Revista Viajero Nro. 152 - Mayo 2020

 


Se fue


Se fue y quedaron sueños.
Se fue y quedaron proyectos.
Se fue y quedaron truncas muchas cosas.
Se fue y se extraña.
Al recuerdo triste de tu sonrisa,
al recuerdo amable de tus abrazos,
al recuerdo inconfundible de tu enojo.
A esos no le ganarás jamás.
Tan débil es un instante.
Tan sordo el silencio.
Tan desesperados los besos
y tan frío el verano.
Cómo no es un mal sueño.
Cómo seguir. Cómo.
Solo vi tu foto y no queda
más que escribir y llorar.


Jonatan














La espera


Los alumnos estaban inquietos, el profesor no llegaba, hacía ya un año que había tomado esa cátedra y siempre llegaba tarde, pero ese día no tenían noticias de él, no había avisado como era su costumbre.
   Guillermo Palacios era profesor de historia y daba clases en un colegio secundario de Pehuajó, Pcia de Buenos Aires. Él siempre acudía tarde a sus clases provocando las molestias de sus alumnos, compañeros, y autoridades del colegio, no podía solucionarlo, se había hecho una costumbre. Todo se atrasaba, y muchas veces se tenían que quedar después de hora para cumplir con la clase, pues los otros profesores adelantaban las horas y la de historia pasaba para el final de la jornada.
   Nadie sabía por qué Guillermo llegaba tarde, sin embargo, lo esperaban igual, sus clases eran admirables, sus explicaciones llevaban a sus alumnos a otras épocas, a lugares lejanos y creaban un clima como si realmente estuvieran viviendo las situaciones que escuchaban.
   Ya eran las 12hs y nada, habían pasado toda la mañana inquietos y casi sin escuchar a los otros profesores que parecían no preocuparse por lo que estaba pasando.
   Alicia, una de las alumnas del curso, tomó la palabra __Chicos! qué pasa, nos vamos a quedar sin hacer nada? El profesor Palacios no llegó, algo tiene que haber pasado.  __Silencio! exclamó el profesor de matemática, esto no es asunto de ustedes, sigan con los ejercicios. __Pero profesor, replicó Alicia, esto ya nos está alarmando, en un año el profesor Palacios nunca faltó. __Bueno, contestó el profesor de matemática, alguna vez puede ser la primera. Y siguió con la clase.
   Suena el timbre, eran las 13hs, hora de salida. Todos comenzaron a retirarse, menos Alicia. __Qué pasa? le preguntó Fernando, te vas a quedar? __Si, contestó Alicia, yo lo voy a esperar. __Bueno, te acompaño, dijo Fernando.
   Y ahí se quedaron los dos chicos, sentados en sus bancos, pasaron las horas, llegó otro curso a ocupar el salón, ni se dieron cuenta que ellos estaban allí, la indiferencia era total.
   Pasó la tarde, se retiraron todos, Alicia y Fernando, firmes esperando a su profesor. Comenzó a oscurecer, cerraron el colegio y nada pasaba, nadie revisó las aulas, todo quedó en silencio.
   Y ahora? preguntó Fernando, qué hacemos? __Nada, dijo Alicia, seguir esperando.   De pronto el sueño los venció y se quedaron dormidos. Pasó una hora  y un fuerte portazo los despertó. Sorprendidos levantaron la cabeza y vieron al profesor Palacios corriendo hacia el escritorio y acomodar sus cosas. __Pero profesor, dijo Alicia, qué hace a esta hora?, son las 12 de la noche. __Hola chicos! contestó el profesor se me hizo muy tarde hoy, empezamos? __Estamos nosotros solos! exclamó Fernando y... no hay clases de madrugada. __Y cuál es el problema?, a mi me desalojaron, estuve todo el día buscando un lugar donde vivir, por suerte lo encontré y vengo a cumplir con mi trabajo. Gracias por esperarme. Gracias por preocuparse, fueron los únicos, en honor a eso les daré mi clase, y aunque siga llegando tarde sé que ustedes me van a esperar __Y así sin más palabras comenzó con el tema del día.















Con aire de París


Y es así, no todo lo que brilla es de marfil
Y podrás decir, que la luna solo te hará reír
Pero al fin, tus ojos ciegos dormirán en un infierno ruin
Y que serán cristal disfrazado de rubí. 

Y buscaras allí...
en los brazos de algún burgués Rasputín
la alquimia de ser feliz, 
pero será quien te dará besos de copetín 
y corazón de aserrín, en las noches serás
“dame de compagnie” y “bon appétit”.
Cuando la tormenta asome, será el primero en huir.

Carnavales jocosos y fiebre de budín
Pasatiempos mimosos signo de comodín
El fuego quema todo y el sabor de mentir,
que ayer eras su tesoro más valioso y febril
Pero sos el juguete del ático que nunca se jugó por ti

Bocas de ceamse y lenguas de samurai
Hiriente de buenos modales como frío de bisturí
Te pintarán paraísos deliciosos, de un triste film,
al decirte: no es caballo galopante para ti
Mientras seguirás aseando boñigas de un rocín Pastoril

Cuando empieces a ver el ocaso morir
y el agua del río fluya cada cual su caudal, ahí...
Comprenderás cual es la causa de vivir
y sentir, el sabor amargo de sufrir.

Y muchas abejas azotarán la colmena -oid-
El zumbido de la tristeza y el tiempo fluir
obnubilada percibiendo un día gris
Mares de aguas Salinas caerá de tu ventana sin fin
Al decir: cuál fue el pecado que cometí?

Y quien acorazonado ha de velar por ti,
sin premio alguno, pero muchos sueños por compartir.

Victor Salinas
Fb: Víctor Salinas
Ig: poeta.paranoico














La figura


Esperaba el colectivo, en la misma parada, con el mismo deseo de desaparecer bajo el algodón de las sábanas. Había mucha niebla y los cristales de mis lentes no tardaban en empañarse. Todo lo que podía ver eran siluetas en el desamparo de aquel otoño en decadencia. En cada rectángulo, que se aproximaba (que crecía y se volvía más diáfano hasta conseguir la forma definitiva), radicaba toda la esperanza. Estiraba el brazo y cada dedo en el intento de dar con la figura correcta. Así pasaron camiones, combis y otros vehículos portentosos, cuyos habitantes me miraban con una mofa fugaz al dejarme atrás, tan desamparado como el resto del paisaje.
Durante más de media hora permanecí clavado en las entrañas de aquella niebla, que se volvía más gruesa y profunda, que se parecía cada vez más al mar. Sin embargo, no era una criatura del mar la figura que se acercaba desde la esquina. En un principio era una silueta tan difusa como cualquier otra. Al pasar los segundos, se percibía un movimiento elegante e hipnótico. Ya no cabía dudas, fuera lo que fuera, se aproximaba. Con la distancia bastante disminuida, se podía apreciar una radical transformación; parecía pelaje, se distinguía un lomo, una pata tras otra, orejas en punta, un mayor tamaño, el vapor del jadeo y la firme decisión de avanzar hacia mí. Retrocedí apenas, disimulando, observando el entorno con la esperanza de encontrar otra figura humana. Me fui alejando de la parada, cada vez más rápido, sin importar que estuviera haciendo el ridículo y que esa criatura inconclusa no fuera otra cosa que una mala interpretación. A pesar de que ya estaba corriendo a todo pulmón, la distancia no hacía más que acortarse, y lo hizo lo suficiente como para ya casi no tener dudas acerca de lo que era; un tigre de bengala. A los pocos metros me encontraría con la avenida más activa de la ciudad. Corrí y crucé la calle, corrí y no pensé en el aliento agitado que me perseguía.Ya lo sentía sobre mí, lo podía imaginar; yo, intentando escapar hacia los primeros rayos directos del sol, que empezaban a demoler las estructuras de la niebla, y él tirando todo su peso sobre mí espalda, dejándome sin aire para gritar. Por suerte la avenida se abrió ante mí y varias figuras humanas se componían doradas por la benevolencia de la luz solar. Seguí corriendo y llegué a la siguiente parada casi al mismo tiempo que lo hizo el colectivo que tanto había esperado. Desde la ventanilla lo pude ver; estaba quieto en la esquina, parecía desconsolado, cada vez menos tigre, menos figura, una masa indefinida. Aquella pareidolia felina se disipaba en el aire.















Un anillo de oro puro


Silbaba su partida el tren
en la vieja estación del pueblo,
sembrando de adioses el andén
bajo una nube de pañuelos.

Con el corazón oprimido
se despedía un joven viajero,
ante el trémulo brillo
de un par de ojos negros.

-Adiós amor. Volveré.
Me voy buscando un futuro.
Te prometo regresar. Te traeré
un anillo de oro puro.

-Adiós amor. Te esperaré,
pero no tardes demasiado.
Vuelve con el anillo o sin él,
pero regresa a mi lado.

Desnudó el invierno varias veces
a los árboles en las aceras,
y los vistió con ropas verdes
otras tantas la primavera.

Poco cambió en el pueblo
con su paz provinciana,
parió una torre el templo
con un llanto de campanas.

Los niños se hicieron hombres,
los hombres se volvieron viejos,
a las lunas siguieron soles,
a las muertes nacimientos.

Y un día en el mismo tren
volvió rico nuestro viajero,
en busca de aquella mujer
a la que prometió el regreso.

Al golpear la antigua aldaba
de aquel añoso caserón
sentía que se le desbocaba
como un potro el corazón.

-¡Ay mi niña!- le dijo al llorar
la encorvada criada vieja.
-Dicen que murió de enfermedad…
¡Yo sé que murió de tristeza!

Sergio Garione














Detrás de las ventanas


Vemos pasar el mundo detrás de las ventanas. Detrás de la máscara, de los anteojos. El mundo real habita detrás de…Y no lo podemos tocar, así literalmente. Nos lleva a pensar cuántas veces nos la pasamos mirando vidrieras en la vida, ¿no? Mirando la vidriera de la vida del otro, creyendo que la abundancia de la vida era para él y para nosotros solo quedaba la “ñata contra el vidrio”. Mirando, añorando y postergando lo que nos gustaría hacer cuando llegue “ese día” y resulta que… ese día no llegaba nunca. Quizás no nos sorprenda tanto este momento en que tenemos que mirar el mundo a través de la ventana, los afectos detrás de la pantalla del celular. Tal vez, hace mucho que ya veníamos en cuarentena, mirando la vida por la ventana por miedo a vivir. A lo mejor, este “distanciamiento” acorte la distancia que media entre el deseo y la acción y nos despierte ¿no?...
























Y hoy aquí, ya miro las paredes con desgano, 
pero salgo a mi patio y el sol me abriga y el espanto se apaga al mirar mis plantas. 
Los días hoy se escapan, entre una gran incertidumbre y un gran desasosiego....
Y somos casi un camino y no vemos el final....
Sólo deseamos el abrazo, que ahora se detiene a mirarnos desde un rincón....
Sólo deseamos no hablar de muerte....
Sólo esperamos un día más....
Sólo tenemos el arma del encierro, y un silencio tramposo que nos asusta, que nos descoloca, que nos aterra, y la impotencia de no encontrar la lucha que nos libre de este mal, es lo más doloroso.
Hay un rezo que se oculta en las entrañas pero es lo único que parece darnos un poco de paz. 
Hoy amigo, amiga, yo te digo, por favor no vayas a aflojar!!!!

Inés Massari
10-4-20 














A ti


Yazco en un páramo inhóspito y desierto
pero tu mirada me hace florecer

Languidezco en un intrincado y recóndito laberinto
pero tu boca me susurra la salida

Perezco en un bosque oscuro y enmarañado
pero de tus dedos nace la luz que me ilumina

Porque de ti emanan hacia mí:
las risas, los pájaros, las sutiles fragancias,
el verano, la poesía, las flores y la luz

Porque tú alejas de mí:
la angustia, el miedo, los cuervos, las pesadillas, 
la oscuridad, la soledad y las lágrimas de noche

Marta Oliver Santolaya
Madrid, España















Corazón de luna


A esa luna bonita 
trasnochada 
blanca 
que vaga confundida 
por el cielo azul 
de la mañana ... 
¿Alguien le dijo que la noche negra 
ya se puso 
su camisón de estrellas 
y misterios 
y se ha ido a dormir 
con sus amantes ? 
¡Ay luna bonita 
enamorada 
tu corazón y el mío 
desbocados 
cosas de locos hacen 
por su amado! 
Cobijame en tu vientre 
humo plateado 
y llevame hasta el sur 
de cerro y lago.

Marta Emilia Guerra














El Ángel de Alicia


Será una triste Navidad sin papá, murmuró Alicia, abatida, mientras su hermana Nélida la peinaba.
Lo sé, Alicia, pero nuestra madre ha dicho que la guerra terminará muy pronto y papá estará de regreso.
Nélida deseaba que sus palabras no fuesen solo una excusa para tranquilizar a su pequeña hermana, pues sabía que la realidad era muy diferente.
Llevaban tres años en guerra y las cosas no parecían mejorar. Además el invierno era muy crudo y apenas les alcanzaba el dinero que su madre ganaba como lavandera.
Sin dudas no sería una feliz Navidad, pero al menos se tenían las unas a las otras.
Alicia, pensativa dijo:
Antes de partir, papá me ha dicho que todos los niños tenemos un ángel de la guarda, un ángel que nos protege y nos concede peticiones. Yo le pediré que lo traiga de regreso.
Pues eso es lo que debes hacer y ya verás que cuando menos lo esperes, todo volverá a ser como antes.
Una sonrisa feliz se dibujó en el rostro de Alicia y ya más animada le pidió permiso a su hermana para ir a dar un paseo. Al menos ese día no había nevado y el sol brillaba regalando su calor y esplendor.
Nélida asintió con la condición de que no se demorase demasiado, ya que en un par de horas su madre estaría de regreso para celebrar la Nochebuena.
Alicia tomó su abrigo y salió a caminar, pensando en lo que había hablado con su hermana. 
Su padre también le había contado que los ángeles vivían en las nubes y que cuando nacía un niño, Dios elegía a uno de esos angelitos y asignándole la protección de ese niño, lo hacía bajar a la tierra. 
Alicia sabía que tenía un ángel de la guarda, pero jamás lo había visto ni hablado con él. Se preguntó donde se escondería.
De pronto, observó que un niño, de aproximadamente su misma edad, se encontraba sentado en los pies de un árbol, tiritando de frío. 
Vestía harapos y su rostro estaba muy sucio. Alicia se acercó a él.
Hola, mi nombre es Alicia ¿Y el tuyo?
El niño levantó sus grandes ojos azules, muy sorprendido, ya que no estaba acostumbrado a que nadie se acercase a hablarle.
Hola Alicia, mi nombre es Ángel.
Bonito nombre. Dime, ¿qué haces en este lugar, sin abrigo y tan desaliñado?
Adopté los pies de este árbol como mi hogar, sus enormes ramas me protegen un poco de la nieve. No tengo otro lugar donde ir, ni una familia que cuide de mí.
Alicia conmovida ante el relato del niño, le dijo:
Si quieres, puedes venir a pasar la Nochebuena en mi casa. Vivo con mi madre y mi hermana, mi padre se encuentra en estos momentos luchando en la guerra. No encontrarás grandes manjares, pero sí un hogar lleno de amor, en el cual serás bien recibido siempre.
Ángel esbozó una amplia y hermosa sonrisa, tal vez la sonrisa más bonita que jamás haya visto Alicia, pues estaba llena de gratitud.
Eres la primera persona que se preocupa por mí y me gustaría ir a tu hogar, pero no deseo ocasionarte ningún inconveniente con tu familia.
Alicia sabía que su madre no se enfadaría por la invitación, ya que ella y su padre fueron los primeros en enseñarle que siempre se debe ayudar al prójimo. Y así se lo hizo saber a Ángel.
Tal como lo imaginó, una vez en su casa, su hermana y su madre recibieron a Ángel con gran hospitalidad y afecto.
Le hicieron tomar un baño y le dieron ropa limpia.
Como agradecimiento ante tanta gentileza, Ángel les ayudó a poner la mesa, y luego de una agradable cena, las deleitó cantando canciones navideñas con su melodiosa voz.
El reloj marcó las doce de la noche, ya era Navidad, y a falta de obsequios para repartir, se regalaron besos y abrazos.
Antes de ir a dormir, Alicia y su nuevo amigo se quedaron conversando  frente al calor de la chimenea.
El niño le preguntó:
Alicia, ¿cuál sería el mejor regalo navideño que podrían hacerte?
Y Alicia no tuvo que pensar demasiado, su mejor regalo sería tener de regreso a su padre y que la paz volviese a reinar en su país y en el mundo.
Luego Alicia le devolvió la pregunta:
 ¿Y para ti, Ángel, cuál sería tu mejor regalo?
A lo que el niño respondió:
Gracias a ti y a tu familia ya tuve mi mejor regalo, el poder celebrar la Navidad en un hogar con amor.
Alicia, emocionada por la respuesta de Ángel, lo abrazó y le prometió ser su amiga por siempre.
Luego ambos niños fueron a dormir.
Alicia fue la primera en despertarse en la fría mañana de Navidad.
Miró por la ventana y observó que la nieve caía copiosamente.
Luego, sin hacer ruido, fue hacia la sala a encender la chimenea.
Cuando se disponía a preparar el desayuno, sintió que unas suaves manos se posaron sobre su hombro. Pensando que se trataba de Ángel giró sonriente, pero se topó con un hombre mucho más alto que su nuevo amigo, con varios años más que él y con unos ojos que reflejaban cansancio y felicidad a la vez.
En un primer momento, Alicia pensó que se trataba de un espejismo o de un sueño, hasta que el hombre que estaba frente a ella la abrazó y al igual que cuando era pequeña, la alzó y la hizo girar tantas veces que Alicia ya no tuvo mas dudas de que estaba sucediendo realmente ¡Su padre estaba de regreso!  
Al sentir las risas, su madre y su hermana también se levantaron y a partir de ahí, sonrisas, lágrimas de felicidad, abrazos, besos y un sin fin de palabras afectuosas invadieron el humilde hogar.
Una vez calmados, Alicia recordó que Ángel se encontraba durmiendo en la habitación que en otros tiempos había pertenecido a su abuela.
Golpeó suavemente la puerta, pero al no obtener respuesta entró al cuarto.
La cama estaba vacía y no había señales del niño en toda la habitación, solo vio una nota descansando en la almohada.
Alicia la tomó y leyó:
Alicia:
Me ofreciste tu amistad, tu hogar y tu corazón desinteresadamente, demostrando así tu extrema bondad, sin saber, que en realidad te encontrabas ayudando a tu Ángel de la guarda. Como respuesta a tu noble acción, te recompensaré haciendo realidad tu deseo, trayendo a tu padre de regreso y paz en el mundo.
Ahora me marcho, para continuar con mi misión en esta tierra, la de proteger a los niños que requieran de mí.
Si me necesitas, solo debes buscarme dentro de tu corazón.
Con cariño.
Tu Ángel guardián.
Alicia, con lágrimas en los ojos, terminó de leer la carta. 
Sin saberlo, había ayudado a su Ángel de la guarda y él la había ayudado a ella. 
De alguna forma ella también había actuado como Ángel, de su propio Ángel.
La guerra había terminado y su padre estaba de regreso, Alicia no cabía en sí de tanta felicidad. 
Además había aprendido una importante lección, no es Ángel quien posee alas, sino quien te cuida, brinda amor, equilibrio y felicidad, pero también debemos merecerlo, actuando de igual forma,  por lo tanto hay que estar muy atentos, pues uno nunca sabe cuando puede encontrarse con su propio Ángel de la guarda.





















Mate


Mientras terminaba de redactar el último punto del trabajo que tocaba entregar al día siguiente, un ruido extraño proveniente de mi interior llegó hasta mis oídos. Un sonido vibrante que movilizaba mis entrañas y me instaba a ingerir alimento. 
Haciéndole caso a la orden de mi estómago me levanté y caminé hasta la pequeña cocina. Que escrito así parece un paseo por el parque pero en la realidad no fueron más de tres pasos. 
Dejé llenando una vieja pava mientras encendía dos hornallas, una para calentar el agua y la otra como un intento de subir la temperatura dentro del frío monoambiente en el que me encontraba.
Mientras el calor se apoderaba del agua, un recipiente que cabía en mis manos ahuecadas era llenado casi hasta sus terceras partes con hierbas especiales. Siguiendo la costumbre que dicta mi pueblo y en específico la de mi familia, tapé la entrada del recipiente y lo agité, dejando un círculo de polvo verde en mi mano, que sacudí chocando ambas manos repetidas veces. 
Al terminar, usé un repasador para agarrar la pava, y dejar caer agua de a pequeños intervalos.
Lo último para colocar fue la bombilla tapándola con un dedo, con lo cual el ritual quedó finalizado y mi voluntad por terminar el trabajo, renovada.
Tanto el mate como la pava viajaron acompañándome al lugar donde tenía la computadora encendida, expectante luego de varias horas por la finalización del trabajo.















Mírame amor mío


Mírame amor mío,
desde lo profundo de tu mirada
y verás lo que siento por ti,
es demasiado para caber en mí.
Mírame amor mío
y verás que no hay mentiras en mi sentir,
Solo verás la gran ilusión,
de que algún día sientas lo mismo que yo.
Mírame amor mío,
verás en el fondo de mis pupilas
que se dilatan constantemente,
cuando veo tu figura delante de mí.
Mírame amor mío
y verás que no puedo vivir sin tí.
No me avergüenzo rogar que me mires,
porque hoy logré ser correspondida,
por fin nuestras miradas se unieron,
donde en ella te digo cuánto te quiero
y lo que veo en la tuya me pone feliz,
ya que vislumbro un futuro que anhelo.















El profesor


Hacía mucho tiempo que venía pensando en ir a una Academia de costura, entonces invité a mi hermana a que fueramos juntas, así de esa manera nos podíamos consultar y ayudar entre las dos en lo que fuéramos aprendiendo. El curso era acelerado, para coser ropa de niños y para toda la familia.
El profesor era una persona muy agradable, aparentaba ser un honesto padre de familia, pero en realidad no era así en su vida cotidiana. Solamente lo aparentaba delante de sus alumnos. Los alumnos habíamos empezado a sospechar, al escuchar los terribles diálogos que tenía con sus seres queridos, sin entrar nunca en razones para cambiar su forma de vida.
Él estaba involucrado en cosas muy oscuras y tenebrosas, de sus pecados, el deberá pagarlos, cuando la muerte lo separe de este mundo y su familia.

Marta María Nastaly














El café del teatro


Si usted se llega al lugar 
apenas abre la puerta 
lo dejará boquiabierta 
un retrato singular.
Que es muy digno de admirar 
es de la madre Teresa 
fue su vida una proeza 
siempre al humilde ayudaba 
y su amor ella entregaba 
tan pequeña y qué grandeza

En la pared del costado
varios cuadros de famosos
Troilo, Goyeneche y otros
artistas bien preparados. 
Qué bien han representado
nuestra danza popular 
y también podrá encontrar
 todo lo que se ha hecho 
y unas arañas de techo 
para alumbrar el lugar.

Varias mesitas cuadradas 
para cada comensal 
y de forma consensual 
con manteles adornadas.
Se desprende en la jornada 
el perfume de un cortado 
también un sándwich tostado 
quizás un rico guisito 
pastafrola, alfajorcitos 
que lo dejará asombrado.

Aquí lo están esperando 
una pareja preciosa 
es Javier junto a su esposa 
que al teatro la está mandando. 
Viviana va suspirando 
para observar una obra 
mientras en la caja, él cobra 
y recauda lo del día 
que los llena de alegría 
ya no viven con zozobra.

Olga Antognoli de Gaffoglio 
Julio de 2015

Revista Viajero Nro. 151 - Abril de 2020


Sembrando unidad


Y sucedió. Por fin sucedió.
Aquel viejo anhelo de la mayoría se concretó finalmente. Sueños y una justificada esperanza, hoy una realidad tangible.
Límites que se esfuman y la unión de destinos sin fronteras. La utopía, como una fruta que tardó milenios en madurar, cae del árbol y nos visita. Y la utopía deja de ser.
...
Reflexivas banderas que, enlazadas, abandonan luchas históricas. Enfrentamientos estériles.
Guerras, por nada. Sangre, por todo.
Por poseer más. Por no ser menos.
Por la ambición de ser el más poderoso. Insaciablemente ambicioso. Hasta aplastar al otro. Dominarlo. Esclavizarlo, de ser posible.
Así, desde siempre. Pasos, siempre fallidos y muchos de ellos, avergonzantes.
Mientras el hombre sigue su tarea autodestructiva, un puñado de seres indispensables sembró semillas de amistad.
Seres que se aliaron a la armonía y buscaron suelo fértil para que prospere la idea.
Y aunando fuerzas torcieron el rumbo ahuyentando el inevitable destino: el abismo....
Y las semillas germinaron.
Y los frutos se sucedieron.
Y los poderosos se pusieron en la piel de los débiles.
Y los débiles se dieron cuenta que unidos eran poderosos, pero ya no había necesidad de usar la fuerza.
...
Y le quitaron las telarañas a la sensatez, a la razón.
Espantados, espantaron el dolor.
Aterrados, se alejaron del terror.
De desalmados a desarmados.
De desesperarse a desperezarse.
Y al remover la tierra del desdén, nuestra maltratada gran aldea se vistió de un manto multicolor. Que cubrió a todos por igual; sin diferencias. Sin indiferencias.
...
Una inmensa granja con fatigados labradores que crearon surcos de paz, parcelas de ilusión.
Semillas frágiles que demandan unidad.
Embanderan el campo.
Lo tapizan con esperanza.
Izan una sola bandera: La de todos, la de la vida.
Y apuestan a ella.
Enaltecen valores.
Los reivindican.
...
Y creen en un fruto posible: el futuro.
Y la cosecha jamás fue tan fructífera.

Alejandro Costas
Ig: ale_costas1









Bosquejo de un encuentro


_Cuánta ansiedad me produce pensar en que pronto te habré de ver, para así en tus orillas mis nostalgias más grandes verter; disfrutándote, como en los viejos tiempos que posando en tus bordes habrán de volver.
_Sos magia, encanto y el hechizo que me hace contener, en la vasija de mis sensaciones la alegría más soberana que no puedo esconder.
_Te pienso y te sueño en la lejanía, esa que me quita el poder, que me hace fuerte para dejar de extrañar lo que no puedo tener: el abrigo cálido del sol que en tus parajes sale en cada amanecer.
_Cuento los días del año que habrán de nacer,  para partir con las valijas repletas de poesías que te habré de leer... porque han sido muchas que he tenido la fortuna de poder componer.
_Es el encuentro más efusivo que con anticipación me pongo a tejer; esperando que por todas las puertas de tus riberas pueda  acceder.
_Habrás de darme lo que ningún otro firmamento lo podrá hacer: "los recuerdos aquellos" que en el baúl de tus latidos los guardás con placer.

Claudia Ortiz
formosita1983@gmail.com









Un mundo pequeño


El mundo se hizo más pequeño,
se redujo a los confines de tu casa,
te confronta con las limitaciones del cuerpo,
está cada vez más cerca de tu espíritu,
pretende hacernos tomar conciencia de que
no somos tan "eternos", ni tan grandes, ni tan superiores, ...
Tomó el control de nuestras vidas a través de una
de sus más pequeñas creaciones.
¡Qué imbéciles los acumuladores de poder y riqueza,
los soberbios, etc!
¡Qué pequeños todos!
¡Velando por vivir un momento qué, además de prestado,
ya se acabó, sin que nos demos cuenta!

Dojo









El perro milagroso de la calle Moyano


Corría el año 1985 en Río Grande.
Los chicos del barrio nos dedicábamos al fútbol y a las bicicletas.
En ese tiempo, casi en la esquina de Moyano y Brown, se mudó una familia chaqueña. El matrimonio tenía dos hijos: uno de nuestra edad (más o menos seis años) y un bebé de brazos. Con ellos vivía también la abuela, que era muy anciana. La madre de los chicos era una morocha muy simpática, y el padre era policía.
En la misma semana que ellos se mudaron, apareció por las calles del barrio, un perro grandote, totalmente negro y con el pelo corto, huraño con los adultos y cariñoso con los niños. Obviamente fue bautizado como el negro.
Todos los chicos del barrio le llevábamos comida a escondidas. Las madres no querían que nos acercáramos a él por su feroz aspecto.
El chaqueño estaba poco en su casa y cuando estaba, no estaba sobrio.
El muchacho se sumó a nuestros partidos de fútbol y demostró tener mucha habilidad para diseñar las casitas que hacíamos con pallets y otras basuras de las fábricas. Rápidamente se ganó la amistad de todo el barrio.
Cuando la abuela se dejaba ver, siempre con un rosario entre las manos, toda la familia se apuraba a meterla nuevamente en la casa porque se notaba que tenía el cráneo un poco demente.
Una tarde ventosa de verano, mientras el matrimonio discutía acaloradamente en la vereda, vimos que el negro olfateó algo, cambió la expresión de su rostro, y como un tiro saltó rompiendo una ventana para meterse en el interior de la casa. El padre, desesperado, salió atrás del perro. Al llegar a la habitación del más pequeño, vio al canino con el hocico lleno de sangre y espuma, respirando con furia sobre la cuna del bebé. No sabemos si llegó a imaginar los pequeños miembros del infante despedazados o el rostro arrancado por los colmillos. Sacó el revólver y le disparó en la cabeza.
En ese momento ya todos habíamos entrado en la casa y el aire se congeló cuando escuchamos el llanto del bebé que se había despertado por la detonación. Al mirar la cuna vimos al pequeño sano y salvo, y a su costado, una enorme rata destripada por nuestro buen amigo. El padre se agarró los pocos pelos que le quedaban y dejó el arma en el suelo cuando se percató del error.
Los esposos, para estar seguros, decidieron llevar al bebé al hospital, por si era necesario vacunarlo o tomar ciertas precauciones en caso de que la rata lo hubiera mordido.
En el apuro se olvidaron de la abuela o no les importó. Ella salió de la casa y volvió, a la media hora, con una botella de agua bendita, unas hostias y una especie de mantel (luego supimos que lo había robado del altar de la Capilla Virgen del Carmen). Nos pidió ayuda y envolvió al perro con el mantel como si fuera una mortaja, lo bautizó y le colocó en la boca ¨el cuerpo de Cristo¨. Para ese momento, por el estruendo del disparo, ya hacía un rato largo que varias madres se habían acercado a la casilla, pero ninguna pudo disuadir a la anciana de que abandone la extraña ceremonia.
Guiados por la vieja, entre cuatro muchachos lo cargamos para llevarlo al patio. Al llegar, comenzamos a cavar un pozo para darle cristiana sepultura a los restos del héroe.
Unos meses después, la madre murió de cáncer y la abuela terminó en un hogar de ancianos, totalmente ida. Al padre lo despidieron de la policía por corrupto, y se volvió con sus hijos al Chaco.
Sobre la tumba del perro crecieron flores y durante años fue un lugar que visitaron madres desesperadas con sus hijos enfermos. Varios chicos, después de que los acostaron sobre la tierra que tapaba los restos del perro, se curaron.
Muchos inviernos después, construyeron una casa sobre la tumba y hoy casi nadie se acuerda de la historia del perro.
A veces, cuando salgo de los bares pateando piedras y camino por Moyano, escucho los aullidos y sé que está bien, que el negro sigue ahí, para cuidar a los más indefensos.

Fede Rodríguez
Publicado en el portal El Rompehielos, 2018










La amante


Marguerite Duras nació el 4 de abril de 1914 en Indochina.
En 1932 se trasladó a París, para estudiar derecho, matemáticas y ciencias políticas.
A su primera obra, “La impudicia”, le siguieron más de veinte novelas, guiones cinematográficos y otros textos dramáticos.  Entre ellos,  “Moderato cantábile”,  “El vicecónsul”,  “Los ojos azules pelo negro”,  “Los caballitos de Tarquinia”,  “El amor”,  “Destruir, dice” y “Un dique contra el Pacífico”.
Tras una profunda crisis psíquica marcada por el alcoholismo, escribió tres obras fundamentales, “El hombre sentado en el pasillo”, “El mal de la muerte” y “El amante”, célebre novela con la que obtuvo el Premio Goncourt,  y llegó al cine para convertirse en éxito mundial.

Ella dijo: 
“No sé qué es un libro. Nadie lo sabe. Pero cuando hay uno, lo sabemos.”

La lectura de su obra nos permite comprender esta sentencia, advertir el concepto de libro.
Marguerite es una escritora de historias extrañas.   Secretos y demás distorsiones. 
Sin explicarnos nada, impone el suspenso necesario para que ignoremos qué será capaz de escribir acto seguido.
Nos enseñó a respirar con la ligereza de sus oraciones, donde el silencio pesa tanto como la palabra.
Marguerite Duras hizo estallar secuencias para morir un 3 de marzo.  Ocurrió en 1996.  En París.  A sus 81 años.

Edité un libro que cierra con una cita suya:

“la muerte, también bautiza”











Ten paciencia


Mañana, solo mañana
Encontraras la dicha
y encontraras la calma
cuando los tuyos comprendan
que los amas con el alma
mas necesitas apoyo 
y necesitas palabras.
Muchos abrazos y besos
Que no comparas con nada 
un ratito de sus tiempos
para escuchar sus andadas.
De una mesa bien completa
donde ninguno faltara,
que el tiempo allí se detenga,
el reloj no caminara, 
que cada uno contara
sus sueños, sus esperanzas,
sus metas, aun tan lejanas,
ni siquiera es importante que las 
Cambiaran mañana,
porque el hoy también existe
y vos también te escucharan
porque estas llena de sueños
de metas y de esperanzas,
ellos crecen, aun no escuchan
ten paciencia.
Mañana, solo mañana.

Stella Maris López










Preludio 


Estoy en el trabajo
con sueño,
no puedo agarrar un legajo
porque quiero escribirte:
dedicarte versos,
describirte con tinta,
ahogarme en estrofas.
Tuyas

Me resisto a quedar muda,
nula, estática
para regalarte un soneto,
reinventarte en un terceto,
reclamarte besos en una cuarteta.
“Ya que voy a reclamar".

Abandóname una tarde
y que surja una oda
o una décima quizás.
Tal vez durante la noche
errante en la soledad,
no logre contener al lápiz

y verás que mi prosa te convierte en deidad.

Marina Aguirre










Existencia


Hacía mucho tiempo que me sentía apenado.
No recuerdo cuándo, ni dónde sucedió, solo confirmo que mi alma buscaba sentimientos, emoción. Una mañana la vi y mis latidos, aquellos que provienen de estar vivo, sonaban como campanadas.
 Ella era estudiante, la conocí al salir de la universidad.
Se pasaba horas en la biblioteca del Congreso o charlando sobre las clases con sus compañeras en la plaza. Fui testigo de cada recorrido, en el ferrocarril y colectivo, hasta en el subte.
Cierto día ella estaba sentada en el muelle, angustiada; de eso sabía porque antes de conocerla había invadido todo mi Ser.
Intenté levantarle el ánimo, quise detener sus lágrimas. Recordé el pañuelo de mi abuelo, estaba en el bolsillo derecho, no pude sacarlo.
 Le dije tantas cosas, busqué su mirada sin éxito. Somos seres humanos, sentimos la energía por ser biológicos. Comprendió, se levantó dando un salto de felicidad, de superación. A lo lejos venían caminando una madre con su niño (tomados de la mano), el nene saludo, devolví la amabilidad. En cuando pasaron al lado mío el pequeño dijo “chau”. Pude observar el rostro aterrorizado de la mujer, preguntó -¿Con quién hablas?

Nahuel Nasgho Gómez










El amor en tiempos de coronavirus.


Él no dejaba de pensar en el último día que se vieron. Volvía una y otra vez a recordar cuando se despidieron en aquella calle cortada. Sin embargo, ahora que reflexionaba, aquella levedad del beso algo le indicaba que estaba acorde con lo que pasaba en estos tiempos de contagios. Claro, era así. Más tarde ella no expresó muy crudamente. De todos modos, él ya lo tenía decidido: era el momento de recluirse por vaya a saberse cuanto tiempo. Y era mejor así, porque aunque hubieran optado por verse, se hubiesen visto ridículos saludándose con los codos y distanciados a un metros el uno del otro; cuando cada encuentro llevaba una carga emocional que hacia apretados los abrazos e intensos los besos. No, era mejor no encontrarse. Solo largas charlas a través del audio, y besos y abrazos "virtuales", hasta que pasen estos tiempos del coronavirus.

Jorge Omar Alonso
La Plata










¿Sueño o realidad?


Eran las nueve de la noche y Malu se estaba acostando. Muy temprano para lo que ella acostumbraba, pero al mediodía siguiente jugaría un partido de hockey en Barra al Viento, una localidad bastante alejada.
Esta era la primera vez que Malu jugaba un partido por el campeonato regional; el entrenador, que era un tipo muy duro y exigente, confió en ella y la designó titular.
De tan emocionada que estaba, Malu no podía dormir, daba vueltas y vueltas en la cama pensando en partido.
Finalmente el cansancio la venció y los sueños se sucedieron unos a otros en una rara mezcla que a la mañana no pudo comprender. Solamente recordaba una larga cabellera rubia envolviéndola y transportándola a través del espacio.
El domingo amaneció lluvioso. El equipo completo de las “Camisetas Rojas”se bajó del bus en el club de Barra al Viento; se cambiaron rapidito, tomaron los palos y salieron al campo, que estaba muy mojado aunque había dejado de llover.
El pequeño estadio estaba lleno de familia y amigos de los 2 bandos; las banderas abundaban y Malu vió una pancarta con su nombre. La sostenían sus compañeros de colegio que al mismo tiempo le gritaban:
¡¡¡¡Vamos Malu!!!!!, y ella emocionada, levantó el brazo para saludarlos.
Comenzó el partido y entre corrida y corrida, golpe y golpe y muchos resbalones ,Malu cortó dos avances del contrario y asistió a una compañera que la metió en el arco.
El primer tiempo termino 1 a 0 , ganando las Camisetas Rojas.
Ya desde el comienzo de la segunda etapa, las rivales empezaron a pegar fuerte porque se veían superadas. Voló un palazo dado con saña y Malu cayó al suelo. No podía levantarse, estaba mareada por el dolor. Pero entonces apareció una hermosa mujer de larga cabellera rubia y alas desplegadas que la envolvió, igual que en su sueño. Se le acercó y con una voz muy dulce le dijo : - Vamos Malu, vos podés hacerlo…..Tomá mi mano y levántate. Y la rozó con su mano muy delicadamente,entonces, un inmenso calor se apoderó del cuerpo de Malu que se puso de pié y le hizo al entrenador  la seña de que continuaba.
Y en la jugada final, le llegó la bocha y de un golpe la metió en el arco.
¡¡Estaban 2 a 0 y eran visitantes!!. La tribuna aplaudía a rabiar y sus compañeras de equipo la abrazaban….
Así terminó el partido. En el vestuario de las Camisetas Rojas todo era alegría. Las chicas no paraban de hablar, algunas reían y otras lloraban de felicidad.
Malu abrió su bolso para guardar el conjunto rojo que había usado durante el partido, y allí vio la cara de la hermosa mujer que le había tendido la mano en el campo de juego. La miraba sonriendo desde lo profundo del bolso y la escuchó diciéndole, como en un sueño nuevamente, que estaría acompañándola en todos los partidos.
Malu estaba segura que se había ganado el puesto de titular y que de ahora en más tendría un hada madrina junto a ella.

Susana Stazzone










Porque sos el amor de mi vida


Porque sos el amor de mi vida
En ella siempre tendrás cabida
Porque nunca te daré salida

Porque sos el amor de mi vida
Te seduciré de por vida
Porque sé que lo nuestro se selló con la simpatía

Porque te elegí para toda la vida
Quiero que nuestra vida perviva
Porque si acaba, lo nuestro termina

Daría mi vida por la tuya
Porque al no darla
Seria perder la mía

Porque sos el amor de mi vida
Te elegí como si no hubiera nadie a quien elegir, la única opción
Como si fueras la única en esta vida

Porque sos el amor de mi vida
Soy uno con vos
Porque siendo dos
Soy un puro desahucio

Porque sos el amor de mi vida
Tu expresión amorosa embalsamaría
Para que perdure y sirva de ejemplo
Hasta el final de los días

Porque sos el amor de mi vida 
Cuantas cosas, amada mía…











Un domingo en el río


Espero con ansiedad llegue el domingo, así como casi todos los domingos en verano, nos íbamos con mi papá, mi mamá y mi hermanita Elena a pasar todo el día en el río, escapando  un poco de los terribles calores, íbamos  en bicicleta, mi  papá muy cargado, mi  mamá llevaba a mi hermanita y yo en otra bicicleta, tomábamos  por el camino blanco, rumbo al río, el camino era de tierra. A medida que pasaban los camiones, camionetas, motos, que pasaban raudamente, terrible polvareda nos iba cubriendo el cuerpo, todos iban a pasar el día al río.
Íbamos muy cargados, con todo para la ensalada ya limpia y lista para condimentar, fruta, pan, agua, lonas para tirarse en el piso, todo para el mate, infaltable, mi papá tenía un calentadorcito a alcohol, en cuanto llegáramos era lo primero que hacía, calentar el agua para el mate que yo le cebaría, por supuesto el me enseño a cebarle mate,una pequeña carpita,como el era maestro Boy Scout tenía varias para cuando se iba de campamento con el grupo de los  chicos, la parrilla, carbón.            
Al llegar íbamos al fondo, o sea pasando El Pejerrey Club, pasando el murallón, muy cerca de lo Sabaleros, acomodábamos todo con mi mamá, mientras yo le cebaba unos mates a mi papá, no se serian muy buenos, pero hacia lo posible para que fueran los mejores mates, luego de haberle cebado muchos mates a mi papá, mi mamá, mi hermanita y yo nos metíamos al agua, cuando todavía se podía, no estaba tan contaminada el agua como ahora, mientras mi papá iba más al fondo, a comprar un sábalo para hacerlo asado a la parrilla, el lugar era con muchos yuyales, casi un bañado, donde viven los pescadores o le dicen también Los Sabaleros, un lugar casi desconocido para la mayoría de las personas, a media mañana ya habían regresado de pescar, sábalos, surubíes, luego de haber estado desde la madrugada pescando, con todos los riesgos que corrían río adentro, por las tormentas y las crecidas, si los llegaba a encontrar un poco desprevenidos, era su pelea diaria para ganarse la vida, el pan para su familia, normalmente muy numerosa, vivían muy precariamente en esa zona del rió, con mucha dignidad y luchadores.
La barca en que salían todos los días cargadas con las redes para pescar, no siempre estaban en buenas condiciones, las mantenían arregladas por ellos mismos como podían, al volver por la mañana con su preciosa pesca, iban en los carros tirados por caballos, para vender los pescados por los barrios, al regresar se dedicaban a poner en condiciones sus redes y sus barcas para el día siguiente, así es la vida de los Sabaleros.
Al regresar mi papa con el pescado ya limpio, lo rociaba con el jugo de varios limones, le ponía sal gruesa dejándolo reposar un buen rato para suavizar su sabor y luego lo colgaba con un gancho de un sauce para que se escurriera un poco, y ya quedaba listo para ponerlo en la parrilla, que se iría asando lentamente, mientras tanto, preparaba la salsa para ponerle al darlo vuelta, con tomate, cebolla, perejil, todo picado chiquito sal, aceite, vinagre, bien mezclado y cuando le ponía encima la salsa se sentía un aroma exquisito, cuando lo hacía en mi casa, no salía ese aroma tan rico tal vez sería por el aire del río y el entorno de la vegetación, y ya se nos habría el apetito a todos, mientras mi mama condimentaba la ensalada   y a comer, así pasábamos el domingo, comiendo, tomando sol, yendo al agua, tomando mate con bizcochuelo que mi mama había hecho con tanto amor, al atardecer a juntar todo y volver a nuestra casa, que hermoso día habíamos pasado y con tan poco éramos felices.
A mis años todavía al recordar esos domingos en río, y mi papá cerca de la parrilla, cuidando el pescado no se quemara, me llega ese aroma tan especial, me dan muchas ganas de volver a saborearlo como entonces, junto al río, recordando esos tiempos tan hermosos, de haber compartido con mi familia en mi niñez, mientras contemplaba como llegaban los Sabaleros, a la orilla de mi río querido, con sus barcas repletas de sábalos.

Marta María Nastaly










Tercermundista…


¿Usted, se ha puesto a pensar que hubiera ocurrido, si esta “Pandemia” (de público conocimiento en el cual nos encontramos en cuarentena) no comenzaba en los países de primer mundo subdesarrollados?
La respuesta más que sencilla. 
Si hubiera sido al revés de ninguna manera estamos preparado, obviamente económicamente, científicamente, tecnológicamente, ni en el área de salud, pero algo mucho más allá de todo eso… socialmente. ¿Si a ellos los sobrepaso en todos sentidos, se imaginan a nosotros?
Como se dice en la jerga callejera: “somos cabezas de termos” y es verdad, lo somos llevando la terquedad a flor de piel. Uno no comprende porque no le paso y piensa que es inmune a todo lo que pase en las películas, pero no, no es una película de Stephen king con Tarantino, es la vida misma y corremos peligros. Somos unos unos lindos y tiernos corderitos en la boca del lobo que no se ve a simple vista, pero esta, se hace sentir.
Por eso, no se acatan las ordenes que nos impone el estado, porque jamás nos importó ni mucho menos nos gustó que nos digan lo que tenemos que hacer, y aparece en primera persona “hago lo que se me dé la gana” pero no entendés que es un riego para vos y para los que te rodean. O también el dicho popular: “aun no nació quien me mande” y lamentablemente si nació hace cientos de años y es un librito que una persona se tomó la molestia de anotar todas las leyes de orden público que receptan los principios sociales, políticos, económicos, morales y religiosos cardinales de una comunidad jurídica cuya existencia prima sobre los intereses individuales o sectoriales. Ósea, que no podés hacer lo que se te de las ganas, si te dicen quédate en tu casa… tienes que cumplirlo.
Ahora bien, muchos más de una vez cometimos errores, a quien no se le quemo alguna vez las tostadas o tomo la última botella de agua de la heladera y no la lleno, o se le hirvió el agua para el mate. Eso son factores vulgares de que no estamos preparados como sociedad y somos las verdaderas pestes, el verdadero veneno de este mundo.
Aplaudo de pie a todas aquellas personas, que si acataron las ordenes y se quedaron en sus casas, a quienes si se preocupan por la integridad humana de los demás. (deseo, que nadie mire crecer las flores desde abajo)
Y a los que vagabundean tomen conciencia, respeten y valoren. Tenemos el diario del lunes en nuestras manos, no desaprovechemos esa oportunidad que Dios nos dio. 

Quédate en casa!!











Encuentra la llave, esta en la palma de los que quieren ver
Bebí de golpe aquellos días de paz
y morí de sed
El deseo después fue simplemente desear poco
y venir otro poco a dejar de pedir
e ir yendo y yendo para dar
Así colme la sed del abismo
y descreí del hombre milagroso
Fui a buscar el bien por
sobre una balumba de sombras
Sin ganarle a ningún otro de por medio
para justificarme
Entonces, encontré una llave

             como nací desnudo
como lo tanto que tengo que hacer conmigo 
mientras tanto y animó a saber quién soy

-No te diré jamás cual es la llave, es tu trabajo-
Solo diré que no necesité distracción después de la distracción
pero sí el afán del hombre del océano
De aquel barco surcando la tormenta
del que corre por correr
del que enciende todas la luces del pensamiento
del espacio justo cuando el alma deja el cuerpo de repente
Alimenté los errores
justo porque nada es en vano
Y sentado en un café
que de esa esquina
hace un universo
usé la llave
            a mis cuarenta y tantos
Así como quien prende un pipa
de un tabaco que sabe al del abuelo
de un pan caliente que recuerda las caricias de mi madre
usé la llave sin temer a los gigantes espectros del disgusto
una osa mayor de navegante,
en curiosidad, que es a quien me debo con todo el tiempo que hay


Allí entendí
entendí lo más importante
entendí de una vez
de que se trata todo esto.

Luciano Calzada

Revista Viajero Nro. 150 - Marzo de 2020



Yo soy; el que soy


Hace tiempo, mucho tiempo
Conocí a un gran Señor
Me hablaba con dulzura
Que impacto mi corazón.

Yo pregunte:
Quien eres señor?
Y él me respondió
Yo soy, el que soy
Que nació y murió
Para darte salvación.

No te olvides nunca de mí
Yo siempre estaré a tu lado
Para darte protección
Y en mis brazos tú estarás
Y siempre te amaré.

Llamame nunca dejes de llamarme, yo soy el
Que soy jesus de nazaret…Jeremías 33:3  33:11

Coca Inchauste
Ezpeleta,quilmes








¿Quién te dice?


No esperés hasta mañana
en el loco mundo de hoy
todo aquello que sentís
no lo calles “gritalo”.
No esperés hasta mañana
prefiero escucharlo hoy
desprolijo y como salga,
mañana quizás no estoy.
Besame siempre, abrazame,
discutamos ¿Por qué no?
y aunque no estemos de acuerdo
acordemos, que es mejor
el seguirlo conversando
pero no mañana ¡hoy!.
Despertame con un beso
un llamado o una flor
no importa cual sea el día
pero si es el de hoy, mejor.
Y esto hacelo con todos.
Mirá siempre alrededor.
Todos esperamos lo mismo
¿O acaso pensás que no?
Con esto quiero decirte
que no seas remolón,
porque antes que el mañana
siempre tenemos el hoy
Y mañana ¿quién te dice?
mañana tal vez no estoy.

Stella Maris López









Por un juego de niños


Eran las 5 de la tarde cuando Federica entró al bar.
Todas las mesas estaban vacías. Sin embargo se quedó parada, buscando donde sentarse. Finalmente, eligió la mesa de siempre; sobre la derecha, al lado de la ventana. Era la mesa que más le gustaba porque a esa hora daba el sol de costado y podía leer sin problemas.
Pero también era la misma mesa que había compartido todas las tardes con Ramiro unos meses atrás, cuando entre café y café hablaban de sus proyectos de vida y él aún no pensaba marcharse hacia nuevos horizontes.
Con su partida, Federica quedó con el corazón helado, los pensamientos vacíos y una gran tristeza.
A pesar de todo, seguía tomando el mismo café, en la misma mesa y en el mismo bar.
Sin embargo algo pasaba esa tarde. No se podía concentrar. Su mente vagaba y recordaba…hasta que las voces de unos niños la sacaron de su letargo.
Los miró de soslayo. Eran dos chiquillos idénticos y atrás de ellos, un hombre joven. Faltaba la mamá.
El bochinche que hacían los mellizos se volvió terrible; corrían entre las mesas y trataban de alcanzarse mientras gritaban y se reían. Fede recordó a sus sobrinos, y sonrió.
El más rubio que usaba lentes, corría hacia ella, mirando hacia atrás para que su hermano no lo alcanzara, y entonces pasó lo inevitable: tropezó con la mesa de Fede. El niño cayó a su lado y los lentes volaron contra la ventana… Y por supuesto, comenzó el llanto, ese llanto que siempre sigue a las grandes diversiones de los chiquilines.
El padre, que había elegido una mesa en las antípodas de la suya, se acercó a grandes trancos llevando de la mano al otro mellizo, más bien arrastrándolo para que no escapara.
Estaba rojo, pero Fede no sabía si era de enojo o de vergüenza.
El rubio de los lentes se abrazó a Federica, mientras seguía llorando con desconsuelo. Era una imagen caótica pero a la cual ella estaba acostumbrada; esto era moneda corriente en su familia.
El padre no sabía como disculparse mientras balbuceaba sobre la falta de la mamá que había muerto cuando nacieron los mellizos.
Después de unos instantes, se recompuso.
-Voy a tener que arreglarlos rápido si no mañana no podrá ir a la escuela.
-Hay una óptica en la mitad de la otra cuadra- le dijo Fede.
-Puedo invitarla con un café para que perdone tantas molestias?
En ese momento Fede clavó la vista en el padre y sintió su mirada sincera y preocupada. El papá y los niños se sentaron en su mesa. El rubio seguía abrazado a Federica, pero ahora mostraba apenas un sollozo, que desapareció cuando llegó el helado de chocolate .
Y la charla fluyó como si fueran viejos conocidos.
Ya eran las 19.30 y el papá debía apurarse para llegar a la óptica . ¿Qué pasó con la hora? ¿Voló?
-¿Tenés tiempo para acompañarnos? le preguntó a Fede.
Ella miró su amplia sonrisa y sus ojos profundos ….
-Sí, vamos  le dijo.
Salieron del bar; él la tomó del brazo para cruzar; el rubio se aferró a su mano y el otro de la mano del padre.
Y Federica después de tanto tiempo sintió que algo nuevo iba a empezar en su vida.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com








Supe ver en la naciente luz
cuellos cansados, ojos tenues condensando horas
viajando en trenes,
de aquí para allá
pequeños autómatas.
Hay tanta confusión entre la gente ¿por qué se tratan así?
Sin movimiento, esperan desplazarse,
con labios profanos no llegan ni a un grito que les vacíe la rabia.

No hay arcos triunfales,
-ojalá en eso estemos de acuerdo-
los humanos se pierden, se someten a la televisión y al vicio;
lloran por una serie, pero no por el mendigo en su puerta porque les repugna.

Hay batallas eternas, pero en general,
son con uno mismo.
Hay muertos sin rostro,
mucha pompa, demasiadas caretas, poco esfuerzo,
torpe optimismo, todo es moneda corriente.

Las calles se abren para caminarlas, eso dicen y la suerte
la bendita suerte sólo existe si la convoco ( no justamente con dinero),
la idiotez abunda, creo que es un patrimonio de la humanidad ,
¡muchas gracias por eso!
- hay que aprender a agradecer-

Tantas sombras sobre el asfalto puedo contar
armaduras del sol, son tan poco transparentes ,
alzando la bandera del amor mientras
entre dientes los prejuicios se riegan como veneno
sobre sus hijos y vecinos.

Por real suerte, quedan las ventanas, los idilios nocturnos,
los amores de primavera que te sacan de quicio,
los cigarrillos  y los secretos para estremecer .

Allí la luz naciente de nuevo
mientras me saco el traje de los sueños
 y empiezo a contar sombras , aunque con las mías ya tenga para rato
sumido en mi más pretenciosa estupidez ,
Que es escribir.

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar








Sin voz


El ocio, permitió que me asomara a un escenario de ficción. Sumergirme en la extrañeza de la atmósfera literaria, para vislumbrar una realidad distinta, más bella, recóndita y cruel: la relectura de “La revolución es un sueño eterno”.
Cuando se intuye el borde del abismo, el círculo parece cerrarse y adentro, no hay casi nada. Solo las palabras que el autor elige para ofrecer verdad a un mundo casi imaginario.  

“Escribo: un tumor me pudre la lengua. Y el tumor que la pudre me asesina con la perversa lentitud de un verdugo de pesadilla.
¿Yo escribí eso, aquí, en Buenos Aires, mientras oía llegar la lluvia, el invierno, la noche? Escribí: mi lengua se pudre. ¿Yo escribí eso, hoy, un día de junio, mientras oía llegar la lluvia, el invierno, la noche?
Y ahora escribo: me llamaron -¿importa cuándo?- el orador de la Revolución.  Escribo: una risa larga y trastornada se enrosca en el vientre de quien fue llamado el orador de la Revolución. Escribo: mi boca no ríe. La podredumbre prohíbe, a mi boca,  la risa.
Yo, Juan José Castelli, que escribí que un tumor me pudre la lengua, ¿sé, todavía, que una risa larga y trastornada cruje en mi vientre, que hoy es la noche de un día de junio,  y que llueve, y que el invierno llega a las puertas de una ciudad que exterminó la utopía pero no su memoria?”

Andrés Rivera, el autor, nació en Buenos Aires en 1928, y falleció el 23 de diciembre de 2016. Ejerció diversos oficios, pero ser escritor, lo convirtió en alguien que conoce como pocos el peso de la palabra, lo que vale una pausa o un silencio. Tuvo dos etapas de trabajo, pero al retomar la escritura en 1982 con “Una lectura de la historia”,  da comienzo a un segundo tiempo de creatividad, el consagratorio.
En 1985 obtuvo el Segundo Premio Municipal de Novela por “En esta dulce tierra”,  y en 1992,  el Premio Nacional de Literatura por “La revolución es un sueño eterno”.
En esta novela, el protagonista es Juan José Castelli, el gran orador de la revolución,  en aquellos días de mayo de 1810. Pero el tiempo transcurre, la enfermedad se instala,  y él,  ya sin voz, queda confinado en su casa, derrotado como político y en el umbral de una muerte segura.
Andrés Rivera aporta un lenguaje de movimiento tan propio, lleno de expresividad y sentido, que su texto establece un código en el que el lector navega, con placidez absoluta.
Bajo un título tan fuerte, tan existencial y doloroso, intrigante, es imposible no hacerse diversas preguntas. Por tal motivo, “La revolución es un sueño eterno”,  merece ser leída y releída. Merece la lectura recurrente, sin culpa, porque refleja parte de nuestra historia. Remite al pasado, pero podría también, ser un objeto futurista.
Cuando se intuye el borde del abismo, el círculo parece cerrarse y adentro, no hay casi nada. Solo las palabras que el autor elige para ofrecer verdad a un mundo casi imaginario.
Porque Andrés Rivera, entre un duelo verbal y un concierto de fragilidades, estudia lo lejano y lo próximo.
Al menos,  pareciera que él,  puede con el desafío.

Liliana Souza
ls.lilianasouza@gmail.com








La vez, que he visto el cielo caer.


En tu ojos, he visto mi alma llorar
Dejando huérfano un paraíso hundido
En un lodoso fango, libre de opresión.

Es clave creer, que una vez me deslumbré
con tu voz suave, antes de conocer tu piel
Pero hay veces, que soy débil en mi mente
y fantasmas desolados se apoderan de mi ser.

Recuerdos que son reliquias.
Y ventanas que mienten un poco
con lujurias, que eran un montón de nada.
No comprometan tu mente y tu alma.

Fuego criollo que despierta tu camposanto
no será mi voluntad quien pueda calmarlo.
Mientras sigo siendo el anfitrión del calvario
Tu caldera estará hirviendo entre papel picado.
(aunque quieras negarlo)

Pero cuando los pájaros se vuelen - allá a lo lejos-
Y el árbol al fin quede quieto…
Sabrás el verdadero valor del viento.

Victor Salinas
victorsalinasliterario8@gmail.com
Fb: Víctor Salinas
Ig: poeta.paranoico

Revista Viajero Nro. 149 - Febrero de 2020



Julieta y su diente perdido


Había una vez una chica, de 7 años que vivía en una granja. A ella se le había caído un diente.  Lo buscó pero solo encontró un mapa que decía “Para recuperarlo hay que pasar a otro mundo”. El portal era un lago mágico que se encontraba en un bosque cercano. Dejó una carta a su familia, y se fue con su gatito. Tomó una bicicleta y partió al bosque.
Al llegar al bosque se puso a llover muy fuerte (por suerte llevaba paraguas). Buscó el lago mágico, y al encontrarlo se metió en el. Desde aquel momento todo fue muy raro.
Había dejado de llover. Al pisar en el fondo del lago se dio cuenta que era muy espeso. Se resbaló intentando salir. Al caerse se manchó las manos y la cara. Entonces se dio cuenta que el lago era de chocolate.
Cuando miró su alrededor vio que todo era diferente. Los árboles eran de chupetines de colores, las ranas que salían del lago, tenían alas de mariposa y podían volar.
De repente observó que un pajarito se comía un chupetín del piso, y cuando se lo terminó, el chupetín volvió a crecer.
La niña jugó con el chocolate, y se dio cuenta que su dedo podía dibujar cosas y todo lo que dibujaba se hacía realidad. Boca arriba en el lago, dibujando en el aire corazones, vio el cielo. El sol era acaramelado (relleno de caramelos), tomó una rama larga, se estiró y tocó el sol que estaba cerca. Al probar un poco de sol dijo “¡Qué rico! ¡Está acaramelado!”.
Un ruido la asustó y pensó “¿Qué es eso?” y vio pasar a un ciervo super veloz. Después vio a un oso y le dijo “¡Hola oso!, ¿Porqué en este mundo no está lloviendo?”. El oso le respondió “En este mundo mágico nunca llueve. Solo cuando…” y se quedó callado.  Julieta dijo “Que raro es este mundo”.
En un momento la niña se dio cuenta que estaba despeinada por caerse en el lago. Sacó su peine de un bolsillo y se puso coqueta. Después se levantó del charco y dijo “¿Dónde está mi gatito?”, miró para todos lados y se puso triste al no encontrarlo. Y automáticamente una nube de lluvia apareció sobre su cabeza. El oso le explicó “Solo llueve cuando estás triste. Para que la lluvia se vaya debes animarte. Yo te ayudaré a buscar a tu gatito”. Esa ayuda del oso puso muy contenta a la niña y la lluvia se fue.
Mientras tanto, en la casa de Julieta, su mamá había despertado y encontró una carta que decía, “Madre, se me ha caído un diente esta noche, encontré un mapa y fui a un lago mágico a buscarlo. Te amo madre. Besitos para todos. Julieta”.
Mientras Julieta y el oso buscaban al gatito vieron pasar a un mapache bebé que les señaló un rastro de pelos de gato. Siguieron las pistas. Al parecer un águila se había comido al gato, pero no le gustó y lo escupió. El oso le dijo a Julieta que mirara hacia arriba. Vio que su gatito venía cayendo por el aire. La niña abrió los brazos y lo atrapó. El oso desapareció de repente. 
La niña se encontró perdida, sola y asustada. Entonces decidió volver al lago. Se metió, pero ya no podía pasar a su mundo otra vez. El mapache bebe le señaló un cartel que decía “Para volver adivina la contraseña”.  La niña vio en el lago un dibujo de una gota gigante. Después de mucho pensar, descubrió que el dibujo era una lágrima, entonces entendió que para volver debía llorar. 
Al llorar se hundió en el lago de chocolate y apareció en su mundo. Allí la esperaban alrededor del lago sus padres rezando. Y vio su diente flotando a su lado. Así descubrió que todos los niños tienen un lago donde quedan los dientes que se les caen. 
Sus padres la abrazaron y todos se pusieron a llorar de felicidad, pero en ese instante…. los tres comenzaron a hundirse y volvieron al mundo mágico. 

Autora: Emma Agustina Galdeman
(7 años)
Ayudante: Madre








El cantar de los eternos


En memoria de mi madre,
Rosa Johana

El Viento que sopla...
y que trae tu recuerdo.
¡Oh, Viento Santo que envuelves este día,
este tiempo en desvelo!

La noche que llega
y tu Presencia aquí está...
El sol que brilla,
el día que se nubla,
y no importa ni como ni cuando
porque vos siempre a mi lado caminás.
Y la LUZ DEL AMOR que nos une,
la ESENCIA que pensó en nosotros
y nuestro INFINITO ABRAZO EN LA ETERNIDAD.

Hoy,
que en mi corazón vuelvo a escuchar tu voz,
vuelvo a ver tu figura...
puedo escuchar las Divinas Melodías
que brotan de tu ALMA,
el Canto Divino que brota de tu SER...
que pasa y traspasa mi vigilia,
mi desvelo,
la noche onírica de cada sueño,
y el latido único de mis ensueños.
¡Es una Melodía Sagrada, Mágica, Eterna!
que llama,
que cuenta,
y que también tiene sus reservas.
Porque quiere que sepa y que comprenda
sobre lo efímero, lo sagrado y lo eterno,
sobre que hay una Vida Nueva
que en UNIDAD DIVINA nos espera.

Erika Luz de Dios
erkabd2008@hotmail.com








Artista


Que es sino
una manera diferente
de percibir la realidad
en algunos.

Otros pueden observar
la belleza de las cosas
y transformarlas
en infinidad de formas.

Están los creativos
Intérpretes, imitadores,
transgresores, idealistas,
activistas y científicos

¿Y por qué no los últimos?
Si quien inventó el by pass
salva más vidas
que las poesías de Alfonsina.

Que injusta es la sociedad
al reconocer a los artistas como tal.
Admirarlos y halagarlos
Poner bandera estética como derecho.

¿Quien puede ser más especial?
Aquel que dedicó su vida
a alimentar pobres
o quien solo dejo óleo seco en un lienzo.

Yo sólo soy poeta
qué puedo decir
Ninguna vida salvo
con estas palabras.

Si, puedo sentirme artista
por estos versos y más
¿pero a quién doy paz?
más que a mí alma.

Nada me hace especial
por descomprimir mi mente
y liberar mis pensamientos
Que destilan con tinta la ansiedad.

Artistas visuales, musicales y de las letras... Gracias por su talento!
Pero especial fue María Teresa
Los demás somos pura vanidad!

Marina Aguirre
anira90@hotmail.com








Elemgasem


En la cultura Tehuelche, Elemgasem es el padre de los animales y de la vida. Mientras soñaba con la cacería perfecta, con sus propias manos pintaba guanacos, choiques y espirales de colores, con sangre y grasa, en las paredes de la cueva donde vivía. Era de gran tamaño, tenía rostro humano, y su piel estaba recubierta por una cáscara muy gruesa, como la coraza de los armadillos, que ningún tehuelche podía romper. En una de esas largas y solitarias noches de invierno, cuando el viento hace que las personas no se entiendan, un grupo de chamanes pensó que Elemgasem había secuestrado una mujer para matarla. Él solo quería mostrarle las hermosas figuras que pintaba con la sangre de los zorrinos. Pidieron al Rayo que los ayude a atravesar su duro cuero. El Rayo, al golpearlo para castigarlo, lo desintegró en el aire, esparciendo sus restos por toda la Patagonia. Los ancianos hablaron con la mujer y, llenos de culpa, comprendieron su error. Por eso, cuando los tehuelches encuentran en sus tierras huesos grandes, los raspan para volverlos polvo, le agregan agua, y se lo dan a beber a los niños para que crezcan sanos, fuertes y buenos como Elemgasem.

Fede Rodríguez
federo23@hotmail.com
Del libro Bestiario de América de Jorge Bernard 
(Editora Cultural Tierra del Fuego, 2017)








Maestro de Yoga


Era una mañana soleada, el pasto rebosante de la humedad matutina, insectos que volaban de aquí hacia allá. Y entre todo esto, el anciano maestro Hogner se movía con la lentitud y solidez de un roble en crecimiento.
Estirando y retrayendo sus extremidades en una danza perfecta, que había repetido ya miles de veces.
Al pasar veinte minutos, el anciano estaba cubierto de pequeñas gotas de sudor, que chocaban unas con otras al resbalar por su cuerpo. A su vez, unas minúsculas perlas comenzaban a aparecer, demostrando su presencia con un débil fulgor anaranjado.
Mientras está danza continuaba, mayores se hacían las perlas naranjas y con mayor cadencia caían las perlas de sudor.
Sin embargo, el maestro no se detenía, continuando segundo a segundo con todos sus movimientos. Cada uno único, pero todos relacionados.
Al pasar la primera hora, apenas sentía ya los músculos, había entrado en un estado en el que era pura voluntad. Con sus ojos cerrados sentía los colores que lo rodeaban apenas como sombras de la luz que parecía surgir de su interior.
El verde brillante que antes lo rodeaba, reflejado en cada planta del lugar, ahora respondía ante él.
El celeste puro del día sin nubes apenas llegaba a resistir para no perder su suave serenidad.
Las tranquilas brisas que transportaban noticias desde lejos, evadían con toda su fuerza el cuerpo del anciano, antes de huir rápidamente, aterrorizadas de que su naturaleza juguetona se viese alterada por aquel anciano, que ya brillaba con una luz propia.
Por fortuna para ellas, este anciano estaba acercándose al final de su danza, mostrando pasos cada vez más fluidos, reservando y soltando energía, dividiéndola, transmitiendo sus movimientos hacia el mundo que lo rodeaba.
En el final llegó con la delicadeza de una gota de agua que resbala por una montaña, de una manera inocente, casi como si no supiera que formaba parte de las pioneras que marcarían el curso de un devastador río.
Tan pronto como dejó de moverse, aquellas perlas naranjas que se habían formado desaparecieron en el aire, esparciendo toda la energía que el anciano había depositado en ellas.
Luego, abrió los ojos, con una calidez similar a la del Sol, quien no solo da calor, sino que nos desvela el mundo con su luz. De esta manera le devolvió los colores a la naturaleza.
El celeste cielo volvió a su serenidad, simulando ser imperturbable, pero cubriéndose de nubes ahora para huir de la escena.
El verde lleno de vida volvió a brillar, ahora más luminoso luego de haberse sentido desaparecer.
La única que no estaba era la brisa, reemplazada por su hermano mayor, el viento, quien ahora corría con velocidad, chocando todo a su paso y llevándose más de un insecto en el aire.

Juan Pablo
juanpabloiaconis@gmail.com

Revista Viajero Nro. 148 - Enero de 2020



Blanca y pura


Blanca y pura exhalas tu fragancia sin pudor
despojándote lentamente
desde tus entrañas olorosas como luz interior
te alzas hacia los cielos
esparciendo tu aroma seductor
tu belleza vas perdiendo lentamente
dejando tu vida, tus recuerdos encendidos
al placer de la noche infiel e incondicional.

Marta Maria Nastaly
nastalymartamaria@hotmail.com








Bello recuerdo se revela
guarida en mis ojos el seno de tu amor
las tardes de siesta
sonidos frescos de esa voz
tacto que eriza la piel
después el disparo levantó un silencio hostigante
y no pude deshacer tu aroma entre mis pellejos
los jazmines marchitaron en lo del florista
el mate, las mañanas entre sábanas, el vaivén de las sombras,
la estampida de besos, el te necesito

al jornal sobre la puerta sin noticias y las musas que se duermen
demasiado tarde después del disparo

mis ojos llenos de secretos tan míos como tuyos -esa es la excepción-
no aceptan excusas
no aceptan desdichas
y aquí las leyes del amor -igual que las de la muerte -
robándonos un poco
un poco tanto como el fuego abrasante sobre un bosque

hay un bello recuerdo, un resumen
que usurero intenta escaparse
del asfalto caliente y el sol de las madrugadas que despiertan
Sin tu imagen sobre un cocktail
dejando marca en mi mesita nocturna
como un canalla
jugando por jugar
En un cementerio
de besos.

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar








Mes de diciembre, 8 de la mañana, don Agustín llegó a la Oficina de Correos de Sauce Azul, levantó la persiana y se dispuso a iniciar su día de trabajo, esperaba ansioso que entrara la gente a enviar sus tarjetas de navidad, pero había un problema, internet había llegado al pueblo y poco a poco todos los habitantes compraron computadoras, celulares, usaban whatsapp para saludarse y el correo cada vez trabajaba menos, nadie mandaba cartas ni tarjetas de navidad.
Don Agustín soñaba con aquellos años en que las colas daban vuelta la esquina, todos querían despachar sus cartas para que llegaran a tiempo el día de navidad.
En eso unos golpes lo despertaron de sus sueños, era Alfonso, el inspector de correos. -Buenos días, dijo, vengo a notificarle que el correo va a cerrar por falta de trabajo, la modernidad nos invadió. -¡No puede ser!, exclamó Don Agustín desesperado, hace cuarenta años que trabajo acá, por favor, le pido un tiempo más. 
-No Agustín, el tiempo se terminó, contestó el inspector, las cosas ya no son como antes, la gente no usa más el correo. -Bueno, pero... alguna solución tiene que haber, dijo don Agustín, no puede desaparecer así como así, y se puso a llorar amargamente.
Don Agustín, don Agustín, ¿qué pasa, por qué llora?, preguntó Alberto, el policía que paraba en la esquina. -Vamos a cerrar el correo, contestó el inspector. -No, ¡no puede ser! gritó Alberto y salió corriendo. No se preocupe don Agustín, ¡esto no va a pasar! gritó.
Pasaron las horas y llegó el momento, Don Agustín bajó la persiana por última vez y muy triste se fue a su casa, apagó todas las luces y se acostó sin comer.
A la mañana siguiente lo despertaron los golpes en la puerta, -¿Quién es, qué pasa?,  gritó asustado. -¡Abra don Agustín!. Era Alberto. -Venga, ¡tiene que abrir el correo ya! -¿Pero cómo? preguntó don Agustín, si se cerró para siempre. -No, no sabe lo que pasó, gritó Alberto.
Don Agustín abrió y salieron corriendo. Cuando llegaron al correo, no lo podían creer, la cola ocupaba toda la manzana. Don Agustín abrió y comenzó a atender mientras preguntaba:  -¿Qué pasó, qué pasó?. Entonce Alberto muy serio le contestó: -¿Sabe qué pasa? se cortó la luz, se rompió un transformador y hasta enero no lo arreglan, ¿qué me dice? Sin electricidad internet no funciona.

Desde ese día el correo retomó sus actividades y nunca más cerró. Y...lo más increíble: nadie supo por qué se rompió el transformador.

Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar








El tesoro más preciado


Era una tarde calurosa en la pequeña ciudad cordobesa de Melizán. El sol había dado de pleno todo el día y recién ahora estaba aflojando.
A las 5 en punto llegó el Lichu.
Tocó el timbre en la casa del Juan y esperó. Esperó un rato largo porque el Juan todavía no se había calzado los botines y tenía que buscar la pelota en el garage.
El Juan era el dueño de la pelota y por lo tanto hasta que él no llegara al campito vecino al colegio, no podían empezar el partido.
El Lichu y el Juan eran compañeros de las prácticas de fútbol que hacían los chicos del colegio todos los martes y sábados. No eran grandes amigos porque estaban en grados distintos, pero se llevaban muy bien. El Lichu estaba ya en sexto y el Juan a pesar de ser muy alto para su edad y parecer mayor, cursaba el quinto.
Al final, el Juan salió y juntos rumbearon hacia la canchita.
Ese sábado jugaban los “grandes”: la 1ra de Melizán y la de Salvequia. Los dos estaban luchando por la punta del campeonato y el ascenso a la “C”.
Se sabía que la hinchada del visitante era brava, muy conocidos por ser revoltosos y bravucones, pero como jugaban lejos del campito, nadie estaba preocupado.
Los chicos ya estaban a tres cuadras de la canchita; iban charlando de los lesionados que tenían, de cómo iba a formar el equipo el maestro Ramirez, que era el entrenador… cuando vieron parar en la esquina un camión lleno de hinchas de Salvequia con banderas y bombos. 
Y entonces uno les gritó:
-¡Che, ustedes mocosos, a que les sacamos la pelota y nos la llevamos!-
El Juan agarró fuerte la bolsa de red que contenía el preciado tesoro y lo apretó junto a su cuerpo.
-Estamos fritos, qué hacemos?- le dijo el Lichu.
No tuvieron tiempo para nada porque les vinieron los hinchas de Salvequia de frente.
El Juan trató de defender la pelota escondiéndola debajo de la camiseta, pero los vándalos se acercaron rápido y empezó la pelea. El Lichu se le puso adelante del Juan tratando de cubrirlo. 
¡Qué pelea tan despareja! Los muchachos fueron golpeados y pateados, sin embargo el Juan seguía con la pelota debajo de la remera y no la largaba y el Lichu repartía los golpes que podía pero era mucho más lo que recibía que lo que daba.
Cuando ya casi estaban vencidos, se escuchó la sirena de la policía.
Los de Salvequia corrieron hacia el camión y huyeron con la policía detrás.
Los dos muchachitos quedaron magullados, con algunas marcas y chichones, pero los dos miraron la bolsa de red con la pelota.
La habían defendido con el cuerpo y con el alma. Y se sentían orgullosos.
Ahí llegaban corriendo los otros integrantes del equipo que se habían enterado de lo que estaba pasando.
Al Juan y al Lichu los levantaron en andas mientras todos reían, aplaudían y se abrazaban.
La pelota seguía con ellos; era el trofeo más grande y querido que podían tener.
Y así llegaron al campito, con los chicos aún en andas.
El Juan y el Lichu se miraron y sonrieron.
Había nacido entre ellos un lazo tan fuerte que perduraría a través de los años, porque ahora estarían unidos no sólo por la amistad, sino por el amor a la pelota.
Y eso era lo máximo.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com









Son apenas las 6 de la mañana, de un día que se anuncia como un típico dia otoñal. Ella hubiera querido seguir en la cama y así acortar su ansiedad, de la que no podía desprenderse, y que tampoco la dejaba pensar en otra cosa, desde el momento en que acordó con él, fijar el primer encuentro ese día. Pasaron muchos años de la última vez aquella en que se vieron. Ella lo seguía recordando y en su pensamiento, se hacían presentes los momentos vividos en sus años juveniles; hasta que el destino dispuso separarlos. Todo ajeno a sus sueños y su sentir. Pero aquella separación no fue sinónimo de olvido. Por eso la inquietud, ante el hecho de volver a verse no la abandonaba. Se preguntaba si él la reconocería, si volvería a ver aquella sonrisa que nunca olvidó. Como tampoco había olvidado el amor que la unió a él.  Ese encuentro será como traer al presente, los momentos de aquel idilio. Fue hacia la cita en aquel café, con la incógnita del encuentro. Qué le diría al verlo, y cómo le hablaría él. En un momento pensó el volverse, pero ya era tarde. Apuró el tiempo de encontrarse. Al entrar en la cafetería lo buscó con la mirada. No estaba y la angustia fue enorme. Buscó una mesa en un lugar apartado. De pronto se abrió la puerta. Era él, que la buscaba recorriendo el salón con la mirada. Cuando estuvo frente a ella, y vió su sonrisa, sintió que no la había olvidado. Lo mismo que yo, pensó. Las palabras trajeron recuerdos, momentos felices, pero algunos silencios dijeron mucho más. El tiempo transcurrió. Pensó en un nuevo encuentro para decirle cuanto lo esperó. Al final se sentía feliz de saber que el olvido no había podido con aquel amor de juventud.

Jorge Omar Alonso
jorgeomar_alonso@yahoo.com.ar
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