Ya lo sé, muchacho, ya lo sé. El aburrimiento no se soporta, miles de canales, miles de videojuegos, YouTube, series en Netflix, nada en estos tiempos modernos es suficiente. Nada. Entiendo que los juegos son un proceso absolutamente íntimo, secreto, distinto. Yo lo sé. Y por eso afirmo que nada se compara con luchar cuerpo a cuerpo con un pirata. ¿Un pirata? Sí, un pirata.
Lo mejor del verano eran las vacaciones en Orense, en el campo de la tía Lucía. De la Lucía grande, porque mi prima también se llamaba Lucía, la chica. Ahhhh, momentos de paz… Qué días, sin obligaciones, sin apuro y, dentro de la vagancia y del ocio de la niñez, la lectura ocupaba lo más alto del podio. 
Levantarse en la vetusta habitación y elegir uno de los infinitos libros amarillos de la colección Robin Hood era un desafío. Era abrir un mundo de colores y de olores para que entraran por la ventana matutina, era un placer que no tenía comparación con ningún otro placer que hubiera registrado en mis primeros nueve años de vida. Era un ritual que se haría eterno, a pesar de que ni el campo ni la tía Lucía estarían para siempre…
Recomendable mantener la cábala: suspirar, antes de olfatear la historia elegida, antes de empezar a organizarse mentalmente. Si quieren situar su fantasía en: Los caballeros del rey Arturo o en Las mil y una noches, vaya y proceda. Lo dejo a su criterio. Pero la magia es cosa seria…
El dedo aquella vez se detuvo con sabiduría sobre un lomo agrietado firmado por Emilio Salgari. Un clásico varonil: Los tigres de la malasia. Aventuras ideales para un pequeño, que como hijo único extrañaba a sus amigos, al fútbol caluroso de las tardes, a las ruidosas carreras en bicicleta y a los autitos con el tanque lleno de masilla. Cosas que capaz no entienda mi joven amigo, pero puede googlearlo…
Ahora, sin costo alguno, y si me permite, paso a dar directivas básicas para que el experimento sea un éxito: prepare su embarcación, las velas, los cañones y las espadas. Elija bien donde sitúa las defensas, junto a la almohada, en general, es el mejor lugar. Algo importante que hasta ahora no le dije. Necesitamos un cuchillo filoso en la cintura, por si le arrebatan la espada. Eso sí. Lo necesitamos. No, no, no agarre el Tramontina del cajón de los cubiertos, tampoco uno de plástico. Algo intermedio, ni tanto ni tan poco. 
Rápido, amaneció. Las sombras ya están largas, ya es hora, afuera está Sandokán, el pirata, pero la batalla solo empezará cuando usted quiera abrir la ventana, mi amigo. No le garantizo que gane la guerra. Ojalá que así sea. Y si no fuera así, paciencia… 
De todos modos, me sentiré responsable del experimento. Por eso voy a permitirme hacerle una sugerencia antes de que sea demasiado tarde, y aunque la experiencia sea dura, los enigmas indescifrables o la magia demasiado para su varita: nunca abandone la lectura. Con el tiempo me lo agradecerá…

Oscar Enrique Falcão
De la antología: «Te venimos con cuentos»
ing_oefalcao@yahoo.com.ar







A veces mi cabello se vuelve azul

Cuando es invierno y hace mucho frío,
cuando siento que la baja temperatura
me recorre la espalda,
A VECES MI CABELLO SE VUELVE AZUL.

Cuando abro la puerta
y entra una ventisca de locos,
cuando se cuela por las rendijas
de la habitación el viento congelado,
A VECES MI CABELLO SE VUELVE AZUL.

Cuando es medianoche
y nos levantamos como para empezar el día
y en realidad empezamos la noche
y el fresco cala tan profundo
que ni unos mates
Pueden sacarnos el frío que sentimos,
A VECES MI CABELLO SE VUELVE AZUL.

Cuando es de madrugada
y aún estamos sin dormir,
cuando llegó la mañana
y todavía no dormimos nada,
A VECES MI CABELLO SE VUELVE AZUL.

Ayer cuando te miraba
y teníamos tanto sueño,
y yo te acariciaba la barba y el pelo
pude observar de cerca
que A VECES TAMBIÉN TU CABELLO SE VUELVE AZUL.

Y en algunas oportunidades
Cuando de pronto hay quietud en la noche,
cuando llega la calma y hay tranquilidad,
y es como si el techo desapareciera o lo traspasara
y me sumerjo en el ESPACIO INFINITO
viajando por las PROFUNDIDADES DEL COSMOS,
buscándote hasta encontrarte,
¡DIVINO CREADOR!
me doy cuenta que
A VECES MI CABELLO SE VUELVE AZUL PROFUNDO,
cuando se mimetiza
con la NOCHE LUMINOSAMENTE CONSTELADA
hasta llegar a TU CORAZÓN.

Erika Luz de Dios
erkabd2008@hotmail.com








Una araña en la pared

Era tierna, de patas largas infinitas
la cuidé, la alimenté con cada insecto
día y noche. Dejé que con sus dulces
movimientos, tejiera y tejiera su
amplia tela, su hogar.
Era triste verla sufrir por no poder
tener descendientes.
Allí estaba ella. Sola, angustiada.
Vivía y no daba marcha atrás.
La dejé sola por un largo tiempo
y no la vi. No se si se fue, en
realidad, nunca supe donde
estaba tras esos sombríos rincones.
Tal vez estaba triste, tal vez estaba
sola. Pero nunca
         Lo sabré. Tal vez tan solo se fue
                                 ella

Patricia Batiluschi








Tema de conciencia

Verano en una zona boscosa del sur argentino.
Un hombre joven y de buena presencia, se adentraba en lo profundo del bosque. Era ya pasado el mediodía. Tenía en su bolsillo la vieja brújula de su padre y la consultaba constantemente. Apretaba la brújula en su mano como si fuera la mano de su padre que lo estuviera acompañando en esos momentos. Pero su padre nunca colaboraría con una acción fuera de la ley.
Es así como llegó al bolso azul que le había dejado su cómplice unas horas antes.
Este iba a ser su primer delito; estaba atiborrado de deudas de juego, su padre ya cansado de sus falsas promesas, le había soltado la mano, y las malas compañías aprovecharon su desesperación y lo hicieron partícipe del delito que habían programado y del cual él sería el ejecutor.
Con reticencia abrió el bolso y encontró la ropa. Se cambió y enfiló hacia la ruta como policía de zona boscosa.
Se suponía que el robo sería muy sencillo; ya tenían la combinación de la caja fuerte del chalet que estaría desocupado en la tarde y la imagen policial le daría un toque de seriedad a la situación, en caso de ser interceptado por alguien de la zona.
Cuando llegó a la ruta se topó con un par de vecinos del lugar que al confundirlo con la ley, lo hicieron partícipe del macabro hallazgo. Mientras cazaban, encontraron en el fondo de uno de los barrancos de la finca “Las camelias”, ahí cerquita, a menos de un 1 km de donde estaba ahora, el cuerpo desnudo de una mujer.
El fingido policía se encontró acorralado por las circunstancias; no se podía negar a colaborar sin delatarse y fue llevado por los vecinos al lugar donde yacía la desafortunada mujer.
Amedrentado por la imagen del cadáver que ya estaba en los comienzos de su descomposición, sólo pudo prometer ir en búsqueda de ayuda mientras los hombres quedaban como custodios del lugar. Y así lo haría. Se cambió nuevamente con sus ropas que estaban dentro del bolso azul y salió presuroso hacia el pueblo maldiciendo que en esas zonas no había señal y tener o no tener el teléfono celular era lo mismo. Había que ir personalmente.
En pocos minutos volvió a ser un hombre en paz con su conciencia, pues el objetivo del robo quedó en el olvido. Atrás quedaron las deudas, los cómplices y la plata fácil que solucionaría sus problemas.
Todo empequeñeció frente a la realidad de la muerte de esa desconocida que esperaba justicia en el fondo del barranco.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com








Extraña Pareja

Era una pareja muy joven y muy extraña. Atlético él; muy bonita ella, parecía una modelo, más bien reservados pero muy simpáticos y serviciales fuera de su casa, de la cual salía siempre un olor como de caño de escape, a la que nunca nadie fue invitado.
Ese día de marzo de 1940 flotaba en el ambiente la sensación de que algo no estaba bien, la casa de la joven pareja estaba abierta y el olor característico había desaparecido. Curiosos y a la vez preocupados se fueron reuniendo los vecinos mientras se acercaban a la casa hasta que alguien un poco más decidido que el resto, entró encontrando el triste espectáculo de ambos jóvenes, desnudos en su cama, muertos en un póstumo abrazo.
De la investigación policial surgió que el deceso se había producido por asfixia a raíz una avería intencional en una tubería de gas dentro de la casa, sin poderse determinar el origen de la misma, sin embargo y al tenor de la nota hallada en la habitación del hecho, se decidió caratular la causa como suicidio.
El texto de la nota agradecía a los vecinos las atenciones y afecto recibidos pidiendo como último deseo de ambos, “ser inhumados bajo la madre tierra, sin féretro, desnudos y abrazados como fueron hallados. Los gastos originados serían solventados con el valor de la casa”.
El último deseo de los suicidas se cumplió al pie de la letra y durante mucho tiempo se comentaron estos hechos en el pueblo como una de las tantas rarezas ocurridas en el pasado.
No es este el final de la historia, en realidad hubo un testigo que sí conoció el fin de la misma y para poder leerlo ir sin temor a: https://la-vida-en-pocas-palabras.blogspot.com/p/cuento.html

Juan A. Ruffinelli


Este y otros cuentos, además de eventos y actividades que dentro del ámbito literario y de la plástica se realicen, encontrálos en: https://la-vida-en-pocas-palabras.blogspot.com/









Revista Viajero Nro. 134 - Noviembre 2018



¿Adónde irán?

¿En dónde se quedarán aquellas figuras buenas o atemorizantes, que te hicieron llorar, o te dieron miedo en una pesadilla? ¿Adónde se irán aquellos seres queridos que ya partieron y vuelven a ti en las noches? ¿Adónde se ocultarán cuando despiertas de los sueños? Ellos están presentes de alguna manera, los que partieron vuelven todas las noches en tus sueños. Tal vez te den la oportunidad de decir aquellas palabras, que no nunca pronunciaste cuando estaban a tu lado. Quizás te dan esa segunda chance. 

Jorge Omar Alonso
jorgeomar_alonso@yahoo.com.ar
La Plata 







A prueba

Como aire fresco
te presentaste, cual brisa otoñal, para aguzar mi sentir.
La propuesta, indecente
vibrando en mi interior...
¿Será posible quebrar la fantasía?
A prueba,
Frustrada y victoriosa
Porque es
Porque antes no
Porque el llegar a ser se siente lejano
pero tangible en mis manos
A prueba de error
porque el juego es sano
Cambiaste el intelecto
rompiendo lo cotidiano
Inhalo ansiedad
Exhalo visión
A prueba, soy.

MC
ceci_vagus@hotmail.com









Todo el cielo

Homero Manzi es un autor consagrado en la literatura argentina. Se destacó en el ámbito del tango, aportando textos memorables, clásicos del género.

San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo,
Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre flotando en el adiós.

Y sí, todo el cielo para un poeta nacido en Santiago del Estero el 1 de noviembre de 1907 y fallecido en Buenos Aires el 3 de mayo de 1951.
Fue también docente, crítico, libretista y director cinematográfico.
Surge de la más profunda raíz nacional. Se inicia escribiendo para las murgas del barrio de Boedo.
En 1935 participó de la fundación de FORJA, corolario de una comprometida militancia política.
Le dio un gran impulso a la milonga, y colaboró con Andrés Chazarreta abordando el folklore.
Otra actividad que lo apasionó fue el cine. Escribió el guión de “Pampa bárbara”, y junto a Ulyses Petit de Murat, adaptó “La guerra gaucha” basada en la obra de Leopoldo Lugones.
Fue presidente de SADAIC hasta su muerte.
Su poesía devela lo oculto para darle vida. Es muy honda, filosófica, captura atención.  Ella está aún en lo que no se dice, es una memoria del pasado que avanza hacia el futuro.  La nostalgia por las pérdidas y la desconfianza por lo nuevo. Su poesía es un cuerpo verbal absolutamente contemporáneo y sin tiempo a la vez, que invoca lo pleno y lo efímero.
Se podría aseverar que la poesía salió de él, de su voz, e hizo de la calle su espacio de pertenencia, y allí,  se superó a sí misma.

Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó,
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.

A Homero Manzi apenas 43 años le bastaron para amar a la tierra, a los hombres y convertirse en el gran poeta del cancionero popular.
Su impronta, como los cuerpos,  se abrevia, se atenúa, pero no se borra.

Liliana Souza
ls.lilianasouza@gmail.com








Fiesta

Hoy hay FIESTA en mi CORAZÓN,
porque has llegado a nuestra vida,
porque en este AMANECER
todo se iluminó.

Hoy hay FIESTA en mi CORAZÓN,
porque el SANTO ESPÍRITU
te ha traído a mis brazos
para que te mime, cuide, y ame
con INMENSO y PURO AMOR.

Hoy hay FIESTA en mi CORAZÓN,
porque al fin puedo ABRAZARTE
y darte TODO MI CALOR.

Hoy hay FIESTA en mi CORAZÓN,
porque has llegado por fin,
y has venido a enseñarnos
toda la SABIDURÍA DIVINA
que te ha dado DIOS.

Hoy hay FIESTA en mi CORAZÓN,
porque ESTÁS AQUÍ,
porque ESTOY AQUÍ,
porque nuestras ALMAS se cruzan en esta vida
para ir juntos por el CAMINO DEL CREADOR.

Erika Luz de Dios
erkabd2008@hotmail.com








De otros tiempos

Estaba transcurriendo el año 1895 y ya era otoño.
La tristeza por la muerte de mi madre había impulsado a Papá a alejarse de la febril vida de la ciudad y rentar una casa cercana a la playa para que pasásemos unos meses.
Aquella tarde había llorado mucho. El cielo estaba gris y un viento cruzado zumbaba a través de las ventanas de la vieja casa.
Tomé mi sombrero de playa, un chal y salí. Las caminatas siempre me sentaban bien porque lograba olvidarme de mis problemas y me enfrascaba en la hermosa vista de playa-mar que se veía desde el mirador.
Con una ráfaga otoñal mi sombrero voló, mi cabello se enroscó en el viento y mi vestido flameaba más allá de lo permitido. Comencé a correr, pero el sombrero era más rápido y se alejaba de mí cada vez que creía alcanzarlo.
Pero allí apareció Él, caminando hacia mí y con un gesto gracioso tomó el sombrero, que dejó de volar para quedar atrapado entre sus manos.
Con una voz dulce y cálida me preguntó si era mío. ¿Cómo no iba a serlo si me había  visto corriendo como tonta atrás de un inalcanzable?
Con timidez le contesté que sí y le agradecí por su atención. Pero Él no me daba el sombrero que hacía girar y girar en sus manos y me miraba con esos ojos grises, pequeños y sonrientes. Ese era su momento de diversión y mi momento de vergüenza.
Finalmente lo dijo: me daría el sombrero a cambio de aceptar su invitación de tomar el té en la confitería del Mirador.
Yo estaba un poco fastidiada por tanta confianza de un desconocido, pero quería de regreso mi viejo sombrero, y a pesar de las dudas, acepté.
Esa fue la primera de una larga lista de paseos y el comienzo de una relación que termina hoy, cuando entre en la Iglesia de Santa Catalina del brazo de Papá. 
El atrapador de sombreros me estará esperando en el Altar y esta vez atrapó no solo un sombrero sino a su dueña también.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com








Sin saber espero

Qué será
algo mágico que envuelve el tiempo
o la tristeza;
será la alegría de sentirse vivo
u odiado.
Deambulan tropeles de sentimientos
Agotados.

Totalmente disperso,
                                 ido,
                                       ajado,
                                                derrotado.

Qué será
un sueño en una meseta
o un desierto enamorado;
negro o gris, malo o peor
                                desaliento.

Suspiros violetas amenazan muerte;
chatos recuerdos que acorralan
y gritan bajito para no molestar.

Desencanto.

Una vida plena por delante.
Felicidad.

Jonatan
jony87@hotmail.com








Te soltaste de mis manos

Te soltaste de mis manos
cuando aún te precisaba
cuando aún tenía contigo
una vida por delante,
juramos amor eterno
aquella noche
en donde las estrellas
fueron testigo
de nuestro gran
y verdadero amor,
pero el destino
quiso que partieras
antes de lo que yo
me imaginaba.
El dolor fue tan grande
que la congoja se pronunciaba
cada vez más en mí,
la tristeza invadía
mis pensamientos,
en un rincón de mi cuarto
en la oscuridad
trataba de ver tu figura
El silencio me daba temor
al estar sola y ya
no escuchar más tu voz
Solo sé que rezo por tí
Todas las noches
para que en algún lugar
donde te encuentres
no dejes de iluminarme
y que prosiga mi vida
sin temores y sin angustia,
pero siempre sigues
y seguirás en mis recuerdos,
esos recuerdos que jamás
se irán de mi mente
porque yo aún te sigo
sintiendo presente!!!!. 

Gabriela Gargiulo
gabrielagargiulo77@gmail.com








Buen día amor

Feliz me pone verte a mi lado;
abundas mis mañanas de aromas hogareños.
Llenas mi alma de amor
y abrazas mi cuerpo con calor.
Mi día arranca con paz,
sabiendo que tu me amas. No importa
lo que hagas, no importa lo que digas
si solo me dices te amo.
Solo tu y yo, tus besos, tus miradas.
Qué no daría por tenerte siempre;
tu ternura no solo la siente mi piel,
la siente mi alma. Cuento contigo,
con alegrías, con tristezas, en los
proyectos, siempre codo a codo. Pídeme
lo que quieras mientras me digas te amo.
Como no amarte si eres todo lo que quiero:
tenerte siempre y que nunca me faltes.
La vida no tendría sentido si no tengo
a mi otra parte. Pídeme la luna y
aunque sé no puedo bajarla yo lo intentaría, solo para compensarte.
Pídeme lo que quieras pero no dejes de
decirme te amo.

Héctor D. Carpio
hectordca61@hotmail.com.ar

Revista Viajero Nro. 133 - Octubre de 2018



Por todo y por nada

Por todo en la vida y por nada
se escurre como agua entre mis dedos
tanta valentía que es miedo


Y no poder es no quererte
Y buscar es olvidarte
En el fuego de mis enojos
se va el intento de cada día


Por que será que transparenta la ilusión
Se va y no se si volverás
Encojo mis hombros y no importa
Miro atrás detenida  y no importa

Pero avanzar es otra cosa


Avanzar hacia ti  … ¿Qué será?

Lirey
lirey_lirey@outlook.es







La buenaventura

Chaval: la suerte por un Real.
- ¿Y un real no te parece mucho?
- Si te digo la verdad, es poco.
- Ala, ¿que será de mi? y tendrás tu Real, gitana.
- Tus manos son un libro abierto para mí, lucharás en el mar y serás famoso por ello, mas tu vida no será la espada, veo que un caballero te hará mucho más famoso, en tus días y en la historia.
- Bueno, creo que ya es mucha fama por solo un real.
- Vete niño, y no lo olvides te espera la fama.
Profecía de mercado, tal vez poco para hacer historia, pero mucho para las ilusiones del niño.
Miguel creció, y por valiente solo un lugar tenía España para él: el Tercio de la Mar Océano. Poco después la amenaza de los turcos se hace realidad y al frente de la flota cristiana, don Juan de Austria comienza a reunir barcos, vituallas y soldados.
Entre otros medios España pone a disposición sus mejores guerreros, “el Tercio” y con ellos Miguel, listos todos a luchar por el Reino y por su fe.
El escenario está montado, una vez más el Mediterráneo será testigo de una batalla naval más, destinada a determinar el curso de la historia, los buques alineados para el gran encuentro y Miguel...
Miguel, enfermo y con órdenes de no entrar en combate, pese a la fiebre que lo envilece, toma sus armas y se presenta en cubierta, ha decidido no faltar a la cita, Alcalá solo cría hombres de la cabeza a los pies y no será la fiebre impedimento bastante para ocupar su puesto de batalla.
El encuentro es épico, la historia hablaría de el por siglos y el mundo no fue el mismo después de Lepanto. Miguel salio con una mano maltrecha, licenciado por sus heridas y con honores, así volvió a Alcalá donde esperaba al caballero que cumpliera la profecía de la gitana y mientras tanto, para no aburrirse, comenzó a escribir las desopilantes aventuras de un manchego desquiciado con las que pensaba divertir a sus amigos.
El caballero que lo haría famoso nunca llegó al pueblo, en realidad, salió de Alcalá.

Juan A. Ruffinelli
ruffinelli3@gmail.com

Este y otros cuentos, además de eventos y actividades que dentro del ámbito literario y de la plástica se realicen, encontrálos en: https://la-vida-en-pocas-palabras.blogspot.com/







Un mismo impulso,
repite, interminable.
Obseso, beso tu sur,
las mejillas se arrebolan
peldaños invisibles
saben a cielo al norte.
En un respirar casi absurdo
vuelo, volamos
Y me reconcilio un rato con la
vida.
Que poco elegante morderte
hasta la angustia pensé-
Sin embargo la acción,
prescinde de mi constantemente.
Me asomo con falsa indiferencia,
esa breve penumbra , se disipa,
cada vez.
¡Son esas piernas!, lo se
Apostado en un rincón y en
brusco silencio,
observo.
Luego cada palabra colma mi
orgullo,
cada labio buscando mi boca,
raptando suspiros salvajes.
Y es inevitable sentirse sin
consuelo.
Fatal como el amor iracundo.
Súbito como la peor de las
atracciones
aquella de la piel y el corazón,
sobre todo al verte ir,
con el eco de las horas,
una mirada llameante
y los labios,
del mejor de los sabores.

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar







Morir junto a ti

Apenas nos conocimos iniciamos una larga tregua, que fue como un empate. Desde que tus ojos me miraron con curiosidad y sin el menor temor de que yo viera a través de ellos, firmé el pacto. Uno sin atenuantes ni condiciones, fue como una derrota placentera. Aprendimos a estar juntos en silencio, adquiriendo el hábito del reposo. 
A veces, cuando detectabas el calor de mi mirada, alzabas los ojos de lo que fuera que estuvieses leyendo y me sonreías. Desparramabas amor, las flores del jardín temblaban ante tus ojos marrones, como yo, que me derretía como una nube blanda y ligera ante tus suspiros. Paradójicamente, nunca hablamos del futuro como si eso solo fuera un problema hipotético que no necesitaba nuestra atención.
Recuerdo tu sonrisa lenta, que comenzaba en tus ojos, dispersándose hasta que tu rostro quedaba envuelto en un deleite radiante, secreto e íntimo. Tu largo cuerpo, suave y delicado, despertaba mi piel, que al tocarlo parecía cobrar vida nuevamente y, cuando te besaba revivía con locura y con delicadeza. Con deleite me desplazaba por la sábana, moviéndome despacio como si recorriera una larga distancia, solo para alimentarme de tu corazón.
Recuerdo nuestras sombras iluminando el cuarto. Eran crudos resplandores que apenas arrojaba el viejo velador sobre tu cuerpo relajado, curvas que me tentaban con su extensión desnuda, que resplandecía como oro cobrizo en la penumbra. 
Me inclinaba para besarte y tus llamas atraían mi mano, que buscaba en tu anhelada entrepierna un roce frágil. Mis dedos, tu piel, una dulce humedad, y tus delgados brazos que tiritaban. Nos abrazábamos casi sin vernos la cara y hacíamos el amor sin hablar hasta que mis pequeñas flores regaban su miel por tu interior. Y más tarde nos rendíamos juntos, con espontaneidad, como si fuéramos niños exhaustos.
Recuerdo aquella noche… Me dormí como siempre pero, como nunca, soñé un sueño tan cruel. Con el alba las paredes se alejaron. El hielo quemaba mi espalda. No me atrevía ni a darme vuelta, ni a despertar de una vez. Un dolor frío perló mi frente, me quedé quieto, aunque el dolor no menguó. Te llamé, pero había silencio detrás de tu voz. Luego aparecieron las lágrimas legítimas que quemaron mis mejillas con un dolor infinito. Suficiente para enloquecer a cualquiera…
Recuerdo tus rosas y ellas a ti. Desde aquel día ya no madrugarán para florecer ante tus ojos. Solo son contornos borrosos, rojos que deambulan por el jardín, despacio, mezclándose y separándose. 
El silencio a mi edad ya se hizo tibio, la luz en mi cara descubre mis arrugas, y mi vida transcurre en una atmósfera atemporal. Mi amor estoy aquí, en nuestro lago, frente a tu lápida, temprano, cuando la sombra de tu imagen es más larga, pero hoy no me iré solo…

Oscar Falcão
ng_oefalcao@yahoo.com.ar







Lucía

Llegaste y todo brilló.
Trajiste chispas coloridas
para repartir a todos
con tus miradas.
Llegaste cuando volvía a amanecer
para mostrarnos la vida y la fe.

Te soñamos llena de luz
y nos encandilaste uno por uno.
Trajiste risas, insomnio, ternura
llantos, y mucha diversión.
Deslumbraste con tu inteligencia
aprendiendo todo de tu gran maestra;
Esa que te soñó, te esperó
y desbordó de felicidad al tocarte por primera vez;
la que solo necesita abrazarte y mimarte para ser feliz.

Tus alas vuelan rápido.
Tenés corage, osadía y alegría.
Llegaste para hacer brillar nuestro mundo. Para completarnos a los 3.
Llegaste y todos crecimos con vos.
Llegaste y tu nombre iluminó nuestra vida.. Lucía.

Liliana Araya
liliana_soleadad@hotmail.com







La vida

ofrenda que nos nace
y sin quererlo o queriéndolo
expande mañanas / pasado
la vida ...
estirón de gorriones y llaves
sitio para volar
y/o
abrir montañas ...
la vida ...
espacio frecuente
para elongar almas / verdades
turrón de la infancia
donde
se dispara encanto
y en cordel a la luna viajamos

María M. Stanganello
meri.marta@hotmail.com.ar







La puerta

La dulce oscuridad cubre mi rostro.

Ni el invierno más crudo apaga el sol.

Solo disfraces son nuestra carne.

La sociedad te obliga a hacer cosas que no quieres. El mundo entero conspira para encasilarte en algo. No tienes opción... si o si tienes que ser algo. Jamás eres nada.
Todos cumplen su función. Todos interpretan sus papeles.

Desde el vagabundo hasta el abogado. Desde el sacerdote hasta las bailarinas. El obrero, el político, el ladrón, el médico... etc. Todos deben ser algo. Todos deben hacer algo. Jamás se es nada. Todo cuadra. Todos son encasillados.

¡La vida es una sola! ¡De eso no hay duda! ¿Entonces por qué desperdiciarla? ¿Por qué no hacer lo que más te gusta? ¿Por qué no dejar de sufrir? ¡Esta todo en la mente!
¡No vendrá Cristo, Buda, Jehová o Ala a salvarte¡. No vendrá nadie a ayudarte amigo mío. ¡Todo depende de ti! ¡Todas las respuestas están en tu interior! ¡Todos los problemas están en tu interior! Todo lo originaste tú mismo. 
¡Puedes cruzar la puerta fácilmente! Si es que tú quieres... ¡lo que no te sirva solo deséchalo! ¡Recuerda que tú eres el origen! ¡Recuerda que tú tienes las respuestas! Todo está en tu mente. ¡Todo!

Brian Lavedova
nirvano_24@hotmail.com

Revista Viajero Nro. 132 - Septiembre de 2018



Escuchando la obertura "Romeo y Julieta" de Tchaicovsky, me vino a la memoria, al recordar el drama de estos amantes, un pensamiento que creo que era de Milan Kundera. Decía así más o menos:"Ser es existir en los ojos del ser que amas". Convencido que su amada está muerta, Romeo se quita la vida. Todo un significado. Cuando se pierde al ser amado, cuando ya no nos podemos ver reflejados en sus ojos ya cerrados, es como que la existencia se ha desvanecido en un eterno final. Los ojos han mirado por última vez.

Jorge Omar Alonso
La Plata





Alejandra

no quiero ir
nada más
que hasta el fondo

El lenguaje no le es dócil a Alejandra Pizarnik y tendrá que luchar por la palabra inhallable.  
Potenciar el silencio, que nombrado o no, esté presente.
Ella advierte la imposibilidad de decir.  
Decir entonces, que nació el 29 de abril de 1936 y se suicidó el 25 de setiembre de 1972, es casi imposible.
Los que sostenemos el intento de leerla, sabemos que esos años no existen.
Ella es atemporal.
Una mujer que no conoce la historia del fuego.
Una mirada desde la alcantarilla ... hasta pulverizarse los ojos.

La inmortalidad es un principio de cordura.

Alejandra, sólo un nombre, el suyo.

alejandra alejandra
debajo estoy yo
alejandra

La que ha escrito, está escribiendo y habrá de escribir.

Liliana Souza






El error

Necesito escribir, necesito contarle esto al universo, esto que está condenado a no ser, a no suceder a no existir. A no sentirse, a no tocarse, a no verse. Esto que está prohibido y que en mí cultura es un pecado imperdonable, una aberración, un acto que si se concretara sería señalado como algo asqueroso. Esto que lo siento tan vibrante dentro de mí, que agita mi pecho y enloquece mi estómago. Lo veo tan bello y trae a mí estos pensamientos tan cálidos, estas fantasías que creí que no podían ya crear y transportar mis neurotransmisores a cada punto de mi cuerpo. Cada recóndito espacio que estaba dormido se ha despertado por esto que es tan prohibido. ¿Cómo puede ser malo? Como puede ser asqueroso y rechazado algo tan esperado. ¿Cómo me pudo pasar así, por qué? ¿Por qué el universo me trajo algo tan precioso pero tan imposible? Cómo puede ser tan espantoso imaginar este beso, acariciarte en mis pensamientos, caminar a tu lado, ¡es solo caminar!... No contener el anhelo de tener tu presencia, de estar cerca tuyo, escuchar tu voz, tu risa. Compartir mi tiempo, quiero darte mi tiempo. Cómo puede ser esto que siento tan condenado, tan prohibido. Tenía que contarte esto universo ya que a nadie se lo puedo decir. No hay quien pueda comprenderlo, menos no condenarme por este sentimiento. Solo mis palabras son cómplices de mis fantasías y garantes de lo que estoy pasando. Estas palabras son las únicas que pueden ayudarme a descargar mi angustia al saber que esto es lo único que puedo hacer. Este es el único lugar donde puedo tenerlo. No hay testigos, ni quien corresponda a mi sentir. No puede saberlo él tampoco. No podría recuperarme a semejante ridículo. A esos dedos que señalan porque esto es tabú. Es lo que no se debe hacer. Lo que jamás debe pasar. Solo me queda que el tiempo haga su trabajo, que tenga piedad de mí y todo pueda ser olvido, nostalgia, un imposible más. El más justificado adiós.

Marina Aguirre






Introspección

Tiempo atrás me preguntaba si algún día podría volver a escribir y también si tomaría los pinceles otra vez.
Sin embargo, pasaron casi 10 meses de angustias, decepciones, soledad, vacío y de un montón de sensaciones más que podrían aplicar en esta situación, MI situación , que es propia e incomparable, como lo sería la de cada una de ustedes en circunstancias similares.
Empecé a pintar con pocas expectativas pero sí con el corazón plenamente involucrado en esa tarea sencilla, con una pintura infantil que nunca había realizado. Así fue como surgió la Frida Kahlo niña, y después los famosos Minions.
El camino que recorrí fue un disfrute inesperado, desde el comienzo hasta la pincelada final. Y más feliz fui , cuando al verlos, las sonrisas de mis dos soles iluminaron sus caras.
Ese fue el primer paso.
Después vino el período de las indecisiones. ¿Qué hago? ¿Cómo? ¿Grande o chico? ¿Mucho color o poco?
¿Figurativo o no tanto?
En este devenir pasaron varias semanas, hasta que de repente, como pasa generalmente en estos casos, se hizo la luz.
No más grandes superficies, no más mucho color…
Ahora necesitaba cosas chicas, tamaños que mi corazón pudiera contener y pocos colores; pero sí, mucha tinta y mucho dibujo que me permitieran meterme en él y compartir  un largo tiempo,  brindándole un máximo de atención.
Se acabarían por ahora las grandes telas y los colores cantantes que hacían vibrar mi corazón de alegría. Todo quedaría reducido, menguado, introvertido, como quedé yo después de transitar este camino inesperado que me marcó la vida.
Pero esto es sólo por ahora…Nada es definitivo.
Todo es un ir y venir; el destino juega con nosotros a las escondidas y nos espera a la vuelta de la esquina con una sorpresa cada día.
Todo pasa , dicen… Pero no puede pasar si no pagamos un peaje acorde a las circunstancias que vivimos. Y después de pagar, debemos seguir, porque la vida  siempre huye hacia adelante y nosotros, corriendo para alcanzarla en nuestro apuro cotidiano, no llegamos a disfrutar de las pequeñas cosas que nos ofrece.
Transitemos entonces por la senda que nos marca y lleguemos al final con la seguridad de haberle dado lo mejor, porque en definitiva es para eso que hemos venido y cada uno de nosotros se lo debe a cambio del hermoso regalo de vivir. 

Susana Stazzone






El vals del adiós

Ana era una niña muy humilde y solidaria que vivía en un pueblito muy pobre llamado Río Tranquilo. Este pueblito estaba situado a orillas de un río que justamente por ser tan tranquilo le daba el nombre. Allí vivían solamente doscientas personas que trabajaban en el campo de sol a sol para poder subsistir. La vida no era fácil para ellos, los chicos ayudaban a sus padres y por supuesto no podían ir a la escuela la cual quedaba muy lejos.

    Todas las tardes, cuando las tareas terminaban, Ana reunía a todos los chicos en su casa y les enseñaba como podía a leer y escribir, ella contaba con 15 años  y había tenido la suerte de concurrir a la escuela.

     Ana también ayudaba en su casa, pero tenía un sueño, quería estudiar piano, quería ser una gran pianista. ¿Cómo podía ser eso? si en Río Tranquilo nunca se escuchaba nada, solo el sonido de las herramientas en el campo.

     Sucedió una tarde de verano, hacía ya dos años, el calor era intenso. Ana, cansada se sentó a orillas del río y escuchando el leve sonido del agua combinado con el que producían las herramientas se durmió. Se durmió y soñó.

     En ese sueño comenzó a escuchar una hermosa melodía, desconocida para ella, esa melodía sonaba en un gigantesco piano de cola, el pianista tocaba prodigiosamente un vals muy triste pero muy romántico.

    De pronto... un pájaro comenzó a cantar y la despertó. Se sintió rara pero feliz, había conocido en sueños la melodía más hermosa nunca escuchada.

    Así fue como descubrió su amor por la música, el cual estaba muy oculto dentro de su ser.

    Un día como tantos, Ana estaba trabajando con los chicos y pasó un camión con una noticia: Un pianista venía al pueblo. Ana no podía reaccionar, se colmó de felicidad y empezó a saltar de alegría, todos la miraban sin entender.
...Llegó el gran día, todo el pueblo estaba preparado para recibir al pianista y asistir al concierto. Ana en primera fila, por supuesto no había teatro, cada uno tomó una silla y se fueron ubicando en un terreno alrededor del hermoso piano de cola que habían traído especialmente. Y... por fin comenzó, el silencio profundo se convirtió en un ferviente aplauso. Ana estallaba de alegría, el pianista se ubicó y comenzó a tocar el Vals del Adios de Federico Chopin. Ana se paralizó, era la melodía que había escuchado en su sueño. Lloró de emoción y alegría.

   Cuando todo terminó, se acercó a saludarlo timidamente, él la miró y le preguntó_¿A vos te gusta la música? _Si, contestó ella, y se animó_ Me gustaría mucho aprender a tocar. El la miró, le dio un papel y se fue.
   Qué decía ese papel? En la ciudad, que quedaba muy lejos había un conservatorio y éste ofrecía un beca para estudiar. Ana enloquecida fue a su casa y se lo dijo a sus padres, estos ni lo pensaron. Al otro día todo estaba listo y el viaje comenzó.

   Ana estudió día y noche, recorrió el mundo y volvió a su pueblo, tocó en el mismo lugar, y.. entre el público estaba el pianista, escuchándola, orgulloso de su talentosa alumna.

   Y todo fue gracias a un sueño en el cual Ana descubrió su vocación y a Federico Chopin.

Cristina Quarella






El peligro del tiempo

En el lejano recuerdo de la felicidad una persona suele quedarse. Visita aquellos recuerdos frecuentemente como un fantasma queriendo volver a la vida. El Dios cronos devora todo con su paso.
El tiempo avanza inevitablemente destruyendo cada momento de la vida.
Me quedo en el pasado. No me importa el futuro. Nisiquiera el presente.
No hay esperanza al avance de las horas.

Brian Lavedova