Revista Viajero Nro. 141 - Junio de 2019




Hojas de otoño

Calor, humo, dolor
Por tus cálidas ramas
se desplazan tus heridas
No llores, no rías.
Verás como el viento
estremece tu armonía

Caes, te vas, pero volverás
con el sol y la lluvia
que te ayuda a resistir
Vida, tierna como vos
Amanece en tu esplendor
la primavera de tu alma

Cada noche, cada día
iluminas mi sonrisa
No llores, no rías
Simplemente disfruta
El nuevo día

Patricia Batiluschi









Una llave

La mano temblorosa agarró la llave. El pulgar, el índice y el del corazón eran un gran equipo. La acunaron con recelo mientras la acercaban a la cerradura. Su trayectoria era inestable y zigzagueante, pero continua. Solo un poco más…
El ingreso del metal se dio con un chirrido desagradable. Había que poner un poco de aceite en el mecanismo. Sí, ya entró. Las uñas hicieron tope contra la superficie segura. Luchó con su puño tenso. En sus venas se marcaban los nervios y la impaciencia. Giró primero hacia la izquierda y luego hacia la derecha. Pucha, parecía que se le había trabado otra vez. Pero su resoplido profundo anunció que empezaba a ceder. Media vuelta y otra vuelta más. 
Su piel se paralizó antes de abrir la puerta del fondo, como con miedo… Pero con un empujón seco, el aire familiar inundó su espíritu casi de inmediato. La puerta hizo un bufido al abrirse. Contempló la habitación con cautela, luego la desconfianza desapareció bajo el terror. No se podía mover. Esa no era su casa, ni sus muebles, ni sus pinturas impresionistas. No estaban sus fotos… 
Miró la llave, la sacudió primero y luego la frotó como si fuera una lámpara mágica. Esperó un minuto, y otro más, y nada… Todo seguía allí, inmóvil, los macizos muebles de algarrobo y los espantosos detalles dorados desparramados por el ambiente. Sí, eso estaba, pero dónde quedaron los blancos, los negros, el acero inoxidable y la iluminación led. ¿Dónde fueron a parar?
Francisco quería llorar y el llanto aguardaba en su garganta, disponible pero inútil. Palabras quebradas salieron de sus labios tronando como un río de hielos rotos.
¿Hay alguien? dijo casi sin voz. 
Y al no tener respuesta caminó hacia el medio de la sala. Luego giró para cubrir cada ángulo, cada rincón y cada mancha de humedad. No, no, definitivamente esa no era su casa. La luz era diferente y hasta el olor era muy oscuro… A propósito, ¿qué hora era? Él no parecía darse cuenta de la situación, absorto en la contemplación de las manchas lívidas disimuladas detrás los claveles rojos. Hasta que necesitó el reloj… ¿dónde mierda está el reloj? 
Allá, sí, arriba. No, no pueden ser las diez de la noche. No puede ser. Si entré justo para el desayuno. No, ¡está todo mal! Debería despertar… Miró la llave y no le descubrió poderes mágicos a simple vista. No era una llave maestra, solo era pequeña y plateada. 
Una música suave y profunda sonaba de fondo. Ah…, jazz, sí era Miles Davis. Se movió en busca de la fuente sonora y encontró el armatoste. Uno muy viejo, con un mueble de madera lustrada, con perillas de aluminio, y con un oscuro disco de pasta girando lento sobre el plato. Lo contempló sin entender, y el añejo almanaque del año 1959, lo terminó de descolocar. 
No puede ser posible dijo Francisco. Sí, no era lógico, porque él había nacido en marzo del '67, bajo el signo de piscis. 
El vértigo trepó por su columna vertebral. De pronto los objetos se detuvieron, como en una foto. Su cuerpo se asustó y perdió el color. Sus pupilas se dilataron, sus pulsaciones se hicieron violentas, y un mareo empujó sus ojos hacia afuera. 
Dio vueltas y caminó sin detenerse, moviéndose como una ráfaga silenciosa. Rápido, más… Llegó a la puerta. Primero rezó, tembloroso, y luego imploró para que volvieran su patio y sus afectos. Por un momento sus dedos quedaron suspendidos en el aire. El suspenso desvirtuaba el tiempo.
Con paciencia admiró el perfil de la llave, vio sus brillosos dientes, vio la marca impresa. Sí, en efecto, era la que abría la puerta del patio, la que conectaba con el parral, con las plantas, con los juegos y con su infancia.
Era hora, pero frente al picaporte todo era confuso y nada era más cierto que su contrario. El frío metal se deslizó con suavidad, pero no giraba. Parecía que la cerradura seguía falseada. Se afirmó con fuerza. Estaba desesperado y la haría girar, sí o sí. Le sostuvo la mirada con un esfuerzo creciente, porque una presión desagradable le mordía la nuca. 
Dale, mierda, dijo sin sutilezas y parece que alguien entendió, porque la combinación empezó a ablandarse. El paso se abrió de par en par y un antiguo aire estancado entró. Sí…, ese era el verde de su jardín y los colores de sus flores. 
Pará, pará, pará, ¿dónde están las uvas y los sillones trabajados? Un miedo ancestral lo capturó. Examinó con dudas la cerámica del piso, buscó el mural cerámico en la pared de la izquierda, y al final se resignó con la desaparición de la parrilla. Ese no era su patio y la puerta, a su espalda, ya se había cerrado.

Oscar Enrique Falcão
ing_oefalcao@yahoo.com.ar
Cuento del Libro: Historias para no dormir









Es tan difícil SER mujer
SER solo SER.
Romper tu espejo
evitarlo, esquivarlo
Nublar mis ojos
cuando estoy frente a él
cuando mi cara está reflejada
pero no es mi cara la que puedo ver
Que difícil es apartarme
de lo que vos querés
Los que otros desean
Lo que ellos soñaron.
Mis expectativas .....
que no sé de quién son,
quién las impuso,
quién las susurró al oído.
SER mi nombre, mi cuerpo
SER mi alma, mi mente
SER mi espíritu, mi deseo
SER mi sueño, mi pensamiento
SER mi fe, mi confianza
SER mi convicción y personalidad
SER mi proyecto, mi historia
mi propia voz.
Que difícil es SER mujer
Respirar a pesar de la presión
que nos aplasta desde que nacemos
Crecemos condenadas por palabras
solterona, incorrecta, solitaria
estéril, contestataria, resentida,
gorda, fea. Destinadas a una única misión
Madre, esposa, ama de casa, casta,
pura, delicada, tierna, dulce,
perfecta, paciente, puntillosa, amorosa, hogareña.
Cosificadas y obligadas
a explotar la juventud
Porque el tiempo nos degrada.
Así triunfan y nos callan.
Así nuestras mentes se quedan quietas.
Que lo mismo seducen las palabras
de aquellos que son escuchados.
Es tan difícil SER mujer.
Más difícil es que nos dejen...
SER solo SER.

Marina Aguirre
anira90@hotmail.com









¡Qué locura la soledad!,
soledad sin saludo,
vacía de memoria,
soledad sin sentido,
esa del café frío,
la que viviste ayer,
y no recuerdas,
pues aún cuando la olvides,
ella está,
y, siempre, te persigue,
para dar vida a esa eternidad,
que todos los días mueres
En ese vano deseo de intentar vivirla.

Dojo









Canta en mi balcón

Pájaro, ven, canta en mi balcón,
quiero escuchar tu sonido
para que aplaques mis tristezas,
tu canto hará que mi corazón
se abra para poder amar de nuevo
ya que el amor que tuve antes
fue traicionero y ruin.
Pájaro, ven, canta en mi balcón
que yo también cantaré contigo
para sacar mis penas,
esas penas que destruyen
Mi alma y mi corazón.

Gabriela Gargiulo
gabrielagargiulo77@gmail.com

Revista Viajero Nro. 140 - Mayo de 2019



Sección: Artículo de interés

¿Qué cura un psicoanálisis?
Un psicoanálisis tiene la capacidad de curar tanto el síntoma como la neurosis. Se entiende por síntoma al exceso de sufrimiento causado cuando lo que es el verdadero acto del deseo para alguien es resignado crónicamente y sustituido por un falso acto. Quien inicie un análisis debe estar dispuesto a hablar, ya que es a través de la palabra de quien consulta que va cobrando existencia de modo singular el malestar y el conflicto en juego.
¿Pero porque querría alguien hablar de lo que lo hace sufrir?
Un análisis no es sinónimo de autoconocimiento, aunque muchas veces se cree que si. No hay nada oculto en el interior de un individuo a desempolvar o descubrir. Es un  trabajo en un espacio entre quien padece y un analista.  Podría pensarse como una travesía, un recorrido a través de los sucesos, situaciones que toman y ocupan a quien consulta. Esto necesariamente conlleva un dialogo y una interpelación de aquellos seres y situaciones que han sido significativas para quien consulta. Esta travesía solo puede sostenerse por el deseo de saber, de preguntarse por la causa de aquello que  aun sin saberlo produce este exceso de sufrimiento. ¿Qué situaciones hemos aceptado y a qué cosas hemos renunciado en la vida? ¿Por qué? Para qué.  Era necesario …

Marta Allende
M.P.: 61708
mdjallende@yahoo.com.ar









Un lunes distinto

Es lunes y decidimos salir temprano.
Tardaremos una hora en llegar a la ciudad para comprar los víveres.
La camioneta está lista desde anoche y mi mujer y yo nos aprestamos a salir a las 7; bien temprano para evitar el gran tráfico de la ruta 9 que se torna imposible a partir de las 8 de la mañana.
Estamos separados, aunque aún vivimos bajo el mismo techo por razones económicas, ya que el campo no puede mantener dos casas.
Sin embargo hay cosas que seguimos haciendo juntos, como esto de las compras semanales.
Pero cada vez se hace más difícil compartir este viaje de una hora; poco tenemos para hablar. 
Hablar sin discutir, porque de discusiones diría que estamos ya rebalsados. Y no lo hacemos por un tema determinado, sino que cualquier cosa detona la discusión. Es como si estuviéramos dispuestos a hacernos un daño contínuo. También están los largos silencios. 
Discusiones y silencios.
Hoy no me gusta este silencio que corta el aire. Estoy muy incómodo. Entonces le pregunto:
-Trajiste la lista que preparamos durante la semana?
-Por supuesto . No la traigo siempre?
-Te pregunto por si es necesario regresar a buscarla, como recién salimos…
-No hace falta Rafa. Igualmente la tengo en la cabeza.
Noto que su voz tiene un tono distinto. No es desafiante.
La miro sin que lo note; tiene los ojos enrojecidos y dos grandes  manchas marrones debajo. Seguramente anoche lloró mucho…
Entonces me juego….
-¿Te gustaría que nos quedemos a almorzar allá?, así  no tendrías que cocinar…
-Ya ni recuerdo la última vez que comimos juntos y menos fuera de casa.
-Bueno, sería una oportunidad para charlar tranquilos de nuestras cosas.
Está callada. Seguramente tiene dudas….
-De acuerdo, yo también quiero charlar con vos, pero sin discusiones. No puedo soportar más nuestras palabras hirientes y a veces hasta sin sentido.
-Hecho. Primero compramos, cargamos la camioneta y luego almorzamos en lo de Pascual.
-Me gustaría comer pastas, tal vez tallarines con pesto…
-Eso sería genial. Sabés que a mí también me gustan.

No hablamos por un rato , pero los dos tenemos una media sonrisa en el rostro.
Estoy decidido a poner todo mi esfuerzo para que regresen los buenos tiempos, y estoy seguro que ella también.
A este almuerzo le tengo mucha fé.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com









38 Días

¿Nunca has tenido la sensación de que no controlas tu vida? ¿Que no tomas tus propias decisiones? ¿Que no controlas tu propio cuerpo? Porque eso es lo que sentimos los personajes de cuentos, novelas, historias… No somos más que un mero muñeco a merced de los crueles escritores. Y tú, maldito lector, eres su cómplice.
Tú, lector mediocre, eres quien le da motivo a estos enfermos escritores para darnos falsas esperanzas, engañarnos, explotarnos, herirnos, matarnos. Todo, para finalmente darnos un estúpido final feliz, abandonarnos en un vacío del tiempo donde no hay nada para hacer, donde todo está resuelto, donde ni respirar es necesario. Claro, hasta que toman la pluma de nuevo. 
Ese es el momento en que todo vuelve, hacer y decir cosas que uno no quiere (buenas y malas), vivir (o revivir) una vida, una historia, que uno no elije, algunos hasta mueren de nuevo. Y la mejor parte, cuando abrís el libro. Cuando todo vuelve a empezar, cuando nos arrancas de nuestro aburrido y patético vacío temporal para que seamos tus bufones y te entretengamos. 
Nuestra vida es un ciclo vacío y repetitivo, siempre las mismas palabras (en el mismo orden), siempre las mismas ropas (en las misma combinaciones), siempre la misma historia (en el mismo libro), siempre el mismo torturador (porque el autor es el mismo), pero casi nunca el mismo lector.
Mi nombre es Doña Rosa de la Esquina. Trabajo en una verdulería. Tengo 38 años. Nací hace seis años cuando me escribieron por primera vez. Aún tengo 38 años. Lo único que he hecho en mi vida es venderle un limón, tan ácido como mi alma, al protagonista. Una vez cada 38 días, la historia se repite. Una vez, cada vez, que abras cualquier libro, este libro, la historia se repite. 

Sol Denise Rodriguez
denisesol2002@outlook.com









A ti mujer

Mujer, eres dama de día y de noche,
eres pura, eres blanca, con tu aroma seductor
envuelves a tus seres más queridos,
ríes con ellos, lloras, disfrutas con ellos,
sufres con ellos.
Dama, eres fuerte como junco,
te doblas pero no te quiebras,
y eres suave como los pétalos de una rosa.
Eres, simplemente, mujer.

Marta María Nastaly
nastalymartamaria@hotmail.com









Replantar

El poema se quedó suspendido en una letra, a la que regresa incesantemente para encontrarle el  sentido al horizonte completo. La letra que brilla y desaparece, que brilla y se esconde, que se contenta con la intermitencia como las luciérnagas en la noche romana. La letra que es imagen-luciérnaga, que es resistencia y supervivencia. El poema no puede sino volver a ella, volver al enlace entre dos palabras, entre dos ideas, entre dos personas, entre dos identidades de la misma sustancia. La letra que abraza y separa, que refiere en si misma a la indefinición, a lo infinito, a lo inagotable, a lo inabarcable. Y, no hay manera de sobrepasar ese trazo, ese dibujo sobre el papel. Así como el tiempo no puede seguir adelante después de abril, después del otoño, y de la caída de las hojas, tampoco el autor puede concluir su poema sin demorarse infinitamente en esa la única- letra, el trazo sobre el que erigió sus dibujos, sus castillos, sus bosques y toda roma. Las hojas de un árbol que caen de las ramas, y las ramas que caen del árbol que no puede retenerlas aun implorándoles. El árbol otrora frondoso y fresco, febril y pasional, hoy patético y seco, amputado de sus ramas, de sus brazos, de sus abrazos, de su extensión, de su ampliación. Hoy el árbol se suspende, se queda, se encierra, y no lo volvemos a ver hasta la primavera. Pero la primavera no logra que se retire abril, no logra que el árbol vuelva a crecer, a germinar, a renacer. El árbol, muere en la noche oscura sin las luciérnagas de Roma, sin las letras griegas, sin los tiempos que devienen, porque el árbol, la mujer, el poema, no pueden moverse, no pueden seguir a las luciérnagas. El árbol y yo estamos enraizados, y si no vienen a alumbrarnos en la noche no podemos correr en busca de las pequeñas lucecitas intermitentes y danzarinas. 
Hay que dejar ir a las hojas, hay que avanzar, aun sin hilvanar ideas, aun fragmentadamente. Hay que recoger las hojas, las ramas, las letras, los escombros, y rearmar -en un montaje siempre infructuoso pero persistente- el rompecabezas. Y, si la letra no se deja borrar, si la letra reaparece en la madrugada, en el monte, en el claro del bosque, cerca de la Vía Medici, dormirse, y soñar con bancos de plaza y bloques de colores, y convertir el sueño en cuento, y  narrarlo a quien quiera oír, y al que no también. Y replantar el árbol, replantar a la mujer, replantar el poema.

Laura Ormaechea
lauraormaechea@outlook.com









Mi tío Roberto 

Calle Ramella, abajo, Villa Alcira, Bernal. Allí fue a vivir mi tío Roberto cuando se casó con mi tía Negra allá por los años 50. Compró un terreno y armó una prefabricada, él trabajaba en Celulosa Argentina (la papelera de Bernal). Comenzó a armar su familia: su esposa y sus hijos Ana y Roberto, mis primos. 
Un día, el río salió, y comenzaron los problemas: una gran inundación que arrasó con todo, la mayoría tuvo que ir a refugiarse en casa de sus familiares.
Cuando volvieron mi tío pensó: hay que construir. Compró materiales y con la sola ayuda de su familia construyó su casa de material y puso todo lo importante: heladera, televisor a un metro del piso, por las dudas. Para lograr este paso trabajaban duro sábado y domingo. Los vecinos miraban.
Al tiempo, llegó otra inundación y pudieron gracias a su esfuerzo salvar sus cosas. Pero, mi tío siguió pensando y decidió construir tres habitaciones y un baño arriba. Esto ya era más difícil, pero no se asustó. Volvió a comprar materiales y a trabajar, siempre con la ayuda de su familia, sábados y domingos.
Los vecinos, todos sentados en la puerta de su casas bajas tomaban mate y le decían: -Pero Don Roberto, ¿para qué trabaja tanto? ¡Venga a tomar mate con nosotros! Hoy no viene la inundación, el río está tranquilo. Mi tío los miraba y seguía trabajando sin cansancio. Un día terminó su obra y la miró satisfecho. Los vecinos se seguían riendo -¿Para qué tanta casa? ¡No hace falta! le decían.
Y pasó el tiempo, y otra vez el río creció, y la inundación fue grande. Mi tío se trasladó arriba con su familia y desde el balcón observaba como el agua se llevaba todo, entonces sucedió: todos los vecinos, que se reían de él, golpearon su puerta, desesperados. El bajó, les abrió y los albergó a todos en sus recién estrenadas habitaciones de arriba. No pensó en lo que se habían burlado de él y en que nadie le ofreció su ayuda. Ese era mi tío Roberto, solidario, trabajador, y con un corazón tan grande que no cabía en su pecho. Este es mi humilde homenaje.

Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar

Revista Viajero Nro. 139 - Abril de 2019



Ausencia

Aunque ya no estés más conmigo
siempre te seguiré queriendo,
en mi pensamiento y en mi corazón
estarás siempre presente,
no oigo más que tu voz
en esta inmensa soledad
no veo más que tus ojos
en esta inmensa oscuridad
derramo lágrimas por tu ausencia
no puedo encontrar mi paz
pués yo me siento dolido
espero volver a empezar,
espero una vida distinta
aunque de tí jamás
Me voy a olvidar.

Gabriela Gargiulo
gabrielagargiulo77@gmail.com









¿Qué es una hernia discal?

¿QUÉ ES?

Es el desplazamiento de uno o varios discos de la columna, generalmente esto ocurre en la zona lumbar. Los discos son los encargados de unir las vértebras y armonizar el movimiento de la espalda. Dicho desplazamiento se ha generado por la ruptura del tejido discal formando una hernia que comprime el espacio donde circulan los nervios causando dolor.

SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO

El dolor puede aparecer después de estar de pie o estar sentado, por la noche, al estornudar, toser o reírse, al efectuar un movimiento brusco.

Es posible reducir este dolor a través de antiinflamatorios, reposo, rehabilitación e incluso mediante cirugía. ​

PREVENCIÓN

El ejercicio y la alimentación son muy importantes para mejorar el dolor de espalda si tiene sobrepeso. La fisioterapia es importante para casi todas las personas con enfermedad discal.

Los terapeutas le enseñarán a usted la forma de levantar objetos adecuadamente, caminar, vestirse y desempeñar otras actividades. También le enseñarán cómo fortalecer los músculos que ayudan a sostener la columna. Usted también aprenderá cómo incrementar la flexibilidad de la columna y de las piernas.

Fuente: https://www.inar.com.ar/blog









Castigo y crimen

La medida del infinito reside en tu interior. Da lo
mismo si mueres hoy o dentro de 10  años... es
igual.
Nada va a cambiar con un aviso de curva.
Un hombre simple no es nada ante el mundo...
Sus palabras, sus deseos, sus plegarias... todo es
arrasado por el viento.
Sus sueños, sus anhelos, sus actos... son
mutilados en un instante. No hace falta
transgredir las leyes universales, cometer algún
pecado o ejercer el mal.
El castigo viene sin el crimen. La condena viene
en el espíritu. La agonía en el alma.
El infierno en la piel.


Brian Lavedova









Del silencio

Lejos

así lejos
del sonido
de los grifos
de las distancias

así sin voces
ni recatos
en el espejo del jardín de marzo
con lo que menos queda

calma

soy solo
una mujer que estalla en el silencio
una luz que reverdece
aquí lejos
soy excipiente de vida
retrato de un camino

El verbo sabe de la austeridad
de la palabra
de la intensidad del sentimiento

aquí en este pasaje
soy apenas
Una mujer que estalla en el silencio

Elisabet Cincotta

Revista Viajero Nro. 138 - Marzo de 2019



El cambio

Los cambios pueden llegar a impactar mucho o poco, eso depende de como estemos acostumbrados a ver las cosas y las personas de una misma manera, y ahí nos damos cuenta del verdadero pensamiento de los demás. Si es positivo… te felicitan, te admiran, se enorgullecen. Y si es negativo… se burlan, te critican, te juzgan. Como también hay otros que simplemente se asombran por que creen que alguien no es capaz de romper y/o transformar un prototipo de alguna índole que nos muestra la sociedad para no sobrepasar límites y miedos que nos agobian.

David Steven Arias Buitrago








Migraña

Cuando ella aparece
opaca mi visión
y el mundo se oculta.
Las formas desaparecen
y todo tiembla cuando abro los ojos;
cuando intento ver,
mirar, enfocar.
Comienza pequeño, 
de izquierda a derecha,
de derecha a izquierda;
hasta cubrirlo todo.
Descompone y confunde:
solo con tranquilidad y paciencia
logro que no me conquiste,
no me destruya, no desespere.
Y cuando pasa ...
cuando la vista se aclara por fin
Duele, porque solo el dolor la aleja.

Marina Aguirre








Esa noche

Carmen y Julia, amigas de muchos años, los sábados por la noche se reunían en casa de Carmen, pero esa noche se irían a bailar, a pocas cuadras de su casa. Luego de cenar, se empezaron a arreglar, se maquillaron y se pusieron todo el brillo que encontraron encima  y se fueron al baile.
Al volver del baile, volvieron caminando, como se habían ido a la casa de Carmen, serían unas ocho cuadras. Al cruzar la plaza, las comenzaron a seguir unos cuatro o cinco perros callejeros, uno de ellos era tipo Lassie; y no parecía ser de la calle, estaba muy limpio, Carmen les dio un alfajor, un pedacito a cada uno de ellos, pensando que si las seguían hasta su casa se quedaría con el perrito más lindo. Hacía tiempo que estaba queriendo tener un perrito, pero el perrito que no se despegaba de su lado no era precisamente el que ella quería, al contrario, era el más feo. Así llegaron hasta la casa de Carmen, ella trató que la perrita que quería y ya la había bautizado Anuhya, (se dieron cuenta con Julia que era perrita) entrara a su casa, pero no se dio por aludida. Hasta que tuvo que ir tirándole pedacitos de carne, mientras Julia trataba de sacar al otro perrito que sí entró a su casa. Así de a poco, a medida que iba comiendo la carne se iba adentrando a la casa, hasta que lo consiguió. Anuhya entró y con Julia le acomodaron un lugarcito para que durmiera con ropa en desuso, para que estuviera calentita. Aunque no quedó muy conforme, iba y venía inquieta hasta que se durmió. 
A la mañana siguiente, Carmen le dio de comer, pero no hubo manera de que comiera nada, ni agua quiso tomar. Y la vio muy triste, queriendo irse a la calle. Entonces Carmen se conmovió, dejándola salir, viendo que ya no la podía obligar a que se quedara con ella. Anuhya salió a la vereda, Carmen pensaba que saldría corriendo, se equivocó porque se quedó sentadita en el escalón de la puerta de calle, así estuvo todo el día y Carmen le dejó comida y agua dejándola tranquila para que ella decidiera qué hacer.
Al anochecer Carmen la fue a ver por si quería entrar, sin hacerse mucha ilusión y muy asombrada la perrita le empezó a juguetear y entró a la casa. Carmen le volvió a acomodar un rinconcito con ropa en desuso, así estaría calentita para pasar la noche.      
Al otro día nuevamente no quiso comer y se desesperó para salir a la calle, la dejó salir quedándose nuevamente en la vereda, le dejó agua y comida pero no comió, a la noche nuevamente quiso entrar, al otro día nuevamente quiso salir a la calle, así estuvo varios días y ya se la veía debilitada. Carmen en todos esos días hizo hasta lo imposible para que se quedara, mimándola, hablándole, sin conseguir que se quedara, entonces ella no dejó que entrara esa noche y que se fuera pensando que si seguía así se podría morir por no comer, entonces Anuhya le golpeaba con sus patitas con mucha insistencia la puerta, hasta que Carmen le tuvo que abrir y desde entonces, no se fue más de la casa, se hizo hasta amiga de los gatitos y convirtiéndose en la más fiel compañera de Carmen y todas las tardes salían a caminar; Carmen y Anuhya, recorriendo el barrio.  

Marta María Nastaly








Una pequeña niña

Ella sufría sola
Nadie la entendía
Nunca pudo ser feliz la pobre niña

Sola lloraba, sola reía
Hasta que un día, todo lo perdía

Esa niña fue creciendo,
sola, nadie la veía, lloraba todo el día

Esa mujer eres ahora
Triste y solitaria
Anda detrás de los muros
¡Escucha gente gemir y gritar!

Esa mujer, no aguanta más
Su sufrir...
Un día, decidió dejar todo atrás,
Y una nueva vida comenzar... ¿Lo logrará?

Patricia Batiluschi








Sin título

En coautoria con María Silvia Telmo

Promesa de papel  amarillea
brisa de libertad desencadena
cabellos azafrán rabia del amor
su buena suerte echada en el aire.

La asalté de besos bajo nuestro cupesí
una primavera sin desdichas.
Que más puedo decir,
todas fueron disculpas de algún modo.

Salí a extraviar
tantos pájaros desde la pena.
Agonizaban las noches perdido
Y aquel gallo madrugó el eco de un ruido
que no cesa
una espina de pescado bajo un cielo del sur .
Tu rostro era luz de vida.
No hay quien lo niegue.
Naranjal que plantamos los días alumbró, 
su ácido sabor sobre las comisuras
su tierno interior y mi culpa,
cruceña, nieve del pecho
abismal lejanía.

El tiempo se congela. ¿Cómo aprendo a vivir?
Alguien que apenas existe me observa
mientras el río me moja junto a mis aparejos.
No me olvides parece decir

Allí viene. 
Otro de esos tanto peces 
solo se pausan en mis manos
como tu,
sobre los rosales de todos mis jardines.

Me detendré,
da gusto la broma que me haces 
al reflejarte sobre el agua.
No es tan fácil. Nada fácil
resolver mi humanidad.

Luciano Calzada








Sombras nada más

Dos cuerpos se confunden,
se entrelazan.
El hombre la lleva,
ella se deja llevar,
de fondo los compases del 2 x 4
y los pies de ambos dibujando
sobre el húmedo adoquín
los precisos movimientos del tango.
Las cuatro esquinas
son silenciosos testigos
de los soberbios bailarines,
fieles compañeros,
en cada giro, corte y quebrada,
son las estampas de los dos
que anuncian el final del día
proyectadas en ese muro
descascarado y nostálgico,
el de un Buenos Aires que se resiste al olvido.
Largas sombras en la tarde
enamoradas del viejo puerto,
del Riachuelo,
del puente oxidado
y las barcazas amarradas.
Los cien barrios se apagan
lentamente en un gris pétreo,
el Sol bosteza en el horizonte,
los danzantes y sus sombras
persisten en sus mágicos movimientos
hasta que se encienda
el último farol de la calle.
Los sonidos del bandoneón y el violín
se van perdiendo hasta confundirse
con las estridencias de la noche porteña.

Guillermo Manfredo
21 de Septiembre de 2013








Ángeles

Ella es un ángel que camina por las calles de Quilmes, Ángeles cree que pasa y no la ven, no es así sino todo lo contrario, es muy bella porque su belleza interior es inmensa y manifiesta la exterior, por cada paso que da deja huella.
Es una mujer especial, como el samaritano que se nombra en La Biblia, ayudó a una persona robada y golpeada, tuvo compasión de él y lo socorrió, (pero esta historia no es real sino parte de una parábola que contó Cristo, cuando le preguntaron,quién es mi prójimo?). Ella es la samaritana del siglo XXI, siempre atenta para apoyar, dar consuelo, ayudar al prójimo, aún estando enferma, le nace...es un don especial que tiene.
Dios le ha brindado un esposo increíble, que caminan juntos a la par, e hijas maravillosas, es una gran madre y una gran esposa, con Ezequiel han formado una bella familia.
Ya llegando a las cuatro décadas...es una mujer agradecida por un nuevo año de vida, un regalo de Dios.
Bettu mi amiga me contó como es Ángeles, ella no sabe lo valiosa que es, como una gran joya preciosa, un diamante que brilla, así es ella con su brillo, ilumina la vida de los que la rodean.
Bettu está muy feliz de haberla conocido, comparten charlas, risas, tristezas, alegrías, la vida misma.
Sería grandioso que ustedes en este derrotero de la vida, puedan conocer a Ángeles, una mujer con brillo propio y digna de admirar.

Ine
1-3-19



Revista Viajero Nro. 137 - Febrero de 2019




El banco

Desde el primer día que empecé a trabajar en el Banco Provincia me dijeron que no habían conocido a nadie como yo. Salvo a Francisco Guindado y, aunque la decisión fue unánime, nunca pregunté por qué. Yo soy muy poco curioso, es más, a veces me creen por insensible, pero asumí que lo dijeron en forma sarcástica al ver mi diminuta estatura. Yo no me ofendo a pesar de que muchos me llamen petiso sin cogote, porque desde el jardín de infantes aprendí a ignorarlos, incluso cuando se reían de mí, tratándome como a una tortuga deformada.
Me asignaron en el archivo, un lugar lúgubre, inaccesible. Y sí, llegar allí era como haber realizado un viaje hasta el fin del mundo, porque las escaleras de mármol se hacían interminables y yo estaba convencido de que esa era la razón por la que nadie quería venir acá arriba. Mis compañeros, al principio me trataron en forma burlona y hasta despectiva, pero con el pasar de los meses me trataron con respeto como si estuviera custodiado por un voluminoso guardaespaldas. Ese comportamiento llegó a ser reverencial y tal vez por eso nadie se atrevía a pasar el umbral de la puerta del archivo. 
Me traían los expedientes para guardar, para realizar alguna corrección en particular o para archivar, pero nunca golpeaban la puerta de madera, solo los dejaban en el piso, muñidos de una nota como a bebés abandonados a su suerte. No creo que mi presencia les causara miedo, porque mi apariencia era más bien risueña, aunque Francisco, mi compañero, era alto como el mayordomo de los locos Adams, y tenía los dientes blancos como las teclas de un piano, y su piel traslúcida lo hacía parecer muy enfermo. Sin embargo, detrás de ese aspecto fantasmal y dentro de ese guardapolvo azul había una persona servicial, maravillosa y muy trabajadora. Es más, muchas veces le pregunté si dormía en el archivo porque siempre estaba cuando llegaba y me saludaba con una sonrisa cuando me retiraba, pasadas las seis de la tarde.
Fue fácil hacerse su amigo, porque la mayoría de los empleados lo evitaba, a pesar de su buena predisposición, de su prestancia señorial al hablar y de su cordialidad pasmosa, siempre lo evitaban. Al viejo nunca le importó que lo discriminaran por lo alto que era o porque rengueaba de su pierna derecha, sin embargo, prefería esconderse para no verlos. Ese grandulón se movía lento como un caracol desalineado, pero para el trabajo era una luz, que encontraba los legajos perdidos aun en los recovecos más inexplorados. 
Desde que lo conocí se comportó tímido, sumiso y muy introvertido. Él nunca quería llevarse los laureles del trabajo cumplido y me dejaba todo el crédito a mí. Nos hicimos amigos porque era un tipo sencillo, porque me ayudó, enseñándome dónde estaban todos los secretos del archivo, porque nunca se burló de mi altura, incluso cuando le pedía que me alcance los papeles apilados en el último estante, y porque apenas pasaba el portón de entrada, cada mañana, salía de la oscuridad para darme un abrazo de bienvenida como si yo fuera su único amigo. Y sí, nosotros éramos muy compinches. 
Pero esa tarde, un toc toc se hizo presente en la puerta junto con una voz desconocida, a la que no le pude responder porque estaba hablando por teléfono. La piba entró hasta el mostrador en forma sigilosa como si se escondiera de un francotirador y me sorprendió, porque nadie se atrevía a entrar al archivo. 
Se quedó apoyada en el escritorio, temblorosa, esperando a que terminara con la comunicación. Después que colgué la invité a pasar, pero se negó con una escusa que al principio me hizo gracia. El teléfono sonó nuevamente y lo corté porque necesitaba una explicación racional sobre sus palabras. Pedí al cielo que ese aparato endemoniado se quedara mudo, aunque sea por unos segundos. Sus últimas palabras quedaron flotando en la lentitud del archivo como una duda. La miré sin reacción, al principio, y cuando se alejó de las pilas de papeles como espantada, como si hubiera vista a un fantasma, mi voz reaccionó. Salió por la puerta sin detenerse y aunque llegué a suplicarle, a rogarle, a los gritos que no se fuera, nunca volvió.
Nadie quería pasar la puerta del archivo, claro que las escusas eran variadas y todas distintas. Hace mucho frío y parece una morgue, la luminosidad de esa tumba me deprime, hay un fuerte olor a pis mezclado con desinfectante de lavanda, y la lista seguía, pero cuando vino ese martes la piba nueva y me dio esa excusa, tan original, tan descabellada, me descolocó: «Perdón que entré al archivo, solo quiero ganar una apuesta, pero si llego a ver al fantasma seguro que me voy a mear encima»
Mire muchacha, en todo este tiempo que trabajo en el archivo del banco, ni Francisco Guindado ni yo, vimos a ningún fantasma ni a nada que se le parezca. le dije con total seguridad y franqueza, mientras fruncía mi cara en señal de enojo.

Yo soy nueva en el banco, pero me contaron que Francisco Guindado entró por esta puerta al archivo hace veinticinco años y nunca lo encontraron ni vivo ni muerto. Dicen que nunca salió de aquí…y cuando parecía seguir la frase, sus palabras se congelaron, cortándose de pronto con un filoso silencio. La piba abrió los ojos tan grandes como el dos de oros, tan grandes como su boca, y, sin tomar aire se dio vuelta, y al sentir la humedad entre sus piernas, empezó a correr…

Reversión del cuento Martes 13 publicado en el libro: Historia para no dormir

Oscar Enrique Falcão
ing_oefalcao@yahoo.com.ar








Y reirás por siempre

Tu sonrisa me atrapa
día tras día.
Mi eterna agonía alegra mi vida.
Tu calma me duele,
tus dientes ya no muerden,
ríes y ríes como caudales
de agua,
caes de arriba y llenas mi alma.
Tu dulce voz y tus gritos
son mi vida.
Tu enojo, tus lágrimas
me duelen,
pero te adoro.
Y tu valor y grandeza
serán para siempre mi gran fortaleza

Patricia Batiluschi








Un error con consecuencias

Aquella tarde estábamos descansando bajo los árboles. 
Hacía calor.
Eramos cuatro amigas inseparables desde que nos habíamos encontrado en el internado y a partir de ese momento nos transformamos en nuestra propia familia. No es que no quisiéramos a las nuestras, pero ninguna de nosotras tenía hermanos y seguramente por eso nos unimos tanto; Rosalinda, Ema. Griselda y yo.
Como eran las vacaciones de verano nos habían permitido pasar allí los 2 meses. Para nosotras era la felicidad más grande, nos sentíamos libres y dueñas de nuestras vidas.

Habíamos terminado de almorzar y estábamos un poco aburridas y somnolientas. El calor nos había pegado fuerte y no teníamos voluntad de cambiarnos de ropa para ir al pueblo. Tal vez más tarde….
Había pasado una hora cuando Ema se incorporó de golpe y nos dijo:
-Qué hacemos acá aburridas como 4 ancianas? Nos ponemos lindas y vamos a la terminal de micros a ver quién se va y quién llega. Yo puedo manejar la camioneta pues tengo la licencia de conducir-
Era una buena propuesta para salir de nuestro letargo veraniego.
En un ratito estuvimos listas y nos subimos a la camioneta. Ema tenía licencia pero no conducía bien. Todos los baches y cascotes sueltos del camino fueron nuestros conocidos.
 Y así a los saltos llegamos a la terminal. Nos sentamos en uno de los bancos a charlar, acompañadas por dos perros solitarios que se tiraron a nuestros pies, y esperamos…No eran muchos los micros que paraban en el pueblo de San Cosentino;  la espera podía ser entonces bastante larga.
Al rato para un micro de la línea Sol Federal.
Se bajó un muchacho de buen aspecto y buenos modales con una mochila y un bolso de mano. Nos saludó amablemente y se sentó en el otro banco a esperar. A cada rato miraba su reloj.
Nos llamó la atención tanta espera y empezamos a hacer suposiciones en voz bien baja para que no pensara que éramos unas metidas: que espera a los padres;  Ema decía que a la novia, otra al hermano, yo al chofer …
Finalmente se dirigió a nosotras preguntándonos si conocíamos a Federico, su hermano, que tendría que estar en la terminal esperándolo.
Ninguna conocía a ese tal Federico, pero pudimos entablar una entretenida conversación entre  los cinco. Y así, de casualidad, nos comentó que había estado estudiando en Madrid y ya finalizados los estudios volvía a su pueblo natal de San Cayetano donde lo esperaba su hermano que era su única familia.
¡Nos miramos las cuatro! Se había equivocado, ¡debía bajarse en la parada siguiente…
Lo subimos a la camioneta con el poco equipaje que traía y con Ema al volante y él más asustado que nosotras por su forma de conducir, llegamos a San Cayetano. 
El hermano estaba aún allí, lleno de preocupación. Hubo abrazos, alguna lágrima de reencuentro, también algún reproche por la equivocación y mucho agradecimiento hacia nosotras.
Quedamos en reunirnos al día siguiente en la casa de Rosalinda para charlar no sólo de la experiencia pasada sino también para conocernos mejor, ya que éramos de pueblos vecinos.
Llegaron puntuales, con las hamburguesas, el carbón, la ensalada y las gaseosas.
Ellos hicieron el asado y nosotras, nulas en la cocina, preparamos una torta poco presentable pero hecha con gran entusiasmo.
Nos llamaban sus “Ángeles guardianes”, un título muy ostentoso, porque lo único que hicimos fue ayudarlos un poquito. Nos divertíamos muchísimo pues eran muy agradables, todos teníamos anécdotas para contar. Así nos fuimos reuniendo varias veces y también nos fuimos conociendo. La guitarreada era infaltable, no había reunión en la que no cantásemos a viva voz, entonáramos o no; eso no importaba.
Y  para completar esas cosas raras que tiene la vida, yo me casé con Federico y Ema con su hermano y ya no fuimos una familia de cuatro sino de seis grandes amigos.
Fue la equivocación más linda de nuestras vidas.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com









Alas abiertas

Con las alas abiertas al amor,
voy dibujando corazones en el camino
a cada uno le pongo un nombre,
abuelos, madres, padres, hijos, hermanos,
nietos, amigos.
Dibujando corazones en el camino de la vida,
de la noche estrellada, del sol ardiente,
en los ríos, en los árboles, en las flores silvestres
Tú el hombre, yo la mujer,
unidos en un solo corazón.

Marta María Nastaly
nastalymartamaria@hotmail.com








Tu divinidad original

Si en las oscuras NOCHES DEL ALMA
yo me pierdo,
¡oh PADRE AMADO!
rescátame de los terribles fantasmas de la maldad.
Si ves que lloro
y corro sin respuesta,
muéstrame TÚ, LA VERDAD.
Si salpica mi alma tristeza
y tirada al piso se desangra,
¡ven a mi auxilio pronto,
que TÚ ERES EL ÚNICO
que me puedes sacar de esta gravedad!
Y si callada,
sola
y pérdida
me encontrase
BÚSCAME,
ENCUÉNTRAME,
HÁBLAME,
SACÚDEME CON TU SANTO ESPÍRITU
para que ÉL RECREE todo en mí
y vuelva a restaurarse en mi SER
TU DIVINIDAD ORIGINAL.

Erika Luz de Dios
erkabd2008@hotmail.com








La razón de existir.

Muchas manos en el plato hacen garabatos .
Muchos cocineros en la cocina entorpecen la comida.
Adivina la palabra !
C_ _ t_
P_ i _ _
Los programas de certámenes en tv son geniales. Los programas de adivina la palabra son fabulosos.
Cuando era chico siempre quise ser un presentador de tv. Patético sueño!
Repentinamente me doy cuenta de que no soy feliz.
¿Será porque no he realizado mi sueño?
Lo que para uno es patético para otros es vital, esencial, la razón de existir.
Siempre pensando en lo que piensan los demás... eso sí es realmente patético. 
Me hubiera gustado hacer deportes extremos y todavía no lo hice.
Me hubiera gustado viajar por todo el mundo y no lo hice.
Con el tiempo una persona se acostumbra a abandonar cosas.
Con el tiempo se pierde la esperanza, el anhelo, el impulso.
Irónicamente cuando  uno alcanza un sueño ya deja de tener el mismo impacto que cuando se soñaba. Irónicamente pasa a no tener sentido. 
Nunca voy a tener lo que quiero! Porque si lo tuviera? Ya no lo querría. 
Prefiero vivir con el anhelo y con la duda de saber si algún día lo lograré...
Los sueños son  simplemente sueños. 
Nada más que eso...

Brian Lavedova

Revista Viajero Nro. 136 - Enero de 2019



Así está el mundo

Los que piden igualdad
solo miran con sus ojos absolutos.
Los que piden ser escuchados
callan opiniones ajenas,
Los que luchan por los derechos humanos
eligen algun "ismo" para hacerlo
y polarizan el reclamo.
Los que piden justicia no son justos.
Los que piden respeto no respetan.
Los que piden más educación...
no tienen coherencia
entre lo que dicen y lo que hacen.

Marina Aguirre
anira90@hotmail.com







Cuál secreto, mirada contra mirada
invisible hilo que se trenza sobre las narices.

Te haces corazón ,
imagen alada, justo aquí
- no lo sabías por cierto-
Y es el tiempo el que atraviesa,
inerte, sin astros del destino,
de posarte sobre mis labios.

Espeso boscaje propones
de risas sonoras hechizantes con tu amor de lo abierto a lo cerrado

tu bello fulgor jazmín
descubre desnuda una alianza
de dos que se aman

aquellas redes tejen enigmas,
energía cósmica,
que plantas en la tierra
 y en los precipicios,
en un simple mover de tus perfumados cabellos.

Y en silencio
-estoy seguro que no lo sabías-
Puedo espiar tu piel manantial,
pues cultiva vitalismo desbordante
con andar de otro planeta.

Intemporal, unívoco, irracional amor
sobre las pestañas transportas,
naturaleza
Angélica por sobre la medianía
y así tan fresca siembras sol ,
siembras sol en mi pecho,
sol y mil secretos  que me encanta buscar sobre tu boca que insiste,
como un frondoso tilo en primavera
aromarme el alma.

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar







La Plaza sin nombre 

NO PISAR EL PASTO, decía el cartel de la plaza del barrio, ésta estaba ubicada en el centro del mismo y tenía una particularidad: era redonda. En su interior había varios caminos y muchos juegos. La rodeaban hermosas flores que parecían las guardianas. Don Alejandro era el cuidador, todas las mañanas barría los caminos, regaba el pasto y cuidaba las plantas. El les hablaba y parecía que ellas le contestaban. La plaza estaba impecable, solo faltaban los chicos que iban llegando todos los días para andar en bicicleta o jugar en los juegos. A la pelota no, el pasto no se pisaba.
 A la plaza le faltaba algo muy importante: ¿Qué era? Un nombre. A nadie en el barrio se le ocurría uno.
Una tarde de abril, llegó un grupo de chicos muy revoltosos y maleducados, no eran del barrio, nadie los conocía. Entraron gritando y corriendo por los caminos, eran diez. De repente Manuel, el más revoltoso, se topó con el cartel: "NO PISAR EL PASTO" ¿No pisar el pasto? -dijo- ¿Pero a quién se le ocurre?. Por favor Manuel, no empieces -dijo Daniel- que siempre nos echan de las plazas por tu culpa. ¡Qué nos van a echar! ¿Quién? -contestó Manuel-. ¡El cuidador! -replicó Daniel-. ¡Pero si es un viejo!, ¡vamos chicos, saquen la pelota! -gritó Manuel-.
No sacaron una pelota, sacaron diez, y así cada uno pateaba la suya y comenzaron a destruir todo. Pisotearon el pasto y lo arrancaron a patadas. En un segundo no quedó nada, las flores, el pasto, los juegos. Don Alejandro, cansado de correrlos, se puso a llorar desconsoladamente, entonces... la tierra empezó a temblar, las flores se levantaron, comenzaron a marchar como soldados y paso a paso fueron acorralando a los chicos que estaban aterrorizados. El pasto también se levantó y marchó con paso pesado tras las flores formando un círculo. Los chicos quedaron adentro. La rosa roja tomó la palabra: ¿Qué hacen? ¿Por qué destruyen? preguntó. Nadie contestó. ¿Por qué no contestan? ¿Tienen miedo?. Manuel tímidamente levantó la cabeza y dijo: Estamos arrepentidos. ¿Cómo? -preguntó la rosa-. Estamos arrepentidos -dijeron los chicos-. ¡Más fuerte! -dijo la rosa-. ¡ESTAMOS ARREPENTIDOS! -nuevamente dijeron los chicos-. Ahora sí se escuchó; bueno, entonces van a ir al cuartito de Don Alejandro, buscan herramientas y arreglan todo lo que rompieron, ¿ME ESCUCHARON? -Dijo la rosa- Sí, -dijeron los chicos- y corrieron a hacer lo que la rosa les pedía.
Trabajaron y trabajaron. En una hora todo estaba impecable como antes. Entonces tomó la palabra Don Alejandro. La plaza es de todos -dijo- hay que cuidarla y no destruirla, para la pelota están las canchas; ¿prometen no hacer más en ningún lado lo que hicieron hoy acá? Sí, Don Alejandro, perdónenos, -contestaron los chicos-. Está bien, están perdonados -dijo Alejandro. La flores se retiraron a sus lugares y el pasto volvió a cubrir los canteros.
Los chicos que iban todos los días vieron el hecho desde enfrente, llegaron corriendo: ¡Don Alejandro, Don Alejandro!, ¡tenemos el nombre para la plaza! -dijeron-. ¿Cuál? -preguntó Don Alejandro-. "LAS GUARDIANAS", en homenaje a las flores que defendieron su lugar. ¡Muy bien! -dijo Don Alejandro-, la llamaremos plaza LAS GUARDIANAS.
Todos aplaudieron e invitaron a los diez chicos desconocidos a ser parte del equipo de fútbol que, por supuesto, jugaba en el club de la otra cuadra.

Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar







Amor Irónico…

He llegado a la conclusión de que el amor es un poco irónico, recuerdo cuando decía amarte hoy y siempre, pero me di cuenta que aunque llené mi amor por ti, no supiste llenar tu amor por mí, y quizá ese fue el motivo de que mi corazón empezara a desfallecer. Nunca me importó tu forma de amar o de tratar, te seguía amando igual, mi alma sentía una intranquilidad que no sabía de donde venía, ni entendía porque se hallaba en una incertidumbre desasosiega que perturbaba lo más profundo de mi ser. A pesar de eso, mi corazón seguía eligiendo amarte siempre, por encima de cualquier dificultad, imaginé que llegaríamos lejos, y que juntos superaríamos todas las adversidades que se nos iban presentando,y que también, pese a nuestras diferentes culturas, ese amor no terminaría jamás, puesto que siempre luché para que lo que estábamos construyendo no tuviera un final, sin embargo, estaba equivocado y no fue nuestro caso, un ocaso llegó de repente y no vino por mí, sino por ti, y que de no ser así, nunca hubiese despertado de aquella incertidumbre donde me encontraba, la vida me mostró que lo que sentía era una amor a ciegas y lleno de inseguridades a pesar de que confiaba en ti. Fue doloroso dejarte, pero la melancolía que sentí, era un amanecer de euforia, porque ha sido la mejor decisión que tomé. ¡Vaya experiencia! Aprendí bastantes cosas, y me siento orgulloso de eso, una de ellas y la más importante, a ser cada vez más fuerte que nunca. La ironía, es que no consigo hallar aquel tiempo donde te amé, ni el tampoco cuando me amaste, es como si la felicidad que siento ahora, haya borrado hasta el más mínimo detalle de tu ser, o simplemente se esfumara por que la esperanza que tenía mi alma de estar en completa paz llegó y voló.

Steve Arbu
12 de Enero de 2019
stevena0812@gmail.com







Al que construyó la casa

Con soles de verano y la espalda quemada
transpirando en los días agobiantes de Enero
te imagino entre estacas y la antigua plomada
protegiendo tu frente con un viejo sombrero.
Habrás hecho con mate tu parada obligada
como máximo premio de tu vivir austero
y si en un descuido te lastimó la azada
cubriste tus heridas con un trapo grosero.
Y seguiste adelante como un día cualquiera
que no todo muere, y de alguna manera
se escucha entre la mezcla de cales y argamasas
que dicen las paredes del trabajo de un hombre
porque habita en ladrillos tu esperanza y tu nombre.
Y tus manos artistas constructoras de casas.

Rafael Estevez







Todo el cielo 

Homero Manzi es un autor consagrado en la literatura argentina.  Se destacó en el ámbito del tango, aportando textos memorables, clásicos del género.

San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo,
Pompeya y más allá la inundación.
Tu melena de novia en el recuerdo
y tu nombre flotando en el adiós.


Y sí, todo el cielo para un poeta nacido en Santiago del Estero el 1 de noviembre de 1907 y fallecido en Buenos Aires el 3 de mayo de 1951.
Fue también docente,  crítico,  libretista y director cinematográfico.                                                                                                         
Surge de la más profunda raíz nacional. Se inicia escribiendo para las murgas del barrio de Boedo.
En 1935 participó de la fundación de FORJA, corolario de una comprometida militancia política.
Le dio un gran impulso a la milonga, y colaboró con Andrés Chazarreta abordando el folklore.
Otra actividad que lo apasionó fue el cine. Escribió el guión de “Pampa bárbara”, y junto a Ulyses Petit de Murat, adaptó “La guerra gaucha” basada en la obra de Leopoldo Lugones.
Fue presidente de SADAIC hasta su muerte.
Su poesía devela lo oculto para darle vida. Es muy honda, filosófica, captura atención.  Ella está aún en lo que no se dice, es una memoria del pasado que avanza hacia el futuro. La nostalgia por las pérdidas y la desconfianza por lo nuevo.  Su poesía es un cuerpo verbal absolutamente contemporáneo y sin tiempo a la vez, que invoca lo pleno y lo efímero.

Se podría aseverar que la poesía salió de él, de su voz, e hizo de la calle su espacio de pertenencia, y allí,  se superó a sí misma.

Nostalgias de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevó,
pesadumbre de barrios que han cambiado
y amargura del sueño que murió.

A Homero Manzi apenas 43 años le bastaron para amar a la tierra, a los hombres y convertirse en el gran poeta del cancionero popular.
Su impronta, como los cuerpos, se abrevia, se atenúa, pero no se borra.


Liliana Souza
ls.lilianasouza@gmail.com









Aquella Navidad del ‘78 

Aquella Navidad de 1978 fue especial, y por un motivo. Tenía los regalos para su hijo de diez años y quería pasar con él aquel mediodía del 25. Organizó una salida hacia el parque Pereyra. Lo fue a buscar a la casa de su ex esposa, de quien se había divorciado hacía unos pocos meses, y en el auto junto con la abuela, tomando el Centenario se dirigieron al parque. Eligieron un lugar con mesas de madera que había en el lugar y se dispuso a cocinar audazmente un pollo a las brasas, que milagrosamente no se quemó, ya que nunca había cocinado en toda su vida y menos al aire libre. Fue un día propicio para disfrutar de su hijo. El juez en la sentencia de divorcio, había estipulado las visitas correspondientes. El pequeño abrió los paquetes con sus regalos. Luego almorzaron, jugaron a la pelota, rieron, disfrutaron y sacó fotos de aquellos momentos, como recuerdos de aquel mediodía de la Navidad tan especial. El día era caluroso y soleado, ideal. Los árboles del parque ofrecían la frescura de sus sombras. Pero inevitablemente la tarde poco a poco terminaba. Sintió que la jornada había transcurrido muy rápido. La felicidad siempre es efímera, pensó, y pronto debería despedirse de su hijo hasta la próxima visita. Regresaron a la ciudad ya cayendo la tarde. Se despidió de su hijo y con un poco de melancolía, regresó a la casona de la calle once donde vivía con su madre. Llegó así la noche de Navidad y los encontró a los dos solos en la cocina de la gran casa silenciosa, compartiendo unos sándwiches de miga para la ocasión. En la galería se iluminaba intermitentemente el arbolito con luces de colores, como una señal que le anunciaba la Navidad. No fue una noche bullanguera, tumultuosa; la gran familia con el paso de los tiempos había disminuido. Tal vez no era necesario que haya sido así. Aun creía escuchar las risas de su hijo en el parque, y eso era todo lo que quería recordar. Así fue aquella Navidad de hace treinta y ocho años. Una Navidad especial.

Jorge Omar Alonso
La Plata