Revista Viajero Nro. 19 - Agosto 2007




Última función


Fue cuando las campanas
prescindieron del escenario
para escoger su pulso celestial,
cuando ya no recibieron
el níveo impulso
que las ataba al mismo
golpe de luz, de inquieta luz.
Comenzó la última función
y la brisa congeló
las espadas del universo,
la silueta del ocaso vertió
su blancura sobre
el telón ensangrentado
y, apartando de sí
las impurezas del laberinto,
advirtió su galope terminal.

Juan Garibaldi

 








 

Las ideas


Allá voy
viajando por mi cuarto y por el mundo
la calle cada vez más lejana
pero más adentro.

Los ojos del barrio se apoderaron de mi,
los ojos de la gente son mi alma
y sus lágrimas inundan
todo el piso de mi casa,
de mi pequeña casa.

luchar es una palabra sagrada,
pero el respeto es un árbol herido
el respeto por uno mismo.

detrás del bosque de lamentos
también se asoman ciudades, corazones
aquí dentro de mis sueños

una tormenta que ya pasó hace años
despeja recién a sus nubes...

y allí afuera los viajantes miran y miran
como sus risas ya no ríen
por eso anuncio una batalla contra la infelicidad
la misma que pretenden todos,
los niños, los grandes, los abuelos,
anuncio y no queda en el viento lo que amo

detrás de todo esto se asoma una idea
y las ideas son la esperanza más refrescante...

mañana volveremos a hablar,
y mis ojos y tus ojos
se mirarán con sinceridad...

Esteban











La tejedora multicolor


La casa era vieja, vieja como la abuela de mi amigo Pablo, y creo que más vieja. Era alta, tan alta como el tío Luis, y tal vez un poco más, porque cuando el tío Luis se paraba, le faltaba mucho para llegar al techo.
Esa era la casa de Soledad, fría, húmeda, con las paredes de muchos colores, uno por cada año en que fue pintada. Los pisos hacían, cruic, cruic, y de vez en cuando algún cruaj, según el tamaño de quién lo pisara.
Ahí vivían mi tío Luis y sus abuelos. Para él la casa tenía algo especial que lo atrapaba, pero para mi, lo único que te atrapaba era el olor a humedad, y las telas de araña que eran más que muchas.
Esa casa era uno de esos lugares, a los que nadie quería ir de visita, ni por medio ratito, porque daba miedo, miedo del de verdad, de ese que te agarra a la noche, cuando el perchero de tu pieza se convierte en monstruo de ocho brazos, miedo al fin.
Soledad era la habitante más solitaria del lugar, porque a pesar de tener amigos, su pasatiempo era tejer, tarea que le había enseñado su mamá. Tejía y tejía todo el día, pero preferentemente de noche, cuando todos se iban a dormir.
Más que tejedora, era una artista del hilado, porque usaba hilos de seda de todos los colores, y con ellos solía hacer redes inmensas, como las que se lanzan al mar.
El tiempo pasó por todos lados, y también por la casa de tío Luis; por eso, cuando sus abuelos dejaron este mundo, él decidió cambiar su vida, y empezó por vender la vieja casona. Así que, cuando lo hizo, cargó sus valijas, una mesa, cuatro sillas y una cama en su camioneta, y cerrando la puerta dejó atrás todo, hasta a Soledad, que se quedó tejiendo, como siempre en un rincón.
Una tarde de abril, mientras ella dormía la siesta, bajo el abrigo de un tímido rayito de sol que entraba por la ventana, sintió un ruido de llaves, y el rechinar de la puerta de entrada, que hacía mucho que no escuchaba, luego un gran silencio, acto seguido, un griterío que la asustó y la hizo acurrucarse más todavía.
 Tenía tanto miedo que estaba con todos los ojos cerrados, bien apretados; pero escuchaba, escuchaba pasos que se acercaban hacia ella, hasta que se detuvieron. Espió con un ojo y vio que un ser de cabellos rubios y vestido rosa, la observaba.
Se quedó quieta,  más quieta que la estatua de la plaza San Martín, adonde me lleva la tía Marisa. Cuando se animó espió con otro y  sucedió lo inevitable. La cosa extraña la miró, abrió la bocaza llena de dientes, tantos como nunca había visto; y comenzó a gritar, tan fuerte que Soledad cayó al piso. No tardó en llegar una señora con los pies muy grandes; esto lo descubrió cuando la mujer se sacó el zapato y comenzó a correrla mientras se lo revoleaba por la cabeza. Corrió, corrió y corrió un poco más, hasta que se metió en un hueco que había en la pared.
Pensó que estaba a salvo, porque ya no se oían gritos ni corridas. Repentinamente escuchó un shhhhh y una nube tóxica ingresó por el pequeño agujero.
Empezó a toser y se vio obligada a salir; ahí nuevamente la oleada de zapatazos. Logró escapar por la puerta de entrada y mezclarse entre las viejas y resecas plantas del jardín. Estaba asustada, tanto como vos cuando te ponen una vacuna.
Se quedó sentadita bajo una rama, pensando qué había pasado; después de todo no importaba lo que pasaba, lo que quedaba claro era que los nuevos habitantes de la casa no la querían. Tenía que esperar la noche para hacer algo, mientras tanto dormiría un ratito.
Cuando el sol se escondió y la blanca luna apareció sonriendo entre cientos de brillantes diamantes, decidió ver cómo estaban las cosas.
Se acercó con cuidado a la ventana y se pegó contra el vidrio; pudo ver que esa gente se había apoderado de la casa de Luis, de su casa. Pronto entendió que tenía que irse, más aún cuando escuchó que se referían a ella como: “la cosa fea y peluda que encontraron en un rincón”.
¡Qué clase de persona podría hablar así, con tanto desprecio, con tanto desamor!
Así, Soledad, esperó a que se hicieran las doce de la noche, momento en el que su amigo Cucú saldría a dar la última hora; él era de buen corazón, seguro que la ayudaría. Así fue, cuando Cucú salió dio la hora y se bajó del viejo reloj; recorrió rápidamente las habitaciones, y al comprobar que todos dormían se dirigió a la puerta permitiendo que Sole pudiera entrar. Se dieron un abrazo cortito, Sole fue a su rincón; en una mochila color violeta cargó sus pocas pertenencias: cepillo de dientes, ocho anillos, una bufanda multicolor (tejida por ella misma), un gorrito con pompón y todas sus agujas y ovillos de hilo, tantos como pudo cargar.
Dio un vistazo final a la casa, y al dirigirse a la puerta encontró allí a sus vecinos que se habían convocado para despedirla. Don bicho bolita, enroscado de la pena, Pedro el caracol, que lloraba adentro de su casita; Rosa la lombriz, que se disculpaba por no tener brazos para darle un gran abrazo, Rogelio, el ciempiés, que saludaba a más no poder, y por último, con las plumas mojadas por las lágrimas, su amigo Cucú.
Soledad les agradeció la despedida, y a pesar de que le insistieron para que cambie de idea, no lograron hacerlo y con un “no voy a pedir por favor que me quieran”, salió a la vereda y se fue caminando sola, sin mirar atrás, mientras la luna, con su gran linterna, le iluminaba el camino que la llevaría quién sabe a qué lugar.
Caminó hasta que su cuerpo dijo basta, fue entonces cuando se acomodó entre las hojas de un rosal que encontró en un jardín, y decidió pasar lo que quedaba de la noche allí, por lo menos las espinas del rosal la mantendrían a salvo de cualquier enemigo ( esto lo había aprendido del programa de cable: “plantas y mascotas” ).
En realidad no estaba a salvo de todo, porque en cuanto se hizo de día, una señora, con unas grandes tijeras plateadas, empezó a cortar rosas, lo que la obligó a bajarse de la planta y salir corriendo, para no ser descubierta.
Seguía caminando, y el sol la estaba matando, por eso su corazón sonrió al escuchar un ruido agradable: era agua.
Caminó un poco más y allí estaba, un gran río de aguas frescas. Dejó sus pertenencias en la orilla y se tiró de cabeza. Nadó panza arriba, panza abajo y hasta hizo la plancha.
Al salir, buscó algunas cosas para comer, y se acostó a descansar bajo un trébol de cuatro hojas, al que se le había caído una; así bañada y con la panza llena se durmió.
Cuando despertó, con gran tristeza se encontró con que estaba encerrada en un frasco de vidrio, y dos ojos amenazantes, la miraban fijamente. Ahora sí estaba perdida para siempre.
No sabe cuántos días permaneció allí, pero se horrorizó cuando escuchó que el joven que la había atrapado y la mantenía prisionera decía, mirándola: -Mañana será el gran día, ustedes traigan el alcohol que yo tengo los fósforos, lo haremos en el patio.
No hacía falta ser muy inteligente para entender lo que pasaría, mañana por la tarde sería ejecutada por esos tres salvajes. Tenía que hacer algo.
Pensó en varios planes, pero se quedó con el último, tejió una soga tan rápido como pudo, le hizo un lazo en la punta, y trepando hasta la tapa del frasco la lanzó por un agujerito de ésta, hacia un lápiz que estaba parado en un lapicero, cerca de su frasco. Lo hizo varias veces y fracasó, no podía alcanzarlo; entonces se dejó caer hasta el fondo; si su destino era ese, no podría escapar.
Cuando ya estaba entregada a esperar el final, entró una señora al cuarto, con un plumero y comenzó a limpiar el escritorio. Al llegar a ella la miró con compasión y dijo: -Otra pobre víctima que ha caído en manos de esos desalmados, no tengas miedo. -Llevó el frasco al jardín, abrió la tapa y le dijo: -Vamos, pequeña, busca tu libertad.
Soledad sólo mostró su mejor sonrisa y se fue corriendo a más no poder.
Cuando se sintió a salvo, se sentó a descansar y se puso a llorar; ella no sabía que en el mundo existía tanta maldad; o tal vez ese no era su mundo, tendría que buscar uno a su medida.
Buscar un mundo a su medida no era tarea fácil; no tenía idea ni por dónde empezar. Mientras pensaba en lo triste que era no tener un lugar en el mundo, se acordaba de Luis, de sus vecinos y amigos, de su rincón de paz, tan lejano... Repentinamente, una música invadió la calle de tierra, y tras una nube de polvo apareció un camión multicolor, con un cartel lateral lleno de luces que prendían y apagaban, mientras una grabación salía por un altavoz diciendo: “La escuela de danzas de Pomponia presenta: Pomponia y su exclusivo número artístico a cargo de veinte bailarines; con la actuación estelar de la bailarina Roberta Páez. No te lo pierdas...bla ...bla ..bla”.
El camión clavó los frenos y salieron volando por el aire dos cotorras, una ardilla y una cucaracha, con sombrero de flores rosadas que gritaba: - Así no se trata a una estrella, voy a quejarme con el sindicato de actores...
Sacando la cabeza por la ventanilla una lechuza le dijo: - Hola hermosa, ¿ Te podemos llevar?
-No tengo lugar a dónde ir.
-Entonces será fácil llevarte a ningún lugar. Sube, ya encontraremos en dónde dejarte.
Como no tenía qué perder, se trepó al camión, se acomodó en un rinconcito, y allá se fue con un grupo de locos que bailaban, cantaban, se maquillaban, y reían, por sobre todas las cosas reían.
Cuando llegaron al teatro municipal de Loma Escondida, comenzaron los ensayos, y la invitaron para que se quede a verlos.
Así se acomodó en una butaca; todo era maravilloso, hasta que a Roberta Páez (La cucaracha bailarina), se le ocurrió una idea:
-¿Por qué no bailas con nosotros?
-¿Yo? Jamás he movido una pata en mi vida. No sé bailar.
Todos juntos dijeron a coro: -TODOS  PODEMOS HACERLO, TIENES QUE ESCUCHAR LA MÚSICA CON EL ALMA Y DEJARTE LLEVAR.
Pomponia sonreía porque esas eran sus palabras.
-Con tantas patas serías una gran estrella de tap, yo podría enseñarte - dijo Poli el ciempiés, bailarín de tap por excelencia.
-No, yo no quiero, bai...
Para cuando terminó la frase, ya le habían puesto ocho zapatos rojos, y la habían subido al escenario.
Poli le decía: - Es sencillo, copia mis sonidos  Y moviendo sus pies sonaba: tipiti, tipiti, tap...
Soledad lo intentaba pero sonaba: tapa, tapa, pon... tapita, tapita, trombón... salame con salchichón, cualquier cosa menos tipiti, tipiti, tap.
Era un fracaso artístico, ya antes de su debut.
Mientras todos le insistían en dejarse llevar por la música, en relajarse...etc… etc, unos gritos interrumpieron la escena. Era Roberta Páez que gritaba: - Es el fin de mi carrera, es el fin de mi carrera... Se me han roto mis medias de red... este es el fin...
Todos hicieron: ohhh!, Porque sabían que Roberta Páez nunca saldría al escenario sin sus medias de red.
El silencio y la desesperación se apoderaron de ellos; la única que reaccionó fue Soledad que se quitó los zapatos de baile, buscó sus hilos de colores y comenzó a tejer a toda velocidad.
En cuestión de segundos y para asombro de todos, Sole, había tejido las más maravillosas medias de red que jamás habían visto.
Todos querían medias de baile, y Soledad tejía y tejía complaciendo los pedidos.
Aquella noche fue la mejor función de la temporada, porque los bailarines lucían espectaculares con las nuevas medias de colores.
Para cuando el sol se levantó, Soledad ya había firmado un contrato, como vestuarista, que la unía a la compañía de baile.
Así,  Sole encontró su lugar en el mundo, mejor dicho en el camión de la escuela de danzas, que la llevó por muchos caminos, recorriendo la vida, aprendiendo muchas cosas, pero por sobre todo a agarrarse fuerte cada vez que Pomponia clavaba los frenos.
EN EL MUNDO HAY UN LUGAR PARA VOS.

Liliana Rita Álvarez
lili-rita@hotmail.com

 

 






Atrévete


Atrévete a soñar...
entrecierra los ojos,
hecha tu imaginación a volar...
Intenta alcanzarla,
imagina la luna iluminando ...
una noche especial,
en una playa desierta.
Atrévete a imaginar...
mis cabellos...rubios trigales...
como sutiles hilos dorados
acariciados por el viento,
mi cuerpo... como arcilla maleable
que se funde al calor de tu piel...
mis ojos en tus ojos...
mi boca buscando la tuya
en un beso que corta el aliento...
el contacto de mis labios
que saben a sal y miel...
que se abren suavemente desbordados de pasión...
atrévete...
en el silencio de la noche hasta...
podrás escuchar el latido de mi corazón...
¡sólo atrévete!..

Rosenna
www.rosenna.com

 

 







Mirame atentamente


Mirame atentamente; tu mirada se pierde fácilmente.
No te encuentro, no me buscas, ¿qué hacer? Podría cambiarte pero no quiero, ya no serias el mismo a quien querer.
Nunca use esa palabra, "QUERER", que rara me suena; eres privilegiado en eso, igual no te das cuenta.
Ves lo que te es fácil percibir, lo sé, lo intuyo. De ese modo, el dolor va a ser mayor.
Sentimientos, sentimientos; a veces hay que dejarlos de lado, ¿no te parece?... ¡no!, no te parece; justo a ti pregunto ¿cuando usarlo? Tú que expones tus sentimientos en cada cosa que haces; hablar, escribir, dibujar. Cada acción es un sentir. Parece estar bien pero soy tan distinta a ti, que me duele. ¿Cómo pedirte que me busques, que me mires, cuando digo esto?; pero es la verdad y no la puedo callar más.
 ¡Te quiero lo sé!, pero querer es exigir y, prefiero perder ese sentimiento ¡ahora!, a dártelo todo mañana. Porque ahora es querer pero mañana será amar; y ese sentimiento no se puede olvidar.

Tatiana Rey

 








La escuela vacía

Una escuela vacía
es un árbol sin hojas,
un rosal cuando tiene
deshojadas sus rosas,
un pájaro sin trinos,
también un mar sin olas.

Pues si no tiene risas
ni el murmullo de niños,
si no hay cantos ni juegos
en sus patios vacíos,
es como un corazón
que no tiene latidos.

Cuando llegan, se llena
de cantos y silbidos,
de voces y susurros,
de dulzura de niños,
y el amor siempre dulce
Del maestro argentino.

Isabel Corrao Santos



Sabor casero

Las semillas en la profundidad de la tierra,
sonrieron esperando la lluvia.

Él sol, vio que estallaban las raíces esparcidas
dando, fuerza a la vid.

Sus troncos trepaban encadenándose a las hojas
como lazos de amor.

Él fruto comenzó a versen en racimos de colores,
esperando madurez.

La cosecha llegó, manos voladoras con esmero besaron
el bello resultado del trabajo.

Los toneles ayudaron impacientes, sus maderas
respondieron dando sabor y aroma al licor casero.

Él vino hoy está en copas para el brindis, compartiendo
en rondas de amigos un gran festejo.

Nilda Deluca












Le canto a la vida


Canto a la vida que me ha dado tanto,
canto a los seres que yo quiero tanto
que me rodean de ternura y besos
y que me enseñaron a amar lo que tengo
Canto porque Dios ilumine mis sueños
que guíe mis pasos por senderos buenos.
Que nunca las mentiras envenenen mi sangre.
Que de mi corazón brote la comprensión.
Que de mi alegría y mi devoción,
sea para todos bendita oración.
Y cantaré a aquellos a quienes Dios se ha llevado,
porque desde el cielo me ayuden en mis rezos.
Para que a mis temores los pueda entender.

A veces despierto en medio de la noche
sintiendo el vacío percibiendo la nada
apostando a la vida apostando al amor.
Cantaré porque mi tristeza no se vuelva llanto,
y cantaré a aquellos a quienes quiero tanto.

Baby

Revista Viajero Nro. 18 - Julio 2007





Mi lugar


Cuando viajo suelo agudizar los sentidos para traerme puesto un poco de cada lugar. Como no tengo siempre el mismo ánimo hay cosas que me gustan más o menos, según como me sienta. Miro los paisajes, trato de aprender un poco su entorno, me meto adentro. Pero acá me pasó algo curioso, era un lugar especial y eso pude sentirlo mientras lo recorría, era como un gran campo y detrás salía casi tímida una cadena de montañas.
Estaba nublado y el juego de las nubes le daban un colorido especial. Azules y rosados hacían una pincelada diferente allí donde la paleta del pintor se distraía para demostrar que era posible. Delante de la cadena de montañas había una fila de árboles pequeños en relación a las montañas que formaban un contraste de colores. Más adelante una calle de tierra colorada por donde se asomaban cuatro árboles más, cinco piedras sobre un costado y el pasto verde y amarillo con tres plantas tipo penachos, esas que tienen los plumeritos blancos. Un paisaje que llamaba a disfrutarlo y así me quedé. No se cuanto estuve, el cuadro me llevaba a pensar y por un momento me imaginé que ese lugar me pertenecía. Todo era mío y yo lo dejaba, dejaba que el viento moviera los árboles y que el sol blanqueara los pastos y entonces me quedaba reparada sin ser otra cosa que un pedacito del paisaje.
Cerré los ojos y seguí viendo todo igual, ya lo tenía instalado en las retinas podía ver cada detalle sin equivocarme y entonces sentí que todo cambiaba, yo ya no observaba sino que era observada. El lugar me observaba, me miraba, me recorría de la misma manera que yo antes. Me acariciaba su brisa, el pasto me hacía cosquillas, el sol me calentaba y el perfume me adormecía dejándome una rara sensación, sensación de haber estado antes, de haberlo recorrido. Por eso me quedé.

Gladys Alvarez
tahiagla@hotmail.com

 











Cuanto más fuerte es la atracción, más fuerte es el espejo


He descubierto que cuando estoy dispuesta a confiar en mi energía y seguirla, esta me conduce hacia personas de las cuales tengo mucho que aprender.
Cuando más fuerte es la atracción, más fuerte es el espejo.
Mi energía siempre me conduce a las más intensas situaciones de aprendizaje.
No necesito involucrarme o permanecer en una relación que no es buena para mi, pero si elijo dejarla.
Aun puedo agradecer el Don y las enseñanzas que recibí.
Acepto a mis relaciones como mis maestras.


Carolina Magallanes














Oscuridad instantánea


Entrando súbitamente en la vida de todos, repentinamente me buscas la mirada, me haces saber que estás presente. Amarga y cruenta es la reacción metabólica a semejante estímulo que generas en mí. Bien sé que escondes un propósito ineludible pero no audible en la oscuridad que caracteriza tu esencia.
Devuelves a las miradas más cálidas esa grotesca penumbra que nos atormenta a los más sensibles pero no inmuta a la pequeñez de la mayoría.
No te niego, pero tampoco te proclamo; últimamente no siempre te encuentro, pero sí te busco.

Me aceptas unas pocas monedas groseras, y  todo vuelve a repetirse sin demasiado asombro de los espectadores.

Medio de disputas, metafórica excusa que esconde propuestas decididas, cálida dosis de tinieblas que necesitamos poseer. Poder otorgas entre los menos, mientras los más caen rendidos en tu áspero regazo que vuelve adicto hasta al más entendido de tus metódicos caprichos.

Al unísono de mis monedas y tu limitada disposición, me ofreces tus servicios: Simple, Doble, Franciscano, Irlandés,  cortado…
Como proveniente de orígenes varios te anuncian, más tú y yo bien sabemos que emanas de una única fuente cuya amargura es solamente superada por su negrura. Aún no comprendo cómo obtienes la calidez que te caracteriza en algunas ocasiones; no te es propia, y sin embargo tan tuya a la vez.
¿Dulce o amargo? Qué curioso resulta, te acompaña la más tierna de las drogas, dulce y melodramática como ella sola. Muchos dirían que se trata de otro e irónicamente claro ejemplo de que los opuestos se atraen; la princesa heredera del trono y el plebeyo oscuro que, en teoría, la llevará a la ruina; sólo en teoría.

Mi querido mal amigo, no te rindas a la tentación de aquella otra rosa grisácea, rebosante de entusiasmo por ser preferida a la verdadera princesa por muchos. Neta ambigüedad de este mundo, tan adictiva como sólo tú podrías entenderlo. Si la dejas, ella se volverá tu  perdición, tu tormento personal. Por eso te ruego: consérvate fuerte, como siempre.

Todo esto acude a mí en un repentino espasmo mientras te arrebato delicadamente de tus cobijas soñolientas, devolviéndome esa grotesca penumbra que me enlista poderoso.

Gonzalo M. Romano
gonzaromano@hotmail.com

 










Ámame


Ámame… musita cerquita mío ese ansiado ¡te amo!
muy despacito…así…casi imperceptiblemente…
hasta que tus susurros produzcan sensaciones…
y mis palabras broten del silencio ardientemente…

Ámame…dejaré que lo hagas sin concesiones…
te acunaré en mis brazos como a un niño,
beberás de mis labios la miel eterna
que brota apenas con esbozar tu nombre…

Ámame… cuando el crepúsculo se ahogue
desapareciendo en la profundidad del mar,
y mi desnudo cuerpo mecido por las olas…
empapado de deseo te busque…para amar…

Ámame…en días estivales o en noches de invierno…
cuando mis manos acaricien tu cuerpo estremecido,
cuando el dorado del amanecer barra con la bruma,
y las mieles del rocío se diluyan por los prados.

Ámame… dejemos agonizar esas agujas de relojes…
que nos tiranizan marcándonos espacios y tiempos…
Tan solo ámame!...tómate tu tiempo…
detente en tu camino…y ámame…¡libremente!..

Rosenna
www.rosenna.com

Tan Mio


Es tan curioso necesitarte.
Tan bravo el oleaje de
tus pestañas en mis ojos antes de
dormir.

Tan cálidos son tus silencios
cuando mueren las palabras
inútiles para expresar

Tan mío el hueco de tu paz
cuando cobija mi cintura cansada
de la jornada.

Tan irremplazable es tu fortaleza
que ningún cordón rocoso podría
contener la ansiedad que me
sujetas.

Como ramos de ternuras rosas,
se amontona tu optimismo para
limitar mi desesperanza.

Tan feliz el hoy que degustamos
en la más minúscula sencillez,
que en un bache sin ti entiendo...
no es curioso necesitarte

Liliana Araya













Danza de corazones


En el cantar de tus noches,
encontré tu cuerpo al compás;
y tus ojos miraban mi espera.
Te encontré tomando conmigo
el mundo, en la danza de corazones.

En el abrazo de tus noches,
encontré tu belleza en el no jamás
y tu pelo a mis manos suavizaba;
te encontré quemando conmigo
el mundo, en la danza de corazones.

En el recuerdo de tus noches,
encontré al despertar tus caricias
y tu aroma torturaba mi pena;
te encontré buscando otra vez conmigo
el mundo, en la danza de corazones.

En el sufrir de tus noches,
encontraras el fin de las nostalgias,
buscando el mundo
en la danza de corazones.

Lautaro Dure
lauchagnr_99@hotmail.com

 








 

La casa funciona


Sin baterías, y ni un solo interruptor
la casa comienza a moverse
se acomoda y hasta dialoga
con las plantas que vendrán...

El cielo de noche y estrellado
parece una postal de navidad,
navidad por el hecho del nacimiento,
aquí ha nacido y no solo eso
aquí hemos vuelto a nacer...

La casa funciona porque no se la siente quejar
respira como todos con las manos abiertas
buscando que la miren
mirándonos, dejándonos caminar entre sus brazos
casi una madre que ya aprendió a criar
casi una madre que sabe sobre la libertad...

Y una luz saldrá de las flores
cuando haya flores,
para dejarnos a solas por un momento
con eso que el corazón ansía
con eso que la sombra no deja mostrar
con las palabras que decimos
cuando decir es más que un simple habitar...

La casa funciona y funcionar no viene de máquina
funcionar es tener un objetivo
es simplemente sentirse vivo,
es amar, es aprender a sonreír,
es una estrategia contra el dolor...

Allá lejos alguien lo soñó
aquí cerca, alguien lo entendió
dejaré que una parte del silencio
se convierta en canción,
tomaré un papel, un lápiz
miraré por la ventana y casi sin pestañear
o cerrando los ojos,

despertaré al resto de las almas
despertaré al resto de las casas...

Esteban
estebancordova100@hotmail.com

 










Fragmentos del libro ¿Qué pasa Cristina?

Mi destino, ¿cual será? Lo que puedo decir de él, es que ... bueno, no tengo idea. Ni siquiera sé si existe este improbable destino. Por ahí escuche que estamos en la vida para evolucionar hacia el amor. Todos queremos llegar a ser felices, pero no sé si se trata del destino, pues hay quienes no la tienen ni tendrán, por distintos motivos que no estoy dispuesto a juzgar.

Si te tomás un té para pensar. Por ahí encuentres similitudes o no, con que hoy es un día nublado o soleado o frío o pesado. Por ahí lo pesado es que en vez de relajarte leyendo, tenés que relacionar que en cinco minutos tomas un té. Y que este té se uso para reemplazar a cinco minutos mas arriba. Pero Pensar, a veces, es bueno. Aunque otras lo mejor es actuar. Lo que propongo es entretenerse pensando. Descubrir que encierran mis sencillas frases y si descubrís que nada encierran, mejor. La búsqueda no tiene final. Y si no encontrás, de nada vale la depresión; al contrario, hay que poner más ahínco. Buscar hasta encontrarse uno mismo; así, sólo después de saber quienes somos hallaremos lo que buscamos sin buscarlo.

Sol que habita en las estrellas. Estrellas iluminando y dibujando el cielo. Cielo contrapuesto e igual al suelo. Suelo blando que caminamos como desierto. Desierto e inmenso el mar incierto. Incierto es nuestro paso por el mundo. Mundo despintado mutando. Mutando las plantas en jardines. Jardines de violetas y rosas. Rosas que conocen los inviernos. Inviernos con sus amarillentas hojas. Hojas escribiendo versos amantes. Amantes en noches de lunas llenas. Lunas llenas recuerdan corazones. Corazones rotos por almas crueles. Crueles canciones habitan en el recuerdo. Recuerdo de historias perdidas. Perdidas en noches de luna llena. Llena de arena la playa. Playa con un enorme sol. Sol que habita en las estrellas...
La idea que todo es cíclico, está plasmada burdamente acá.

Jonatanjony87@hotmail.com

 

La calesita


Antigua calesita
ya no estas en la esquina,
el terreno baldío
esta triste sin vos.

El progreso ha llevado
lejos tu caballito,
y los niños no sueñan
que viajan en avión.

Porqué cosas tan tiernas
van desapareciendo,
llevándose consigo
la amistad y el candor.

Y en su lugar llegaron
esos juegos siniestros
cargados de violencia,
sin un poco de amor.

La agresión no permite,
jugar en la vereda,
la t.v. los atrapa
y los llena de horror.

Que lindo si a la esquina
volviera nuevamente,
la antigua calesita
con sortija y canción.

Isabel Corrao Santos
poemas19@hotmail.com

 

 







Nuevos Rumbos


Detrás de cada instante
se halla la solución preciada
sueño de una nube galopante
imágenes e ígneas miradas.


Seduciendo el espacio
atravesamos vórtices hirientes,
y con cadenas sobre el cielo lacio
esculpimos rostros ausentes.


Resolveremos la escabrosa efigie
que han arado los pájaros nocturnos
no te detengas sobre la superficie
escoge ávidamente nuevos rumbos.

Juan Garibaldi













Collar de perlas


Collar de perlas
Regalo de un amor ausente.
_ “¡Póntelo!” me decías.
_ “Te ilumina el rostro
aunque ellas estén celosas de tu luz”.

Guardo tu bello regalo.
No son legítimas
pero en el cofre más preciado,
brillan dándole paz
a mi alma en pena.

Un día se soltaron
y escribieron un poema.
Algunas dibujaron un corazón,
y luego una luna,
otras volaron
diseñando estrellas,
trazando un camino
que me diera luz.

Quedaron algunas sueltas,
suaves pétalos de rosa,
las tomo en mis manos
y con sorpresa encuentro
palabras de inmensa ayuda:
ternura, entendimiento, verdad, templanza,
perdón, gratitud y esperanza.

Hoy encontré una perla
en el solitario cordel.
Dice: Amor.

Comprendo con lágrimas,
tu mensaje celestial
porque me has querido bien
y no puedes ver sufrir…
a quien vela minuciosa
atesorando tus perlas.

Nilda Deluca













Me cagaste gatita


Hiciste fácilmente todas las cosas
que a mi me cuestan
o no sé o no puedo hacer.
Me quisiste.
Me lo demostraste.
Te subiste a todos los árboles.
Te metiste en todos lados
y todos te quisieron.
Fuiste feliz.
Y te moriste.
Me cagaste gatita

Carlos López

Revista Viajero Nro. 17 - Junio 2007





Límites y excesos


 Me
excedo
con los
excesos.
Me
limito
a los
      límites.
Mi
     fin
es eliminar el
                    final.

Mi
fin
es
   exceder
los
límites.
Mi
   final
será
     limitar
los   
   excesos.

Vivencia y supervivencia


Principio
claro
brillante
cuasi pegajoso.

Colores
calientes
¡colores!,
             gloria.

Vida cos sus
  senderos, caminos.

Violeta
círculos tiempo.

Senderos
blancos nos llevan a lo negro.

Senderos
              negros
nos llevan a la
                       nada.           

Reloj
arena.
De la
        vida
a la
     muerte.
De la muerte 
                   ¿a?

Victoria Salsa

Una lágrima

Tarde ya muy tarde, bajo un cielo alúnido, pero rebosante de millones de estrellas que se apiñaban y dispersaban frente a un inmenso paño azabache, la silueta desdibujada de un pueblito mostraba su endeble fachada. Revelándose con los destellos provenientes de las colinas, que esa noche, parecían más cercanas que nunca.
Las casitas del poblado agonizante entre los árboles que adoptaban grotescas e intimidantes formas, se pintaban con cada fulgor. Para volver a vestir el matiz del miedo tan pronto se extinguía el brillo, el color de una noche sin luna. Cuando la muerte negra se viste de negro para acercarse sin ser vista, llegando por la espalda justo hasta donde alcanza su guadaña.
Fueron pocos los que quisieron quedarse, y apenas dormían, viviendo los inquietantes sueños de un alterado descanso.
Una solitaria luz se percibía desde lo lejos en la compacta figura del pueblo. Era la ventana imprudentemente abierta de un balcón, y en ella, dos siluetas se recortaban delante de la macilente claridad de un candil.
- ¡Te lo advertí Sansón, pero como siempre, te salís con la tuya!, y si papá nos pesca, seré yo la que tenga que soportar el sermón -
Como respuesta: solo un leve gemido, grandes orejas que trataban de aplanarse en una enorme cabeza, y dos ojos culpables mirando de soslayo a la pequeña.
- ¡Oh!, ¿lo viste?... ¡mirá!, otra vez ¡ahí! - la niña rodeó con el brazo a su amigo, y los repentinos fulgores lejanos iluminaron por momentos su asombrado y pecoso rostro - papá  dice que están cerca, y dentro de poco nosotros también vamos a tener que irnos. Hoy es un día triste, Sansón, no sé si volveremos. Lo escuche hablar con el abuelo y mamá mientras yo dormía... bueno, vos ya sabés... Es una guerra de verdad, no como cuando jugamos en el campo, ahí hay gente grande, y ellos no tienen armas de mentira, ¡qué lindo sería que nos escucharan para que les explicáramos cómo hacemos nosotros! ¿no?. ¿Sabes, Sansón?, a veces se matan por un poco de tierra. ¿Y para que lo querrán?. El abuelo dice que para amontonar los escombros y cavar sus tumbas, y papá opina que la provocó no sé qué país para venderle armas a los que pelean. Se gasta mucho dinero en una buena guerra, mil veces más de lo que debe haber gastado el padre de Manuel con la enfermedad de su hermanito... y no le alcanzó, ¿te acordás?... - preguntó la niña frunciendo el ceño, aun sabiendo que Sansón no recordaba - pero no quieren hablar conmigo. Dicen que no correspondería, ¿y vos creés que se esfuerzan por explicarme? -
Sansón comenzó a animarse meneando la cola.
- Pues no! - exclamó la pequeña, y el can volvió a su letárgico estado - ponen cara de caramelo y después tartamudean y se taran, dicen que las cosas empiezan y se van complicando hasta que después nadie sabe por qué pelean, que se transforma en una cuestión de “honor nacional”, y no sé que montón de cosas más. ¿Sabés qué pienso?, creo que no se atreven a decir lo que en realidad sienten, creo que no quieren darme la razón porque los haría ser como niños, y ya son grandes... - la niña miró sus manos y tal vez las noto infantiles - cuando yo sea grande no voy a ser como ellos... pero por las dudas, recordádmelo siempre, ¿si, Sansón? - su amigo siempre le contestaba, y se acomodó para ladrar cuando una regordeta mano trabó su hocico - ¡ay, Sunsy!, ¿cuándo vas a usar todo el aserrín que hay en tu cabezota? -
Al instante, el rostro de la niña se volvió hacia el horizonte. A lo lejos la batalla llegaba a su momento más feroz, y como una amenazante tormenta de verano, inmensas nubes de humo y polvo espejaban flamas de avérnicas cuevas.
- ¡Pobres soldaditos!. Sí, ya sé, son hombres grandes, pero creo que deberían ir sus madres y traerlos de una oreja como a nosotros. Lo que pasa es que a veces las personas hacen las cosas en el momento en que no es preciso, y después, no hacen nada. ¿Irían si pudieran? - la niña miró por un instante a su fiel compañero - no me dejes ser tan cruel, ellas deben estar muy tristes, llorando y rezando... pidiendo... ¿y Dios, Sansón?, ¿qué opinará de todo ésto?. El padre Javier dijo el domingo que su... ¿ira?... sí, que su ira debe ser infinita. Está equivocado, Él no puede estar enojado, debe estar muy triste... pobre Dios... pobres soldaditos. Pero, ¿por qué no hace algo?... el padre dice que somos sus hijos... vos también, por supuesto... - aclaró mientras acariciaba a Sansón entre las orejas, luego volvió a fruncir el ceño y continuó - ...y claro, es probable que los hombres no sean tan grandes como parecen. Quizá para ellos, pero para el bueno de Dios... -
y una lágrima rodó por la mejilla de la niña, acomodó entre sus manitos las toscas patas de Sansón y rezaron en silencio, con la mirada fija en un hermoso cielo azabache. Alúnido, pero colmado por una miríada de estrellas.
Y en lo alto, muy muy alto, una amarga sonrisa si dibujó.
Y una lágrima rodó por una mejilla.
Y quiso el azar que se dirigiera hacia la Tierra.
Y dio el destino que una estrella fugaz se precipitara en el campo de batalla.
Nadie allí tuvo tiempo de advertirla.
Pero por esa noche... el fragor cesó.

Daniel González













Hipermercado del sur

La vio borrosa en el hiper detrás de la góndola de productos de jardinería. Debo continuar se dijo, y apuró el paso poniendo la proa del changuito en dirección de los lácteos.
Se demoró con los quesos y prosiguió hacia el sector de las verduras. Ella volvió a aparecer por el sector opuesto de las frutas, le sonrió seductoramente sin dar muestra de conocerlo y se detuvo ante una exuberante montaña de cerezas, tomó una con un movimiento gracioso y la mordió apenas con ese gesto sensual que le resultó primero familiar y, luego, inconfundiblemente irresistible. El sacó sus lentes para mirar de lejos y la observó conteniendo la respiración. Es ella, se confirmó a si mismo y sintió un galope en el pecho. Ella se deslizaba con su andar gracioso y decidido entre los papeles higiénicos y las servilletas de papel rumbo a la caja de 10 unidades. No la puedo dejar ir nuevamente, se reprochó, mientras dudaba, porque había venido por una super oferta de 3 packs de pomarola, su pensamiento se atascó en una brevísima duda ¿perder la promoción del día o perder el rastro de esa mujer que hacia 20 años que no veía y de la cual había perdido toda señal? Razonó velozmente y decidió ir por ella, pero no sin pasar antes, de un pique, por la góndola de los tomates en lata, el pillo se sentía muy
hábil para aprovechar ofertas.
Cuando llegó a la caja ella terminaba de pagar y se alejaba hacia la calle.
_ Señor (le desvió la atención la cajera sonriendo) usted ha ganado con esta compra un descuento extra, ha sumado $200 con las compras del mes, espere un momento por favor que llamo a la supervisora para que lo verifique.
Él se impacientó imperceptiblemente, carraspeó como era su costumbre cuando algo lo irritaba, la veía alejarse cruzando la calle, estaba atascado en esa caja por el ahora maldito descuento del 10 % ... Cuando terminó de pagar embolsó todo y salió. No la vio, había desaparecido como hacía 20 años, cuando partió con sus padres rumbo a España en la época del proceso.
Llegó triste, desolado al departamento, pero se fue sobreponiendo...
Hay que vivir el presente, se consoló ¿quién se resiste a las promociones de fin de semana?

Andaluz













Mis pupilas de barro y sangre


Ojos ven 
o bien 
saben: 
Cómo arrancarlos 
de allí donde el vacío 
esgrime horrores 
ateridos 
frustraciones 
muertes sin sentido. 
Oscuros ellos- 
Soles negros me circundan 
Mi luz es oscura 
mis pupilas 
de barro y sangre. 
Prisión; 
Hablo de mis cinco 
puertas de percepción.


Sebastián Humberto González















El desbande se derramó en los andenes


El desbande se derramó en los andenes. Las pancartas gritaban ahogadas y un estampido instaló el silencio apenas; uno chiquito que reventó en clamor con algo de ovación y de replique. Y una mano enguantada sin dueño, como siempre, disparando una chispa y la línea directa, impecablemente recta, invisible, decidida y certera abrió el aire con un silbido de muerte. Buscaba un lugar fijo, sólo uno, ése, el único que le correspondía: su camisa de algodón, la piel; penetró en un punto entre el trapecio y el deltoides, la base de la fosa del omóplato izquierdo, justo allí. Blanda de blanduras, fácil de facilidades. Encontró el ritmo de la aurícula izquierda retumbando en la humedad de las rojiazuladas horas pasadas.
El cuerpo cimbró apenas. El dolor fue ligero, recuerdo de otros ya calmados. Un cansancio sobre los párpados, en la nuca, bajó ó a las piernas que se doblaron y minuciosamente se dejó recoger por las baldosas sucias del andén. Alrededor las corridas lentas y mudas, solo las bocas se deformaban, se movían rápido con sonidos de cavernas. Brazos y piernas rozaban la caída; no pudo evitar que los párpados se cayeran con ella adentro de la oscuridad del cerebro. Un negro de terciopelo. Y se fue desprendiendo. Se vio desde arriba. Separándose de ella. Sin sonido, sin frío, sin dolor, nada. Nada.

Chalo Agnelli
Diciembre 2002














Las palabras son parte del sol


El atardecer se esconde dentro de un mar de dudas,
yo lo salgo a buscar para no quedarme asustado,
no quiero pertenecer al mundo de los que no viven,
pues ya me he aburrido de su idiotez.

La tarde es esperanza sin serlo,
todo es contradictorio si se trata del amor
y si acaso nadie me escuchara,
seguiría siendo lo que las flores son en el invierno.

Y si puedes verte feliz
entonces hazlo y disfruta del mundo así como es,
y si no puedes hacerlo,
entonces lucha porque siempre podremos sonreír.

La vida es una vuelta por el río,
su corriente nos arrastra pero también es suave su imaginación,
su color nos disuelve pero es tan dulce verlo al sol
que si quieres a la risa reirás,
y si quieres al llanto, alguna lluvia se encargará de ti.

Un día en el tiempo puede ser una sombra en el pasado,
y el pasado a veces es lo que tenemos para soñar,
y si de repente un nuevo silencio te interrumpe,
entonces dejaras de volver y comenzarás a viajar...

Esteban
estebancordova100@hotmail.com















Cuentos para irse a dormir

El sapo


Mi papá me había dicho que no creyera en esas historias, que la realidad no era, pero yo quise besar al sapo y ser mariposa.
Me acerqué a la boca de seda y por mi mente pasó una carroza que llevaba una corona. La boca se abrió seductora y me olvidé de los cuentos las hadas.
Fui pájaro cantor y al cantar cerré los ojos y no necesité inspiración ni musas. Fui gata y con mi piel acaricié la piel resbaladiza y ronroneé hasta sentirme águila. En una fiesta de plumas sobrevolé a los desposeídos del amor y no me burlé porque era todo sentimiento y el resto no existía. No había alturas porque ahí estaba.
Cuando bajé y pisé la tierra rocosa y seca, abrí los ojos, recordé los cuentos, estaba en la boca del león.

La rana

Estaba la rana sentada cantando debajo del agua, cuando la rana salió a cantar...
La rana cubrió las hojas de ojos grandes y redondos, redondos como la "o" de ojo, la "o" de oscuridad, la "o" de olor. Interrumpió los saltos y se quedó quieta, como esperando un dato más pero el olor solo la llevaba a un tiempo lejano de margaritas y una voz que no recordaba, la voz iba y venía como a través del agua. No supo por qué pero algo le apretó la garganta, quiso sonorizar una canción pero de los ojos salieron lágrimas como burbujas. Y tuvo miedo, tuvo miedo de respirar más hondo para hacer vivo el recuerdo vago, tuvo miedo de que la noche fuera más oscura y cerró los ojos grandes y redondos, redondos como la "o" de ocaso.
... cuando la rana salió a cantar vino el hombre y la hizo callar.

Liliana Prystupiuk















                1
En el encuentro
Solo hay partidas,
Una y otra partida
Gastan las pisadas,
Hondo sentido de ser lejano
Más etéreo que el alma
Pues no la llevo puesta.

                2
La sangre arremolina amor e ira,
Quién pudiera calmarla
Quién pudiera acurrucarte
En mi paz generosa y mendiga,
Quién pudiera elevarte
Hasta mi cielo ganado.
Altiva la conciencia
De un amor genuino,
Adormece los males
Que inquietan mi osadía

                3
Déjame morir en lágrimas
Como perlas,
En torrentes deslizarme
Hasta tu boca,
Como miel guardarme
En tu saliva presurosa.
Amor de los latidos
Vuela hasta mi huerta
A cosechar mi hastío.

Lirey

Retrato

Cecilia llora
junto a la resplandeciente ventana del desván

las cavidades de su rostro
tanto como las cavidades de su alma
me obsesionan

afuera
el cielo
rosas amarillentas y espejos y huesos blancos
derramándose
sobre el escarpado horizonte de la ciudad

Cecilia no me mira
quizás le baste con recordarme
y odiarme

sus párpados se desmoronan lentamente
sobre las abultadas columnas de agua
deshaciéndolas 

Cecilia
esta tarde con aroma a tilo
se ha puesto para mí la máscara del llanto

la luz que convoca la ventana
aclara su sien
y las ondas de sus cabellos

siempre me pregunté cómo lloraría
no solloza como lo había imaginado
no solloza como yo
cuando lloro

tarde de angustia
                           silencio
                                        belleza

Gastón
gandhi88@hotmail.com














Criaturas Nocturnas

Rodeado de calaveras en la noche de halloween, pisando máscaras ajenas voy abriéndome paso entre la multitud fervorosa que se agita al compás de una música hostil. Todos parecen sonreír, como si un payaso estuviera jugando con sus mentes. Indecentes pensamientos me surcan, tuerzo los ojos al ver dulces doncellas aparearse con reptiles de lenguas bífidas. Pero es noche de brujas, todo está permitido, la pócima surte su efecto en mí, me dejo llevar por el espasmo de los movimientos, adornando el momento, formando parte de un ritual pagano.
Algo rompe el encanto, dejándome al descubierto, mostrándome inseguro e insensato. Trato de volcarme al dialecto, siendo cortés, ubicado, pero torpes palabras pronuncian mis labios. Decido callar, dirigirme a algún jugador que entienda mis contradicciones y vuelvo a hablar, ahora con firmeza como un sabio en alta mar. Subo al bote y comienzo a remar. Lástima que resultó ser un pantano, que ya estaba seco.
Hoy luzco un buen disfraz apropiado para la situación, voy pálido, gélido, ojeroso. Con todo el look de un muerto recién resucitado, chocando mi cuerpo moribundo contra todos ellos que me sonríen, complacidos al verme. Seguramente se preguntaran si lucen infernalmente bien como yo, pero nunca les diré que sus caras aparentan haber salido de algún circo de feria berreta.
Llego a destino, amistades perdidas se encuentran nuevamente, palabras repetidas en alguna otra reunión se enuncian, provocando cada vez menos gracia. Igual nos miramos, compartimos el pasado que nos une nuevamente y para siempre. El grupo es cada vez más florido, nuevas máscaras se acercan tratando de hacerse amigas. Algunos se quitan el absurdo disfraz, lo dejan caer, viendo realmente seres humanos llenos de tristezas, deseos, esperanzas, alegrías.
Alguien me parece interesante, le presto realmente toda mi atención, me alejo del grupo para fusionarme a éste otro ser, comprenderlo, aunque sabiendo no poder hacerlo, el intento es legítimo y bien intencionado. Concluida la conexión verbal, me dirijo al lenguaje del cuerpo, donde estelas de placer estallan, salen chispas de nuestras lenguas como espadas recién afiladas, penetrando en lo más profundo del ser.

Algo se corta. Un cambio en la música, un cambio en el clima, algo esta pasando.
Cuando miro, veo que ya no está, pero eso no me preocupa, hay infinidad de realidades alrededor mío. Todas tienen algo para admirar, aunque a simple vista no lo parezca. Me quedo solo por un momento, sintiendo el calor que se concentra, húmedo, impuro, viciado. Sofocado salgo a la calle, algunos se me habían anticipado. Todo el mundo esta poblado de cuerpos en constante movimiento, parlantes, cabezas. Retazos de conversaciones se entremezclan con el rugir de los automotores que circulan. Un vehículo frena, sale una mano que hace una seña, inmediatamente me dirijo allí. Abro la puerta y me introduzco. Éramos cinco personas allí adentro, todas en silencio, mirando por las ventanas la realidad que pasaba a toda velocidad, el stereo retumbaba como el latir de todos nuestros corazones juntos, veloces y graves...pum...pum...pum.
La entrada al templo nocturno era inmensa, entregamos el vehículo a toda prisa, dirigiéndonos al infame santuario. En la puerta dos primates nos inspeccionaban con mirada de desconfianza. Hay que ignorarlos me dijo uno que estaba a mi lado, por supuesto yo no tenia otra idea en mente, para ver gorilas solo hace falta ir al zoológico, pensé. Aquí el asunto era otro, aunque no sabíamos bien cual.
Adentro los zombis se movían lentamente, sin dirección alguna. El espectáculo era absorbente, las mujeres parecían derretirse empapadas en sudor, como un helado de crema en verano a pleno sol, en cambio, yo me sentía fresco, liviano como una pluma, flotando a través de éstas dulzuras. Los hombres parecían tiesos mirando a esas chicas, mas con ganas de matarlas que de amarlas.
Me postré en la barra, pedí cualquier cosa para sostener en mi mano y sorber de cuando en cuando. Un cigarrillo da comienzo a una conversación, el juego está en la mesa, las piezas, son dos personas que se dedican pequeñas sonrisas, invitándose mutuamente. Juntos, de espaldas al delirio, mirándonos a los ojos, sin cruzar palabra alguna, porque la música lo decía todo, hasta la mañana donde la fiesta termino y el encanto se rompió.

Leandro O. Szilvay













Sin permiso

"Para un amor que cambio mi vida..."

Lentamente vas guardando secretos en mi corazón,
sin pedir permiso vas entrando sutilmente en mis sueños.
Te robas los suspiros que mis latidos desatan
y sin saberlo perfilas mis sonrisas cada mañana.

Relato dichas por el regalo jamás soñado,
y doy gracias de haber esperado tanto en la soledad,
porque hoy tengo tu risa baña mis horas de felicidad
y varias copas de la ternura de tus manos.

No comprendo el tiempo, la carrera de los días.
No termino de conocer las carcajadas de un sentimiento que llega a la vida.
Desconocía tantas maravillas que hoy me regala tu mirada
que a mis miedos ya les cuesta vivir cuando tus ojos me atrapan.

Me brotan sentires sin nombre y sin números.
Mis silencios piensan buscando una explicación.
Todos mis gritos se quedan mudos…
Y el corazón habla… sin palabras… sin respuestas…

Voy aceptando mi realidad mas real, mas mía…
y pisando con mas eco para escuchar mi presencia en tus días.
He dejado de preguntar al cielo por tu nombre,
Hoy solo endulzo mis oídos con tu voz.

Valientemente vas conquistando colonias rendidas,
algunas abandonadas a la nostalgia y al desamor…,
y vas rescatando confianzas desterradas,
que temerosamente regresan a cantarle al amor.

Liliana Araya













Noche sin luna

Luego de tres días sin dormir, pues el sonido tétrico de la muerte congelaba mis huesos, decidí ir donde había comenzado todo. El cuarto contiguo, lleno de charcos de lluvia roja, parecía una sucursal del mismísimo infierno. Los pasos del demonio jugaban conmigo, llevándome a lugares oscuros y llenos de luz. Ella se encontraba desnuda sin ningún gesto de dolor u odio, atónita, con los ojos ciegos y mirando al vacío. Se incorporo y con voz grabe me ordenó que abriera el armario.
Nunca, desde aquel día, creí encontrar algo parecido. Sin embargo, cuando cayo esa cosa del armario, comprendí que jamás volvería a ver el sol.

El perdón

El hombre se acomodó en su mullido sillón, encendió un cigarrillo y leyó la carta que había recibido el día anterior sin darle importancia.
“Te pido perdón por tenerte que matar. No quiero hacerlo, por eso te aviso un día antes para que te prevengas”
El hombre nervioso, se apresuró para salir de su casa. Abrió la puerta y se desplomó en el suelo.

Jonatan













Tu regalo

Cómo podré olvidarte
si me diste todo al encontrarte,
si descubrí esos regalos empaquetados
que estaban sin dueño hasta que llegaste.
Cómo podré olvidarte.

Colocaste la primera mirada hacia el mar,
un caballo de Troya contra la amargura,
el olor a primavera de los niños
y un barco a punto de encallar.

Derramaste la sinceridad del hombre cuando nace,
la tinta indeleble de buenos momentos,
el color rojizo de mejillas sonrientes
y un par de algas que se hamacan sin parar.

Abriste la llave de gas de esta habitación,
el altillo de algunos sentimientos,
los regalos que se compra uno mismo
y la canilla que desbordó este río.

Cómo podré olvidarte
si me abriste para darte.
Los envoltorios se encuentran rotos
y mis regalos ya son tuyos.
Cómo querer olvidarte.

Ariel Gattelli
Inspirado en Cecilia Calzada















El oro de la tarde

                                                                                           A Cristian Navarro

El oro de la tarde
cifrado en aires de fuego
lejano, reluciente, infinito,
denota la transparencia
en tus ojos reflejada.

   Delirios de hielo y fuego
vuelan sobre mi alma
como hojas de un otoño
olvidado, desecho.

   Cuando tu ausencia
apaga el brillo de tus ojos,
mi ser colmado de tristeza
se delira en las reminiscencias
de tu perfume impregnado a mi cuerpo.

   La presencia circular del tiempo
reitera cada instante,
y destaca lo elemental de cada jornada:
            lumbre de tu existencia
derramada sobre mi alma.

Roxana Contreras