Revista Viajero Nro. 153 - Junio 2020
Días de abril.
Otoño inminente.
No me perderás
aunque me haya demorado.
De sombras he crecido
y voy a resurgir,
cuando tomes mi mano.
Boceto del valor
En los colores del incentivo,
se halla accionado más de un motivo,
por el que el optimismo siempre está activo.
Cuando haya baches lo más efectivo,
es recordar con frenesí que se está vivo;
focalizando en el acto profundo y reflexivo:
de que otros ya son latidos ausentes e inactivos.
Hay que pensar: __que el ímpetu de los tropiezos son furtivos;
que la audacia del desánimo no debe ser lesivo...
¡Hay que disfrutar de la vida al máximo más aún cuando tenga gestos afectivos!
Se tiene que ser entusiasta y festivo,
ante la desazón que tiene más de un propósito nocivo.
Que el discurso a la tenacidad más alusivo,
sea aquel que nos haga permisivos,
pero a la vez alerta e inquisitivo...
ante el alud del fracaso cuando sea soberbio e intempestivo.
Si la persistencia es colosa los resultados cálidos van a ser masivos,
y las caídas pasarán a ser parte de la fragilidad de los momentos depresivos.
Se debe dar cauce al coraje, de ser necesario mantenerlo cautivo;
así cuando se proceda a sembrar se logre luego los mejores cultivos;
para que desde lo abisal del alma sean como adhesivos.
Claudia Ortiz
Poema
María M. Stanganello
El funeral
Iba camino de un campo de trabajo en Finlandia en un pueblecito cerca de Laponia. Tomé el tren nocturno desde Helsinki y debía llegar a mi destino a las 6,00 h de la mañana. Como no confiaba en permanecer despierta, ya que había estado viviendo la animación nocturna de Helsinki varias noches seguidas, le pedí al revisor que me despertara en mi estación, obteniendo un gruñido por respuesta. Me quedé con la duda de si atendería a mi petición y por si acaso me dispuse a permanecer en vela hasta llegar a mi destino. De todas formas, tampoco mi petición me pareció tan difícil de llevar a cabo, ya que por lo que pude observar, en el tren apenas iríamos una docena de personas. Eso sí de todos los pelajes. Había un par de ejecutivos trajeados, señoras con niños y aspecto de pueblo, con grandes pañuelos atados a la cabeza e innumerables paquetes y maletas que a saber lo que contenían. También se contaban entre los viajeros algunos hombres solitarios con aspecto de trabajar en el campo, grandes de cuerpo y de manos, rubicundos y con las mejillas sonrosadas, no sé si del aire del campo o de ingerir con demasiada frecuencia snap, palabra danesa y sueca para un chupito de una bebida alcohólica fuerte tomada durante una comida o cuando se tercie.
Como no podía ser de otra manera, me quedé dormida y me desperté cerca de las 12,00 h. Cuando pude enterarme de dónde me hallaba, observé con estupor que estaba cerca del círculo polar, ya adentrada en Laponia.
Me bajé en la primera parada con intención de coger un tren de regreso, pero no había ninguno hasta por la noche, así que tuve que asumir pasar todo el día en el pueblecito que me había tocado en suerte.
Salí de la estación sin saber a dónde dirigir mis pasos, cuando pasé por delante de una iglesia con un cementerio aledaño. A lo lejos se divisaba el pueblo, minúsculo, más bien una aldea donde no parecía haber ningún bar o tienda donde refugiarme y pasar el tiempo. El pueblo estaba compuesto de casitas de madera oscura -muchas de ellas con los dinteles y aleros decorados con frisos festoneados, pintados de vivos colores- y rodeado de verdes campos.
Había mucha gente congregada a la entrada de la iglesia, por lo que deduje que debía estar celebrándose algún evento y no muy afortunado, a juzgar por las ropas oscuras de los asistentes. Además, llevaban ropa de abrigo, por lo que el conjunto contrastaba rotundamente con mi atuendo: pantalones cortos, camiseta de tirantes, botas de montaña y una pesada mochila a mis espaldas. En fin, una ropa nada adecuada para esas latitudes, tal y como pude deducir del frío que sentí al bajarme del tren.
Como no tenía nada mejor que hacer y siempre he sido muy “echada pa`lante” me metí en el interior de la iglesia y me dispuse a curiosear. Era toda de madera vista y con muy pocos ornamentos, nada ostentosa, muy distinta de las iglesias que acostumbramos ver.
Dentro había gente también sentada en los bancos y empecé a sentir vergüenza de invadir la intimidad de esas personas en un momento tan delicado, y también de mi aspecto de mochilera.
Me disponía a irme, cuando unos brazos me agarraron y me llevaron al banco de la primera fila, donde me hicieron sentar. Yo no daba crédito y no entendía lo que me decían. Traté de balbucear una excusa en inglés y largarme de allí lo antes posible, pero me di cuenta de que ni hablaban inglés ni estaban dispuestos a dejar que me fuera. En Helsinki la mayoría de la gente habla inglés, pero en los pueblos del norte la cuestión cambia radicalmente y es casi imposible encontrar alguien que hable algo distinto del finés, como pude comprobar en la estación al preguntar por el tren de regreso. Menos mal que había un cartel con los horarios y las estaciones, porque si no me hubiera quedado prisionera en este pueblecito a la espera de algún rescate milagroso. Fue entonces cuando caí en la cuenta de que el revisor no me había despertado, no por malicia o falta de interés por su parte, sino sencillamente porque no me había entendido y tampoco tenía forma de hacérmelo saber.
Dentro de la iglesia, obedientemente colocada en el banco de la primera fila donde me habían sentado, reparé en un marco grande con un lazo negro que se sujetaba con un caballete y contenía la fotografía de un muchacho rubio que sonreía a la cámara con unos dientes desiguales.
Todos me sonreían y abrazaban y desde luego no permitieron que me fuera del puesto que me habían asignado.
Yo cada vez entendía menos la situación. Podía tratarse de un pueblo muy hospitalario, pero ¿en esas circunstancias?...
Me tragué el funeral enterito y después me hicieron acompañarles por un camino que parecía llevaba al pueblo. No sabía qué pensar.
Sin saber cómo, acabé en una casa llena de gente y con comida de todo tipo. Aunque me avergüence decirlo, aproveché la ocasión para tomar unos bocados, puesto que no había desayunado (ni cenado la noche anterior por lo que recordaba) y ya era la hora de la comida.
Allí encontré a un chico de mi edad que chapurreaba algo de mal inglés, y pude enterarme de que estaban muy contentos de que hubiera ido al funeral y que estaban destrozados por el suicidio de GertJhon, que así se llamaba el chico. La causa de su muerte era por desgracia habitual en esas latitudes frías y oscuras. Mi desconcierto iba en aumento mientras seguía devorando sándwiches y ensaladas variadas pero de cuyo contenido no podría dar fe.
Todo quedó explicado al averiguar que GertJhon había estado de Erasmus en España y que había tenido una novia española a la que se sentía muy unido, según les contó, el tiempo que allí estuvo.
No hacía falta ser un genio para deducir que todos pensaban que yo era la novia española y que había viajado expresamente a Finlandia para acudir al funeral.
Mi primer impulso fue deshacer el equívoco inmediatamente, pero después vi cómo me sonreían, la amabilidad con la que me habían tratado y me di cuenta de que les reconfortaba o les ayudaba en algo mi presencia allí en aquel trance.
Después de unos momentos de duda, decidí que lo mejor era que siguieran pensando que su hijo me importaba tanto como para recorrer 3.000 km de distancia. Así, y gracias a la escasa comunicación con la que contábamos, me decidí a representar la farsa de la novia española.
Ya más tranquila con la situación aclarada, me dediqué de lleno a mi papel, ora sonriendo a la familia, ora señalando con pesar y cara de aflicción las innumerables fotos de GertJhon que había dispuestas por toda la casa. Debo confesar que tan de lleno me metí en mi papel y tan teatrera soy, hay que decir que estaba en el grupo de teatro de la universidad, que hasta me permití la licencia de echar unas lágrimas de cocodrilo cuando me pareció que la situación así lo requería.
Les expliqué, a través del chico que medio hablaba inglés, que debía coger el tren nocturno de vuelta a Helsinki y toda la familia me escoltó de vuelta a la estación.
Se prodigaron en besos y abrazos, y yo retomé mi camino rumbo del pueblecito donde estaba mi campo de trabajo, con la sensación del deber cumplido, de haber llevado un pedacito de felicidad a una familia desgarrada por el dolor. Me sentí llena de paz, aunque poco me duró al comprobar que el precio del billete de vuelta era aproximadamente todo el dinero que yo llevaba para pasar el mes en el campo de trabajo. Así que debía decidir entre gastar todo mi dinero y pasar el mes con una mano delante y otras detrás, o colarme en el tren sin billete. Sin dudarlo opté por lo segundo, por lo que me pasé todo el viaje,y toda la noche, unas 6 horas, jugando al gato y al ratón con el revisor. Cuando le veía aparecer yo desaparecía en el lavabo o me iba a la otra punta del tren. Tuvo su gracia y emoción, aunque ya había tenido bastantes emociones en ese día para una buena temporada. Eso me obligó a permanecer toda la noche en vela, pero me ayudó el haber dormido la noche anterior en el tren y el llamado sol de medianoche. Estábamos en julio y el sol no llegaba a ponerse nunca, sino que por la noche su luz era más difusa y tenue pero continuaba iluminándolo todo perfectamente.Era una sensación extraña.
Además, tuve otro percance durante el viaje, y es que tenía una sed terrible, debía ser del atracón de comida que me había pegado. Y cuanto más lo pensaba más me acuciaba la sed. Acudí al servicio, esta vez no con el fin de ocultarme, sino de beber agua, cuando vi un cartel que decía por una vez en perfecto inglés que el agua no era potable. Bueno, me dije a mi misma, por un snap, es decir un chupito, no creo que me pase nada. Y así empecé snap a snap, pero no llegaba a calmarme la sed. Cuando al cabo de un rato seguía con la misma sed y comprobé que no se habían producido nocivos efectos ni en estómago ni en intestinos, comencé a beber a manos llenas, ya sin ningún miramiento.
Suspiré aliviada cuando llegué a mi estación sin contratiempo con el revisor y sin efectos visibles por haber bebido litros y litros de agua no potable. Pero llegaba un día tarde al punto de encuentro donde me debía recoger el personal del campo de trabajo. Sin embargo, di por bien empleado el retraso al recordar las caras sonrientes de los familiares de GertJhon.
Ahora debía enfrentarme a otro problema, cómo llegar al campo de trabajo, cuya ubicación ignoraba por completo.
Me dirigí a la ventanilla de la estación, donde había una señora que por supuesto hablaba perfecto finés y nada más, por lo que tuve que hacer uso de la mímica y de las dotes teatrales antes mencionadas, para señalar el teléfono, poner el pulgar en mi oído y el meñique en mi boca y finalmente juntar las palmas de mis manos a modo de súplica. La señora soltó una parrafada pero entendí perfectamente, porque negaba con la cabeza. Puse mi mejor cara de aflicción, recientemente ensayada por cierto, y logré que se me humedecieran los ojos. Finalmente, la señora levantó la mano en el aire y señaló el teléfono con aire de fastidio. Así logré contactar con el campo de trabajo, estábamos en la era pre móvil, y conseguí que en unas horas vinieran a buscarme.
El tiempo que tuve que esperar me quedé en la estación como una buena chica, y no se me ocurrió ni por un momento acercarme al pueblo y mucho menos a la iglesia. Nunca se sabe lo que puede pasar…
Si pudiese
Si pudiese,
sería tu sol de cada día
para caminar contigo.
Si pudiese,
sería tu luna cada noche, para velar tu sueño
y dormir a tu lado.
Si pudiese,
sería el agua que calma tu sed,
así estaría en tu interior
y no salir jamás de él.
Si pudiese,
sería tu alimento de siempre,
así te mantengas sano
y yo mirarte sin que lo notes.
Si pudiese,
ser los latidos de tu corazón,
así sería la sangre que corre
por tu cuerpo dándote la vida.
Ya no serías un sueño o una ilusión.
Sería mi divina realidad,
Que ansío hace rato tiempo.
Cobraré valor e iré por ti.
Para decirte que te amo
y no me niegues tus sentimientos,
porque tú sabes lo que pienso.
Si puedes, abrazame fuerte amor,
Que yo aferrada a ti. Seré feliz.
Cristina Pesoa
Desierto y encuentro
Te busco en el desierto.
Leo los signos en el aire,
intento escuchar la Voz del Viento.
Descubrí un camino hacia Tu encuentro
para ir debo entrar y no salir.
Y veo una Luz por solo un instante,
plenitud, alegría, saciedad.
Hay instantes que no son trozos de tiempo,
sino muestras de totalidad de eternidad.
Vale la pena el desierto por ese instante.
Está escrito el camino, solo es necesario hacer silencio.
Y en los más profundo y auténtico de mi ser,
nos encontramos… Camino y Yo
Comunidad de amor.
Liliana Araya
La "Nueva Normalidad"
Ahora la "Nueva Normalidad". Era normal subir al micro para ir al centro de la Ciudad; era normal ir a tomar el café de todas las mañanas y leer "La Nación"; era normal charlar con el doctor de la mesa de al lado sobre temas diversos; era normal saludar con un beso a la amable encargada del supermercado y a la cajera aquella con las que siempre se intercalaba una charla o una broma y con quienes se había hecho "amistad"; era normal cenar los fines de semana con los hijos y los nietos; era normal abrazarlos y besarlos; era normal estrechar en un abrazo al amigo o al conocido de tantos años con quienes uno se encontraba; era normal tomar un tren; era normal encontrarnos en un café; era normal cortarse el cabello o comprar ropa y hasta algún perfume, era normal ir a la librería a ver qué buen libro podía llevar. Era normal vivir. La vida era normal, hasta que nos impusieron la "Nueva Normalidad" y todo aquello dejó de ser normal.
Mi taza y yo
Me gusta levantarme temprano todos los días, de domingo a lunes, y poner en práctica mi rutina mañanera.
Entro en la cocina y enchufo la pava eléctrica; mientras tanto, busco la taza que más me gusta, que es una grande con dibujos de lechuzones muy coloridos. Elijo un saquito de la caja de té. Generalmente opto por uno frutado.
El té me gusta medianamente cargado y apenas endulzado, para no perder su sabor.
A la tarde tomo otro té en la oficina, y los fines de semana en algún bar con una amiga.
Pero como este momento del desayuno en casa, no hay otro.
Estamos solas mi taza y yo, y entre las dos organizamos mis actividades.
Yo escribo en mi agenda de bolsillo y ella espera a mi lado a que lentamente consuma su contenido hasta el final.
No hablamos, y eso me gusta.
Simplemente estamos juntas.
Yo solamente la elegí cuando la ví por primera vez, y no hice nada más por ella.
Es la taza con los lechuzones de grandes ojos negros la que me hace compañía mañana tras mañana.
Y son todos ellos los que logran que sea más llevadera mi soledad.
Susana Stazzone

Los caídos
Al hombro llevará kilos de polvo,
sudor fenecido, pico y pala,
hambre de ayer, del invierno pasado
y, lo más importante, el hambre de otros.
Sus pares, tan desvirtuados como él;
embebidos en la peste del alcohol,
en la lujuria barata, siniestra,
llevarán hondas fosas como sombras.
Caerán, como él, bajo la tristeza;
en la indiferencia, en el desamparo,
hasta ser la minúscula, sombría
gota de tinta de una ilustración,
de alguna letra sucumbida, presa,
en las tristes páginas de un libro
Alejo Oliveira
Lo que valen tus ojos…
En la plenitud de un ocaso perfecto,
sobre un acantilado vestido de otoño,
nacerán nuevos vientos.
Es bello un mundo nuevo,
cuando los recuerdos, sólo son recuerdos.
Risas festivas al pie de la ribera,
cuando aguas benditas demuestra su esplendo.
En noches sin lunas, son puras bendición.
El diablo, vestida de princesa.
Sus labios invita a la fábula ilusión.
Ya sin catorce de febreros ni octubres
por quién rezar, hundido en el suave
desencanto de la vida. Y en la metáfora
siempre elegante de la duda, "hipócrita utopía"!
Mucha agua pasará bajo el puente.
(pero no será de cristal, no será de beber).
Danzarás imprudentes melodías
Rumbas y candombes en tristes carnavales.
Ayer fuiste la piel, que alguna vez protegí.
Y siempre habrá un lugar en el corazón
que jamás se olvidará de ti.
Aunque ya no hay nada en esta noche,
más que sombras densas llevan tu nombre.
Todo sueño es eterno cuando el afán es tesoro.
Es candente, es efímero, es todo lo que necesito.
Lo bello de la vida es todo aquello
que pueden ver unos ojos ciegos,
En el cielo, suenan tambores que llaman la alegría.
Y son tan triste los días, que nada puede consagrarlo.
La suerte de una buena carta,
esta abrazada al pie de una Copa rota.
Victor Salinas
Cuando hablo de todo
Sos el todo, de los miles de pedazos que fui encontrando. Sos la ternura de tras de la sonrisa, la comedia de mis risas, el coraje del emprendedor, la admiración de mis ojos, la bondad de tus palabras, la locura de la mente volada, la razón de lo justo y necesario.
Sos el ir y venir de los días agitados y las noches de inspiración, sos el creador de los sueños propios y ajenos.
Y la razón de esta creación.
Intentarlo
Leí por ahí que todos contamos nuestra versión de la historia. Creo que tiene que ver con la última vez que lo intentamos.
Ahora nos está pasando a todos al mismo tiempo, al mundo entero. Volver a salir e intentarlo de vuelta.
Eugenia Cardozo.
Mi cuarto
Isla mía, donde mentes extrañas con su reguero de prejuicios y mendacidades
no pudieron contra la mía, que floreció como en una caja fuerte sin combinación
Sin pedir permiso, sin estrechar la mano a ningún precio.
Siempre con la cerviz erguida, la frente en alto, feliz
porque se hacía a sí misma, sin importarle provocar el sobresalto de lo que estaba tieso.
Mis camisas de la infancia, apiladas, sin usar en el ropero
sin arrugas
porque todavía tienen el mejor apresto
el del amor materno.
Pero! Que felicidad la mía!
Cuanta ignorancia tenía en aquel tiempo.
Si parecía nomas que el corazón solo estaba hecho para ser feliz en todo momento.
En el zaguán de tierra
la cajita de madera de nogal
con canicas de vidrio y metal
¡A jugar, a jugar!
Pero no hay nadie con quien hacerlo, parece que todos se han ido hace mucho tiempo.
Solo queda la resaca de las huellas desprolijas de aquellos niños traviesos
La mesa redonda del comedor
con pedacitos de comida pegada
de almuerzos y cenas
que mi corazón rumea cuando mi presente vital se encarama, arrogante, dañino
para lanzarse, tal cual un orate, con sus manazas al cuello, quitándome así el aliento.
Desde los fondos
los fantasmas de la casa,
cada vez que regreso
me quieren dar definitivo cautiverio.
Porque también ellos, como yo
quieren volver a ser, lo que fueron.
Javier Bueno
Esa rosa es de mi jardín
Rosas frescas
te pido,
pues las de vidrio,
otras me han dado,
y, sin espinas,
igual, las he sufrido.
Rosas, que, aunque secas,
no mueran,
siendo siempre,
resucitadas,
por el amor prohibido.
Rosas, sin perfume de olvido,
eso te pido.
Dojo
El mannequin
Caminando por las calles de mi ciudad, de repente, casi sin darme cuenta, estoy frente al añorado Teatro Municipal de Quilmes. Hace varios años que lo cerraron por refacciones!!!!! Veo algunos albañiles entrando y saliendo con materiales, tirando escombros ¿Qué es lo que pasa? Pregunto!! ¿Qué están haciendo en el teatro? Me contestan que lo están refaccionando. Les pregunto si me permitirían pasar, quisiera ver si encuentro algunas cosas de mis hijas, de cuando hacían teatro ahí. Entro, recorro los pasillos sorteando en el camino maderas, ladrillos, escombros, cal. Todo lleno de polvo. Se me agolpan los recuerdos. Mientras recorro estos lugares tan queridos por mí, por mis hijas, por todas las personas que pasaron por aquí, cada uno haciendo un personaje distinto, cuántos años han pasado, desde que mis nenas comenzaron a estudiar teatro. Acompañarlas a los ensayos, estudiaban tardes enteras sus libretos, mientras yo les cosía la ropa y preparaba todo lo necesario para el día del estreno de la obra.
Luego el gran día, el estreno de la obra teatral. Vestirlas, peinarlas, ver que esté todo bien. Sonia las maquillaba, con toda su dulzura de mujer, con todo su amor hacia todo el elenco, cuántos recuerdos, cuántas horas he pasado aquí dentro acompañando a mis hijas, junto a todo el grupo de teatro.
De repente al pasar junto a una puerta, como si algo mágico me enpujara, entré en el desván. Estaba lleno de cortinas, ropa de todo tipo, zapatos, sombreros, accesorios, bijouterie, toda la utilería del teatro. ¡Esto es lo que estoy buscando! Espero encontrar algunas de las tantas cosas de mis hijas que han quedado aquí. Comienzo a revolver y revolver; de repente aparece entre todas las cosas, un maniquí forrado en fieltro, sin brazos, ni cabeza, pero con unas bellísimas y perfectas piernas.
Pobre maniquí como ha quedado, en cuántas obras habrá estado. Si pudiera hablar, cuántas cosas me diría, cuántos secretos sabrá. Si pudiera hablar, pero pobre, si ya ni cabeza tiene.
Bueno, lo voy a recomponer un poco, lo voy a vestir, lo acomodo bien en el piso. Encontré un hermoso vestido celeste, todo bordado con lentejuelas, luego una chaqueta de terciopelo con mangas largas, un par de guantes de encaje negros, le coloco unos preciosos zapatos, le pongo una pelota de goma como cabeza, un pañuelo al cuello, lo acomodo lo mejor posible, le pinto los ojos, a la boca le pinto una linda sonrisa, le pongo un poco de rubor en los pómulos, unos aros, collares y un gran sombrero. Ya va tomando vida, hasta parece que me hablara, esta resucitando de su largo letargo, de tantos años escondido entre bambalinas, junto con las cosas que le pertenecen a mis hijas, que pienso llevármelas, lo vuelvo a mirar para despedirme, pero no puedo dejarlo ahí, así tirado. Los albañiles seguro lo van a tirar junto con todos los escombros restantes. Qué hago ahora, sus ojos se clavaron en los míos, pidiéndome “por favor llévame contigo, no me dejes aquí”. Entonces me inclino para llevarlo y ¡oh sorpresa!, comienza solo a incorporarse lentamente, como si fuera un robot, me toma la mano, lo sujeto bien, y salimos caminando hacia la calle. Los albañiles no entendían nada, miraban asombrados, la tomo de la mano y salimos caminando.
Marta María Nastaly
Miro la luna
desde mi jardín
Anochece
Te extraño
mi hombre
de ojos negros
de voz dulce
como una melodía
de Richard Clayderman
volando
como palomas mensajeras
por el celeste cielo
cubierto de estrellas
iluminando
mi bello pino
pensando en ti
María Eugenia Morchio Rigaldo
FXF
Hay gente que sueña con su fiesta de quince,
su casamiento, su divorcio,
yo sueño con mi fiesta de despedida.
Si bien ha sido el envase quien
posibilito el abrazo, la mirada,
las caricias y tantas otras emociones,
cuando llegue el momento de dejarlo
quisiera que todo fuera diferente,
y va aquí el pedido a todo aquel
que se haga presente en ese momento.
Habrá emociones, sin duda, pero
me gustaría que cada uno buscara
en sus recuerdos y en lo posible
trajera consigo una foto en la que
estuviera presente; y con ella la
anécdota vivida en ese momento
¡que suene risas! carcajadas, y lágrimas
de alegría por lo vivido, ya que todo
deja una enseñanza y no me arrepiento
de nada, y sé que todo es por algo;
ojalá deje en ustedes agradables y
valiosos recuerdos, ya trabajo a diario
para ser cada día mejor como mujer y
especialmente como madre, hija, hermana,
tía, amiga, compañera, vecina etc.
Volviendo al pedido entonces: no es
que me niegue a las flores, pero si lo desean
pueden cambiar F x F, ósea fotos por flores,
y entre charlas amenas despedirán
mis cenizas con los mejores recuerdos.
¡¡¡Ah!!! No se olviden de que halla
música de la que a mí me gusta
mi voz acompañará seguramente desde
algún rincón, equivocándome con la letra
como de costumbre, y cada una guarde
para los mejores momentos con mucha
felicidad, ya que la lucha por conseguirla
no ha sido fácil.
Hoy soy feliz, se que demuestro lo
que siento a cada uno de ustedes,
por eso confió en que lo van a entender
y para que no parezca cosa de locos
muestren estas líneas en una pizarra
para que quien quiera se acople a
esta fiesta de despedida.
P.D.: De todos modos espero que esta
fiesta se haga esperar muchos
años, y cuando llegue será
por dejar el envoltorio ya que
mi alma, mi ser estará siempre
entre ustedes protegiéndolos.
Stella Maris López
Revista Viajero Nro. 152 - Mayo 2020
Se fue
Se fue y quedaron sueños.
Se fue y quedaron proyectos.
Se fue y quedaron truncas muchas cosas.
Se fue y se extraña.
Al recuerdo triste de tu sonrisa,
al recuerdo amable de tus abrazos,
al recuerdo inconfundible de tu enojo.
A esos no le ganarás jamás.
Tan débil es un instante.
Tan sordo el silencio.
Tan desesperados los besos
y tan frío el verano.
Cómo no es un mal sueño.
Cómo seguir. Cómo.
Solo vi tu foto y no queda
más que escribir y llorar.
Jonatan
La espera
Los alumnos estaban inquietos, el profesor no llegaba, hacía ya un año que había tomado esa cátedra y siempre llegaba tarde, pero ese día no tenían noticias de él, no había avisado como era su costumbre.
Guillermo Palacios era profesor de historia y daba clases en un colegio secundario de Pehuajó, Pcia de Buenos Aires. Él siempre acudía tarde a sus clases provocando las molestias de sus alumnos, compañeros, y autoridades del colegio, no podía solucionarlo, se había hecho una costumbre. Todo se atrasaba, y muchas veces se tenían que quedar después de hora para cumplir con la clase, pues los otros profesores adelantaban las horas y la de historia pasaba para el final de la jornada.
Nadie sabía por qué Guillermo llegaba tarde, sin embargo, lo esperaban igual, sus clases eran admirables, sus explicaciones llevaban a sus alumnos a otras épocas, a lugares lejanos y creaban un clima como si realmente estuvieran viviendo las situaciones que escuchaban.
Ya eran las 12hs y nada, habían pasado toda la mañana inquietos y casi sin escuchar a los otros profesores que parecían no preocuparse por lo que estaba pasando.
Alicia, una de las alumnas del curso, tomó la palabra __Chicos! qué pasa, nos vamos a quedar sin hacer nada? El profesor Palacios no llegó, algo tiene que haber pasado. __Silencio! exclamó el profesor de matemática, esto no es asunto de ustedes, sigan con los ejercicios. __Pero profesor, replicó Alicia, esto ya nos está alarmando, en un año el profesor Palacios nunca faltó. __Bueno, contestó el profesor de matemática, alguna vez puede ser la primera. Y siguió con la clase.
Suena el timbre, eran las 13hs, hora de salida. Todos comenzaron a retirarse, menos Alicia. __Qué pasa? le preguntó Fernando, te vas a quedar? __Si, contestó Alicia, yo lo voy a esperar. __Bueno, te acompaño, dijo Fernando.
Y ahí se quedaron los dos chicos, sentados en sus bancos, pasaron las horas, llegó otro curso a ocupar el salón, ni se dieron cuenta que ellos estaban allí, la indiferencia era total.
Pasó la tarde, se retiraron todos, Alicia y Fernando, firmes esperando a su profesor. Comenzó a oscurecer, cerraron el colegio y nada pasaba, nadie revisó las aulas, todo quedó en silencio.
Y ahora? preguntó Fernando, qué hacemos? __Nada, dijo Alicia, seguir esperando. De pronto el sueño los venció y se quedaron dormidos. Pasó una hora y un fuerte portazo los despertó. Sorprendidos levantaron la cabeza y vieron al profesor Palacios corriendo hacia el escritorio y acomodar sus cosas. __Pero profesor, dijo Alicia, qué hace a esta hora?, son las 12 de la noche. __Hola chicos! contestó el profesor se me hizo muy tarde hoy, empezamos? __Estamos nosotros solos! exclamó Fernando y... no hay clases de madrugada. __Y cuál es el problema?, a mi me desalojaron, estuve todo el día buscando un lugar donde vivir, por suerte lo encontré y vengo a cumplir con mi trabajo. Gracias por esperarme. Gracias por preocuparse, fueron los únicos, en honor a eso les daré mi clase, y aunque siga llegando tarde sé que ustedes me van a esperar __Y así sin más palabras comenzó con el tema del día.
Cristina Quarella
Con aire de París
Y es así, no todo lo que brilla es de marfil
Y podrás decir, que la luna solo te hará reír
Pero al fin, tus ojos ciegos dormirán en un infierno ruin
Y que serán cristal disfrazado de rubí.
Y buscaras allí...
en los brazos de algún burgués Rasputín
la alquimia de ser feliz,
pero será quien te dará besos de copetín
y corazón de aserrín, en las noches serás
“dame de compagnie” y “bon appétit”.
Cuando la tormenta asome, será el primero en huir.
Carnavales jocosos y fiebre de budín
Pasatiempos mimosos signo de comodín
El fuego quema todo y el sabor de mentir,
que ayer eras su tesoro más valioso y febril
Pero sos el juguete del ático que nunca se jugó por ti
Bocas de ceamse y lenguas de samurai
Hiriente de buenos modales como frío de bisturí
Te pintarán paraísos deliciosos, de un triste film,
al decirte: no es caballo galopante para ti
Mientras seguirás aseando boñigas de un rocín Pastoril
Cuando empieces a ver el ocaso morir
y el agua del río fluya cada cual su caudal, ahí...
Comprenderás cual es la causa de vivir
y sentir, el sabor amargo de sufrir.
Y muchas abejas azotarán la colmena -oid-
El zumbido de la tristeza y el tiempo fluir
obnubilada percibiendo un día gris
Mares de aguas Salinas caerá de tu ventana sin fin
Al decir: cuál fue el pecado que cometí?
Y quien acorazonado ha de velar por ti,
sin premio alguno, pero muchos sueños por compartir.
La figura
Esperaba el colectivo, en la misma parada, con el mismo deseo de desaparecer bajo el algodón de las sábanas. Había mucha niebla y los cristales de mis lentes no tardaban en empañarse. Todo lo que podía ver eran siluetas en el desamparo de aquel otoño en decadencia. En cada rectángulo, que se aproximaba (que crecía y se volvía más diáfano hasta conseguir la forma definitiva), radicaba toda la esperanza. Estiraba el brazo y cada dedo en el intento de dar con la figura correcta. Así pasaron camiones, combis y otros vehículos portentosos, cuyos habitantes me miraban con una mofa fugaz al dejarme atrás, tan desamparado como el resto del paisaje.
Durante más de media hora permanecí clavado en las entrañas de aquella niebla, que se volvía más gruesa y profunda, que se parecía cada vez más al mar. Sin embargo, no era una criatura del mar la figura que se acercaba desde la esquina. En un principio era una silueta tan difusa como cualquier otra. Al pasar los segundos, se percibía un movimiento elegante e hipnótico. Ya no cabía dudas, fuera lo que fuera, se aproximaba. Con la distancia bastante disminuida, se podía apreciar una radical transformación; parecía pelaje, se distinguía un lomo, una pata tras otra, orejas en punta, un mayor tamaño, el vapor del jadeo y la firme decisión de avanzar hacia mí. Retrocedí apenas, disimulando, observando el entorno con la esperanza de encontrar otra figura humana. Me fui alejando de la parada, cada vez más rápido, sin importar que estuviera haciendo el ridículo y que esa criatura inconclusa no fuera otra cosa que una mala interpretación. A pesar de que ya estaba corriendo a todo pulmón, la distancia no hacía más que acortarse, y lo hizo lo suficiente como para ya casi no tener dudas acerca de lo que era; un tigre de bengala. A los pocos metros me encontraría con la avenida más activa de la ciudad. Corrí y crucé la calle, corrí y no pensé en el aliento agitado que me perseguía.Ya lo sentía sobre mí, lo podía imaginar; yo, intentando escapar hacia los primeros rayos directos del sol, que empezaban a demoler las estructuras de la niebla, y él tirando todo su peso sobre mí espalda, dejándome sin aire para gritar. Por suerte la avenida se abrió ante mí y varias figuras humanas se componían doradas por la benevolencia de la luz solar. Seguí corriendo y llegué a la siguiente parada casi al mismo tiempo que lo hizo el colectivo que tanto había esperado. Desde la ventanilla lo pude ver; estaba quieto en la esquina, parecía desconsolado, cada vez menos tigre, menos figura, una masa indefinida. Aquella pareidolia felina se disipaba en el aire.
Alejo Oliveira
Un anillo de oro puro
Silbaba su partida el tren
en la vieja estación del pueblo,
sembrando de adioses el andén
bajo una nube de pañuelos.
Con el corazón oprimido
se despedía un joven viajero,
ante el trémulo brillo
de un par de ojos negros.
-Adiós amor. Volveré.
Me voy buscando un futuro.
Te prometo regresar. Te traeré
un anillo de oro puro.
-Adiós amor. Te esperaré,
pero no tardes demasiado.
Vuelve con el anillo o sin él,
pero regresa a mi lado.
Desnudó el invierno varias veces
a los árboles en las aceras,
y los vistió con ropas verdes
otras tantas la primavera.
Poco cambió en el pueblo
con su paz provinciana,
parió una torre el templo
con un llanto de campanas.
Los niños se hicieron hombres,
los hombres se volvieron viejos,
a las lunas siguieron soles,
a las muertes nacimientos.
Y un día en el mismo tren
volvió rico nuestro viajero,
en busca de aquella mujer
a la que prometió el regreso.
Al golpear la antigua aldaba
de aquel añoso caserón
sentía que se le desbocaba
como un potro el corazón.
-¡Ay mi niña!- le dijo al llorar
la encorvada criada vieja.
-Dicen que murió de enfermedad…
¡Yo sé que murió de tristeza!
Sergio Garione
Detrás de las ventanas
Vemos pasar el mundo detrás de las ventanas. Detrás de la máscara, de los anteojos. El mundo real habita detrás de…Y no lo podemos tocar, así literalmente. Nos lleva a pensar cuántas veces nos la pasamos mirando vidrieras en la vida, ¿no? Mirando la vidriera de la vida del otro, creyendo que la abundancia de la vida era para él y para nosotros solo quedaba la “ñata contra el vidrio”. Mirando, añorando y postergando lo que nos gustaría hacer cuando llegue “ese día” y resulta que… ese día no llegaba nunca. Quizás no nos sorprenda tanto este momento en que tenemos que mirar el mundo a través de la ventana, los afectos detrás de la pantalla del celular. Tal vez, hace mucho que ya veníamos en cuarentena, mirando la vida por la ventana por miedo a vivir. A lo mejor, este “distanciamiento” acorte la distancia que media entre el deseo y la acción y nos despierte ¿no?...
Rita Giordano
Y hoy aquí, ya miro las paredes con desgano,
pero salgo a mi patio y el sol me abriga y el espanto se apaga al mirar mis plantas.
Los días hoy se escapan, entre una gran incertidumbre y un gran desasosiego....
Y somos casi un camino y no vemos el final....
Sólo deseamos el abrazo, que ahora se detiene a mirarnos desde un rincón....
Sólo deseamos no hablar de muerte....
Sólo esperamos un día más....
Sólo tenemos el arma del encierro, y un silencio tramposo que nos asusta, que nos descoloca, que nos aterra, y la impotencia de no encontrar la lucha que nos libre de este mal, es lo más doloroso.
Hay un rezo que se oculta en las entrañas pero es lo único que parece darnos un poco de paz.
Hoy amigo, amiga, yo te digo, por favor no vayas a aflojar!!!!
Inés Massari
10-4-20
A ti
Yazco en un páramo inhóspito y desierto
pero tu mirada me hace florecer
Languidezco en un intrincado y recóndito laberinto
pero tu boca me susurra la salida
Perezco en un bosque oscuro y enmarañado
pero de tus dedos nace la luz que me ilumina
Porque de ti emanan hacia mí:
las risas, los pájaros, las sutiles fragancias,
el verano, la poesía, las flores y la luz
Porque tú alejas de mí:
la angustia, el miedo, los cuervos, las pesadillas,
la oscuridad, la soledad y las lágrimas de noche
Corazón de luna
A esa luna bonita
trasnochada
blanca
que vaga confundida
por el cielo azul
de la mañana ...
¿Alguien le dijo que la noche negra
ya se puso
su camisón de estrellas
y misterios
y se ha ido a dormir
con sus amantes ?
¡Ay luna bonita
enamorada
tu corazón y el mío
desbocados
cosas de locos hacen
por su amado!
Cobijame en tu vientre
humo plateado
y llevame hasta el sur
de cerro y lago.
Marta Emilia Guerra
El Ángel de Alicia
Será una triste Navidad sin papá, murmuró Alicia, abatida, mientras su hermana Nélida la peinaba.
Lo sé, Alicia, pero nuestra madre ha dicho que la guerra terminará muy pronto y papá estará de regreso.
Nélida deseaba que sus palabras no fuesen solo una excusa para tranquilizar a su pequeña hermana, pues sabía que la realidad era muy diferente.
Llevaban tres años en guerra y las cosas no parecían mejorar. Además el invierno era muy crudo y apenas les alcanzaba el dinero que su madre ganaba como lavandera.
Sin dudas no sería una feliz Navidad, pero al menos se tenían las unas a las otras.
Alicia, pensativa dijo:
Antes de partir, papá me ha dicho que todos los niños tenemos un ángel de la guarda, un ángel que nos protege y nos concede peticiones. Yo le pediré que lo traiga de regreso.
Pues eso es lo que debes hacer y ya verás que cuando menos lo esperes, todo volverá a ser como antes.
Una sonrisa feliz se dibujó en el rostro de Alicia y ya más animada le pidió permiso a su hermana para ir a dar un paseo. Al menos ese día no había nevado y el sol brillaba regalando su calor y esplendor.
Nélida asintió con la condición de que no se demorase demasiado, ya que en un par de horas su madre estaría de regreso para celebrar la Nochebuena.
Alicia tomó su abrigo y salió a caminar, pensando en lo que había hablado con su hermana.
Su padre también le había contado que los ángeles vivían en las nubes y que cuando nacía un niño, Dios elegía a uno de esos angelitos y asignándole la protección de ese niño, lo hacía bajar a la tierra.
Alicia sabía que tenía un ángel de la guarda, pero jamás lo había visto ni hablado con él. Se preguntó donde se escondería.
De pronto, observó que un niño, de aproximadamente su misma edad, se encontraba sentado en los pies de un árbol, tiritando de frío.
Vestía harapos y su rostro estaba muy sucio. Alicia se acercó a él.
Hola, mi nombre es Alicia ¿Y el tuyo?
El niño levantó sus grandes ojos azules, muy sorprendido, ya que no estaba acostumbrado a que nadie se acercase a hablarle.
Hola Alicia, mi nombre es Ángel.
Bonito nombre. Dime, ¿qué haces en este lugar, sin abrigo y tan desaliñado?
Adopté los pies de este árbol como mi hogar, sus enormes ramas me protegen un poco de la nieve. No tengo otro lugar donde ir, ni una familia que cuide de mí.
Alicia conmovida ante el relato del niño, le dijo:
Si quieres, puedes venir a pasar la Nochebuena en mi casa. Vivo con mi madre y mi hermana, mi padre se encuentra en estos momentos luchando en la guerra. No encontrarás grandes manjares, pero sí un hogar lleno de amor, en el cual serás bien recibido siempre.
Ángel esbozó una amplia y hermosa sonrisa, tal vez la sonrisa más bonita que jamás haya visto Alicia, pues estaba llena de gratitud.
Eres la primera persona que se preocupa por mí y me gustaría ir a tu hogar, pero no deseo ocasionarte ningún inconveniente con tu familia.
Alicia sabía que su madre no se enfadaría por la invitación, ya que ella y su padre fueron los primeros en enseñarle que siempre se debe ayudar al prójimo. Y así se lo hizo saber a Ángel.
Tal como lo imaginó, una vez en su casa, su hermana y su madre recibieron a Ángel con gran hospitalidad y afecto.
Le hicieron tomar un baño y le dieron ropa limpia.
Como agradecimiento ante tanta gentileza, Ángel les ayudó a poner la mesa, y luego de una agradable cena, las deleitó cantando canciones navideñas con su melodiosa voz.
El reloj marcó las doce de la noche, ya era Navidad, y a falta de obsequios para repartir, se regalaron besos y abrazos.
Antes de ir a dormir, Alicia y su nuevo amigo se quedaron conversando frente al calor de la chimenea.
El niño le preguntó:
Alicia, ¿cuál sería el mejor regalo navideño que podrían hacerte?
Y Alicia no tuvo que pensar demasiado, su mejor regalo sería tener de regreso a su padre y que la paz volviese a reinar en su país y en el mundo.
Luego Alicia le devolvió la pregunta:
¿Y para ti, Ángel, cuál sería tu mejor regalo?
A lo que el niño respondió:
Gracias a ti y a tu familia ya tuve mi mejor regalo, el poder celebrar la Navidad en un hogar con amor.
Alicia, emocionada por la respuesta de Ángel, lo abrazó y le prometió ser su amiga por siempre.
Luego ambos niños fueron a dormir.
Alicia fue la primera en despertarse en la fría mañana de Navidad.
Miró por la ventana y observó que la nieve caía copiosamente.
Luego, sin hacer ruido, fue hacia la sala a encender la chimenea.
Cuando se disponía a preparar el desayuno, sintió que unas suaves manos se posaron sobre su hombro. Pensando que se trataba de Ángel giró sonriente, pero se topó con un hombre mucho más alto que su nuevo amigo, con varios años más que él y con unos ojos que reflejaban cansancio y felicidad a la vez.
En un primer momento, Alicia pensó que se trataba de un espejismo o de un sueño, hasta que el hombre que estaba frente a ella la abrazó y al igual que cuando era pequeña, la alzó y la hizo girar tantas veces que Alicia ya no tuvo mas dudas de que estaba sucediendo realmente ¡Su padre estaba de regreso!
Al sentir las risas, su madre y su hermana también se levantaron y a partir de ahí, sonrisas, lágrimas de felicidad, abrazos, besos y un sin fin de palabras afectuosas invadieron el humilde hogar.
Una vez calmados, Alicia recordó que Ángel se encontraba durmiendo en la habitación que en otros tiempos había pertenecido a su abuela.
Golpeó suavemente la puerta, pero al no obtener respuesta entró al cuarto.
La cama estaba vacía y no había señales del niño en toda la habitación, solo vio una nota descansando en la almohada.
Alicia la tomó y leyó:
Alicia:
Me ofreciste tu amistad, tu hogar y tu corazón desinteresadamente, demostrando así tu extrema bondad, sin saber, que en realidad te encontrabas ayudando a tu Ángel de la guarda. Como respuesta a tu noble acción, te recompensaré haciendo realidad tu deseo, trayendo a tu padre de regreso y paz en el mundo.
Ahora me marcho, para continuar con mi misión en esta tierra, la de proteger a los niños que requieran de mí.
Si me necesitas, solo debes buscarme dentro de tu corazón.
Con cariño.
Tu Ángel guardián.
Alicia, con lágrimas en los ojos, terminó de leer la carta.
Sin saberlo, había ayudado a su Ángel de la guarda y él la había ayudado a ella.
De alguna forma ella también había actuado como Ángel, de su propio Ángel.
La guerra había terminado y su padre estaba de regreso, Alicia no cabía en sí de tanta felicidad.
Además había aprendido una importante lección, no es Ángel quien posee alas, sino quien te cuida, brinda amor, equilibrio y felicidad, pero también debemos merecerlo, actuando de igual forma, por lo tanto hay que estar muy atentos, pues uno nunca sabe cuando puede encontrarse con su propio Ángel de la guarda.
Daniela Patrone
Mate
Mientras terminaba de redactar el último punto del trabajo que tocaba entregar al día siguiente, un ruido extraño proveniente de mi interior llegó hasta mis oídos. Un sonido vibrante que movilizaba mis entrañas y me instaba a ingerir alimento.
Haciéndole caso a la orden de mi estómago me levanté y caminé hasta la pequeña cocina. Que escrito así parece un paseo por el parque pero en la realidad no fueron más de tres pasos.
Dejé llenando una vieja pava mientras encendía dos hornallas, una para calentar el agua y la otra como un intento de subir la temperatura dentro del frío monoambiente en el que me encontraba.
Mientras el calor se apoderaba del agua, un recipiente que cabía en mis manos ahuecadas era llenado casi hasta sus terceras partes con hierbas especiales. Siguiendo la costumbre que dicta mi pueblo y en específico la de mi familia, tapé la entrada del recipiente y lo agité, dejando un círculo de polvo verde en mi mano, que sacudí chocando ambas manos repetidas veces.
Al terminar, usé un repasador para agarrar la pava, y dejar caer agua de a pequeños intervalos.
Lo último para colocar fue la bombilla tapándola con un dedo, con lo cual el ritual quedó finalizado y mi voluntad por terminar el trabajo, renovada.
Tanto el mate como la pava viajaron acompañándome al lugar donde tenía la computadora encendida, expectante luego de varias horas por la finalización del trabajo.
Juan Pablo
Mírame amor mío
Mírame amor mío,
desde lo profundo de tu mirada
y verás lo que siento por ti,
es demasiado para caber en mí.
Mírame amor mío
y verás que no hay mentiras en mi sentir,
Solo verás la gran ilusión,
de que algún día sientas lo mismo que yo.
Mírame amor mío,
verás en el fondo de mis pupilas
que se dilatan constantemente,
cuando veo tu figura delante de mí.
Mírame amor mío
y verás que no puedo vivir sin tí.
No me avergüenzo rogar que me mires,
porque hoy logré ser correspondida,
por fin nuestras miradas se unieron,
donde en ella te digo cuánto te quiero
y lo que veo en la tuya me pone feliz,
ya que vislumbro un futuro que anhelo.
Cristina Pesoa
El profesor
Hacía mucho tiempo que venía pensando en ir a una Academia de costura, entonces invité a mi hermana a que fueramos juntas, así de esa manera nos podíamos consultar y ayudar entre las dos en lo que fuéramos aprendiendo. El curso era acelerado, para coser ropa de niños y para toda la familia.
El profesor era una persona muy agradable, aparentaba ser un honesto padre de familia, pero en realidad no era así en su vida cotidiana. Solamente lo aparentaba delante de sus alumnos. Los alumnos habíamos empezado a sospechar, al escuchar los terribles diálogos que tenía con sus seres queridos, sin entrar nunca en razones para cambiar su forma de vida.
Él estaba involucrado en cosas muy oscuras y tenebrosas, de sus pecados, el deberá pagarlos, cuando la muerte lo separe de este mundo y su familia.
Marta María Nastaly
El café del teatro
Si usted se llega al lugar
apenas abre la puerta
lo dejará boquiabierta
un retrato singular.
Que es muy digno de admirar
es de la madre Teresa
fue su vida una proeza
siempre al humilde ayudaba
y su amor ella entregaba
tan pequeña y qué grandeza
En la pared del costado
varios cuadros de famosos
Troilo, Goyeneche y otros
artistas bien preparados.
Qué bien han representado
nuestra danza popular
y también podrá encontrar
todo lo que se ha hecho
y unas arañas de techo
para alumbrar el lugar.
Varias mesitas cuadradas
para cada comensal
y de forma consensual
con manteles adornadas.
Se desprende en la jornada
el perfume de un cortado
también un sándwich tostado
quizás un rico guisito
pastafrola, alfajorcitos
que lo dejará asombrado.
Aquí lo están esperando
una pareja preciosa
es Javier junto a su esposa
que al teatro la está mandando.
Viviana va suspirando
para observar una obra
mientras en la caja, él cobra
y recauda lo del día
que los llena de alegría
ya no viven con zozobra.
Olga Antognoli de Gaffoglio
Julio de 2015
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