Revista Viajero Nro. 149 - Febrero de 2020



Julieta y su diente perdido


Había una vez una chica, de 7 años que vivía en una granja. A ella se le había caído un diente.  Lo buscó pero solo encontró un mapa que decía “Para recuperarlo hay que pasar a otro mundo”. El portal era un lago mágico que se encontraba en un bosque cercano. Dejó una carta a su familia, y se fue con su gatito. Tomó una bicicleta y partió al bosque.
Al llegar al bosque se puso a llover muy fuerte (por suerte llevaba paraguas). Buscó el lago mágico, y al encontrarlo se metió en el. Desde aquel momento todo fue muy raro.
Había dejado de llover. Al pisar en el fondo del lago se dio cuenta que era muy espeso. Se resbaló intentando salir. Al caerse se manchó las manos y la cara. Entonces se dio cuenta que el lago era de chocolate.
Cuando miró su alrededor vio que todo era diferente. Los árboles eran de chupetines de colores, las ranas que salían del lago, tenían alas de mariposa y podían volar.
De repente observó que un pajarito se comía un chupetín del piso, y cuando se lo terminó, el chupetín volvió a crecer.
La niña jugó con el chocolate, y se dio cuenta que su dedo podía dibujar cosas y todo lo que dibujaba se hacía realidad. Boca arriba en el lago, dibujando en el aire corazones, vio el cielo. El sol era acaramelado (relleno de caramelos), tomó una rama larga, se estiró y tocó el sol que estaba cerca. Al probar un poco de sol dijo “¡Qué rico! ¡Está acaramelado!”.
Un ruido la asustó y pensó “¿Qué es eso?” y vio pasar a un ciervo super veloz. Después vio a un oso y le dijo “¡Hola oso!, ¿Porqué en este mundo no está lloviendo?”. El oso le respondió “En este mundo mágico nunca llueve. Solo cuando…” y se quedó callado.  Julieta dijo “Que raro es este mundo”.
En un momento la niña se dio cuenta que estaba despeinada por caerse en el lago. Sacó su peine de un bolsillo y se puso coqueta. Después se levantó del charco y dijo “¿Dónde está mi gatito?”, miró para todos lados y se puso triste al no encontrarlo. Y automáticamente una nube de lluvia apareció sobre su cabeza. El oso le explicó “Solo llueve cuando estás triste. Para que la lluvia se vaya debes animarte. Yo te ayudaré a buscar a tu gatito”. Esa ayuda del oso puso muy contenta a la niña y la lluvia se fue.
Mientras tanto, en la casa de Julieta, su mamá había despertado y encontró una carta que decía, “Madre, se me ha caído un diente esta noche, encontré un mapa y fui a un lago mágico a buscarlo. Te amo madre. Besitos para todos. Julieta”.
Mientras Julieta y el oso buscaban al gatito vieron pasar a un mapache bebé que les señaló un rastro de pelos de gato. Siguieron las pistas. Al parecer un águila se había comido al gato, pero no le gustó y lo escupió. El oso le dijo a Julieta que mirara hacia arriba. Vio que su gatito venía cayendo por el aire. La niña abrió los brazos y lo atrapó. El oso desapareció de repente. 
La niña se encontró perdida, sola y asustada. Entonces decidió volver al lago. Se metió, pero ya no podía pasar a su mundo otra vez. El mapache bebe le señaló un cartel que decía “Para volver adivina la contraseña”.  La niña vio en el lago un dibujo de una gota gigante. Después de mucho pensar, descubrió que el dibujo era una lágrima, entonces entendió que para volver debía llorar. 
Al llorar se hundió en el lago de chocolate y apareció en su mundo. Allí la esperaban alrededor del lago sus padres rezando. Y vio su diente flotando a su lado. Así descubrió que todos los niños tienen un lago donde quedan los dientes que se les caen. 
Sus padres la abrazaron y todos se pusieron a llorar de felicidad, pero en ese instante…. los tres comenzaron a hundirse y volvieron al mundo mágico. 

Autora: Emma Agustina Galdeman
(7 años)
Ayudante: Madre








El cantar de los eternos


En memoria de mi madre,
Rosa Johana

El Viento que sopla...
y que trae tu recuerdo.
¡Oh, Viento Santo que envuelves este día,
este tiempo en desvelo!

La noche que llega
y tu Presencia aquí está...
El sol que brilla,
el día que se nubla,
y no importa ni como ni cuando
porque vos siempre a mi lado caminás.
Y la LUZ DEL AMOR que nos une,
la ESENCIA que pensó en nosotros
y nuestro INFINITO ABRAZO EN LA ETERNIDAD.

Hoy,
que en mi corazón vuelvo a escuchar tu voz,
vuelvo a ver tu figura...
puedo escuchar las Divinas Melodías
que brotan de tu ALMA,
el Canto Divino que brota de tu SER...
que pasa y traspasa mi vigilia,
mi desvelo,
la noche onírica de cada sueño,
y el latido único de mis ensueños.
¡Es una Melodía Sagrada, Mágica, Eterna!
que llama,
que cuenta,
y que también tiene sus reservas.
Porque quiere que sepa y que comprenda
sobre lo efímero, lo sagrado y lo eterno,
sobre que hay una Vida Nueva
que en UNIDAD DIVINA nos espera.

Erika Luz de Dios
erkabd2008@hotmail.com








Artista


Que es sino
una manera diferente
de percibir la realidad
en algunos.

Otros pueden observar
la belleza de las cosas
y transformarlas
en infinidad de formas.

Están los creativos
Intérpretes, imitadores,
transgresores, idealistas,
activistas y científicos

¿Y por qué no los últimos?
Si quien inventó el by pass
salva más vidas
que las poesías de Alfonsina.

Que injusta es la sociedad
al reconocer a los artistas como tal.
Admirarlos y halagarlos
Poner bandera estética como derecho.

¿Quien puede ser más especial?
Aquel que dedicó su vida
a alimentar pobres
o quien solo dejo óleo seco en un lienzo.

Yo sólo soy poeta
qué puedo decir
Ninguna vida salvo
con estas palabras.

Si, puedo sentirme artista
por estos versos y más
¿pero a quién doy paz?
más que a mí alma.

Nada me hace especial
por descomprimir mi mente
y liberar mis pensamientos
Que destilan con tinta la ansiedad.

Artistas visuales, musicales y de las letras... Gracias por su talento!
Pero especial fue María Teresa
Los demás somos pura vanidad!

Marina Aguirre
anira90@hotmail.com








Elemgasem


En la cultura Tehuelche, Elemgasem es el padre de los animales y de la vida. Mientras soñaba con la cacería perfecta, con sus propias manos pintaba guanacos, choiques y espirales de colores, con sangre y grasa, en las paredes de la cueva donde vivía. Era de gran tamaño, tenía rostro humano, y su piel estaba recubierta por una cáscara muy gruesa, como la coraza de los armadillos, que ningún tehuelche podía romper. En una de esas largas y solitarias noches de invierno, cuando el viento hace que las personas no se entiendan, un grupo de chamanes pensó que Elemgasem había secuestrado una mujer para matarla. Él solo quería mostrarle las hermosas figuras que pintaba con la sangre de los zorrinos. Pidieron al Rayo que los ayude a atravesar su duro cuero. El Rayo, al golpearlo para castigarlo, lo desintegró en el aire, esparciendo sus restos por toda la Patagonia. Los ancianos hablaron con la mujer y, llenos de culpa, comprendieron su error. Por eso, cuando los tehuelches encuentran en sus tierras huesos grandes, los raspan para volverlos polvo, le agregan agua, y se lo dan a beber a los niños para que crezcan sanos, fuertes y buenos como Elemgasem.

Fede Rodríguez
federo23@hotmail.com
Del libro Bestiario de América de Jorge Bernard 
(Editora Cultural Tierra del Fuego, 2017)








Maestro de Yoga


Era una mañana soleada, el pasto rebosante de la humedad matutina, insectos que volaban de aquí hacia allá. Y entre todo esto, el anciano maestro Hogner se movía con la lentitud y solidez de un roble en crecimiento.
Estirando y retrayendo sus extremidades en una danza perfecta, que había repetido ya miles de veces.
Al pasar veinte minutos, el anciano estaba cubierto de pequeñas gotas de sudor, que chocaban unas con otras al resbalar por su cuerpo. A su vez, unas minúsculas perlas comenzaban a aparecer, demostrando su presencia con un débil fulgor anaranjado.
Mientras está danza continuaba, mayores se hacían las perlas naranjas y con mayor cadencia caían las perlas de sudor.
Sin embargo, el maestro no se detenía, continuando segundo a segundo con todos sus movimientos. Cada uno único, pero todos relacionados.
Al pasar la primera hora, apenas sentía ya los músculos, había entrado en un estado en el que era pura voluntad. Con sus ojos cerrados sentía los colores que lo rodeaban apenas como sombras de la luz que parecía surgir de su interior.
El verde brillante que antes lo rodeaba, reflejado en cada planta del lugar, ahora respondía ante él.
El celeste puro del día sin nubes apenas llegaba a resistir para no perder su suave serenidad.
Las tranquilas brisas que transportaban noticias desde lejos, evadían con toda su fuerza el cuerpo del anciano, antes de huir rápidamente, aterrorizadas de que su naturaleza juguetona se viese alterada por aquel anciano, que ya brillaba con una luz propia.
Por fortuna para ellas, este anciano estaba acercándose al final de su danza, mostrando pasos cada vez más fluidos, reservando y soltando energía, dividiéndola, transmitiendo sus movimientos hacia el mundo que lo rodeaba.
En el final llegó con la delicadeza de una gota de agua que resbala por una montaña, de una manera inocente, casi como si no supiera que formaba parte de las pioneras que marcarían el curso de un devastador río.
Tan pronto como dejó de moverse, aquellas perlas naranjas que se habían formado desaparecieron en el aire, esparciendo toda la energía que el anciano había depositado en ellas.
Luego, abrió los ojos, con una calidez similar a la del Sol, quien no solo da calor, sino que nos desvela el mundo con su luz. De esta manera le devolvió los colores a la naturaleza.
El celeste cielo volvió a su serenidad, simulando ser imperturbable, pero cubriéndose de nubes ahora para huir de la escena.
El verde lleno de vida volvió a brillar, ahora más luminoso luego de haberse sentido desaparecer.
La única que no estaba era la brisa, reemplazada por su hermano mayor, el viento, quien ahora corría con velocidad, chocando todo a su paso y llevándose más de un insecto en el aire.

Juan Pablo
juanpabloiaconis@gmail.com

Revista Viajero Nro. 148 - Enero de 2020



Blanca y pura


Blanca y pura exhalas tu fragancia sin pudor
despojándote lentamente
desde tus entrañas olorosas como luz interior
te alzas hacia los cielos
esparciendo tu aroma seductor
tu belleza vas perdiendo lentamente
dejando tu vida, tus recuerdos encendidos
al placer de la noche infiel e incondicional.

Marta Maria Nastaly
nastalymartamaria@hotmail.com








Bello recuerdo se revela
guarida en mis ojos el seno de tu amor
las tardes de siesta
sonidos frescos de esa voz
tacto que eriza la piel
después el disparo levantó un silencio hostigante
y no pude deshacer tu aroma entre mis pellejos
los jazmines marchitaron en lo del florista
el mate, las mañanas entre sábanas, el vaivén de las sombras,
la estampida de besos, el te necesito

al jornal sobre la puerta sin noticias y las musas que se duermen
demasiado tarde después del disparo

mis ojos llenos de secretos tan míos como tuyos -esa es la excepción-
no aceptan excusas
no aceptan desdichas
y aquí las leyes del amor -igual que las de la muerte -
robándonos un poco
un poco tanto como el fuego abrasante sobre un bosque

hay un bello recuerdo, un resumen
que usurero intenta escaparse
del asfalto caliente y el sol de las madrugadas que despiertan
Sin tu imagen sobre un cocktail
dejando marca en mi mesita nocturna
como un canalla
jugando por jugar
En un cementerio
de besos.

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar








Mes de diciembre, 8 de la mañana, don Agustín llegó a la Oficina de Correos de Sauce Azul, levantó la persiana y se dispuso a iniciar su día de trabajo, esperaba ansioso que entrara la gente a enviar sus tarjetas de navidad, pero había un problema, internet había llegado al pueblo y poco a poco todos los habitantes compraron computadoras, celulares, usaban whatsapp para saludarse y el correo cada vez trabajaba menos, nadie mandaba cartas ni tarjetas de navidad.
Don Agustín soñaba con aquellos años en que las colas daban vuelta la esquina, todos querían despachar sus cartas para que llegaran a tiempo el día de navidad.
En eso unos golpes lo despertaron de sus sueños, era Alfonso, el inspector de correos. -Buenos días, dijo, vengo a notificarle que el correo va a cerrar por falta de trabajo, la modernidad nos invadió. -¡No puede ser!, exclamó Don Agustín desesperado, hace cuarenta años que trabajo acá, por favor, le pido un tiempo más. 
-No Agustín, el tiempo se terminó, contestó el inspector, las cosas ya no son como antes, la gente no usa más el correo. -Bueno, pero... alguna solución tiene que haber, dijo don Agustín, no puede desaparecer así como así, y se puso a llorar amargamente.
Don Agustín, don Agustín, ¿qué pasa, por qué llora?, preguntó Alberto, el policía que paraba en la esquina. -Vamos a cerrar el correo, contestó el inspector. -No, ¡no puede ser! gritó Alberto y salió corriendo. No se preocupe don Agustín, ¡esto no va a pasar! gritó.
Pasaron las horas y llegó el momento, Don Agustín bajó la persiana por última vez y muy triste se fue a su casa, apagó todas las luces y se acostó sin comer.
A la mañana siguiente lo despertaron los golpes en la puerta, -¿Quién es, qué pasa?,  gritó asustado. -¡Abra don Agustín!. Era Alberto. -Venga, ¡tiene que abrir el correo ya! -¿Pero cómo? preguntó don Agustín, si se cerró para siempre. -No, no sabe lo que pasó, gritó Alberto.
Don Agustín abrió y salieron corriendo. Cuando llegaron al correo, no lo podían creer, la cola ocupaba toda la manzana. Don Agustín abrió y comenzó a atender mientras preguntaba:  -¿Qué pasó, qué pasó?. Entonce Alberto muy serio le contestó: -¿Sabe qué pasa? se cortó la luz, se rompió un transformador y hasta enero no lo arreglan, ¿qué me dice? Sin electricidad internet no funciona.

Desde ese día el correo retomó sus actividades y nunca más cerró. Y...lo más increíble: nadie supo por qué se rompió el transformador.

Cristina Quarella
cristinaquarella@hotmail.com.ar








El tesoro más preciado


Era una tarde calurosa en la pequeña ciudad cordobesa de Melizán. El sol había dado de pleno todo el día y recién ahora estaba aflojando.
A las 5 en punto llegó el Lichu.
Tocó el timbre en la casa del Juan y esperó. Esperó un rato largo porque el Juan todavía no se había calzado los botines y tenía que buscar la pelota en el garage.
El Juan era el dueño de la pelota y por lo tanto hasta que él no llegara al campito vecino al colegio, no podían empezar el partido.
El Lichu y el Juan eran compañeros de las prácticas de fútbol que hacían los chicos del colegio todos los martes y sábados. No eran grandes amigos porque estaban en grados distintos, pero se llevaban muy bien. El Lichu estaba ya en sexto y el Juan a pesar de ser muy alto para su edad y parecer mayor, cursaba el quinto.
Al final, el Juan salió y juntos rumbearon hacia la canchita.
Ese sábado jugaban los “grandes”: la 1ra de Melizán y la de Salvequia. Los dos estaban luchando por la punta del campeonato y el ascenso a la “C”.
Se sabía que la hinchada del visitante era brava, muy conocidos por ser revoltosos y bravucones, pero como jugaban lejos del campito, nadie estaba preocupado.
Los chicos ya estaban a tres cuadras de la canchita; iban charlando de los lesionados que tenían, de cómo iba a formar el equipo el maestro Ramirez, que era el entrenador… cuando vieron parar en la esquina un camión lleno de hinchas de Salvequia con banderas y bombos. 
Y entonces uno les gritó:
-¡Che, ustedes mocosos, a que les sacamos la pelota y nos la llevamos!-
El Juan agarró fuerte la bolsa de red que contenía el preciado tesoro y lo apretó junto a su cuerpo.
-Estamos fritos, qué hacemos?- le dijo el Lichu.
No tuvieron tiempo para nada porque les vinieron los hinchas de Salvequia de frente.
El Juan trató de defender la pelota escondiéndola debajo de la camiseta, pero los vándalos se acercaron rápido y empezó la pelea. El Lichu se le puso adelante del Juan tratando de cubrirlo. 
¡Qué pelea tan despareja! Los muchachos fueron golpeados y pateados, sin embargo el Juan seguía con la pelota debajo de la remera y no la largaba y el Lichu repartía los golpes que podía pero era mucho más lo que recibía que lo que daba.
Cuando ya casi estaban vencidos, se escuchó la sirena de la policía.
Los de Salvequia corrieron hacia el camión y huyeron con la policía detrás.
Los dos muchachitos quedaron magullados, con algunas marcas y chichones, pero los dos miraron la bolsa de red con la pelota.
La habían defendido con el cuerpo y con el alma. Y se sentían orgullosos.
Ahí llegaban corriendo los otros integrantes del equipo que se habían enterado de lo que estaba pasando.
Al Juan y al Lichu los levantaron en andas mientras todos reían, aplaudían y se abrazaban.
La pelota seguía con ellos; era el trofeo más grande y querido que podían tener.
Y así llegaron al campito, con los chicos aún en andas.
El Juan y el Lichu se miraron y sonrieron.
Había nacido entre ellos un lazo tan fuerte que perduraría a través de los años, porque ahora estarían unidos no sólo por la amistad, sino por el amor a la pelota.
Y eso era lo máximo.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com









Son apenas las 6 de la mañana, de un día que se anuncia como un típico dia otoñal. Ella hubiera querido seguir en la cama y así acortar su ansiedad, de la que no podía desprenderse, y que tampoco la dejaba pensar en otra cosa, desde el momento en que acordó con él, fijar el primer encuentro ese día. Pasaron muchos años de la última vez aquella en que se vieron. Ella lo seguía recordando y en su pensamiento, se hacían presentes los momentos vividos en sus años juveniles; hasta que el destino dispuso separarlos. Todo ajeno a sus sueños y su sentir. Pero aquella separación no fue sinónimo de olvido. Por eso la inquietud, ante el hecho de volver a verse no la abandonaba. Se preguntaba si él la reconocería, si volvería a ver aquella sonrisa que nunca olvidó. Como tampoco había olvidado el amor que la unió a él.  Ese encuentro será como traer al presente, los momentos de aquel idilio. Fue hacia la cita en aquel café, con la incógnita del encuentro. Qué le diría al verlo, y cómo le hablaría él. En un momento pensó el volverse, pero ya era tarde. Apuró el tiempo de encontrarse. Al entrar en la cafetería lo buscó con la mirada. No estaba y la angustia fue enorme. Buscó una mesa en un lugar apartado. De pronto se abrió la puerta. Era él, que la buscaba recorriendo el salón con la mirada. Cuando estuvo frente a ella, y vió su sonrisa, sintió que no la había olvidado. Lo mismo que yo, pensó. Las palabras trajeron recuerdos, momentos felices, pero algunos silencios dijeron mucho más. El tiempo transcurrió. Pensó en un nuevo encuentro para decirle cuanto lo esperó. Al final se sentía feliz de saber que el olvido no había podido con aquel amor de juventud.

Jorge Omar Alonso
jorgeomar_alonso@yahoo.com.ar
La plata

Revista Viajero Nro. 147 - Diciembre de 2019



Las Fiestas se aproximan. Época en que todos hacemos un ejercicio de reflexión, no me gusta hablar de "balance", mirando los días para atrás al tratar de recordar hechos, situaciones, horas pasadas. Es que el tiempo es irreversible. Hay que recoger el crédito que a cada uno nos da la vida ahora. En esta época los lazos humanos están divididos en diferentes encuentros, las identidades en máscaras que uno lleva sucesivamente y nuestra historia, en episodios que solo duran en la memoria.

Jorge Omar Alonso
jorgeomar_alonso@yahoo.com.ar
La plata








Otra nueva navidad


José y María van camino a Belén
montada en su burrito, en busca de un establo
cargada de nueva vida en su vientre
donde el Niño Dios nacerá, cobijado y calentito
en su humilde cunita, de suave paja amarilla
con todo el amor, derramado por María
junto a la fortaleza de José, el viene a este mundo
a traernos amor, paz, a todos los hombres
esparciendo su fragancia, en todos los hogares
donde quiera que esté Él, llenando de luz
al mundo, para Bendecirnos en esta
Navidad, a todos por igual en esta
Noche Buena, junto al amor del Señor
Niño Dios cobíjanos con tu luz y amor
no dejes que perdamos la inocencia
de tu amor hacia nosotros, enciende
en todos los corazones, la llama que
nunca debe apagarse. Amén.

Marta Maria Nastaly
nastalymartamaria@hotmail.com








Se aprende a admirar la belleza,
a no querer poseer
su alma, corazón y cuerpo.
Educamos el deseo,
podemos besar en sueños,
acariciar su rostro.
Sentir su piel, perfume
y hasta imaginar un instante
en qué conectan nuestras miradas.
Y contamos este secreto,
todo lo podemos en la fantasía
y ponemos ese amor
con consciencia de perpetuar
este sentir en algo platónico:
Solo miedo ...
A no ser correspondido.

Marina Aguirre
anira90@hotmail.com








Pánico y locura en la colmena


La libertad tiene un alto precio.
Nada es gratis. Compras, compras y compras...
Consumes, consumes y consumes...
Todos esquivan la mirada.
Nadie quiere ver.
¡La abeja reina ha abandonado la colmena!
Ahora la sociedad se desmorona...
Sin un ser superior que los guíe todo se viene abajo...
Su mundo espiritual queda reducido a cenizas...
Su motivo de vida está pendiendo de un hilo muy delgado...
Las abejas siguieron trabajando. ¡Algunas pararon y otras se preguntaron que hacer!

- ¡la reina no está! ¿por qué seguimos trabajando? Otras dijeron: - y ¿qué deberíamos hacer? Estamos tan acostumbrados a nuestras cadenas que se nos es imposible asimilar la libertad. Además... ¡no sabríamos que hacer con tanto tiempo libre!

¡En ese momento la colmena entró en pánico! y la locura se apoderó de sus habitantes.
¡Algunos empezaron a azotarse a si mismos! para sentirse amos.
¡Otros comenzaron a someter violentamente a sus compañeros! para suplir la necesidad de opresión.
¡Enseguida hubo reinas, reyes y caciques por doquier! Todos eran amos, todos eran tiranos.
¡El poder los volvió locos! ¡Los volvió despreciables! ¡Solo acumulan miel! ¡miel! y miel...
La colmena ya no volvió a ser la misma...
¿Dios donde estás...?

Brian Lavedova
nirvano_24@hotmail.com








Natal


El peregrino acudió a la ciudad de los doscientos,
su pensamiento asentó,
caminó, pataleó.

Supo dónde estaba,
conoció qué pisaba,
necesito noción,
abdico decepcionado.

Deambuló malintencionado,
asistió enojado
al templo de la compasión:
fui aquel viajante.

Pedí aliento,
necesité impulso,
supliqué,
te vi.

Acompañada con quién sabe
tus pasos seguí,
guiaste, conduje
hacia mi Ser.

Serguei Nahuel Nasgho
snahuelgomez@gmail.com








El amor de la familia


Se acercaba la Navidad y como siempre los mellizos estaban ansiosos. La llegada de Papá Noel era un acontecimiento esperado con ansias por los pequeños, que siempre en las últimas semanas de diciembre hacían caso a los papás y ayudaban en las tareas hogareñas. Y todo para que Papá Noel los viera trabajar duro y portarse muy bien.
Este año no había sido bueno para Leandro y Alicia. El  campo no había rendido los frutos esperados porque el vaivén entre los períodos de sequía y las fuertes lluvias  estropearon las cosechas que se habían perdido por lo menos en un cincuenta por ciento.
La cena de Navidad sería más sencilla este año. Solo vendrían los abuelos de la ciudad que siempre colaboraban con algún plato especial.
Pero el problema principal eran los regalos para los niños, que habían escrito sus cartitas y esperaban ansiosos por lo menos algo de la larga lista que habían pedido.
Pero cada una de esas cosas excedían con creces las posibilidades económicas que tenían este año.
Sin embargo los papás no querían que los mellizos se sintieran defraudados y recurrieron a los remedios caseros. Revisando la larga lista de cada uno de ellos encontraron algunas posibilidades. Debían apurarse porque faltaban pocos días para el 24 y el trabajo sería arduo.
Leandro hizo gala de sus habilidades con la madera y construyó un tren con máquina, cinco vagones con ventanitas y pequeños escalones para subir. Alicia abrió la máquina de coser y a la noche, mientras los niños dormían dió vida a una Pepona de patas largas casi tal alta como Juanita.
Ya era el 24 y después de la cena Alicia, los abuelos y los niños salieron a mirar el cielo buscando la figura de Papá Noel y sus renos. Y para la felicidad de todos, los pudieron ver en el cielo estrellado entre las copas de los altos árboles.
Los niños corrieron hacia el pino navideño. Y allí encontraron dos grandes paquetes .
Los ojitos les brillaban como nunca. 
Y otra vez se hizo el milagro; la felicidad y el nacimiento del niño Jesús bendijo a la familia tan solo por amar y creer.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com








Oh, si supieras despertar el alma
dormida en cada célula
acunada de penas y mentiras
Si supieras entrar en ese chiquito lugar
donde mi inocencia era cierta y permitida
arropada de cantos en lunas llenas
Si supieras
como ahonda en cada átomo vacío
una historia, otra historia y otra más
¡Tu me dices no! ¡no es! nunca ES
Pero Si supieras...
mirar dentro de mi segundo incierto
mi intuición sin rumbo
mi extrañar inquieto abandonado....
cambiarías
Si supieras entender
mi cada día añoso y desprevenido
doliente de un amor vacío
un decir callado y un grito que no fue
Si pudieras
aún hoy hablarías
porque la verdad siempre fue Mía
Tu mentira no la quiero
Mi camino empieza hoy
Porque recién he nacido
sin nombre ni apellido

Lirey







Es inevitable tu amor,
es inevitable tu dolor.
Es inevitable tenerte siempre
encendido, como una pequeña
llama incandescente.
Me das alegría, me das placer
No sé qué hacer sin vos
Si algún día te dejara,
sería imposible, no volver a tenerte
¡No puedo! ¡no puedo! ¡fuera de mi
vida, por favor!
Aunque sea, hasta mi último día.

Patricia Batiluschi

Revista Viajero Nro. 146 - Noviembre de 2019




La música

La música, un arte que transmite sentimientos, una gran compañera, el placer de escucharla, de sentirla, de apreciarla.
Enriquecedora del alma, espíritu y corazón, da alegría y sanación a aquellas almas perdidas que vagabundean por el mundo con pena y dolor.
La música al oírla agudiza mis oídos, mi cuerpo se siente jovial, sonrío con total felicidad por que la siento de tal manera que no puedo vivir sin ella.
Es mi musa inspiradora cuando tengo que escribir poesías y versos de amor, la música alivia y sana enfermedades, es un arte de apreciar, de valorar, porque así es como la siento, la música suple la soledad por companía.  

Gabriela Gargiulo
gabrielagargiulo77@gmail.com









La alfombra

Catalina era una joven muy particular, vivía sola, no se relacionaba con su familia y tampoco tenía amigos. Su casa era muy antigua, se encontraba en el barrio de San Telmo, tenía muchas habitaciones desocupadas, vacías. Ella usaba solo una, en la cual tenía pocos muebles, solo un ropero, su cama y una mesita de luz sobre la cual estaba la única lámpara que alumbraba el ambiente.
Catalina trabajaba nueve horas por día en una oficina, llevaba la contabilidad de una fábrica situada en la ciudad de Lanús, todos los días viajaba desde San Telmo pasando por Constitución dónde tomaba el colectivo 45 que la dejaba en la puerta de su trabajo. Nunca caminaba, no miraba vidrieras, no iba al cine o al teatro, su vida transcurría en el trabajo donde no compartía nada con nadie, y las pocas horas que pasaba en su casa las utilizaba para cenar, pues volvía tarde, y dormir para levantarse temprano y otra vez a trabajar. Y asi pasaban los días, su rutina era agobiante, pero ella parecía no darse cuenta, seguía y seguía sin cambiar nada.
Un día justo antes de salir golpean la puerta, Catalina se sorprendió y preguntó -¿Quién es?- De la casa de alfombras señorita, le contestó una voz agradable. -Yo no encargué ninguna alfombra-, replicó Catalina. -Bueno no sé, yo tengo ésta para usted-, dijo el joven. Muy extrañada abrió la puerta y se encontró con un apuesto joven que cargaba un rollo inmenso. -¡Bueno, por fin!-, exclamó Alejandro, asi se llamaba el joven, -¡se la entro y la acomodamos! -Pero, protestó Catalina, yo no quiero ninguna alfombra, además se me hace tarde para ir a trabajar-. Alejandro sin esperar más, entró, caminaba como si buscara algo en especial, Catalina lo seguía enfurecida. De pronto se detuvo ante una puerta, -¡Allí no!, gritó Catalina. Sin escuchar, el joven abrió la puerta. La habitación estaba totalmente vacía, entró, estiró la alfombra en el piso y comenzó a abrir las ventanas. Los rayos del sol no tardaron en iluminar todo, las paredes eran blancas, inmaculadas, y la alfombra era hermosa, fuera de lo común, muy colorida. Catalina quedó muda, nunca había visto tanta iluminación. Alejandro satisfecho con su trabajo, se despidió y se fue.
Eran casi las diez de la mañana, tarde para el trabajo. ¿Qué hago ahora? pensó Catalina, ¡con todo lo que tengo que hacer hoy! Resignada miró la alfombra y vio que sus flecos se movían. Qué extraño,¿qué estará pasando?, se preguntó a sí misma. Cuando iba a cerrar la puerta para salir no pudo, se había trabado, entonces como si algo hubiera cambiado en ella entró en la habitación y se acostó sobre la alfombra a disfrutar de ese magnífico sol.
Se durmió y soñó que era otra persona, que podía salir, tener amigos, estudiar, no todo en la vida era trabajo. De pronto se despertó y sintió una fuerza que la empujaba hacia la calle, salio y...allí estaba Alejandro, esperándola con un ramo de flores. ¿Salimos?, le preguntó. -Si vamos-, contestó. Y juntos caminaron por San Telmo decididos a comenzar a vivir una nueva vida a partir de ese momento, y todo gracias a una alfombra que nunca se supo quien la envió.










Una bocanada de aire fresco

Hoy salí a observar la Osa Mayor,
y sentir como los jazmines
colmaban de fragancias el Camino Verde.

Salí...
para contemplar la luna
y ver como las constelaciones se abrían
ante su paso sin estupor.

Salí para recoger,
como los Alquimistas,
el rocío de las plantas
y crear Nuevos Elixires con sus Gotas Sanadoras.

Salí para subir al Pequeño Monte
y desde ahí, observar el Divino Cosmos en expansión.

Salí para echarme en la hierba
y comenzar así, mi Sagrada Meditación.

Hoy salí,
y entre las maravillosas cosas que hice,
tan sólo salí para tomar una bocanada de Aire Fresco.

Erika Luz de Dios









La sabia colaboración de Papá Noel

En las últimas tres semanas, Clarisa había pensado mucho en como pasar las fiestas navideñas. Daba la casualidad que unos días antes del 24 de diciembre cumplía años; esta vez era un número redondo y eso a las mujeres las preocupa siempre.
La familia se había achicado notablemente y de aquellas grandes reuniones que se hacían en su casa ya no quedaba casi nada.
El balance era magro; y dentro de poco tendría que tomar la decisión de donde transcurrirían sus últimos años.
Es verdad que tenía dos hijas, pero cada una hacía su vida y lejos de ella estaba interferir en sus cosas.

La mayor se había establecido en una de las provincias más lindas del país, en la ciudad de Santillán, con su pareja y sus 2 hijos y estaba dicho que no iban a regresar a Bs As. Había organizado allí su vida y estaba bien, era su elección.
 En los últimos años Clarisa iba asiduamente a visitarlos; no quería perderse el crecimiento de sus nietos, que transcurría tan rápido como la vida de una mariposa.
Alguna ciudad cercana a Santillán podría ser la opción que buscaba Clarisa para su futuro.
Ah, olvidé contarles que allí también vivía la familia política de su hija.

La otra hija vivía por ahora a unas cuadras de la casa de Clarisa, pero siempre con la idea de irse del país porque aseguraba que acá no tenía las posibilidades que merecía. Con su pareja tenían decidido partir, si es que conseguían trabajo, al país  que consideraban su lugar en el mundo. En poco tiempo harían las valijas y estarían en Ezeiza.

Las posibilidades de Clarisa de tener una vejez feliz y en compañía, eran  evidentemente escasas; por el contrario, se avecinaba la soledad de los últimos años, y contra eso estaba dispuesta a luchar con espada y con facón.
 
Finalmente decidió pasar las Navidades en Santillán y allá fue con la ilusión de ver a sus nietos que eran el sol de su vida.

Retiro, gente, bus, espera, retrasos, más gente, más retrasos, insomnio, corridas por los retrasos. Y llegó el arribo a Santillán, y todos los inconvenientes se olvidaron.

24 a la noche. Hermosa noche estrellada con la mesa en el jardín.
Para esa ocasión, Clarisa había decidido sentarse junto a Elena. Esa silla estaba vacía porque no muchos querían ese lugar en la mesa. Pero Clarisa tenía decidido hacer el sacrificio de compartir la cena con ella, como ofrenda al Señor.

El nieto pequeño, absolutamente emocionado, esperaba la llegada de Papá Noel, y aunque no lo puedan creer, este generador de ilusiones infantiles, se hizo presente a las 12 en punto, con su traje rojo vivo, su cara de viejito bonachón y una bolsa enorme de regalos. Pero no entró por la chimenea porque hacía mucho calor, sino que bajó por los techos, que era mucho más fresco.
En la bolsa había muchos juguetes para los chicos y algún que otro regalito para los más crecidos.
A Clarisa le dejó dos paquetitos; cositas lindas, que miró y volvió a guardar cuidadosamente en sus bolsitas.
Elena también tenía dos regalitos, con contenido desconocido.

Clarisa se levantó para ir a la cocina en busca del pan dulce y las frutas secas tradicionales, pero mientras regresaba a la mesa con la bandeja, vio a Elena revisando sus paquetes sin ningún pudor ni vergüenza. Seguramente estaba comparando si los regalos eran de la misma calidad y del mismo precio que los suyos.

-Nadie me vio- habrá pensado Elena, pero fue vista justamente por quien no debía verla: la dueña de los regalos.

Y aquí surgió la gran duda de Clarisa: ¿Debía  encararla y dejarla en evidencia frente a todos como una gran entrometida? ¿O sería mejor dejarlo pasar y guardarlo en el olvido como una intromisión más de Elena entre tantas otras que tuvo a lo largo de su larga vida?
La segunda opción fue la elegida. Mejor no generar roces en la mesa navideña. 
Sin embargo Elena no pudo con su genio y la interrogó como un fiscal en un caso policial. ¿Que quién? ¿Por qué la diferencia? Yo quería lo mismo que vos
Clarisa no contestó. Se preocupó por cortar el pan dulce en tajadas casi perfectas, iguales unas a otras, para que esto le diera tiempo para calmarse y dejar correr todas esas preguntas como agua entre las rocas.
Pero Elena era perseverante y continuó con su interrogatorio desgastante: ¿Cuándo te vas? ¿Por qué te quedás tantos días?
Clarisa estaba harta y consideró que era hora de terminar con estas preguntas sin fundamento.
-Me voy a dormir Elena. ¡¡¡Ya tuve bastante por hoy!!!
Y se retiró.

Pero Clarisa tenía una cosa bien clara: la ciudad de Santillán y sus alrededores no eran apropiados para vivir en los próximos años, por lo menos mientras Elena siguiera allí.

Susana Stazzone









Incordurado

El lento peregrinar de espesas nubes de uno de tantos cielos,
haciendo de agrias timias, los dulces días borgoña.
Una mujer lanza una flecha con los ojos profundos,
un crisantemo pierde un pétalo ingrávido,
los autos pasan, con sabor a ráfaga febril,
un ave rapaz grazna en vez de cantar.
El gris del asfalto pinta  melancolía en puro estado
y el aroma a tierra avecina lluvia, crepitantes puntos incoloros.
Se ciernen  alturas celestes ceniza,
hollín de calderas, mina de carbón diamante.
La mujer se encorva en descenso fantasmal,
y llueve con su primer lágrima mercurio.
Un piloto cubre su sien desencadenada,
un ruidajo de humedad colma el circundante,
mis zapatos crujen roídos de cuero y agua.
Observo la escena, fatal fachada de domingo,
contrasto con una sonrisa a medias de principio,
tímida de truenos perspicaces y paraguas.
Pienso en el océano, exacerbante grandeza,
en la espuma salada, aglomerada esfera,
pienso en los que no están.
Voy de rostro descubierto
peregrino de nubes y artimañas,
navegando sin soltar el piso, bergantines anaranjados.
Como así respiro, voy.
Y exhalo
sonriendo de final
Bajo la tibia lluvia de los incordurados.

Luciano Calzada









Pronóstico de tiempos exitosos

Que el diluvio de emociones bonitas no dejen de llover. 
Que sobre la tierra fértil las alegrías no dejen de caer,
porque no hay tormenta que eternamente pueda prevalecer. 
Hay que cruzar las turbulentas aguas primero para luego poder
las inclemencias del clima con acicate vencer... 
Aunque un ciclón caiga, que la calma sea quien pueda contener; 
logrando una cascada que serene al agua que quiere recorrer, 
las hendiduras de la elocuencia, que si no se la logra sostener, 
provocará la inundación más grande que no permitirá absorber
toda esa agua que la adversidad pretende en los bordes verter,
haciendo proclive a menguar la fortaleza y así decaer.
Que si se desata un tornado -con entereza- hacer caber,
la tenacidad... que en cada uno puede crecer;
solo basta ser perseverante y no dejar de creer,
de lo que se es capaz de persuadir ante el granizo que pueda doler.
Hacer que el arcoíris que adorne el cielo ¡sea un deber!
para que el que naufrague sea el infortunio, y así romper
con todo lo que nos impida conquistar y tener.  
Que si la lluvia es impetuosa se pueda sobre ella componer
la poesía más afable que permita hacer ver,
que se es aguerrido con la voluntad de convencer
Que después del vendaval, finalmente deja de llover.

Claudia Ortiz 

Revista Viajero Nro. 145 - Octubre de 2019





Hogar de ancianos

No me recuerdes
el Domingo, pues ya no estás
a mi lado.Y aunque, aún
no eres pasado,
parte de mi alma
se perdió, al dejarte en el "Hogar".
Nada me devolverá
la calma, ni mi pena
podré apagar, ¡madre mía!,
y aún cuando
algún día,
tengas que marcharte,
nunca podré olvidar,
que para poder cuidarte,
-aunque aún
te acompaño-
Tuve que abandonarte.

Dojo








Una mañana especial

Esa mañana me levanté muy temprano. Me sentía ansiosa.
Iba a hablar el Presidente; la situación económica se había descolocado y por lo tanto, este hombre mesurado pero poco querido justamente por su mesura, iba a dar nuevas pautas para los próximos tiempos.
En otra ocasión no me hubieran interesado los momentos que estábamos viviendo, pero ahora, debía afrontar todos los gastos tanto de la casa como personales, absolutamente sola, ya que me había separado después de muchos años de matrimonio.
Eran las 9. Me senté frente al televisor con una taza de té en la mano y dispuesta a escuchar.
Ya estaban anunciando el comienzo de la transmisión desde Casa de Gobierno, cuando sonó el timbre de abajo. Me llamó la atención por la hora tan temprana y porque esa mañana no esperaba a nadie.
Contesté por el portero eléctrico que tiene TV. Miré rápidamente y con poca atención, porque mi vista iba hacia el televisor ya que no quería perderme nada.
Pregunté quien era con bastante mal humor.
-Un antiguo amigo, estoy de paso y quisiera verte-
Y me dijo su nombre.
Quedé literalmente congelada, con el auricular en la mano y sin posibilidad de emitir palabra. Estaba procesando lo que había escuchado.
No podía creer que fuera él.
Era el hombre que siempre había amado en silencio, mientras estuve en la cátedra de Biología de la Facultad. Teníamos un entendimiento fantástico, sin hablarnos ya sabíamos lo que el otro pensaba. A veces había miradas y sonrisas cómplices que nos acercaban aún más.
Pero él tenía novia y estaba a meses de casarse y yo no estaba dispuesta a arruinarle la vida a una mujer que esperó 7 años para llegar al altar.
Por eso mi silencio, mi disimulo y mi tristeza a solas.
Todo eso rememoré en un instante, y como flashes, pasaron su casamiento y mi llanto interminable en la iglesia ; mi casamiento; el distanciamiento total y el aparente olvido.
¿Qué pasó? ¿Porqué estaba frente a mi puerta?
-Esperame que ya bajo a abrir- 
Me cambié en un minuto, apagué al Presidente que no sé qué estaba diciendo; ya no me interesaba. Volvieron mis 20 años y todas los sentimientos, en un instante.
Llamé al ascensor y bajé.
Fue una emoción fuerte vernos nuevamente. Lo noté en su rostro y supongo que él también en el mío. Después de 25 años estábamos iguales, pero distintos.
No me atreví a invitarlo a subir.
Nos sentamos en los sillones del hall de entrada y comenzamos a hablar como si nos hubiéramos visto ayer.
Me encontró en el Face de casualidad buscando a un amigo. No podía creer que fuera yo la que aparecía ahora con un perfil totalmente distinto a mi profesión.
La charla fluía de manera incesante. Tenía muchas preguntas para hacerle pero no quería parecer ansiosa, aunque lo estaba. Y mucho.
-Vamos a tomar un café?- me dijo
Ni lo pensé. No quería perder la oportunidad de este reencuentro.
Frente a las tazas de café pasaban los minutos y ellas fueron testigo de nuestras risas y de nuestros recuerdos.¡¡¡¡ No podía creer que se acordara de tantas cosas!!!!
No iba a ser este nuestro único encuentro. Lo leía en sus ojos.
Tal vez no había sido yo, solamente una compañera….
Tal vez , también en silencio, fui algo más para él…
Creo que ahora habrá tiempo para averiguarlo.

Susana Stazzone
susariv@gmail.com









Principios vitales

Que vivas la vida como merece ser vivida, es lo que te sugiero
Jamás confundiéndola con el trabajo y el entretenimiento
con la sobrevivencia
porque es algo mucho más serio que eso

Sé un demandante neto, hasta el final de tus días
de tiempo libre
Vuélvete pasional en ello, porque es algo sagrado
Porque bien mixturado con la principal de tus virtudes, la libertad,
siempre harás que te alejes
de una vida mediocre

Recuerda, sí hazlo
porque siempre es un buen alimento para el corazón recordar lo que nos hizo vibrar
pero nunca lo hagas todo el tiempo
porque la nostalgia es mala consejera para continuar con tu crecimiento

Sé valiente
porque sin valentía
jamás hallaras en el seno de tu corazón la rebeldía
talento necesario para que la novedad por siempre esté presente en todos tus días

Sé siempre un escucha y un observador
Nunca se te ocurra solo oír y mirar
No cometas tales pecados capitales que comete la mayoría
que solo se distrae con detalles insignificantes, haciendo con ello insignificante su existencia
Porque tener los oídos y los ojos abiertos
no es sinónimo de estar alerta

Si observas que todos toman el camino menos pedregoso por ser el más fácil de andar
Tú no caigas en esa tentación vil
Tú toma, sin dudarlo, siempre el otro si te parece necesario
Porque si no, con anticipación, hallarás la Muerte
a menos que no quieras vivir de Verdad

Si quieres vivir en armonía
no piensen en abandonar tu persona
Que tu espíritu, alma y cuerpo sean tus Dioses terrenales a los cuales adores todo el tiempo
Dadles sacrificios sin cesar
porque la compañía más frecuente que tendrás será la tuya misma
Y si tu estado no es el óptimo
te aborrecerás, y tu vida será un infierno

Lee
escribe
aunque, luego nadie quiera escucharte ni leerte
Hazlo por ti mismo
porque por si no lo sabes, te desasnaré
Todo nuestro esmero en hacer algo
es siempre para nuestro propio ego

Vive la vida
para que cuando por fin la muerte te consiga, en cuerpo, alma y espíritu
no te halle reptando
ni tampoco de rodillas
sino de pie, erguido, jovencísimo
con la frente bien alta, justo hasta donde te de lleno el sol
orgulloso, sonriente, a pesar de tu partida
Porque te habrás llevado, te lo aseguro, todo, todo de esta vida

Javier Bueno
javierbueno274@yahoo.com.ar









Y reirás por siempre...

Tu sonrisa me atrapa
día tras día
Mi eterna agonía alegra mi vida
Tu calma me duele
Tus dientes ya no muerden
Ríes y ríes como caudales
de agua
caes de arriba y llenas mi alma

Tu dulce voz y tus gritos
son mi vida
Tu enojo, tus lágrimas
me duelen
Pero te adoro
y tu valor y grandeza
Serán para siempre mi gran fortaleza

Patricia Batiluschi










Gitana

Dime gitana agorera
que la suerte vas  echando
si el hombre que tanto quiero
en otra vive pensando.

Si en las líneas de mi mano
puedes leer el destino,
o si la muerte me acecha
a la vuelta del camino.

¿Encontraré la fortuna?
o ¿tal vez seré dichosa?
si en mi lecho habrá espinas
o ¿el perfume de las rosas?

Y la gitana al mirarme
me dijo muy sigilosa.
-Él desespera por verte,
no vive por otra cosa.

Y mil mentiras me dijo,
tal vez por causarle pena,
nunca sabré que habrá visto
en mis manos la morena.

Él se marchó una tarde,
y se borró su camino,
llevándose en la maleta,
lo mejor de mi destino.

El cascabel de su risa
Se prendió a mis oídos
y al brillo de su mirada
no puedo darle el olvido.

Dime gitana agorera,
que la suerte vas echando,
porque se llevó mi vida
y lo sigo recordando.

Beatriz Di Nucci
dinuccibeatriz@gmail.com
R.P.I 202.418 

Revista Viajero Nro. 144 - Septiembre de 2019



Actor

Adiestrado
en simular,
convirtió en triunfo
el arte de fracasar,
siendo tantos
como ninguno,
porque nadie fue,
al final.
En esa alucinación
dirigida,
habría de ocultar,
las mil formas del no soy
antes de acabar, consumido por el hastío
y horror,
de ser el yo de muchos,
sin tener un yo propio
al terminar.

Dojo







Luz radiante

Parado allí en el umbral.
¡Oh, maravilloso SER DE LUZ INFINITA!
Tú has sido mi CAMINO, mi VERDAD y mi VIDA.

Tu SANTO ESPÍRITU traigo, aquí, en mi corazón:
ÉL me ha perdonado,
ÉL me ha sanado,
ÉL me ha transformado,
ÉL me ha recreado,
y me ha guiado por este DIVINO CAMINO de VUELTA A CASA.

Parado allí en el umbral.
¡Oh, que EMOCIÓN TAN GRANDE!
¡Qué ALEGRÍA INMENSA inunda mi alma!

Sé que LA PAZ ES CONMIGO.

Y Tú me dices: “SOLO FALTA UN PASO".
Y mientras tu mano me extiendes,
yo mi mano, a la tuya UNO.

Siento...
¡Al ESPÍRITU SANTO VIBRANTE!
¡Al ESPÍRITU SANTO DANZANTE!
¡Al ESPÍRITU SANTO REBOSANTE EN MI CORAZÓN!

Y ahora, más y más cerca estoy.
Ya percibo el RESPLANDOR,
percibo ese SUBLIME AMANECER...
Al fin, ¡Veo TU ROSTRO!

¡TODOPODEROSA LUZ RADIANTE!


Erika Luz de Dios
erkabd2008@hotmail.com







Entre maderas

-Se encontró pensando, a fuerza de espacio contra espacio, incómodo, algo apretado.-
Lo silenció la furia un segundo donde miles de recuerdos en flash lo surcaron insatisfecho, nunca había tenido miedo del amor (siempre se consideró un gran tenorio), pero sí de su velocidad, su capacidad mondes.
Abrió los ojos y sintió una oscuridad magnánima de tierra umbría, distinta a la de la noche, no encontró ni un atisbo de destello, incluso el silencio era paz indescriptible.
Divagó sumido en su pensamiento, no logró entonces distinguir la falta de oxígeno, ni las tablas creosotadas, acolchadas y rectas que estiraban su columna casi maquinalmente, sus pies juntos, su olor a humedad, una suerte de troj que lo empuñaba.
Pasó de un sueño delicioso, breve, que le susurró tentación, media parte luces muertas blanquecinas, media parte tinieblas negras, a otro de castigo y penitencia.
Dulciamarga la garganta emuló el peor alquitrán, algo ascendía por su cuerpo alineado y subterráneo, un frío que giraba entre las tripas, rompía los huesos injertando el corazón  célula a célula  y deshojando las horas en su paso.
De pronto escuchó algo una pisada o dos, se alertó súbito, y al querer incorporarse de prepo golpeó fuertemente  su frente y cara contra la parte interna de la tapa del féretro, un ruido sordo pobló el rectángulo y enmudeció en una centésima de segundo.
Allí como raíz de prado, mirto enjambrado, desesperó forcejeando para  liberarse  y arqueándose  gritó a viva voz hasta el agotamiento, hasta cerrarlo.
Ya nada podía sacarlo de aquel confinamiento, pensó resignado (en lo que pareció días de lucha), de aquella última estación sin gloria y se sintió culpable, se odió a sí mismo, rió amargamente por haber desaprendido a vivir (lo perforó esa clarividencia absoluta).
A golpe de infortunio se sumió en un último sueño plegando ojos junto a los gusanos, allí fue cara y cruz, carne carcomida y caminó solo, cruzó fronteras, resplandores de viento, sin mirar atrás.
-Tan solo como había vivido, alzó vuelo.-

Luciano Calzada
lucianoquilmes@yahoo.com.ar







Te esperaré

Te esperaré
No abriendo mis ojos lo haré
¿Para qué?
Si con mis retinas ninguna parte tuya veré

Te esperaré
Y trataré de no más oír
Porque lo único que me importa es decirte que yo te amo
Y como respuesta, lograré, amedrentado, un silencio meridiano

Tratando de no tocar a nada ni a nadie
Te esperaré
Porque si lo hago, sé que me impurificaré

Mi olfato anularé
Porque si no huelo sino el olor lechoso de tu cuerpo
Temo que, con cualquier otro, me envenenaré

Te esperaré como quien espera la vida misma para poder ser
Anulándome como un todo lo haré
Y si me entero de que algún día ya no vuelves
Ya tampoco respiraré
El hacerlo ¿Para qué? ¿Para quién?

Javier Bueno
javierbueno274@yahoo.com.ar







Envidia

Despojados de todo pudor e inhibiciones viven el sueño ancestral de fundir pieles y sentimientos, mientras el crepúsculo marino se cuela por la ventana e inunda la habitación con ese perfume que mezcla sal, yodo, y humanidad en comunión placentera con el cosmos.
Caído el sol, se abre paso insolente entre las tinieblas, el dedo blanco, guía de los navegantes por seguras singladuras lejos de los escollos de la costa.
Es en ese instante cuando, cual si fuera un fantasmal destello de un Cupido curioso, recorre sus cuerpos el círculo de luz que expone a la luna, palmo a palmo, cada centímetro, ora un torso, tal vez el borde de una areola, o simplemente labios apretados preparando un suspiro más en la contienda.
Entonces la luna torna en rosado su plateado rostro y pudorosa se oculta tras una nube, espiando a los amantes, envidiosa de tener tan lejos el sol.

Juan A. Ruffinelli
ruffinelli3@gmail.com







Literato

Los ojos son el punto
en el donde se enlazan alma y cuerpo

Agota ser errante
volver a una parte,
desvanece fe
en cada viaje.

Espíritu inquieto
observador, intuitivo,
comprendió impulso
del corazón.

Idealismo sentimental.
Podrás soñar,
busca juventud del alma
pureza en cuerpo.
Permanecer vigente
donde pocos amanecen,
cualquier propósito
sin cuartel ni estrategia.

Rescataré al general
del sentir
viril y agobiado,
sensato pero enamorado.

Serguei Nahuel Nasgho
nahuelgomez@gmail.com
"Participación Destacada" en el Concurso 







El moro

Hijo de moro naciste
pero en tierra de Sevilla
creciste en un bodegón
roseado con manzanilla.

A la luna le pediste
que fuera tu compañera
de ronda con amigotes
por angostas callejuelas.

Y del juego fuiste el rey
con los naipes y los dados
y morenas que te daban
con placeres los cuidados.

A los toros no faltabas
y jugabas las pesetas
y así la vida pasabas
entre bebidas y apuestas.

Una noche muy oscura
sin la luna de testigo
salio a tu paso una daga
para cortarte el camino.

Se hizo leyenda tu andar
y entre coplas fue contada
la vida que a los morales
les pareció disipada.

Nunca sabrán quien salio
a cortar aquella noche
tu paso con gran sigilo
y sin hacerte reproches.
Al chaval de los corrales
le cargaron otra muerte.

¡Fui yo, la Carmen del Monte!
la que sellara tu suerte.
Me cobré por mil embustes
joven madre abandonada
y me fui de aquel lugar
Con una daga manchada.

Beatriz Di Nucci
dinuccibeatriz@gmail.com
R.P.I 202.418