Revista Viajero Nro. 6 - Julio de 2005




Hombrecito de madera
                 
José está tallando otro hombrecito de madera. Mientras da los últimos toques piensa como podría insuflarle vida.
María, su esposa, siempre le dice.:
- Ah José,  no sos Dios, ni sueñes con serlo.-
Pero, : si de alguna manera pudiera...
Deja al muñeco sobre la mesa, se acerca al balcón  del décimo piso donde reside.
La avenida a sus pies se ve pequeña, como un río cruzado por lianas selváticas, líneas telefónicas de la gran ciudad.
En un extremo, faro apagado, el obelisco le recuerda que vive en Buenos Aires.
Entra, toma al hombrecito, se sienta a mirarlo, los párpados le pesan, ¡le pesan tanto!...De pronto los dos son absorbidos por un inmenso globo, la respiración se hace lenta a medida que lo invade un extraño sopor. Atrae al muñeco hasta su boca, sopla con fuerza. Enormes manos enguantadas desinflan la esfera gigante.
El hombre pierde la noción del tiempo, escucha gritos de algarabía  que suben desde la calle, prontamente se asoma al balcón, ve a su muñeco caer  de pie y de a poco transformarse en un muchacho que ríe y canta, rebotando en el cableado.

Martha Fausti













Único crepúsculo




Y afuera se juega
Pero estalla
en estos flancos
estalla aquí
              toda la vida(!).
Con sus dolores y amores,
su sincera incertidumbre.

Sofisticación brutal
de rostros y figuras
centelleando como locos.

Con palabras prestadas
hablo
No!:
Balbuceo sonidos
indescifrables.
No:
Soy no yo
quien soy.
Digo,
Ni una pertenencia
Ni una identidad.

        II
 
Bosques de murmullo.
Y yo que sé
si los lobos sólo espectros
si las plantas venenosas.

Sí. venenosas!
Y los lobos
Sí. espectros!
Aunque vigorosos
Aunque inmarcesibles.


Sebastián Humberto
mascaraverdebajolalluvia@hotmail.com











Noche sin luna


    Luego de tres días sin dormir, pues el sonido tétrico de la muerte congelaba mis huesos, decidí ir donde había comenzado todo. El cuarto contiguo, lleno de charcos de lluvia roja, parecía una sucursal del mismísimo infierno. Los pasos del demonio jugaban conmigo, llevándome a lugares oscuros y llenos de luz. Ella se encontraba desnuda sin ningún gesto de dolor u odio, atónita, con los ojos ciegos y mirando al vacío. Se incorporo y con voz grabe me ordenó que abriera el armario.
     Nunca, desde aquel día, creí encontrar algo parecido. Sin embargo, cuando cayo esa cosa del armario, comprendí que jamás volvería a ver el sol.


El perdón

   El hombre se acomodó en su mullido sillón, encendió un cigarrillo y leyó la carta que había recibido el día anterior sin darle importancia.
   “Te pido perdón por tenerte que matar. No quiero hacerlo, por eso te aviso un día antes para que te prevengas”
   El hombre nervioso, se apresuró para salir de su casa. Abrió la puerta y se desplomó en el suelo.


Jonatan
jony87@hotmail.com











Azoramiento

[...] “No hay modo de saber lo que quiere, si es que lo sabe el mismo” [...] Miguel de Unamuno.

Yo no soy
Nada
¡Nada
yo! no soy!
No soy yo.
nada.
Yo soy. No
nada.
Nada
no, ¡soy yo!
No, yo soy
nada.
Yo no soy
Nada.

Yo sé que
Nada sé.
Nada. Sé
que yo sé.
Sé nada.
             ¡Yo que sé!
Yo, nada sé
que sé.
Sé. Que yo
Sé nada.
Nada. Que sé,
yo sé.
Yo sé que
Nada sé.

Soy / no soy / empiezo a / dejo de / ¿cuándo? / ¿bajo qué? / ¿sobre qué? / ¿dónde? / yo / tú / él / sé / ¿yo sé? / o / ¿él me sé?
No soy / nada / soy algo / No soy / no nada / no soy / algo / ¿qué me sé? / ¿quién me sé? / turbación / ¿sé o no sé? /

Sé / que no / sé nada / sé algo / ¿cómo? / ¿qué me hace sé? / ¿hace que me sé? / ¿por qué? / nosotros / ustedes / ellos / sé / soy / soy sé /
No sé / nada / pero / soy / sé / que sé / algo / o nada / ¿cómo sé / si sé o no sé? / todo / nada / lo mismo / nunca todo / nunca nada /

¿Acaso qué es saber y qué es no saber? ¿Qué es el todo y qué es la nada? Respuestas, nunca habrán, pero sí quienes escriban las preguntas.


Victoria Salsa











Tiempo

Sobre esa ventana estarás dormido,
llenando los ayeres de palabras altísimas,
pasando tristezas compartidas,
borrando amargas canciones.

Vos pasás y dolés en mí.
Tus marcas no me dejarán en paz;
nunca y siempre confiaré en ti,
como cayendo al pozo y sin pensar el fin.

Sobre esa ventana estarás dormido:
en los recuerdos ahogados
y en las flores marchitas,
y te veré otra vez.

Sos años, sos miedo, sos pena.
Pero también sos dichas y risas,
mares de alegría enamorada,
amistad que no te llevarás.

Podrás llevarte todo, incluso a mí.

La amistad no te la llevarás.

Constantino Hernan











La Flauta de Odin

 En 1812, había un Príncipe que quería ser músico.
- ¡Eres el Príncipe!- le decía su padre – no puedes ser un simple músico.         
Sin hacer caso, el Príncipe tocaba todas las noches el violín de su abuelo Maglér, que según decía la historia, lo había conseguido al liberar de las garras de Loki al hijo de Thor, llamado Uller.  
- ¡Hermoso día! – Dijo el Príncipe en el patio del palacio esa mañana.- ¡Atención todos! –  Dijo uno de los vigilantes.– ¡Una flota de barcos enemigos viene hacia acá! ¡Preparad las armas!
Todos los habitantes del pueblo fueron a luchar, excepto el Príncipe, pues el único objeto que tenía era  el violín, porque era músico. Pero poco se parecía esto a un arma.- ¡Tengo que hacer algo! - Dijo el Príncipe.
Buscando un arma desesperado, se dirigió al ático, encontró joyas, diamantes, perlas, libros, todo menos un arma.En su rabia, tropezó con el violín de su abuelo, lo levantó y lo estrelló contra el suelo. Al hacerlo, una flauta salió del interior del violín, junto con una tarántula.El Príncipe recordó que no tenía ningún arma y, sin saber lo que hacía, comenzó a tocar la flauta, laaraña dejó de atacarlo, y volvió dentro del violín.Luego, se dio cuenta que la flauta tenía las siguientes inscripciones:la flauta de OdinFue entonces al campo de batalla,  donde habían ballestas rotas, gladios y espadas clavadas en la tierra. Tan tremendo era el combate. En el lugar ya no había casi nadie de los suyos, habían muerto. Bastantes enemigos, muchos más que ellos, aún se encontraban allí aprovechando su ventaja.
El Rey leyó las inscripciones, decían:
la flauta de Odin
l  a  f   l  a  u  t  a       d e      O d  i  n
. ¿Adónde lo llevan?- Preguntó el Príncipe. 
- Al Valhal, para preservar su alma y aumentar el ejército que enfrentará al Lobo.- Dijo el capitán.
- Debo ir con él.- Dijo el Príncipe.- alguien debe escoltarlo.
- No puede escoltarlo nadie.- Volvió a decir el capitán.
El Príncipe no se rindió fácilmente, al anochecer, se escondió en la bodega del barco.
Pasaron cinco horas hasta que finalmente, zarpó. El Príncipe se asomó a sentir el cálido humo que salía de la tumba.
- ¡Fuego en el barco!- Gritó nerviosamente.
Pero él sabía perfectamente que para ir al Valhal debían ser quemados.
Recordó también que había una canción llamada “Hielo Mágico” y pensó que, si la flauta era mágica, tal vez ocurriría algo.
Mientras tocaba, el fuego se iba apagando.
Esa noche, el Príncipe soñó que estaba en un bosque navegando en un río de hidromiel puro, cuando de pronto, comenzó a sentir una respiración y, sobresaltado, despertó enfrente de un lobo de un tamaño increíble.
- Ningún mortal con vida puede entrar a la morada de Odin sin cumplir la prueba.- Dijo el Lobo.                
- ¿Qué prueba?- Preguntó el Príncipe.
- Debes quitarle la sombra a la Luna.- Dijo el Lobo al Príncipe.     
- ¡Es imposible quitarle la sombra a la Luna!- Dijo el Príncipe apesadumbrado. Pensando en una solución, recordó que al día siguiente habría Luna llena. Entonces dijo al lobo: - Aún así lo intentaré, mañana por la noche la Luna estará totalmente blanca y así cumpliré mi prueba.
Mientras el tiempo pasaba, El príncipe se entretuvo bebiendo hidromiel y comiendo los extraños peces con escamas de plata y aletas de bronce. 
La noche de la Luna llena, el Príncipe trajo al Lobo a contemplar la prueba cumplida.
- Como veo que has cumplido la prueba que te he encomendado, se te permitirá el paso.
Comenzó  a tocar la flauta, todos dejaron de luchar para  escuchar la bella música.
- ¡La flauta mágica- gritó  el Rey – nos hemos salvado!
El Príncipe continuó tocando  ¡ Ojalá no lo hubiera hecho! Las valquirias aparecieron, gritándole – Maldito, has cambiado el curso de la guerra, veamos que te parece esto...-  Dijo una de ellas mientras tomaba un hacha y la arrojaba al pecho del Rey.                                                 
- ¡¡¡Padre!!!- Gritó el Príncipe desesperado.
- Hijo,...revíveme con la fl...- Esas fueron las últimas palabras del padre del Príncipe.       
Las valquirias desaparecieron riéndose a carcajadas.
La guerra se inclinó mucho a favor de los buenos no así la felicidad del Príncipe.
Al día siguiente, el cuerpo del Rey fue colocado en un barco.
Al día siguiente, el príncipe continuaba navegando,   entonces se encontró un águila de un tamaño tan inmenso como el del Lobo.
- No puedes pasar a través de estas puertas, a menos que cumplas la prueba que te encomiendo.- Dijo El águila. - Esta es muy simple, sólo se me antoja comer un pequeño conejo de las montañas.
El príncipe se preguntó de dónde sacaría un conejo en el Valhal, pero como el tiempo iba a velocidad terrorífica,  se dirigió a las montañas con la esperanza de encontrar el conejo. El problema era que no aparecía ninguno, las horas corrían y nada, ni una huella siquiera. Entonces el príncipe comenzó a enojarse, de pronto se tropezó con una roca blanca, haciéndola rodar colina abajo, tal era la furia con la que la había pateado, el Águila creyó que era el conejo que había pedido, y lo devoró sin esperar.
- Bien hecho, has cumplido la prueba que te he encomendado.- Dijo el Aguila, y, por supuesto, le permitió la entrada.
El Príncipe avanzó hasta las puertas de la morada de los dioses, en ese momento, se topó con lo más temible desde que entró al Valhal, más temible que el Águila y el Lobo, más aun que las Valquirias: era Odin, el inventor de runas y de poesía.
- ¡Mortal insolente! ¿Cómo te atreves a entrar a mi palacio?- Le gritó Odin.
- Sólo vengo aquí para reclamar el alma de mi padre, tomada por las Valquirias, y, como puedes ver, cumplí las dos pruebas que tus guardianes me han asignado.- Dijo el Príncipe en un tono humilde.
- Entonces, yo también te asignaré una prueba.- Dijo Odin.- debes colocarle el mango de esta espada al lobo Fenris, sirviente de Loki, cuando esté encadenado con la cadena mágica de seda que le hemos preparado.
El Príncipe se dio cuenta que en esta ocasión no podría ganar con trucos e ingenio, así que se dedicó el resto del tiempo a pensar una forma de triunfar en la prueba.
Luego de un largo rato, el Príncipe recordó que la música calmaba a las bestias, o al menos así decía el mito.
Al día siguiente, Odin le entregó la espada que usaría para incrustarle el mango en la garganta al Lobo.
El príncipe fue, junto con los demás dioses, hasta donde estaba el Lobo que, al verse encadenado por la cadena de seda, intentó morderlos, el Príncipe comenzó a tocar la Flauta, tranquilizándolo, en el momento oportuno, el Príncipe hundió el mango de la espada lo más hondo en la garganta que pudo.
- ¿Acaso tú eres el  descendiente de Maglér?.- Preguntó Odin.
- Sí, ¿por qué?- Preguntó el Príncipe extrañado.
- Yo le entregué esa flauta junto con un violín.- Dijo Odin señalándosela.- ¡Ah! A propósito, con muchísimo gusto te daré el alma de tu padre.
Al día siguiente, el Rey y su hijo habían llegado al pueblo.
- ¡El Rey ha vuelto!- Gritó uno de los  pobladores alegremente mientras un puñado de monedas caían en su mano abierta.
- ¿Cómo logró revivir, Rey?- Preguntó el Capitán asombrado.
- Pregúntenle a mi hijo, él fue el que me salvó.- Respondió el Rey.
Tiempo después, una noche, el Príncipe soñó que estaba en el campo de batalla, luchando contra los Irlandeses, y una lanza con punta de diamante lo atravesaba.
Al día siguiente, en su sueño, el Príncipe fue embarcado e incendiado, luego, se vio volando hacia el Valhal.
- Hola de nuevo.- Lo saludó Odin cariñosamente.
- ¿Qué me ha ocurrido?- Preguntó el Príncipe como despertando de un sueño interminable.
- Has perecido en batalla contra los Irlandeses.- Le respondió Odin.
El príncipe comenzó entonces a volver a la realidad muy lentamente.
- Y toma este regalo de tu abuelo Maglér. – Agregó Odin.        
El Príncipe despertó con una sonrisa mientras acariciaba unas joyas debajo de su almohada.

Nahuel Melis
(10 años)













La lucha


     La noche oscura ponía el marco a la luna, que se ocultaba entre el follaje de los árboles del bosque, espeso e impenetrable, pareciéndose a la boca de un inmenso túnel de sombras amalgamadas, en una danza de misterio y desolación. El fuego del hogar chispeaba, poniendo un poco de calor al ámbito, que daba  la imagen  teatral, poniendo en escena, la lucha eterna de los seres que representan la vida misma del hombre civilizado. En los momentos previos a la batalla, como en una pelea de boxeo, los contrincantes, se presentaban ataviados con sus mejores galas, y como si un público imaginario los mirara, sonreían, sabiendo de antemano, que durante la disputa, no recibirían ayuda de nadie, serían sus propias reservas morales las que determinarían el éxito o el fracaso en la contienda.
Como no había árbitro posible, que aplicara las normas de un reglamento no establecido, se acordaron principios básicos, que fueron respetados, según sus propias conveniencias. Hubo golpes bajos y malas intenciones y por momentos se tensaba cada vez mas la discusión. Hubo zarpazos de ideas que brotaban como torbellinos.
Con los mismos métodos de combate, se propinaban rudos golpes que producían heridas  muy profundas, a sabiendas que nunca más cicatrizarían.      
Heridas, que los hijos de sus hijos no iban a asimilar y menos a perdonar jamás.       
Llegó el momento en que parecía que las ideas no fluían. Alguno de los dos pensó: me vencieron, no juego más, estoy perdiendo el control, estoy cediendo terreno. La posición de uno u otro podría no ser sincera, podría ser una estrategia, un camuflaje. Él tenía claro el objetivo: vencerla, acorralarla y colocarla en un brete para poder dominar su pensamiento. Ella, por lo contrario, buscaba la libertad en las ideas, las mismas que como pancartas invisibles,  las pueden ver solamente los libres, que saben volar como los pájaros, los que mueren por ellas y que no pierden las guerras ideológicas.        
Entonces, acordaron una tregua, parecerían amigables. Podría decirse que hubo un momento de paz. Tomaron una copa y hasta brindaron con ella por el momento de sosiego. Y sin rencores, rieron. 
Algo los empujó  a continuar  nuevamente la lucha.  Algo los obligó a cambiar de posición estratégica,  pero siguieron  siendo consecuentes a sus principios de lobos o corderos. Esta vez la batalla fue sangrienta y sin piedad. Se descuartizaron las ideas, se despedazaron los principios y en la batalla final no quedó nada en pie. El cuarto fue devastado. Se cayeron las paredes, el  techo, las ventanas y las puertas, volaron por los aires. El fuego del hogar creció de tal manera, que las cenizas encendidas se esparcieron  quemando todo a su paso y  hasta los  cuerpos de los contendientes, desaparecieron  en un desgarrador grito final.
Y el día siguiente amaneció radiante, y todo se vistió de luz, los colores embellecieron el bosque, que se lleno del dulce canto de los pájaros. Entonces sobrevino una gran calma, con promesa duradera. Pero la lucha seguirá eternamente y habrá espacios de reflexión y tiempos de armarse más fuertemente, para una nueva contienda. Esta lucha será eterna,  mientras haya opresores y librepensadores,  con espíritu y fortaleza para seguir sus ideas  por los siglos de los siglos.
Olvidaba decir que ella se llama Libertad y él Tiranía.

Mario Cano

Revista Viajero N° 5 - Mayo 2005




Límites y excesos


Me
excedo
con los
excesos.
Me
limito
a los
      límites.
Mi
     fin
es eliminar el
                    final.

Mi
fin
es
   exceder
los
límites.
Mi
   final
será
     limitar
los   
   excesos.

Vivencia y supervivencia


Principio
claro
brillante
cuasi pegajoso.

Colores
calientes
¡colores!,
             gloria.

Vida cos sus
  senderos, caminos.

Violeta
círculos tiempo.

Senderos
blancos nos llevan a lo negro.

Senderos
              negros
nos llevan a la
                       nada.           

Reloj
arena.
De la
        vida
a la
     muerte.
De la muerte 
                   ¿a?

Victoria Salsa











Lo más maravilloso en la vida, ¿es vivir?
Que pregunta, pero creo que nadie se habrá puesto a pensar o a reflexionar.
Muchos se preguntarán, ¿qué es la vida?
Es más, a mucha gente le pregunté qué era la vida y mi reflexión es esta:
La vida es lo más maravilloso del mundo, lo mejor que nos pudieron dar es "estar vivos". Gracias a la vida tenemos amigos, familia, alguien en que confiar, alguien a quien amar.
La vida es hermosa, te da todo, pero hay que trabajar mucho para conseguir lo que queremos, lo que somos, lo que que­remos ser, lo que tenemos, etc.
Hay que saber disfrutar la vida, porque es una sola y es corta; y uno no sabe cuando va a terminar, Por eso hay que vivir día a día el presente.
No hay que pensar en el pasado porque ya pasó. Lo que sí, tenemos que acordarnos de no hacer de nuevo lo malo de ese pasado. Todo es experiencia ¿no? Pero lamentablemen­te vivimos del pasado y no nos damos cuenta del mal que nos hacemos, y no sabemos valorar lo bueno del presente. La verdad, no se porqué escribo esto, si también es injusta la vida.
Sí, es injusta, como por ejemplo, ¿para qué la muerte? ¿Por qué la muerte?
¿Por qué es tan dura?
¿Por qué cuesta tanto superarlo?
Pero lamentablemente es algo en la vida que nos va a pasar a todos.
Se podría definir como un camino sin regreso, ¿no?
Yo a veces me pregunto, ¿adónde vamos después de la vida?
Que pregunta!!!
Creo que todos se lo preguntaron o preguntaran. Es algo que nunca nadie va a saber, nadie nos va a poder contar. Queda en nosotros creer, en nuestra fe. Es muy raro, me carcome la curiosidad. ¿Cómo puede ser que nadie sepa? Es un misterio, un gran misterio.
Yo solo sé que las personas nunca más van a volver, aunque cueste, hay que aceptar que las personas no van a estar más con nosotros en esos momentos malos o buenos, y que no estarán más cuando más las necesites, para pedirle un con­sejo, un abrazo o un beso.
Esas personas solo van a quedar en el recuerdo, en una foto, una filmación, una carta, en el "corazón".
Cuando necesitemos a alguien en quien confiar y no encon­tramos esa persona, solo hay que mirar las estrellas y hablarle a la más grande y brillante. Porque aunque piensen que soy una boluda que sueña mucho, que no piensa en la realidad, están muy equivocados. Porque si en la vida no soñamos, la vida es un cagada. Hay que soñar y pensar en los que ya no están, con el mejor recuerdo, con todo lo bueno que tenían.
A mí me pasó y es algo muy feo. Me paso con una de las personas que más amaba (sigo amando) en la vida: mi abuela. Siempre estuvo en mis momentos malos y buenos, siempre con una sonrisa, siempre feliz y contenta. Con su humor trataba de alentar a los demás. Siempre pensando y buscando la comodidad para los demás. Tenía un corazón inmenso. Era una persona llena de vida, con muchos proyectos para todos, buscaba la felicidad con lo mínimo que fuese. Era una de las mejores personas que conocí en la vida. Siempre la voy a recordar por su sonrisa y su forma cariñosa que tenía al dirigirse a mí: con sus chistes y comentarios. Gracias abuela por todo lo que me diste y me seguís dando.
Pero, ¿por qué se van las personas?
¿Por qué te fuiste abuela?
No te lo merecías, vos estabas bien. ¿Por qué pasó lo que pasó? Yo te había ido a ver y estabas bien.
Nadie puede entender el porqué: fue de un segundo al otro...
Pero bue... yo, de lo único que me arrepiento es de no haber podido demostrarte todo lo que te amaba y quería., todo lo que sentía por vos, de la gran admiración que tenía hacia vos, por todo lo que hacías por los demás, por tu simpatía, tu dul­zura, etc.
A veces tengo miedo, miedo de olvidarme de vos, de los recuerdos, no sé porqué. Tengo miedo de no poder recordar todas las cosas que hicimos juntas y de todas las cosas que me enseñaste, etc.
Espero que sea algo equivocado esto. Pero no sé, a veces lo pienso y trato de que sean falacias que aparecen para ponerme a prueba: de que, no sé. Pero esto me lo dicta el corazón.
Pero sabes, yo se que estas bien ahí donde estas. Porque tu corazón está con toda esa gente que lloraste por mucho tiempo; te encontraste con esas personas, ¿no? ¿Cómo es allá arriba?, ¿cómo te tratan? Yo sé que estás bien por que te estás encontrando con tus amigas y familiares. También sé que desde arriba, vos nos cui­das mucho y nos proteges.
La verdad abuela, es que yo hablo con vos. Y siempre me ayudaste cuando te lo pedí. Por eso quiero decirte que te extraño mucho, y nuevamente gracias por lo que me diste y me enseñaste.

Agustina Recchini
agusrecchi@hotmail.com












Viene y va


Implacable,
siempre viene y va.
De un lado a otro,
como agonizando,
pero viene y va.
Solo,
innumerables veces,
siempre viene y va.
De lar en lar,
de hendijas en hendijas,
perturbando,
siempre igual
pero viene y va.
De hogueras en hogueras,
como acariciando la alameda,
siempre viene y va.
Mezclándose,
con el verde, arenal
parece que estuviera inmóvil,
pero igual,
viene y va.
N o sabe de suerte,
nostalgia ni recuerdos,
siempre está,
igual viene y va.
Aunque silben ven las pavas,
sobre amores hechizados,
crueles y apasionados,
siempre está,
pero igual viene y va...

Luis Romero













El bosque


El óleo se recortaba cubriendo casi en su totalidad una de las paredes de mi habi­tación; lo había pintado mi bisabuelo sobre la pared misma y todavía sobrevivía indemne a la humedad y a los años.
Me acompañaba desde siempre y significó el berretín más grande de mi infancia, al insistir día tras día en descolgarlo de la pared. Conocía cada pincelada del cua­dro y todos sus detalles.
Cuando era pequeña, aterrada por alguna pesadilla, solía ver en alguna parte del cuadro, una figura que me consolaba y en cualquier momento podía volar y perder­me en sus rincones.
Pasaron muchos años desde mi infancia y el óleo de tan cotidiano y conocido des­apareció a mi mirada, y dejó de ser diferente a los mueles, la ropa, la cama. Confundido con los objetos, se desvaneció en el olvido.
Pero esta noche he vuelto a observarlo detenidamente:
Luminosos rayos de sol atraviesan los distintos verdes, verde profundo de las hojas caídas sobre el verde musgo de la hierba en la tierra. Rojo ladrillo el camino, escon­dido entre sombras, conduce hasta el manantial de agua clara y cristalina, el agua corre desgastando rocas antiguas sin lograr cambiar su curso. A un costado, man­tiene la puerta entreabierta invitándome a entrar.
Sí conocía ese cuadro de memoria y a la perfección.
- Pero, ¿qué es eso? Ese punto blanco en el cielo, nunca estuvo allí. ¿Quién pudo haber osado manchar el cuadro del bisabuelo? ¿Qué es eso?
Me acerqué ofuscada, furiosa y pude comprobar que la mancha blanca en el cielo del cuadro era un chicle, que estiré sin lograr despegarlo; en mi tercer intento, el efecto rebote del chicle me sumergió en las profundidades de un cielo tumultuoso, aterricé en una nube que a la velocidad de la luz me condujo hasta otro lugar y caí torpemente sobre la calle de adoquines.
A mi alrededor, la construcción del lugar impedía divisar horizonte alguno, todas las paredes eran grises y altísimas, por lo frías parecían de acero, no tenían venta­nas - era lógico, pues no había otra cosa que mirar otra pared -, lo más extraño eran las puertas, unas eran tan altas como el edificio mismo, tan altas que se perdían en el infinito; otras en cambio eran pequeñitas, tan chatitas que casi desaparecían, y en algunos edificios una flecha indicaba el subsuelo y las puertas estaban bajo tie­rra. No había otra cosa en el lugar, no había animales, ni automóviles, ni carteles de propaganda, nada, absolutamente nada más que edificios grises y adoquines en las calles.
Un frío desolador recorrió mi sangre. Perdí la noción del tiempo recorriendo las calles, buscando una salida, como en un laberinto algún camino conduciría a la salida, debía encontrar el bosque.
Vencida por el cansancio me quedé dormida. Al despertar, la noche en aquel lugar era la noche más oscura de toda mi vida.
Una a una se fueron abriendo las puertas y de las mismas salieron hombres peque­ñitos y chatitos de las puertas pequeñitas y chatitas, hombres gigantes de las puer­tas que se perdían en el infinito y de las puertas bajo tierra salían hombres que se arrastraban como serpientes.
Un grupo se acercó rodeándome y alguien preguntó: - ¿Cómo te llamas?
- Esperanza, respondí.
Todos estallaron en sonoras carcajadas. Entonces pregunté: - ¿Y tú, como te llamas?
- Ego, me respondió.
- ¿Y tú?
- Ego, dijo.
- ¿Y tú? Volví a preguntar.
- Ego, dijo también.
Un grandote se abrió paso diciendo:
- Todos aquí nos llamamos "Ego", pero yo soy el más grande y el único tan talen­toso, y como verás el más apuesto e inteligente, y el más simpático y...
y así continuó, lo demás aburridos se fueron alejando, pero como ni siquiera se dio cuenta, se quedó hablando solo.
Otro hombre que se había acercado se presentó y dijo:
- No le hagas caso, siempre habla de esa manera, él se cree todo lo que dice, pero no es cierto, porque el mejor soy yo...
y así continuó igual que el otro durante horas.
Entonces decidí acercarme a un hombre pequeñito, que me dijo:
- No, no vale la pena que te acerques a mí, porque yo nunca sé nada y seguro que si contesto tus preguntas, voy a estar equivocado.
Me alejé y le pregunté por la salida a uno de los hombres serpientes y no me contestó.
Un anciano, ni muy grande ni muy pequeño, acotó:
- Nunca te contestará, esta encerrado en sí mismo, no puede escucharte
- ¿Por qué están bajo tierra?
- Son los suicidas, nadie puede ayudarlos, se esconden en la tierra para no hablar
con nadie.
- ¿Y tú, quién eres?
- Yo, soy tu bisabuelo.
- ¿Cómo? Por qué me has traído a este lugar tan horrible, tú que siempre me acompañaste con la belleza de tu bosque.
- Pequeña, yo no te he traído hasta aquí, tú vives aquí, has vivido aquí desde que dejaste de volar en mi bosque.
- No entiendo.
- Pinté el bosque en tu cuarto para que jugaras con tu imaginación y fuera tu fantasía de niña. Pinté el bosque para que salieras a buscarlo de grande. Tú olvidaste mi bosque, en colores desleídos, mi bosque se convirtió en tan solo un cuadro.
- Perdón, sigo sin entender.
- El bosque, la belleza de la vida, la vida que quieres, tienes que verla, tienes que
buscarla, creer que es posible para hacerla tu realidad. Yo no te he traído hasta aquí. Eres tu propia carcelera, has olvidado quien eres, Esperanza, debes creer que el bosque existe para ti y podrás volver a volar en él.
Todo a mi alrededor empezó a girar y girar a gran velocidad.
Recostada en mi cama, tomé el vaso de agua de mi mesa de luz y bebí un poco. El agua era fresca y clara como agua de manantial, con el perfume a fresias y menta del bosque.
Observé el frasco de veneno y sin dudarlo lo vacié en el lavabo del baño. Le di gracias al artista que hace posible la vida en un cuadro.
Preparé mis valijas y me marché en busca de mis sueños, a encontrar mi bosque.

Liliana
lreineri@speedy.com.ar












Hoy


Hora de deshonra
con susurros escondidos,
donde tu amor ausente
permanecer no ha podido!

Has robado mi pasado
has robado mi futuro,
hoy solo somos extraños
que acabamos con los años
de pasión!
Hoy ya solo nos aterra
que fuera tan mío y tuyo.
Hoy somos solo
dos heridas
que se cubren
con las manos
desgarradas y apretadas
ocultando sus medidas!

Yolanda Ada López












Los tiempos de la Internet 


Les voy a contar una historia muy triste para mí y no quiero que me juzguen por mi sensibilidad, pues creo que yo hacía mucho bien a la sociedad; y todos los soñadores que buscaban la felicidad me adoraban. Ahora todo cambió.
Mi vida estaba llena de momentos alegres, era feliz ayudando a la gente, brindán­doles amor y acelerándoles el corazón.
Recuerdo una mañana de primavera, que me llamó la atención una hermosa joven recitando una poesía al viento, a la sombra de un árbol. Era el más hermoso y sencillo poema de amor que jamás había oído (todavía creo que no escucharé nunca nada igual)
Pero mientras lo leía, inundaba sus ojos con tristes gotitas de amor.
Fue por eso que me propuse investigar para quién estaba dedicado ese poema. Pregunté en el cielo a todos los arcángeles y ángeles, hasta que encontré a uno al que le gustaba mucho husmear a la gente y me contó sobre el afortunado.
Era un compañero de colegio de ella. Siempre estaba hablando sobre el amor de la joven, aunque no se animaba a confesárselo. Estaban mutuamente enamorados y ninguno sabía de los sentimientos del otro.
En ese momento me di cuenta que tenía que intervenir, agarré dos de mis mejores flechas, mi arco y fui a buscar a esas dos almas enamoradas.
Cuando los vi hablando, juntos, les disparé bien el centro del corazón. Desde ese instante, quedaron unidos por el amor y la pasión.
Como éste episodio hubo millones. Formé infinidad de parejas. Pero ésta unión la recordaré siempre, porque fue la última que logré.
Desde que apareció la Internet, la historia es otra. Ya no tengo trabajo. Ya no puedo disfrutar la felicidad de ver a las personas enamoradas por mi culpa.
Ahora se conocen por Internet y no se acuerdan de mí. La gente piensa que una relación se puede formar sin hablar personalmente. Yo conocía los gustos de las personas y armaba parejas que pudiesen compatibilizar. Con esto de la Internet es todo más vano, no existe persona que le importe los sentimientos. Solo ven (qui­zás) una foto, hacen un par de preguntas idiotas y creen haber encontrado a su alma gemela. Y esta es la visión del amor que tienen.
Me duele mucho haber terminado así. No tanto por mi trabajo; sino porque el mundo, de a poco, se está quedando sin amor.

Jonatan
jony87@hotmail.com





Revista Viajero N° 4 - Marzo 2005


Mi valentía

Mi valentía se hunde.
Se hunde en mi mar de lágrimas,
en mi tristeza.
Es como si esta lluvia de diciembre
fueran mis lágrimas.
Mis lágrimas saladas como el mar,
que caen gota a gota
sobre mí.
Siento mis lagrimas caer
y se confunden con la lluvia.

Siento una pureza,
que abre mis sentidos, mis sentimientos.
Los abre lentamente
y se mojan con la lluvia;
y se sienten enternecidas,
bajo esa brisa de lluvia cálida que cae.

Quiere salir el sol
y al reflejarse en mis lágrimas,
se forma el arco iris,
que levanta el ánimo
y empurece a mis sentimientos,
que quieren salir
y estar libremente.
Bajo ese cielo anaranjado,
que tanta ternura les da,
y esa valentía,
crece cada día más.

Agustina Recchini
agusrechi@hotmail.com












El amor (1)

Comienza una historia bella por demás, la misma que algún día ha comenzado en las puertas de otro corazón, la que todos aclaman y desprestigian a la hora de soñar, cuando la vida se vuelve absoluta, en la pura distancia sentimental.
Ya lo hemos visto así, una lágrima riendo encuentra su camino un día normal, se desliza innecesariamente o como si nada pudiera evitar, como si la única esperanza de hechizo salvador estuviera en esa acción imprecisa de amar, como si la vida por un momento dependiera de esos hilos delgados que nos dan la libertad, y entonces no lo dejas pasar.
Acaso permito reconocer en el tiempo estas historias que sinceras llegan a verse enfrentadas con una suerte de medicina elegante que ahora y nunca nos quiere saludar, que invierte sus ansias en la piel de la hermosa suavidad mental, un corazón casi ausente se cree protagonista del momento preciso donde las olas se convierten en mar, y quedan totalmente fusionadas con una espesura que a veces es cristal, a veces son alas del mal.
Sabemos que se habla de un registro donde encontramos huellas existentes de años atrás, que sin darnos cuenta vamos dejando pasar, quedan sepultadas en un cielo distinguido que nos suele calmar, y una tormenta incalculable interrumpe ilusiones en vano, nos reencuentra con la fortuna de lo indeseado. Y creo nombrar parte importante de un amor corriente que nos suele atrapar, ese período hermoso de sensaciones particulares que aún así costaría mucho pronunciar, el vuelo de un ave en un amanecer coloreado nos podría de ayudar, un mundo hermetizado por esa quietud espacial que solemos interpretar con gran suavidad, con poca dificultad.
El amor, quien lo diría, tan insolente y necesario, inquieto e involuntario, las rosas que nos humedecen el alma por esos minutos que abandonan su recorrido exacto, que mecen en su instinto un delicado y profundo goce de lo impensado. y al final, se convierte una estrella en el desierto que nos verá desencontrar, en ese justo mecanismo que en algún lado nos engañó, que sin quererlo nos depertó, y en el mejor o peor momento de los sueños algo ya no nos complace, no nos acompaña en este viaje complicado y distraído de la vida, y los besos que resbalaban en la piel, que acariciaban sonrientes la brisa del amor, se convierten en llanto delicado que nos decepciona conscientes las armas de la mente, y casi diría que hemos caído en la verdad de los hechos, e insignificante la pena que nos rodea, vuelve y profundiza, se escapa y lamenta.
Y en la parte final, la historia que suele recordamos a libertad, nos duele en pun­tuales instantes de la eternidad, en una vida que nos quiere y a veces se hace rogar, en un destino que se paraliza cuando se interpone lo inhabitual, cuando sin quererlo te enamoras de lo que luego te irá a dañar, si claro, tu solo lo eliges y duermes, lo llamas y huyes. Y no sería confuso de evitar, no creo en la cien­cia inolvidable de la soledad, por eso volvemos a hallamos en el amor, el único punto de encuentro con nuestro lejano interior, con la risa del llanto que nos espera impacientes por demás, motivo por el cual lo volvemos a intentar, caemos en esa búsqueda que nuevamente nos verá comenzar, en ese amor que anhelamos para volver a soñar, para volver a llorar. ..

Esteban










Cuestiones surrealistas

Si los grandes artistas
duermen detrás de sus colores:
¿Por qué he de evitar
la locura que comparto
con el deseo de encontrar
un marco que me encierre
en plena diversidad?

Inocencia

No era mi intención más sincera
conquistar a ese pequeño mundo
plagado de llantos en cautiverio
sin misterio alguno.

Apocalipsis

Y sobre tantos espejos
pintarán cielos ocultos
abrazados por temibles paisaje
de naves y surcos.

Juan Francisco Garibaldi












Los sesenta 

-¿Qué pensás de las relaciones prematrimoniales? le preguntó súbitamente en un rapto de audacia a la hermosa adolescente sentada frente a él en una mesa del bar "La paz". Mientras ella improvisaba una argumentación inte­lectual para salir airosa de esa inesperada y deseada pregunta (era la época del comienzo de la ruptura definitiva del tabú de la virginidad, de la revolu­ción sexual a la luz de la emancipación de las juventudes nacidas después de la segunda guerra mundial, la época del "flower power" , el mayo francés y el rock). Miró a su alrededor para comprobar que nadie los estuviese obser­vando, o por lo contrario, confirmar su fantasía de haber sido escuchado por todo el mundo. Las mesas estaban ocupadas por gentes que pensaban pausa­damente en voz alta, que ejercitaban su capacidad crítica y esgrimían su jerga sesentista, que utilizaban los lenguajes marxistas y psicoanalíticos en boga para pensar la realidad o interpretar la última película de Buñuel, Truffaut, Antonioni, Fellini… que acababan de ver en El Lorca, El Losuar, El Lorreine o cualquiera de los cines de películas de autor de la calle Corrientes. Se palpaba un goce por el pensamiento, por el descubrimiento, el asombro, por la conversación nutrida con las lecturas de los autores del momento:
Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa...
Había una sensación de novedad permanente flotando en el ambiente, sacudido por las exposiciones del Di Tella, por la Menesunda de Minujin estre­nándose para escándalo de las clases conservadoras. Como un Aleph intelec­tual, todo lo nuevo convergía para suceder en ese aquí y ahora, típica expre­sión de la época.
Lajovencita encendió un Parliament y terminó su sinuosa reflexión sobre las relaciones prematrimoniales, que sonaba a promesa racionalizada de goces irrefrenables, sonrojada se excusó levantándose para ir al baño. Lucía una cortísima minifalda color turquesa, la prenda femenina que estaba revolucio­nando el mundo con su insolente sensualidad. Ella miró caminar con deseo orgullo, se sentía dueño del universo futuro conquistador de ese inquie­tante continente situado entre las sensuales piernas de su amiguita.
El tiempo implacable borró esas imágenes. La década del 60 se marchó rápi­damente las consignas combativas invadieron el paisaje desalojando a la intelectualidad crítica y soñadora del liderazgo. Había que pasar a la acción proclamaban los nuevos líderes incitando a los jóvenes, mientras el cielo se saturaba de nubes plomizas, presagio de tormenta. La guerra comenzaría, los poderosos señores decidieron apresurar el final.

Andaluz












La caída

             dedicado a mi amigo Lucio Humberto Loayza 
Lo mejor para templar a los hombres,
es caer otra vez derrotado,
no interesa que la gente se asombre,
ni las causas que lo hayan provocado.

Caer no es lo más grave, aunque parezca,
sufrir, desesperar, ser humillado,
todo ha de pasar cuando el prestigio crezca,
y surjas otra vez reivindicado.

Es justa y razonable la caída,
de un hombre que procura la certeza,
que sabe demostrar que tiene vida,
que juega en un momento su cabeza.

Es signo elocuente de valor,
salir al peligro a hacerle frente,
aunque pierda un instante el contralor,
que lo saque de su sitio de repente.

Que fácil!..., triunfar sin rebeldía,
dejando que harto nos humillen,
que todos nos hagan porquerías,
y solo las infamias siempre brillen.

Sería estar subido a un pedestal,
de fama y falsa gloria inconmovible,
que ésta supeditada a algún puntal,
que buscan los negados e inservibles.

No importa caer, mi amigo,
es casi un galón, que condecora,
tu temple de varón franco y altivo,
es signo inesperado en esta hora.

Que todos se arrodillan y flagelan,
la mente de ineptos consumados,
tan solo ser esclavos es lo que anhelan,
amargos, que vegetan doblegados.

Caer es preferible, es evasión,
es volver a reencontrarse en uno mismo,
es signo de franca evolución,
salvar a la moral del cataclismo.

Lo importante es poder recuperarse,
levantarse nuevamente tras el golpe,
estar en la batalla y prepararse,
que digan lo que digan, nada importe.

Después tendrás ejemplo y experiencia,
caer una vez mas no te hará mella
son cosas de la vida, consecuencias,
que marcan en la senda nuestra estrella.       

Domingo L. Lopito













Trozo de agua


Hace un rato
fui un trozo de agua.

La luna flotó en mí como un ojo
y algunos animalitos me bebieron
mientras yo pronunciaba sensualmente
la palabra "desierto".

Las ruinas del agua
son los sueños
y los alfileres más brillantes.

Alguien me llamó cielo
y yo le expliqué que estaba confundido,
pero no me entendió:

es difícil jugar con la fealdad.













Petalandia

Petalandia es un bello reino, tan bello que no existe ningún otro lugar en el mundo que tenga su hermosura, seguramente no lo conocen, pero vale la pena que intenten encontrarlo.
Mientras tanto voy a contarles su historia.
Esta es la historia de un reino muy pequeño, con gente maravillosamente buena, que lo hace aún más hermoso. Está en medio de un bosque con árboles de todos los tamaños y colores, con pájaros que aman cantar y gente que ama escucharlos. En él se encuentran las flores más hermosas del pla­neta.
En verdad son las más hermosas, porque son muy grandes, tienen colores brillantes y su perfu­me es mágico. Dicen que tan sólo con olerlas, se descubren los sentimientos más lindos, y el cora­zón se llena de felicidad.
En Petalandia todos las aman, y las cuidan como si se tratara de niños. Aquí, las flores se abren juntas, todas el mismo día y en el mismo momento, ese día es el 21 de setiembre a las 00 hs., así lo han hecho siempre. Esto marca el inicio de la primavera y todos se reúnen en el bosque para espe­rar el gran momento. Siempre lo hacen de la misma manera: están sentados en silencio, con velitas encendidas en sus manos, luego llega la Reina Margarita, se sienta en su sillita dorada, y esperan juntos ese mágico instante. Cuando se produce, estalla un gran aplauso; y aunque ya lo han visto muchas veces, siempre se emocionan. ¿Se imaginan miles de flores gigantes, abriéndose al mismo tiempo, con colores brillantes y un perfume que les envuelve el corazón? Esto emocionaría al más malo del planeta.
Luego de la ceremonia se da inicio al gran baile, y la encargada de hacerlo es la Reina Margarita, que elige a su compañero entre todos los presentes, y así comienza la gran fiesta que dura un día entero.
La reina es hermosa, parece un ángel caído del cielo, con sus cabellos castaños y su delicada piel; siempre usa vestidos de algodón blanco, nunca se pone joyas, solamente se coloca su corona de flores una vez al año, para el gran baile.
Además de su hermosura física, tiene un alma tierna y bondadosa, dicen los que la conocen, que cuando te mira lo hace con el corazón.
Pero hace un tiempo atrás, llegó al lugar el malvado conocido con el nombre de "Envidioso", y lo primero que hizo fue ir a buscar a la reina y dirigirse a ella diciéndole:
-Finalmente ha llegado tu príncipe, he venido a pedir tu mano, para llevarte a mi reino; ya es hora de que dejes a todos estos tontos con sus horrendas flores.
Margarita no podía creer lo que estaba escuchando, su respuesta no se hizo esperar y lo echó a los gritos diciéndole: "prefiero morir antes que ser tu reina".
Envidioso se fue del lugar enfurecido, aclarándole que se vengaría por el desprecio, y que aún no conocían todos sus poderes. Margarita, que era muy valiente, le hizo "fuchi" "fuchi", y lo sacó
a patadas del reino.
Nunca se supo nada más del villano, y la vida continuó sonriendo en Petalandia, hasta que llegó nuevamente la ansiada estación de primavera. Todo se realizó en la forma acostumbrada; pero esta vez cuando estaban esperando el momento de apertura de las flores, y ante los ojos asombrados de todos, cuando fueron las OOhs, nada ocurrió, ninguna flor se abrió. El silencio más triste envolvió al bosque y se quedó allí.
Todos comenzaron a llorar desesperados, era increíble lo que estaba sucediendo, jamás había ocurrido algo así.
Margarita recordó las palabras de Envidioso y pronto emprendió su viaje, no podía permitirle esta maldad, porque seguramente esto era obra de su "gran maldad".
Contra la voluntad del pueblo, partió en su caballo platinado y cabalgó durante muchos días, hasta llegar al reinado de Envidioso.
Lo buscó y cuando lo tuvo frente a frente le dijo:
-No puedo creer lo que has hecho, te exijo que repares el daño ahora mismo.
El estalló en una gran carcajada y le contestó:
-Eres muy graciosa, cásate conmigo y terminamos con el problema.
-¡Eso jamás, nunca lo conseguirás!
- Ya lo veremos... ¡Guardias, enciérrenla en la torre hasta que cambie de opinión! y la encerraron.
En Petalandia la gente empezó a enfermarse de tristeza, sin flores y sin su reina, no sobrevivirí­an mucho tiempo. No sabían cómo rescatarla porque nunca habían salido del lugar, ni tenían con qué hacerlo.
Mientras tanto, Margarita seguía encerrada, sin fuerzas, ya no tenía salida, era necesario buscar un final para tan fea historia.
Por las noches lloraba, se imaginaba a su gente triste y a todas las flores del bosque cerradas.
Tenía que pensar urgentemente en algo.
A la mañana siguiente, la reina llamó a Envidioso y le dijo:
- Te suplico mi rey, que quites el mal a mi pueblo inmediatamente y yo seré tu esposa. Pero te exijo una prueba, deberás traerme una flor abierta de mi bosque, para que yo sepa que has cumplido con el trato.

Envidioso bailaba de alegría. Rápidamente quitó el maléfico conjuro, mandó a un guardia para traer una flor del lugar y ordenó preparar todo para la gran boda.
Unos días después, en Petalandia, la gente asistía con gran tristeza al espectáculo de apertura de las flores, y entregaba al mensajero, la flor más grande y hermosa, con el deseo de poder recuperar a su reina.
Mientras tanto, en el reino del malvado, todo estaba listo para celebrar la gran boda. Sólo esperaban la llegada del enviado.
Cuando éste llegó le entregó la flor a Margarita, ella sonrió porque su pueblo estaba a salvo; entonces miró a Envidioso y le dijo:
-Mi rey, te pido que aceptes esta flor como muestra de mis sentimientos hacia ti, deseo que pongas en ella todo tu amor.
y como en el corazón del malvado sólo existía odio, en el momento en que tomó la flor, se pin­chó el dedo con una gran espina.
Ante el asombro de todos los presentes se convirtió en un cactus, de esos que pinchan por todos lados.
Margarita volvió a su reino y todos festejaron su regreso.
Ella descubrió que todos tenemos poderes, el poder está en el corazón de cada uno.
Si te encontrás frente a un cactus, recordá no pincharte con las espinas, porque puede tratarse del malvado Envidioso.
¿Sabés por qué los cactus tienen flores tan hermosas? Porque Margarita sintió pena por él y se las colocó para que la gente se le acerque y no se sienta tan solo.
Después de escuchar esta historia: ¿No tenés ganas de conocer Petalandia?
Buscála, tal vez está más cerca de lo que vos te imaginás. Y por qué no, en tu propio corazón.

Flor Marina