Revista Viajero Nro. 81 - Marzo de 2014



"Romance Valenciano"

Capítulo 1

María era una mujer, originaria de la comunidad española de Valencia, cuyo esposo había fallecido. Compartía su taller de artesanías con sus dos hijas: Margarita y Mariela. Allí,  cada una realizaba una actividad diferente: María pintaba, Margarita hacia souvenirs y Mariela tejía a crochet. Aunque no eran ricas, conformaban una familia feliz y siempre unida.
Tiempo después, se mudaron a Cambridge, Inglaterra, en busca de un nuevo horizonte, y montaron un nuevo taller.
Una mañana, Margarita estaba sola confeccionando unos souvenirs de boda, que consistían en una canastita muy pequeña decorada con cintas de raso y con una delicadas flores blancas en su interior, cuando llegó una mujer de apellido Virpple y pidió hablar con su hermana. Cuando Mariela se presento, la Sra. Virpple le encargo que le tejiera un pullover. La muchacha acepto con todo gusto y enseguida corrió a comprar el hilado que necesitaba: lana con acrílico simple color azul. Esa misma tarde, comenzó el trabajo que, en una semana, estuvo listo. Metió cuidadosamente el pullover en una caja blanca, coloco en la tapa un moño azul y fue a la casa de la Sra. Virpple esperando, como toda artesana, una aceptación por  su trabajo.
Al entrar en la gran mansión donde vivía la familia Virpple, Mariela encontró repisas llenas de estatuillas de porcelana, pinturas famosas y, en los sillones, almohadones bordados con motivos orientales. Fue recibida por su clienta, quien luego, le presentó a dos de sus hijos: Jeanette y Richard. La mayor, Martha, no estaba con ellos porque vivía en Oxford con su esposo. 
Richard era un joven apuesto,pero con Mariela siempre se vieron como amigos. Como ambos trabajaban, solían escribirse y recomendarse libros y música mutuamente. 

Continuará en la próxima edición

















Montado en dragón


Espectro de deidad
eras la maldad envuelta en belleza
tu rebeldía mengua
con tus pasos por la vida.

Amargas noches en vela
en todo momento me iluminaban
las almendras de tus ojos
astros azules que tenía conmigo.

Tu escape fue la conclusión
del ciclo conocido
la finalización de un juego macabro,
aceptado y lastimosamente jugado
que me condujo a mi forma
y a mi sombra.

Te vi cuando el sol se iba
montado en dragón
transitar por los caminos
y arrastrar mi corazón.

Adriana Ferreyra
adriana_agua4@hotmail.com









El camino de arena


Al costado del camino de arena
las colas de zorro se mueven al viento
dicen que esconden serpientes
no me acerco,

observo
el viento y siento las matas suaves que se mecen
y se recortan contra el cielo limpio del verano.
Nada más.

Viviana Solaroli
cafediro@gmail.com









Liberación


Sí, tenía sus años, pero él nunca lo admitiría, el coronel odia la palabra anciano y negaba rotundamente que él lo fuera. A través de los años se había vuelto distante, seco en el trato con los demás. Generalmente se la pasaba mirando por la ventana en su sillón preferido, mirando a la calle, tal vez esperando a alguien, o simplemente recordando tiempos mejores. Cuando le hablaban respondía con algún gruñido, cuando lo hacía; otras veces, daba vuelta su cabeza hacia la voz que lo había sacado de su ensimismamiento y cuando veía que no era nada de vital importancia, lentamente la volvía a girar para retomar su vista a través de los vidrios.
El coronel ya no se movía mucho, se había vuelto taciturno, silencioso, una sombra de lo que era en sus tiempos de juventud. Era raro que saliera a pasear, ya había perdido todo interés en el afuera, ya conocía todo lo que allá afuera acontecía. Y no tenía interés, a pesar de querer demostrarle que las cosas podrían haber cambiado. Sí, veía a través de su ventana gente con otras modas, otros peinados, nuevos coches que nunca antes había visto, jóvenes que llevaban aparatos en las manos y que hablaban a través de ellos, pero al coronel nada de eso le interesaba.
Así pasaban sus días, todos exactamente iguales, se levantaba al alba, hacía sus necesidades, y se postraba en su sillón frente a la ventana, en silencio, pensando.
Salvo los viernes.
Los viernes eran días especiales, él no necesitaba que nadie se lo diga, sabía en su fuero interno que ese era el día, el día especial, ya que la vería a ella. Ella era su todo, no importaba las mil diferencias que tenían, sabía muy dentro de él que había un lazo más fuerte que los unía, los viernes venía a verlo Gra-gra. 
Desde temprano se ponía impasible, nervioso, no podía estar sentado tranquilo, se sentaba dos minutos en su sillón y se paraba daba una vuelta por el living y miraba por la ventana, pero no sin ver como hacía siempre, sino tratando de verla llegar a ella. Miraba el reloj, los minutos se hacían eternos, la espera era una dulce agonía ya que sabía, lo sabía muy bien, que toda espera valía la pena. Gra- gra valía mil esperas.
No siempre fue así, las primeras veces fue caótico, él no la conocía, ella no lo conocía a él no sabía su historia, casi podría decirte que si no se odiaban mutuamente, mantenían una diplomática distancia. Ella no sabía nada, para ella era uno más, él no soportaba los cambios de rutina, y ella en el principio fue un cambio enorme, pero con el tiempo, y con mucha paciencia en sus cuidados, supieron como llevarse y ahora solamente lo veía a él los viernes y solamente él podía llamarla Gra-gra. 
Ella siempre que llegaba iba directo a él, lo saludaba, le preguntaba como había estado durante la semana y le comenzaba a hablar de la suya, él la escuchaba arrebolado. El sonido de su voz era hipnótico, ella hablaba y le contaba cosas de afuera, las únicas veces que él llegaba a tener interés en lo que pasaba más allá de su ventana es cuando la veía a ella y le contaba.
Gra-gra lo ayudaba con sus baños, le recortaba las uñas, lo peinaba, y si era necesario le recortaba el pelo, A él le gustaba que su corte de pelo esté siempre prolijo, ni un solo pelo fuera de su lugar, tal vez por eso se comenzaron a llevar tan bien, vio en ella la profesionalidad que a él tanto le gustaba y que muy pocas veces encontraba, la amistad vino con el tiempo, aunque tal vez él si esté un poquito enamorado de ella, pero nunca lo admitiría.
Ese viernes estaba más inquieto que de costumbre, el resto de la familia prefirió dejarlo a su aire, porque cuando se ponía así era insoportable, algunos viernes ni desayunaba por estar esperándola en la ventana. 
Estaba retrasada, sin mirar el reloj él lo sabía, sus viejos huesos lo sabían, no quitaba la mirada del camino, preocupado pensando que le podría haber pasado algo, esa bicicleta del demonio como él le decía, un día le pasaría algo en ese vehículo. El trababa de decirle que eso no era seguro pero ella no lo entendía, imaginaba accidentes desastrosos, ella entre hierros retorcidos. Claro que cuando la veía llegar, su suspiro de alivio era enorme y se reprendía por ser un viejo tonto y fatalista. 
Perdido en sus pensamientos, escuchó el ruido a gravilla, ¡ella había llegado! ¡POR FIN!.
Con el corazón en la mano y agradeciendo que sus pensamientos fatalistas eran sólo exageraciones de él, fue a abrirle la puerta
- Buen día coronel, ¿como anda usted hoy?, perdón por el retraso, el tránsito está terrible esta mañana- le dijo mientras pasaba y dejaba el maletín en el piso para saludarlo.
El coronel, contento por verla de nuevo, movió la cola feliz.

Lola Ghiglione
https://www.facebook.com/lola.ghiglione









Es peor así


Extraño cosas que no recuerda.
Lo más complejo es extrañar lo que sé que no era.
Aquello que lo hacía especial, pero solo para mí.
Qué  sentido tuvo desenmascararlo,
es peor así.
Si al reír recordando momentos que creí auténticos…
siento que no eran únicos.
Si al traer a mi sus miradas, palabras, risas, juegos…
tengo que cuestionarme las cosquillas que aún me causan en el estómago.
Pensar en sus besos, caricias, abrazos…
sentirlos aún y enojarme con mi alma por hacerlo.
Qué sentido tuvo realmente saber quién era…
si no puedo disfrutar de su recuerdo.

Marina P.  Aguirre
anira90@hotmail.com









El Capo


Guille es un compañero de trabajo. Ingresó con dieciocho añitos, como administrativo. Ya era Operador de PC y estaba estudiando Programador. Su trabajo le apasiona y ama lo que hace. Cuando las computadoras ingresaron a los hospitales, varios médicos lo consultaban y le solicitaban que los guie para progresar en sus conocimientos, uno de ellos, un día fue a su hogar y vió a una mujer bonita y le preguntó, ¿Es tu hermana? y Guille con una sonrisa en sus labios, contestó  “No, es mi madre”. 
Años más tarde ella ingresó a trabajar al hospital y es amorosa, a la vez conozco a su padre, con el cual he trabajado. Los he visto salir a caminar de la mano y parecen dos novios adolescentes, se nota el amor que se tienen.
Guille en estos años de trabajo, ha seguido estudiando y capacitándose. Ha trabajado en diferentes servicios, siempre tratando de resolver los problemas que surgían en los monitores u otras tareas; jamás lo oí quejarse, siempre con una sonrisa saludando a todos sus compañeros con un beso o con la mano. Además, nunca oí una palabra grosera salir de él, siempre hacia adelante, repito, resolviendo problemas, no provocándolos. 
Guille realizó un Pos Grado de Especialista en Criptografía y en Seguridad Teleinformática.
Guille no cambió, sigue siendo el mismo desde el primer día que ingresó al hospital y mantiene un bajo perfil. Es muy amable y respetuoso. ¿Quién lo quiere a Guille?. Todos lo queremos. Ya el hospital cumple dieciocho años, la edad en la cual él ingresó. Era un adolescente, hoy ya es un hombre. Guille es digno de admiración. Guille es un capo en todo sentido. Guille es nuestro capo, ¿ De donde?. Del Hospital Zonal Gral de Agudos. Dra Cecilia Grierson. Guernica.
Guille es un diamante que se ha pulido todos estos años, para el bien y hoy brilla con gran intensidad.
Mil Gracias, Guille, Mil Gracias. Te Quiero y te admiro con todo mi Ser.

Ine 05/01/2014
sanmateo11.28@hotmail.com









Liberación


Vamo a jaser zumbi mesiu, vamo a jazerlo.  Jasemo zumbi, un ejército y con eso acabamo con lo español. 1 La voz temblorosa del negro Jaques retumbaba en la manigua, chillona como un querequete. 2 El humo de las ruinas del asentamiento mambí teñía el cielo. Vamo a jaser zumbi pa que sepan que cosa e haitiano.  Los  cadáveres de las mujeres y los niños los recogían los sobrevivientes para darles cristiana sepultura. Las horas se detenían en el vaivén de la colecta. Ello no va a jode ma, con su mismo difunto lo matamo y ya. Joden la vida y joden inocente. Yo ta pedí permiso a Varon Samedi, 3 si autoriza yo mismo va buscarlo to´ Monsiu. Solo ta que diga que si uste, que e quien manda. El teniente Crombet tenía la mirada perdida en las lomas, sufría el color verde de la vegetación salpicada de sangre. Las balas se habían acabado, quedaban aproximadamente 20 hombres en total y la pequeña escuadra de haitianos artilleros. Esta vez nos habían superado en número y usando la sorpresa, la maldita sorpresa que no dio tiempo a coordinar la defensa. En el pecho del teniente, la ira y el odio se sembraban con tantas raíces y gritaban como en aquellos cuentos de viejos, lo hacia la mandrágora recién cortada. Mire Jaques para mi esas cosas no existen, pero a veces las circunstancias desesperadas ameritan medidas desesperadas, si usted asegura que esos zumbi 4 suyos acaban con los españoles creo que no hay nada porque esperar. Los chillidos de una chicharra anunciaban una posible tormenta. La carcajada del viejo Jaques se disparo como un relámpago guardarraya arriba y creo que hasta los pájaros temblaron. Los otros haitianos también rieron. 
No sé, que podría decirles sobre esto, pero la verdad es que aquella misma noche entre velas brincos y cantos que se repetían una y otra vez sucedieron cosas raras y en medio de una ventolera los dioses negros dieron su bendición para expandir la muerte. Los animales descuartizados se arrojaron a un agujero al pie de una ceiba y las llamas se elevaron por un momento casi que hasta alcanzar las ramas. Será que en esa época yo era solo un vejigo 5 y no entendía lo que estaba pasando a mí alrededor. Pero cuando el silencio inundo la noche se sentían pasos, voces y ruidos desconocidos alrededor del árbol. Se lo juro yo que estaba allí, la realidad a veces tiene pasos cortos. Pero déjeme seguirle contando y va enterarse de lo que sucedió. La escuadra de negros haitianos que no pasaban de siete hombres se llevo una carreta tirada por unos mulos y la dejaron escondida en medio de la manigua. Dos días después ellos se pasaron todo ese tiempo en el mar y en el monte no decían nada solo rezaban y cantaban con una tristeza larga que parecía más que una amenaza un lloro. Quemaban cosas peces palos hierbas, hacían calderas de cocimientos. La gente los miraba extrañados y hubo quien dijo que se iba porque eso era obra del diablo y que con Dios todo. Sigilosos como relámpagos se colaron los haitianos en el campamento español entrada la noche y traían de tres en tres a los soldados hasta la carreta. Que como yo sé eso, porque ellos me pidieron que los ayudara con los animales, a ellos eso no se les daba bien. Solo me decían: Niño lo que tu ve, tu no habla porque te coge la maldición de los Loas. Después se fueron hacia la montaña para regresar siete días mas tarde.  A este lugar no me dejaron llegar, los haitianos son misteriosos para sus cosas por la madrugada el aire traía aquellos lamentos a través de la maleza y los pelos se erizaban.  
Cuando regresaron solo estuvieron unos minutos se llevaron al teniente, lo interesante es lo que años más tarde me conto mi primo que era el cabo de Crombet. Dice que cuando llegaron al lugar, los haitianos le hablaron a las tumbas y los muertos se levantaron. Cuenta el primo que a la misma vez,  los muertos salieron todos de la tierra y dijeron bon sua. 6 Juro por mi madre que cuando  vi aparecer en el campamento aquel escuadrón de soldados españoles llenos de tierra y con los ojos pasmaos no podía creerlo. Yo mismo los vi muertos, los toque muertos y los sentí así, tan muertos que ya no quedaba una gota de vida en aquellos cuerpos. Pero sabrá Dios que cosas y misterios saben esos negros que pueden revivir a los difuntos. Ya se rumoraba en las tropas del enemigo que Crombet tenía un ejército de muertos y brujos en el Camagüey. 
 A ciencia cierta nunca nadie los había visto que no fuese de la población del campamento. La tropa de zumbi había crecido lo suficiente para el primer combate. Los rumores eran trepidantes y el aire se enrareció en el campamento, parecía de momento que la gente escogiera por voluntad propia no hablar. Yo estudie, no mucho pero se leer y escribir, algo pude aprender antes de que a mi padre le quemaran la casa por conspirar contra España. La verdad, había leído algunos libros, suficientes para saber que los muertos no regresan. Aun así, mi impresión sobre este tema carece de explicación. La preocupación mayor en este tiempo eran los víveres que escaseaban. Lo zumbi, no come monsiu, no se preocupe. Siempre me pregunte como si no comían iban a poder enfrentar al enemigo, la verdad  no se hizo esperar.
Esa mañana la trompeta despertó al campamento llamándonos a formar, una loma de machetes en el centro que recogieron los haitianos y se llevaron monte adentro. Los escasos fusiles comenzaron a repartirse entre los vivos.  Las tropas salieron y hasta aquí puedo contarles yo lo sucedido como observador. Marcial un viejo mambí de la zona de Granma hombre serio y de palabra cuenta que cuando llegaron a la distancia de un kilometro al encuentro del ejército español. Estaban ahí los haitianos con sus monstruos imitando la formación española. Los zumbi tenían machetes afilados como demonio y cargaron al machete. A mí no me crean, dicen que corrían como si tuvieran la velocidad de tres hombres. Las distancias se cortaron entre ambos grupos y las balas no podían detenerlos. Escuché muchas cosas sobre este combate que yo mismo podría contar pero que no diré porque no me gusta hablar de oídas. El artículo que leí de un recorte de periódico años después  decía de voz de Martínez Campo un oficial español importante de la época: A primera vista nos quedamos aterrorizados. Inmóviles. Sin avergonzarme puedo decirles, que una hora más tarde nos fuimos a casa con la moral muy baja, a llorar una doble muerte.

Luis Jiménez Hernández (cuba)
alucardmc@gmail.com

1 Vamos a hacer zombis Monsieur, vamos a hacerlos. Hacemos un ejército de zombis y con eso acabamos con los españoles.
2 Ave endémica de Cuba, a la cual la onomatopeya de su canto dio origen a su nombre. 
3 Dios haitiano o loa como ellos le llaman en su lengua natal guardián del cementerio y quien devuelve a la vida a los muertos según el culto vudú.
4 Zombi este no se refiere al clásico zombi hollywoodense que es tonto sino al zombi original del folklore vudú. 
5 Niño.
6 En creol debe significa: buenas noches.









                                                     

Revista Viajero Nro. 80 - Febrero de 2014





Mi noche soñada


Una noche muy especial
es, sin duda, la de hoy.
Una noche que quedará
grabada en mi corazón.

Mi madre me peina,
luego me maquilla, el vestido me arregla,
Sonríe y me acaricia.

Una tiara de brillantes
adorna mi cabeza.
Orgullosa, ella me dice:
"Ya estás lista, mi Princesa".

Entonces, le doy un abrazo.
Es enorme la emoción.
Hoy cumplo Quince Años
y me rodea el amor.


Vicky
m.victoria1998@yahoo.com.ar









Cómo llegué  hasta aquí


(Continuación de la edición anterior) No sé si todavía me duele lo de Tato. Tal vez me duele haber hecho el papel de imbécil. Incluso entre las infidelidades hay niveles, de todas maneras eres cornuda, pero la situación sí marca la diferencia, por eso hay unos casos peores que otros. No quiero justificar a Ramiro, pero que me haya confesado su infidelidad en una noche de copas y se reconozca arrepentido, eso sí lo hace mejor persona, aunque me llame “cerebro de taxista” y ustedes piensen que tiene toda la razón, porque si me dejo tratar así, es que lo tengo. En cambio a Tato lo aborrezco tanto y no me interesa siquiera su amistad, con él yo perdí mi inocencia. Y digo que perdí mi inocencia porque hasta entonces, aún con todo el matrimonio de mierda que tenía con Ramiro, ni me imaginaba que alguien pudiera hacer daño por el solo gusto de hacerlo. No para sacar ningún provecho, como el dinero o el poder, que justifique su bajeza, si no solo porque disfrutara de hacer daño. Él me abrió los ojos, hasta ese momento yo creía que gente así solo existía en las películas, en los libros que yo leía. ¡No te creas! Es muy fácil decir que si una permanece en una relación dañina es porque quiere o no tiene valor de terminarla. También hay que ver con qué mañas actúa el mentiroso. 
Cuando Tato me hacía historias y me pedía que vayamos a vivir juntos, que lo deje todo y él también lo haría, que cuidaría de mí y cocinaría aún sin saber cocinar, con apenas esos sueños de momento, a mí se me borraba todo. Se me borraba que un día me haya dicho que entre la otra y yo, la otra siempre iba a estar en primer lugar, se me olvidaba que una noche después de hacer el amor me dijera que no me amaba, que solo había estado usándome. Se me olvidaba que me haya hecho sentir culpable de lo nuestro, que me diga que él no hacía esas cosas, que nunca había sido infiel a su esposa. Como si yo hubiera sido el ratón que se comió el queso. Como si la iniciativa no hubiera sido suya, cuando me esperaba fuera de casa todos los días con un regalo. Me llevó rosas, se metió en mi cama y en mi vida, se apropió de mis sueños. Nunca vi tanta suciedad junta como cuando me hizo el amor en la cama de la otra, me hospedó en su casa y yo sin saber ni dónde estaba. Cuando paseando en su auto, se bajó para visitarla a ella que la habían operado en una clínica y me dejó esperando tarde en la noche, en una calle solitaria y peligrosa, hambrienta, con miedo y con  bronca por tanta humillación. 
Por eso, sus “te amo”, sus mimos y sus cuidados ya no se los creo a nadie más y cada historia de amor siempre la vivo en la espera de que llegue lo peor. Así llegué hasta aquí, así fue como llamé a la agencia de viajes y reservé la primera plaza disponible para Miami, llené un bolso chico, saqué dinero del banco y cobré la parte del premio en efectivo, alojamiento gratis y coche alquilado por la semana de regalo. Veinticuatro horas de libertad nada más tuve, me las pasé descansando en el hotel y de compras por los sitios cercanos. Cuando apenas quise viajar a visitarte en San Petersburg, todo fue muy rápido, recuerdo estar acelerando en la autopista y mirar de reojo un coche conducido por una cara nada “americana”, ella parece extranjera pensé. Fue lo último, después salté por los aires, sentí todo darme vueltas, también creo haber pensado con alivio: “Estoy lista.”  De pronto tuve frente a mí luces de ambulancias y sirenas de policía que me volvían cada vez más loca. Me pareció mirar entre sueños a la mujer con cara de extranjera a mi lado, mientras me sacaban los paramédicos del auto. Cuarenta y cinco minutos se demoraron en sacarme de entre los fierros retorcidos. Recuerdo a ella tomando mi celular, habló con alguien, lo demás ya no lo sé. No importa, pienso que ella me salvó o al menos me acompañó. 
Así llegué hasta aquí, después de decirle a Ramiro que me inspiraba muchísima ternura y él me responda que quería pintar la casa de azul. Después de darme cuenta que con él solo aprendí que no se hiela el vino tinto, a amar a Cat Stevens, a beber té inglés y a pintar la verdad a cuadros. 
A Tato, mil veces intenté sacarlo de mi vida ¡Y cómo dolió hacerlo! Siempre he pensado que yo me he lastimado mucho más con eso, en mi búsqueda de la felicidad, aunque lo amaba, lo sacaba pensando que su presencia me hacía daño. Parece que ha dolido más aún estar lejos de él. Me duele todo el cuerpo y cada hueso roto después del accidente, hasta reír me duele. Por estos días, aquí metida en esta cama de hospital, he tenido el impulso de estar cerca de él otra vez, he pensado en mil ideas que le digan “aquí estoy”. Sin embargo esta mañana recapacité, en mi afán de ser feliz he sido egoísta y las veces que lo he dejado ha sido porque yo misma lo busqué. ¿Acaso lo merezco? Yo debería buscar la paz, en estos diez años, no he conseguido ser feliz, o al menos tener una pareja estable que es lo que se asemeja. Debería dejarlo ya. Pero cuando siento que no estoy en el camino correcto lo busco, como si alguna vez el camino correcto hubiera sido Tato. ¿Qué es lo correcto? ¿Por qué lo correcto no era él? ¿Porque está mal ser infiel? ¿Sobre todo si te has casado? ¿Porque está mal beber en exceso, vivir deprimidos, ser impulsivos e irresponsables? ¿Ser humanos y estúpidos está mal? Aprender, esperar demasiado del otro, vivir de su recuerdo y no seguir adelante es lo que está mal.
Ni siquiera está mal que cuando la esposa haya descubierto lo nuestro, Tato le haya jurado que solo soy su “agente de ventas”, que lo niegue todo. Lo que está mal es que me llame llorando como marica y me ruegue por Dios que si la esposa me busca y pregunta quién soy, yo le asegure que solo soy la “agente de ventas” y apenas le conozco. Que me pida que mienta por él, que espere que yo limpie su mierda, que yo le haya creído una vez más, es lo que está mal, porque así fue como llegué hasta aquí.    

Indira Córdoba Alberca (Ecuador)
cafediro@gmail.com









El chico ladrón


En una escuela, cuando empezaba el recreo, los chicos salían al patio a jugar. Un chico se quedaba en el aula y les robaba los útiles a los compañeros; y cuando terminaba el recreo los chicos no tenían para escribir ni para subrayar con colores porque les robaba todo. Un día los compañeros lo vieron, le dijeron al profesor. El profesor lo castigó y el chico les devolvió los útiles a los compañeros y se disculpó. 
Moraleja: No hay que robar las cosas de los demás porque no es bueno y trae consecuencias malas.

El mentiroso


En un barrio había una chica llamado Josefina, que era mentirosa. Ella se mandaba muchas macanas; y cuando tenía que confesar ella mentía y decía que eran los chicos del barrio. Un día los chicos del barrio se juntaron en grupo y le fueron a decir a la madre de Josefina que es una mentirosa y que ellos no hacen nada malo. La madre castigó a Josefina y ella se disculpó. Al otro día jugaron juntos y aprendió a no mentir.
Moraleja: No hay que mentir ni echarle la culpa a los demás si no hicieron nada, porque la mentira se hace más grande y es peor si alguien se entera luego de unos días. Por eso hay que decir la verdad

Facundo Tomas Lucero
10 años









Recuerdo



Poema - Marina P. Aguirre                                                                   Ilustración - Ximena Aguirre
anira90@hotmail.com                                                                                 absurdo20_02@hotmail.com


Revista Viajero N° 79 - Diciembre 2013

 

El lienzo perfecto


Decidí vendarme los ojos porque tu belleza me lastima 
ya que tu cuerpo es el ¡lienzo perfecto! yo, 
el pincel que se deleita recorriendo cada espacio.

¡Lienzo maravilloso! que abanicas en mi ser las pasiones
¡mas desenfrenadas! pero también le das paz a mi corazón
bendito sea el arte que mora en ti, y bendito el pincel que 
descubre tu belleza.

Déjame discurrir por tu lienzo, besarlo, acariciarlo, inhalar el oleo que expele, quiero poseerte majestuoso lienzo, que ni el Louvre con todas sus obras te supera.

Quiero ser tu eterno artesano y aquí de frente mirando el picaporte de mi ventana, te sueño y te deseo lienzo perfecto.

José francisco Mejía Ramírez
Escritor y columnista nacional e internacional
Sociedad Literaria de Honduras

















Cómo llegué  hasta aquí


No sé cómo llegué hasta aquí, todo parece que lo he soñado, no lo sé. ¿Pero qué quieres que te diga? ¿Por dónde quieres que comience? ¿Por lo último que recuerdo antes del accidente? ¿O por el shock que sentí, cuando supe que había ganado el puerco premio de la farmacia? ¿O quieres que empiece la historia de cuando yo era joven, tonta y me obsesioné con casarme con el idiota de Ramiro? ¿O más aún, quieres que me remonte a mi infancia y adolescencia cuando solo fui la “hija de”, cuando mis decisiones y mi vida eran totalmente controladas por mi padre? Por un padre abusivo, autoritario y manipulador, de los que cría con temores “porque yo digo y punto”. “No te he preguntado si te gusta, te he dicho que comas.” “Cierra la boca y hazlo.” “¡No me respondas!” “¡Bájame la mirada!” Un día creces y te reprochan el ser tan boba, indecisa y mediocre. Te piden que seas más segura. ¡Vaya ironía! Te dicen que no dejes que tus jefes te exploten, que no sigas con un marido tan controlador, que no permitas a la gente reírse de ti, que no te dejes manipular, sobre todo con la culpa, que reacciones y bla bla bla. Toda la vida te entrenaron para ser perro faldero y ahora te desprecian por eso.
¿Cómo? ¿Ahora me dices que no estoy en condiciones de hablar? ¿Ahora que me has preguntado de dónde se me ha ocurrido la locura de venir a Miami sin decirle nada a nadie? Pues te lo estoy tratando de decir y no me dejas. Te digo que esa mañana, era una mañana como cualquier otra, yo había hecho las compras para el almuerzo y fui a la farmacia a hacer las adquisiciones del mes para la familia, el gel de los muchachos, la espuma de afeitar y las lociones de Ramiro, por supuesto mis cremas anti arrugas y todo eso. La cadena farmacéutica había iniciado una campaña de marketing unos meses atrás, de esas que llenas una cartilla con pegatinas que te dan con las facturas de la compra. Pues bueno, el mes anterior  yo había llenado la mía y la había depositado en el buzón para el sorteo. El premio era un viaje a Miami con estadía y gastos pagados. Ese día, al momento de pagar, la cajera me dijo que yo no debía nada y que me dirija hacia la oficina del gerente de sucursal. Yo no entendía que pasaba, sonreía nerviosa y no estaba segura de lo que me decían, porque yo nunca había ganado nada, hasta desconfiaba y pensaba que a la final yo terminaría pagando el viaje del que hablaban, porque así son estas trampas de marketing. El tipo me felicitó y con una llamada, trajo fotógrafos y periodistas para redondear el cierre de campaña, me dijo que yo podía salir cuando lo desease, solo debía comunicarme con tal agencia, identificarme y hacer la reserva. 
¡Tienes cerebro de taxista! me dijo Ramiro, sin embargo ese era uno de sus insultos menores. Buena para nada, buena para gastar. Me culpaba a mí y a mis enormes cuentas de tarjeta de crédito, el haber perdido la casa el año pasado, en la que se suponía que íbamos a vivir. De esas casas hermosas del valle donde viven los nuevos ricos o los que pretenden serlo, pues no, nosotros no pudimos ir con la tendencia, todo podía estar a la moda, menos nuestro bolsillo, qué le íbamos a hacer pero era así. Por eso me gustaba que pase toda la semana trabajando en la selva, qué me importaba a mí si no era ese su calendario habitual, si tenía otra por allá. Yo quise creerle, fue la mejor noticia que me pudo dar. Los niños, él y yo éramos felices, no se hable más. 
Bonita soy, buen cuerpo también tengo, tipo de gringa muy apreciado en este país también, si Ramiro no me valoraría, alguien más lo iba a hacer. Claro, Tato es guapo también, joven y bello, con ese look de cabello rubio, rizado, a la altura del cuello, tiene porte y se sabe lindo. Al principio todo estaba bien, total, solo era un juego para que yo levante mi autoestima, por eso no le preocupó a la amiga que me lo presentó, a mí me valió madres que haya estado casado y tuviera un hijo, porque yo también lo estaba y tenía los míos. Todo era tan divertido, mis amigas celebraron mi buen gusto, nadie lo tomó en serio, sobre todo porque lo exhibí  como más pude.  Así fue todo, hasta que llegué a sentir por Tato, eso que ya ni sé cómo se llama, eso tan grande que es mucho más que amor, que ya no es amor, que ya no sé ni lo que es.
¡No! ¡No me voy a callar, me preguntaste cómo llegué aquí y empecé a responderte! Hay pocas cosas que puedes hacer ahora en el estado en que me encuentro, puedes traerme un cigarrillo, un trago, o escucharme, al menos haz esto último o vete ya, que sería lo mejor. Tampoco quisiera hablar, quiero que me quiten este cuello ortopédico y esta indecente bata de hospital por la que se nota todo mi trasero desnudo e irme a casa. Pero estos malditos gringos para algunas cosas son tan “buenos chicos”, no me dejan ir sin pasar las puercas dos semanas de tratamiento y observación. El premio que gané resultó ser un boleto más a la desgracia, de esos que solo yo puedo ganar, nadie más.

Continúa en la siguiente edición

Indira Córdoba Alberca (Ecuador)
















A mi padre


En las rodillas de mi padre
quisiera volver a sentarme otra vez,
como antes.
En el universo vacío, añoro una mirada
celeste de tus ojos como el cielo.
Al borde del espacio, una cortina de mar
violento imaginando viajar sobre las
aguas.
En las rodillas de mi padre quisiera
volver a sentarme como antes,
golpean con fuerza las olas
imaginando aquel tiempo .
Contra el indefenso barco en los brazos
de mi padre, estoy meciéndome
al compás del barco a la deriva
he tocado varias veces el umbral
del infinito, la nada, solo un grito añoro
sus largas charlas de vida, recuerdos
de su juventud, de la guerra atroz
lo llevaron con solo dieciséis años
a pelear,  matar o morir .
En cada parpadeo imágenes de mi padre
aparecen, voy y vengo,
hacia no se donde, su mirada
me acompaña, como el ojo del barco
siempre desvelado, siempre listo
siempre alerta, como fue su conducta
de boy scout.
Tiernamente como una luz
diviso a mi padre, trabajando duro
ladrillo sobre ladrillo
construyendo nuestro hogar, o
en su taller, con olor a suela 
mojada y tintas, remendando zapatos.
En las rodillas de mi padre quisiera
volver a sentarme ... como antes ...

Marta Maria Nastaly / 2011
















El Ateo


Cierta mujer conoció hace muchos años, a un joven inmaduro, estaba de novio, enojado con sus padres y con la vida. La mujer siendo cristiana, le habló de Dios, le dijo yo soy ateo, le puso una barrera, al ser creyente, ella oró por el. El era una buena persona y de noble corazón y lo sigue siendo.
Al tiempo se unió con su novia, no maduraba, hasta que ella se cansó y lo echó, no tenía donde ir, de sus padres no fue, intentó dormir en su trabajo, hasta que su esposa le dio otra oportunidad..
Un verano se cruzó con esta mujer y le comentó, este año, no nos vamos de vacaciones, invertiremos en la casa, que bien, me alegro, él sorprendido dijo, muy pocas personas se alegran con el progreso de los demás, se lo voy a contar a mi mujer. Para esto, ya había nacido una pequeña amistad entre ellos.
Pasado el tiempo, nació su primer hijo, una niña pequeña, que lo sujetaba de los pantalones para que no se vaya a trabajar, y le decía papá, no alcanzaban los baberos para él, estaba enamorado de su hijita. Llegó el varón estaba sumamente feliz con su familia.Ya había madurado y se había amigado con la vida. Le dijo a su nueva amiga ¡ ESTAMOS BIEN,GRACIAS A DIOS !. ¿El ateo?. Sí el ateo.
Hace doce meses su amiga lo encontró de paso y conversaron un ratito, él siempre está contento, al menos siempre sonríe, esta vez estaba triste, porque le hablaba a su hija de Dios y no lo quería escuchar, su amiga le preguntó, ¿cuántos años tiene? quince años, ya quince años!!! es una adolescente, está en plena rebeldía. ¿Cómo es su nombre? María, voy a pedir por ella.
Le recordó que él era ateo y él respondió, pero ¡ YO CREÍA !. ¿Los ateos creen?.Sí creen, en algo, en alguien creen aunque lo nieguen.Es mi sincera opinión.

 Ine / 08/04/2012
                                                                                              
                                                                                                  














Tanteando la poética


Cuando intento escribir poesía
me siento una artesana
echando mano a algunos recursos que tengo:
usar diminutivos, repeticiones, jugar con las palabras.
Juego de palabras.
Porque todo lo que nos gusta hacer
es juego.
La poesía es uno que oculta y muestra,
muestra ocultando
y oculta mostrando. 
Hay poemas largos y
poemas cortos
que dicen mucho o 
dicen poco,
pero todos, cortos o largos,
dicen también lo que callan.
Ahí es donde creo está el oficio.
Y, al final, siempre, con todo esto encima,
me pongo a escribir.

















Últimos instantes


Aún siento tu cabello entre mis dedos.
Gravé en mi mente ese momento.
Miré durante unos minutos mientras te acariciaba,
a propósito fijé la vista y atesoré ese instante
y cada uno de aquella noche,
desde tu respiración mientras dormías abrazado a mí…
tus ojos cerrados, tu boca entre abierta,
tu rostro de paz,
tus manos, tu cuello.
Te miré desde el alma,
y sentí con el corazón  
estuve así horas… solo observándote para no olvidar
pensaba, guarda esto, no lo olvides
es la última noche que lo tenés.
Entonces memoricé todo..
Desde tu mirada cuando llegaste..
el beso con el que me saludaste…
hasta el “vine porque te quiero”
En el último momento que estuviste
el beso y tu sonrisa cuando te fuiste.

Marina P. Aguirre
















Amor no dudes de mí


Amor, no dudes de mí,
yo tan solo quiero acercarme
para poder verte y nada más.

No dudes de mí, por favor;
no quiero escuchar tu adiós.
Yo tan solo quiero tocarte y nada más.

Corazón, no dudes de mí.
Quiero besarte, con un beso sin fin
para que no me olvides, jamás.

Oh, mi adoración, no dudes de mí,
porque hieres mi corazón.
Yo quiero que sientas mi amor.

Entonces te digo y te pido:
Déjame que me acerque para verte,
para luego, poco a poco poder tocarte,
así lograré abrazarte y acariciarte.

Por favor, te ruego y te suplico:
Déjame besarte, darte un beso sin fin.
Tan solo quiero amarte y amarte para siempre.
Yo no se que haré sin tí.

Paula Soledad Caraballo

Revista Viajero N° 78 - Octubre 2013

 

El vuelo del águila


Sobre las cumbres heladas
el águila levanta vuelo;
sus grandes alas doradas
Brillan en el firmamento.

A su paso va infundiendo
VALOR al corazón que la ve;
impulsada por el viento
engalana el amanecer.

Es guía de los viajeros,
símbolo de la LIBERTAD,
es la Reina de los Cielos,
signo de JUSTICIA y PAZ

















Reencuentro


En cuanto la vi, saludé a Gloria con alegría sincera, me lancé a abrazarla muy emocionada y al mirarla a los ojos me di cuenta que algo había cambiado. No pude callarme y aún con mi alegría se lo dije: -Tus ojos se ven distintos-. Ella no respondió, solo seguía mirándome a medio sonreír, con esa sonrisa triste que había tenido desde el principio y que yo recién notaba.
Hablé sin parar como siempre, la atiborré de información, le conté todo lo que había pasado en los meses que no nos vimos. A veces creo tener momentos de lucidez y ahí es cuando la embarro, de modo que volví a la realidad y caí en cuenta que yo estaba ahí, frente a ella y que Gloria ya no tenía panza. -¡Oh Dios mío, tu bebé ya nació, estoy muy feliz por ti!-, le grité abrazándola de nuevo. Ella seguía inmóvil con la misma mirada triste, pero ya no sonreía. -¿En dónde está? Lo quiero conocer- Seguía diciendo yo. -En el cielo respondió. Sentí un cosquilleo en todo el cuerpo que me hacía perder la fuerza, alcancé a balbucear un “perdón no lo sabía, lo siento mucho”. -No te preocupes, casi nadie sabe- dijo. Me callé y siguió hablando ella:
-Le llaman muerte de cuna, unos dicen que ya nacen con ese problema congénito, otros que los bebés se olvidan de respirar durante la noche, yo solo sé que Tomasito se durmió sobre su propio llanto y que cuando llegué para alimentarlo, él no tenía hambre porque ya no estaba ahí-
Traté de mantener la calma y adoptar una actitud favorable para ella, le pregunté sobre su primer hijo, uno de los niños más hermosos que conozco, ese es tan comprador que con una sonrisa lo consigue todo. Al menos eso la iluminó por un instante, dijo que Rafa se lo tomó muy bien, eso creyeron en principio, pero que de un tiempo para acá, las maestras se quejan porque se volvió violento, no se lo había tomado bien, se lo había tragado todo y nadie lo notó. Eso los hacía sentir culpables por el comportamiento que tenía Rafa ahora y a su vez Rafa se sentía culpable por lo que le pasó al hermanito, que “Diosito lo castigó por sentir celos” le había dicho al cura del colegio. Esta es una de esas familias que tienen la palabra culpa de ida y vuelta en la punta de la lengua. Veo a mi hijo Rafa sonreír y reconozco a la puta muerte en su rostro, entonces tengo miedo de todo este amor que siento por él-
Dije las tonterías de siempre, lo que en un caso así dice todo el mundo: -“Que no se castiguen así, que nadie tiene la receta de la vida, que una se pasa la vida aprendiendo a amar, que no es la primera vez que pierden un ser querido, que ya han pasado por eso y que saben que en esos casos llorar es bueno, si necesitas algo, aquí estoy para ti…” -Gracias- me interrumpió ella sonriendo otra vez. -Me voy ya, me voy ya, que tengo prisa.- Y salió a correr.
-Espera ¿A dónde vas?
- Es hora de la leche de mi hijo.
Regresó para darme un beso apresurado y corrió por la acera. Pensé que por la muerte reciente de su bebé, ella se habría vuelto muy sobre protectora con Rafa:
-Sí bueno, pero Rafa ya se la puede servir solo, tampoco vayas tan a las corridas, vete con cuidado. Grité-.
Con esos ojos que habían pasado por tanto, se volteó para decirme:
-No es para Rafa, es para el bebé, Tomasito aún no puede comer solo. 

Indira Córdoba Alberca (Ecuador)
















A Panchito 

Mi esposo a los 79 años

Pasaron los meses, pasaron los años
feliz a tu lado yo siempre viví.
Quisiera ser joven, feliz y dichosa
como el día aquel que te conocí.

Amarme fue un lujo,
amarte lo fue más.
Solo el eco que hoy te llama,
cuándo te volveré a encontrar.

Volveré a verte
en una tarde de enero,
cuando canten los jilgueros
su ruidosa canción.

No faltes a la cita
que para ti está escrita
con letra manuscrita
de pena y dolor.

Y en las alas de otros días
cantaremos de alegría
bailando por el cielo
para nunca más volver.

Ernestina Trinidad
















Cuentos para chicos 


El niño egoísta


En una escuela los chicos jugaban al futbol, básquet y voley. Un chico llamado Jorge era egoísta en la escuela, les quitaba las pelotas a los chicos y chicas y no se las devolvía. Los chicos se reunieron en grupo y le dijeron a un profesor. El profesor castigó a Jorge. Luego de unos días los chicos no le hablaban, no lo ayudaban y no les importaba que Jorge estuviera solo. Al otro día Jorge se disculpó con los compañeros por ser tan malo. Los compañeros lo disculparon y se hicieron amigos. Jugaron al futbol, básquet y voley y desde ese día Jorge nunca volvió a hacer una cosa mala.
Moraleja: no hay que ser egoísta ni hacer sentir mal a los otros, hay que aprender a ser amigos y no pelearse…

El vago


En una escuela había un chico que era re vago no hacía las tareas, no copiaba las cosas y ni siquiera prestaba atención a la clase. Un día los profesores pidieron los cuadernos para corregir. El chico apurado le pidió el cuaderno a un compañero para sacar fotocopia. El compañero le dijo que no, porque le tocaba a él entregar el cuaderno. Le pidió a otro y se lo prestó. Apurado fue, sacó fotocopia y copió todo. El profesor dijo el nombre del chico y no le entregó el cuaderno que no tenía nada. El profesor se lo sacó a la fuerza, cuando vio que no tenía nada lo castigó y desde ese día copió la tarea y la hizo.

Moraleja: hay que hacer la tarea, copiarla y prestar atención a la clase porque no te irá muy bien si no haces eso.

El raro que no tenía amigos


En un barrio los chicos se juntaban a jugar al futbol. Un chico de ese barrio no salía a jugar porque decían que era raro porque era diferente a ellos. Un día salió de su casa y los chicos le decían que se vaya. La madre vio cuando lo maltrataban y les dijo a todos los padres de esos chicos y los castigaron. Al otro día los chicos se disculparon y jugaron todos juntos.
Moraleja: no hay que decir cosas malas de los demás por su apariencia y hay que ser buena persona

Facundo Tomas Lucero
10 años

















Inalcanzable


Escrútame mis sentimientos
si así quisieras
desearía ser sol si así pudiera

Ser alta y radiante
ser inalcanzable
ser tan perfecta
como una línea recta.

Revisa mis arapos
si así lo crees
que la vida pasa
y no la alcanzas.

Esculca mi razón
si así prefieres
pero nunca te abriré
las puertas del corazón.

Pasaran los años
pasaran las lunas
y buscas y buscas
una sombra sin cura

















"Oh preciosa criatura de la luz
que te has condenado con placer.
No encontraste el consuelo en la cruz
y te has propuesto no crecer.

Cómodo ha resultado el no mirar,
pues extraña puede ser la realidad.
Pero la vida solo se vive al errar
y sufriendo hallarás felicidad.

Hoy el miedo te ha estancado en el ayer.
El mañana te sofoca y vos gritás.
Pero la fuerza se consigue al creer
y de la noche victoriosa surgirás." 

Abel Fernandez
















Quizás sí lo es


Puede ser ?
Porque hay tantas explicaciones para que no lo sea.
No quiero escuchar más teorías.
Si el problema no es lo que viví
sino lo que duró.
Y así como llegó un día se irá.
puede ser amor lo que lo guarda en mi corazón?
Lo que lo trae a mí cada mañana 
y lo deja en mis sueños cada noche
No puede ser?
Puede existir esa posibilidad?
 que sea ese el motivo por el cual todos los días ….
Hace tanto tiempo..... 
En miles de instantes haya estado en mis pensamientos.
Quizás no es tan grave que lo sea 
Quizás sí, pudo pasar..
Porque sí, porque simplemente pasó
Me pasó y está conmigo…
En todo lo que hago, digo, pienso e imagino…
Aparece, me acompaña, está presente 
Aunque hasta yo me quiera convencer de que no lo es.

Marina P. Aguirre

Revista Viajero N° 77 - Septiembre 2013

 

La música de mi pueblo


Añoro esos fogones
que se hacían en mi pueblo;
esas noches de folklore
que son mi mejor recuerdo.

Mi padre entonaba coplas
con las que daba consejos,
como: "Camina, no corras,
al tranco se llega lejos".

Los violines, las guitarras,
música como de un sueño.
Bajo la luna plateada
baila el Chaco Salteño.

Entre saya y chacarera
allá en el algarrobal los paisanos de mi tierra
son RAIZ, PATRIA y VERDAD.

Vicky (14 años)
















Ojos de jade


Puedo verlos, aunque no lo entiendan, puedo verlos. ¿O se piensan que estoy parado acá perdiendo el tiempo? No, estimados, créanme, puedo verlos. Y los veo harto mejor durante las noches cuando encienden esa luz menuda que parece entibiar el salón; las pantallas rojizas de los veladores, la alfombra opaca, y los rostros gozosos de los que van y vienen luciendo ropas delicadas. Durante la noche la gente se viste mejor, considerablemente mejor. Aunque piensen lo contrario, no soy exquisito, es que desarrollé el buen gusto; quizá porque me han mal acostumbrado, sepan que aquí las damas no visten pantalones; en efecto, es un espectáculo verlas bajar por los escalones que trazan esa curva ascendente en la escalada.
Pero no todas las noches son iguales. Es que no todas las noches se encarga el mismo de la música de ambiente. Acaso algún nuevo muchachito, un tanto desvariado en sus percepciones sonoras, me estuvo irritando. Por suerte volvió aquel otro, que llegadas las ocho nos regala el mejor momento del día; Coltrane y su Tren Azul provocan curiosos efectos en mí. Una de las canciones se llama Im Old Fashioned. Traduzco. Soy chapado a la antigua. Pero si esa melodía contiene el significado de la nostalgia entonces soy el primer nostálgico. ¿En qué mujer pensaba Coltrane cuando le daba forma al tema para su disco? ¿Acaso pensaba en La mujer? ¿O en todas las mujeres? Bueno, no lo sé, pero me enamoro una y otra vez, casi sin darme cuenta. Además me miran. Sí. Me miran y nada puedo hacer. Vaya pena la que debo soportar, sin embargo creo estar acostumbrado. Acostumbrado a verlas llegar, pasear e irse. Todas se van, todas. 
Hace algunos días llegaron, como llegan todos, dos parejas maduras, de edad mediada. El primero usaba unos anteojos descomunales pero su elocuencia lo engrandecía por sobre el resto. Venía escuchando a su compañero de viaje: un hombre bajo, algo calvo y relleno en su cintura, de modales profusos y gesticulación exagerada. El primero apoyó las valijas que cargaba y tomó del bolsillo de su saco los papeles de acreditación; parecía ser el encargado de ese asunto. Las dos mujeres, atrás, hablaban sin descanso. Entonces no había llegado a notar lo que algunas horas más tarde sí.
Es en el momento que mencionaba, alrededor de las ocho, cuando se encienden las luces de los veladores, un rato antes de la cena, que algunos bajan a tomar una copa en los sillones. Las dos parejas se ubicaron enfrentadas en los primeros asientos. Al rato de comenzar a beber el Martini que les habían servido, el hombre de anteojos sacó un porta cigarrillos, lo abrió con displicencia y ofreció al resto, logrando una aceptación unánime. 
Ya podía verla; la piel de su cara levemente encendida  por el alcohol y el hilo de humo, que después de cada pitada salía de su boca, dibujaban un rostro adornado por el pelo rubio que caía ondulado por el cuello. 
Ella y su esposo, aunque él huesudo y de nariz abultada pero gentil en su andar, tenían poco que hacer con aquellos otros dos. En realidad, con aquel otro indecoroso que comenzó a mirar uno de los ceniceros; lo inspeccionaba con intriga e ignorancia. Sus movimientos eran toscos incluso para observar un pequeño cenicero. Entonces golpeó la rodilla de su compañera esgrimiendo un sospechoso ademán.
¿Qué es? preguntó Me lo llevo…
Nadie contestó. Lo miraban expectantes. Nuestro hombre de anteojos hubiera preferido escapar pero como eso resultaba irrealizable respiró profundo y deseó que nadie los mirase. El calvo de un movimiento torpe metió el objeto en la cartera de su mujer. Ella mantenía la misma expresión intrascendente; tal vez adiestrada a tal desvergüenza.

Silencio. Al instante dejaron la mesa y se dirigían por el corredor al salón principal, cuando volvió a interrumpir:
¡Ah! ¿Y este? exclamó, mientras me miraba con sus ojos vanidosos llenos de obscenidad.
Jarrón de jade, como el cenicero, típico de los orientales contestó la mujer rubia al pasar. 
Entonces, comenzó a sonar Coltrane. 

Ignacio Benedetto
















Un milagro para contar


Mi madre se casó muy joven, a los dieciseis  años y mi padre tenía veintidos años. Ella soñaba con tener un hijo, no podía quedar embarazada. Pasados cinco años, nació su primer hijo, ella estaba tan contenta que tejió toda la ropita rosada, pero tuvo un varón, mi hermano mayor. A los cinco años nació mi hermana, ya tenían la parejita, y ustedes se preguntarán ¿cuál es el milagro?. Cada vida es un milagro.
Mis hermanos le pedían a mi madre un hermanito, mi hermana inocentemente, le decía: “mami aunque sea cuando te jubilés”, ellos decían que eran muy poquitos, lo deseaban e insistían.
Pasaron muchos años, mi madre tenía cuarenta años, sentía una dureza del lado izquierdo del abdomen, pensaba que era un fibroma, le indicaron una radiografía y no lo hizo porque presintió que estaba embarazada, (ese sexto sentido que dicen que tenemos las mujeres). Ella dijo, tengo un fibroma con patitas, mi papi se sentía viejo para tener un hijo a los cuarenta y seis años, no quería, mi madre sí y estuvo en reposo, a dieta porque era hipertensa. Me cuidó mucho para que pudiera nacer, sacaron mal las cuentas a la hora de nacer, dijo el ginecólogo. Tenía que haber nacido quince días antes. En esos tiempos no habían ecógrafos, así que el día de mi nacimiento, fue un día miercoles, a las once de la mañana. Pesé tres kilos y setecientos gramos, y medí cincuenta centímetros. Ese día llovía mucho, una de mis tías dijo que se caía el cielo. Se aferró de una de las columnas del sanatorio: vine con todo. 
El parto no fue sencillo, no podía nacer. Le dieron una inyección a mi madre y nací con dos vueltas del cordón umbilical en el cuello y tragué demasiado líquido amniótico. Ese fue el segundo milagro (porque hoy día en la situación que estaba, muchos mueren o quedán con secuelas recuperables y otras no), me llevaron a Neonatología. Mi madre se sacaba la leche y me la llevaba, hasta que me pudo prender al pecho y no la quería dejar. Nunca le reproché a mi padre el no querer tenerme, porque me Amó. 
Mi familia notaba que tenía los talones colorados y preguntaban y les referían que era muy inquieta y larga, y me golpeaba con la incubadora, no era la verdad. Mi tía, que también fue la partera, nos contó unos años antes de dejarnos, que ella fue al sanatorio y entró a Neo. Justo la incubadora se recalentó y se incendió y me rescataron. Solo los talones tenía colorados. A veces digo que un ángel enviado por Dios me salvó la vida. Tres veces, tres milagros: antes, durante y después de nacer. Dios fue misericordioso y realizó estos milagros hermosos para conmigo. Mi hermana siempre me decía que Dios tenía una misión para mí, porque me había salvado tres veces de la muerte.
Encontré mi misión, servir a los demás, no solo yo tengo una misión en esta vida queridos amigos: todos tenemos una misión. Porque cada día nos despertamos por la mañana, nos levantamos, podemos caminar, hablar. A veces lo hacemos por inercia y no nos damos cuenta que son milagros, otros no pueden hacerlo. Por ello creo que tenemos que ser agradecidos y valorar lo que tenemos.

















A Candela


Ya sos un angelito más
desde ahora estas con Dios
un angelito dulce e inocente
junto a tus ángeles custodios.

No sería tu destino seguir en la tierra
por culpa de tu secuestrador y asesino
entre tanta impunidad existente.
Corruptos, mezquinos sin sentimientos.
No pudiste luchar contra ellos
no tuvieron compasión, ni indolencia
ante un ángel sonriente, inocente.

Desde ahora serás luz en el firmamento
iluminando, velando por tus padres
y hermanos, ellos no dejarán de luchar.
Para que tu alma descanse en paz
hasta tanto hacer justicia  
de tanta maldad, odio, codicia.

A ellos les llegará, hasta sentir
como es el dolor de una madre
al arrebatarle un pedazo de su carne
ellos lo vivirán con creces
tu agonía y la de tu madre
ya sos un angelito más en el cielo
que no sabrá jamás de abrazar, besar
a quien le arruinaron la vida.

Llorar en los brazos de tu madre
Solo tu madre en la tierra
quedará con tanto dolor
agonizando tu ausencia en vida.
Ya sos un angelito más con Dios

TU NOMBRE  ES CANDELA …

Marta María Nastaly

















Palomo siempre tímido


En un paisaje único
vestido de blancas túnicas
de sol incandescente
vuelo como paloma efervescente.

En colinas azules
con un majestuoso vuelo
soy paloma solitaria
en el puro azul del cielo.

Si no te tengo conmigo
palomo siempre tímido
Traerás tortura a mi vida
siendo tú el amado y querido.

Eres el sol de mi vida
el único que me ilumina
que nuestros lazos se unan
a la luz de la luna encendida.

Revista Viajero N° 76 - Agosto 2013



Tus Palabras


Esperar tus palabras,
extrañarlas.
Estas ganas de leerte,
de esa sorpresa.
Tus palabras ayer, entre otros días…
activaron cosquillas.
Tus palabras ayer, entre otros días…
esbozaron una sonrisa.
Tus palabras ayer, entre otros días…
me hicieron pensarte.
De a poco, tus palabras
están en mi vida.
Mañana, tarde o noche…
aparecen y acarician.
Que no me falten tus palabras
como hoy, solo un día!!!
Sentí la distancia….
no te leí, no estabas.
Entendí que estás lejos…
aunque cuando me escribís no lo parezca.

Marina P. Aguirre
anira90@hotmail.com










Corría la década de 1980. Buenos Aires era una revolución cultural plena, y la familia Domínguez no escapaba a ella. Pedro, un brillante abogado, lidiaba con la rebeldía de Juan Pablo, su hijo de 16 años, que no estaba interesado en seguir una carrera como la de su padre, sino que quería dedicarse a la música. Pedro se oponía rotundamente.
Todas las mañanas eran iguales. Él tenía que pararse al pie de la escalera y llamar a los gritos a Juan Pablo:"¡Vas a llegar tarde a la escuela! ¡Bajá el volumen de esa música y vení!"
Cuando el joven entraba en su habitación, parecía olvidarse de todo el mundo exterior. Se concentraba en escuchar sus discos favoritos o en practicar con su guitarra, y con ello no solo se divertía; también dejaba que sus sentimientos más profundos se mostraran. Así comenzó a componer canciones. Al oír las exclamaciones de su padre, apagaba de mala gana el tocadiscos, tomaba su mochila y se encontraba con él en la sala.
"¿Cuántas veces te lo dije? No podés seguir así. Tenés que concentrarte en tus estudios, porque son la llave para que puedas construir un futuro.", lo reprendió Pedro uno de esos días. "Además, no puede ser que me desobedezcas de manera tan descarada".
"Sí, sí, como digas", contestó Juan Pablo sin prestarle atención y salió de la casa. Mientras caminaba en dirección a la escuela, pensaba en una forma de perseguir su sueño. Entonces, se le vino a la mente una imagen de su músico favorito: John Lennon, líder de The Beatles, la banda de rock más famosa de la historia. Llegó a la escuela y buscó a sus mejores amigos: Diego, Fernando, Martín e Ignacio. Los encontró precisamente en el aula de Música. Sin introducirlos demasiado en el tema, les dijo: "Muchachos, formemos una banda."
Los otros aceptaron sin dudar. Enseguida, establecieron a Martín como baterista, Diego como gutarrista principal, Ignacio en el bajo, Fernando en los teclados, y Juan Pablo como voz líder y guitarra rítmica. "Pero, ¿qué vamos a cantar?", se preguntaban.
"Yo compuse algunas canciones hace un tiempo. Si les gustan, podríamos iniciar con ellas", dijo Juan Pablo. Tomó una guitarra y les enseñó unas estrofas de un tema que había escrito el día anterior al mejor estilo Lennon. Sus compañeros estaban impresionados, pues era excelente. Se juntaban a ensayar todas las tardes, y sonaban cada vez mejor, pero la existencia de la banda era aún un secreto para Pedro. Juan Pablo no quería que, si la idea no tenía éxito, su padre le repitiera "Te lo dije" y lo empujara a los libros de Derecho sin que él pudiera protestar.
Les llegó la oportunidad de actuar en un festival de bandas jóvenes que organizaba la ciudad. Los chicos tenían un plan. Después de bastante trabajo, Juan Pablo logró convencer a Pedro de que lo acompañara, a pesar de que éste último no era un gran fanático del rock. Una vez allí, miraba disimuladamente su reloj para controlar cuánto faltaba para entrar en acción. Apenas las agujas marcaron la hora esperada, un trío de chicas subió a escena, y el muchacho se las ingenió para perderse en el tumulto y llegar hasta la parte de atrás del escenario, donde lo esperaban sus amigos. Ignacio le entregó la guitarra y le puso la mano en el hombro, tratando de ayudarlo a calmar sus nervios. Finalmente, luego de cuarenta minutos que se hicieron eternos, el presentador del festival anunció: "Y ahora, recibamos a...¡Freedom!" (Libertad)
Los cinco chicos aparecieron frente al público que gritaba y aplaudía. Al ver a su hijo, Pedro estuvo a punto de subir y arrastrarlo hasta a su casa. Ellos se ubicaron rápidamente en sus instrumentos y deleitaron con con una increíble nueva versión de "Nowhere Man" de The Beatles. El abogado no podía articular palabra, estaba admirado por la forma en que Juan Pablo se desenvolvía en el escenario. Cantaba con el alma. Mostraba que ésto iba en serio. No pudo evitar emocionarse cuando él cantó sus canciones propias. Su talento era enorme. Todo el grupo era excelente.
Se tenía pautada una actuación de cuarenta y cinco minutos, pero la gente estaba deslumbrada por aquellos simpáticos muchachos; y debieron quedarse veinte minutos más!. Recurrieron a los temas de Lennon y McCartney, ya que no tenían tantas canciones de su propia autoría pulidas y trabajadas. Cuando por fin pudieron dejar el escenario, Pedro se acercó hacia donde estaban. Martín, Diego, Fernando e Ignacio se alejaron un momento, pues consideraron que él y Juan Pablo necesitaban un momento para esclarecer la situación. El joven no sabía que esperar; seguramente le aguardaba un largo sermón iniciado por la pregunta :  “¿Por qué mentiste? ".
Pero se equivocó. Su padre, en lugar de regañarlo, le dio un fuerte abrazo. Cuando se soltaron, le dijo con los ojos llenos de lágrimas: “No estuvo bien que me hayas mentido... pero estás perdonado".
“¿En serio?", peguntó Juan Pablo.
“Si. Tenés un talento enorme, y lamento haberme negado a verlo."
“¿O sea, podemos seguir?"
"Claro ! ! ! "
El muchacho le devolvió el abrazo a su padre. "Muchas gracias ! ! ! " le dijo feliz. Ahora podía seguir su sueño en libertad.

Vicky (14 años)










Succión matinal


Desperté la otra mañana agraciado por un síntoma de ensueño. Es en esos primeros minutos, cuando uno reposa meditabundo, que parecen fluir las más sensatas controversias. Lo mismo da despertar con uno u otro pie, acaso esto no condiciona el ánimo; mas lo que condiciona es el mero hecho de abandonar el aposento. Esperar hasta el último momento para dar el brinco, renegado por la tiranía de las agujas, lo abstracto y cruel de los números, que chillan desconsolados, como si a ellos también les molestase el sacudón. Y maldice uno de su sueño porque no le dio tregua, y de la canaleta que surca por debajo de sus ojos, y de la sequedad que habita en su paladar. Entonces, con los brazos cruzados por sobre la cabeza, chocando las muñecas: un hemisferio, ante la indiferencia del otro, comienza a deslizarse sobre la arena esponjosa que arroja suaves cualidades para la succión. Extraño fenómeno, dichoso de escapistas, esta tarea requiera de suma concentración y, por sobre todo, de años de perseverancia; excede, en términos prácticos, los límites de la meditación. Así ya el cuerpo todo, torso y extremidades, se incorporan al periplo. Allí las delicias al alcance: puede reposar uno sobre los cráteres, múltiples y diminutos, del pan tostado, empapado de la manteca que abandona el recipiente de yeso, adherida al filo del cuchillo de punta redonda, para viajar hasta el cráter, cuando otras dos escupe la máquina, acompañada de un click humeante, ese que lleva el perfume de la cocción. De las frazadas escocesas surge un café todavía más humeante; y los libros, la pila de libros esparcidos, confundes sus páginas con el claro de las sábanas. 

Ignacio Benedetto
nacho_bene@hotmail.com










Para E. L.

Quemando en mi infinito amor, me iré
consumiendo.
Imaginando sus abrazos, caricias y besos
que en mi mente quedaron.
Queriendo en su voz oír los halagos que
sonriendo descubrí no pensados.
Por este amor vibré y me alegró la vida.
En mi recuerdo estará este eterno soñar.

M










De los ríos…


De los ríos tomaste su curso
del mar su fuerza
te fuiste como un loco
desesperado por la vida.

Me quedé como una estatua
ligera, sombría, fea
esperando que los vientos
marquen tu rumbo al oeste.

Muchas tormentas se sucedieron
incontables noches sin luna
el sol ya dejó de quemarme
y la lluvia de mojarme.

Y ahora en tu vuelta
mi mirada fría se clava en tus ojos
y te dice sin dar mas vueltas
que a mi alma ya no la manejas.

Adriana Ferreyra
adriana_agua4@hotmail.com