Revista Viajero N° 24 - Marzo 2008


 


Me gusta imaginarte


En la frontera verde de la tarde
los pájaros se beben el ocaso,
filtra en las hojas una mirada de humo,
medita el horizonte
El sol de octubre gime
encendiendo siluetas en las ramas.

Jadean las palabras del poeta:
“Transitar la vida sin imaginación
es andar ciegos... caminar a oscuras”.

Por eso...
cuando los pájaros se beben el ocaso
me gusta imaginarte al borde del camino
como en aquella tarde luminosa,
con un pequeño bolso
y un atado de sueños.

No sé cómo es amarte
y casi sin quererlo, 
obstinado, 
contra viento y marea,
obediente al mandato,
me he vuelto caminante.

¿Puede negar el pájaro su idilio con el viento?
Y en esta tarde blanca
imagino tus ojos, 
tu sonrisa,
oigo la voz que ordena  
seguir siempre adelante,
mientras crece en el alma
la hermosa sensación de estar volviendo.

Eterno peregrino, 
avanzo...  siempre avanzo,
me empuja la esperanza de encontrarte
al borde del camino
con tu pequeño bolso
y un atado de sueños.















Los aromas


Una ráfaga de viento desprendida del recuerdo trajo 
aromas a mi mente entrando a un túnel 
de pasados tiempos.

El  que resurge primero es: el de mi madre 
transmitiendo su colonia de suave fragancia.

El   jabón con nombre de mujer: "Manuelita",
mamá lo manejaba con tiernas caricias en mi cuerpo.

El  de los domingos, sabía a harina y huevos, 
al levantarme encontraba como un cuadro prolijito 
la pasta lista hecha con manos mágicas 
y en el fuego el gran tuco, donde mojaba el pancito en 
ese rojo burbujeante que hoy creo, tenía vida adentro. 

Sigo en el túnel que me lleva hacia la escuela,
¡como perdura en el tiempo!
El aroma a tiza, pizarrón y a tinta, que mi pluma 
cucharita mojaba en el peligroso tintero.

El del parque con su variedad de árboles, mi hamaca 
Quería llegar a sus copas para impregnarme 
con fragancias naturales.

Además el  de las calles empedradas que luego de la 
lluvia se unían, tierra y piedras regalando su frescura.

Sigo trotando en el túnel llegando a la casa de los abuelos
en un lejano pueblo donde resurge el aroma de maderas 
recién cortadas por mi abuelito carpintero 
y del pan caliente que la nona paradita frente al horno 
cuidada como obra de arte amasado con amor y 
sabiduría.

Me atraso y adelanto en el túnel acercándome 
al más bello aroma:
El de mis bebés, perduraron como el sol,
la luna y las estrellas, eran de pureza infinita.

Y por último aparece el aroma pasado 
y presente del amor...
¡A cuánto sabe!, ¡a montañas ríos, 
Mares, arco iris, campo, cielo y fuego,
Que junto a la lluvia se penetra en la tierra como el amor 
En el cuerpo!















Niebla


Canto mi desencantado canto atorado.
Lo grito, lo aprieto, lo dejo salir llorando.
Me lo refriego por la cara, me hago daño y lo canto.
Me lo desenredo del pecho, del cuello, de los bordes del costado y de ahí abajo.
De los confines del caos me lo arranco, 
me lo succiono, lo chupo, lo muerdo, lo trago 
y largo el canto inmundo, 
me lo exprimo de la piel y me lo saco.
Te vuelvo a tragar, grito, te sigo tragando.
Grito el ácido canto de tu desencanto
Te escupo, te vomito, te hago asco, me canso, jadeo, sigo cantando.
Mi piel toda te llora igual.

Karina Androvich














Al verdadero poeta, creador de imágenes,
inventor de sonidos, mi mundo...


Separarse en un vuelo de gaviotas,
desaparecer del omnisciente de sus párpados
y despertar,
de nuevo,
evocando un silencio
que construye con mariposas crudas
la distorsión del cuerpo en el vacío, 
tan solo y lleno de nada.

Lejana,
se sacude
y vuelve

Se encuentra,
no en sí misma:
en su fabricante de poemas.

Se entierra.
Amor circular.
Búsqueda.
Encuentro.
Gaviota...

Corre hacia sus ojos
y se hunde,
en el devenir de un sonido















Del amor eterno


Caminaré por el bosque buscando tu perfume volando por las hojas
Y un hada me dirá que dejaste una carta
Caminaré por los rincones buscando tu aroma enredando el suelo
Y un duende me dirá que dejaste una rosa
Un susurro en el oído me dice que nunca te fuiste de mi cama,
Un corazón me grita a golpes que las sábanas plasmadas son huellas
Del amor que dejamos ahí eterno

Caminaré con rumbo a la  mar buscando tu cara flotando en el agua
Y un delfín me dirá que dejaste un barco de papel 
Caminaré por las mañanas hacia tu puerta regalándote un beso
Y las plantas me dirán que sentada esperas
Un calor me recorre la boca juntando mariposas en tu cuerpo
Unas alas me toman para volar hacia un lugar
Del amor que tomamos eterno

Caminaré de tu mano encontrando tu aroma besando las hojas
Y el hada sonríe al vernos
Caminaré todo el mundo entero a tu lado amándote en cada paso
Y el duende nos dará un parque de rosas
Un beso en la boca por siempre
Una pasión en la cama por siempre
Del amor que es eterno















A Ayelen


segundos contados 
con los ojos marchitos de extrañarte 
 
tus sueños son suyos 
                                 tus labios le pertenecen 
la marcha atrás se vuelve circular 
                                       acabo siempre solo 
                                                 desnudo de penas 
                                                  suicidadas a tu nombre 
 
el universo se expande en mi contra 
         sos tan suya que mis labios duelen de nombrarte 
                                    de nombrarte y sentirte lejana 
 
respiro el aire que me dejas al ir a su búsqueda
              y le maldigo con toda la felicidad que extraño 
              
                  le deseo tu amor como todo mártir 
        mientras me elimino en el intento de susurrarte 
                                 y saberte suya perdida 
                                                     lejana pero feliz














Instrucciones para tender la cama

a Jorge Guinzburg

Mírela doña, puro arte de élite, una obra maestra de la vieja vanguardia. Sí créame, no la menosprecie, después de todo, es “el lugar de sus sueños”. Eso es cosa seria y por ende, merece su respeto, y por qué no, su culto. Pero ojo, no prenda velas a sus pies, perdón, a sus patas. Debido a que el acolchado/cubrecamas/manta puede incendiarse, y ni usted ni yo queremos que eso pase. No podemos dejar que se reduzcan a macabras cenizas todos aquellos sueños que quedaron allí guardados (un verdadero backup de los que tiene depositados a plazo fijo en su corazón) tampoco podemos permitir que sus planes familiares, laborales y demás se quemen, que sus cálculos algebraicos para llegar a fin de mes ardan acompañados solitariamente.
Señora, sáquele una foto a su cama y luego pídale un autógrafo, aproveche esta oportunidad que Dios le dio, usted es de los pocos elegidos para tener ese trono nocturno que hace florecer toda la imaginación que sus neuronas reprimieron durante todo el día. No me malinterprete madame, con esto no quiero decir que aquellos infelices que fueron a parar a un banco de plaza no tengan anhelos, al contrario, ellos le ganan a usted por goleada.
Pero, sea sincera señora. Usted lleva ventaja, usted viaja en una Ferrari por el valle de las esperanzas; mientras aquél pobre humano se ve obligado a hacer el rito de apretar los dientes y morder el aire para saciarse un poco el hambre que su alma y su cuerpo arrastran. Ese hombre (o mujer, niño, etc) no tiene una almohada con plumas de ganso y en su lugar, usa un bollo de papel con viejas noticias impresas. Señora, ¡aquél sujeto está a años luz de usted!
Dele señora, no peque de desagradecida, vaya y tienda su cama (no es difícil, no necesita ningún instructivo para poder hacerlo). Prepárela para la posible ceremonia de esta noche, en la que usted tendrá la dicha de destenderla para abusar de ella una vez más. Hasta que llegue el día en que la muerte le mandará un sms con la palabra “hallegadotuhora” y su cama opte por ser de deliciosas nubes blancas o de enormes llamas de fuego.

Romina Galarza














La Palabra


Guarnecida por anaqueles vacíos,
tímidas sinfonías y voces nocturnas,
la palabra surge apacible 
del vientre agonizante:
Enarbola su sueño esquimal
interrumpido y glorioso.
Cada ola que baña su acento original,
con imperiosa lentitud desordenada
determina la sombra equívoca y profunda
que sucumbirá en ella.

Revista Viajero Nro. 23 - Febrero 2008



Cada palabra tuya...


En las noches donde mis ojos
se encuentran con el brillo de los tuyos
en la oscuridad del silencio.
Bendigo y doy gracias
porque llegaste a mi
para sacarme de esta soledad...
Con los aromas que emanan
los pinos y tu perfume
dejan en el ambiente que vivo
una sensación de paz.
Donde mi alma eleva a mi musa
e invita a un sueño...
Gozando de alegrías y tristezas
a una dicha sincera.
Contemplando desde el cielo
a un nuevo ángel,
que alimenta mi fe.
Desconociendo el futuro incierto,
rodeada de raíces firmes
enlazados de sentimientos sinceros
y perdiendo el miedo al pasado,
voy aprendiendo a que el amor existe...
Espolvoreando de un manto de plata
deslumbrándome a cada segundo
entre el piano y una dulce melodía
calladamente guardo para mi
cada palabra tuya...
Resplandeciendo así el verde esmeralda de mis pupilas,
encendiendo en llamas mi corazón latente
cubriéndolo en lavandas y azahares.
Me susurras pausadamente en cada suspiro
un Te amo...te amo...!!!

Angelross
Alba Rosa Retondo
albarosaross@yahoo.com.ar











Besar


Besar es un remedio,los labios son caramelosson parecidos al amor.
Besar es una historia nueva,es la imaginación del viento cuando roza los árbolescuando cree en la libertad,es lo que gritan los coloresen el medio del atardecer.
Besar es la forma más hermosa de la geometríapor estar desposeída de ella,es la informalidad de las sensaciones,nuevos descubrimientosnuevos cuentos de grandes escritorespoemas, poetas, compositores.
Besar es una expresión sana dentro del mundo artificiales una obra de arte del corazónun silencio dentro de la música,una música eterna dentro de la rutina de no besarbesar es un ejercicio que desarrolla la creatividaddicen que han salido buenos proyectosluego de un gran beso.
Besar es una libertad intermitenteporque los besos duran lo que la mente decidemás allá de eso, todo es intermitentelos días son idas y vueltascomo la vida mismay el beso es el cambio de estación,da la casualidad de que siempre vuelve la primavera...

Ayelen Illanes

ayelen_illanes@hotmail.com.ar












Últimos versos

Es cierto que allí,
la noche vacía
recorre el silencio
cuando tus besos
desgarran la bruma.
Son tus manos
las que alteran el tiempo
del tiempo y purifican
la arena, exhumando
recuerdos.
Nunca seremos uno,
es por eso que hoy
he decidido recostarme

sobre lo que he perdido.

Juan Garibaldi
juan_garibaldi@hotmail.com












De espaldas


De espaldas al futuro arrinconaste mi deseo.
Las manos buscaron, al tanteo,
la rosa de este invierno.

El cuerpo venció el pudor con gemidos
cuando redondeaste cada ángulo, perverso,
y miré la sombra de la luna
mientras palpabas a Rigel en mi nuca.

De espaldas al universo
capturé el placer entre pupilas
y amanecí violetas en tus palmas.

Descubierta.

Elisabet Cicotta
elisabetamelia@gmail.com











Roma


Si de tu perfume ya no queda nada y a mí todavía me emborracha
Si de no poder estar con nadie se trata,
Si  de perder la boca más preciada,
Y no encuentro qué hacer, ni qué decir, ni qué sentir,
Si solo quiero que sea noche
Y te amo y te odio todavía
Si todavía estoy viva
Si todavía puedo desperdiciar mi vida amando tu reflejo
Me muero de miedo.
Y la soledad me envuelve con su velo, cada vez más negro
Y mi cuerpo está cada vez más quieto
Y tu perfume no se va.
Los agujeros se abren estáticos y los párpados pesan.
Tu sombra se ve aún a ciegas.
Toda yo un peso muerto me veo desde adentro
Con vos, con la ausencia de vos
Un peso muerto y un agujero
Eso soy.

Anirak












Sucia existencia


Él es un hombre muy pulcro, meticuloso en el orden, un tanto obsesivo. Su casa es un chalet de dos plantas con 2 habitaciones; 2 baños; living-comedor; una cochera grande cubierta a nivel; un lavadero; una habitación de servicio y un baño de servicio. En la habitación de servicio duerme la mucama, una mujer alta, robusta y de tez blanca. Esta habitación se encuentra en la planta baja de la casa junto con el baño de servicio; el living-comedor; el lavadero; la cocina (íntegramente cubierta de azulejos blancos); los muebles blancos; el piso blanco, como si fuera  una carnicería o algún hospital. En la cochera se encuentran, aparte de su siempre impecable gran auto blanco, todas sus herramientas ordenadas alfabéticamente, cada una con una estampa que indica el nombre de dicho elemento.
En la parte superior de la casa se encuentran las dos habitaciones y el baño. Una de las habitaciones posee dos camas individuales, un gran placard de madera blanco, y una computadora. Lo raro, es que él vive solo, sin contar a la mucama, que duerme por supuesto en la habitación de servicio. Según el día él cambia de cama, si el clima es cálido duerme en la cama derecha, porque esta cerca de la ventana, si esta fresco, en la izquierda, porque esta más cerca de la estufa, si esta húmedo en la izquierda, si esta seco en la derecha. Pero si llueve y hay truenos, ahí es otra cosa. Él tiene preparada la otra habitación, recubierta con un plástico especial muy grueso, que no deja pasar el ruido molesto de la lluvia, ni sus truenos escandalosos y atemorizantes.
 La gente que lo conoce piensa que es una persona fría, que no expresa lo que realmente es ni lo que siente. Pero él es eso, en su mente no cabe la posibilidad de la duda o de la espontaneidad ni libertad siquiera. Esas son cosas para vagos, inútiles, excrementos sociales, que él sin duda desprecia; aborrece con todo su ser. Se horroriza del hecho de pensar solamente por un momento que existe gente así. Todo en su vida esta planificado, bien organizado, no cabe ni el más mínimo error. El orden le da seguridad y eso, para él, es lo más cercano a la felicidad. Ama el meticuloso orden con el cual su mucama arregla sus camas, pone los cubiertos en la mesa, limpia los ventanales y cuida su vestimenta. Por eso la contrató, le paga el sueldo mínimo y sin feriados. Tiene a la mucama hace cuatro años y en todo ese tiempo, la conversación con ella fue siempre la misma, “Hola, buen día” Y “Adiós, hasta mañana”.  
Se levantó como siempre a las 7:00 hs, no encontró a la mucama en su lugar habitual, la cocina. Al no verla, ni tampoco sentir el aroma a café con tostadas, típico. Se tomó con las manos la cabeza y se dijo así mismo: -Esto no esta nada bien. Preocupado, sin saber que hacer. Luego de un momento de reflexión, se dispuso a buscar a esa mujer desobediente, por los lugares que él sabia que podría estar. 
Primero fue al baño de servicio, suponiendo que se habría retrasado, ella estaría lavándose la cara o atendiendo sus necesidades, al pensar en esto y al tenerse que enfrentar a semejante situación, le agarro un fuerte dolor cervical. Él se encontraba dispuesto a reprenderla por semejante ofensa. Se calmó, tocó con suavidad la puerta cerrada del baño, no hubo respuesta. Supuso que ella se hacía la distraída y golpeó de nuevo con más fuerza demostrando su enojo. No hubo respuesta. No estaba preparado para semejante falta por parte de su mucama, se encontró desconcertado, tomó coraje y abrió la puerta. No había nadie, es más, no había entrado aún esa mañana, porque el cepillo de dientes estaba seco, la bañera también, él sabía que todas las mañanas ella se bañaba. Al imaginarse a su mucama desnuda, a punto de bañarse, le dio vergüenza, sonrojándose. Esto le produjo más bronca aún de la que tenía, llegando a sentirse muy mal, sacó como conclusión que a ella todavía no le habían dado ganas de levantarse de la cama. Se dirigió directamente a los aposentos de su mucama, todo rojo, lleno de ira. Al llegar a la puerta, se dispuso a abrirla violentamente y gritar frenéticamente, -Que carajo es lo que esta pasando!?, pero pensó que eso no era lo correcto, no entraba en su forma habitual de actuar y procedió a golpear suavemente la puerta, reprimiendo toda su angustia, sin otra alternativa.
Desde adentro de la habitación no hubo ninguna respuesta pero se escucho un pequeño sonido, un quejido sordo, casi imperceptible. Él había desarrollado una increíble percepción auditiva, para escuchar que era lo que ocurría detrás de puertas o paredes, por eso suponía que es lo que estaba aconteciendo ahí dentro. 
Era su mucama quejándose de placer, se encontraba con su amante, que había entrado por la noche bajo sus narices, como se atrevía la muy perra a traer a un desgraciado así a su casa sin su consentimiento, que igual jamás tendría. Esa traicionera trajo a un sucio, cerdo, criminal, que se mete en una propiedad ajena a acostarse con la servidumbre de otro hombre. Que falta de respeto!, de seguro se deben de estar riendo de él, en silencio, pensando en como lo habían engañado, pero ellos no sabían con quien se estaban metiendo. 
Fue corriendo a la cochera, donde guardaba un tanque lleno de gasolina, fue a la cocina, agarro los fósforos, se encontraba dispuesto a quemarlos para mandarlos directo al infierno.
No se encontraba nervioso, es más, se sentía muy tranquilo, en paz, por que sabía que lo que estaba a punto de hacer era lo correcto como buen cristiano que era. Los pecadores no tenían lugar en este mundo y menos en su casa. 
Antes de entrar en la siniestra habitación, reflexiono sobre sus ideas por un momento, allí supo que jamás había visto algo tan claro en su vida como en ese momento, sabia exactamente como debía obrar, cerraba todo perfectamente, se encontraba listo para actuar.
Abrió la puerta de golpe, lo que encontró no era ni siquiera parecido a lo que él suponía saber, el escenario era completamente diferente. Su mucama yacía desnuda en su cama, quejándose como había escuchado, pero sobre ella en vez de un amante, incontables alimañas, más precisamente cucarachas, le hacían el amor, devorándola a pedazos. De su boca emergían cientos de insectos, era como si nacieran desde su interior y fluyeran como un río asqueroso por toda la habitación.

No pudo moverse, quedo inmóvil como una estatua de concreto, mirando el horrendo espectáculo que allí se desataba. Pasó un segundo, que parecieron mil años. Se dio media vuelta, dándole la espalda al hecho, tomándose la cabeza. Se encontraba  totalmente desquiciado, su cabeza no pensaba con claridad como estaba acostumbrado a hacerlo. Había olvidado por completo quien era, que quería y a donde iba, cosa que jamás le había sucedido. Por un momento se olvidó de todo, hasta de su propia existencia, realmente se sintió libre, hasta feliz y sonrió. Todo le pareció un sueño hasta que escuchó una vos muy familiar, que le trajo buenos recuerdos. Era su mucama medio muerta, que hablaba como si tuviese la boca tapada. Se dio vuelta, vio que ella seguía tirada en su cama y tenia la boca llena de manchas negras vivas con patas sanguinolentas. -Esto no es ningún sueño, realmente esta en problemas, como puedo ayudarla!? 

Leandro O. Szilvay

Revista Viajero Nro. 22 - Diciembre 2007





Mis consejos

No sabes que encierro en mi interior pero te aseguro que no es grande. Cuando te cuente no vas a entender, vas a pensar que soy tonto, pero no. El día se aproxima y es tan lejano a este momento, porque mañana sé que va a pasar, ahora los dedos se mueven solos y sin rumbo. Que voy a escribir, ni mi cabeza lo sabe, eso es lo interesante eso es lo grandioso como se mueven mis ideas, quien las pone en mi cabeza, para decir lo que digo y para callar tantas otras.
 El cerebro humano es un  mundo tan distinto al cotidiano, que es difícil entender como se ha creado éste tan simple y vacío por la mano del hombre. Dentro de nosotros hay infinitos sentidos, no se porque el exterior puede ser tan concreto y racional, matemático como una pared de cemento. Los valores humanos son postergados por la codicia, el dinero, las guerras, la tierra, el poder, trivialidades si uno las compara con lo hermoso y vital que es el corazón humano. El amor nos da el poder de ser feliz, eso vale mas que papelitos verdes que cuantos más tengas más van a ser tus problemas.
En la simplicidad veo el futuro de la sociedad, no es necesario dar muchas vueltas, la calesita es divertida pero no lleva a ninguna parte. Vale seguir tus sentimientos, luchar por tus valores, alcanzar lo que buscas. Ojo por ahí te equivocas y buscas lo que no hay que buscar, ahí esta el problema, volcate a la libertad, sé un libre pensador para buscar en tu interior esa verdad que todavía no encontraste, esta ahí para ser descubierta solo falta abrir los ojos de tu alma para ver con claridad tu vida, plantearte lo hecho y lo que harás para llegar a ser voz, para sentirte mejor como ser humano, ahí esta tu felicidad. Yo no sé que buscas, hoy te digo Paz, Amor, Tranquilidad, Honestidad y muchos otros sentimientos buenos que tenemos todos los seres humanos. Muchas veces tapados por la mierda que nos meten en la cabeza, que nosotros dejamos que se nos meta. Sé que a veces resulta difícil, solo hay que ser uno mismo, dejar que las cosas se vallan dando, no hay que dar vueltas, hay que proponerlo y hacerlo.
El torno que taladra nuestra mente es solo imaginario, nosotros lo inventamos para automutilarnos, no seamos bobos pensemos claro, expresarse y hablar, escribir y cantar, decir lo que esta pasando. No es tan grave, es como lo miras lo que importa. Una mente tranquila es una mente clara.
Estos son mis consejos, un humilde ser pensante.  

Leandro O. Szilvay















Me gusta imaginarte



En la frontera verde de la tarde
Los pájaros se beben el ocaso,
filtra en las hojas una mirada de humo,
            medita el horizonte
            El sol de octubre gime
encendiendo siluetas en las ramas.

Jadean las palabras del poeta:
“Transitar la vida sin imaginación
es andar ciegos... caminar a oscuras”.

Por eso...
            cuando los pájaros se beben el ocaso
me gusta imaginarte al borde del camino
como en aquella tarde luminosa,
           con un pequeño bolso
           y un atado de sueños.

No sé cómo es amarte
y casi sin quererlo,
          obstinado,
          contra viento y marea,
          obediente al mandato,
          me he vuelto caminante.

¿Puede negar el pájaro su idilio con el viento?
            Y en esta tarde blanca
          imagino tus ojos,
          tu sonrisa,
oigo la voz que ordena 
seguir siempre adelante,
mientras crece en el alma
la hermosa sensación de estar volviendo.

Eterno peregrino,
avanzo...  siempre avanzo,
me empuja la esperanza de encontrarte
           al borde del camino
           con tu pequeño bolso
           y un atado de sueños.

Pedro Soto















Te necesito


Necesito tus ojos hablándome suavemente
Necesito tus labios tocándome el alma
Te necesito cuando mis manos ansían besar
o cuando el recuerdo de tu fragancia me duele

Necesito tu cuerpo entibiando mi corazón
Necesito tu piel rozando mis deseos
Te necesito cuando mis huesos sufren el hastío
o cuando un jacarandá deja caer sus flores

Necesito cada mañana ver tu resplandor,
imaginarme tus sueños mientras duermes.
Necesito despertarme con tu sonrisa

Necesito tus dedos, tus manos, tu pelo
tu cara, tu risa, tus enojos, tu pelo.
Necesito tu ombligo, tu pancita,
tus hombros, tu cuello, tu alma, tu voz.

Necesito tu esencia, existencia, tu presencia
tus caricias, besos, y abrazos.

Necesito en fin,
mucho menos de lo que me das
Necesito tu amor
tu amor y tu amar
Siempre…

Jonatan













Símbolo del hogar


La mesa de mi hogar,
¡Cuantas cosas simboliza!...
años de un pan amado,
miguitas sobre el mantel
que pájaros del jardín,
recibieron con dulzura
y aire de mucho amor.

Rayones que en el tiempo
de aprendizaje, mis niños
lastimaron sin querer,
quizás...para no olvidar
un camino a defender.

¡Cuantas tazas derramaron!
con leche del desayuno
o el chocolate a la tarde
con tostadas y manteca,
vainillas y mermelada.

Muchas veces sus manitas
se apoyaban en el asa
y al descuido se rompían,
repitiendo el alimento
que enriquecía su vuelo.

Mesa que cobijó a una familia
tan plena de maravillas,
que soportó despedidas
y comprendí las heridas.
También vio crecer boquitas
que fueron soplando velas
y hoy recibe los retoños
de aquellos niños de antaño.

Mesa que sos mi aliada,
junto al lápiz y al papel
para escribir cada verso,
con lágrimas de nostalgia,
por el amor que se fue.

Mesa, ¡Te quiero tanto!
sos una gran compañera,
contemplas mi vida entera.
El árbol que fue tu padre
me impulsa a seguir andando
al ver las ramas crecer
sin olvidar el ayer.

Nilda Deluca













Carta para Gisela


Te extraño mucho. Si no te hubiera conocido ¿qué estaría haciendo ahora? No estaría mirando una computadora, o quizás sí, pero mi vida no sería la misma, eso seguro. No tendría un poster de star wars, pero vos tampoco. Eso es raro. Estaba esperando la oportunidad de volver a escribir; la necesidad y el momento. A veces, últimamente, me siento mal cuando no estás. Quiero que todo tenga sentido, lo que estamos haciendo, pero parece que es muy difícil. El mundo está mal y no lo podemos arreglar. Vos me ayudás a vivir, me enseñás sin explicar, me metés en la vida, directamente. Hacés que deje de observarla objetivamente y la viva. Por eso te necesito siempre conmigo. ¿Qué hago en este momento? Todo es para lograr algo, al final. Lo que me gusta hacer es entender las cosas, pero llega un momento en que eso no te alcanza. Me encierro y me seco, no quiero hacer nada, porque nada se puede hacer si no es un fin en sí mismo. Siempre queda un para qué, una pregunta. Escribir tiene sentido (¡lo digo yo que siempre odié las palabras, por superfluas, por imperfectas!). No se explica nada, al final, pero ¿qué hay que explicar?. Por lo menos en algún momento está la posibilidad de la belleza, expresión del amor que no encuentra objeto último, o algo así. Puedo escribir por lo menos, gracias a vos y a esta vida que elegimos juntos. Por lo menos tengo tiempo para estar (en el tiempo) para sentirme estar, un rato. Es lo más parecido a estar juntos: mirarte y preguntarme algo vago, un cómo... y sentirme real, aunque duela. Aunque esté todo bien, duele, porque nacemos heridos. Nacer es herirte de muerte, enfermarte de entrada, caer. ¿Qué diferencia hay entre decir “pecado original” o “estar arrojado”? La hay, pero ahora no importa. La separación es lo que duele, del ser, de Dios; no ser, morir, es lo mismo. Empezamos muertos, pero vivos, no tenemos paz. El cansancio y el hastío de no poder estar quieto, no poder apoyar la cabeza un rato. Lo que no termina nunca, el círculo, la mala eternidad que nos toca, no es feliz, es insoportable. No sufro la pesadez del aburrimiento, todo lo contrario, no puedo dormir; es estar con los ojos abiertos todo el tiempo, sin descanso. Pero con vos pesa menos. Es como si viviera lo que tengo en vez de faltarme algo. Es como si pudiera entrar en contacto con lo que falta. Es la promesa de lo que no está. En tus ojos está Dios.

Nicolás














Perdón naturaleza

     
     
   El hombre, que destruye
cual feroz asesino,
las bellezas terrenas
que de Dios recibió,
se  encontrará algún día
en medio de un desierto,
pues con sus propias  manos
su legado mató.

  Contamina vertientes,
ríos, lagos y mares,
ensucia lo que toca,
todo, sin compasión,
cambia causes a gusto
tan solo por dinero
y de sed muere un día
sólo por ambición.

    Se dará  cuenta entonces,                          
en medio de los restos
de la fauna y  la flora
que en vano pisoteó,
que la naturaleza
es un don tan preciado,
que no hay mayor tesoro,
que un trino o una flor.

Isabel CORRAO SANTOS    

Revista Viajero Nro. 21 - Noviembre 2007





*


Inmediatez.
El horizonte al alcance
de la mano.
Plumas levísimas
del instante necesario
para recorrer
la distancia
que casi no existe.

 

*


En sueños
se combinan cielos claros
con casas a oscuras,
como los pintó Magritte.
Un
paisaje
paradojal.
La contradicción se suspende,
al peregrinar
por la finura cromática
de la realización
del deseo.

Marcelo Valenti













Poema de La Jaula


Tanta oscuridad podría revelar las imágenes
 que oculto detrás de mis parpados
Ana Maria Shua.
Cayeron a tus pies como pájaros,
entre sombras siniestras que te envolvieron en hielo.
Sus voces pesan como hambre y destierro
Sólo estas tú entre las negras serpientes.

Un coro de cuervos te llenan en silencios,
vacías los ojos de fantasmas negros
y sólo oyes niños hambrientos,
hierro y encierro.
Nacen desde ti sus bocas, sus huesos.

Viejos y niños se desarman y gozan en su jaula.
Nace desde ti su carne.
Deseo.

Las borras de la taza revelan tu destino,
las figuras se desgajan de la película muda
y te aferras a un niño,
entre llamas que te inundan en tu perversa alegría.

Entonces, me desprendo de tu cuerpo
Y no veo sombra.

Ayelen Illanes














Arte


Realmente no pertenezco a ninguno de los mundos que me rodean ni de los que me hago participe. Algunos están demasiados preocupados en hacer dinero, para poder escapar de esa insulsa rutina que te provee esta apática remuneración. No se si alguien ve lo que yo siento, pero trato de expresarlo, o no me ves con el micrófono en la mano. Si algo te toca, si algo te llega de lo que trato de decir, es muy probable que comprendas lo que menos sentimientos posee.
No se si vale la palabra del autor, ni de las criticas, quiero creer que cada pensamiento, cada idea tiene infinitas interpretaciones, sin reglas ni barreras. Solo existe la libertad para contemplar el arte, un concepto, un hecho, un desecho de nuestras frustraciones. Tal ves todo encierre en su esencia una capacidad artística, solo lo sabrá el que escucha, el que presta atención, el que ve un ciego y trata de meterse en su cabeza, el que trata de sentir cada vez mas, para el que los obstáculos son solo experiencias vitales, necesarias para su propia existencia y creación.
No comprendo al ser que dice no apreciar el arte, tal vez crean que es complicado entenderlo, y es ahí donde se equivocan, el arte no tiene lógica, es un impulso, una energía soltada al aire. Uno nunca sabe de donde vino, ni a donde se dirige, solo fluye de algún tonto corazón, no es algo serio. Más bien cómico es darse cuenta de que uno posee la habilidad de crear, un alimento para el alma, lo que ningún placer puede dar, lo que el dinero no puede alcanzar, algo que realmente es propio, donde nada, ni nadie se interpone.

Leandro O. Szilvay














En silencio...


Como las hojas en el viento
en un meneo, seduciéndome
y cubriéndome en un calor tibio
tu mirada junto a la mía.
Nos cobijamos los dos mutuamente
de los residuos del pasado.
Divagando entre sintonías
de un presente nuevo
aceleradamente en un vaivén
un sentimiento que crece...
Como mariposas vivimos este momento
en un paisaje de la vida.
Nuestros corazones se aceleran
al pensarnos mutuamente,
amándonos en silencio...
Resguardándonos entre líneas
que no tienen fin.
Tu alma y la mía
incondicionalmente ceñan un pacto.
Esperando cada segundo de intimidad
en un murmullo constante
en diferentes idiomas
me dices lo que yo quiero oir,
rozándome las manos
en una plegaria los te amo...
de tus labios son el susurro
más bello que yo puedo escuchar!!!

Angelross
Alba Rosa Retondo














En camino


Luces danzantes me empujan efusivas
Horas sin besos se apagan al fin
corre mi alma y mi cuerpo no la alcanza
saltan mis brazos como delfines en el mar
todos mis sentidos se embriagan de tu nombre
Mi pelo vuela al ansiar tus caricias
Mi boca no piensa que decir porque todo lo ha dicho
pasan lo minutos, pasan los lugares
y voy sobre ruedas a donde más anhelo
Serena mi taquicardia, mi más suave ansiedad
y cuando descubro el porque…
descubro que mi punto de partida de cada día
es mi punto de llegada… tu compañía.
Y entonces todo comienza a girarnos alrededor
caricias, palabras, besos; anécdotas, sueños,
deseos; amor, intolerancia, amor;
diversión, sonrisas y enojos;
la luna, el mar, el bosque;
la tierra, el cielo… Él…
Un macrocosmos de locura y paz
de berrinches y felicidad
de heterogéneos sentimientos que nos abarcan
Y nos incluye un solo concepto: Amor.

Liliana Araya














La niña perdida


Había una vez una niña llamada Vida que salió a pasear con su pequeño perrito.
En el camino, se encontraron con un río en el que había un pez. Escucharon algo parecido a la voz de su papá y a la de un tigre. ¿Sería un tigre atacando a su papá?...
Mientras la nena escuchaba, el perrito corría a un gato.
Vida se sentía sola y angustiada, se asustó mucho, entonces lo llevó a su casa para que el doctor lo pudiera curar.
En el camino, Vida se acordó que habían dejado al perrito que se llamaba Gaturro y volvieron a buscarlo al bosque sin pisar las ramas para no tropezarse. En el bosque había flores, árboles, plantas carnívoras, una playa y muchos mosquitos!! Y justo atrás de un árbol, apareció el gatito negro, que estaba jugando con el perrito, muy contentos los dos.
Vida les dio de comer, porque estaban hambrientos y los llevó a su casa y todos vivieron juntos, se hicieron amigos y Vida los cuido para siempre!!!
Y colorín colorado…

Alunmos de  K 3 “S”
San Jorge
Chicos entre 5 y 6 años














Amada Sara:


Amada Sara:

Aquí estoy mi amor, detrás de la ventana. Mirando sin ver hacia fuera.
Sentado en silencio junto a tu mecedora de terciopelo marrón, que ahora, reposará eternamente. Ha suspendido el vaivén  de la vida, pero sigue allí,  en la callada quietud del living.
Tal vez espero verte regresar, desandando un camino, que ya no puede volver a ser transitado.
Estoy aquí sentado, esperando escuchar tus llaves en la puerta. Soñando con verte aparecer detrás de ella, con tu loca sonrisa, y tu manía de poner siempre la llave equivocada.
Podría quedarme aquí para siempre, y esperarte por siempre. Tal vez así, lograría mantener viva, la esperanza de verte.
Recorro con mis ojos cada rincón de la casa, no te veo,  pero estás aquí.
Tu ropa está como te gustaba guardarla, toda desordenada. Así se quedará, porque es tuya  y ella también te espera.
El silencio se ha hecho dueño y señor del hogar. No me importa haberlo dejado ganar, aunque no me deje ni decir mis pensamientos en voz alta. No me importa.
El jardín es el más triste, parece que está en otoño, aunque sabe perfectamente, que está en medio del verano.
Las hortensias perdieron sus flores, los jazmines olvidaron su perfume en algún lugar y no pueden encontrarlo.
Yo tampoco los ayudo a buscarlo.
 Las rosas color té, perdieron sus hojas antes de abrirse; y las violetas... ya no están, se extinguieron. No puedo hacer nada, yo también estoy en otoño.
Por las noches me despierto y salgo a buscarte, por cada rincón. No sé por qué no puedo encontrarte, aunque te juro que te busco bien.
Te extraño, Sara, mi dulce Sara. No puedo cumplir la promesa que te hice, porque no sé cómo hacerlo, te olvidaste de explicármelo.
Por eso voy a quedarme aquí en la ventana, hasta que vuelvas para decirme, cómo se vive sin vos.
Te estaré esperando, hasta que la espera  se canse de esperar que te olvide.

Tu eterno enamorado

Liliana Rita Alvarez














Soneto apagado


Si mañana escapan las vidas
y ayer brilló aquella madrugada apagando siglos,
entre tristeza y un amor lejano que era nada y era todo;
cuando la risa perdía las vocales azules,
o un río de cenizas cayo al cielo.

Y si el silencio que esconde cicatriz,
se muere en labios tímidos dorados y amantes de canciones
por no leer mis huesos que lloran,
como llora una piedra bajo el mar.

El cruel sonido del alma,
rompe los soles que viven frente al mar;
y aquel horizonte blanco,
atrapa el viento áspero que dejó mi espalda roja en tus almohadas,
aquellas que escapan las vidas del mañana.

Danilo












Poema revelado


Mi primera revelación contra las palabras encontró mares de poesía;
fuegos tácitos destruyeron el odio y el amor.

Estoy libre ante la majestad opresora de las letras,
para mezclarlas con fiebre limpia del entierro.

Me encuentro junto a su mirada de lince adormecido en la miel del verso.

Ya muerto es más afín a la vida que dormido, así sueña
con el primer paso del horrible gusano, sueña
y cree en su prosa que dibuja el rayado y despintado sol,
Que con látigos golpea y ataca cegando el horizonte.

Me enseñó esa misma estrofa, que aquella tinta puede cantar como llorar;
y que dibujando rimas doraras algún dolor sonríe bajo tierra.

Lleno de paz trazo mi vida despojando tristes soledades;
y guardo la cara alegre de los enamorados.

Entonces escribo estrella y lleno el cielo de música y luz;
y bailan las nubes e imitan suaves notas pintados con besos lunares.

Mi primera revelación es la poesía, así como la última
será mi más preciosa declaración de vida
en versos satisfechos.

Jonatan

Revista Viajero Nro. 20 - Octubre 2007





Zapatitos  de  ángel


-  Te pido disculpas por la demora –le dijo el joven vendedor mientras la acompañaba hasta la caja.
-  No es nada un poco de espera.  Estoy recompensada porque que me llevo los zapatos que quería. Además yo nunca me enojo, siempre tengo buen humor.
-  ¿En serio?... mirá que aquí le tomamos  la palabra a los clientes!...
-   Creéme, siempre estoy de buen humor.
-  Te haría una apuesta para comprobarlo –desafió el muchacho.
-  No hace falta, es cierto, siempre tengo buen humor,  inclusive cuando me hacen bromas pesadas. –respondió la jovencita con aplomo.
-  Es una ventaja saber con qué clase de persona uno trata, porque a este negocio viene cada clienta con cada carácter, que te la regalo –decía él mientras le entregaba la compra.
-  ¡Qué liviano! – dijo ella al recibir la bolsita con la caja.
-  ¡Es porque los zapatitos de ángeles tienen que ser livianitos, por si la dueña quiere volar! –respondió galante.
-  ¡Ay, muchas gracias… y buenos días!
-  ¡Hasta luego!... –respondió él con picardía, acompañándola con la mirada.

Cuando la clienta se retiró del local, otra de las vendedoras se acercó a decirle:
-  Estabas tan embobado con tu clientita que le dijiste: ¡Hasta luego!
-  Le dije así porque estoy seguro que va a volver a buscarme, y muy pronto.
-  ¡Ay… miren chicas, Narciso Bello, dice que la clienta que atendió recién va a volver a buscarlo.
-  ¡Estoy seguro!... apuesto una docena de facturas a que en menos de 24 horas vuelve a buscarme.
-  ¡Dale!… si vuelve, entre todas pagamos la factura y si no viene pagás vos.
-  ¡Trato hecho!... pueden ir preparando el café.

Otro de los compañeros se acercó a preguntarle con aires de cómplice:
-  ¿La embrujaste loco, que estás tan seguro?
-  No digas nada y preparate para cuando venga de buen humor: ¡le puse un solo zapato en la caja!... acá arriba guardo el otro.

Pedro Soto
sotopedro99@hotmail.com

Dejo caer mi pluma.

Silencio...
Trovador de mis sentimientos ocultos,
dejo mi pluma caer sobre un papel
donde se mojan mis letras por mis lágrimas,
que añorando un amor eterno
se ve en mi un final sin esperanzas.

Soñadora del amor?
esquivo las flechas  
que caen sobre mi.
Como luciérnagas
en la noche pasan rozándome
esquivando las esquirlas
cubriéndome de rosas
trato de reponerme
de un manto...

… Majestuoso y genuino de un ángel
translucido como el agua de un manantial
descubro un don....
Mis letras sin razón de ser
las escribo en memorias
biblia del pentecostes
pasarán  a ser,
dónde notas olvidadas
contarán su historia.

Silencio...
afortunado sin razón de ser,
añoro las esperanzas
que un día me dejaste ver...
y lloro en silencio dejando
caer mis lagrimas rojas
sobre un papel...
 
Angelross
Alba Rosa Retondo













La Partida


Envueltas por la fría bruma,
abandonadas, desaparecen
aquellas tierras. Ensueños,
recuerdos que atrás quedan
como un camino de espuma;
mientras con afán busca
un navío su último destino.
El viento desolador golpea
su rostro, sus húmedos ojos
en la lejanía perdidos;
se agitan, se estremecen,
en una tristeza muda
enloquecen, prisioneros
del dolor de un desterrado;
en cuya atormentada alma
se desata con furor,
una implacable batalla
que le arrebatará la vida.
                                                                            
Claudia Mercatante                 
Escritora y Artista Plástica














Teniendo un cambio


Tengo lágrimas corriendo por mi mejilla
y quiero venderlas antes de desaparecer.

Tengo sonrisas al frente de mi cara
y quiero comprarlas para hacerte reír.

Tengo manos cansadas de sostenerme
y quiero regalarle caricias de tu rostro.

Tengo piernas agitadas de correr
y quiero prestarles una calle donde puedas caminar.

Tengo ojos borrosos y tímidos
y quiero mostrarles un espejo transparente.

Tengo el alma, confusa y distraída
y quiero conseguirle una vida a tu lado.

Tengo por último una boca reseca
y quiero para ella algo único...
            el beso que nunca me diste.

Lautaro Dure








Pestañitas


En el río Pasará, que cruza la selva americana, vivía una cálida y tierna  familia de yacarés; ¡Sí, chicos, yacarés! No se asombren si les digo que eran cálidos y tiernos, pues ellos también lo son, el problema es que no los conocemos.

Don yacaré y señora, vivían felices junto a sus tres hijos y la vida pasaba siempre igual, día tras día, sin novedad. Pero una vez, después de una larga espera, nació un nuevo integrante en esta familia. Era tan lindo que sus papás tuvieron que pensar muchos nombres, hasta que se les ocurrió uno especial: PESTAÑITAS. Y sí, no podría llamarse de otro modo pues, eso justamente,  era lo más llamativo del pequeño bebé ¡Sus pestañas! Eran  hermosas y cada vez que cerraba y abría los ojos, las movía con mucha rapidez, por eso, ese era el nombre ideal para el pequeñín.
Así, fue creciendo bajo el cuidado de su familia. Sus hermanos eran los encargados de pasearlo por la orilla del río y de enseñarle todos los trucos necesarios para poder sobrevivir en un lugar tan peligroso como la selva.
El principal consejo de sus papás fue siempre: “Tener cuidado con los extraños”. Pestañitas era  obediente, aunque un poco travieso. Por ejemplo, se paraba sobre una piedra y después de dar una increíble vuelta en el aire, se tiraba al agua haciendo un  gran splash  para asustar a los peces, que salían nadando  por todos lados.
Pero él no lo hacía por maldad, porque era tan pero tan bueno que ni siquiera atrapaba peces para alimentarse. Amaba a los animales, jamás dañaría a uno. Es por eso que para comer, le alcanzaba con prepararse una rica ensalada, esa era su comida preferida.
Esa comida tan saludable, hacía que se viera un poco extraño ante los demás yacarés.
Muchas veces sus amigos lo invitaban a jugar en el río y le decían: -Vamos  Pestañitas, no olvides tu ensalada.
A él le molestaba un poco cada vez que se lo decían, pero se sentía tan feliz que al instante se olvidaba de todo y salía a jugar con ellos.
Un día, en medio de una gran tormenta, el río comenzó a crecer y a agitar sus aguas. Muy pronto éstas se enfurecieron, salieron de su camino y comenzaron a inundar todas las orillas. Subieron y lo invadieron  todo.
Pronto, todos los animales  escucharon el aviso de peligro. Todos menos Pestañitas que estaba dormido sobre una gran piedra, y allí se quedó, hasta que una  ola lo envolvió y por más que trató de luchar contra ella, se lo llevó lejos, muy lejos.
Mientras tanto en su hogar, pasada la catástrofe, las familias se reencontraban y se abrazaban felices por estar vivos. Pero esa felicidad desapareció, como desaparece la luz de una estrella, en cuanto aparece el primer rayo de sol. ¡Faltaba Pestañitas!
Rápidamente se organizó una búsqueda y al final del día, la respuesta era una sola: se había ahogado.
Para su adiós se reunieron todos frente al río y tiraron flores multicolores al agua, mientras se escuchaban caer una a una,  las lágrimas de los que lo quisieron. Hasta sus amigos, que tanto lo cargaban, tiraron hojas de lechuga, ese  hubiera sido su  último deseo.

Mientras tanto, en una orilla muy lejana, Pestañitas, despertaba abrazado a una rama, todo mojado, lleno de barro, con hojas pegadas en su cara.
 Con una pata se limpió los ojos para poder ver. No entendía qué había pasado, ni en dónde estaba. Lo que sí podía entender era que esa no era su casa; el lugar se veía distinto.
Lo primero que hizo fue llamar a sus papás: - ¡Mamá, papá!!!!!!  Nadie contestaba su llamado.
Se quedó quieto, en silencio, llorando lágrimas de verdad, que mojaban y todo.
En medio de ese silencio escuchó ruidos en un árbol, miró hacia arriba, no se veía nada especial; pero después de insistir con la mirada, logró encontrar, en medio de las ramas, un montón de plumas y entre ellas unos ojos grandes que lo miraban.
Cuando sus miradas se encontraron se escuchó un solo grito: ¡AAAAAHHHHH!
Los dos gritaron desesperados; el bicho emplumado se tapó con una gran hoja verde y el yacaré con un yuyo seco, que fue lo primero que encontró.
Después silencio, y diez minutos después, silencio también.
Finalmente, Pestañitas se atrevió a decir:
-Hola.
Silencio.
-Yo también tengo miedo, pero estoy solo y perdido, por qué no nos presentamos.
-Una voz le dijo: - No te ves muy confiable, eres muy grande y yo muy pequeño, pero valiente.
-Quiero verte.
-Negativo.
Silencio.
-Hagamos una cosa, contamos hasta tres y los dos damos un paso hacia delante, así podremos vernos bien.
Después de unos minutos se escuchó un: - Bueno, pero sin trucos.
-¿Estás listo?  Preguntó Pestañitas.
-Sí.
Y los dos contaron: - Uno, dos y tres.
Pestañitas avanzó un paso, el bicho también; con tanta mala suerte que se olvidó de que estaba parado en una rama y cayó tantos metros como tenía el árbol.
Quedó desmayado a los pies de Pestañitas. Este se asustó mucho, trató de despertarlo pero no pudo. Le mojó la cara con agua del río, pero tampoco reaccionaba.
Rápidamente preparó una cama con hojas, lo acostó en ella, y se quedó a su lado, dándole agua fresca, mojando su cara y sus plumas, controlando que respirara.
Pasaron tres días. Finalmente el bicho abrió los ojos, se asustó al principio, pero pronto recordó lo sucedido y cuando se tranquilizó dijo: - Pomponia
e donde emprendería su viaje de regreso, siguiendo el camino del norte.
Parados en la orilla del río, se dieron un dificultoso pero cálido abrazo de despedida. Pomponia le regaló una pluma que se sacó de un ala, y Pestañitas le dio una de sus maravillosas pestañas.
El viaje solitario por la orilla del río, lo hacía extrañar cada vez más a su familia y por eso caminaba sin parar, paso tras paso, descansando por las noches para reponerse.
Una mañana tuvo un despertar más que sobresaltado. Cuando abrió los ojos vio frente a sí una imagen muy extraña, una cosa de altura considerable, con dos ojos lo estaba mirando.
Dos piernas flacas, metidas en unas botas muy altas, que le llegaban hasta las rodillas, un cuerpo delgado, vestido con colores de la selva, un par de brazos huesudos que sostenían algo negro de hierro, que sin saber por qué a él le dio miedo, y una mirada muy fuerte, sin expresión.
Era muy serio, y tenía unos bigotes enroscados hacia arriba, como los de su vecino Anselmo.
Miedo, eso es lo que sentía al mirarlo.
Por eso decidió quedarse quieto, para ver qué pasaba.
El  cazador apenas lo vio se dio cuenta de que era un yacaré muy especial.
“No lo mataré todavía, es pequeño y su piel alcanzaría sólo para un cinturón,  será mejor esperar, tener paciencia y poder hacer una gran cartera”.Pensaba mientras se acercaba y se presentaba diciendo:  -Yo soy admirador de los animales de la selva, los protejo, los mimo, los alimento, y tú quién eres?
-Pestañitas, señor.
- ¿Qué haces solo en un lugar tan peligroso?
- Yo vivía feliz con mi familia hasta que el río creció y me separó de ella. Ahora estoy solo- dijo mientras se secaba una lagrimita que se le escapaba. Estoy intentando encontrar el camino que me lleve a mi casa.
- No te preocupes, yo puedo cuidarte.
- Pero señor, mi mamá dice que no confíe en extraños.
- Yo ya no soy un extraño, acabo de presentarme, y podría ayudarte a encontrar más rápido tu hogar.
Pestañitas sentía un poco de miedo, pero la idea de llegar más rápido con su familia, pudo más; por eso decidió aceptar la ayuda.
Juntos empezaron una larga caminata. Después de varias horas, el cazador le dijo que entrarían al pueblo para descansar un poco en su casa, porque pronto llegaría la noche.
Esto no le gustó mucho, pero después de todo por qué sospechar, si hasta ahora no le había hecho nada y lo había tratado bien  Pensó Pestañitas. 
Así, fue con el cazador hasta su casa. Al entrar, éste le dijo que tenía una cómoda cama para él y lo invitó a entrar en una habitación, un poco extraña, pero por lo menos allí podría  pasar la noche más seguro que a la orilla del río.
Al amanecer, cuando el primer rayo de sol entró y lo despertó, descubrió con gran tristeza, que no estaba en una habitación, sino en una jaula de la que no podía salir.
Solo y más triste que nunca, pensaba en su mamá, y escuchaba su voz  dándole consejos sobre no confiar en extraños. Ahora entendía lo que le había querido decir.
A partir de allí, su amigo “el extraño”, ya no le hablaba, sólo se acercaba para traerle comida.
Con desesperación comprobó que no era el único, y pronto comenzó a hablar con todos los yacarés encerrados como él. Estos le contaron que no había salida y que serían convertidos en carteras y zapatos.
Pestañitas  no  lo  creyó y  no estaba dispuesto  a  darse  por  vencido. Es así como esperó la próxima noche. Como era muy pequeño, logró deslizarse entre los barrotes, y después de abrir las jaulas de sus compañeros, huyó.
Corrió por las calles, donde todo era extraño para él, y una vez que se alejó lo suficiente, se detuvo frente a una zapatería. Con gran asombro vio que había en la vidriera muchos familiares suyos, y aunque tenían formas raras, decidió llevárselos. Entró corriendo en el negocio y cargó todos los zapatos, carteras y cinturones que pudo y les dijo: - Muchachos no teman, ya están a salvo.
Durante los días siguientes, caminó y caminó por la orilla del río, cargando a sus amigos, con el deseo de encontrar a su familia.
El deseo se hizo realidad y una brillante mañana llegó al lugar, lo encontró, era su casa.
Allí estaba su mami, que salió corriendo a recibirlo y lo llenó de besos (como lo hacen las mamis).
 Pestañitas contó su historia y les presentó a los parientes que había encontrado: dos pares de zapatos, cuatro cinturones y tres carteras..
Sus papás tuvieron la difícil tarea de explicarle, que esos objetos ya no tenían vida.
Hubo un gran silencio...
Muy pronto, Pestañitas entendió todo, con razón esos parientes no quisieron comer nada durante el viaje: ¡No tenían vida!
Con gran pena, acompañado de su familia, colocó los objetos en una canasta y los puso en el río; mientras los veía irse, tiraba flores al agua, en señal de despedida.
Con el tiempo recuperó todo lo que había perdido, su familia, sus amigos, los paseos por el río.
Eso era todo lo que necesitaba para ser feliz; aunque extrañaba a su amiga Pomponia, de la que tenía el mejor de los recuerdos y una linda y suave pluma que guardaba cerquita de su corazón.

Liliana Rita Álvarez











Los poetas

 
Desarman las luces de las paredes ajadas
Giran en orbitas sus sombras
Y se escurren y se espejan
en la luna cómplice y ardiente
Es noche de velas.
Y se estremecen y tiemblan
Y escuchan y se detienen.
Y pronto se inundan
En el más diáfano de los misterios:
 
Y cesaron los gritos del quebrado silencio.
Noches distantes y crudas asoman temerosas
sobre salvajes vestigios que reunió la bestia:
allí donde los soles reposan ya sin sueño,
y cientos de espectros de fantasmas bailan
una música: sin nombre, sin grillos ni linternas.
Aun más arriba, sobre los capiteles dormidos,
las nubes se abren ante una pasarela de estrellas,
desfilando encantadas ante las recelosas miradas.
Braman desde el cielo las trompetas
y desde irrisorias colmenas mueren las sombras,
donde las aguas callaban el tiempo.
El mar es sombra y anochece.
Cientos de Ejércitos corrompidos por hilos
sobre los cuales caminan tambaleantes,
simulados reyes convertidos ya en ceniza
reposan en el lecho denunciando su desnudez impura.
Poco más atrás, el reloj, metáfora del tiempo,
cobija con cendales de lágrimas
otra pintura, no muy distante.
 
Agitados, se desgajan de las tierras
Y son aire.
Ajenos al destino y al tiempo,
incomprensibles del silencio.
Giran en orbitas sus sombras
Y se escurren y se espejan
en la luna cómplice y ardiente,
no entienden la celebración,
hunden sus alas en el naufragio de cielos
y espejos.
Sólo son pájaros.


Ayelen Illanes

 







Yo no sabía


Yo no sabía…
que aquellas caricias
que en mi niñez
Madre, tú me dabas.

Yo no sabía…
que un día llegaría,
del dolor amargo
de tu ausencia, Madre…
Yo no sabía…
si mi andar
en el mundo, añorara
tanto, tu presencia Madre…
No sabía,
que los años, corrían… corrían
que nos separaban,
día a día, Madre…
Yo no sabía…
que te ibas, despacio…
lentamente, acariciando,
con tu amor, de Madre…

Tita Acuña Gauna
Profesora Nacional de Artes Plásticas