Revista Viajero Nro. 15 - Abril 2007




“El silencio es tan dulce
Perdiéndose libremente en el aire,
Derritiendo los oídos de quienes
Lo escuchan,
Perdidos, derrotados
Por el insomnio Infernal
de estar hablando
Frente a frente
Con el que está del otro lado,
Que después de todo
Es uno mismo
Llevándose a la locura.”

Roxana Contreras













La Rosa Blanca


Blanca corona. Un mundo
opalino de frágiles pétalos.
Pétalos, palabras vivas.
Un sinfín de pensamientos
que se abren por completo,
a la búsqueda de los versos
etéreos y alados. Pálidas,
e inquietas mariposas vuelan
al encuentro de la brisa
cálida, de la lluvia fresca.
Un sugestivo y encantador
efluvio de primavera.
Magia que todo lo envuelve
sin temor, sin reservas.
Se mueve, en silencio
transcurre. Sutil, errante
da paso a la estrofa,
donde nace la poesía.    

Claudia Mercante
Escritora y Artista Plástica













Simplemente sí

Si amar fuera fácil.
Si tenerte fuera tan sencillo.
Si acariciarte me costara esfuerzo.
Si en la victoria no hubiese vencedor.
Si el sacrificio fuese necesario.
Si el primer beso me fuera robado.
Si al decirme adiós, me mataras de poco.
Si la risa me llevara al llanto.
Si una flor curara todas mis heridas.
Si con perdonarte sanaras las llagas,
que quema mi alma de niña mujer.
Si fuera capaz de aliviarme las penas.
Si la traición un día pudiera olvidarse.
Y si los problemas pudieran borrarse.
Si pudiera arreglarlo todo,
qué fácil sería, entonces la vida
¿De qué serviría?

Baby













Equilibrio


Perfume de mis horas,   
aliento de mis fuerzas,      
miel de mi cotidianeidad,
carcajada de mis torpezas.

Motor de mis sueños,
torbellino eterno de mi pasión,
remolino de caricias,                
de cada poro de mí ser.

Estrella en mi tristeza,        
cosquilla de mi alegría,        
garúa de azúcares dorados,   
mecedor de mi intolerancia.

Columpio de mis risas,    
suspiro de mi inspiración       
eterno amor de mi vida      
equilibrio en mi rutina…     
mí amor.

Liliana Araya













Fines de enero


La rosa se abrió para darnos su mano.
El cielo puso cuota de talento,
para unir dos almas libres.

Los gritos se hicieron silencio,
las aguas amansaron su bravura,
las agujas suspendidas esperaban,
y nosotros,
nos vimos.

Nos vimos y sentimos;
dejamos las piedras a un lado del camino y
las hicimos arena que paseamos descalzos.

La magia vislumbró tu figura,
que a fines de enero me hechizó.
Las calles estaban vacías,
solo, quedamos los dos.

Se translució un corazón suave que:
a flor de piel era un manantial  de sentimientos,
a flor de piel iluminaba la luz,
a flor de piel,
me iluminó.

Jonatan













Ilusión

La niña dormía plácidamente en su cama, mientras el libro que había estado leyendo reposaba abierto sobre sus piernas. La vela había quedado encendida, iluminando parte de la habitación. Cerrada estaba la ventana y corridas, las cortinas; sus padres se habían encargado de hacerlo antes de partir. Los minutos transcurrían sin que la pequeña pudiera notarlo. Su mente se encontraba sumergida en otra realidad, SU realidad ahora.
La tenue luz de la vela disminuía poco a poco. Pronto se extinguiría por completo. Los últimos hilitos de claridad se los adueñó la imagen del difuso arbusto del libro. Finalmente, la luz desapareció. La liviana hoja, en la que se encontraba la figura, se sacudió. De su inexistente interior, pareció surgir una especie de rama, como una enredadera.
La planta se arrastró lentamente por el brazo de la niña que aferraba con entusiasmo el libro, pese a su ensueño. Rozó su hombro y luego acarició tiernamente su mejilla. La pequeña, emocionada, la tocó. Abrió los ojos, una insignificante hojita verdosa revoloteó y cayó al suelo, pero ella no alcanzó a verla; la planta ya no estaba allí, había vuelto a ser una imagen plana en el papel.
Se sintió sola, extrañaba a su padre, sus dulces caricias y su beso antes de dormir. Intentó volver a soñar, retomar sus hermosos pensamientos inconscientes para no sufrir la momentánea ausencia de su progenitor. Haciendo un gran esfuerzo mental, logró sosegarse, una vez más. Oyó, muy a lo lejos, como proveniente de un mundo ajeno al suyo, el sonido de la puerta de la habitación abriéndose. Percibió una lucecita en su cara, aunque sus ojos no quisieron despegarse. Algo volvió a rozar su mejilla, pero ni aún así pudo regresar de su letargo. Se aferró con ansias a lo que la estaba acariciando y soñó que su padre le daba un fuerte abrazo. Sintió que aquello comenzaba a rodearla completa y pensó que su padre tenía grandes brazos que la hacían sentirse protegida. Se sujetó con más fuerzas y más ganas que antes, no quería que su dulce papito se alejara de ella, ni siquiera por un instante. Lo que la sostenía la acorraló y empezó a apretarla, aprisionarla, ahogarla, asfixiarla. Cuando por fin quiso abrir sus ojos, ya era tarde, su frágil cuerpito ya no era capaz de continuar.

Natalia Soledad Rotelo














Que quisieras tú de mí

Que quisieras tú de mí
un horizonte tallado con anhelos
un jardín plantado de consuelos
o cortar mis alas para no alzar mi vuelo.

Que quisieras tú de mí,
una mañana iluminada por sonrisas
un cortejo de infinitas caricias
o cerrar la ventana para no poderme hacer brisa.

Qué quisieras tú de mí,
un mar con olas de ilusión
la piedad de un amor más grande que el corazón
o que disfrace mi rechazo en una falsa aceptación.

Que quisieras tú de mí,
que te bese hasta llevarte a las nubes
que te haga sentir que te acompaño mientras subes
o que mi partida deje de ser lo que tu realidad siempre elude.

Romina Contreras













Sin luz se ve mejor


El viernes por la noche nuestra casa se vio afectada por un corte de luz, los primeros perjudicados fueron los chicos, porque automáticamente sintieron miedo.
El corte me sirvió para descubrir que hay una palabra mágica, que puede ser empleada para cualquier tipo de emergencias, esa palabra es: MAMAaaa!!!. Eso fue lo primero que dijeron ante el apagón. Mi reacción fue inmediata, correr a buscarlos, abrazarlos,
contenerlos, demostrarles que todo estaba bien y llevarlos en tren hasta la cocina para encender las velas.
Pasado el primer susto, nos sentamos en la alfombra del living, a la espera de que “se hiciera la luz”, cosa que no ocurriría hasta el día siguiente.
Pensando en cómo entretenerlos, vino a mi mente la frase tan usada por mi abuela: SIN LUZ SE VE MEJOR, y rápidamente mi memoria  recreó todos los sucesos que habían dado origen a la frase y de los cuales, yo, había sido parte activa. Sin duda alguna, era una buena historia para entretener a los chicos.

Nací en la pequeña localidad de Tréboles, allí transcurrió mi bella infancia, en el campo de mis abuelos, que albergaba a todos los Rocha en diferentes casas, construidas en torno a la casa grande. Era maravilloso vivir allí, rodeados de naturaleza pura y en una increíble armonía familiar. Esto tal vez se haya dado porque todos los mayores compartían su trabajo en el campo, y todos los chicos nacíamos y crecíamos juntos, y lo hacíamos todo juntos.
Al cerrar los ojos, tengo guardadas vivas las imágenes del campo siempre verde y de las flores de manzanilla, que lo convertían en un perfumado desierto dorado. Los recuerdos se agolpan ahora en mi mente y brotan dulces, tal como los viví en ese momento.
Los más chicos  salíamos del campo, nada más que para ir a la escuela, o en el caso de estar enfermos, para ir hasta el hospital del pueblo. En realidad, no necesitábamos salir porque todo estaba allí, en casa, hasta la felicidad. No por ello desperdiciábamos la oportunidad de hacerlo, como aquella vez en la que nos avisaron de la muerte de un tío que vivía en Campanares, a ciento ochenta km .
La abuela Rosa reunió a todos en la casa grande y fue muy clara en sus conceptos: “el tío Eusebio ha muerto y quiero que toda mi familia esté allí para el último adiós”.
La palabra de la abuela era sagrada, y nunca se le había discutido. De inmediato se organizó un viaje para los treinta y dos Rocha, ese número nos incluía a los chicos. Estábamos desbordados de felicidad, aunque no era el sentimiento adecuado para la ocasión; después de todo, los chicos no conocíamos al tío Eusebio. En verdad, los grandes tampoco, porque escuché que mamá y papá se preguntaban quién era el tío Eusebio. Más tarde me enteré de que mis abuelos lo habían visto sólo una vez en un casamiento, y que era un concuñado del abuelo José. En resumen, no se sabía quién era,
pero nos bañaron, nos perfumaron y allá partimos todos en el viejo colectivo del tío Pepe. Nos esperaban ciento ochenta km de aventuras y el velatorio de alguien a quién jamás habíamos visto.

El viaje resultó toda una aventura, tal como lo habíamos pensado. El colectivo parecía una vaca cansada desplazándose de un lado a otro por las calles de tierra y ripio; entraba y salía de los pozos haciendo unos ruidos extraños que parecían quejidos. Los chicos nos reíamos de todo, pero la abuela nos pedía silencio por respeto al difunto.
Podría relatar cientos de episodios ocurridos a lo largo del camino, pero el que más gracia me causó fue cuando el colectivo se encajó y todos se bajaron a empujar, sin contar con que el tío Osvaldo  aceleraría en el momento equivocado y los llenaría de barro. Fue una catástrofe porque nadie tenía ropa para cambiarse. Todos pensaron en volver, pero la abuela insistió en continuar, alegando que la ropa se secaría, y como era sabido, su palabra era sagrada para los Rocha.
La abuela no se equivocó, la ropa se secó, pero quedaron todos con un olor a perro mojado que nos obligó a abrir las ventanillas. Así en ese estado, y ya entrada la noche, llegamos a Campanares, que era un pueblo, pequeño, pero pueblo al fin. Nos bajaron del colectivo en fila india y cuando nos disponíamos a entrar, sobrevino la catástrofe: se cortó la luz.
Se hizo un gran silencio y nadie supo qué hacer, nos sentaron en el suelo en fila, tal como habíamos quedado, en espera de nuevas órdenes. La abuela entró presentándose en voz alta, palpando a los presentes con el fin de reconocer a alguien. No sé a quién, si no conocía a nadie, pero así era ella. Como ya se había puesto pesada con el manoseo, una voz pidió una silla y allí la dejaron embutida.
Alguien pasó cerca nuestro y dijo: ¡qué lindos chicos!, sin duda alguna tenía mucha imaginación, era tal la oscuridad que ni siquiera se divisaban las figuras.
Lo peor de todo fue, que después de tantos km, todavía no habíamos podido conocer al difunto tío Eusebio. Los que lo conocían bien eran unos vecinos que entraron palpando al estilo de mi abuela y comentaron refiriéndose al muerto: ¡está igualito!. Yo me preguntaba igualito a quién.
Una luz tenue interrumpió mis pensamientos, alguien traía unas velas, que lo único que hicieron fue empeorar la situación, porque esa luz tenue deformaba las caras de los presentes y esto ya se estaba pareciendo a esas historias de terror que nos contaban los grandes.
Todos pensaban que la luz volvería pronto, nadie sabía que eso estaba muy lejano.
Como los chicos teníamos hambre, nos alcanzaron una canasta con galletas, tan duras, que aún hoy me pregunto si eran galletas o pedazos de madera; no importaba, a esa hora era tal el hambre que hasta un pedazo de madera podía resultar sabroso. Así nos dormimos un rato, unos arriba de otros, como si se tratara de ganado.
Repentinamente, unos gritos desgarradores se clavaron como lanzas en medio del silencio; era un hombre que recién enterado del deceso, llegaba con todo su dolor diciendo: “¿Por qué me abandonaste ingrato?, necesito de tu amistad...”. La poca luz del cuarto en penumbras me permitió ver que el hombre se arrojaba sobre el cajón, con tal mala suerte que se resbaló y cayó sobre mi tía Marta, arrastrándola hasta el suelo. Cuando la levantaron gritaba como una loca y se agarraba las costillas. La vendaron como pudieron, al parecer tenía varias rotas.
Conforme pasaba la noche, la luz no aparecía, se estaba consumiendo la última vela y yo todavía no había podido ver al muerto.
La noche fue muy extraña porque pasaban cosas que yo no entendía. Como por ejemplo, escuchar a dos  tías diciendo que tía Marta siempre fue medio idiota y por eso se fracturó. Era muy raro escucharlas hablar así, porque ellas tres estaban siempre juntas, parecían quererse, tal vez sólo lo parecían.
También me extrañó que tío Enrique y tío Carlos se agarraran a las trompadas, por el simple hecho de que uno encontró al otro, con su mujer, descansando en la parte de atrás del colectivo. Los grandes hacen cosas raras que los chicos no entendemos.
A esa altura de la noche, el velorio era un descontrol. El hombre que se arrojó sobre la tía Marta se dio cuenta de que estaba en el velorio equivocado, porque el difunto que él buscaba se llamaba Rodolfo, no Eusebio; era entendible, cualquiera se confundiría de muerto con aquella oscuridad. Así que se disculpó con la fracturada y salió de la casa, no sin antes caer en las manos de mi abuela que lo volvió a palpar por las dudas.
Mis tías no paraban de criticar a los parientes, y mis dos tíos, que ya no se golpeaban, seguían insultándose a más no poder.
Los que hablaron maravillas del muerto durante toda la noche, empezaron a cambiar su postura con el correr de las horas, y así pasó de ser una gran persona a ser un viejo mezquino, gruñón, mal vecino y quién sabe cuántas cosas más. ¡Pobre Eusebio!.
Mi abuela ya no palpaba a nadie y desde afuera me divertía identificando sus ronquidos  entre todos los ronquidos de los presentes.
Creo que no dormí en toda la noche esperando por los rayos de sol que iluminarían, por fin, el rostro desconocido del tío Eusebio; hasta ya lo estaba empezando a querer, aunque fuera un gran tipo y un mal nacido a la vez.
Para mi sorpresa, antes del alba, llegó un extraño personaje, vestido de negro, que ingresó en la casa y dijo: “señores, esto no da para más”; no sé lo que quiso decir, pero escuché unos ruidos de maderas y para cuando me asomé, el cajón había sido cerrado herméticamente.
Quedé como un pollo mojado frente al coloso marrón  brillante y pensé: cuánto sacrificio para nada, tantos km, hambre, una noche sin dormir, peleas familiares, para terminar así de ese modo, sin conocer al muerto. Después de todo era un mal tipo. Según la versión de las cinco AM, de las vecinas.
A las once de la mañana, acompañamos al tío hasta su última morada. Ya nadie lloraba, y todos pusieron cara de alivio cuando lo enterraron y pudieron irse a sus casas. Yo fui la única que estaba triste y pensé: qué feo que es morirse sin luz.
El regreso a casa fue muy silencioso y mi familia jamás volvió a ser la misma, porque entre todos habían pasado muchas cosas feas.
Mi abuela sacó de esto una enseñanza que jamás olvidé: SIN LUZ SE VE MEJOR; porque ella decía que: “sin luz nos mostramos tal como somos, porque no se nos ve el cuerpo y escuchamos nuestras almas”.

Cuando terminé el relato, los chicos se habían dormido sin escucharlo, pero no me importó porque era yo la que quería oírlo otra vez. En ese mismo instante volvió la luz y la apagué porque: SIN LUZ SE VE MEJOR.
                                                     
Liliana Rita Álvarez

Revista Viajero Nro. 14 - Diciembre 2006




Las palabras son parte del sol


El atardecer se esconde dentro de un mar de dudas,
yo lo salgo a buscar para no quedarme asustado,
no quiero pertenecer al mundo de los que no viven,
pues ya me he aburrido de su idiotez.

La tarde es esperanza sin serlo,
todo es contradictorio si se trata del amor
y si acaso nadie me escuchara,
seguiría siendo lo que las flores son en el invierno.

Y si puedes verte feliz
entonces hazlo y disfruta del mundo así como es,
y si no puedes hacerlo,
entonces lucha porque siempre podremos sonreír.

La vida es una vuelta por el río,
su corriente nos arrastra pero también es suave su imaginación,
su color nos disuelve pero es tan dulce verlo al sol
que si quieres a la risa reirás,
y si quieres al llanto, alguna lluvia se encargará de ti.

Un día en el tiempo puede ser una sombra en el pasado,
y el pasado a veces es lo que tenemos para soñar,
y si de repente un nuevo silencio te interrumpe,
entonces dejaras de volver y comenzarás a viajar...

Esteban











Puertas abiertas dan a mágicos crepúsculos desde tiempos inmemorables. Qué manos. Qué manijas. Por qué pregunto. Mis preguntas son fantasmas disueltos en un sin respuesta; mis respuestas fantasmas inexistentes.
Miro el crepúsculo (soy el crepúsculo). Y digo, ríos. Ríos yo digo, corrientes adversas. Peces locos y ávidos de memoria y espinas. Un viento funesto arrastra objetos invisibles de colores no identificados. ¡Es nuestro rey, el único y más arcano! Y van, vienen, se mueven en direcciones delirantes; no es que vayan hacia abajo, no es que vayan hacia arriba…no es que se muevan. Se comportan de modos nuevos que mueren en su nacimiento. (“Lo que se ve, lo que se va, es indecible. Las palabras cierran todas las puertas”).

Proclama de mí mismo


Aquí los parpados de la razón se desmoronan brusca y crónicamente, para que las bellas y azules pupilas del absurdo y lo maravilloso se propaguen y reinen reivindicando su condición de elementales, su espacio derrocado por el enemigo: el asesino de niños y de locos.

                                                            

Reivindicación y comprobación


Recuerdo el miedo sin estribos; una propagación ilimitada de monstruos en la noche fantástica. Exageración alucinada y paranoica con espejos sicodélicos. Y recuerdo personajes anónimos aparentemente inexistentes, multiplicándose a mis espaldas, lejos de mi reconocimiento.


Sebastian Humberto










Tus ojos


Estoy pensando y de pronto miro el cielo
y me parece ver en ellos tus ojos
ya no se si son celeste si son grises o verdes
pero si son transparentes
como es tu corazón, una se siente
a tu lado como si tocara el cielo
contemplando tus cabello
me parece ver brillar el sol mas fuerte
que de costumbre hasta nublarme la razón
eres hombre y demonio, eres santo eres ángel
y eres toda la ternura y la bondad del amor
y serás siempre mi ángel, guardián de mi placeres
la alegría y la bondad de mi felicidad.

Llagas


Llagas, que el alma me quema por este amor imposible
que va derecho a la sangre, de mi sangre ya impotente
que me lleva por caminos, caminos de soledades.
llagas que queman por dentro como queriendo matarme
¿pues, me has visto ya muy triste o es que quieres probarme
que aun me sobran fuerzas para poder rechazarte?
llagas que desde muy adentro con tanta rabia te siento.
                          
Baby












El horizonte


El horizonte en la pampa,
el pasto, el color al viento que derrama,
todo eso y la dulzura de tu voz en la ciudad,
con el sabor a primavera,
con todo eso que tiene el silencio
cuando quieres hablar ...

Apenas unas horas,
unos minutos y el recuerdo permanece
no es paisaje sino una postal,
la postal del adiós.

De lejos te pregunte sin decirte nada,
tu me regalaste bombones
por anticipado,
y yo que de repente respiraba sin saberlo
no pude regalarte ninguna esperanza ...

Si pudieses escuchar mis palabras
escucharías lo que la tarde no pudo recitar,
solo los libros que deambularon
para seguir en camino,
y algún olvido o recuerdo o futuro,
recorre por momentos a mi atardecer,
pues de repente no es el tiempo quien manda,
sino el destino de volvernos a encontrar ...

Carlos Portillo













Verdades

Mirémonos frente a frente;
espalda a espalda.
Mirémonos con los ojos del amor,
con la luz del alma, a veces caída.

Nada es tan malo, todo se sana.
Alguien sabe de nosotros, ese alguien nos sana:
el dolor es para los felices, para aprender a vivir.
Nada es tan malo, todo se sana.

El espíritu me habla distinto;
mas no soy quién para juzgar
cómo crece la flor en el lodo,
ni quién esta creyendo más en Dios.

Mi fe es sencilla, así como mi amor;
el tiempo es liviano, así como mi corazón.
El amor es puro pues lo creó Dios;.
y eso es lo que Él es.

Las nubes rondarán nuestro cielo;
y será hermoso disiparlas,
para que la luz de tus ojos
contemple el trono que te espera.

Siempre mi vida sin mi vida;
mi no vida con tu vida;
tu vida y mi vida,
juntas.

Jonatan
















Tu nombre me inspira


La otra noche tuve un sueño:
me soñé escribiendo tu nombre en el sol;
junto a tu nombre puse la palabra libertad.

La otra noche tuve un sueño:
soñé que abrazabas mis espaldas;
y mi vuelo de golondrina te mareaba.

La otra noche tuve un sueño:
te soñé inventando primaveras;
y besando mis huesos con tus caricias.

La otra noche tuve un sueño:
nos soñé derrochando el tiempo juntos;
y caminando ríos y horizontes.

La otra noche tuve un sueño:
me soñé escribiendo tu nombre en el sol.

Escribí tu nombre en el sol y la luna;
junto a tu nombre puse la palabra libertad.

Danilo














Ilusión 

La niña dormía plácidamente en su cama, mientras el libro que había estado leyendo reposaba abierto sobre sus piernas. La vela había quedado encendida, iluminando parte de la habitación. Cerrada estaba la ventana y corridas, las cortinas; sus padres se habían encargado de hacerlo antes de partir. Los minutos transcurrían sin que la pequeña pudiera notarlo. Su mente se encontraba sumergida en otra realidad, SU realidad ahora.
La tenue luz de la vela disminuía poco a poco. Pronto se extinguiría por completo. Los últimos hilitos de claridad se los adueñó la imagen del difuso arbusto del libro. Finalmente, la luz desapareció. La liviana hoja, en la que se encontraba la figura, se sacudió. De su inexistente interior, pareció surgir una especie de rama, como una enredadera.
La planta se arrastró lentamente por el brazo de la niña que aferraba con entusiasmo el libro, pese a su ensueño. Rozó su hombro y luego acarició tiernamente su mejilla. La pequeña, emocionada, la tocó. Abrió los ojos, una insignificante hojita verdosa revoloteó y cayó al suelo, pero ella no alcanzó a verla; la planta ya no estaba allí, había vuelto a ser una imagen plana en el papel.
Se sintió sola, extrañaba a su padre, sus dulces caricias y su beso antes de dormir. Intentó volver a soñar, retomar sus hermosos pensamientos inconscientes para no sufrir la momentánea ausencia de su progenitor. Haciendo un gran esfuerzo mental, logró sosegarse, una vez más. Oyó, muy a lo lejos, como proveniente de un mundo ajeno al suyo, el sonido de la puerta de la habitación abriéndose. Percibió una lucecita en su cara, aunque sus ojos no quisieron despegarse. Algo volvió a rozar su mejilla, pero ni aún así pudo regresar de su letargo. Se aferró con ansias a lo que la estaba acariciando y soñó que su padre le daba un fuerte abrazo. Sintió que aquello comenzaba a rodearla completa y pensó que su padre tenía grandes brazos que la hacían sentirse protegida. Se sujetó con más fuerzas y más ganas que antes, no quería que su dulce papito se alejara de ella, ni siquiera por un instante. Lo que la sostenía la acorraló y empezó a apretarla, aprisionarla, ahogarla, asfixiarla. Cuando por fin quiso abrir sus ojos, ya era tarde, su frágil cuerpito ya no era capaz de continuar.

Natalia Soledad Rotelo













Invita al festejado


Como sabrás nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños, todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y creo que este año sucederá lo mismo. En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en el radio, en la televisión y por todas partes no se habla de otra cosa, sino de lo poco que falta para que llegue el día. La verdad, es agradable saber, que al menos, un día al año algunas personas piensan un poco en mí. Como tú sabes hace muchos años que comenzaron a festejar mi cumpleaños, al principio parecían comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en día nadie sabe para que lo celebran.
La gente se reúne y se divierte mucho pero no saben de qué se trata. Recuerdo el año pasado al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta en mi honor; pero sabes una cosa, ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme, la fiesta era para mí y cuando llego el gran día me dejaron afuera, me cerraron la puerta. ¡Y yo quería compartir la mesa con ellos! (Apocalipsis 3,20). La verdad no me sorprendió, porque en los últimos años todos me cierran las puertas. Como no me invitaron, se me ocurrió estar sin hacer ruido, entre y me quede en un rincón. Estaban todos bebiendo, había algunos borrachos, contando chistes, carcajeándose. La estaban pasando en grande, para colmo llego un viejo gordo, vestido de rojo, de barba blanca y gritando: "JO JO JO JO", parecía que había bebido de mas, se dejo caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia el, diciendo " SANTA CLAUS" "SANTA CLAUS" ¡como si la fiesta fuera en su honor! Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse, yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara. Y ¿sabes?, nadie me abrazó. Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retire. Tal vez crean que yo nunca lloro, pero esa noche llore, me sentía destruido, como un ser abandonado, triste y olvidado. Me llegó tan hondo que al pasar por tu casa, tu y tu familia me invitaron a pasar, además me trataron como a un rey, tú y tu familia realizaron una verdadera fiesta en la cual yo era el invitado de honor, además me cantaron las mañanitas; hacía tiempo que a nadie se le ocurría hacer eso.
Que DIOS bendiga a todas las familias como la tuya, yo jamás dejo de estar en ellas en ese día y todos los días. También me conmovió el pesebre que pusieron en un rincón de tu casa. ¿Sabías que hay países que se esta prohibiendo poner nacimientos? Hasta lo consideran ilegal. ¿A dónde irá a parar este mundo? Otra cosa que me asombra es que el día de mi cumpleaños en lugar de hacerme regalos a mí, se regalan unos a otros. ¿Tu que sentirías si el día de tu cumpleaños, se hicieran regalos unos a otros y a ti no te regalaran nada?. Una vez alguien me dijo: ¿Cómo te voy a regalar algo si a ti nunca te veo? Ya te imaginaras lo que le dije: Regala comida, ropa y ayuda a los pobres, visita a los enfermos a los que están solos y yo los contare como si me lo hubieran hecho a mí. Cada año que pasa es peor, la gente solo piensa en las compras y los regalos y de mí ni se acuerdan.

Jesucristo













La lluvia


El tiempo es una batalla
los minutos desarman al destino
cuando una lluvia cae desconsolada,
cuando alguien lamenta la ausencia
y cuando ya no quedan tantas lágrimas guardadas.

El tiempo es un amigo que no aparece,
es su lejanía más indeseable,
yo creía que el silencio era demasiado
y hace bastante que me acostumbro
y en realidad no me acostumbro.

Un paso al frente dan los que no temen
y los que perdieron el pudor,
Atrás quedamos a veces los que sentimos demasiado
Los que caemos derrotados solos
y por el infinito misterio del dolor.

¿Acaso el futuro es para todos?
Yo me pregunto para no responderme,
Si al final la lluvia cesa y el misterio continua,
Todo al fin sucede hasta lo que no sucede,

Yo sé que nos encontraremos
Porque a veces un cielo es una excusa
Una palabra, un te quiero,
es un sinónimo de libertad.

La lluvia vomita su ignorancia,
el mundo no es para tanto pero lastima
y hoy el día terminará cuando empiece,
dentro del aire estamos todos
pues yo creo que nadie camina sin caminar.


Elvio Perazo 

Revista Viajero Nro. 13 - Octubre 2006




Respiro tus huellas



Respiro un domingo
las huellas del aroma
que dejaste en el aire de mi vida.

Presiento la sombra de tu ternura
que olvidaste consiente
para que la soledad no se burlara de mí.
Sombra de ternura que
escondida detrás de cada rayo de sol
entra sonriendo por mi ventana.

No puedo pensar mi vida sin oír tu corazón
sin treparme por tus labios para besar tus latidos
si aún cuando tus pasos se alejan, mis vacíos se llenan de ti.
Me dejas caricias guardadas en el viento
para que suavemente se deslicen por mi pelo.

Cuando te vas, estás conmigo sin saberlo
porque es tan inexplicable el amor que siembras
que quedan tus miradas bailando con la luna
cuidando mis sueños hasta que nace el sol.

No te extraño cuando te extraño
porque sé que volverás cuando el calendario deshoje.
Te encargas de quedarte entre mis horas sin ti
a través de felicidad que impregnas cuando estás
y yo te espero, aunque estés, en tu ausencia
para besar la alegría de estar enamorados.

Liliana Araya













Alfeñique de madera



La música te inunda,
Te llena de color,
Ahora tiene sentido,
El viento pide perdón.
No hables tan cerca,
Aquí no puedo crecer,
Déjame ver el medio
En el que te moves.
Nunca vi una sensación,
Nada esta tan cerca,
Lejos esta allí, en tu mano.

Acariciando las escamas
Vas ahogando mi amor,
Duelen tus espinas
Aunque sean de algodón
Yo soy aire, me traspasas.
Alfeñique de madera,
Impostor del festejo,
Infeliz de día,
Dado vuelta más tarde,
Te veo en el espejo retrovisor.
Mira mis manos,
Sudan la ansiedad,
De un tiempo que frenó,
Del cielo que quebró,
De un infierno que cerró,
En la tierra del cerdo con bastón.




Leandro Omar Szilvay













A mi madre


No soy poeta madrecita,
pero hoy quise escribirte
estas líneas que me
nacieron del alma.
En este momento quiero
aromarte con mi canto;
me haces falta en esta vida,
te extraño tanto mamá.
Solo se que has dejado
sumida en mi propio llanto
y mi vida esta vacía
por faltarme tu cariño.
Yo sé que en algún camino
he de encontrarte mamá,
con tu sonrisa de siempre
y tu carita angelical.
Yo nunca he de olvidarte;
serás mi ángel guardián.
Caminaremos muy juntas
y tomadas de la mano,
recordaremos muy juntas,
mi infancia y tus sueños felices.
Volveremos a ver nuestra querida casita,
tus jazmines, tus malvones,
y la vieja enredadera,
junto al viejo tacuaral;
y aquellos sauces llorones
de nuestros tiempos sin igual.
Volveremos a aquellos tiempos
de dicha y felicidad.

Baby

 
Ejemplo

A mis abuelos,
por sus bodas de oro

Como nubes de caricia
brindan su amor eterno
elevándolo al cielo con alegría

Tan admirable es su ejemplo
y tierno su compañerismo
que los colibríes cantan sus nombres

Dulces abrazos compartidos
que me convidan y regalan
Son dos corazones unidos con luz
que brilla y no se apagará jamás

Los miro y brotan lágrimas
y el deseo más profundo
de algún día soñado
poder imitarlos

Jonatan











Por debajo de la lluvia


Andaba. Simplemente dirigía mis pasos confundidos hacia algo cercano. Avanzaban en la noche prematura, entre las nieblas del patio que atardecía en la mañana.
Algo mojada por saltar charcos, sentí que por un instante infinito (de una casa a la otra), la lluvia me derribaría. Pero no. Llegué a tiempo, justo un ratito antes de que el vendaval soltara toda la furia escondida en la grisura del día.
Escuché un susurro antes de abrir  la puerta.  Entré a la casa y no oí más nada, excepto un saludo de bienvenida ante mi ocasional llegada.
Secretamente unos parientes encerraban un silencio.
Hay algo que todavía espera ser revelado por la perspicacia de mis ojos huecos. Guardado en una jaula inevitable, sin poder mostrar sus incoloras alas, inútiles en la tarde acerada; el pájaro de silencio miraba el infinito, desbordando ansías de dibujar signos derramados al borde de la acerbidad vacilante que destila su deleitoso canto mudo.
Por debajo de la lluvia, se mezclaban el día  amanecido y la tarde que poco a poco se acentuaba, ambas eran una y simulaban ser noche.  Mientras, mi curiosidad incorruptible era otro artificio más en la distancia, cómplice involuntario del exterior simulacro. Incertidumbre despiadada  de vagas singladuras omitidas.
  
Roxana Contreras













Poema 1


Te amo, desde cuándo, no lo sé.
Sólo sé que este amor me ha despertado,
que a mi vida llegó sin esperarlo,
y que a mi corazón llamó sin yo buscarlo.
   
Te amo, desde cuándo, no lo sé.
Desde que yo en tus ojos me he mirado,
desde que me estremezco a tu lado,
desde que quiero estar donde tú estás.
   
Me amas, lo comprendo, lo he sentido.
   
Cuando oigo tu voz estremecida,
cuando siento sin ver que tú me miras,
cuando presiento que en tus sueños vivo.
   
Qué hermoso este amor que es alegría,
que crece con nosotros y que sólo muriendo
morirá con nosotros... algún día.

Romina Contreras













Por lo que me es permitido alcanzar


Agradezco a Dios por ti,
porque te conozco, porque te amo.
Porque solo me limito a acariciar tu tiempo
hasta que puedas verme como yo a ti
y te animes a comprenderlo.

Agradezco a Dios por ti,
por tu mirada oportuna,
por tus perfectos caprichos,
por tu pequeña figura
para mí inabarcable.
Por aquel signo lejano de ternura
que invariablemente emana de ti.

Agradezco a Dios por ti,
porque le perteneces;
porque fue él quien dio brillo
a tu cabello recogido.
Quien me regala tu hablar
dulce y sencillo,
quien sedujo de vanidad
tu alma de niña enamorada.

Agradezco a Dios por ti,
por la tibieza de tus palabras tempranas,
por tus enojos pasajeros
pero que me divierten tanto;
por tu nombre, hurgando más allá
de lo que me es permitido alcanzar.

Y aún tu recuerdo
se diluye entre mis manos
... te busco te extraño ...
pero tú no respondes,
a pesar de mis esfuerzos,
a pesar de mis claros llamados.

Gustavo Fuentes













Juegos macabros como percepción del mundo;
laberintos de espejos malignos
multiplican imágenes, confusas y difusas.

Alguien DESCONOCE y DESENTIENDE ­
Cómo es posible semejante imposibilidad ( ! ).

Dos más dos es...
dos más dos es nada.
y el sol irreconocible;
La luna no importa;
El pasto dice crecer
con gestos que se elevan misteriosos.

Pero sabe él
(al fin una silla, algo sólido) que nada existe
más allá de sus espejos.

Sebastián Humberto













Bambú Japones


No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se impacienta frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, por favor!
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad,
no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad,
este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces
que le permitirían sostener el crecimiento, que iba a tener después de siete años.


Sin embargo, en la vida cotidiana,
muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.


De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones
estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que "en tanto no bajemos los brazos" ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo, dentro nuestro…
Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente
creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito
cuando éste al fin se materialice.


Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...
quizá sólo estés echando raíces...


Anónimo