Revista Viajero N° 47 - Agosto 2010



Mi ruego


Ayúdame a aceptar lo irreparable.
A comenzar a andar por el camino
que ya no tiene más que una frontera.
¡Inevitable encuentro del destino!

¡Ayúdame a ser YO! Triste designio
para quien siempre lo dio todo por todos.
Ayúdame a llenar este vacío;
este hueco infernal en que me ahogo.

Poder abrirme al sol de cada día
y lograr ver las cosas de otro modo.
No ser en soledad solo recuerdos
aunque el recuerdo sea parte de mi todo.

Ayúdame a vivir si es que hoy vivo,
y no el estar muriéndome de a  poco.

Élida Galego
Enero/2000













Abecegrama del desconcierto


Aveces
bocas calladas
desnudan explosivas frases guardadas hondamente
inundando jornadas, kilos, litros, meses, noches
oyéndose pesadumbrosos quejidos,
rocas sangrando,
tristes uniones vencidas
whiskis
xerodermia
yacidos zigzagueos

Liliana Araya
liliana_soledad@hotmail.com













La presencia en ausencia...


Pienso en esa frase y la misma me resulta conmovedoramente insoportable, y a su vez, espeluznantemente tierna. Esto puede deberse a la doble significación que la misma puede recibir. Dicha bifurcación se fundamenta en la complicada naturaleza del género humano y despliega su carga emotiva como un abanico su sombra. Al leer aquellas palabras que dan nombre a este escrito, una imagen se acentúa en mi cabeza, una angustiosa foto en blanco y negro, en la cual se vislumbra un cuerpo sin alma. Y al pensar en dicha imagen, un escalofrío recorre mi cuerpo, sensación que solo encuentra su analogía en la necesidad de un abrazo en soledad, y que a su vez, proyectando recuerdos en mi mente. Tal vez, tendremos que acostumbrarnos a la efímera belleza de escasos momentos compartidos. La presencia en ausencia no es más que desear que estés y que mis deseos no logren saciar su energía libidinal. Y otra imagen aparece en mi mente, pero esta vez es una canción, que suplica como en una plegaria un "Anhelo De Satisfacción". Para ser sincero no me encuentro inmerso en toda la canción, sino en un grito, un grito de desesperante angustia que nada puede envidiarle a aquel anterior perfectamente plasmado por Edvard Munch. Pero en este caso el grito suplica "Cuando faltas me haces falta". Y vuelvo a caer en un sendero que se bifurca, ya que por un lado expresa una tierna y desesperada angustia... pero por otro, puede tornar un tono acaso más violento y culposo. Si tomáramos la culminación de la frase en un tono culturalmente futbolero podemos ver que la frase acusa culpabilidad de dolor hacia la otra persona. Tú me haces falta... y lo que es más, bajo estas categorías, intencionalmente.
Volviendo a la frase que encabeza este escrito, podemos plantear una segunda lectura de la misma como una presencia que supera la ausencia. Esta caracterización es inversa a la ultima planteada ya que implica una no intencionalidad en la ausencia, y una intencionalidad de presencia que genera que dicha distancia sea superada.
Mi espíritu romántico se encuentra nuevamente en una encrucijada, por un lado el dolor ante el abandono y el discontinuo ardor de un amor repleto de complicaciones, es la clásica definición del espíritu romántico. Pero por otro lado, qué más romántico que el deseo de unión supere las fronteras y las problemáticas contractuales.  Creo que en última instancia son problemáticas eternas que desmoronan el corazón humano, desde los comienzos de la humanidad como en una novela de Kafka, y que pueden simplificarse en la idea de destino y en las preguntas de ¿qué es lo normal y qué lo anormal?; ¿Qué es el bien y qué el mal?















Catástrofe


Qué pasaría si el sonido del mar se terminara,
y que tras caer la noche las estrellas ya no brillaran.
Que la luna ya no saliese nunca,
y que el sol ya no emitiera calor cuando hace frío,
Qué pasaría me pregunto si por un minuto el oxígeno se fuera
o que los volcanes expulsaran con gran fuerza su lava:
de seguro ese día lo que pasaría sería una catástrofe y una catástrofe
es lo que pasa cuando no te veo a mi lado.

Pepe Cabrera Martinez
Guadalajara Jalisco, Mexico













Poema


Gotas de lluvia que bailan
en el techo,
mientras escribo, en la tarde
que muere,
el poema sin rimas
que me pide
tu voz lejana,
en el silencio
que se agranda…

Olga Besada














entreabre la ventana y aunque aspira el aire frío
piensa en el mar |en aquel contraluz amarillo
                                                      /  que consumía la tarde
y piensa, además, un horizonte de gaviotas |
las alas a favor del viento | el regreso que preanuncia el ocaso

después ya no piensa  |  después la noche es vértigo
luz que trepa del balcón a la ventana

Miguel Angel Morelli















La sombra


Despierto, bañado en sudor con un dolor punzante en el pecho. Miro por la ventana y es de noche, el reloj despertador marca las 3:15. Cuando logro desenredarme de las sábanas me incorporo lentamente. Pongo la mano sobre el corazón, por suerte siento que sigue latiendo, igualmente acelerado como si estuviese corriendo delante de un león, y con el mismo miedo. Medio tambaleando por la habitación alcanzo un blister con pastillas, tomo dos. 
La ventana estaba abierta, hacía un frío de tumba. Prendí una hornalla para calentarme un poco, ubiqué un sobretodo negro que había caído sobre una silla y me lo puse. Me dispuse a prepararme un café, cuando noté el paquete de cigarrillos vacío, maldije hacia mis adentros, casi destruyo la cafetera de un golpe, pero mantuve la compostura, sabía que en la esquina estaría abierto ese bar de mala muerte con cigarrillos adentro.
El único problema era ella, que seguramente estaría parada como siempre en la esquina, debajo de esa pequeña luz amarilla. No me atrevía a mirarla, solo veía la sombra que su silueta producía en el asfalto, la forma de un ángel negro, sin alas, caído o salido de algún profundo agujero. 
Muchas noches me quedaba mirando el techo de mi oscura habitación pensando en su silueta, tratando de imitar con un velador y mi torpe mano esa imagen fascinante de mujer. Sabía que no podría tenerla, no por el dinero, ya que era una vulgar prostituta, sino porque no me atrevía siquiera a mirarla, menos hablarle e imposible tocarla. 
Por eso tardé en decidirme salir de mi habitación sucia, fría y sombría de pensión. Pero la adicción pudo más, el impulso era demasiado fuerte, la taquicardia era constante, el sudor frío. Mi cuerpo pedía a gritos nicotina. 
Bajé la escalera como un rayo, pero al llegar a la puerta me detuve, sabía que del otro lado ya la podía ver, más terrible aún, ella podría llegar a verme. Retrocedí unos pasos y cuando estaba a punto de pisar el primer escalón para subir, entran tambaleándose por la puerta la pareja del 5c, completamente borrachos los dos. Me miraron y se abalanzaron sobre mi, traté de eludirlos, balbuceaban palabras inentendibles, querían abrazarme o golpearme, no entendí bien. Cuando al fin los perdí me encontraba del lado de afuera. 
Ya sin opción agaché la cabeza y comencé a caminar en línea recta hacia la esquina, hacia los sonidos de los borrachos de ese bar, sabía que en unos ocho o diez pasos vería su silueta larga esbelta y con esas curvas incitantes. Caminé diez, quince pasos, ya se olía la peste del bodegón y nada. Ni una sombra, ni una luz, nada. Levanté la cabeza en dirección a su esquina, allí no estaba, ni rastros de aquella mujer. 
Entré al bar, pedí mi tabaco y me largué de ese espantoso lugar, mientras volvía a mi espantosa habitación, traté de pensar que sería de mi hermosa sombra, quién se la habría llevado. 

Leandro Szilvay















El beso, si es fresco y rueda en la mejilla, 
señala ese feliz encuentro
mas si junto a otra mejilla viaja al aire
antes de nacer ya estará frío;
ausente de todo sentimiento.

Si es tibio y a mis labios llega,
expresa la ternura del cariño
que al recibirlo tengo.

Si es húmedo y ardiente;
y tras de sí, salvaje trae el aliento;
expresará el deseo;
y a este recibirlo quiero.

Pero si se usa como espada vengadora
al negarlo tras infeliz encuentro,
prefiero olvidarlo para siempre
antes que soportar el pensamiento
de un futuro incierto.

Tal vez yo no sea cortés.
Tampoco soy violento
y besar jamás quisiera
mientras no pueda estar seguro
que recibir a ese beso lo desean,
aunque por ello muero.

Osmar A. Diaz

Revista Viajero N° 46 - Julio 2010




Amistad

A mis amigos de siempre…, 
y a los de hoy… ; 
a los que se han ido…, 
y a los que vendrán… ; 
a los que nunca se fueron 
porque en mi alma vivirán… ; 
a los de lejos… 
y a los de más acá… ; 
y…a todos aquellos con quienes 
compartimos el pan de la amistad.
Amigo mío…,
cuando el dolor y la tristeza,
desgranen gota a gota tu alma,
en tus nítidas manos,
yo posaré mi corazón, 
y te daré mi  alma.

Amigo…, hermano-amigo…,
cuando la soledad te envuelva,
y dejes caer una lágrima,
me quedaré, al lado tuyo,
en sigiloso abrazo, 
si decir una palabra.

Amigo del alma…, 
cuando todo parezca desierto,
cuando ya no queden ganas…,
a tu lado, aún me quedaré, 
para abrevar, juntos en amistad,
de alguna copa de esperanza.
 
Amigo…, hermano…, compañero…,
amigo mío…, amigo del alma…,
cuando el tiempo haya cambiado,
y el sol brille en tu mirar,
serán, pues, tus ojos,
la luz que iluminen,
las noches de mi andar...

Beto Cardozo
23/06/10
















Carta a mi queridísima...


¿Qué decir?...  nuevamente pensando qué escribir, será acaso que años de práctica impiadosa no fueron suficientes para poder esbozar sobre un papel, perenne testigo, un artero dictamen.  Quiero lograr expresar lo que siento por vos pero no sé cómo, y rondan por mi mente miles de ideas bifurcadas que no consiguen un rectilíneo rumbo. Realmente desconozco la respuesta de esta abrumadora tarea. Un verso propiciamente robado puede, fortuitamente, impulsarme a la gloria que vela tras la gracia de tu subliminal sonrisa aceptadora. Pero yo no sirvo para eso, conozco mis humanas limitaciones.
Tras algunas horas de disertación, creo haber conseguido un ejemplo que ilustra, esquemáticamente, mis sentimientos hacia vos. Pensé en las religiones que poseen visiones pesimistas de este suelo mundano, pensé pues en Dante, quien no se adhiere a esta desesperanza, y sobre todo en su “nobile castello” (infierno). En el mismo, Dante se encuentra con grandes personalidades de renombrados nombres tales como Homero, Platón y Ulises, entre otros, pero justamente en el canto V ve a dos personas que desconoce. Ellos son Paolo y Francesca quienes han muerto a causa de adulterio. Al dirigirles la palabra, Francesca, que habla por los dos, cuenta su trágica historia, insistiendo en que ella sigue enamorada de Paolo. El arrepentimiento está vedado en el infierno; ella sabe que ha pecado y sigue siendo fiel a su pecado, lo que le da grandeza heroica. Francesca sabe que el castigo es justo, lo acepta y sigue amando a Paolo. 
El punto sublime es que a Dante no le interesa el adulterio, no le interesa el modo como fueron descubiertos y ajusticiados, le interesa algo más íntimo, y es saber cómo supieron que estaban enamorados, cómo se enamoraron. Francesca declara que a veces se ruborizaban, pero que hubo un momento, cuando leíamos la deseada sonrisa, en que fue besada por su amante.
Es aquí donde quería detenerme, en medio de estos días tan turbulentos, y en los cuales tu vida puede cambiar en forma definitiva, me consultaste: ¿Qué es estar enamorado? Yo declaré, y creo ciertamente, no saberlo, y posteriormente esbocé una absorta definición. Hoy con unas horas más puedo retractarme, tal vez no en su totalidad, afirmando que no es eso estar enamorado, ya que es justamente algo que no se piensa. El intento de racionalizar el amor es el primer paso para desfigurarlo y mutarlo. Realmente creo que el amor se basa y reposa en esa sonrisa ruborizada de Francesca que no tiene ni un cómo ni un por qué; creo que se reposa en la absurda y eterna espera de un mensaje de texto; o tal vez, en poner tantas cosas en juego como aquellos amantes infieles que supieron perder su vida. No sé si estoy enamorado, si es lo que querías leer en este relato, tampoco puedo afirmar no estarlo, pero lo que sí puedo decir y asegurar es que siento cosas muy fuertes por vos que me llevan a poner muchas cosas en juego.
En cuanto al relato hay algo que no dice Dante, pero que bien destaca Borges, y se siente a lo largo de todo el episodio y que quizás le da su virtud. Con infinita piedad, Dante nos refiere el destino de los dos amantes y sentimos que él envidia ese destino. Paolo y Francesca están en el infierno, él se salvara, pero ellos se han querido y él no ha logrado el amor de la mujer que ama (Beatriz). Dante lo siente profundamente porque él ya está ausente de ella. En cambio, esos dos réprobos se hallan juntos, no pueden hablarse, giran en el negro remolino sin ninguna esperanza, ni siquiera, nos dice Dante, la esperanza de que los sufrimientos cesen, pero están juntos. Cuando ella habla usa el nosotros, habla por los dos, otra retórica forma de estar juntos. Estar juntos por la eternidad, comparten el infierno y eso para Dante tiene que haber sido una suerte de Paraíso. Tal vez, en este tiempo que compartimos girando casi sin poder hablarnos y condenados a no poder consumar nuestros deseos de complementariedad, aprendimos a saber estar juntos superando obstáculos y distancias.
A modo de desenlace puedo afirmar que creo que me ganó mi rol docente y terminé dando cátedra en lugar de decirte lo que siento, o tal vez es mi forma de decirlo, y tengo que volver a lo simple, frases simples y acotadas que solamente esbocen que te quiero muchísimo y que estoy. Que más allá de los problemas, dificultades y distancias estoy.
Quizás solamente quería decirte eso, pero soy muy complicado como para decirlo tan fácilmente. Sin más, me despido esperando que sepas leer estas míseras líneas contemplativas, escritas en tiempos robados al estudio facultativo y ganados al idilio de extrañarte.
















Día del Amigo


Cuando al sentirnos solos
en noches de desvelo
tan sólo nos acunan
las voces del silencio.

Cuando el alma perdida
no consigue consuelo
y el soplo que acaricia
se detiene en un vuelo.

Si rondan los fantasmas
en derredor del fuego
que consume en sus llamas
los fríos del invierno
y no se halla el abrigo
que nos entibie el pecho.

Si el corazón vacío
es un nido desierto,
y no llena su hueco
el consuelo del rezo.
¡Es la voz de un Amigo
la que acude al encuentro!

Élida Galego















Salix Babylónica


Nubes de flores
paseando por mis hojas en blanco,
algunas marchitas, otras fulgurosas.
Riñas entre alegrías y tristezas,
debaten como escribirse.
Categorías en lucha por definir,
como una sonrisa es invadida de lágrimas
sin mojarla, sin ahogarla.

Girasoles se ocultan del sol
y se duermen bajo la tierra,
para dejar espacio a las hormigas
que deciden emprender camino,
dedicándose hoy, laboriosas 
para pasar el frío invierno.

Sueños, sacrificios, triunfos, derrotas,
conviven en el alma cotidianamente
experimentando el dolor y la impotencia;
Reside también la esperanza 
decorando de verde el alma
aunque aveces ese verde traje 
sea un simple sauce llorón.
















digo yo  |  hablo de mí
pero ese yo es el otro  |  el que me habita
el que sustenta y a la vez carcome  |

ese que se alimenta del niño que fui
y apuñala la sombra que tal vez seré

el que lucha por sobrevivir toda vez que muero
el yo que se vuelve uno  |  reverso
implacable  |  pura alteridad

Miguel Angel Morelli


















Cuando duermen las palabras


Cuando esperamos de una palabra su belleza,
y no se unen las rimas.
Están los girasoles dando envidia al pasto,
la risa de las violetas esperan primavera y luna;
la noche silba el silencio de los grillos.
Una palabra y la belleza estéril.
Esperamos belleza;
esperamos palabras.
Rima girasoles con pasto estéril en una noche bella
y aun esa noche no contempla las caricias tímidas;
aun el silencio grita rimas brillantes
y las palabras, musas, inspiración, violetas, rimas no llegan.
El sueño jugó con mis dedos;
párpados, ventanas que no silban.
Un brazo se mueve y cierra la página,
la rima bella se fugó por la ventana y cerró la persiana.

















El agua no es agua porque sí, la misma creó la vida y desarrolló la vida de todo ser dentro y fuera de ella. 
La madera no es madera porque sí, es por algo que ha vivido lo suficiente para formarla, y algo que crea bienestar a nuestras vidas y a la tierra también.
La piel no es piel porque sí, es por algo que con años abrigó nuestros cuerpos y también nos alimentó. 
La vida no es vida porque sí, nos enseñó a buscar nuevos caminos y dejar senderos para que otros siguieran nuestros pasos, nos dio la templanza y sabiduría de valernos por nosotros y forjar nuestros elementos de caza, pesca y alimentación, descubrir de las piedras su valor y luchar por ello, la capacidad de montar los equinos y trasladarnos sin esfuerzo, y más deprisa y dar temor sobre ellos de arrogancia guerrera.
Haber desarrollado los elementos de transporte y de vivienda, la pesca, la agricultura, la ganadería, para luego la revolución cultural e industrial.
El hombre puso de sí lo mejor al servicio de la humanidad y el bienestar de sí mismo.
Tal vez si la evolución de la vida estaría en manos de la famosa costilla deberíamos retrotraernos al primer eslabón del Homosapiens. 

Luis Estevez

Revista Viajero N° 45 - Junio de 2010




Oda a la nostalgia de Andreí


Muy a menudo nos mata la insoslayable necesidad de ver lo que uno no va a encontrar. Es que la nostalgia es como el arte, intraducible. Se dice que el que viaja fortalece el corazón, pero yo creo que quien vive viajando en realidad se encuentra huyendo de algo, de algo que va con el viajante y no justamente en sus valijas. ¿A qué le temes?, es la pregunta; A mí, acaso la respuesta. En realidad le tememos a dos cosas, a aquello que no conocemos o a aquello que no podemos controlar. He ahí las dos grandes corrientes dialécticas del temor humano, pero existe algo que sobrepasa ambas, tal vez por rigor de integrarlas, y no hablo de la dulce señora que nos corteja en este idilio que es la vida, sino de algo, probablemente mayor, que es el destino.
Si la lluvia nos salvara de este apócrifo estancamiento de quiméricos dialectos de un atemporal pretérito. Mi fidelidad se encuentra intacta como aquel poema que no leí y aquel niño que no nació. Es claro que en la infancia somos adictos a la vida, la consumimos a más no poder, y saboreamos cada instante como si fuera el último, pero con la frescura de una sabor flamantemente revelado. Cuando incendie estas hojas, de alegre luto carnal, me consumiré en la angustia de una calle vacía, de un carnaval sin guarida y de una vela prendida, y no hablo de falta de amor, o peor aun de ausencia del mismo, sino de sumisión a éste. Hablo de tiempos ganados y perdidos en este laberinto de galerías dilatadas, hablo de la bella arrogancia de un espíritu cisterciense.
La vida es tan simple que no logramos comprenderla, en nuestro racionalista intento de sensato entendimiento. Y, al igual que a mis hojas, serán los girones de fuego los que me inunden comiendo y purificando este impío cuerpo ante la absorta mirada de mis coterráneos, súbitos espectadores, que me verán cruzar las secas aguas de pie, defendiendo inútilmente  la llama de los avatares de las corrientes de aire, en esta filantrópica tarea. Y cuando finalmente llegue a destino y haya regresado a mi hogar, mi padre me estará esperando tan flaco y barbudo como se conserva en mi equivoca memoria. Es en dicho preciso momento, cuando mi lealtad hará de mi casa y el templo una misma cosa, uno reflejo del otro, y la lluvia bañara nuestros cuerpos con la sutileza de una foto blanco y negro en la que se representan nuestras madres a su vez hechas todas y una.

Emanuel Cañoto














Tía Emilia


Traía los cabellos recogidos ya que eran muy largos y canosos, las gordas trenzas parecían víboras enroscadas en sedoso espiral. Nunca hablaba más de lo necesario, al contrario era retraída casi misteriosa. Cuando la tía me miraba fijo debía desviar la mirada, la misma era penetrante y hasta maliciosa. 
De noche ella se encerraba en su cuarto y nos prohibía la entrada, aducía que entes malignos se apoderaban de la habitación. Eso bastaba para mantenernos alejados, y también dificultaba nuestro sueño. Una noche me atreví a posar mi oído en su puerta, se la escuchaba susurrar palabras ininteligibles, y en un momento dado un frío me atravesó el cuerpo como cuchillo a la mantequilla saliendo el mismo por mi pecho y entrando a la habitación, los susurros cesaron y yo salí corriendo hacia mi cuarto.
Al otro día mientras desayunábamos Emilia me miró suspicazmente y yo entendí que se había dado cuenta sobre mi intromisión nocturna, ella no dijo nada pero de alguna forma entendí que su mirada era como una fugaz amenaza; no intenté ninguna otra artimaña por miedo.
Antes de levantar las tazas de la mesa nos dijo:
-Mañana es “Noche de Brujas” y vamos a divertirnos mucho.
Los cuatro nos miramos.
-Mañana vendrán unas amigas mías y la pasaremos muy bien, ustedes deben idearse un disfraz. 
Entonces le pregunté
-¿Tía vos también usarás disfraz?
-Claro que sí, yo seré una de las cuatro brujas.
No nos causó ninguna gracia, al contrario, el miedo comenzó a crecer y definitivamente no quería conocer a las amigas de la tía ni festejar la noche de brujas.
Mi disfraz era de diablillo, el de mi primo Hernán de Drácula, mi prima Noe de Muerta, y Nico de Frankestein. 
Comenzamos a recorrer las casas del barrio recolectando muchos dulces, ya había olvidado a mi tía y sus amigas, cuando volvimos con los bolsillos repletos y al entrar a la casa, notamos que las luces estaban apagadas y sólo una vela iluminaba apenas el comedor, mi tía estaba sentada en la mesa, al acercarnos nos dijo:
-Que bien que regresaron, ahora conocerán a mis amigas.
La vela se apagó bruscamente, mientras mi tía reía a carcajadas, al cabo de unos segundos se sumó otra risa y otra más, no podía ver nada sólo me tiré debajo de la mesa, donde ya estaban mis primos espantados.
Habrían pasado otros tantos segundos cuando cesaron de reír y la luz volvía. No pude ver los zapatos de mi tía, al parecer estábamos solos en la sala, nos incorporamos y buscamos por todos lados a Emilia sin encontrarla nunca jamás















Soledad


Quisiera poder morirme con todas las muertes juntas
si así con todas esas muertes lograra comprar tu vida.
Quisiera poder quedarme entre todo ese silencio
de misterios que descansan 
e introducirme en tu lecho
y calentar tus entrañas.
Quisiera, como quisiera 
que estés conmigo de nuevo 
en la vida, en la muerte, 
en el cielo, en el infierno, en la tierra de los que aman
con salvaje egolatrismo o en el mundo mudo y frío
de los que callan su olvido.
Quisiera que mi alma enferma sedienta de tus recuerdos
en sombra se convirtiera 
y así andar por los caminos pegada siempre a tu cuerpo 
quisiera, como quisiera!, 
más ya no puedo ni eso.
La fila larga infinita de todos los que existieron
están contigo, en tu encierro, 
en tu misterio insondable,
en tu viaje sin regreso,
en tu adiós sin un reencuentro
y yo sola mendigando que me mires un momento,
que mitigues mis lamentos, que no te vayas tan lejos
porque estoy sola, muy sola con mi carga de recuerdos.
Quisiera, como quisiera 
que estés conmigo de nuevo
quisiera, como quisiera 
más ya no puedo ni eso.

Mari Bacot














primero pensar en el muro |
hasta que al muro le crezca una ventana 

después pensar en la ventana |
hasta que los vidrios estallen

finalmente | de cara al vacío
pensar otras razones:
la seducción del abismo
el deseo de ser pájaro

Miguel Angel Morelli















A veces no sabés cómo el deseo que cosechaste 
durante tanto tiempo, se haya gastado así; es que el 
tiempo a erosionado sobre él, prevaleciendo con su
desgaste y dando lugar a que otras locuras 
florecieran sobre la ruina del amor que a nuestro 
lado anduvo, en el sendero donde ambos marcaron 
el camino.
A veces quisiera aflorar en mi imaginación los recuerdos de 
tantos pasos perdidos y no me deja retrotraer ni un instante 
de ellos.
A veces oteo mi mirada hacia el poniente en el ocaso de 
alguna tarde y no comprendo el por qué, de ese final diario 
donde febo nos cobija y lumbre nos da.
Es que a veces nuestras vidas en su transcurso ocultan a su 
paso todas las miserias que ofrece diariamente el placer que 
deleita y halaga hasta transformarnos en prisionero de él, 
cuan sabio sería si pudiera haber evitado lo inevitable.

Luis 528

Revista Viajero N° 44 - Mayo de 2010





Idilio de una noche de eterna


Me pediste de antemano
que algo te escribiera,
algo que no sea mi oficio,
pero forje sinestesia.
Sin pensar mucho en vano,
con un poco de espera,
pude saciar el vacio
a sudor e inconsciencia.
Me pregunto por ¿Qué plasmo?
quizás alguna quimera
y un anhelo ficticio
de ilusiones pasajeras.
Una vida de gitanos,
una humilde calavera,
preguntarse por el ser
en cinco actos cualquieras.

No me olvido de tu parte,
de tu pena y tu diáspora,
no me olvido que dijiste
salgo para no estar sola.
Teoracto de sentimientos
antes de llegar la aurora
sabor amargo y triste 
pico dulce en tu boca.
El insomnio nos comparte,
paramnesia a estas horas,
tiempo que se hace flexible
mañanas en que se nota.
Metempsícosis de momentos
en que deseas ser otra,
olvidar lo que ya fuiste
redención tan lastimosa.

Pensamientos divagantes,
conexiones espontaneas,
laberintos convergentes,
senderos que se entrelazan.
Quisiera acompañarte
para que no salgas sola,
ansiaría  embriagarte
con mi música de alcoba.
Pero al advenir las noches,
fusco lienzo que enamora,
afloran cuentas pendientes
óbice que te desploma
mientras piensas en sainetes
en el baile y las bromas
ineluctable rutina
que mis sueños demora.

Y tus solsticios deroga.
Y tus solsticios deroga.

Emanuel Cañoto














La medallita


Amanecía en Buenos Aires.
Prevalecía en la acera la humedad del rocío nocturno complicando el caminar de Sonia Papasinni, una perseverante mujer de 75 años, que aún mantenía su elegante andar.
Esa mañana miraba con detenimiento las baldosas para no resbalarse, aunque conocía muy bien el camino hacia el subterráneo que por décadas había transitado.
Sonia había recuperado la esperanza: un nuevo rastro le indicaba que pronto se encontraría abrazada a su nieta.
En el bolsillo de su abrigo mantenía como amuleto la foto plastificada de su hija Marta y su yerno Ramiro, la última foto donde se aprecia el embarazo avanzado de su hija.
Es para ella imposible olvidar aquel terrible día en que un grupo de hombres los vino a buscar por averiguación de datos. Nunca más regresaron.
Pasados 30 años, corroboró que los dos habían sido asesinados sin enterarse porqué.
La angustia con el tiempo fue decayendo cuando las abuelas con similares situaciones deciden agruparse, en este caso, para recuperar sus descendencias.

Las lágrimas están asomándose pero respira hondo y como tantas veces ahoga su llanto.
El dolor, el cansancio y la desilusión, los amontonó el el arcón de los malos momentos.
Sonia quería poner todos los sentidos positivos para recuperar a su nieta de la cuál solo sabía que su hija en cautiverio había dado luz (a una niña.)
Había tejido, bordado, confeccionado prendas para un bebé que solo vio en una foto de su hija embarazada.
Escribió poemas y cuentos; inventó juegos y canciones infantiles.

Había soñado poner bajo la almohada inventando ser el ratón, las monedas para cuando perdiera su primer diente.
Se vio representada por otras abuelas en la puerta de la escuela retirando a su nieta.

La vio vestida de blanco a la salida de la parroquia con su canastita llena de estampitas.
Con su marido Raúl conversó noches enteras pensando: ¿Como será? 
¿Tendrá rulos como Marta o será lacio su cabello?
¿Quien la estará peinando diariamente? 
¿El hoyuelo de Ramiro tan pronunciado en su pómulo izquierdo lo habría heredado?

¿Como serán sus ojos?, ¿tal vez pardos y brillantes como los de Marta? 
Cuantos pensamientos sin respuestas. 
Cuantos remiendos tuvo su corazón, al que le hilvanó quebrantos.
El gran esfuerzo del grupo de abuelas que día a día recuperaban su descendencia la incentivaba a seguir.
Algo giraba en su mente, nunca perdió las esperanzas.
Las investigaciones habían avanzado pero necesitaba más confianza en si misma
Una semana atrás en una de tantas visitas a distintos videntes acudió a un lugar especial donde leían la borra del café.
Se sintió atrapada con algo diferente. Según decían, la acción de leer la borra del café era milenaria
La borra vislumbró el ondular de una falda, y un círculo de colores. A todo lo que le indicara una posibilidad más, ella siempre estaba dispuesta.
Cuando las encargados de realizar los encuentros, abogados, sicólogos, sicoterapeutas y el incansable grupo de abuelas la citaron a las 10 de esa mañana, Sonia le comentó a su esposo: –es preferible que no vengas Raúl, quédate, cualquier cosa te llamo, con tu arritmia no es conveniente, te prometo que te llamo si todo es positivo, te tomás un taxi y venís. No te esfuerces, mientras, prepárate un guisito ese que me gusta…eh -
Él respiró profundo, la saludó con un dulce beso y con la voz entrecortada le dijo:-¡cuanto te quiero mujer!, tengo fe, ¡hoy más que nunca!, prepararé el más rico guiso de los últimos años-.
Sonia sabía que el encuentro iba a ser difícil.
Ya no encontraría la niña anhelada, ahora es una mujer sorprendida por los hechos y con una identidad por recuperar.
Llegó al lugar de la cita.La voz de una mujer que sale del portero eléctrico le contesta: Adelante, espere cómoda en la sala.
Sonia entró lentamente a uno de los amplios salones donde se realizaban los trámites para dichos encuentros, sintió una sensación especial, tenía mucha fe de que era su nieta la que se encontraba allí, en una habitación cercana.
De repente una pelota de colores llegó a sus pies, recordó el círculo en la borra del café, se agachó temblando, un niño pequeño se encontraba a su lado, ella le sonrió, sus cabellos con rulos, el hoyuelo sobre el cachete rojo izquierdo le anunciaron que él era su biznieto. 
El niño levantó su pelota y corrió a la habitación cercana.
La sicóloga vino a buscar a Sonia, ella muy suavemete le habló: -señora no es seguro que la persona citada sea su nieta, tranquila no es conveniente que se desilusione-
-Está bien, pero, ¡sé que es mi nieta!, ella está acompañada con un niño con una pelota de colores y llamé a mi marido en unos minutos estará aquí, mi nieta, es la señora que citaron en unos minutos la abrazaremos los dos. -Raúl sabe que su mujer lo está esperando ansiosa y con sumo cuidado respira hondo para no desbordarse con el llanto contenido.
Sonia lo recibe, -amor, ya es hora de disfrutar nuevos tiempos.
Entrelazan sus manos junto a la foto de Marta y Ramiro.
Dentro del salón se escucha una dulce voz llamando…-vení Ramirito andá a buscar la pelota que están por entrar los abuelos.
Al verse supieron que eran una familia.
Los besos y abrazos colmaron con lágrimas el dulce y esperado encuentro.
La nieta les comenta: -yo también los buscaba, desde el día en que un señor en la puerta de la facultad me entregó un estuche con una joya de oro que en cautiverio le entregaron mis padres cuando este hombre fue liberado.
El me contó: -dejé transcurrir el tiempo, quería estar seguro de que fueras la hija de mis maravillosos amigos, el estuche es un regalo mío.
Este recuerdo será una bendición, consérvalo y busca a tus abuelos, ellos te contarán lo que pasó-.
Marta adoptó el nombre de su madre, ella en su cuello luce una cadena de oro con una medalla en forma de sol que en su revés hay una frase escrita que dice: 
Para Marta.
Con Amor.
Ramiro. 

Nilda Etal DE Luca
















Sé que por las noches mi alma se pasea


Aquella noche fue perfecta
dormía mucho, desde temprano
pero pude sentir la brisa que entraba
por la ventana, estaba fresco, 
pude sentir como mi cuerpo se erizaba
en seguida pensé. ¡ es como un regalo !
Adoro las noches, adoro esas noches,
taparme, dar vueltas, destaparme
volver a taparme; tener una cama grande
y dormir hecha un bollito solamente 
de un costado, el izquierdo,
(del otro lado me siento desprotegida
como vacía.)
El hecho era que dormía tranquila,
dormía en paz, dejando la mochila 
a los pies de la cama, hasta que te vi
hasta que me vi o mejor dicho hasta que la vi 
a través de la ventana, era ella que paseaba
sobrevolaba y me miraba, yo en la cama tapada
ella, desnuda volando por mi ventana.
Una ráfaga de paz o tranquilidad 
o quizás de las dos, me inundaba 
no importaba cuántas penas tenía
acumuladas, esa noche no estaban en
mi almohada, habían quedado a los  
a los pies de la cama.
Yo estaba contemplando el aire
entrar por la ventana y así estaba en paz
y así no necesitaba nada más.
Sé que por las noches mi alma pasea
visita amores y llora penas.
Por eso la espero, mirando por la ventana
luego regresa, se acomoda a mi lado 
y seguimos juntas caminando,
acompañándonos.
Se que por las noches mi alma pasea
visita amores y lava penas.
Se que por las noches mi alma pasea.
Se que por las noches me regalan vientos
que lavan penas.

María Eugenia Nebbia














Pensando en Ti…


Solo en ti estoy pensando
con mi corazón sollozo 
y mis brazos abiertos,
yo te estoy esperando…

Pensando en ti, aquí me encuentro,
con mis ojos de lejos oteando,
y mis labios rezando,
yo te estoy esperando…

Solamente en ti estoy pensando
con el alma en mis manos
y mis ansias temblando,
yo te estoy esperando…

En ti sola, estoy pensando…
no sé, desde cuando,
con mis ojos despiertos y
mis brazos abiertos,
que te están esperando…

Beto Cardozo
02/03/2008














Prohibido


Podrá apagar el cielo
                                  De un soplo
Podrá de a sorbos 
                              Enmudecer el mar
Pero nunca mi alma
                               Con silueta de papel y sangre de tinta

Podrá callar mi silenciada forma de amarte…

Emilia Vega Hünicken

Revista Viajero N° 43 - Abril de 2010





Un Adiós, un Hasta luego


Tus parpados opulentos de lágrimas
anuncian la apoteosis de un cínico beso
sellado junto a tu boca.

La ruta signada por tu rimel
como advedenizo en tus labios
desemboca lánguidamente en la mesura
de tus primeros amores.

Tus ojos del color de los perales
deambulan desorbitados 
por el fundo donde se robó tus canciones.

Emilia Vega Hünicken














El espejo


Vuestros pies
¡tan amantes del suelo!
volaban.
Bailaron sobre lo evacuado
de la hernia de mi alma.
 
Fue un espejo.
Yo mirándolas desde una metálica butaca,
ustedes en el mullido escenario.
A la inversa
enfrentadas
pura antítesis.
 
Donde eran palomas
fui alimaña;
las aplaudieron
me abuchearon;
el coro las alumbraba
y tuve el silencio y tuve la tumba.
Siguieron bailando
y quedé inválida.
 
Nuevos escenarios.
Morgue.

Ayelén - 14 años
wilkilen--@hotmail.com 














Soñando con un sueño


Desperté…

Allí estaba el que creía ser,
amalgama de subjetividad y carente de lógica
me abalancé sobre la hamaca de ensueños.

Librado a un azar sin suerte
enmascarado en lógica, 
navegando por cielos de locura.
Ese óleo absorbido en mis poros!
Dónde iba? Era yo? 
O simplemente el yo que yo imaginaba ser?

Nadé luego por sus aguas, mujer astral
Entre su piel mis suspiros su respiración
armaba el oleaje de mi mar,
sus besos como tornado me elevaron al vacío,
arrastrado por el cosmos montado en mi grulla de origami
Allá iba nuevamente , 
entre submarinos amarillos y relojes fundidos.

El sol con sus brazos incineró mi ave. 
Aquí a la deriva ese yo mismo
Caía…

Dame vida tú el que miras
Sed de goce 
Anonadado en mi trance
Regresiones sin tiempo
A donde iba?

Me dormí.

Mago en Prosa
Matías R. Cárdenas
Mendoza-Argentina














Por el misterio de tus ojos…


Por el misterio de tus ojos,
mi corazón cautivo, quedó,
brillo de eterno cielo,
que en ellos permaneció…

Por el misterio profundo,
de tus bellos ojos, mujer,
los míos se han posado en ellos,
sin quererlos de vista perder…

Por el insondable misterio de tus ojos,
me he desvelado una y otra vez,
ojos que llevan por nombre… Marisol,
ya nunca los olvidaré…

Por el velo misterioso de tus ojos…
ojos tiernos y encantadores….
velay!! quien los pudiera tener!!,
han quedado en mi alma prendida
promesas de nuevo querer…!!

Beto Cardozo
26/02/10
Dedicado a Marisol














Una visita al taller


Acá está medio feo
de este lado, el izquierdo,
del lado del conductor,
donde hay varios bollitos,
creo que está el corazón.
Arreglame el tren delantero
de las piernas que tanto usé
para desandar duros caminos.
Y no te olvides de las venas y arterias
repletas del hollín que deja la vida,
que fui sobrellevando, 
con algunas dosis de alcohol;
lo que te va a obligar
a revisar bien el lado derecho,
donde creo, está el hígado
que pobrecito no alcanzó
a filtrar tantas desventuras.
Pero el bocho, ese sí, dejalo como está,
que es un motor bien acostumbrado

Carlos Amilcar López















Aprendiendo


Fui conociendo mientras respiraba,
como el alma puede ser herida por un corazón en duda,
como las flores sin regarlas, llegan a secarse lentamente,
como las aves valientes, dejan de volar si se cortan sus alas,
como los sueños principescos, se convierten en cenizas luego de una lluvia de silencios.

Fui conociendo mientras respiraba
como el tiempo puede convertirse a veces en un cruel enemigo
como cuotas de desilusión, pueden ir saldando un final firmado.
como dos amados vuelven a ser dos extraños, después de un sueño frustrado.
como uno pasa por tantos estados, cuando la ausencia se traga a quien creías tu enamorado.

Fui aceptando mientras lloraba,
que nada que incumbe a dos se salva, si ha ambos no les importa salvarlo, 
que nada que amemos podemos retenerlo...  a veces hay que saber decir adiós
que nada se arregla con palabras mudas, y gritos vacíos, y decisiones individuales.
en fin, que nada perdura si no es de Dios.

hoy.. antes que la noche golpee mi puerta
antes de saber que me haces falta
antes de recordar que me cuesta respirar
antes que la nostalgia pise mis entrañas
dejaré que el olvido persiga mis sombras… y las alcance.















Debería


Debería reconciliarme con lo que tengo
Aceptar lo que me falta
Dejar de debatir entre lo que tengo que hacer
Y lo que efectivamente puedo hacer
Debería reconciliarme con mi alma
Aceptar mi cuerpo
Debería dejar de cuestionar lo que no soy
Y admirar lo que fehacientemente soy
Aceptar mis defectos
Sin dilapidarlos
Resaltar mis virtudes
Sin adularme
Debería quererme más
Odiarme menos
Debería por fin hacer las paces conmigo
Con la persona que quiero ser
Con la persona que soy
Reconciliarme con la que nunca seré
Aceptarme en todo lo que jamás podré dar
Agradecerme todo lo que si doy
Debería mirarme en el espejo y reconocerme
Quererme
Aceptarme
Mirarme con ojos un poco más piadosos
Y no por justificarme
Debería ser un poco más justa conmigo
Y un poco menos condescendiente con los demás
Debería por fin, hacer las paces conmigo.
(¿Pero cómo?)

María Eugenia Nebbia














Final


Amé el delirio de la carne encendida
y el beso que ahoga la palabra de más,
la caricia que escava, nuestra huésped sedienta
y el fuego que a los senos 
del libar de una boca los lograba aplacar.
Amé el pudor que apenas
se limita en su encierro
cuando ansias, deseos le aprisionan así
y un sadismo de imágenes
e instintos reprimidos
desatados en furia me podían vencer.
He de apurar la copa
de ambrosía enervante
letal como el espasmo
en su fuego final.
Y he de mirar de lejos
ya en paz con mis deleites
la pasión marchitada
en su entrega total.

Mari Bacot














Tributo al árbol


Saliste de tu hábitat 
volaste cual rauda, 
el veloz viento te trasladó lejos de ahí, 
depositaste tu cuerpo en la tierra 
y en una ranura que el sol provocó en ella, 
te introdujiste en espera del ciclo vital.
Tras largas jornadas llegó lo tan ansiado, 
un torrente de agua que el cielo produjo, 
lo cual provocó que tu vida fuese vida 
y eclosionaste transformándote en algo distinto y sublime.
Tus enemigos se multiplicaban 
a medida que tu cuerpo quería robustecerse. 
A pesar de esto lograste pasar la prueba de vida,
 al llegar el otoño 
dejaste caer tus pocas y pequeñas ropas 
y desnudo afrontaste el invierno crudo 
pero que alejó de ti todos aquellos que daño te hicieron.
Llegó nuevamente el día que puesta la ropa 
desarrollaste tu figura en altura y espesor; 
y año tras año, 
creciste hasta formarte en algo,
 a lo cual debemos agradecer por darnos 
tantos beneficios a todos lo que sobre el suelo habitamos.

Luis Estevez














En mi rostro 
se trasluce la hiel que dibujó sus antojadizas huellas, 
me ha tocado vivir este momento 
que aflige en mí hasta convertir mis días en tormento y agobio 
que no han podido descubrir en qué espacio 
de mi pequeño mundo te has perdido, 
he querido pedir, te borraras por siempre de mi, 
pero si te borraras de mi 
dejaría de haber conocido la felicidad 
y el amor como a tu lado supe tener.
La vivacidad de tu ser describe
lo simple que ha sido lograr, 
que en mi deambulante cabeza ingresaras, 
y solo vos en ella estuvieses y perduraras por siempre. 
Recorreré el resto de mis días desconcertado, 
y tal vez en el final de mi agonía, 
logre brindar por ti, con una sonrisa 
y un te amo.

Luis 528

Revista Viajero Nro. 42 - Marzo de 2010



Hola de nuevo!! Marzo... el mes donde las hojas se ven amarillas en la calle; mes en el que supuestamente tendrían que empezar los días un poco más fríos; mes de semana santa, que nos prepara para la Pascua... Un mes lleno de magia y amor.  Un mes de nuevos proyectos, lleno de renovación, lleno de crecimiento ¡Lleno de otoño!.
Queremos brindarle a los lectores, más diversidad de actividades culturales, por eso en estas páginas verán mayor cantidad de programas para tal fin.
Invitamos una vez más a los artistas plásticos a que nos envíen sus obra, para publicarlas como tapas de nuestra revista. También, como siempre, a los escritores los invitamos a compartir sus textos.
Por último, les deseamos a todos muy felices pascuas!! Que nuestros corazones se empapen de el amor que Jesús tuvo y tiene para con nosotros.

Hasta luego...

Editorial







Incorregible

Si pudiera corregir, 
corregiría,
mi manía de corregir
tus manías de corregir mis manías.
Corregiría a los incorregibles,
que hacen que no pueda corregir
a los incorregibles 
que tanto me molestan 
con sus manías.
Pero no puedo:
soy incorregible.

Carlos Amilcar López








Sin muros

Yo miro la tierra por dentro.
Sendero profundo, misterio del mundo.
Yo miro comerse a sus hijos
y siento una cosa muy rara muy queda.
La tierra, la madre de nuestro planeta
se tragó a mi padre
a los hijos todos de todos los padres,
a los padres todos de todos los hijos.
Tiene por ahora toda su existencia
su gran poderío,
se llenan sus ríos de todos los llantos
se hincha orgullosa de cuanto mastica
y florece al rato, brota por la vida,
las semillas miles que sació su empacho.

Pero así me gusta, mirarla por todo sendero
no en la quieta siesta de los cementerios
donde ufana duerme, su triunfo en la vida,
la muerte su amiga de todos los días.
Yo no quiero el huerto de tu gran silencio
ese en que los seres, pagan por sus muertos
quiero los caminos, quiero los senderos
cubiertos de risas,
de pisadas todas por mi cuerpo entero.

Cuando tu me abraces
con tu abrazo eterno,
cuando te alimentes de mis pobres restos
sentiré la gracia de andar como el polvo
sin que me detengan
los muros de un gran cementerio.

Mari Bacot









Sus lágrimas cayeron por la habitación, el dolor y el sufrimiento se derramaron ¿Cómo una mujer puede sufrir tanto? sola en medio de la alcoba recordando su larga y triste vida, cada pedazo de recuerdo era una puñalada para su corazón pero como ha de pasar esto, solo dos horas antes era la mujer más feliz del mundo, a punto de casarse como ella siempre había soñado y de pronto todo cae al vacío, todo se derrumba las ilusiones se esfuman como nubes en el cielo… cuando descubre la infidelidad  de su futuro marido cuando descubre que siempre vivió encerrada en una burbuja… en la que hoy ha de explotar. 

Manuela Simonetti







Una Mañana Distinta 

  Mirta visitaba a su hermana todos los días. Tenía que ayudarla, la depresión hacía estragos en Raquel, una mujer muy sacrificada. Un ser imprescindible, eso creía hasta que los años se acumularon y se sintió sola, sin poder dar ni recibir el amor que carcomía sus entrañas con un peso muy grande en su espalda. 
  Mirta, llena de ternura, aunque abatida por el gran esfuerzo que día a día sumaba a sus propios problemas, se prometió a sí misma lograr que su hermana luciera el mejor vestido o el que más le gustara. Intentaría hacerle dar los primeros pasos, después de dos meses en cama. 
  Todos los días al entrar, escuchaba a Raquel repetir con un hilo de voz: 
-"Espero la muerte, aquí tengo frío y miedo".- 
  Por las noches Raquel era atendida por Rosa (una enfermera jubilada, con hijos y nietos dependientes de su trabajo) que muchas veces estuvo a punto de renunciar, por la forma en que la trataba Raquel, quien frecuentemente le decía con una voz que transmitía cierto eco, frases que la asustaban, como por ejemplo: 
-"La muerte tocará con sus alas a cualquiera que se atreva a entrar"-. 
  Rosa se persignaba ante esas manifestaciones delirantes de su patrona que la hacían sentir mal.
   Dieron las ocho y después de servir el desayuno recogió su bolso y se retiró. 
  Era una hermosa mañana. Mirta corrió totalmente las cortinas. Raquel se cubrió el rostro y comenzó a reclamar a su hermana la oscuridad. 
- ¡Basta de caprichos! -dijo Mirta con vos firme pero sin gritar. 
- No son caprichos ¿no sabes que me acerco al precipicio? Me gusta y me atrapa, tengo ganas de volar. 
- ¡El baño está listo!... ¡arriba sin protestar! -ordenó Mirta. 
  Raquel se sentó lentamente en el centro de la cama, se acarició los brazos, se destapó y pidió ayuda. 
- ¡Mirta ven! mis alas no permiten pararme, ¡ayúdame! 
- ¡Vamos! deja de decir incoherencias. ¡Párate! ¡qué alas ni alas! 
  La ducha tibia, recibió de Raquel una tierna canción. 
- Listo ¡sécate bien! -dijo Mirta. Le colocó la bata y la llevó hacia el placard. Allí le preguntó: ¿Qué eliges para esta mañana tan soleada? Iremos a caminar por el jardín ¿Qué te parece? 
  Raquel tomó el vestido estampado de diferentes tonos pastel. Su figura magra, elegante, no había cambiado. 
  Ese vestido lo conservaba impecable. Con él cruzó el puente que la llevó al verdadero amor. Raquel nunca había contado su historia, hoy sería el día clave, el de la confesión, veinticinco años que guardaba el secreto. 
- Mirta, tengo que decirte algo muy importante. 
- ¡Qué bueno!... voy a buscar el cepillo y mientras peino tu cabello, me cuentas, ¿eh? 
  El cabello de Raquel recibió las rosadas cintas que Mirta cruzó con suaves movimientos, entrelazando una hermosa trenza. 
  Raquel comenzó a mirar fijamente el espejo alunado que había en el interior del placard, parada frente a el, sin temores. 
  Su hermana le dijo entusiasmada: 
- ¡Empieza a contarme lo que prometiste! 
  Raquel entró en un clima subyugante. 
- Te va a asombrar mi historia. Hace veinticinco años que guardo este secreto. Por esos tiempos, yo estudiaba en Nápoles, ¿recuerdas? y me enamoré por única vez de un profesor de ciencias. Mis 24 años respiraban todos los aromas, mi tacto recibía sin quemarme el calor de la hoguera, mis ojos veían un manantial de colores, la bella canción de Doménico Modugno, me inclinaba al beso inmaculado. Todos mis sentidos llegando al éxtasis. 
  Se llamaba Elio, era casado y tenía dos niños. Uno de ellos con deficiencias neurológicas. Me enseñó que el amor se siente pocas veces y no lo debemos dejar escapar. "Abandonaré todo"- me decía, "me iré contigo, mi deseo es que vivamos juntos". 
  Raquel suspiró dándose tiempo para reordenar sus recuerdos y luego prosiguió: 
  Esa tarde de Agosto, con las manos colocadas sobre nuestros corazones, y mirándonos a los ojos, comprendimos que sería una locura, una actitud que, con él tiempo nos reprocharíamos. Con dolor y amor nos separamos. Pasados unos meses y con un embarazo avanzado, lo llamé. Acudió muy contento, vaya a saber que esperaba de mí aquella tarde. Su sorpresa me causó más amor aún. Le expliqué la situación y comenzó mi pedido: 
- Te pido que cuando nazca el bebé seas tú quién lo cuide y lo tenga. Yo llevaré por vida mi resignación. Será un niño feliz a tu lado y seguramente aceptado por tu familia. En cambio, en mi pueblo esperan a la joven estudiante, y causaría mucho dolor a los míos, no entenderían que el amor no se calcula, se siente. Estas cosas suceden sin entenderlas. "Te prometo que tú serás el amor de mi vida". 
  Mirta la escuchaba, emocionada y atónita. La veía palidecer lentamente. 
  Con voz suave, Raquel le explicó: 
- Mirta busca mi pequeño arcón, allí hallarás mis recuerdos, ¡te quiero mucho! ¡muchas gracias, por tu amor, y perdóname por tanto dolor! Mi hija, por el deseo de su papá, se llama Raquelita, como yo, él me llamaba así. 
- Raquel ¿te sientes bien?... es muy fuerte lo que me estás contando. 
- No te preocupes mi querida hermana, estoy como nunca. ¿Lo ves? ¡Ahí está! del otro lado del espejo. ¡Volaré! mis alas tienen fuerza. ¡Cantemos, ayúdame por última vez! 
- Raquel ¿que te pasa? 
- Nada Mirta, cantemos… ¡Vamos canta!: "vooolaré oh oh… caaantaré oh oh oh oh...” ¡traspasaré la oscuridad, me voy, él me iluminará! 
  Mirta rompe a llorar. Ve a su hermana caer lentamente, no entiende muy bien aún lo que pasa, para ella es triste y alegre… su hermana voló muy feliz con su imaginación. Piensa: ¡Qué bello sería sentirse así en el final de la vida! 
Con lágrimas, llamó por teléfono a su familia y de inmediato buscó el mágico arcón. Cuando lo encontró, lo abrió con cuidado. Había un álbum con muchas fotos, en la primera reconoció a Elio y la beba.- ¡Mi sobrina!, - gritó Mirta sumamente emocionada. Se desesperó al ver tantas imágenes comprobando años de amor, que él iba enviándole a Raquel para que viera crecer a su hija. 
  Mirta tomó un sobre, con la última carta de Elio, donde cuenta que ya no podrá escribir porque está muy enfermo y que Raquelita es muy feliz junto a su marido. También le dice que cumplió con su pedido de guardar el secreto; que su esposa falleció; a lo largo de la extensa y profunda carta, Elio concluye diciendo:      ¡Te amé siempre!… adiós mi gran amor." 
 Mirta cerró el arcón, se encontraba agotada. Su querida hermana yacía sobre la alfombra rodeada de médicos y familiares. 
  Tomó el teléfono y marcó un número, del otro lado una voz insistía 
- ¡Hola, hola… hable! 
- Si, si,… soy Mirta, la hermana de Sor Raquel… ella, ha muerto. 

Nilda Etel Deluca







Café Misericordia

Son las 20:45 de un domingo cualquiera de verano en la ciudad de linda la Salta. El termómetro a esta hora de la jornada oscila en los 32º C, aunque la temperatura corporal indica un número mayor. El sr. J (se reserva su verdadera identidad por futuras represalias del viejo gruñón) se sienta en la entrada de la galería que abraza la confitería más paqueta del centro salteño. Antes pide, como es habitual, una silla especia debido a que su amplio trasero algodonado no puede contenerse en un lugar que triplica inversamente su acoplado XXL. El hombre de rizos blancos observa despreocupado el desarrollo ordinario del servicio que ofrecen sus empleados a los transeúntes que se detienen a tomar un refrigerio. Sr. J es el dueño de tan magnifica estructura incrustada en un paseo estilo colonial. Aunque solo se rescata esta arista, ya que el resto es digno estudio sociológico de opinólogos señoras hacinadas en conventillos de mala muerte. En mas de una oportunidad se ha escuchado quejarse a varios de sus clientes por los escasos materiales con que cuenta el lugar: tazas, servilleteros, iluminación y pésima atención de los camareros. Estos faltantes se manifiestan a cada momento en cada nuevo comensal. Tal es el caso de una pareja de franceses, ubicados en diagonal al gerente cara de topo. Luego de largos minutos en los que foráneos intentan hacerse entender debido a que la moza, que nada tiene de buena, es nula en idiomas, piden la carta. Los jóvenes tienen que entretenerse contando las gotas de sudor que caen por sus rostros hasta que por fin la garzón trae el papel agrietado de tanto ultraje manual. El itinerario por probar bocado continúa con los ojos del forastero pegados a la lista de ofertas culinarias tras no contar ni siquiera con una vela que ayudara a adivinar, además de interpretar lo escrito en un lenguaje disímil, lo que se puede comer. Cuando deciden solicitar un jugo de naranja y un sándwich primavera, la mujer de chaleco cuadrille y bandeja en mano informa la ausencia del cítrico, aconsejando la degustación del licuado de durazno especialidad de la casa. Lo que no saben los turistas es que es la única fruta que tienen en su haber. Otra vez la espera se hace interminable. Al pasar aproximadamente 40 minutos, la moza trae el pedido y se retira de la mesa, sin percatar la colocación de servilleteros, sobrecitos de sal y cubiertos. Por lo que el francés ruborizado y no de vergüenza por algún piropo de su compañera sino por la exasperación contenida, busca fastidiosamente a quien lo atendió. La furia ahora se traslada a la blonda parisina quien solicita ofuscada, cubos de hielo que mejoren el caldo frutal difícil de ingerir. La odisea no acaba con su presa. En otra mesa de la amplia confitería, un grupo de mujeres de avanzada edad disfrutan de un café expreso mientras conversan de actualidad y los medicamentos que olvidaron tomar. Todo marcha tranquilamente hasta que una mano interrumpe la velada retirando las tazas para ocuparlas en otro café capuchino de la mesa 8. 
La gran atracción del espacio recreativo es la fuente de agua, claro esta sin ella, disfrazada en una escultura de ángel tocando algún instrumento eólico. La distribución de las mesas también componen el espectáculo: todas amontonadas de tal forma que ni el hombre elástico podría pasar libremente entre ellas. Por ello se recomienda estar en línea, sin llegar a serlo. Mientras que un hombre incursiona en técnicas circenses para llamar a algún personal luego de haber estado incontables minutos sentado como un potus, una señora rebuzna como timbre de bombero porque su taza de te  posee las marcas de un rouge que no le pertenece. Al margen de todo lo acontecido, Sr. J continua leyendo el diario por décima vez con su mejor cara de nada, comentando a sus amigos lo bien que lleva su negocio.     

Emilia Vega Hünicken








¡Tu!

Tu mirada: No distingo el color de tu mirada, solo veo el fulgor que en ella está, luminosa, destellante, briosa y por sobre todo dominante. 
Me enceguece, no me deja observar a ninguna otra mirada.
Tan incierta e intrigante y llena de arrogancia me seduce tu mirada.
Tu sonrisa: es la brisa matinal que a la noche más ardiente convertiste en hermoso amanecer, y mis ojos se deleitan observando con placer, celando otros ojos que mirasen tu sonrisa. 
Insinuante, belicosa cual relámpago radiante me conmueve. Por momentos sedada y armoniosa como cántaro transparente y cristalino de tus labios sin pintar.
“yo amo tu sonrisa”.

Luis 528








Hadita Mágica

Hay una necesidad que brota 
que trasciende la voluntad 
las ganas de mirar y de encontrarte
de ver tus ojos que me miran 
y volver a encontrarte, cada día es 
un volver a mirarte;
no es fácil cuidarse, imaginate cuidarte;
sin querer dar pasos en falso me equivoco, 
acierto y me vuelvo a equivocar;
pero estas ahí, estás en mí y eso no cambia
nunca cambia.
Sin embargo a veces no puedo encontrarte 
te miro, me miro y no sé donde ubicarte
sos tan grande, a veces inalcanzable.
Quisiera tener siempre las palabras justas
las caricias indicadas, los abrazos necesarios
la sabiduría de enseñarte y sin embargo
me cuesta mirarte, porque en realidad
me cuesta mirarme; sos mi reflejo
la confrontación de mis actos
la que sin hablarme, me grita y me obliga
a tratar de entenderme, de seguir un camino
de definir un camino y  no abandonar.
Ya lo sé no te preguntaron, pero estás acá
y por decirlo de alguna manera, yo estoy acá por vos.
Es difícil incluso, escribirte, tratar de demostrarte
que sos la razón, que sos mi razón…
Hay una luz que brota de tu cara,
de tu sonrisa, de tu mirada
que trasciende lo imaginable, 
las ganas de buscar y siempre encontrarte.
Hay una especie de magia que te envuelve
y te eleva, y hace que me sienta chiquita;
y hay un amor que hace que me sienta gigante
y entonces ya no me cuesta mirarte,
y entonces ya no me cuesta mirarme.

María Eugenia Nebbia








Atormentado por la pesadez del respiro húmedo de la soledad,
me rindo al castigo de todo ese aire sobre mi espalda y agotado caigo.
Me arrastro agobiado por no verte en los ojos que van quedando atrás,
y el verde de mi mirar se va tiñendo del gris de la ciudad,
y voy plastificando mi piel, mientras voy al encuentro de tu halago.
Casi sin fuerzas recorro los últimos metros hasta dónde estás,
e ingreso al jardín de tu abrazo intoxicado por el perfume de tu divinidad.
Me acomodo en ese rincón y de alegría me embriago,
se desprende el peso de mi Ser y respiro liviano en el lugar que me das.
Voy sintiendo el riego celeste de tus ojos que siembran en mí la felicidad.
Me acerco a tu corazón confiado que allí está mí abrigo,
y sonrío sabiendo que cada vez que abraces aunque yo no esté. Allí me encontrarás…

Guillermo Huergo








Mientras duermes

Estás dormida, e imaginar tus sueños no puedo;
pero seguro es 
que de ellos formar parte quiero: 
formar parte, ser la parte, estar en partes
y con todas las partes dedicarte una canción.
En parte ser valiente.
En parte ser guerrero y a parte luchar por vos,
dejarte mi mejor parte para que la sueñes cuando despiertes.
Estás dormida y te miro con ojos tiernos,
augurando un despertar lleno de flores. 
Estás dormida y mi garganta se muere por besarte
y con mis manos te beso y dibujo
en tus sueños un arco iris.
Estás dormida y tu respirar
le hace cosquillas a mis pies.
Pero a parte de verte dormida, también sueño
en la parte en que soy tu amor y despertarás
y con ojos tiernos me dirás
que soy todo lo que soñás.