Revista Viajero Nro. 147 - Diciembre de 2019



Las Fiestas se aproximan. Época en que todos hacemos un ejercicio de reflexión, no me gusta hablar de "balance", mirando los días para atrás al tratar de recordar hechos, situaciones, horas pasadas. Es que el tiempo es irreversible. Hay que recoger el crédito que a cada uno nos da la vida ahora. En esta época los lazos humanos están divididos en diferentes encuentros, las identidades en máscaras que uno lleva sucesivamente y nuestra historia, en episodios que solo duran en la memoria.

Jorge Omar Alonso
jorgeomar_alonso@yahoo.com.ar
La plata








Otra nueva navidad


José y María van camino a Belén
montada en su burrito, en busca de un establo
cargada de nueva vida en su vientre
donde el Niño Dios nacerá, cobijado y calentito
en su humilde cunita, de suave paja amarilla
con todo el amor, derramado por María
junto a la fortaleza de José, el viene a este mundo
a traernos amor, paz, a todos los hombres
esparciendo su fragancia, en todos los hogares
donde quiera que esté Él, llenando de luz
al mundo, para Bendecirnos en esta
Navidad, a todos por igual en esta
Noche Buena, junto al amor del Señor
Niño Dios cobíjanos con tu luz y amor
no dejes que perdamos la inocencia
de tu amor hacia nosotros, enciende
en todos los corazones, la llama que
nunca debe apagarse. Amén.

Marta Maria Nastaly
nastalymartamaria@hotmail.com








Se aprende a admirar la belleza,
a no querer poseer
su alma, corazón y cuerpo.
Educamos el deseo,
podemos besar en sueños,
acariciar su rostro.
Sentir su piel, perfume
y hasta imaginar un instante
en qué conectan nuestras miradas.
Y contamos este secreto,
todo lo podemos en la fantasía
y ponemos ese amor
con consciencia de perpetuar
este sentir en algo platónico:
Solo miedo ...
A no ser correspondido.

Marina Aguirre
anira90@hotmail.com








Pánico y locura en la colmena


La libertad tiene un alto precio.
Nada es gratis. Compras, compras y compras...
Consumes, consumes y consumes...
Todos esquivan la mirada.
Nadie quiere ver.
¡La abeja reina ha abandonado la colmena!
Ahora la sociedad se desmorona...
Sin un ser superior que los guíe todo se viene abajo...
Su mundo espiritual queda reducido a cenizas...
Su motivo de vida está pendiendo de un hilo muy delgado...
Las abejas siguieron trabajando. ¡Algunas pararon y otras se preguntaron que hacer!

- ¡la reina no está! ¿por qué seguimos trabajando? Otras dijeron: - y ¿qué deberíamos hacer? Estamos tan acostumbrados a nuestras cadenas que se nos es imposible asimilar la libertad. Además... ¡no sabríamos que hacer con tanto tiempo libre!

¡En ese momento la colmena entró en pánico! y la locura se apoderó de sus habitantes.
¡Algunos empezaron a azotarse a si mismos! para sentirse amos.
¡Otros comenzaron a someter violentamente a sus compañeros! para suplir la necesidad de opresión.
¡Enseguida hubo reinas, reyes y caciques por doquier! Todos eran amos, todos eran tiranos.
¡El poder los volvió locos! ¡Los volvió despreciables! ¡Solo acumulan miel! ¡miel! y miel...
La colmena ya no volvió a ser la misma...
¿Dios donde estás...?

Brian Lavedova
nirvano_24@hotmail.com








Natal


El peregrino acudió a la ciudad de los doscientos,
su pensamiento asentó,
caminó, pataleó.

Supo dónde estaba,
conoció qué pisaba,
necesito noción,
abdico decepcionado.

Deambuló malintencionado,
asistió enojado
al templo de la compasión:
fui aquel viajante.

Pedí aliento,
necesité impulso,
supliqué,
te vi.

Acompañada con quién sabe
tus pasos seguí,
guiaste, conduje
hacia mi Ser.

Serguei Nahuel Nasgho
snahuelgomez@gmail.com








El amor de la familia


Se acercaba la Navidad y como siempre los mellizos estaban ansiosos. La llegada de Papá Noel era un acontecimiento esperado con ansias por los pequeños, que siempre en las últimas semanas de diciembre hacían caso a los papás y ayudaban en las tareas hogareñas. Y todo para que Papá Noel los viera trabajar duro y portarse muy bien.
Este año no había sido bueno para Leandro y Alicia. El  campo no había rendido los frutos esperados porque el vaivén entre los períodos de sequía y las fuertes lluvias  estropearon las cosechas que se habían perdido por lo menos en un cincuenta por ciento.
La cena de Navidad sería más sencilla este año. Solo vendrían los abuelos de la ciudad que siempre colaboraban con algún plato especial.
Pero el problema principal eran los regalos para los niños, que habían escrito sus cartitas y esperaban ansiosos por lo menos algo de la larga lista que habían pedido.
Pero cada una de esas cosas excedían con creces las posibilidades económicas que tenían este año.
Sin embargo los papás no querían que los mellizos se sintieran defraudados y recurrieron a los remedios caseros. Revisando la larga lista de cada uno de ellos encontraron algunas posibilidades. Debían apurarse porque faltaban pocos días para el 24 y el trabajo sería arduo.
Leandro hizo gala de sus habilidades con la madera y construyó un tren con máquina, cinco vagones con ventanitas y pequeños escalones para subir. Alicia abrió la máquina de coser y a la noche, mientras los niños dormían dió vida a una Pepona de patas largas casi tal alta como Juanita.
Ya era el 24 y después de la cena Alicia, los abuelos y los niños salieron a mirar el cielo buscando la figura de Papá Noel y sus renos. Y para la felicidad de todos, los pudieron ver en el cielo estrellado entre las copas de los altos árboles.
Los niños corrieron hacia el pino navideño. Y allí encontraron dos grandes paquetes .
Los ojitos les brillaban como nunca. 
Y otra vez se hizo el milagro; la felicidad y el nacimiento del niño Jesús bendijo a la familia tan solo por amar y creer.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com








Oh, si supieras despertar el alma
dormida en cada célula
acunada de penas y mentiras
Si supieras entrar en ese chiquito lugar
donde mi inocencia era cierta y permitida
arropada de cantos en lunas llenas
Si supieras
como ahonda en cada átomo vacío
una historia, otra historia y otra más
¡Tu me dices no! ¡no es! nunca ES
Pero Si supieras...
mirar dentro de mi segundo incierto
mi intuición sin rumbo
mi extrañar inquieto abandonado....
cambiarías
Si supieras entender
mi cada día añoso y desprevenido
doliente de un amor vacío
un decir callado y un grito que no fue
Si pudieras
aún hoy hablarías
porque la verdad siempre fue Mía
Tu mentira no la quiero
Mi camino empieza hoy
Porque recién he nacido
sin nombre ni apellido

Lirey







Es inevitable tu amor,
es inevitable tu dolor.
Es inevitable tenerte siempre
encendido, como una pequeña
llama incandescente.
Me das alegría, me das placer
No sé qué hacer sin vos
Si algún día te dejara,
sería imposible, no volver a tenerte
¡No puedo! ¡no puedo! ¡fuera de mi
vida, por favor!
Aunque sea, hasta mi último día.

Patricia Batiluschi

Revista Viajero Nro. 146 - Noviembre de 2019




La música

La música, un arte que transmite sentimientos, una gran compañera, el placer de escucharla, de sentirla, de apreciarla.
Enriquecedora del alma, espíritu y corazón, da alegría y sanación a aquellas almas perdidas que vagabundean por el mundo con pena y dolor.
La música al oírla agudiza mis oídos, mi cuerpo se siente jovial, sonrío con total felicidad por que la siento de tal manera que no puedo vivir sin ella.
Es mi musa inspiradora cuando tengo que escribir poesías y versos de amor, la música alivia y sana enfermedades, es un arte de apreciar, de valorar, porque así es como la siento, la música suple la soledad por companía.  

Gabriela Gargiulo
gabrielagargiulo77@gmail.com









La alfombra

Catalina era una joven muy particular, vivía sola, no se relacionaba con su familia y tampoco tenía amigos. Su casa era muy antigua, se encontraba en el barrio de San Telmo, tenía muchas habitaciones desocupadas, vacías. Ella usaba solo una, en la cual tenía pocos muebles, solo un ropero, su cama y una mesita de luz sobre la cual estaba la única lámpara que alumbraba el ambiente.
Catalina trabajaba nueve horas por día en una oficina, llevaba la contabilidad de una fábrica situada en la ciudad de Lanús, todos los días viajaba desde San Telmo pasando por Constitución dónde tomaba el colectivo 45 que la dejaba en la puerta de su trabajo. Nunca caminaba, no miraba vidrieras, no iba al cine o al teatro, su vida transcurría en el trabajo donde no compartía nada con nadie, y las pocas horas que pasaba en su casa las utilizaba para cenar, pues volvía tarde, y dormir para levantarse temprano y otra vez a trabajar. Y asi pasaban los días, su rutina era agobiante, pero ella parecía no darse cuenta, seguía y seguía sin cambiar nada.
Un día justo antes de salir golpean la puerta, Catalina se sorprendió y preguntó -¿Quién es?- De la casa de alfombras señorita, le contestó una voz agradable. -Yo no encargué ninguna alfombra-, replicó Catalina. -Bueno no sé, yo tengo ésta para usted-, dijo el joven. Muy extrañada abrió la puerta y se encontró con un apuesto joven que cargaba un rollo inmenso. -¡Bueno, por fin!-, exclamó Alejandro, asi se llamaba el joven, -¡se la entro y la acomodamos! -Pero, protestó Catalina, yo no quiero ninguna alfombra, además se me hace tarde para ir a trabajar-. Alejandro sin esperar más, entró, caminaba como si buscara algo en especial, Catalina lo seguía enfurecida. De pronto se detuvo ante una puerta, -¡Allí no!, gritó Catalina. Sin escuchar, el joven abrió la puerta. La habitación estaba totalmente vacía, entró, estiró la alfombra en el piso y comenzó a abrir las ventanas. Los rayos del sol no tardaron en iluminar todo, las paredes eran blancas, inmaculadas, y la alfombra era hermosa, fuera de lo común, muy colorida. Catalina quedó muda, nunca había visto tanta iluminación. Alejandro satisfecho con su trabajo, se despidió y se fue.
Eran casi las diez de la mañana, tarde para el trabajo. ¿Qué hago ahora? pensó Catalina, ¡con todo lo que tengo que hacer hoy! Resignada miró la alfombra y vio que sus flecos se movían. Qué extraño,¿qué estará pasando?, se preguntó a sí misma. Cuando iba a cerrar la puerta para salir no pudo, se había trabado, entonces como si algo hubiera cambiado en ella entró en la habitación y se acostó sobre la alfombra a disfrutar de ese magnífico sol.
Se durmió y soñó que era otra persona, que podía salir, tener amigos, estudiar, no todo en la vida era trabajo. De pronto se despertó y sintió una fuerza que la empujaba hacia la calle, salio y...allí estaba Alejandro, esperándola con un ramo de flores. ¿Salimos?, le preguntó. -Si vamos-, contestó. Y juntos caminaron por San Telmo decididos a comenzar a vivir una nueva vida a partir de ese momento, y todo gracias a una alfombra que nunca se supo quien la envió.










Una bocanada de aire fresco

Hoy salí a observar la Osa Mayor,
y sentir como los jazmines
colmaban de fragancias el Camino Verde.

Salí...
para contemplar la luna
y ver como las constelaciones se abrían
ante su paso sin estupor.

Salí para recoger,
como los Alquimistas,
el rocío de las plantas
y crear Nuevos Elixires con sus Gotas Sanadoras.

Salí para subir al Pequeño Monte
y desde ahí, observar el Divino Cosmos en expansión.

Salí para echarme en la hierba
y comenzar así, mi Sagrada Meditación.

Hoy salí,
y entre las maravillosas cosas que hice,
tan sólo salí para tomar una bocanada de Aire Fresco.

Erika Luz de Dios









La sabia colaboración de Papá Noel

En las últimas tres semanas, Clarisa había pensado mucho en como pasar las fiestas navideñas. Daba la casualidad que unos días antes del 24 de diciembre cumplía años; esta vez era un número redondo y eso a las mujeres las preocupa siempre.
La familia se había achicado notablemente y de aquellas grandes reuniones que se hacían en su casa ya no quedaba casi nada.
El balance era magro; y dentro de poco tendría que tomar la decisión de donde transcurrirían sus últimos años.
Es verdad que tenía dos hijas, pero cada una hacía su vida y lejos de ella estaba interferir en sus cosas.

La mayor se había establecido en una de las provincias más lindas del país, en la ciudad de Santillán, con su pareja y sus 2 hijos y estaba dicho que no iban a regresar a Bs As. Había organizado allí su vida y estaba bien, era su elección.
 En los últimos años Clarisa iba asiduamente a visitarlos; no quería perderse el crecimiento de sus nietos, que transcurría tan rápido como la vida de una mariposa.
Alguna ciudad cercana a Santillán podría ser la opción que buscaba Clarisa para su futuro.
Ah, olvidé contarles que allí también vivía la familia política de su hija.

La otra hija vivía por ahora a unas cuadras de la casa de Clarisa, pero siempre con la idea de irse del país porque aseguraba que acá no tenía las posibilidades que merecía. Con su pareja tenían decidido partir, si es que conseguían trabajo, al país  que consideraban su lugar en el mundo. En poco tiempo harían las valijas y estarían en Ezeiza.

Las posibilidades de Clarisa de tener una vejez feliz y en compañía, eran  evidentemente escasas; por el contrario, se avecinaba la soledad de los últimos años, y contra eso estaba dispuesta a luchar con espada y con facón.
 
Finalmente decidió pasar las Navidades en Santillán y allá fue con la ilusión de ver a sus nietos que eran el sol de su vida.

Retiro, gente, bus, espera, retrasos, más gente, más retrasos, insomnio, corridas por los retrasos. Y llegó el arribo a Santillán, y todos los inconvenientes se olvidaron.

24 a la noche. Hermosa noche estrellada con la mesa en el jardín.
Para esa ocasión, Clarisa había decidido sentarse junto a Elena. Esa silla estaba vacía porque no muchos querían ese lugar en la mesa. Pero Clarisa tenía decidido hacer el sacrificio de compartir la cena con ella, como ofrenda al Señor.

El nieto pequeño, absolutamente emocionado, esperaba la llegada de Papá Noel, y aunque no lo puedan creer, este generador de ilusiones infantiles, se hizo presente a las 12 en punto, con su traje rojo vivo, su cara de viejito bonachón y una bolsa enorme de regalos. Pero no entró por la chimenea porque hacía mucho calor, sino que bajó por los techos, que era mucho más fresco.
En la bolsa había muchos juguetes para los chicos y algún que otro regalito para los más crecidos.
A Clarisa le dejó dos paquetitos; cositas lindas, que miró y volvió a guardar cuidadosamente en sus bolsitas.
Elena también tenía dos regalitos, con contenido desconocido.

Clarisa se levantó para ir a la cocina en busca del pan dulce y las frutas secas tradicionales, pero mientras regresaba a la mesa con la bandeja, vio a Elena revisando sus paquetes sin ningún pudor ni vergüenza. Seguramente estaba comparando si los regalos eran de la misma calidad y del mismo precio que los suyos.

-Nadie me vio- habrá pensado Elena, pero fue vista justamente por quien no debía verla: la dueña de los regalos.

Y aquí surgió la gran duda de Clarisa: ¿Debía  encararla y dejarla en evidencia frente a todos como una gran entrometida? ¿O sería mejor dejarlo pasar y guardarlo en el olvido como una intromisión más de Elena entre tantas otras que tuvo a lo largo de su larga vida?
La segunda opción fue la elegida. Mejor no generar roces en la mesa navideña. 
Sin embargo Elena no pudo con su genio y la interrogó como un fiscal en un caso policial. ¿Que quién? ¿Por qué la diferencia? Yo quería lo mismo que vos
Clarisa no contestó. Se preocupó por cortar el pan dulce en tajadas casi perfectas, iguales unas a otras, para que esto le diera tiempo para calmarse y dejar correr todas esas preguntas como agua entre las rocas.
Pero Elena era perseverante y continuó con su interrogatorio desgastante: ¿Cuándo te vas? ¿Por qué te quedás tantos días?
Clarisa estaba harta y consideró que era hora de terminar con estas preguntas sin fundamento.
-Me voy a dormir Elena. ¡¡¡Ya tuve bastante por hoy!!!
Y se retiró.

Pero Clarisa tenía una cosa bien clara: la ciudad de Santillán y sus alrededores no eran apropiados para vivir en los próximos años, por lo menos mientras Elena siguiera allí.

Susana Stazzone









Incordurado

El lento peregrinar de espesas nubes de uno de tantos cielos,
haciendo de agrias timias, los dulces días borgoña.
Una mujer lanza una flecha con los ojos profundos,
un crisantemo pierde un pétalo ingrávido,
los autos pasan, con sabor a ráfaga febril,
un ave rapaz grazna en vez de cantar.
El gris del asfalto pinta  melancolía en puro estado
y el aroma a tierra avecina lluvia, crepitantes puntos incoloros.
Se ciernen  alturas celestes ceniza,
hollín de calderas, mina de carbón diamante.
La mujer se encorva en descenso fantasmal,
y llueve con su primer lágrima mercurio.
Un piloto cubre su sien desencadenada,
un ruidajo de humedad colma el circundante,
mis zapatos crujen roídos de cuero y agua.
Observo la escena, fatal fachada de domingo,
contrasto con una sonrisa a medias de principio,
tímida de truenos perspicaces y paraguas.
Pienso en el océano, exacerbante grandeza,
en la espuma salada, aglomerada esfera,
pienso en los que no están.
Voy de rostro descubierto
peregrino de nubes y artimañas,
navegando sin soltar el piso, bergantines anaranjados.
Como así respiro, voy.
Y exhalo
sonriendo de final
Bajo la tibia lluvia de los incordurados.

Luciano Calzada









Pronóstico de tiempos exitosos

Que el diluvio de emociones bonitas no dejen de llover. 
Que sobre la tierra fértil las alegrías no dejen de caer,
porque no hay tormenta que eternamente pueda prevalecer. 
Hay que cruzar las turbulentas aguas primero para luego poder
las inclemencias del clima con acicate vencer... 
Aunque un ciclón caiga, que la calma sea quien pueda contener; 
logrando una cascada que serene al agua que quiere recorrer, 
las hendiduras de la elocuencia, que si no se la logra sostener, 
provocará la inundación más grande que no permitirá absorber
toda esa agua que la adversidad pretende en los bordes verter,
haciendo proclive a menguar la fortaleza y así decaer.
Que si se desata un tornado -con entereza- hacer caber,
la tenacidad... que en cada uno puede crecer;
solo basta ser perseverante y no dejar de creer,
de lo que se es capaz de persuadir ante el granizo que pueda doler.
Hacer que el arcoíris que adorne el cielo ¡sea un deber!
para que el que naufrague sea el infortunio, y así romper
con todo lo que nos impida conquistar y tener.  
Que si la lluvia es impetuosa se pueda sobre ella componer
la poesía más afable que permita hacer ver,
que se es aguerrido con la voluntad de convencer
Que después del vendaval, finalmente deja de llover.

Claudia Ortiz 

Revista Viajero Nro. 145 - Octubre de 2019





Hogar de ancianos

No me recuerdes
el Domingo, pues ya no estás
a mi lado.Y aunque, aún
no eres pasado,
parte de mi alma
se perdió, al dejarte en el "Hogar".
Nada me devolverá
la calma, ni mi pena
podré apagar, ¡madre mía!,
y aún cuando
algún día,
tengas que marcharte,
nunca podré olvidar,
que para poder cuidarte,
-aunque aún
te acompaño-
Tuve que abandonarte.

Dojo








Una mañana especial

Esa mañana me levanté muy temprano. Me sentía ansiosa.
Iba a hablar el Presidente; la situación económica se había descolocado y por lo tanto, este hombre mesurado pero poco querido justamente por su mesura, iba a dar nuevas pautas para los próximos tiempos.
En otra ocasión no me hubieran interesado los momentos que estábamos viviendo, pero ahora, debía afrontar todos los gastos tanto de la casa como personales, absolutamente sola, ya que me había separado después de muchos años de matrimonio.
Eran las 9. Me senté frente al televisor con una taza de té en la mano y dispuesta a escuchar.
Ya estaban anunciando el comienzo de la transmisión desde Casa de Gobierno, cuando sonó el timbre de abajo. Me llamó la atención por la hora tan temprana y porque esa mañana no esperaba a nadie.
Contesté por el portero eléctrico que tiene TV. Miré rápidamente y con poca atención, porque mi vista iba hacia el televisor ya que no quería perderme nada.
Pregunté quien era con bastante mal humor.
-Un antiguo amigo, estoy de paso y quisiera verte-
Y me dijo su nombre.
Quedé literalmente congelada, con el auricular en la mano y sin posibilidad de emitir palabra. Estaba procesando lo que había escuchado.
No podía creer que fuera él.
Era el hombre que siempre había amado en silencio, mientras estuve en la cátedra de Biología de la Facultad. Teníamos un entendimiento fantástico, sin hablarnos ya sabíamos lo que el otro pensaba. A veces había miradas y sonrisas cómplices que nos acercaban aún más.
Pero él tenía novia y estaba a meses de casarse y yo no estaba dispuesta a arruinarle la vida a una mujer que esperó 7 años para llegar al altar.
Por eso mi silencio, mi disimulo y mi tristeza a solas.
Todo eso rememoré en un instante, y como flashes, pasaron su casamiento y mi llanto interminable en la iglesia ; mi casamiento; el distanciamiento total y el aparente olvido.
¿Qué pasó? ¿Porqué estaba frente a mi puerta?
-Esperame que ya bajo a abrir- 
Me cambié en un minuto, apagué al Presidente que no sé qué estaba diciendo; ya no me interesaba. Volvieron mis 20 años y todas los sentimientos, en un instante.
Llamé al ascensor y bajé.
Fue una emoción fuerte vernos nuevamente. Lo noté en su rostro y supongo que él también en el mío. Después de 25 años estábamos iguales, pero distintos.
No me atreví a invitarlo a subir.
Nos sentamos en los sillones del hall de entrada y comenzamos a hablar como si nos hubiéramos visto ayer.
Me encontró en el Face de casualidad buscando a un amigo. No podía creer que fuera yo la que aparecía ahora con un perfil totalmente distinto a mi profesión.
La charla fluía de manera incesante. Tenía muchas preguntas para hacerle pero no quería parecer ansiosa, aunque lo estaba. Y mucho.
-Vamos a tomar un café?- me dijo
Ni lo pensé. No quería perder la oportunidad de este reencuentro.
Frente a las tazas de café pasaban los minutos y ellas fueron testigo de nuestras risas y de nuestros recuerdos.¡¡¡¡ No podía creer que se acordara de tantas cosas!!!!
No iba a ser este nuestro único encuentro. Lo leía en sus ojos.
Tal vez no había sido yo, solamente una compañera….
Tal vez , también en silencio, fui algo más para él…
Creo que ahora habrá tiempo para averiguarlo.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com









Principios vitales

Que vivas la vida como merece ser vivida, es lo que te sugiero
Jamás confundiéndola con el trabajo y el entretenimiento
con la sobrevivencia
porque es algo mucho más serio que eso

Sé un demandante neto, hasta el final de tus días
de tiempo libre
Vuélvete pasional en ello, porque es algo sagrado
Porque bien mixturado con la principal de tus virtudes, la libertad,
siempre harás que te alejes
de una vida mediocre

Recuerda, sí hazlo
porque siempre es un buen alimento para el corazón recordar lo que nos hizo vibrar
pero nunca lo hagas todo el tiempo
porque la nostalgia es mala consejera para continuar con tu crecimiento

Sé valiente
porque sin valentía
jamás hallaras en el seno de tu corazón la rebeldía
talento necesario para que la novedad por siempre esté presente en todos tus días

Sé siempre un escucha y un observador
Nunca se te ocurra solo oír y mirar
No cometas tales pecados capitales que comete la mayoría
que solo se distrae con detalles insignificantes, haciendo con ello insignificante su existencia
Porque tener los oídos y los ojos abiertos
no es sinónimo de estar alerta

Si observas que todos toman el camino menos pedregoso por ser el más fácil de andar
Tú no caigas en esa tentación vil
Tú toma, sin dudarlo, siempre el otro si te parece necesario
Porque si no, con anticipación, hallarás la Muerte
a menos que no quieras vivir de Verdad

Si quieres vivir en armonía
no piensen en abandonar tu persona
Que tu espíritu, alma y cuerpo sean tus Dioses terrenales a los cuales adores todo el tiempo
Dadles sacrificios sin cesar
porque la compañía más frecuente que tendrás será la tuya misma
Y si tu estado no es el óptimo
te aborrecerás, y tu vida será un infierno

Lee
escribe
aunque, luego nadie quiera escucharte ni leerte
Hazlo por ti mismo
porque por si no lo sabes, te desasnaré
Todo nuestro esmero en hacer algo
es siempre para nuestro propio ego

Vive la vida
para que cuando por fin la muerte te consiga, en cuerpo, alma y espíritu
no te halle reptando
ni tampoco de rodillas
sino de pie, erguido, jovencísimo
con la frente bien alta, justo hasta donde te de lleno el sol
orgulloso, sonriente, a pesar de tu partida
Porque te habrás llevado, te lo aseguro, todo, todo de esta vida

Javier Bueno
javierbueno274@yahoo.com.ar









Y reirás por siempre...

Tu sonrisa me atrapa
día tras día
Mi eterna agonía alegra mi vida
Tu calma me duele
Tus dientes ya no muerden
Ríes y ríes como caudales
de agua
caes de arriba y llenas mi alma

Tu dulce voz y tus gritos
son mi vida
Tu enojo, tus lágrimas
me duelen
Pero te adoro
y tu valor y grandeza
Serán para siempre mi gran fortaleza

Patricia Batiluschi










Gitana

Dime gitana agorera
que la suerte vas  echando
si el hombre que tanto quiero
en otra vive pensando.

Si en las líneas de mi mano
puedes leer el destino,
o si la muerte me acecha
a la vuelta del camino.

¿Encontraré la fortuna?
o ¿tal vez seré dichosa?
si en mi lecho habrá espinas
o ¿el perfume de las rosas?

Y la gitana al mirarme
me dijo muy sigilosa.
-Él desespera por verte,
no vive por otra cosa.

Y mil mentiras me dijo,
tal vez por causarle pena,
nunca sabré que habrá visto
en mis manos la morena.

Él se marchó una tarde,
y se borró su camino,
llevándose en la maleta,
lo mejor de mi destino.

El cascabel de su risa
Se prendió a mis oídos
y al brillo de su mirada
no puedo darle el olvido.

Dime gitana agorera,
que la suerte vas echando,
porque se llevó mi vida
y lo sigo recordando.

Beatriz Di Nucci
dinuccibeatriz@gmail.com
R.P.I 202.418 

Revista Viajero Nro. 144 - Septiembre de 2019



Actor

Adiestrado
en simular,
convirtió en triunfo
el arte de fracasar,
siendo tantos
como ninguno,
porque nadie fue,
al final.
En esa alucinación
dirigida,
habría de ocultar,
las mil formas del no soy
antes de acabar, consumido por el hastío
y horror,
de ser el yo de muchos,
sin tener un yo propio
al terminar.

Dojo







Luz radiante

Parado allí en el umbral.
¡Oh, maravilloso SER DE LUZ INFINITA!
Tú has sido mi CAMINO, mi VERDAD y mi VIDA.

Tu SANTO ESPÍRITU traigo, aquí, en mi corazón:
ÉL me ha perdonado,
ÉL me ha sanado,
ÉL me ha transformado,
ÉL me ha recreado,
y me ha guiado por este DIVINO CAMINO de VUELTA A CASA.

Parado allí en el umbral.
¡Oh, que EMOCIÓN TAN GRANDE!
¡Qué ALEGRÍA INMENSA inunda mi alma!

Sé que LA PAZ ES CONMIGO.

Y Tú me dices: “SOLO FALTA UN PASO".
Y mientras tu mano me extiendes,
yo mi mano, a la tuya UNO.

Siento...
¡Al ESPÍRITU SANTO VIBRANTE!
¡Al ESPÍRITU SANTO DANZANTE!
¡Al ESPÍRITU SANTO REBOSANTE EN MI CORAZÓN!

Y ahora, más y más cerca estoy.
Ya percibo el RESPLANDOR,
percibo ese SUBLIME AMANECER...
Al fin, ¡Veo TU ROSTRO!

¡TODOPODEROSA LUZ RADIANTE!


Erika Luz de Dios
erkabd2008@hotmail.com







Entre maderas

-Se encontró pensando, a fuerza de espacio contra espacio, incómodo, algo apretado.-
Lo silenció la furia un segundo donde miles de recuerdos en flash lo surcaron insatisfecho, nunca había tenido miedo del amor (siempre se consideró un gran tenorio), pero sí de su velocidad, su capacidad mondes.
Abrió los ojos y sintió una oscuridad magnánima de tierra umbría, distinta a la de la noche, no encontró ni un atisbo de destello, incluso el silencio era paz indescriptible.
Divagó sumido en su pensamiento, no logró entonces distinguir la falta de oxígeno, ni las tablas creosotadas, acolchadas y rectas que estiraban su columna casi maquinalmente, sus pies juntos, su olor a humedad, una suerte de troj que lo empuñaba.
Pasó de un sueño delicioso, breve, que le susurró tentación, media parte luces muertas blanquecinas, media parte tinieblas negras, a otro de castigo y penitencia.
Dulciamarga la garganta emuló el peor alquitrán, algo ascendía por su cuerpo alineado y subterráneo, un frío que giraba entre las tripas, rompía los huesos injertando el corazón  célula a célula  y deshojando las horas en su paso.
De pronto escuchó algo una pisada o dos, se alertó súbito, y al querer incorporarse de prepo golpeó fuertemente  su frente y cara contra la parte interna de la tapa del féretro, un ruido sordo pobló el rectángulo y enmudeció en una centésima de segundo.
Allí como raíz de prado, mirto enjambrado, desesperó forcejeando para  liberarse  y arqueándose  gritó a viva voz hasta el agotamiento, hasta cerrarlo.
Ya nada podía sacarlo de aquel confinamiento, pensó resignado (en lo que pareció días de lucha), de aquella última estación sin gloria y se sintió culpable, se odió a sí mismo, rió amargamente por haber desaprendido a vivir (lo perforó esa clarividencia absoluta).
A golpe de infortunio se sumió en un último sueño plegando ojos junto a los gusanos, allí fue cara y cruz, carne carcomida y caminó solo, cruzó fronteras, resplandores de viento, sin mirar atrás.
-Tan solo como había vivido, alzó vuelo.-

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar







Te esperaré

Te esperaré
No abriendo mis ojos lo haré
¿Para qué?
Si con mis retinas ninguna parte tuya veré

Te esperaré
Y trataré de no más oír
Porque lo único que me importa es decirte que yo te amo
Y como respuesta, lograré, amedrentado, un silencio meridiano

Tratando de no tocar a nada ni a nadie
Te esperaré
Porque si lo hago, sé que me impurificaré

Mi olfato anularé
Porque si no huelo sino el olor lechoso de tu cuerpo
Temo que, con cualquier otro, me envenenaré

Te esperaré como quien espera la vida misma para poder ser
Anulándome como un todo lo haré
Y si me entero de que algún día ya no vuelves
Ya tampoco respiraré
El hacerlo ¿Para qué? ¿Para quién?

Javier Bueno
javierbueno274@yahoo.com.ar







Envidia

Despojados de todo pudor e inhibiciones viven el sueño ancestral de fundir pieles y sentimientos, mientras el crepúsculo marino se cuela por la ventana e inunda la habitación con ese perfume que mezcla sal, yodo, y humanidad en comunión placentera con el cosmos.
Caído el sol, se abre paso insolente entre las tinieblas, el dedo blanco, guía de los navegantes por seguras singladuras lejos de los escollos de la costa.
Es en ese instante cuando, cual si fuera un fantasmal destello de un Cupido curioso, recorre sus cuerpos el círculo de luz que expone a la luna, palmo a palmo, cada centímetro, ora un torso, tal vez el borde de una areola, o simplemente labios apretados preparando un suspiro más en la contienda.
Entonces la luna torna en rosado su plateado rostro y pudorosa se oculta tras una nube, espiando a los amantes, envidiosa de tener tan lejos el sol.

Juan A. Ruffinelli
ruffinelli3@gmail.com







Literato

Los ojos son el punto
en el donde se enlazan alma y cuerpo

Agota ser errante
volver a una parte,
desvanece fe
en cada viaje.

Espíritu inquieto
observador, intuitivo,
comprendió impulso
del corazón.

Idealismo sentimental.
Podrás soñar,
busca juventud del alma
pureza en cuerpo.
Permanecer vigente
donde pocos amanecen,
cualquier propósito
sin cuartel ni estrategia.

Rescataré al general
del sentir
viril y agobiado,
sensato pero enamorado.

Serguei Nahuel Nasgho
nahuelgomez@gmail.com
"Participación Destacada" en el Concurso 







El moro

Hijo de moro naciste
pero en tierra de Sevilla
creciste en un bodegón
roseado con manzanilla.

A la luna le pediste
que fuera tu compañera
de ronda con amigotes
por angostas callejuelas.

Y del juego fuiste el rey
con los naipes y los dados
y morenas que te daban
con placeres los cuidados.

A los toros no faltabas
y jugabas las pesetas
y así la vida pasabas
entre bebidas y apuestas.

Una noche muy oscura
sin la luna de testigo
salio a tu paso una daga
para cortarte el camino.

Se hizo leyenda tu andar
y entre coplas fue contada
la vida que a los morales
les pareció disipada.

Nunca sabrán quien salio
a cortar aquella noche
tu paso con gran sigilo
y sin hacerte reproches.
Al chaval de los corrales
le cargaron otra muerte.

¡Fui yo, la Carmen del Monte!
la que sellara tu suerte.
Me cobré por mil embustes
joven madre abandonada
y me fui de aquel lugar
Con una daga manchada.

Beatriz Di Nucci
dinuccibeatriz@gmail.com
R.P.I 202.418 

Revista Viajero Nro. 143 - Agosto de 2019





La vieja casona de la calle 11

Vieja casona, de habitaciones altas y espaciosas, con pisos de madera crujientes; donde se unían en dos voces, donde se rozaban, donde se convertían en amantes, cada tarde antes de las cinco. Cerrada la puerta para ocultar sus juegos anhelantes. Nada de ventanas en la alta habitación. Son indiscretas. Y ¿para qué la luz...? En la reservada penumbra de la alcoba, no se necesitaba la luz del día. Allí se confundían las horas. Afuera quedaba el mundo. Vieja casona de la calle empedrada, del antiguo y frío zaguán. De los vitró verdes, rojos y blancos, que dejaban pasar el sol desde el pasillo..

Jorge Omar Alonso
La Plata










La bioteca

El edificio se había quemado en la edad media y su trabajo consistía en reunir toda la información, que actualmente se encontraba dispersa, para reconstruir un modelo lo más parecido posible al original.
Era un encargo exigente, dado que habían transcurrido varios siglos desde que se sucedieran los hechos, pero él era considerado un investigador muy experimentado y por ello le habían encomendado esta tarea, confiando en su carácter metódico y juicio acertado.
La biblioteca que estudiaba era muy particular, muy moderna y espaciosa para el estándar de esos tiempos, sus “libros” no se acumulaban en estantes polvorientos ni en papiros o pergaminos, sino que consistían en un conjunto de datos más o menos coherentes ordenados con cierta lógica señalados con un nombre o código que los identificaba.
Eran registrados y transmitidos con una suerte de inyección de energía que se podía aplicar a cualquier tipo de materia y así podían grabarse en las paredes del edificio, en los muebles que lo decoraban o incluso también podían ser copiados en las personas inocentes que asiduamente visitaban la biblioteca mediante tatuajes invisibles indelebles dibujados con una tecnología que en estos días hemos olvidado y no ha sido superada.
Así la esencia de la biblioteca logró navegar por espacios y tiempos aunque su edificio fuera incendiado y su carácter no se pudiera manifestar físicamente, mediante este proceso su espíritu se fue filtrando y modificando y su fuerza se fue perdiendo o incrementando con el paso de los años.
Todo visitante u objeto que pasaba por el lugar se cargaba con esta energía pero lamentablemente no todos los datos que se transmitían de tal manera eran acertados y muchas veces se necesitaba hacer correcciones en los libros, personas, objetos, plantas o animales que contenían una copia obsoleta o errónea de dichos registros.
No siempre era posible rastrear y corregir estos errores pero en general el aporte a la cultura general era positivo y la institución prosperaba de tal manera que molestaba a quienes deseaban mantener privilegios dentro de un status quo ominoso omnipresente mediante abusos crónicos que ya eran parte de las costumbres de la época.
Dicha controversia fue el principal motivo de la despiadada persecución, aunque oportunamente se hayan buscado y encontrado escusas falaces para justificar el crimen.
El hermoso y trascendental, aunque imperfecto edificio fue destruido sin consideración,  sus obras de arte expoliadas y sus académicos exiliados, sus rastros han quedado esparcidos en una gran región y es posible reconstruirlos mediante un scanner especial que posee el investigador, el aparato puede leer la energía “grabada” en la materia y seres que estuvieron conectados a la biblioteca y decodificar la información acumulada.
Es una tarea que demandó muchas horas de trabajo al erudito, muchas reuniones y viajes a países lejanos, exóticos y fue necesario hacer una inversión considerable en tiempo y dinero pero finalmente se logró recuperar la información necesaria para recrear el funcionamiento, la vida y los planos de este templo del conocimiento, ahora solo era necesario encontrar a alguien dispuesto a reconstruirlo.
Alguien debería estudiar detenidamente los datos recolectados para hacer de ellos un proyecto coherente, descartando en lo posible los errores que contuvieran los antecedentes para escribir la historia nuevamente.
El investigador envió cientos de cartas a posibles candidatos y entrevistó a decenas de personas, encontrar al postulante adecuado para crear y materializar el proyecto resultó ser una tarea abrumadora pero finalmente se presentó la persona idónea con la forma de una mujer embarazada, quien luego de muchas penas e incertidumbres decidió dar al mundo nueva vida y conocimiento.

Esta es la historia de mi origen y de mi muerte, así he sido proscrito y he sido recordado gracias a la información grabada a lo largo de los siglos en la memoria de mis amigos, en mi ADN y en mi espíritu, así he renacido gracias a la historia recolectada y decodificada por aquellos seres que me amaron dispuesto a encontrar y transmitir las verdades que me fueran confiadas.

Martín Rambaldo
martin.au@hotmail.com







Canta en mi balcón

Pájaro, ven, canta en mi balcón,
quiero escuchar tu sonido
para que aplaques mis tristezas,
tu canto hará que mi corazón
se abra para poder amar de nuevo
ya que el amor que tuve antes
fue traicionero y ruin.
Pájaro, ven , canta en mi balcón
que yo también cantaré contigo
para sacar mis penas,
esas penas que destruyen
Mi alma y mi corazón.

Gabriela Gargiulo
gabrielagargiulo77@gmail.com









Eclipse del alma

Responsables diurnos
Reiniciando, reconociendo me
¿Vos lo merecés?
Antídotos y lugares perdidos
Lo quise desde un principio
¿Y ahora qué? ¿Qué es esto?

¿Cómo crees en todo esto?
La realidad se volvió un desierto
Mírame, mírate ¿Te ves? ¿Me ves?
Nadie más recuerda
Solo, perdido bajo palabras inestables
Ya lo intenté todo.

Desde el macro al microcosmos
Sabemos que el destino
lo escribimos a puño y ser
Todas esas máscaras se cayeron
No necesito nada de nada.

El tiempo lo devolvió todo
Pero no cómo estaba
Nada es cuando se va, nada es cuando llega, nada es cuando volvés,
No se hace y deshace cuando las emociones están apretadas en el puño.

Eclipsados en las noches
¿Cuál es el eje a tomar?
Si los puntos de vista están borrosos
No puedo confundirme
La experiencia a veces se olvida
Y las verdades llueven hoy.

Aislado conversó conmigo
Esas pequeñas cosas que narran historias felices
Remueven el polvo del miedo
Brindándome generosamente lealtad
Algo que se me había olvidado,
Me digo basta,
Me digo lo que el susurro hace tiempo dijo.

Silvio Daniel Araujo
fromtheinside_lp@hotmail.com


Revista Viajero Nro. 142 - Julio de 2019





Sueño de amor

“Viene en un caballo blanco, la caja en sus manos tiembla
y cuando se hunde en la noche, es una dalia negra”
La pomeña - Manuel J. Castilla

   

En noches estrelladas cabalga un caballo blanco 
llevando sobre su lomo
a su amada doncella.
Su blancura brilla en el firmamento,
tras de sí esparce dalias morenas,
cubriendo el universo.
Celosas las estrellas riegan
con sus lágrimas las dalias.

Viene en un caballo blanco,
devuelve a la doncella
a su morada.
La caja en sus manos tiembla
y cuando se hunde en la noche
es una dalia morena.
La doncella se hunde
nuevamente en su sueño.

La luna colgada en la rama de un sauce,
acuna su sueño.
El silencio quebró la noche
tras el galope del caballo blanco.
El viento ondulante, indómito
se enrolla en el sendero
sangrando por el amor de su doncella,
Cobijándose bajo la sombra del sauce llorón.

Marta María Nastaly
nastalymartamaria@hotmail.com









Pasión cósmica

Siento hacia usted una atracción de cierta gravedad
cual planetas que dialogan en la inmensidad
nuestras órbitas se aproximan en el espacio sideral
con usted, siento que existo de verdad.

No soy más una triste teoría, una hipótesis
una función aleatoria, una discontinuidad
ni resultado indirecto de un accidente universal
soy fuego de su pasión, su destino, su portal.

No resisto los encantos de su alquimia visceral
ni las estrellas lanzadas por su mirada fugaz
en su tiempo espacio no existe la relatividad
me reencuentro con la fe, saboreo la eternidad.

Y porque reconozco a la vida su fragilidad
ruego que Dios sepa cuidar su fina sensibilidad
y no se evapore nunca del éter su perfume
ni el insondable vacío acalle su místico cantar.

Luego, cuando solo seamos disperso polvo estelar
cuando nos barra el viento, el tiempo, la adversidad
y nadie recuerde el sesgo de su personalidad
la cálida esencia de su ser, su voz, su mirar.

Estas palabras alentando a su espíritu en soledad
en las letras doradas de unos versos han de volar
habiéndose transmutando en oda subliminal
que atravesará los campos, los desiertos, el mar.

Martín Rambaldo
martin.au@hotmail.com









El reloj

Estaba en el living de la antigua casa, era un reloj de péndulo, éste se movía acompasadamente y su tic-tac se escuchaba constantemente. Cada hora daba las campanadas y así Claudia sabía que hora era. La casa era muy solitaria, se encontraba en el medio de una campiña inglesa, Claudia, su única habitante, vivía sola, su única compañía era Sultan, un perro lazarillo que la guiaba, era ciega.
Un día como tantos Claudia dormía, el reloj marcó las 8 de la mañana. Se levantó, se vistió, tomó su desayuno y llamó a Sultan -¡Vamos, Sultán! es la hora de nuestro paseo- Sultán que era muy obediente se puso a su lado y salieron.
El clima era agradable, el sol se hacía notar con su calor -¡Qué lindo día! - dijo Claudia-, ¡caminemos un poco! Mientras caminaban se encontraron con Pablo, el vecino más cercano -Hola Claudia, hola Sultán! - saludó.- Hola Pablo, ¡hermoso día!- contestó Claudia. - Nos vamos a pasear un rato, si necesitas algo avisame - dijo Pablo y siguió su camino.
Después de una hora regresaron. Claudia calculó el tiempo y esperaba las campanadas, pasó el tiempo, comenzó a anochecer y no sonaban. ¿Qué pasará? ¿Por qué no suenan? -se preguntó- ¿Le faltará cuerda? ¿Se habrá descompuesto? Desesperada, mandó a Sultan a buscar a Pablo, el reloj marcaba su vida.
Enseguida llegó Pablo con Sultán -¿Qué pasa Claudia? - preguntó -. No sé, no escucho las campanadas - respondió Claudia -. Bueno, tranquilizate, voy a ver que pasa. Pablo revisó el reloj, controló la cuerda, lo limpió y nada, no funcionaba, hasta el péndulo estaba quieto. ¡Qué misterio! Exclamó.
El tiempo pasaba, se hizo de noche completamente, el reloj seguía parado, encima no tenían luz, Claudia no la necesitaba, vivía en una permanente oscuridad y se manejaba perfectamente con la ayuda de Sultán y del reloj que marcaba sus horas. Estaba desesperada, sin él no distinguía el día de la noche.
Pablo empezó a caminar, tropezaba con todo, no estaba acostumbrado a caminar en la oscuridad, de pronto... algo se cayó. - Qué pasó - preguntó Claudia asustada. - No sé , no veo nada - contestó Pablo. - ¡Claro! no estás acostumbrado - dijo Claudia, quedate quieto. Comenzó a caminar, no sabía que buscaba y de pronto tropezó con algo que no conocía cuando llegó junto al reloj. ¡Acá hay algo!, gritó. Pablo se acercó tropezando con todo otra vez y se agachó, en el piso había una pequeña caja, como pudo prendió una vela que por casualidad tenía en su bolso y por supuesto no lo sabía. ¡Es una caja!, gritó. -¡Abrila! - dijo Claudia. Cuando abrió la caja comenzó a sonar una música encantadora. Pablo no la conocía. Claudia empezó a llorar. - ¿Por qué lloras?, le preguntó. - Esa es mi música, es una canción que escuchaba en mi niñez - contestó. Y cómo llegó acá, replicó Pablo, esperá, hay una carta, ¿te la leo? - ¡Si por favor! Querida hija, comenzó a leer Pablo, te dejo tu cajita de música, el día que la encuentres todo va a cambiar. ¿Qué es lo qué va a cambiar? se preguntó Claudia, mi vida es siempre igual con esta ceguera. - Tranquila, tranquila -dijo Pablo, viendo que se estaba poniendo muy nerviosa.
De pronto una fuerza se apoderó de ella, y comenzó a correr por todos lados, Sultán ladraba, Pablo trataba de pararla hasta que sucedió, tropezó con una mesa que se había corrido, cayó al suelo y se golpeó fuertemente la cabeza, Pablo corrió hacia ella. Claudia abrió lo ojos y le dijo: - Pablo, ¡Qué lindo sos!, veo, ¡veo otra vez! Pablo y Sultán la abrazaron y desde ese momento sus vidas cambiaron por completo y todo gracias a ese reloj que dejó de funcionar.

Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar









¡Hola pá!

Hoy es domingo. El peor día de la semana. ¿Sabés por qué?
Porque al bioritmo no le enseñaron que el domingo no es un día más, y me despierto a las siete de la mañana, como si fuera laborable. Entonces tengo mucho tiempo para pensar.
A la mañana bien temprano empecé a recordar la casa de la calle Azul. Por cierto que mi niñez fue muy feliz, con vos, mamá, los abuelos, el tío, el colegio, las compañeras.
Y con todos esos pensamientos girando en mi cabeza comprendí, recién ahora que la vida me va dejando poco margen, que todo lo que hoy soy, te lo debo.
Recuerdo que cuando tenía apenas cuatro, yo era una nena que pasaba los inviernos sin salir de casa, de bronquitis en bronquitis. No había tele; la radio se escuchaba solo a la noche; tampoco había hermanos con los que pelear y las amigas venían a jugar un rato nada más.
Un día apareciste con una mesita y una sillita para mi altura, con tallas en los costados, patas torneadas y cajoncito al frente con divisiones para los lápices, la goma y los papeles. Las habías hecho en la escuela industrial donde eras profesor. Ese, fue uno de los días más felices porque tenía algo que habías hecho exclusivamente para mí. 
Cuando llegabas a las noches, revisaba apurada tu portafolios y siempre encontraba alguna de mis revistas favoritas: Billiken, Mundo infantil, Pato Donald…
Y así empecé. 
Con vos aprendí a leer y escribir y como también me comprabas papeles y lápices, aprendí a dibujar.
Por eso, cuando me preguntan cuando empecé a pintar, yo siempre digo: crecí con el lápiz en la mano, es una parte de mí.
Vos me compraste Misia Pepa, El Mono relojero, la colección Robin Hood…
Desde esa época, mi pasión por el dibujo, la pintura, la lectura…
Vos me diste lo que yo necesitaba en el momento justo.
Soy lo que soy por vos, Pá.  
Pero nada de todo esto te lo pude agradecer. Al contrario, tuvimos muchas desavenencias a lo largo de mi juventud.
Pero siempre estuve preocupada por vos. Especialmente cuando entré en la facultad y comprendí que fumabas demasiado.
Cuando te internaron con el infarto, ¡Cómo corrimos con mi marido para llegar rápido al sanatorio! Ya vivíamos en Quilmes y el Roca parecía una carreta; no llegábamos nunca…
Eran otras épocas y lo que hoy se hubiese solucionado fácilmente, no tuvo arreglo.
¡¡¡Cómo me enojé!!!!! Me enojé con los médicos, con la vida, con Dios…
Necesité años para darme cuenta que ese Dios con el que estaba tan enojada, había elegido lo mejor para vos, porque te fuiste en un instante y sin sufrimiento. 
Me faltó tiempo para arreglar nuestras cosas, como creo que le pasa a la mayoría de los hijos.
Sin embargo, desde aquél día charlamos mucho, vos allá y yo acá.
Lloré mucho tu ausencia, y aún hoy extraño tus palabras siempre medidas, acertadas, pocas, pero justas.
Fuiste sin que yo lo supiera, la imagen de mi hombre ideal; por eso en el momento de elegir al compañero de mi vida, ¡opté por alguien tan parecido a vos! ¡Con las mismas cualidades y hasta con los mismos defectos!
Y hoy también siento su ausencia.
Seguramente deben estar los dos allá arriba, charlando y esperándome.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com









Puro Amor

En la palma de mi mano
y parte del antebrazo,
cupiste cuando te conocí;
disfruté tus fiebres, tus dolores;
te vi rodillear por toda la casa
porque no quisiste gatear.

Detengo la imagen y te veo.
Escuché tu primer palabra
y con tu mochilita te vi partir,
durmiendo en mis piernas
al regreso del jardín.

Detengo la imagen y te veo,
con tus pocas ganas en el horario escolar,
eligiendo tus prendas de vestir
y te expresas con claridad.
Juegas con amigos invisibles
y ahí eres una super mamá.

Detengo la imagen y te veo.
La nostalgia me superó, no crezcas más.
Obediente y sincera, tu alma no tiene maldad.
El amor es tan grande, no me puedo concentrar.
Cómo endulzas mis mañanas,
con abrazos y besos. Mi princesa Pilar.

Héctor D. Carpio
hectordca61@hotmail.com.ar